Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Julio: días 14 al 20.


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14.  Donde no hay obediencia no hay virtud. Donde no hay virtud no hay bien, no hay amor; y donde no hay amor no está Dios; y sin Dios no se va al paraíso.
Todo esto forma como una escalera; y si falta uno de los peldaños, se viene abajo (AP).

15.  Os conjuro por la mansedumbre de Cristo y por las entrañas misericordiosas del Padre celestial a no perder nunca el entusiasmo en el camino del bien. Corred siempre y no os detengáis nunca, convencidos de que, en este camino, detenerse equivale a volver hacia atrás (Epist.II, p.259).

16.  ¡Me disgusta tanto ver sufrir! No tendría dificultad en atravesarme con un puñal el corazón si de este modo librara a alguien de un disgusto. Sí, esto me resultaría más fácil (T, 121).

17.  Me he disgustado muchísimo al enterarme de que has estado enferma; pero me he alegrado también muchísimo al saber que te vas recuperando, y mucho más, al ver que, con ocasión de tu enfermedad, han reflorecido en vosotras la piedad auténtica y la caridad cristiana (Epist.III, p.1081).

18.  Yo no puedo soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. Es verdad que, a veces, me divierto en zaherirles, pero la murmuración me produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al faltar a la caridad, se corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que se seque (GB, 62).

19.  La caridad es la reina de las virtudes. Del mismo modo que las perlas se mantienen unidas por el hilo, así las virtudes por la caridad. Y así como las perlas se caen si se rompe el hilo, de igual modo, si decrece la caridad, las virtudes desaparecen (CE, 11).

20.  La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos (AdFP, 560).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue impulsando a la vocación franciscano-capuchina.


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El Padre Pío de Pietrelcina, al ser destinado a la fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo (Foggia – Italia) en septiembre de 1916, recibió el encargo de Director espiritual del Seminario que los Capuchinos tenían en aquella población del centro-sur de Italia. Se le confiaba la atención espiritual de unos 30 muchachos, de 12 a 16 años, que eran educados con la esperanza de que, si confirmaban que ésa era su vocación, abrazarían, tras el año del noviciado, la vida religiosa capuchina. Esta encomienda de Director espiritual suponía la formación religiosa de los “fratini”, sobre todo por medio de conferencias sobre los elementos de la vida cristiana, y la atención personal de cada uno de ellos, especialmente en el Sacramento de la confesión.
Cuando este Seminario se trasladó a otro lugar, los jóvenes que se dirigían al convento de Morcone para frecuentar allí el año del noviciado casi siempre pasaban antes por San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío y recibir sus consejos, su palabra de ánimo y su bendición. Hoy muchos de los religiosos de la Provincia capuchina de Foggia llevan con orgullo, en su tarjeta de visita, la fotografía que, en esa ocasión de visitar al Fraile de los estigmas, se sacaron con el Padre Pío.
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¿Qué hace hoy el Padre Pío? La Provincia capuchina de Colombia tiene el Postulantado en la ciudad de Pasto. Es la etapa inicial de la formación para capuchino; a la que sigue el Noviciado, que está ubicado en la pequeña población de Tabio, en la Provincia de Bogotá. De los siete muchachos del Postulantado, algunos han llegado a los Capuchinos, no porque los conocieran, sino porque conocían la vida y la santidad del Padre Pío, se veían atraídos por él y querían vivir su vida cristiana en la misma Orden religiosa en la que la vivió el Capuchino de Pietrelcina.
No sólo eso. En el Postulantado de Pasto, el Padre Pío está muy presente, como modelo y como maestro en el seguimiento de Cristo, sobre todo en las enseñanzas que imparten los formadores. Al parecer, el Padre Pío ha querido animarles a seguir el camino iniciado, sobre todo con el ejemplo de su fidelidad plena a la vocación franciscano-capuchina. En esta semana que termina mañana los 7 jóvenes han dedicado tres días a profundizar en esa espiritualidad del Fraile capuchino. Y sé que, si el Padre Pío pedía oraciones para lograr ser «un hijo menos indigno de San Francisco de Asís y servir de modelo a sus hermanos», ellos han pedido al Padre Pío su intercesión poderosa ante el Señor para alcanzar esas mismas metas. En la fotografía los siete muchachos del Postulantado de Capuchinos de Pasto con sus formadores, los hermanos Miguel Ángel Hernández y Carlos Iván Berrio. En la fotografía está también el que esto escribe, que ha tenido la suerte y la gracia de poder ofrecerles, aunque pobremente, lo vivido por el Padre Pío hasta hace ahora 45 años, pues murió el 23 de septiembre de 1968.
Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (2).


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El Padre Pío, para cumplir la “misión grandísima” que le confió el Señor, se sirvió de muchos y muy variados medios. Pero, como indiqué en mi escrito anterior de esta etiqueta de la página web, es útil conocer «las motivaciones que urgían al Capuchino de Pietrelcina a la intensísima labor apostólica que realizó a lo largo de su larga vida de 81 años».
Las motivaciones del Padre Pío las podemos resumir en dos, y las tenemos en las palabras que escribió a su Director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, el 20 de noviembre de 1921: «Todo se resume en esto: Estoy devorado por el amor a Dios y el amor a los hermanos».
1ª. «Devorado por el amor a Dios». ¿Qué exigía esto al Padre Pío?
- La enseñanza de Jesús es muy clara: Amamos a Dios cuando aceptamos con amor su voluntad y la hacemos realidad en nuestra vida diaria. El Padre Pío, no sólo aprendió muy bien esta enseñanza de Jesús y la practicó con admirable generosidad, sino que la repetía a los fieles con insistencia. Un ejemplo: Al que le preguntó qué tenía que hacer para ser mejor cristiano -en otras palabras: para amar más a Dios-, le respondió: «Cumple mejor la voluntad de Dios; cúmplela con más amor; cúmplela con una intención más recta».
- El Padre Pío era muy consciente de que la voluntad de Dios para él, al igual que para los demás cristianos, porque brota del bautismo, era la que él proponía con frecuencia con estas palabras: «Recordemos que el Corazón de Jesús nos ha llamado, no sólo para nuestra santificación, sino también para la santificación de otras almas. El quiere ser ayudado en la salvación de las almas».
- Pero el Señor había manifestado su voluntad al Padre Pío de un modo más directo y personal. En una carta de noviembre de 1922, dirigida a su hija espiritual Nina Campanile, el Fraile capuchino le dice: «Oigo en mi interior una voz que me pide insistentemente: “santifícate y santifica”». Si de la santidad personal, a la que le llamaba el “santifícate”, siempre fluye el bien para los demás, el “santifica” le pedía dedicarse en cuerpo y alma a los demás, para ofrecerles el Reino de Dios, con todos los dones que encierra.
- Esa voluntad de Dios, que quería al Padre Pío al servicio de los hombres, ya se le había manifestado cuando, a la edad de 15-16 años, se preparaba como novicio para profesar en la Orden capuchina. Lo dice en la carta que acabo de citar: «Pero tú (Señor) que me escondiste a los ojos de todos, ya desde entonces habías confiado a tu hijo una misión grandísima, misión que sólo y tú yo conocemos». Misión que, como todas las confiadas por el Señor, tiene como objetivo el bien de los hombres.
- Si, para todo el que quiere amar a Dios, el cumplimiento de la voluntad divina es condición indispensable, ¿cómo no lo iba a ser para quien puede afirmar que está «devorado por el amor a Dios»?
2ª.  «Devorado por el amor al prójimo». ¿A qué impulsó esto al Fraile capuchino?
- También aquí la enseñanza de Jesús es muy clara. En la historia del hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto, el que amó de verdad al medio muerto no fueron ni el sacerdote ni el levita, que, al verlo, dieron un rodeo y pasaron de largo, sino el samaritano que, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura lo llevó a la posada y lo cuidó; y, sacando dos denarios, se los dio al posadero, encargándole que lo cuidara hasta su regreso, prometiéndole pagarle lo que gastara de más.
- El Padre Pío descubrió sin dificultad que el samaritano de esta historia es, ante todo, el que la contó: Jesús, el Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María. Buen samaritano para todos, porque, como escribió el apóstol San Pedro de Jesús: «Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo».
- Si el que amó a los hombres hasta el extremo, Jesús, lo manifestó anunciándoles el Evangelio, curando a los enfermos, consolando a los tristes, acogiendo a los niños, llamando a la conversión a los pecadores y ofreciéndoles el perdón de sus pecados…, entregando su vida para que todos tengamos vida y vida abundante, el Padre Pío, «devorado por el amor al prójimo», no podía actuar de otro modo. Lo manifestó con claridad, como aparecerá en los escritos siguientes de esta etiqueta de la página web.
Elías Cabodevilla Garde

Julio: días 7 al 13.


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7.  El enemigo es demasiado fuerte; y, hechos todos los cálculos, parecería que la victoria tendría que sonreír al enemigo. ¡Ay de mí!, ¿quién me librará de las manos de este enemigo tan fuerte y tan poderoso, que no me deja libre un sólo instante, ni de día ni de noche? ¿Es posible que el Señor permita alguna vez mi caída? Desgraciadamente lo merecería; pero ¿será verdad que la bondad del Padre del cielo sea vencida por mi maldad? Esto jamás, jamás, Padre mío (Epist.I, p.552).

8.  Preferiría ser traspasado por una fría hoja de cuchillo antes que desagradar a alguien (T, 45).

9.  Buscar sí la soledad, pero sin faltar a la caridad con el prójimo (CE, 19).

10.  Es necesario siempre, también al reprender, saber condimentar la corrección con modos corteses y dulces (GB, 34).

11.  Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del ojo?
Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza (AdFP, 555).

12.  La beneficencia, venga de donde viniere, es siempre hija de la misma madre: la providencia (AdFP, 554).

13.  Acuérdate de Jesús, manso y humilde de corazón. El “si os dejáis llevar de la ira que no sea hasta el punto de pecar”, es propio de los santos. Yo jamás me he arrepentido de actuar con dulzura; pero sí he sentido remordimiento de conciencia y me he tenido que confesar cuando he sido un poco duro. Pero, cuando hablo de suavidad, no me refiero a la que deja pasar todo. ¡Esa no! Me refiero a aquélla que, sin ser nunca descuidada, transforma la disciplina en algo dulce (GB, 34).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue atrayendo a su espiritualidad.


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El Padre Pío de Pietrelcina, con el encanto de su espiritualidad cien por cien evangélica, con el atractivo de sus consejos llenos de sabiduría divina y transmitidos con amor de padre, con la fuerza de su mirada luminosa, reflejo de la bondad de Dios, con el “milagro” de los estigmas del Crucificado en manos, pies y costado, con la autenticidad de un ministerio sacerdotal, que «celebraba la misa humildemente», que «confesaba de la mañana a la noche», que invitaba a la oración y al amor fraterno, sobre todo a enfermos y necesitados, y que transmitía e impulsaba una «tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra»…, atraía a San Giovanni Rotondo, la pequeña ciudad del centro-sur de Italia, donde vivió desde septiembre de 1916 hasta su muerte, el 23 de septiembre de 1968, a personas de los cinco continentes y de todas las clases sociales. 
Hombres y mujeres que llegaban individualmente y en grupos. Grupos de seglares, grupos de religiosos, grupos de religiosas, grupos de sacerdotes y también, sobre todo durante los años del Concilio Vaticano II, pequeños grupos de obispos, como el que recoge la fotografía. Y si  todos llegaban a San Giovanni Rotondo con el deseo de conocer al Fraile capuchino o de verlo de nuevo, muchos buscaban también conocer los rasgos de su espiritualidad para imitarlos.
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¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45 años de su muerte? En San Giovanni Rotondo, la realidad sigue siendo la que he indicado, sólo que en números mucho más elevados.
Pero, para conocer y aprender la espiritualidad del Padre Pío, no hace falta viajar a Italia. ¿Una prueba? Los Capuchinos de Colombia han querido organizar este año los Retiros espirituales anuales “a la luz de la espiritualidad del Padre Pío”. Desde el pasado domingo por la noche, hasta hoy, viernes, a mediodía, 38 religiosos, retirados en su casa de encuentros espirituales “Tranquilandia”, han centrado sus reflexiones, su oración personal y comunitaria y sus celebraciones litúrgicas en la espiritualidad del Padre Pío.
 A las aportaciones que he podido ofrecerles en dos meditaciones y una plática informativa diarias, se han unido las de los documentales “El Padre Pío un hombre que ora” y “Benedicto Peregrino” y la de la película “Padre Pío”, preparada en el año 2000 por Mediaset para la cadena de televisión italiana “Telecinco”.
No dudo de que el Santo de Pietrelcina, que fue, en frase del Papa Pablo VI, “hombre de oración”, habrá dado su aprobación plena a las celebraciones litúrgicas diarias: Laudes, Vísperas y Eucaristía, muy bien preparadas por la Comisión de Espiritualidad y Vida Fraterna, y participadas con verdadero espíritu por todos los hermanos. Éstos han querido beneficiarse también de la celebración comunitaria de la Reconciliación, ya que el Padre Pío dedicó tantas horas diarias a administrar el Sacramento de la confesión. Y han querido terminar los días de los Retiros espirituales rezando comunitariamente el Rosario, secundando así el testamento espiritual del Fraile capuchino: «Amad a la Virgen; haced que se ame a la Virgen; rezad siempre el Rosario».
Elías Cabodevilla Garde

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (4)


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«Hombre de sufrimiento» (Pablo VI)

San Mateo escribe en el capítulo dieciséis de su Evangelio: «Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado» (Mt 16, 21). Y si fueron muy dolorosos para Jesús los padecimientos físicos: los azotes, la corona de espinas, el peso de la cruz, los clavos que atravesaron sus pies y sus manos…, lo fueron mucho más los sufrimientos morales: el beso traidor de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de los apóstoles, el «crucifícale, crucifícale» de los judíos, el «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», gritado a su Padre desde lo alto de la cruz (Mc 15, 34).
Jesús, además, enseñó que, para ser discípulo suyo, es necesario cargar con la cruz: «Entonces dijo a los discípulos: “El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y mi siga”» (Mt 16, 24).
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La vida del Padre Pío estuvo marcada por el sufrimiento: sufrimientos físicos, muy dolorosos; y sufrimientos morales, que le hirieron en lo más profundo de su espíritu. No sólo eso; el Padre Pío amó el sufrimiento, pidió a Dios la gracia de sufrir, y el sufrimiento fue para él «Mi alimento diario, mi ¡delicia!».
Difícil ofrecer la lista completa de los sufrimientos físicos del Padre Pío. Habría que enumerar sus múltiples y misteriosas enfermedades: «No te entiendo, no sé qué hacer contigo», le dijo el médico cuando el joven capuchino no había cumplido todavía los 25 años; sus continuos ayunos, también porque el estómago no le aceptaba la comida; su trabajo extenuante de quince y más horas diarias en el confesonario; sus largas vigilias de oración por la noche; las llagas del Crucificado en sus manos, pies y costado: «¿Crees que Jesús me las ha dado como simple condecoración?»; la “sexta llaga” o llaga en el hombro derecho, que, por manifestación, en el año 1948, al entonces joven sacerdote Carlos Wojtyla, después Papa con el nombre de Juan Pablo II, era la que más dolor le producía, la que nadie conocía y la que nunca había sido curada; la flagelación y coronación de espinas, experimentadas por él al menos una vez por semana, que le herían en el centro de su alma pero no por eso dejaban de producir sufrimientos en el cuerpo…
Pero más dolorosos que los físicos fueron sus sufrimientos morales. Ante todo, las llagas, que le causaban, como confesó a su Director espiritual, además de los sufrimientos físicos antes mencionados, «una confusión y una humillación indescriptible e insostenible»; las visitas médicas para examinar sus llagas, impuestas tanto por las Autoridades de la Iglesia como por las de la Orden; su aislamiento de los fieles y la prohibición, durante más de dos años, de todo ministerio sacerdotal, a excepción de la Misa, que debía celebrar en la capilla interna del convento; las calumnias gravísimas contra su persona y su ministerio; las «violentas y asiduas» tentaciones contra la fe, la esperanza y la pureza; y, sobre todo, el fenómeno místico de la «noche oscura», que le acompañó durante casi toda su vida y le llevó a escribir: «Preferiría llevar mil cruces y hasta me sería dulce y llevadera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras».
A la persona que le comentó: «Padre, usted ama lo que yo temo», respondió el Padre Pío: «Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo suplico, por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, y ¿qué otra cosa puedo desear?».
Y el Padre Pío deseó el sufrimiento y pidió la gracia de sufrir, sobre todo, para responder al proyecto de Cristo que le asoció a su pasión. Cuando, en junio de 1921, el Visitador enviado por el Vaticano, monseñor Rafael Carlos Rossi, le pidió: «Que cuente detalladamente lo relacionado con los llamados “estigmas”», el Padre Pío respondió así: «El 20 de Septiembre de 1918, después de la celebración de la Misa, cuando me encontraba en el Coro en la debida acción de gracias, de forma repentina, fui presa de un fuerte temblor; después me invadió la calma y vi a Nuestro Señor en la actitud de quien está en la cruz, pero no se me quedó grabado si tenía la cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, sobre todo de los consagrados a él y más favorecidos por él. De aquí se deducía que él sufría y que deseaba asociar almas a su Pasión. Me invitaba a compenetrarme con sus dolores y a meditarlos; al mismo tiempo, a ocuparme de la salvación de los hermanos. Enseguida, me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le preguntaba qué podía hacer. Oí esta voz: “Te asocio a mi pasión”. Y enseguida, desaparecida la visión, volví en mí, recobré el sentido y vi estas señales de las cuales goteaba sangre».
¿Cuándo el Padre Pío, a la pregunta de Cleonice Morcaldi «Qué es el sufrimiento para usted», respondió, como he indicado antes: «Mi alimento diario. Mi ¡delicia!», estaba indicando que el Señor le concedía vivir al mismo tiempo las dos realidades: el dolor y la alegría, el sufrimiento y el gozo? Me aventuro a decir que sí.
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En los escritos anteriores, he llamado al Padre Pío, a San Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” porque, identificado con los ideales de quien vino al mundo para glorificar al Padre y salvar a los hombres, «Celebraba la Misa humildemente», «Confesaba de la mañana a la noche» y «Era hombre de oración». Hoy, con fray Modestino, le repito este título, porque, como Jesús, fue «hombre de sufrimiento».

Elías Cabodevilla Garde

Junio: día 30 a julio: día 6.


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30.  Jesús mío, salva a todos, yo me ofrezco como víctima por todos; dame fuerzas, toma este corazón, llénalo de tu amor y después mándame lo que quieras (AD, 53).

1.  Dios no quiere que experimentes de forma sensible el sentimiento de la fe, esperanza y caridad, ni que lo disfrutes si no en la medida que se necesita en cada ocasión. ¡Ay de mí!, ¡qué felices somos al estar tan íntimamente atados por nuestro celeste tutor! No debemos hacer otra cosa que lo que hacemos, es decir, amar a la divina providencia y abandonarnos en sus brazos y en su seno.
No, Dios mío, yo no deseo gozo mayor de mi fe, de mi esperanza y de mi caridad, que el poder decir sinceramente, aunque sea sin gusto y sin sentirlo, que preferiría morir antes que abandonar estas virtudes (Epist.III, p.421s.).

2.  Dame y consérvame aquella fe viva que me haga crecer y actuar por solo tu amor. Y éste es el primer don que te ofrezco; y unido a los santos magos, postrado a tus pies, te confieso sin ningún respeto humano, delante del mundo entero, por nuestro verdadero y único Dios (Epist.IV, p.884).

3.  Bendigo de corazón a Dios que me ha dado a conocer personas verdaderamente buenas, y porque también a ellas he anunciado que sus almas son la viña de Dios; la cisterna es la fe; la torre es la esperanza; el lagar es la santa caridad; la valla es la ley de Dios que las separa de los hijos del mundo (Epist.III, p.586).

4.  La fe viva, la creencia ciega y la plena adhesión a los que Dios ha dado autoridad sobre ti..., ésta es la luz que iluminó los pasos del pueblo de Dios en el desierto. Esta es la luz que brilla siempre en lo más alto de todos los espíritus gratos al Padre. Esta es la luz que condujo a los magos a adorar al mesías recién nacido. Esta es la estrella profetizada por Balaam. Esta es la antorcha que guía los pasos de estos espíritus desolados.
Y esta luz y esta estrella y esta antorcha son también las que iluminan tu alma, dirigen tus pasos  para que no vaciles, fortifican tu espíritu en el afecto a Dios y (hacen que), sin que el alma las conozca, se avance siempre hacia el destino eterno.
Tú ni lo ves ni lo entiendes, pero tampoco es necesario. Tú no verás más que tinieblas, pero no son las tinieblas que envuelven a los hijos de la perdición, sino las que rodean al Sol eterno. Ten por cierto y cree que este Sol resplandece en tu alma; y que este Sol es exactamente aquél del que cantó el vidente de Dios: Y en tu luz veré la luz (Epist.III, p.400s.).

5.  La profesión de fe más bella es la que sale de tus labios en la obscuridad, en el sacrificio, en el dolor, en el esfuerzo supremo por buscar decididamente el bien; es la que, como un rayo, disipa las tinieblas de tu alma; es la que, en el relampaguear de la tormenta, te levanta y te conduce a Dios (CE, 57).

6.  Ejercítate con particular esmero, hija mía queridísima, en la dulzura y en la sumisión a la voluntad de Dios, no sólo en las cosas extraordinarias sino también en aquéllas pequeñas que nos suceden cada día. Hazlo no sólo por la mañana sino también durante el día y por la tarde, con un espíritu tranquilo y alegre; y, si te sucediese que caes, humíllate, propóntelo de nuevo,  y después levántate y sigue (Epist.III, p.704).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde