Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Padre Pio Director espiritual - Mary Pyle - Parte 2


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Padre Pio - Director espiritual: Mary Pyle


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Ella verdaderamente creyó...Mateo 15, 21-28


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Lejos. Muy al norte. Más allá de la Galilea Jesús anda entre ajenos, los no judíos, los

parientes de los fenicios, los que nada saben de la fe de Israel.

Jesús anda. Camina y bendice. También recoge sorpresas, como la fe de una extranjera.

La fe de una madre. La fe conmovedora de la mujer cananea.

El grito de la mujer es grito de súplica. Viento de confianza. Ella resume en el título

“Hijo de David” la esperanza mesiánica de sus vecinos. Los que hablaban del Mesías

que iba a venir. Los hijos de Israel que según los Evangelios no supieron recibirlo:

“Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, dice el Apóstol Juan.

Esta admirable mujer no mide respetos humanos. Su dolor la impulsa. Su pesar y su fe.

Su corazón y sus labios traen la apuesta, ya que, junto a la angustia por su hija, late

también la esperanza en Jesús.

Esa esperanza la mueve. Le regala la insistencia. La vuelve expresiva. Hace gritos en

su boca.

La escena es dramática. Cargada de intensidad. Roja.

Se trata de un enclave decisivo en el que no faltará la tensión, la tirantez, agudizada

por la inicial respuesta de Cristo, distante o como indiferente. Algo que ella parece no

sentir, o en todo caso no turbarle. No la disuade de su súplica.

Los apóstoles se quejan. Y ella persiste.

Su fe se muestra firme. Quiere alcanzar la compasión de Jesús, y, es como una flecha

irreversible su pedido.

He pensado que ella sale al encuentro de Dios sin saberlo. Seguramente hubo de

recoger testimonios sobre Jesús que la movieron a ganar esa parada a los gritos. Fue

de oídas hacia el que puede.

Y será por esta mujer que la misión de Cristo se verá ampliada. Ya no sólo las ovejas

perdidas de Israel, sino esa extensión compasiva y salvífica para los paganos, los no

judíos, los extranjeros, nosotros. Nosotros, los hijos espirituales de San Pablo…

No sería Jezabel, ni Helena de Troya, ni Esther, sino la cananea la que nos encajaría a

todos en la compasión infinita de Cristo.

Tampoco los fenicios, los cananeos del Norte, formarían parte del cortejo que vendría a

insultar a Jesús en la cruz. Seguramente, luego le llegaría a la cananea la noticia

estremecedora de que el Hombre que sanó a su hija liberándola de un demonio, había

resucitado de entre los muertos.

“Señor, tú me sondeas y me conoces… me rodeas por detrás y por delante/ y tienes

puesta tu mano sobre mí”, dice el salmista. Es decir, el Amor contiene al creyente, y lo

hace testigo en el mundo. Lámpara.

Eso recibimos cuando la intensa súplica nos domina. Cuando oramos ungidos Porque la intensa súplica de la mujer parece empujar hacia adelante.

Ella va encontrando el futuro para su hija. La unción de Dios.

Algo potencial puede llegar a ser acto, y, para ello, Jesús es nuestra esperanza.

La cananea no llega al Señor por los profetas, nada sabe de las fatigas de Moisés que

acabarían en el valle de Moab, ni de los sueños de José, ni del pozo de Jacob; ni de los

decretos, prescripciones, leyes e interpretaciones que desvelaran a los fariseos.

Ella cree en Jesús. Y como aquella otra feliz mujer, la de las hemorragias, quiere

tocarlo. Sabe que si lo toca será tocada su hija. Y sabe que a Jesús se llega por la fe.

La boca de Jesús lo ha repetido para nuestro gozo y perplejidad: “¡Tu fe te ha salvado!

Entiendo que Jesús, permitió acaso con esa dilatación que los apóstoles (y en ellos todo

Israel) tomaran lección de lo que puede la fe en él. O, cómo es necesario insistir hasta el

grito. El grito del orante que revela la confianza. Grito que niega la blasfemia. Grito que

siempre nos asemejara a Cristo en la Cruz.

“Señor escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; no me ocultes tu Rostro en el

momento del peligro; inclina tu oído hacia mí, respóndeme pronto, cuando te invoco”,

reza el salmista.

¿Habrá la cananea llevado sus pasos a mayor conversión? El salmista canta así: “Señor,

tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi

carne, como tierra sedienta, reseca y sin agua”.

El paso de Jesús por aquella tierra sembró el Reino. Y hubo de latir fuerte el Corazón

de Cristo con aquella entrega de fe.

“Respóndeme cuando te invoco, Dios, defensor mío, tú, que en la angustia me diste un

desahogo: ten piedad de mí, y escucha mi oración”, insiste el salmista.

La hija de la cananea quedó liberada. Cristo sigue liberando hoy. Él aumente nuestra fe.

Por su misericordia se inflame suavemente de amor nuestro corazón en esta eucaristía.


  Padre Gustavo Seivane

Grupos de oración de Padre Pio

Argentina



Padre Pio y las almas del Purgatorio


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70 aniversario de la Casa Alivio del Sufrimiento


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Discurso de Padre Pio en la inauguración de la Casa alivio del sufrimiento.

Señores y hermanos en Cristo, la Casa del Alivio del Sufrimiento está terminada. Agradezco a los benefactores de todas partes del mundo que han cooperado. Esta es la criatura que la Providencia, ayudada por ustedes, ha dado vida; se las presento. Admírenla y bendigan junto conmigo al Señor Dios.

Ha sido depositada en la tierra una semilla que El cobijará bajo los rayos de su amor. Un nuevo ejército formado por renuncias y amor está por surgir para gloria de Dios y consuelo de las almas y los cuerpos enfermos. No nos priven de su ayuda, colaboren en este apostolado de alivio del sufrimiento humano y la Caridad divina que no conoce limites y que esa misma luz de Dios y de la vida eterna acumulará para cada uno de ustedes un tesoro de gracias de las que Jesús nos ha hecho herederos en la Cruz. Esta Obra, que ustedes ven ahora, está al comienzo de su vida, pero para poder crecer y llegar a ser adulta, esta criatura tiene necesidad de alimentarse y por eso ella se encomienda a su generosidad de modo que no muera de inanición y llegue a ser la ciudad hospitalaria técnicamente adecuada a las más sofisticadas exigencias clínicas y, al mismo tiempo, orden ascético de francisca- nismo practicado. Lugar de oración y de ciencia donde el género humano se encuentre con Cristo Crucificado como un solo rebaño, con un solo pastor.

Una etapa del camino por cumplir ya ha sido hecha. No detengamos el paso, respondamos con solicitud a la llamada de Dios por causa del bien, cada uno cumpliendo su deber: yo, en incesante oración de siervo inútil de Nuestro Señor Jesucristo, ustedes con el deseo ansioso de estrechar en su corazón la humanidad sufriente para presentarla junto a mí a la Misericordia del Padre Celestial; ustedes con las acciones iluminadas por la gracia, con la libertad, con la perseverancia en el bien, con la rectitud de intención.

Adelante, en humildad de espíritu y con el corazón en alto. El Señor bendiga a quienes trabajaron y a quienes trabajarán por esta Casa, y les dé el céntuplo en esta vida a todos ustedes y a sus familias, y la alegría eterna en la otra vida.

Quieran la Santísima Virgen de las Gracias, el Seráfico Padre San Francisco en el cielo y el Vicario de Cristo, el Sumo Pontifice, en la tierra, interceder de manera que sean escuchadas sus plegarias.

Grupos de oración de San Pío de Pietrelcina - Animación en Argentina

Benedicto XVI acerca de la Obra de san Pio de Pietrelcina


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El Papa Benedicto XVI  presentó la "Casa Sollievo" y los Grupos de Oración como obras que brotan de "corazón ardiente de caridad" del santo estigmatizado. 

Centrándose en la naturaleza y la identidad del hospital quiso aclarar:

«El Padre Pío quiso llamarlo "Casa" porque los enfermos, especialmente los pobres, se sentían a gusto en ella, acogidos en un ambiente familiar, y en esta casa podría ncontrar “alivio” para su sufrimiento. alivio gracias a dos fuerzas convergentes: la oración y la ciencia».

La ciencia, acompañada de la oración y de la caridad, redescubre la verdad sobre sí misma y “redescubre” el servicio al bien común. En la Obra del Padre Pío Benedicto recordó que la fe y ciencia "cooperan al mismo fin", al servicio de la vida. 

Extracto del discurso del 14 de octubre de 2006:

"[...] para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10). si, <Dios es vida, y quiere que el hombre sea sanado de toda dolencia del cuerpo y del espíritu.

Por eso Jesús se ocupaba incansablemente de los enfermos, anunciandocon su curación, que el Reino de Dios está ahora a la mano. Por la misma razón 

la Iglesia, gracias a los carismas de muchos santos y santas, se ha extendido y difundido por todo el mundo a lo largo de los siglos este ministerio profético de Cristo, a través de innumerables iniciativas en el campo de la atención de la salud y el servicio a los que sufren".

Luego añade:

«Las obras del Padre Pío ofrecen un ejemplo extraordinario de esta verdad: laCasa Sollievo bien se puede definir como un "milagro". ¿Quién humanamente podríapensar que al lado del pequeño convento de San Giovanni Rotondo estaría uno de los hospitales más grandes y modernos del sur de Italia?

¿Quién, sino el hombre de Dios, que mira la realidad con los ojos de la fe y conuna gran esperanza porque sabe que nada es imposible para Dios?».

  En la homilía pronunciada durante su visita a San Giovanni Rotondo el 21 de junio

de 2009, ha querido mostrar el camino de relación con la Persona de Cristo a todos aquellos que juegan un papel y un servicio en el Hospital en varias capacidades y con competencia. También tiene advertido del peligro del activismo, que corre el riesgo de hacernos olvidar la primacía de Dios no sólo en la existencia personal de cada uno, sino también en el servicio profesional que pone a estos operadores en contacto con los "privilegiados" del Señor, los pobres y los que sufren:

“Los riesgos del activismo y la secularización están siempre presentes; por lo tantomi visita tiene también el fin de confirmaros en la fidelidad a la misión  heredada de su amadísimo Padre. Muchos de vosotros, religiosos y religiosas y laicos,estáis tan atrapados en los miles de tareas requeridas por el servicio a los peregrinos, o a los enfermos en el hospital, a correr el riesgo de descuidar lo verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios.

Cuando sientas que estás cerca de correr este riesgo, mira a Padre Pío: su ejemplo,   sus sufrimientos; e invoca su intercesión, para que obtengas del Señor la luz y la fuerza que necesitas para continuar su propia misión imbuido de amor a Dios y de caridad fraternal".

Fuente: Peter Sewald

Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina - Animación en Argentina





Fraternidad


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Carta a Giuseppina Morgera


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San Giovanni Rotondo, 2 de mayo de 1917

J.M.J.D.F.C.

Mi queridísima hija,

El dulcísimo Señor te alcance mi agradecimiento y mis votos, los que realizo continuamente ante Él, concediéndole a tu espíritu todas las gracias celestiales. 

 Por mi prolongado silencio, no puedo creer que mi buena hija me haya acusado de descuidado y de indiferente con ella, puesto que mi alma la ama como a sí misma y con afecto verdaderamente más que paternal.

Por una parte, no puedo describir cuánto me oprime el peso de mi difícil y penosa enfermedad, y por otra, el trabajo de director de este colegio. Pero, ¡Fiat voluntas Dei!

Por lo tanto, ora con fuerza por mí, te lo suplico; además tú debes continuar usando esta caridad por las leyes y vínculos de nuestra alianza, y para que yo la intercambie con la continua memoria que hago de ti todos los días a los pies del altar y en mis pobres y débiles oraciones. Bendito sea siempre el Celestial Padre. Suplico que Él esté siempre en tu corazón, en tu vida y en tu alma. 

Y ahora, ¿qué le diré yo esta hija mía tan querida? Vive completamente en nuestro Señor, y cree que la santa amistad que alimento por ti, está enteramente en Él. ¡Oh, qué felices seremos al anularnos a nosotros mismos para reencontrarnos totalmente en nuestro Señor!

Tú sabes bien, mi queridísima hija, que el remedio que ordeno con mucho gusto es la tranquilidad, y que prohíbo siempre la excesiva preocupación aun por las cosas santas. En el reposo corporal, a causa de nuestras enfermedades, pensemos en el reposo espiritual, que en nuestros débiles corazones tengamos la voluntad de Dios, en cualquier parte a donde ella nos lleve.

Vivamos, hija mía, como le es grato a Dios en este valle de miseria, con una total sumisión a su santísima voluntad. Obrando de esta manera, alcanzaremos, no ya esa perfección afectiva, consistente en que la voluntad se transforma en Dios con afecto suave de amor, puesto que esta no es posible para todos, sino que más bien, alcanzaremos seguramente la perfección que es posible para todos, quiero decir, esa perfección que consiste en la unión de uniformidad y similitud por la cual nada se haga por nuestra voluntad que se aparta de la voluntad de Dios.

Desgraciadamente, somos deudores a la divina bondad, que nos ha hecho desear con tanto ardor vivir y morir en su predilección. Sin duda, mi buena hija, lo ansiamos, estamos resueltos; esperamos y confiamos aún que este buen Salvador, que nos da la voluntad, nos dará también la gracia de seguirlo.

Escucha, hija mía, lo que pienso en este momento. Pienso en esos pajaritos pequeños, llamados cormoranes, que anidan sobre la playa del mar. Ellos lo construyen de forma redonda, tan comprimidos que el agua del mar no puede penetrarlos; por encima del nido hacen una abertura para poder recibir aire. Ahí ellos ponen a sus pequeños hijos para que, sorprendiéndolos el mar, puedan nadar con seguridad y flotar sobre las olas, sin ahogarse ni sumergirse; y el aire que se respira de aquella abertura, sirve de contrapeso y de balanza de forma tal que aquellos pequeños ovillos no se arruinen nunca.

Hija mía, tú habrás comprendido adónde quiero ir con este ejemplo. Deseo que nuestros corazones estén hechos así, bien comprimidos, bien cerrados de cada lado, para que si las agitaciones y las tempestades del mundo, del demonio y de la carne los sorprenden, que no sean penetrados; y que no haya otra abertura que aquella que apunta al cielo para aspirar y respirar a nuestro Dios. Y este nido, mi querida hija, ¿por qué estaría hecho sino por los polluelos de Aquel que lo ha hecho por el Amor de Dios, por los apegos divinos y celestiales? Pero mientras los cormoranes construyen sus nidos, y sus hijos son todavía muy tiernos para soportar las sacudidas de las olas, Dios los cuida y les tiene compasión, impidiendo que el mar los sumerja. ¡Oh Dios! Mi buena hija, por lo tanto, esta suprema bondad pondrá al seguro el nido de nuestros corazones por su santo amor, contra los asaltos del mundo y nos preservará de ser sumergidos. 

Cuánto me gustan esos pajarillos que están rodeados de agua y que no viven más que del aire; que se esconden sobre el mar y no ven más que el cielo. Ellos nadan como peces y cantan como pájaros; y lo que más me gusta es que el ancla está extendida por encima y no por debajo para fortalecerlas contra las olas.

Oh mi querida hermana, oh mi dilecta hija, el dulce Jesús quiera volvernos así, es decir, rodeados por el mundo y por la carne, haciéndonos vivir de espíritu; entre la vanidad de la tierra, hacernos vivir en el cielo, viviendo con los hombres, alabarlo con los Ángeles; y que el fundamento de nuestras esperanzas sea siempre el Paraíso.

Oh, hija mía, es necesario que mi corazón hubiese dictado este pensamiento sobre este papel, poniendo a los pies del Crucificado sus deseos a fin de que el santo amor de Dios sea enteramente nuestro principal amor. ¡Ay de mí, mi buena hija! ¿Cuándo seremos consumidos por entero por ese Amor? ¿Cuándo consumirá Él nuestras vidas para hacernos morir a nosotros mismos, para revivir en nuestro dulcísimo Esposo? A Él sea siempre amor, gloria y bendición.

Pongo fin a la presente reasegurándote en el Señor a vivir tranquila en lo que respecta a tu espíritu, a tu alma, a cualquier sacrificio que el Señor te requiera en prueba de tu fidelidad a Él.

Encomiéndame siempre a Jesús, especialmente en mi estado actual, puesto que voy atravesando un período de continuas y extraordinarias mortificaciones, que, unidas a las ordinarias, me hace insoportable todo. Estoy por ahogarme bajo el peso de las tribulaciones, estoy por caer aplastado bajo el peso de la cruz.

Adiós, mi querida hija, el santo amor de Dios viva y reine en nuestros corazones.

Tu afectísimo y devoto siervo,

Fray Pío Capuchino

Fuente: Dolcissimo Iddio

Pensamiento de Padre Pio


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Pensamiento de San Pio


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Pensamiento de San Pio


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A la Virgen de Fátima


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Plegaria o fórmula popular de consagración a la Virgen de Fátima

Mi vida y todo mi ser, 

Virgen Santa del Rosario, 

Tuyos serán desde ahora: 

Recíbeme por tu esclavo 


Mis potencias y sentidos. 

Mis penas y mis trabajos

Mis goces, mis alegrías.

Mis luchas, mis entusiasmos, 

Con una total entrega

Para siempre te consagro.

No hay flores en mi jardín, 

Lleno de espinas y cardos

Ni hay dulces frutos maduros;

Tan sólo agraces amargos. 

Pasiones nunca domadas

¡Le hicieron tantos estragos!... 

Transeúntes y enemigos

Mil veces le destrozaron.

Vuelvo a Tí, Señora mía,

Mí Madre, mí único amparo:

Yo sé, que al hijo, que vuelve, 

Tú le abres siempre los brazos. 

¿Quién te invocó, que no hallara

Salud, consuelo y regalo? 

¿Quién en sus luchas el triunfo

No recibió de tus manos?... 

Tú a las orillas del Ebro 

Diste valor a Santiago: 

Primer cimiento de España 

Fué tu Pilar sacrosanto.

Por Tí triunfó en Covadonga 

De la morisma Pelayo:

La España de tus amores 

Allí nació en tu regazo.

Tú por los mares ignotos

A Colón fuiste guiando:

Por Dios y Santa María

Un mundo nuevo fué hallado.

Tú a las armas españolas

Les diste el triunfo en Lepanto,

Mientras el Papa S. Pío 

Rezaba en el Vaticano. 

Tú salvaste a Portugal,

¡A Portugal, nuestro hermano! 

¡Gloriosa Virgen de Fátima!

i Santa Virgen del Rosario!

Tú por caminos de gloria Fuiste conduciendo soldados, 

Con gestas incomparables

La Patria recuperando.

Que si es la historia de España 

Más que una historia un milagro,

Tan sólo por Tí, María,

Se pudo subir tan alto. 

Contigo España progresa;

Sin tí se hundió tanto, tanto.

Que sin un milagro tuyo 

Nadie pudiera salvamos. 

Perdona nuestros desvíos. 

Perdona nuestros pecados; 

Sálvanos Reina de España,

Tuyos somos. Madre, sálvanos.

Mi vida y todo mi ser 

Para siempre te consagro, 

A Tí y a tu divinal 

Corazón Inmaculado.

Quiero ser devoto tuyo, 

Quiero ser tu fiel vasallo. 

Quiero honrarte diariamente 

Tus misterios reparando.

Y si al rezarte advirtiere 

Haber caído en pecado,

Ayúdame, Madre mía. 

Quiero al punto confesarlo. 

Quiero consolar tus penas. 

Reparar tantos agravios, 

Como te hacen cada día

Millones de hijos ingratos. 

Recíbeme, oh gran Señora, 

Recíbeme en tu regazo. 

Indigno para hijo tuyo... 

Permíteme ser tu esclavo!

De “El mensaje de Fátima”

Autor: Fr. Albino Menendez Reigada - Obispo de Tenerife (1881-1958)

Pag 91 

Pascua, Homilía del Padre Gustavo Seivane *


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 Algo le sucedió a la muerte. Algo definitivo: la Resurrección de Cristo.

Así, la muerte mutó. Hizo también su pascua. Su paso. 

Se deslizó de eterna a temporal, y, quedó sentenciada para su disolución, cuando la muerte ya muera al final de los tiempos, cuando se vea cumplida en nosotros la Palabra del Redentor que dice: “Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna, y que yo lo resucite en el último día”. 

¡Resucitó Jesús! Ya no se callarán los aleluyas. Ni la Iglesia, dejará de cantar por siempre su cántico nuevo, su estremecedora acción de gracias al Redentor de los hombres.

Así, se propaga la alegría, una alegría hoy en la esperanza, una alegría celebrada  junto al cirio Pascual. 

¡Jesucristo vive! El Pastor se reencuentra con sus ovejas, el rebaño lo reconoce espléndido de Vida, de nueva e inédita Vida, Vida de resucitado, Vida empapada de Gloria. 

¡Resucitó por amor! La muerte no lo retuvo. La muerte se encogió hasta morir, cuando el alba eterna surgió con él.  Y de él. Brotando, expandiendo una fuerza de tremenda majestad, de sonora alegría, de gozo gozado.

¡Alabado sea el Cordero que puede romper los sellos y abrir los Libros! ¡Alabado sea el Misericordioso! ¡El que ha sido exaltado a lo más alto de los Cielos!¡El Santo, el Hombre Celestial, el Vencedor Magnífico! 

Porque lo habíamos visto aplastado, triturado, llovido de escarnio, y colgado de una Cruz… Ah! pero su fidelidad…  palpen en sus corazones su fidelidad. Él lo había prometido. Ustedes discípulos que marchan hacia Emaús. Tú, querido Tomás. Y tú, Pedro. Miren en sus almas, abran sus memorias, corran hacia al sepulcro, contemplen como testigos privilegiados. Háganlo con nosotros. Déjennos hacerlo con ustedes. Digamos juntos: “Su Fidelidad dura por siempre”. 

 “El Mesías debía sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; debía ser condenado a muerte, y resucitar al tercer día”.

Ahora Cristo vive Vida del todo nueva. Vida en la que ya estamos insertados, implantados, incrustados, mientras nos encaminamos hacia nuestra propia pascua. 

Porque en él hemos renacido. Porque nuestro bautismo ya nos participa de su nueva creación. De su eternidad.

Resucitaremos con el que resucitó. Naceremos. Será un paso. Será un cruce. Será confluir hacia la Luz definitiva y superadora de toda materia caduca, de toda lobreguez yerma, de toda ceniza.

Sólo esperamos su abrazo, su aceptación, su triunfo compartido; y sentarnos a su mesa, ser en su Día sin ocaso, ser amando, ser glorificando al que nos ganó una eternidad feliz. 

Cristo acabó con los dolores del alma, con los sufrimientos del cuerpo, con los abandonos, con los estertores de la enfermedad, con la decrepitud, con el pecado y la muerte. Pues eso llegará. Empezó en él y con él. Y comenzó a anticiparse en los santos y en los prodigios de la Iglesia que la historia recoge. 

En la Vida bienaventurada no germinará el fracaso. Y las llagas de Jesús nos darán la luz consoladora. Ya brillan. Y son más brillantes que todos los soles del universo. 

Y por eso, la Iglesia canta su Aleluya. Y el cirio, luz del Resucitado, gobierna esta asamblea. Ahora, sabemos qué nos espera, y quién nos espera.

Fuimos creados como un “tú” para Dios. Como creaturas capaces de entrar en diálogo, capaces de encontrarse con él por vía del amor.

Ahora, Cristo, cumpliendo su promesa, abre el Día sin final del perfecto diálogo y encuentro entre Dios y su creatura, entre el Padre y sus hijos, entre él, el Hermano divino, y sus redimidos.

Vamos, nosotros, cada uno hacia ese evento. Conocido y desconocido a la vez. Paradoja santa: hacia la resurrección que nos ganó Jesús. 

Él lo hizo posible. El Primogénito de entre los muertos. El que nos constituyó desde ahora, en tanto bautizados, hijos de la resurrección. Por sus llagas fuimos sanados.

La operación de un amanecer de tremenda luz. De reconstitución de los cuerpos, de los sentidos, del lenguaje, de la percepción, de la inteligencia, de la voluntad, de las capacidades.

¡Resurrección! Resucitaremos con él. Como él. Lo hizo Dios.

 Será una reunión con tus células, tu energía, tu físico. Será conservando tu identidad. Amarás tú. El mismo de ahora, pero (paradoja santa) serás como otro, por la perfección adquirida gracias a los méritos de Jesús.

Alba inédita. Relámpago de ángeles. Limpieza. Fin de la corrupción. Serenos extranjeros de todo camino errado. Ya nos habremos encontrado a nosotros mismos sin dudas ni ambigüedades. Y con los otros sin sospechas ni vacilaciones. Inédita vida. Vislumbre de lo santo. Maravilla de ser de tal modo que la fuente del amor y la verdad saciando no se agotarán jamás. Gloria del conocimiento, de la percepción sin alienaciones. Conjunto y detalle suscitándonos alabanzas. Estremecimiento del gozo de vivir en un océano de gracia donde “Dios será todo en todos”.

“¿Dónde está muerte tu aguijón?”, dijo San Pablo… 

¡Bendito sea el Señor! Él nos despertará del sueño de la muerte. Él, el Primero y el último. No será un despertar para una mera inmortalidad del alma, sino que viviremos una verdadera resurrección. Toda nuestra persona resucitará como él, y nuestro cuerpo será glorificado.

“Destruyan este templo, y yo lo edificaré en tres días”, había dicho. “Él se refería al templo de su Cuerpo”.

Nuestro destino es Dios. “Él recibió el Nombre que está sobre todo nombre”. Cristo es la Puerta.                                    

                *   Asesor espiritual de los Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina en Argentina

Santo Rosario Tiempo de Pascua


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 Grupos de oración de San Pio de Pietrelcina

Santo Rosario – Tiempo de Pascua

Transitando el tiempo de Pascua meditaremos con textos  extraídos de la exhortación apostólica “Christus Vivit” del Papa Francisco y de los escritos de Padre Pio.


† Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo Amén

Escribe Padre Pio desde Pietrelcina, el 1 de abril de 1915

“Con toda la fe que tengo en el alma y con vivísima aspiración en el corazón, os deseo que paséis bellas fiestas de Pascua, y hago ardientes votos para que el dulcísimo Jesús resucitado quiera daros una larga vida siempre en la más perfecta alegría espiritual.”

Pésame

Primer Misterio (leer la cita evangélica)

Dice el Papa Francisco:

“Jesús está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Segundo Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

“Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Tercer Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

“Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de  que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Cuarto Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva ».

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

«¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor». Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos… siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Por la intención del Papa  Francisco (2023)  para este mes

Abril: Por una cultura de la no violencia

Oremos por una mayor difusión de una cultura de la no violencia, que pasa por un uso cada vez menor de las armas, tanto por parte de los Estados como de los ciudadanos.

Mayo: Por los movimientos y grupos eclesiales

Oremos para que los movimientos y grupos eclesiales redescubran cada día su misión evangelizadora, poniendo sus propios carismas al servicio de las necesidades del mundo.

Padre Nuestro  - 3 Ave María  - Gloria


Oración

Nuestro Señor Resucitado, es hermoso sentir tu presencia poderosa y acogedora que despierta y llena de vida todos los ambientes que nos rodean, alejando todo sentimiento de angustia y abandono.

Ayúdanos a permanecer siempre cerca de Ti, porque solo de Ti procede  ese amor que nos sostiene, esa fuerza que nos restaura y todo ese poder para seguir luchando con valentía.

Gracias por tu inmenso sacrificio de amor en la Cruz, por tu gloriosa resurrección que nos invita a renovar nuestro corazón en tus promesas, y gracias por todos los momentos de oración que hemos disfrutado juntos.

Ayúdanos a reconocerte en todo momento, sentir que estás vivo y presente, sentir tu cercanía que consuela y trae la paz al alma. 

Sólo tu voz queremos seguir, solo tu voz queremos sentir.

Ayúdanos a reconocer tu voz en las tristezas y alegrías, en los momentos de aflicción. Queremos recurrir a ella y rendirnos a tu voluntad porque Tú has derrotado la muerte y nos has dado el regalo de la salvación.

Te pedimos que sigas obrando en nosotros, sigue bendiciéndonos y abriendo caminos de sanación, de salud, de fortaleza, de esperanza. Capacítanos con tu sabiduría para saber romper todo muro de dolor que no nos deja avanzar.

Danos la gracia de poder liberarnos de miedos y opresiones, de sentirnos capacitados y valientes para salir y anunciar todo lo bueno de tus promesas.

Queremos nacer de nuevo en el Espíritu, rehacer nuestra vida para alabarte y adorarte, porque en ningunas otras manos podríamos estar más seguros.

Amén.

Oración a san Miguel Arcángel

SALVE a la Santísima Virgen

Animación en Argentina 2023

De la mundanidad...


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Oramos por la paz


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+ Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y de Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Nos dice San Francisco de Asis en la Admonición 15:

Dichosos los pacíficos  porque serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5,9.

Son verdaderamente pacíficos aquellos que en medio de todas las cosas que padecen en este mundo, conservan la paz en su alma y en su cuerpo por el amor de nuestro Señor Jesucristo.”


DIJO EL PAPA FRANCISCO... "¡Que una cadena de empeño por la paz una a todos los hombres y a las mujeres de buena voluntad! Es una invitación fuerte y urgente que dirijo a la entera Iglesia Católica, pero que extiendo a todos los cristianos de las demás Confesiones, a los hombres y mujeres de toda religión y también a aquellos hermanos y hermanas que no creen: la paz es un bien que supera toda barrera, porque es un bien de toda la humanidad".


ORACION POR LA PAZ DE JUAN PABLO II


"Creador de la naturaleza y del hombre

de la verdad y de la belleza, elevo una oración:

ESCUCHA MI VOZ

porque es la voz de las víctimas de todas las guerras

y de la violencia entre los individuos y entre las naciones;

ESCUCHA MI VOZ

porque es la voz de los niños que sufren y sufrirán

cada vez que los pueblos pongan su confianza en las armas

y en la guerra; 

ESCUCHA MI VOZ

cuando te pido que infundas en los corazones de todos

los seres humanos la sabiduría de la paz, la fuerza de

la justicia y la alegría de la amistad;

ESCUCHA MI VOZ

porque hablo en nombre de las multitudes de cada país

y de cada periodo de la historia que no quieren la guerra

y están dispuestos a recorrer el camino de la paz; 

ESCUCHA MI VOZ

y danos la capacidad y la fuerza para poder responder

al odio con amor, a la injusticia con una a dedicación a 

la justicia,

a la necesidad con nuestra propia involucración,

a la guerra con la paz.

Oh DIOS, ESCUCHA MI VOZ

y concede al mundo para siempre Tu paz". AMÈN


Ofrecemos el santo Rosario a la Santísima Virgen  y meditamos las palabras de Padre Pio acerca de la paz


Pésame


Primer Misterio: 

-Mantente siempre unida estrechamente a la santa Iglesia Católica, porque sólo ella te puede dar la paz verdadera, ya que sólo ella posee a Jesús sacramentado. Él es el verdadero príncipe de la paz (FM, 166). 

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Segundo Misterio: 

 -Calma, le recomiendo siempre calma. Las ansiedades angustiosas agotan y esterilizan la piedad cristiana (1260).

 Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Tercer Misterio: 

 - …conservando la tran¬quilidad y la paz en cualquier circunstancia, haremos grandes progresos en las vías del Señor; por el contrario, perdida esta paz, todos nuestros esfuerzos conseguirán poco o ningún fruto para la vida eterna (608).

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 

 Cuarto Misterio:.

- El enemigo de nuestra salvación co¬noce muy bien que la paz del corazón es un indicio seguro de la asistencia divina, y, por tanto, no deja pasar ocasión para hacérnosla perder. Por tanto, vivamos siempre alerta sobre este particular. Jesús nos ayudará (603).

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: 

La paz es la simplicidad del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo del amor.

La paz es el orden y la armonía entre todos; es el continuo gozo que brota del testimonio de una buena conciencia; es la santa alegría de un corazón, en el que reina Dios.

La paz es el camino de la perfección, aún más, en la paz se encuentra la perfección.

El demonio conoce todo esto y hace todo lo posible para hacernos perder la paz 

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

 

Por la intención del Santo Padre Francisco para este mes y  por la paz en el mundo, en especial en los países en guerra.

Padre nuestro, 3 ave María y Gloria


Oración a san Miguel Arcángel


SALVE  


El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Enseñanzas


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Llama a Jesús...


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Durante el día, cuando no puedes  hacer otra cosa, llama a Jesús aún en medio de todas tus ocupaciones. Vuela con el espíritu ante el tabernáculo cuando no puedas ir con el cuerpo, y allí desahógate de tus  ardientes codicias, habla y ora y abraza al Amado de las almas, mejor que si te fuese dado recibirlo sacramentalmente.

                                                                                                            Epístolario III, pag. 448



Rosario sobre "La vanagloria"


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 Grupos de Oración de San Pio de Pietrelcina

Santo Rosario – Febrero 2021

† Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén  


Nos enseña Padre Pio:

El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en par y entregársela totalmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para combatir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios. Solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos."

Pésame

Primer Misterio: 

Graben bien en su mente; esculpan fuertemente en sus corazones; y convénzanse de que nadie es bueno «sino sólo Dios»; y que nosotros no te-nemos otra cosa que la nada. Vayan meditando continuamente lo que san Pablo escribe a los fieles de Corinto: «¿Qué tienes que no lo hayas recibi-do? Y, si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?». «No que seamos capaces - dice además - de pensar algo por nosotros mismos, como si fuera cosa nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios».

Cuando se sientan tentadas de vanagloria, repitan con san Bernardo: «Ni por ti lo inicié, ni por ti lo dejaré» ¿No comencé mi viaje por los caminos del Señor? Entonces, por ellos quiero seguir; por ellos continuaré mi mar-cha. Si el enemigo les asalta por la santidad de su vida, que le griten a la cara: mi santidad no es fruto de mi espíritu, sino que es fruto del espíritu de Dios que me santifica. Es un don de Dios; es un talento que me ha pres-tado mi Esposo para que yo negocie con él y después le rinda estrecha cuenta de la ganancia obtenida.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Segundo Misterio: 

Las virtudes son como quien tiene un tesoro, que, si no lo tiene escondido a los ojos de los envidiosos, se lo robarán. El demonio está siempre vigi-lando; y él, el peor de todos los envidiosos, busca arrebatar este tesoro, que son las virtudes, tan pronto como lo descubre; y lo hace asaltándonos con ese enemigo tan poderoso que es la vanagloria.

Nuestro Señor, siempre atento a nuestro bien, para preservarnos de este gran enemigo, nos lo advierte en varios lugares del evangelio. ¿Acaso no nos dice que, si queremos hacer oración, nos retiremos a nuestro cuarto, cerremos la puerta y oremos de tú a tú con Dios, para que nuestra oración no sea conocida por los demás?; ¿que, al ayunar, nos lavemos la cara para que no descubramos nuestro ayuno a los demás en la suciedad y la palidez del rostro?; ¿que, al dar limosna, no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda?

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Tercer Misterio: 

 Tenía mucha razón San Jerónimo, al comparar la vanagloria con la sombra. De hecho, la sombra sigue al cuerpo a todas partes; y hasta le mide los pasos. Se aleja el cuerpo, se aleja también ella; camina a paso lento, también ella hace lo mismo; se sienta, y entonces también ella toma la misma posición.

Lo mismo hace la vanagloria; sigue por todos lados a la virtud. En vano intentaría el cuerpo huir de su sombra; ésta, siempre y en todas partes, le sigue y camina a su lado. Lo mismo le sucede a quien se ha dedicado a la virtud, a la perfección: cuanto más huye de la vanagloria, más es asaltado por ella. Temamos todos, querido padre, a este nuestro gran enemigo. Lo teman todavía más aquellas dos almas elegidas, porque este enemigo tiene un algo de inexpugnable.

Estén siempre alerta; no se deje a este enemigo tan poderoso entrar en la mente y en el corazón; porque, si consigue entrar, desflora las virtudes, corroe la santidad, corrompe todo lo que hay de belleza y de bondad.

Traten de pedir continuamente a Dios la gracia de verse preservadas de este vicio pestilente, porque «Todo don perfecto viene de arriba, del Padre de las luces». Abran sus corazones a la confianza en Dios. Recuerden siempre que todo lo que hay de bueno en ellas, es puro regalo de la suma bondad del Esposo celestial.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Cuarto Misterio:

La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada, con toda razón, la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad.

Nuestro Señor, para mostrarnos en qué gran medida la vanagloria es contraria a la perfección, lo hace con aquella reprensión que hizo a los apóstoles, cuando los vio llenos de autocomplacencia y de vanagloria, porque los demonios obedecían las órdenes que ellos les daban: «Sin embargo, no os alegréis porque los espíritus se os someten».

Y para erradicar del todo de sus mentes los tristes efectos de este maldito vicio, que suele conseguir insinuarse en los corazones, los atemoriza poniendo ante sus ojos el ejemplo de Lucifer, precipitado desde las alturas por la vana complacencia en la que cayó ante la grandeza a la que Dios le había ensalzado: «Veía a satanás, que caía del cielo como un relámpago».

Este vicio hay que temerlo todavía más porque no hay una virtud contraria para combatirlo. En efecto, cada vicio tiene su remedio y la virtud contraria; la ira se destierra con la mansedumbre; la envidia con la caridad; la soberbia con la humildad; etc. Sólo la vanagloria no tiene una virtud con-traria para ser combatida. Ella se insinúa en los actos más santos; y, hasta en la misma humildad, si no se está atento, ella coloca con soberbia su tienda.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: 

San Crisóstomo, hablando de la vanagloria, dice: «Cuantas más obras realices, buscando aplastar la vanagloria, tanto más la estimulas». ¿Y cuál es la causa de esto? Dejemos que nos lo diga el mismo santo doctor: «Por-que todo lo malo proviene del mal; solo la vanagloria procede del bien; y, por eso, no se extingue con el bien sino que se infla más».

El demonio, querido padre, sabe muy bien que un lujurioso, un ladrón, un avaro, un pecador, tienen más motivos para avergonzarse y para sonrojarse que para gloriarse; y, por eso, se cuida mucho de tentarlos por ese lado, y les ahorra esta batalla. Pero no se la ahorra a los buenos, sobre to-do al que se esfuerza por tender a la perfección. Todos los otros vicios se yerguen sólo en los que se dejan vencer y dominar por ellos; pero la vanagloria levanta la cabeza precisamente en aquellas personas que la comba-ten y la vencen. Se envalentona al asaltar a sus enemigos, sirviéndose de las mismas victorias que han conseguido contra ella. Es un enemigo que no se detiene nunca; es un enemigo que entra en batalla en todas nuestras obras y que, si no se está vigilante, nos hace sus víctimas.

En efecto, nosotros, para huir de las adulaciones de los demás, preferimos los ayunos ocultos y secretos a los visibles; el silencio, al hablar elocuente; ser despreciados, a ser tenidos en cuenta; los desprecios, a los honores. ¡Oh!, Dios mío. También en esto, la vanagloria quiere, como suele decirse, meter la nariz, acometiéndonos con vanas complacencias.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

 

Por la intención del Papa Francisco para este mes de febrero:

Intención universal Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y escuchado.

Padre nuestro, 3 ave María y Gloria


Oración a San José,  del Papa Francisco

Salve, custodio del Redentor  y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. 

Amén.


San José nos ayude a imitarlo y a decir como San Pablo en Gálatas 6, 14:

“Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.”


Oración a san Miguel Arcángel


SALVE 


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Oramos en el año santo de San José


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Grupos de Oración de San Pio de Pietrelcina

Adheridos al Centro Internacional de san Giovanni Rotondo

ORAMOS SIN FRONTERAS

En honor a San José, por la conversión de los pecadores, por la santa Iglesia Católica apostólica romana,  el Papa Francisco, y por el fin de la pandemia.

+ Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén


Oración a San José,  del Papa Francisco

Salve, custodio del Redentor

y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo,

en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,

muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía,

y defiéndenos de todo mal. Amén.

Corona de los Siete Dolores y Gozos de Nuestro Padre San José.

- Pésame   

- Credo.

1er Dolor y Gozo:

Casto esposo de María Santísima, glorioso San José: por el dolor que tuviste ante la duda de tener que abandonar a tu querida esposa, y por el gozo que te causó la revelación angélica del misterio de la Encarnación; te suplico me alcances dolor de mis juicios temerarios e indebidas críticas al prójimo, y el gozo de ejercer la caridad viendo en él a Cristo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

2do Dolor y Gozo:

Feliz patriarca, hijo de David, padre virginal del Verbo humanado, glorioso San José: Por el dolor que te conmovió viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y por el gozo que te inundó al verle cantado por los Ángeles y adorado por los pastores; te suplico me alcances dolor de mis codicias y egoísmos, y el gozo de servirle con pobreza y humildad. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

3er Dolor y Gozo:

Obediente ejecutor de las leyes divinas, glorioso San José: Por el dolor que te produjo en la circuncisión ver derramar la primera sangre al Mesías, y por el gozo que sentiste al oír su nombre de Jesús, Salvador; te suplico me alcances dolor de mis vicios y sensualidades, y el gozo de purificar mi espíritu practicando la mortificación. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

4to Dolor y Gozo:

Fiel santo, partícipe en los misterios de nuestra redención, glorioso San José: Por el dolor que te traspasó al escuchar en la profecía de Simeón lo que había de sufrir Jesús y María, y por el gozo que te llenó al saber que sería para la salvación de innumerables almas; te suplico me alcances dolor de haber crucificado a Cristo con mis culpas, y el gozo de llevarle los hombres mediante mi ejemplo y mi palabra.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

5to Dolor y Gozo:

 Vigilante custodio del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José: Por el dolor que te angustió al saber que Herodes quería matar al Niño, y por el gozo que te confortó al huir con Jesús y María a Egipto; te suplico me alcances dolor de mis pecados de escándalo, y el gozo de apartarme de las ocasiones de ofender a Dios. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

6to Dolor y Gozo:

 Ángel de la tierra, que tuviste a tus órdenes al Rey del cielo, glorioso San José: Por el dolor que te infundió el temor de Arquelao, y por el gozo con que te tranquilizó el Ángel, de volver a Nazareth; te suplico me alcances dolor por mis cobardías y respetos humanos, y el gozo de confesar a Cristo en toda mi vida pública y privada.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

7mo Dolor y Gozo:

Modelo de toda santidad, glorioso San José: Por el dolor que padeciste al perder, sin culpa, durante tres días al Niño, y por el gozo que experimentaste al encontrarlo en el templo entre los doctores; te suplico me alcances dolor cada vez que por mi culpa pierda a Cristo, y el gozo de vivir siempre en gracia y morir felizmente, bajo su patrocinio, en los brazos de Jesús y María, para cantar eternamente sus misericordias. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

-Ruega por nosotros Padre de Jesús y nuestro, San José

-Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


Oremos:

Dios Todopoderoso que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José: haz que por su intercesión la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén


Oración a San José*

A ti bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación,  y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te mantuvo unido, y por el paternal amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente, te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, providente custodio de la divina familia, a la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y Corrupción, asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así ahora defiende a la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con tu perpetuo patrocinio para que, a ejemplo tuyo y sostenidos con tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y obtener en el cielo la eterna bienaventuranza. 

Amén

*Fuente: “Recemos con San Pio de Pietrelcina” , Foggia 2013


Letanía

-Señor, ten piedad de nosotros.

-Cristo, ten piedad de nosotros.

-Señor, ten piedad de nosotros.

-Cristo, óyenos.

-Cristo, escúchanos.

-Dios, Padre celestial             Ten piedad de nosotros

-Dios Hijo, Redentor del mundo

-Dios Espíritu Santo

-Santa Trinidad, un solo Dios .

-Santa Maria,                                          Ruega por nosotros (se repite)

-San José

-Ilustre descendiente de David

-Luz de los patriarcas

-Esposo de la Madre de Dios

-Custodio purísimo de la Virgen,

-Nutricio del Hijo de Dios

-Diligente defensor de Cristo

-Jefe de la Sagrada Familia

-José justo

-José casto

-José prudente

-José fuerte

-José obediente

-José fiel

-Espejo de paciencia

-Amante de la pobreza

-Modelo de obreros

-Gloria de la vida doméstica

-Custodio de vírgenes

-Sostén de las familias

-Consuelo de los desdichados

-Esperanza de los enfermos

-Patrono de los moribundos

-Terror de los demonios

-Protector de la santa Iglesia

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo Perdónanos, Señor.

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo Escúchanos, Señor.

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo Ten piedad de nos.

V. Lo nombró administrador de su casa.

R. Y señor de todas sus posesiones.

Oremos

¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Santísima Madre; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


Fragmentos de la Carta apostólica PATRIS CORDE del Santo Padre Francisco, en ocasión de cumplirse los 150 años de la declaración de San José como patrono de la Iglesia universal.

Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»

Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.

Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.

Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. … tuvo un papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica»[2], el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores”[3] y san Juan Pablo II como «Custodio del Redentor»[4]. El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»[5].

Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud.

Padre amado

Padre de la ternura

Padre en la obediencia

Padre en la acogida

Padre de la valentía creativa

Padre trabajador

Padre en la sombra

Así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños que, en la Biblia, como en todos los pueblos antiguos, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad[13].

José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María; no quería «denunciarla públicamente»[14], pero decidió «romper su compromiso en secreto» (Mt 1,19). En el primer sueño el ángel lo ayudó a resolver su grave dilema: «No temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). Su respuesta fue inmediata: «Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama y salvó a María.

En el segundo sueño el ángel ordenó a José: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13). José no dudó en obedecer, sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar: «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, donde estuvo hasta la muerte de Herodes» (Mt 2,14-15).

En Egipto, José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).

Pero durante el viaje de regreso, «al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños —y es la cuarta vez que sucedió—, se retiró a la región de Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret» (Mt 2,22-23).

El evangelista Lucas, por su parte, relató que José afrontó el largo e incómodo viaje de Nazaret a Belén, según la ley del censo del emperador César Augusto, para empadronarse en su ciudad de origen. Y fue precisamente en esta circunstancia que Jesús nació y fue asentado en el censo del Imperio, como todos los demás niños (cf. Lc 2,1-7).

San Lucas, en particular, se preocupó de resaltar que los padres de Jesús observaban todas las prescripciones de la ley: los ritos de la circuncisión de Jesús, de la purificación de María después del parto, de la presentación del primogénito a Dios (cf. 2,21-24)[15].

En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

José, en su papel de cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres, según el mandamiento de Dios (cf. Ex 20,12).

En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8).

Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”»[17].

El objetivo de esta Carta apostólica es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución.

En efecto, la misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios, como hicieron Abrahán[26] y Moisés[27], como hace Jesús, «único mediador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado» ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eternamente para interceder por nosotros» (Hb 7,25; cf. Rm 8,34).

Los santos ayudan a todos los fieles «a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad»[28]. Su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio.

Jesús dijo: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), y ellos a su vez son ejemplos de vida a imitar. San Pablo exhortó explícitamente: «Vivan como imitadores míos» (1 Co 4,16)[29]. San José lo dijo a través de su elocuente silencio.

Ante el ejemplo de tantos santos y santas, san Agustín se preguntó: «¿No podrás tú lo que éstos y éstas?». Y así llegó a la conversión definitiva exclamando: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva!»[30].

No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.

Oración 

Glorioso patriarca San José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad.

Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución.

Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti.

Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder.

Amén.


Anexo

Fragmento de “La vida devota de Padre Pio” por Gerardo di Flumeri y Gennaro Preziuso


El Padre Pío admiró siempre la altura espiritual de san José. Imitó sus virtudes y recurrió a él en los momentos más difíciles de su vida, obteniendo siempre gracias y favores celestiales.

Él, como san José, aún sin serlo en el orden natural, se sentía padre y era consciente de los derechos y deberes de su paternidad espiritual. Por este motivo, se dirigía con confianza a este santo, para suplicarle por sus hijos e hijas espirituales. «Ruego a san José que, con aquel amor y con la generosidad con que cuidó de Jesús, custodie tu alma, y, como lo defendió de Herodes, así proteja tu alma de un Herodes más feroz: ¡el demonio!». «El patriarca san José cuide de ti con el mismo cuidado que tuvo de Jesús: te asista siempre con su benévolo patrocinio y te libre de la persecución del impío y soberbio Herodes, y no permita jamás que Jesús se aleje de tu corazón».

Y san José correspondió al Padre Pío con una asistencia singular y con visiones extraordinarias. En efecto, el Siervo de Dios, en enero de 1912, confió al padre Agustín de San Marco in Lamis: «Barbazul no se quiere dar por vencido. Se ha disfrazado de casi todas las formas. Hace ya días que viene a visitarme con otros de sus satélites, armados con bastones e instrumentos de hierro, y lo que es peor bajo su propia forma. ¡Quién sabe cuántas veces me ha tirado de la cama arrastrándome por la habitación! Pero, ¡paciencia! Casi siempre están conmigo Jesús, la Mamita, el Angelito, San José y el padre San Francisco» (Epist. I, pág 252).

Al mismo padre Agustín escribe el Padre Pío, el 20 de marzo de 1921: «Ayer, festividad de San José, sólo Dios sabe las dulzuras que experimenté, sobre todo después de la misa, tan intensas que las siento todavía en mí. La cabeza y el corazón me ardían, pero era un fuego que me hacía bien» (Epist. I,265).

El padre Honorato Marcucci, uno de los asistentes del Padre Pío en los últimos años de su existencia terrena, contaba este episodio.

Una tarde del mes anterior al de la muerte del venerado Padre, se encontraba con él en la terraza contigua a la celda n. 1, esperando para acompañarle a la sacristía para la función vespertina. Era un miércoles, día consagrado a san José, y el Padre Pío no se decidía a moverse. De pie ante un cuadro del glorioso Patriarca, apoyado en la pared, el venerado Padre parecía en éxtasis. Pasado un poco de tiempo, el padre Honorato le dijo: Padre, ¿debo esperar todavía?; ¿nos hemos de ir?; vamos con retraso». Pero sus preguntas quedaron sin respuesta. El Padre Pío seguía contemplando al glorioso Patriarca.

Al fin, después de que el padre Honorato le arrastrara del brazo y le repitiera por enésima vez la pregunta, el Padre Pío exclamó: «Mira, mira, ¡qué bello es San José!».

Se dirigieron a la sacristía.

En la sala «San Francisco» encontraron al padre sacristán, que les preguntó: «¿Cómo con tanto retraso?».

El padre Honorato respondió: «Hoy el Padre Pío no quería separarse del cuadro de San José».

El Padre Pío no dejaba pasar una sola oportunidad sin invitar a sus hijos espirituales a cultivar una sincera y profunda devoción a san José, fuente siempre rica de enseñanzas, de consuelo y de favores.

Parece escucharse todavía hoy su voz: «Ite ad Joseph! (Gn 41,55). Id a José con confianza absoluta, porque también yo, como santa Teresa de Ávila, “no recuerdo haber pedido cosa alguna a San José, sin haberla obtenido de inmediato”». 

No olvides que contamos con San José !   Felices en su año santo

Paz y bien.


Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina . Animación en Argentina 2021