Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Exhortación de Cuaresma, por Fray Luis Arrom Ofm. Cap


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos

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En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, en la presencia de Dios continuamos con el Padre Pío, hoy he pensado en hablaros de la Cuaresma.

El tema de la penitencia está muy presente en la vida de Padre Pío, ya San Francisco veía su propia vida como una vida de penitencia, lo que pasa es que es una palabra que la hemos estropeado un poquito; peni-tencia lo asociamos simplemente a algo que nos hace sufrir, que peniten-cia es aguantar a esa persona…!, así lo decimos en ocasiones, penitencia significa ponerme en camino de conversión, cambiar de vida y cambiar de vida , significa muchas veces morir a mi mismo. Y en esto sí que tenemos que ser realistas, porque hay una dinámica en nuestro ser, en nuestro co-razón que es el pecado original. Sus consecuencias están en nosotros no las podemos ignorar, el Señor Jesús con el amor que de verdad nos da, nos comunica la fuerza para superar el pecado que hay en nosotros, e ir transformándonos en personas nuevas.


Como decía San Pablo, ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí, Cristo vive en mí, pero para que esto tenga lugar, has de morir a ti mismo, lo que en palabras de Jesucristo sería, quien quiera se-guirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me acompañe, cargue con su cruz y me acompañe.  ¿ Cómo lo vivió San Francisco ?, San Francisco de Asís era un hombre, bueno, ya conocéis su vida, de buena posición, rico comerciante, vanidoso, le gustaba ser el centro de atención de todos los jóvenes, y al mismo tiempo era una persona muy educada, y muy buena gente, pero hay un momento en que comenzó a hacer penitencia, lo escribe cuando le quedaba poco tiempo de vida.

Lo escribe en su testamento, dice, yo tenía mis pecados y el Señor me llamó a hacer penitencia, me llamó al arrepentimiento y a hacer un giro en mi vida. Cuando yo vivía en pecado, dice San Francisco, me molestaba ver a los leprosos, el leproso que se pudre le inspiraba horror.

San Francisco había tenido un encuentro muy profundo con Jesús contemplando aquella imagen de Cristo, que llamamos el Cristo de San Damián, imagino que muchos lo conocéis, rezando delante del Cristo ex-perimentó el amor indecible de Jesús hacia él y hacia todos. Ese amor que lo llevó a morir en una Cruz, ese amor de Jesús le cambió, pero no pudo empezar a cambiar hasta que dio un paso adelante,  el primer paso adelante fue cuando se encontró con un leproso y lo abrazó, le habló; para San Francisco su camino de penitencia fue descubrir en el leproso a un hermano; en el otro, que yo ignoraba, que era como si no existiera, ver alguien sagra-do, cómo Jesús le quiere, como Jesús me quiere a mi, ese es un camino de penitencia.

Padre Pío también pidió durante toda su vida, un camino de penitencia distinto del de San Francisco, porque desde pequeño, decidió vivir orientado a Jesús, aunque tuviera su luchas en su corazón pero tenía la necesidad de entregar todo su ser a Jesús. Él lo vivía como un combate, sabía que para que Jesús fuera el Señor de su vida tenía que luchar. Desde pequeño era penitente, los que hemos ido a San Giovanni Rotondo hemos visto la piedra que le hacía de almohada. Sabemos que su madre quedaba impresionada cuando le descubría haciendo penitencia, durmiendo en el suelo. Fue un hombre austero consigo mismo, al mismo tiempo que era un hombre profundamente humano cariñoso, y muy comprensivo. Era un hombre austero, cuántas veces se privada de lo que le gustaba comer y no lo hacía por él, su espíritu de penitencia era una penitencia vicaría, lo hacía por nosotros, por los otros, por los demás, por los que no hacían penitencia.

Puede resultarnos extraño entender lo que es la penitencia, de qué le sirve a Dios que yo un día, coma menos, de qué le sirve a Dios que el pequeño Francesco duerma sobre una almohada de piedra. Todas estas cosas es una manera de decirle al Señor yo no quiero ser dominado por mi cuerpo, no quiero ser dominado por mi yo, por mis caprichos, mi egoísmo, yo quiero que tu Señor tomes las riendas de mi vida. Forma parte del combate espiritual, combate que me atañe a mi pero también a vosotros hermanos, y el Padre Pío siempre vivió en profunda comunión con los demás. El espíritu de penitencia lo vivió también San Francisco de una manera física, sabemos que tenía mucha devoción a los ayunos, incluso ayunos que la iglesia no prescribía, por ejemplo, el de después de la fiesta de la Epifanía, queriendo compartir el ayuno que Jesús hizo en el desierto durante 40 días, y el ayuno que hacía para preparar la fiesta de San Miguel, o la fiesta de la Asunción.
Bueno en San Francisco mejor decir cuando no hay ayuno, porque casi siempre vivía ese espíritu de penitencia; pero no nos hemos de equivocar, San Francisco no puso el acento en eso como si fuera el objetivo de su vida, el objetivo de su vida de su vida fue cómo puedo comunicar a mi hermano el amor que Dios me ha dado a mi. Como le puedo comunicar el amor que Dios le tiene.

Para San Francisco, amar significaba compartir la suerte del amado, la pobreza y la austeridad significaban sufrir con el que sufre, tener un corazón libre para poder manifestar sin ambigüedad mi amor al otro, pero este aspecto del que os se ha hablado de los ayunos y la penitencia, por otro lado también era muy propio de su tiempo. En este sentido San Fran-cisco no es original, expresar este combate espiritual que vivimos todos contra nuestro afán de poseer y contra nuestro propio yo, los caprichos nos hacen egoístas.

Esto lo digo un poquito para introducir el tema de la cuaresma que vamos a comenzar dentro de un par de semanas, la cuaresma es un período de penitencia pero que tiene un objetivo, el objetivo es resucitar con Jesús. La preparación del bautismo de la iglesia primitiva no solamente la vivían los que iban a ser bautizados sino también toda la comunidad cris-tiana.

La cuaresma es un motivo para revisar nuestra vida cristiana. ¿ Cómo estoy yo con Jesús…, quién es Jesús para mi…?. Es un periodo que favorece esa reflexión, hay que frecuentar todavía más la confesión, permitir al señor Jesús que cure mi pecado y mis heridas, es ese periodo de mi vida en que tengo que darme cuenta de lo que es verdaderamente importante, ¿  soy sensible al sufrimiento y a la pobreza de mi prójimo…?.  Fíjaos como vivía San Francisco, su amor al pobre, nunca  como alguien que estaba por encima de del pobre,  y que por esto  le ayudaba. Siempre se sintió como un siervo indigno, pero tenía envidia de los pobres que eran más pobres que él. Le parecía que era indigno de aquella persona, sentía un profundo respeto admiración y cariño por su hermano y en particular por el hermano mas des-valido, más sufriente. Para él era un honor y un deber poderle ayudar y compartir su suerte. También este periodo de la cuaresma nos tiene que ayudar a cambiar nuestra mirada, que el otro no nos sea indiferente, te-nemos que ser compasivos hacia el otro aunque en ocasiones ese otro no sea educado. Es un momento para darme cuenta de que en mi vida hay muchas cosas prescindibles y qué tengo que saber compartir, y que eso es un deber de hermano con el hermano que me necesita. El periodo de la cuaresma también será un período para intensificar mi oración.

Y la iglesia nos va a ofrecer una riqueza muy grande con todas las lecturas de la Biblia a lo largo de la cuaresma. Textos preciosos que vale la pena meditar, meditar y saborear, vale la pena coger el texto bíblico que ese día se está leyendo en misa, leerlo poco a poco, dejar que las pala-bras resuenen en mi corazón y que esas palabras establezcan un diálogo con el Señor. Es un período en el que contemplamos de una manera más intensa la pasión de Jesús, contemplamos la pasión de Jesús que es lo que más no puede mover a amarle, ha dado la vida por mi como no le voy a amar. Y si Dios me ama de esa manera no sólo a mi sino a cada uno de nosotros, lo importante que tiene que ser cada hermano para mi.

Hay algo muy bonito en San Francisco y en Padre Pío, ni San Francisco ni Padre Pío jamás pensaron en la humanidad como humanidad, para San Francisco sólo existía cada persona en particular, esto es lo que la gente captaba cuando se acercaba a San Francisco y lo que la gente captaba en el Padre Pío. Padre Pío estaba atento a cada problema a cada circunstancia, a cada vivencia de la gente, en sus dolores y en sus alegrías .

Los que hemos estado en San Giovanni Rotondo y hemos tenido ocasión de hablar con la gente que conoció, como por ejemplo Ninetta sabemos como Padre Pío, por ejemplo se ocupó de sus negocios, desaconsejando que se trasladará el negocio familiar, a otro sitio de Italia.  Padre Pío se interesaba por cada una de sus hermanas, lo que yo quiero subrayar es como Padre Pío estaba atento a los problemas familiares, personales y laborales, Padre Pío estaba atento a sus vidas, al niño enfermo en el hospital, al hombre que había cometido pecados muy graves y que tenía que despedir del confesionario. Padre Pío sufría, reía y lloraba con cada una de las personas que se le acercaban y esto la gente lo notaba. Pero tener una capacidad de amar tan grande es un don de Dios que nosotros no podemos tener, eso implica un camino de penitencia, de no estar yo en la centro, de ser capaz de situarme en el justo lugar, dejar que Dios conduzca mi vida donde Él quiera aunque a mí no me guste, ser capaz de ceder muchas veces, de perdonar aquello que me parece que no se puede perdonar, que es lo que hacia San Francisco y el Padre Pío.


                                                                      Llucmajor a 15 de febrero de 2018.

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