Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

¨Manos para la cosecha¨ por el Padre Gustavo Seivane


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Cristo ordena, organiza, jerarquiza, dispone… Es Pastor y Jefe. Y su autoridad encausa. Es firme servicio. Y su servicio es efusión de la divina gracia. Gracia congregante. Su pastoreo reúne con prolija claridad. Su rebaño lo sigue. Su Iglesia lo adora y sirve como a Señor de señores, y Rey de reyes… Así, dice el Evangelio que “el Señor designó a otros 72, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios a donde debía ir”.

Manos obreras se necesitan. Ayer, hoy, y siempre, obreros del Evangelio. Sembradores de vida santa. Propulsores del Evangelio. Sopladores de una fuerza conductora que levante hacia la eternidad. Dispensadores se necesitan. Distribuidores de los manantiales de Gracia que se vuelvan abundante y feliz cosecha.

¿Pero quién levanta a tiempo la mies, el fruto de lo sacrificado, de lo sembrado a veces entre lágrimas?

Manos para la cosecha. Manos y cantos de alabanza. Corazones izados en la fe… Cristo pide plegaria a la Iglesia, porque “uno siembra, otro cosecha, pero Dios es el que hace crecer”, dice el Apóstol.
La Iglesia misiona por vocación. El anuncio Pascual la fundamenta. “Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”, dice el Señor. Corresponde entonces que nos percuta en esta liturgia la luminosa Palabra de Dios: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.

Una destinación: llevar luz. Ser sal de la tierra. Nutrir el tiempo de la Vida Trinitaria. Consagrarlo todo en la Verdad. Orientar los días en Cristo. Rescatar de la muerte. De la superficialidad. Del mero entretenimiento… Descubrir el Rostro de Dios a los hombres. A todos los aplastados por el paso de las horas sin sentido trascendente.

La Iglesia en sus miembros, y en su organización jerárquica, en su misión ungida, en su pertenencia a Cristo, lleva esa marca: “Anuncien el Evangelio” “Predíquenlo a toda la creación”. “¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos”, dice Jesús.

Es desafío del enviado andar sin temor entre lobos. Es prueba a su fe. Y será el grito del creyente el que espantará a los lobos. La fe será su escudo. Fe en el Buen Pastor, que asiste a su rebaño, y que lo defiende. “Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Cristo, que será la esperanza del apóstol, y el refugio en las tormentas, las soledades, las incomprensiones, y el aullido de los enemigos.

Si Moisés debía mandar a los hijos de Israel que de las posesiones de su propiedad cedieran a los levitas ciudades para habitar, los discípulos de Cristo reciben el mandato del Señor de “no llevar dinero, ni alforja, ni calzado”… Para el embajador de Cristo hay una radicalidad que se le impone. Se le pide una entrega confiada de raíz. Vivir de la providencia en el camino de la fe. No acumular para sí. No afirmarse en sí mismo. Avanzar siempre. Como un heraldo del Absoluto. Desprendido para no quedar entrampado. Libre para imitar a Jesucristo en el amar. Y para mostrar el Rostro de Dios, descubrirlo, sin hacer acepción de personas. Un cúmulo de tesoros espirituales que fundamentan el gozo verdadero y la paz.

Sólo así, entonces, “al entrar en una casa digan primero: Que descienda la paz a esta casa”… El enviado al partir en misión desconoce lo que le espera. ¿Cómo prever si será amado o rechazado? ¿Cómo saber si los corazones se abrirán al mensaje o se cerrarán a la esperanza?  Y tantas veces, el misionero sembrará entre lágrimas, para cosechar entre cantares… Insondable el corazón humano. Puede caer de rodillas ante la Verdad, y puede despreciarla con arrogancia.

“En las ciudades y pueblos donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, curen a los enfermos, y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca”. Cercanía del Dios vivo. De su Reino anticipado en prodigios de Vida, salud, reconciliación, canto, enjugada de lágrimas, portentos de consuelo.

Isaías dice: “Al alma fiel le conservarás la paz, la paz porque en ti confía… Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es la Roca eterna. Pues Él ha abatido a los que habitaban en las alturas, ha abatido la ciudad soberbia, la ha humillado hasta el suelo, la ha agobiado hasta el polvo. La pisan los pies del pobre, los pasos del débil”.

“En todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes!”… Si te golpea el rechazo, tú sigue… No te entretengas embajador de Cristo. Nada hay que llevarse. En todo caso ora como Esteban en medio de la lluvia de piedras:”Señor Jesús recibe mi espíritu” Esteban, de rodillas clamó fuertemente:”Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.

Cristo envía. Los enviados regresan. Cristo los recibe. ¡Cuánta algazara! ¡Qué feliz sumatoria de comentarios, acotaciones, notas! Sanaciones, liberaciones, conversiones, los perfiles de los habitantes de cada ciudad, los retrocesos del maligno, la paz como fruto de la Buena Noticia compartida. 
El Evangelio dice que “los 72 volvieron llenos de gozo”… ¡Estar colmados de gozo! ¿Quién no desea esto? Colmados. Una abundancia. Y todo en el Nombre del Señor Jesús. Y como comunidad. Desprendidos de los intereses personales. Absortos en la Causa del Reino… “Señor hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”.

Cristo los sostiene en su Corazón. ¡Qué hermoso es escuchar su Voz! ¡Creer en él! ¡Creer en su Iglesia! “Alégrense de que sus nombres estén escritos en el Cielo”… Caminando entre serpientes y escorpiones, cruzando regiones de lobos, a veces sacudiendo el polvo de las sandalias, y sin embargo, colmados de gozo santo. Esta es la bienaventuranza: Gustar la Verdad. Amar hasta la perfecta imitación de Cristo.

Los paganos mejor dispuestos que los judíos acabarían rindiéndose ante la luz del Evangelio. Y aunque no parecía mejor suelo el mito de Hidra de Lerna, por ejemplo, respecto de la Torah, los Profetas, y los Salmos, los gentiles acabaron convirtiéndose y adorando a Cristo, y el pueblo judío sostuvo su negación.

¿Nuestro tiempo es neo-pagano? ¿Es padre de una mutación antropológica? ¿Es apóstata? ¿Es sin raíz? ¿Es velocidad y fuga? Sostengamos la fe en Aquel que “nos hizo pasar de las tinieblas al Reino admirable de su Luz” ¡Impere Cristo! Con el salmista decimos: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da la Gloria, por tu misericordia y tu fidelidad”.    
                                                     
Padre Gustavo Seivane
Asistente espiritual de los Grupos de Oración
de Padre Pio - Argentina

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