Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Santo Rosario - Cuaresma 2018


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

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Grupos de Oración del Padre Pio de Pietrelcina  

SANTO ROSARIO  - Cuaresma  2018

+ Señal de la cruz


Oración de Inicio 

¡ OH JESUS, NADA MAS QUE A TI!

Puesto en tus amorosas manos ¿qué pena será capaz de asustarme? No existe para mí horizonte cerrado, mientras continúe abierto tu Costado, porque tu corazón es mi cielo.
Tú conoces mis penas, en el mapa celestial de tu Providencia lees de antemano mis caminos. Sé por otra parte que me amas con compasión sin límites.
¿A quien temeré? Como un niño en los brazos de su padre, así buscaré yo en tu compasivo corazón el lugar de mi refugio.
Nada me asusta, nada me espanta. Tu providencia amorosa me guía. En ella abandono mis cuidados todos. Ten en cuenta  los mismos. Mi confianza te obliga a intervenir en mi favor, y esa seguridad me inunda de calma.
Y cuando la tormenta arrecie despertaré en tu corazón los sentimientos de conmiseración que le animan diciéndote “Señor, mírame, y deja obrar a tu corazón, haz lo que tu corazón te dicte” Y entonces oiré seguramente la salvadora voz: MISERICORDIA. “Me dan lastima tus angustias”, y el milagro quedará obrado.
¡OH Señor, en Ti tengo puesta mi esperanza! No quedaré jamás confundido. Sálvame, pues eres justo. Dígnate escucharme. Acude pronto a librarme.               



PRIMER MISTERIO:

¡Qué sublime y suave es la dulce invitación del divino Maestro: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame»! Era esta invitación la que hacía decir a santa Teresa aquella oración al Esposo divino: «Sufrir o morir». Era también esta invitación la que hacía exclamar a santa María Magdalena de Pazzi: «Sufrir siempre y no morir». Era también a causa de esta invitación el que nuestro seráfico padre san Francisco, arrebatado en éxtasis, exclamara: «Es tanto el bien que yo espero, que en cada sufrimiento me deleito».
Lejos de nosotros lamentarnos de las aflicciones y enfermedades que Jesús quiera mandarnos. Sigamos al divino Maestro por la senda del Calvario cargados con nuestra cruz; y, cuando él quiera colocarnos en la cruz, es decir, tenernos en cama enfermos, démosle gracias y tengámonos por afortunados por el gran honor que se nos hace, sabiendo que estar en la cruz con Jesús es un acto muchísimo más perfecto que el de sólo contemplarlo a él en la cruz.
(26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 245)


Padre Nuestro, diez Ave Maria y Gloria

Ave Marìa purìsima Sin pecado concebida
Santo Padre Pio         Ruega por  nosotros

 SEGUNDO MISTERIO

Confianza y amor, hijita mía, confianza y amor en la bondad de nuestro Dios. Tú sufres, pero anímate, que tu sufrimiento es con Jesús y por Jesús; y no es un castigo sino una prueba para tu salvación.
Convéncete, pues; yo te lo aseguro de parte del Señor: en tus dolores está Jesús, y además en el centro de tu corazón; tú no estás separada ni lejos del amor de este Dios tan bueno. Experimentas en ti la delicia del pensamiento de Dios; pero sufres aún al estar lejos de poseerlo plenamente y al verlo ofendido por las criaturas desagradecidas. Pero no puede ser de otro modo, hijita mía; quien ama, sufre; es la norma constante para el alma que peregrina en esta tierra; el amor no plenamente satisfecho es un tormento, pero tormento dulcísimo. Tú lo experimentas.
Continúa sin temor, hijita mía, envolviéndote en este misterio de amor y de dolor al mismo tiempo, hasta que le plazca a Jesús. Este estado es siempre temporal; vendrá la divina consolación, completa, irresistible. En este estado de aflicción, continúa, mi buena hijita, rezando por todos, sobre todo por los pecadores, para reparar tantas ofensas como se hacen al divino Corazón.
Me parece que tú un día te ofreciste víctima por los pecadores; Jesús escuchó tu plegaria, aceptó tu ofrenda. Jesús te ha dado la gracia de soportar el sacrificio. Pues bien, ¡adelante todavía un poco más!; la recompensa no está lejos.
(9 de abril de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 312 )

Padre Nuestro, diez Ave Maria y Gloria

Ave Marìa purìsima Sin pecado concebida
Santo Padre Pio         Ruega por  nosotros


TERCER MISTERIO

Recordemos que la suerte de las almas elegidas es el sufrir; el sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que llevan a la salvación, ha puesto para darnos la gloria. Alcemos, pues, los corazones, llenos de confianza en sólo Dios; humillémonos bajo su mano poderosa; aceptemos de buen grado las tribulaciones a las que la piedad del Padre celestial nos somete, para que nos ensalce en el tiempo de la visita. Que toda nuestra preocupación sea sólo ésta: «Amar y agradar a Dios», sin preocuparnos para nada de todo lo demás, sabiendo que Dios cuidará siempre de nosotros, más de lo que se pueda decir o imaginar.
 (26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 245)


Padre Nuestro, diez Ave Maria y Gloria

Ave Marìa purìsima Sin pecado concebida
Santo Padre Pio         Ruega por  nosotros


CUARTO MISTERIO

Deseo que las humillaciones del Hijo de Dios y la gloria que le vino de las mismas sean el objeto de tus meditaciones diarias. Consideremos los anonadamientos del Verbo divino, el «cual – según la expresión de san Pablo –, siendo de condición divina», «habitando en él corporalmente la plenitud de la divinidad», no consideró cosa vil abajarse hasta nosotros, para elevarnos al conocimiento de Dios.
Este Verbo divino, por su plena y libre voluntad, quiso abajarse hasta hacerse como nosotros, ocultando la naturaleza divina bajo el velo de la carne humana. Dice san Pablo que de tal modo se humilló el Verbo de Dios que llegó como a aniquilarse: «Se aniquiló a sí mismo tomando la condición de siervo». Sí, hermana mía, él quiso esconder de tal forma su naturaleza divina que asumió en todo las semejanzas del hombre, sometiéndose incluso al hambre, a la sed, al cansancio; y, para usar la misma expresión del apóstol de los gentiles: «Semejante a nosotros, probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado».
                             (4 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 217)


Padre Nuestro, diez Ave Maria y Gloria

Ave Marìa purìsima Sin pecado concebida
Santo Padre Pio         Ruega por  nosotros


QUINTO MISTERIO

Donde, más tarde, se manifestó el colmo de la humillación fue en su pasión y en su muerte, en las que, sometiéndose con voluntad humana a la voluntad de su Padre, soportó muchos ultrajes, hasta sufrir la muerte más infame, y muerte de cruz. «Se humilló a sí mismo – según san Pablo –, obediente hasta la muerte y muerte de cruz». Esta obediencia, por la dignidad del que obedecía, por lo arduo de lo mandato y por la espontaneidad al obedecer al Padre del cielo, ya que no fue impulsado a ello por miedo al castigo, pues es el Unigénito del Padre, ni seducido por el interés de alcanzar un premio, pues es Dios en todo igual al Padre, agradó tanto al Creador eterno, que lo exaltó «dándole un nombre – dice el apóstol –, que es superior a cualquier otro nombre».
(4 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 217)


Padre Nuestro, diez Ave Maria y Gloria

Ave Marìa purìsima Sin pecado concebida
Santo Padre Pio         Ruega por  nosotros

El Papa Francisco pide orar en marzo por la formación en el discernimiento espiritual, “para que toda la Iglesia reconozca la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, en el plano personal y comunitario.

Salve, 3 Ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcángel pidiéndole  la protección de los Grupos de oración  de Padre Pio, y en especial la del Padre Gustavo Seivane,  asesor espiritual nacional.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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