posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, al ser destinado a la fraternidad capuchina de San
Giovanni Rotondo (Foggia – Italia) en septiembre de 1916, recibió el encargo de
Director espiritual del Seminario que los Capuchinos tenían en aquella población
del centro-sur de Italia. Se le confiaba la atención espiritual de unos 30
muchachos, de 12 a 16 años, que eran educados con la esperanza de que, si confirmaban
que ésa era su vocación, abrazarían, tras el año del noviciado, la vida religiosa
capuchina. Esta encomienda de Director espiritual suponía la formación
religiosa de los “fratini”, sobre todo por medio de conferencias sobre los
elementos de la vida cristiana, y la atención personal de cada uno de ellos,
especialmente en el Sacramento de la confesión.
Cuando
este Seminario se trasladó a otro lugar, los jóvenes que se dirigían al
convento de Morcone para frecuentar allí el año del noviciado casi siempre pasaban
antes por San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío y recibir sus
consejos, su palabra de ánimo y su bendición. Hoy muchos de los religiosos de
la Provincia capuchina de Foggia llevan con orgullo, en su tarjeta de visita,
la fotografía que, en esa ocasión de visitar al Fraile de los estigmas, se
sacaron con el Padre Pío.
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¿Qué hace hoy el Padre Pío? La Provincia capuchina de
Colombia tiene el Postulantado en la ciudad de Pasto. Es la etapa inicial de la
formación para capuchino; a la que sigue el Noviciado, que está ubicado en la
pequeña población de Tabio, en la Provincia de Bogotá. De los siete muchachos
del Postulantado, algunos han llegado a los Capuchinos, no porque los conocieran,
sino porque conocían la vida y la santidad del Padre Pío, se veían atraídos por
él y querían vivir su vida cristiana en la misma Orden religiosa en la que la
vivió el Capuchino de Pietrelcina.
No sólo eso. En el Postulantado de Pasto, el Padre Pío
está muy presente, como modelo y como maestro en el seguimiento de Cristo, sobre
todo en las enseñanzas que imparten los formadores. Al parecer, el Padre Pío ha querido
animarles a seguir el camino iniciado, sobre todo con el ejemplo de su fidelidad
plena a la vocación franciscano-capuchina. En esta semana que termina mañana los
7 jóvenes han dedicado tres días a profundizar en esa espiritualidad del Fraile
capuchino. Y sé que, si el Padre Pío pedía oraciones para lograr ser «un hijo
menos indigno de San Francisco de Asís y servir de modelo a sus hermanos»,
ellos han pedido al Padre Pío su intercesión poderosa ante el Señor para
alcanzar esas mismas metas. En la fotografía los siete muchachos del Postulantado
de Capuchinos de Pasto con sus formadores, los hermanos Miguel Ángel Hernández
y Carlos Iván Berrio. En la fotografía está también el que esto escribe, que ha
tenido la suerte y la gracia de poder ofrecerles, aunque pobremente, lo vivido
por el Padre Pío hasta hace ahora 45 años, pues murió el 23 de septiembre de
1968.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío místico y apóstol
El Padre Pío, para cumplir la “misión grandísima”
que le confió el Señor, se sirvió de muchos y muy variados medios. Pero, como
indiqué en mi escrito anterior de esta etiqueta de la página web, es útil
conocer «las motivaciones que urgían al Capuchino de Pietrelcina a la
intensísima labor apostólica que realizó a lo largo de su larga vida de 81 años».
Las motivaciones del Padre Pío las podemos resumir
en dos, y las tenemos en las palabras que escribió a su Director espiritual, el
padre Benedicto de San Marco in Lamis, el 20 de noviembre de 1921: «Todo se
resume en esto: Estoy devorado por el amor a Dios y el amor a los hermanos».
1ª. «Devorado por el amor a Dios». ¿Qué exigía esto
al Padre Pío?
- La enseñanza de Jesús es muy clara: Amamos a Dios
cuando aceptamos con amor su voluntad y la hacemos realidad en nuestra vida
diaria. El Padre Pío, no sólo aprendió muy bien esta enseñanza de Jesús y la
practicó con admirable generosidad, sino que la repetía a los fieles con insistencia.
Un ejemplo: Al que le preguntó qué tenía que hacer para ser mejor cristiano -en
otras palabras: para amar más a Dios-, le respondió: «Cumple mejor la voluntad
de Dios; cúmplela con más amor; cúmplela con una intención más recta».
- El Padre Pío era muy consciente de que la voluntad
de Dios para él, al igual que para los demás cristianos, porque brota del bautismo,
era la que él proponía con frecuencia con estas palabras: «Recordemos
que el Corazón de Jesús nos ha llamado, no sólo para nuestra santificación,
sino también para la santificación de otras almas. El quiere ser ayudado en la
salvación de las almas».
- Pero el Señor había manifestado su voluntad al
Padre Pío de un modo más directo y personal. En una carta de noviembre de 1922,
dirigida a su hija espiritual Nina Campanile, el Fraile capuchino le dice:
«Oigo en mi interior una voz que me pide insistentemente: “santifícate y
santifica”». Si de la santidad personal, a la que le llamaba el “santifícate”,
siempre fluye el bien para los demás, el “santifica” le pedía dedicarse en
cuerpo y alma a los demás, para ofrecerles el Reino de Dios, con todos los
dones que encierra.
- Esa voluntad de Dios, que quería al Padre Pío al
servicio de los hombres, ya se le había manifestado cuando, a la edad de 15-16
años, se preparaba como novicio para profesar en la Orden capuchina. Lo dice en
la carta que acabo de citar: «Pero tú (Señor) que me escondiste a los ojos de
todos, ya desde entonces habías confiado a tu hijo una misión grandísima, misión
que sólo y tú yo conocemos». Misión que, como todas las confiadas por el Señor,
tiene como objetivo el bien de los hombres.
- Si, para todo el que quiere amar a Dios, el
cumplimiento de la voluntad divina es condición indispensable, ¿cómo no lo iba
a ser para quien puede afirmar que está «devorado por el amor a Dios»?
2ª. «Devorado
por el amor al prójimo». ¿A qué impulsó esto al Fraile capuchino?
- También aquí la enseñanza de Jesús es muy clara.
En la historia del hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en
manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon,
dejándolo medio muerto, el que amó de verdad al medio muerto no fueron ni
el sacerdote ni el levita, que, al verlo, dieron un rodeo y pasaron de largo,
sino el samaritano que, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las
heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura lo
llevó a la posada y lo cuidó; y, sacando dos denarios, se los dio al posadero,
encargándole que lo cuidara hasta su regreso, prometiéndole pagarle lo que
gastara de más.
- El Padre Pío descubrió sin dificultad que el
samaritano de esta historia es, ante todo, el que la contó: Jesús, el Hijo de
Dios e Hijo de la Virgen María. Buen samaritano para todos, porque, como escribió
el apóstol San Pedro de Jesús: «Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos
por el diablo».
- Si el que amó a los hombres hasta el extremo, Jesús,
lo manifestó anunciándoles el Evangelio, curando a los enfermos, consolando a
los tristes, acogiendo a los niños, llamando a la conversión a los pecadores y
ofreciéndoles el perdón de sus pecados…, entregando su vida para que todos
tengamos vida y vida abundante, el Padre Pío, «devorado por el amor al
prójimo», no podía actuar de otro modo. Lo manifestó con claridad, como
aparecerá en los escritos siguientes de esta etiqueta de la página web.
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
7. El enemigo es demasiado
fuerte; y, hechos todos los cálculos, parecería que la victoria tendría que
sonreír al enemigo. ¡Ay de mí!, ¿quién me librará de las manos de este enemigo
tan fuerte y tan poderoso, que no me deja libre un sólo instante, ni de día ni
de noche? ¿Es posible que el Señor permita alguna vez mi caída?
Desgraciadamente lo merecería; pero ¿será verdad que la bondad del Padre del
cielo sea vencida por mi maldad? Esto jamás, jamás, Padre mío (Epist.I, p.552).
8. Preferiría ser traspasado
por una fría hoja de cuchillo antes que desagradar a alguien (T, 45).
9. Buscar sí la soledad, pero
sin faltar a la caridad con el prójimo (CE, 19).
10. Es necesario siempre,
también al reprender, saber condimentar la corrección con modos corteses y
dulces (GB, 34).
11. Faltar a la caridad es como
herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del
ojo?
Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza (AdFP, 555).
12. La beneficencia, venga de
donde viniere, es siempre hija de la misma madre: la providencia (AdFP, 554).
13. Acuérdate de Jesús, manso y humilde de corazón. El “si os dejáis llevar de la ira que no sea
hasta el punto de pecar”, es propio de los santos. Yo jamás me he
arrepentido de actuar con dulzura; pero sí he sentido remordimiento de
conciencia y me he tenido que confesar cuando he sido un poco duro. Pero,
cuando hablo de suavidad, no me refiero a la que deja pasar todo. ¡Esa no! Me
refiero a aquélla que, sin ser nunca descuidada, transforma la disciplina en
algo dulce (GB, 34).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, con el encanto de su espiritualidad cien por cien
evangélica, con el atractivo de sus consejos llenos de sabiduría divina y transmitidos
con amor de padre, con la fuerza de su mirada luminosa, reflejo de la bondad de
Dios, con el “milagro” de los estigmas del Crucificado en manos, pies y
costado, con la autenticidad de un ministerio sacerdotal, que «celebraba la
misa humildemente», que «confesaba de la mañana a la noche», que invitaba a la
oración y al amor fraterno, sobre todo a enfermos y necesitados, y que transmitía
e impulsaba una «tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra»…,
atraía a San Giovanni Rotondo, la pequeña ciudad del centro-sur de Italia,
donde vivió desde septiembre de 1916 hasta su muerte, el 23 de septiembre de
1968, a personas de los cinco continentes y de todas las clases sociales.
Hombres
y mujeres que llegaban individualmente y en grupos. Grupos de seglares, grupos
de religiosos, grupos de religiosas, grupos de sacerdotes y también, sobre todo durante los años del
Concilio Vaticano II, pequeños grupos de obispos, como el que recoge la
fotografía. Y si todos llegaban a San Giovanni Rotondo con el deseo de conocer al Fraile capuchino o de verlo de nuevo, muchos buscaban también conocer los rasgos de su espiritualidad para imitarlos.
¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45 años de su muerte? En San Giovanni Rotondo, la realidad sigue siendo la que he indicado, sólo que en números mucho más elevados.
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¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45 años de su muerte? En San Giovanni Rotondo, la realidad sigue siendo la que he indicado, sólo que en números mucho más elevados.
Pero, para conocer y aprender la espiritualidad del
Padre Pío, no hace falta viajar a Italia. ¿Una prueba? Los Capuchinos de
Colombia han querido organizar este año los Retiros espirituales anuales “a la
luz de la espiritualidad del Padre Pío”. Desde el pasado domingo por la noche,
hasta hoy, viernes, a mediodía, 38 religiosos, retirados en su casa de
encuentros espirituales “Tranquilandia”, han centrado sus reflexiones, su
oración personal y comunitaria y sus celebraciones litúrgicas en la
espiritualidad del Padre Pío.
A las
aportaciones que he podido ofrecerles en dos meditaciones y una plática
informativa diarias, se han unido las de los documentales “El Padre Pío un
hombre que ora” y “Benedicto Peregrino” y la de la película “Padre Pío”,
preparada en el año 2000 por Mediaset para la cadena de televisión italiana
“Telecinco”.
No dudo de que el Santo de Pietrelcina, que fue, en
frase del Papa Pablo VI, “hombre de oración”, habrá dado su aprobación plena a
las celebraciones litúrgicas diarias: Laudes, Vísperas y Eucaristía, muy bien
preparadas por la Comisión de Espiritualidad y Vida Fraterna, y participadas
con verdadero espíritu por todos los hermanos. Éstos han querido beneficiarse también
de la celebración comunitaria de la Reconciliación, ya que el Padre Pío dedicó
tantas horas diarias a administrar el Sacramento de la confesión. Y han querido
terminar los días de los Retiros espirituales rezando comunitariamente el
Rosario, secundando así el testamento espiritual del Fraile capuchino: «Amad a
la Virgen; haced que se ame a la Virgen; rezad siempre el Rosario».
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
«Hombre de
sufrimiento» (Pablo VI)
San
Mateo escribe en el capítulo dieciséis de su Evangelio: «Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos
sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado» (Mt 16, 21). Y si fueron muy dolorosos para Jesús los padecimientos físicos:
los azotes, la corona de espinas, el peso de la cruz, los clavos que
atravesaron sus pies y sus manos…, lo fueron mucho más los sufrimientos morales:
el beso traidor de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de los
apóstoles, el «crucifícale, crucifícale»
de los judíos, el «Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?», gritado a su Padre desde lo alto de la cruz (Mc 15, 34).
Jesús,
además, enseñó que, para ser discípulo suyo, es necesario cargar con la cruz: «Entonces dijo a los discípulos: “El que
quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y mi
siga”» (Mt 16, 24).
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La
vida del Padre Pío estuvo marcada por el sufrimiento: sufrimientos físicos, muy
dolorosos; y sufrimientos morales, que le hirieron en lo más profundo de su
espíritu. No sólo eso; el Padre Pío amó el sufrimiento, pidió a Dios la gracia
de sufrir, y el sufrimiento fue para él «Mi alimento diario, mi
¡delicia!».
Difícil
ofrecer la lista completa de los sufrimientos físicos del Padre Pío. Habría que
enumerar sus múltiples y misteriosas enfermedades: «No te entiendo,
no sé qué hacer contigo», le dijo el médico cuando el joven capuchino no
había cumplido todavía los 25 años; sus continuos ayunos, también porque el
estómago no le aceptaba la comida; su trabajo extenuante de quince y más horas
diarias en el confesonario; sus largas vigilias de oración por la noche; las
llagas del Crucificado en sus manos, pies y costado: «¿Crees que Jesús me
las ha dado como simple condecoración?»; la “sexta llaga” o llaga en el
hombro derecho, que, por manifestación, en el año 1948, al entonces joven sacerdote
Carlos Wojtyla, después Papa con el nombre de Juan Pablo II, era la que más
dolor le producía, la que nadie conocía y la que nunca había sido curada; la
flagelación y coronación de espinas, experimentadas por él al menos una vez por
semana, que le herían en el centro de su alma pero no por eso dejaban de
producir sufrimientos en el cuerpo…
Pero
más dolorosos que los físicos fueron sus sufrimientos morales. Ante todo, las
llagas, que le causaban, como confesó a su Director espiritual, además de los
sufrimientos físicos antes mencionados, «una confusión y una humillación
indescriptible e insostenible»; las visitas médicas para examinar sus
llagas, impuestas tanto por las Autoridades de la Iglesia como por las de la
Orden; su aislamiento de los fieles y la prohibición, durante más de dos años,
de todo ministerio sacerdotal, a excepción de la Misa, que debía celebrar en la
capilla interna del convento; las calumnias gravísimas contra su persona y su
ministerio; las «violentas y asiduas» tentaciones contra la fe, la
esperanza y la pureza; y, sobre todo, el fenómeno místico de la «noche oscura»,
que le acompañó durante casi toda su vida y le llevó a escribir: «Preferiría
llevar mil cruces y hasta me sería dulce y llevadera toda cruz, si no tuviese
esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis
obras».
A la
persona que le comentó: «Padre, usted ama lo que yo temo», respondió el
Padre Pío: «Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a
Dios, lo suplico, por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la
salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del
purgatorio, y ¿qué otra cosa puedo
desear?».
Y el
Padre Pío deseó el sufrimiento y pidió la gracia de sufrir, sobre todo, para
responder al proyecto de Cristo que le asoció a su pasión. Cuando, en junio de
1921, el Visitador enviado por el Vaticano, monseñor Rafael Carlos Rossi, le pidió:
«Que cuente detalladamente lo relacionado
con los llamados “estigmas”», el Padre Pío respondió así: «El 20 de Septiembre de 1918, después de la
celebración de la Misa, cuando me encontraba en el Coro en la debida acción de
gracias, de forma repentina, fui presa de un fuerte temblor; después me invadió
la calma y vi a Nuestro Señor en la actitud de quien está en la cruz, pero no
se me quedó grabado si tenía la cruz, lamentándose de la mala correspondencia
de los hombres, sobre todo de los consagrados a él y más favorecidos por él. De
aquí se deducía que él sufría y que deseaba asociar almas a su Pasión. Me invitaba
a compenetrarme con sus dolores y a meditarlos; al mismo tiempo, a ocuparme de
la salvación de los hermanos. Enseguida, me sentí lleno de compasión por los
dolores del Señor y le preguntaba qué podía hacer. Oí esta voz: “Te asocio a mi
pasión”. Y enseguida, desaparecida la visión, volví en mí, recobré el sentido y
vi estas señales de las cuales goteaba sangre».
¿Cuándo
el Padre Pío, a la pregunta de Cleonice Morcaldi «Qué es el sufrimiento para usted», respondió, como he indicado
antes: «Mi alimento diario. Mi ¡delicia!»,
estaba indicando que el Señor le concedía vivir al mismo tiempo las dos
realidades: el dolor y la alegría, el sufrimiento y el gozo? Me aventuro a
decir que sí.
---
- ---
En
los escritos anteriores, he llamado al Padre Pío, a San Pío de
Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” porque, identificado con los
ideales de quien vino al mundo para glorificar al Padre y salvar a los hombres,
«Celebraba la Misa humildemente», «Confesaba de la mañana a la noche» y «Era
hombre de oración». Hoy, con fray Modestino, le repito este título, porque,
como Jesús, fue «hombre de sufrimiento».
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
30. Jesús mío, salva a todos,
yo me ofrezco como víctima por todos; dame fuerzas, toma este corazón, llénalo
de tu amor y después mándame lo que quieras (AD, 53).
1. Dios no quiere que
experimentes de forma sensible el sentimiento de la fe, esperanza y caridad, ni
que lo disfrutes si no en la medida que se necesita en cada ocasión. ¡Ay de
mí!, ¡qué felices somos al estar tan íntimamente atados por nuestro celeste
tutor! No debemos hacer otra cosa que lo que hacemos, es decir, amar a la
divina providencia y abandonarnos en sus brazos y en su seno.
No, Dios mío, yo no deseo gozo mayor de mi fe, de mi esperanza y de mi
caridad, que el poder decir sinceramente, aunque sea sin gusto y sin sentirlo,
que preferiría morir antes que abandonar estas virtudes (Epist.III, p.421s.).
2. Dame y consérvame aquella fe
viva que me haga crecer y actuar por solo tu amor. Y éste es el primer don que
te ofrezco; y unido a los santos magos, postrado a tus pies, te confieso sin
ningún respeto humano, delante del mundo entero, por nuestro verdadero y único
Dios (Epist.IV, p.884).
3. Bendigo de corazón a Dios
que me ha dado a conocer personas verdaderamente buenas, y porque también a
ellas he anunciado que sus almas son la viña de Dios; la cisterna es la fe; la
torre es la esperanza; el lagar es la santa caridad; la valla es la ley de Dios
que las separa de los hijos del mundo (Epist.III, p.586).
4. La fe viva, la creencia
ciega y la plena adhesión a los que Dios ha dado autoridad sobre ti..., ésta es
la luz que iluminó los pasos del pueblo de Dios en el desierto. Esta es la luz
que brilla siempre en lo más alto de todos los espíritus gratos al Padre. Esta
es la luz que condujo a los magos a adorar al mesías recién nacido. Esta es la
estrella profetizada por Balaam. Esta es la antorcha que guía los pasos de
estos espíritus desolados.
Y esta luz y esta estrella y esta antorcha son también las que
iluminan tu alma, dirigen tus pasos para
que no vaciles, fortifican tu espíritu en el afecto a Dios y (hacen que), sin
que el alma las conozca, se avance siempre hacia el destino eterno.
Tú ni lo ves ni lo entiendes, pero tampoco es necesario. Tú no verás
más que tinieblas, pero no son las tinieblas que envuelven a los hijos de la
perdición, sino las que rodean al Sol eterno. Ten por cierto y cree que este
Sol resplandece en tu alma; y que este Sol es exactamente aquél del que cantó
el vidente de Dios: Y en tu luz veré la
luz (Epist.III, p.400s.).
5. La profesión de fe más bella
es la que sale de tus labios en la obscuridad, en el sacrificio, en el dolor,
en el esfuerzo supremo por buscar decididamente el bien; es la que, como un
rayo, disipa las tinieblas de tu alma; es la que, en el relampaguear de la
tormenta, te levanta y te conduce a Dios (CE, 57).
6. Ejercítate con particular
esmero, hija mía queridísima, en la dulzura y en la sumisión a la voluntad de
Dios, no sólo en las cosas extraordinarias sino también en aquéllas pequeñas
que nos suceden cada día. Hazlo no sólo por la mañana sino también durante el
día y por la tarde, con un espíritu tranquilo y alegre; y, si te sucediese que
caes, humíllate, propóntelo de nuevo, y
después levántate y sigue (Epist.III, p.704).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, consciente de la “misión grandísima” que le confió el
Señor, sabe que tiene que ser -¿para todos?- lo que los devotos le pedimos al
llamarle, no San Pío, sino Padre Pío. Además, ya lo anunció él: «Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno
puede decir: "El Padre Pío es mío"».
A
sus palabras: «Haré más ruido después de
muerto que en vida» es fácil darles el sentido que quiso atribuirles él: «Atraeré
a muchos más hacia Cristo después de muerto que en vida».
Hasta
el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1968, atrajo a San Giovanni Rotondo
(Foggia – Italia), donde vivió y ejerció el ministerio desde el 4 de septiembre
de 1916, a miles de hombres y mujeres de los cinco continentes, de todas las
edades y de todas las condiciones sociales. A su funeral, en la tarde del día
26, cuatro días después de su muerte, asistieron unas cien mil personas.
--- - ---
¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45
años de su muerte? No quiero referirme a San Giovanni Rotondo, pues es lógico,
aunque bastante inexplicable, que sean varios millones las personas que cada
año se acercan a visitar los “lugares del Padre Pío” y a orar ante sus restos
mortales, de nuevo visibles desde el pasado día 1 de junio, como lo estuvieron,
después de su reconocimiento canónico, desde el 24 de abril del 2008 hasta el
24 de septiembre del 2009.
Son muchos los lugares del mundo que, desde hace años,
organizan celebraciones periódicas en torno a la figura del Padre Pío: el día
23 de cada mes, el cuarto martes o el cuarto jueves de mes… Y con frecuencia las
iglesias en las que tienen lugar esos actos litúrgicos se ven abarrotadas de
devotos del Padre Pío. ¿Explicación? El Padre Pío que sigue cumpliendo su “misión
grandísima” y que sigue atrayendo hacia sí a más y más personas para, por medio
de la Virgen María, lanzarlas de nuevo hacia Cristo.
Baste este ejemplo. La parroquia “San Isidro Labrador” de Vásquez de Coronado, de la archidiócesis de San
José, de Costa Rica, celebra todos los meses del año, el día 23 de cada mes,
una Eucaristía, especialmente solemne, y muy bien preparada por el Párroco, el
sacerdote diocesano Padre Gabriel Corrales, y por el Equipo de Liturgia, en
memoria de San Pío de Pietrelcina. Todo ayuda a conocer mejor la espiritualidad
del Padre Pío para, imitándola, caminar con más entusiasmo en el seguimiento de
Cristo y entregarse con más decisión a instaurar el Reino de Dios entre los
hombres: la celebración en su conjunto, la homilía, la veneración de las
reliquias del Santo capuchino, los testimonios de los que han sido beneficiados
por el Señor a través del Padre Pío…
En la celebración del pasado día 23, hace algo menos
de una semana, el amplio templo, único de arquitectura gótica en Costa Rica,
estaba, como se ve en la fotografía, lleno de devotos del Padre Pío: unas mil
personas de todas las edades: niños, jóvenes, adultos, ancianos y personas en
sillas de ruedas.
Elías Cabodevilla Garde









