posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, quizás sin decirlo con palabras, actuaba igual que
Jesús, cuando ordenó a los apóstoles: «Dejad que los niños vengan a mí, y no
se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios». Su preocupación por los
niños, que la expresaba con cariño especial al visitar el hospital “Casa Alivio
del Sufrimiento”, promovido por él en San Giovanni Rotondo, al detenerse con
los niños enfermos, animarles a superar la enfermedad, regalarles caramelos…, el
Padre Pío la orientaba sobre todo a que crecieran en la fe y progresaran en el
amor a Jesús y a los demás. Más aún, no dejaba de estimular a los padres en su
misión de educar a los hijos, y respondía afirmativamente a los que le
preguntaban si le parecía bien que se dedicaran a dar la catequesis a los niños
y jóvenes.
- Así aconsejaba el Padre Pío a una madre de
familia: «Ponga en solo Dios todas sus preocupaciones,
pues él tiene cuidado especialísimo de usted y de esos tres angelitos de hijos
con que la ha querido adornar… Preocúpese siempre de su educación, no tanto
científica cuanto moral. Téngalos en su corazón y quiéralos más que a las niñas
de sus ojos. A la educación de la mente, mediante buenos estudios, procure unir
siempre la educación del corazón y de nuestra santa religión; aquélla sin ésta,
mi buena señora, causa una herida mortal al corazón humano».
- Y ésta fue la respuesta del Fraile de Pietrelcina a quien le
preguntaba si debía colaborar en la catequesis a los niños: «Sí, bendigo de corazón la obra de dar
catequesis a los niños, que son las florecillas predilectas de Jesús».
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- ---
¿Qué hace hoy
el Padre Pío? Esta información me llega de Nicaragua, de una joven, Lissette Oporta, muy devota del Padre Pío, que, por amor al Padre Pío, colabora
intensamente en las actividades del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de
Managua y que, desde hace unas semanas, atiende todos los miércoles a un grupo
de niños, de 4 a 9 años, en locales del Santuario. Al igual que la otra
catequista, que atiende a los niños de 10 años en adelante, busca dos cosas: la
formación progresiva de los niños en la fe y en los valores humanos que la fe
implica, y que crezca en los niños su amor y devoción a la Virgen María, a la sombra de ese
santuario mariano.
Bajo la
orientación y guía del Rector del Santuario, el Padre Camilo, éste está siendo
el modo de actuar de las catequistas: «La manera en que desarrollamos la clase es leer un capítulo
de la “Biblia para niños” y, en base a su contenido, además de tratar de
educarlos en la fe, también inculcarles los valores. En el capítulo primero del
Génesis, por ejemplo, con la lectura de la creación, además de aprender a
reconocer a Dios como único Creador y Rey del universo, que aprendan a cuidar
y respetar la naturaleza, las plantas, los animales… Y, por supuesto, que
reconozcan en ellos mismos y en los demás su dignidad de hijos de Dios. Y, de
esa manera, con cada uno de los capítulos de la Biblia que desarrollemos en
cada clase».
En la fotografía, Lissette Oporta, que parece
que quiere ocultarse, con los niños a los que da la catequesis, el pasado
miércoles, día 17 de julio.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
«Verdadero
representante de los estigmas de nuestro Señor» (Pablo VI).
«Con sus heridas fuisteis curados» (1Pe 2, 24), dice el apóstol Pedro, en
relación a Cristo. En esas heridas hemos de ver, ante todo, las de la
crucifixión en las manos -o en las muñecas- y en los pies de Jesús: «Los soldados, cuando crucificaron a Jesús…»
(Jn 19, 23), y la causada por la
lanza del soldado: «Al llegar a Jesús,
viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los
soldados, con la lanza, le traspasó el costado» (Jn 19, 33-34). Son las heridas que el apóstol Tomás exigió ver y
tocar para poder creer: «Si no veo en sus
manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no
meto en la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25). Son las que Jesús puso ante Tomás para que pudiera llegar
a creer: «Luego dijo a Tomás: “Trae tu
dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas
incrédulo sino creyente”» (Jn 20,
27).
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El padre
Gerardo Di Flumeri, en el folleto “HOMENAJE A PADRE PIO”, divide la
estigmatización del sacerdote capuchino en dos períodos: uno de preparación,
que duró desde septiembre de 1910 a septiembre de 1918, en el que los estigmas
eran "invisibles" aunque no por eso menos dolorosos; y el segundo,
desde el 20 de septiembre de 1918 al 23 de septiembre de 1968, en el que las
llagas aparecían visibles, vivas y sangrantes, en sus manos, pies y costado.
A lo
largo de esos 50 años, fueron muchos los médicos que, por encargo de los
Superiores de la Orden capuchina o de las Autoridades de la Iglesia, examinaron
detenidamente las llagas del Padre Pío. Todos certificaron el hecho de unas
llagas que, en las manos y en los pies, tenían forma redonda, de unos 2
centímetros de diámetro, y en el costado, forma de cruz, cuya extremidad más
larga iba desde la costilla 5ª a la 9ª y la transversal era la mitad en
dimensión.
Los
doctores más sensatos, como Romanelli y Festa, tuvieron que reconocer que, con
sus conocimientos de la medicina, no veían posible una explicación científica
convincente para estas llagas.
Los
que, como Bignami, defendían que eran fruto de autolesiones o de estados
psicológicos enfermizos, nos hicieron a muchos un gran favor. Por ejemplo, al padre
Paulino de Casacalenda, que escribe: «En lo que a mi persona se refiere,
estoy sumamente agradecido al doctor Bignami porque, sin sus exigencias, no
hubiera podido yo ver nunca, tan a mi gusto, las llagas del Padre Pío». El
doctor mandó que tres religiosos curaran y vendaran las llagas durante ocho
días, sellándolas ante testigos seglares para evitar toda manipulación, y
aseguraba que «habrían de desaparecer en quince días». A los encargados
de hacerlo, entre ellos el padre Paulino, obligó el Superior provincial a
cumplir estas normas en virtud del voto de obediencia y a manifestar el
resultado bajo juramento de decir toda la verdad. En su escrito certificaron: «El
estado de las llagas, durante los ocho días, ha permanecido idéntico,
excepto el último día en el que tomaron color rojo vivo... todas las llagas han
manado sangre; el último día más abundante».
Cuando,
en junio de 1921, el Visitador enviado por el Vaticano, monseñor Rafael Carlos
Rossi, le preguntó: «Qué efectos le
producen estos “estigmas”», el Padre Pío respondió: «Dolor, siempre, de modo especial en algunos días, cuando sangran. El
dolor es más o menos agudo: en algunos días no puedo resistirlo». Y, al
dolor físico se unía otro más doloroso, como confesó a su Director espiritual,
el padre Benedicto de San Marco in Lamis: «una confusión y una humillación
indescriptible e insostenible». Tanto
que, cuando el mencionado Rafael Carlos Rossi, después de haberle preguntado
qué era para él el juramento y haberle pedido que respondiera «bajo la
santidad de un especial juramento, estando de rodillas y con las manos sobre el
Santo Evangelio», le preguntó: «¿Vuestra Paternidad jura sobre el Santo
Evangelio no haber procurado, alimentado, cultivado, aumentado, conservado,
directa o indirectamente, las señales que lleva en las manos, en los pies y en
el pecho?», ésta fue la respuesta del Padre Pío: «Lo juro, por caridad,
por caridad. Más bien si el Señor me librase de ellas, ¡cómo le estaría
agradecido!».
La respuesta del Padre Pío a esta pregunta que le
formuló el citado Visitador apostólico: «¿Vuestra Paternidad sabría
explicarme cómo es que hay diferencia entre los signos que hay en sus manos y
los de los pies, ya que éstos parecen cicatrizados?», pone fin a un
interrogante que se hacían algunos: «¿Cómo
es posible que no coincidan una con otra la descripción de los estigmas del
Padre Pío que hacen cada uno de los médicos que los examinaron?». El Capuchino
respondió así a monseñor Rossi: «No se mantienen siempre del mismo modo;
unas veces son más llamativos y otras lo son menos, sucede que a veces parece
que van a desaparecer, pero no desaparecen, y después se renuevan, se reponen.
Y esto me sucede con todos los estigmas, sin excluir el del pecho».
La medicina y la psicología no encontraron explicación
científica a unas llagas que, durante cincuenta años, estuvieron en las manos,
en los pies y en pecho del Padre Pío, sin cerrarse, sin infectarse y manando
sangre fresca. Y tampoco supieron darla cuando, con la muerte del Santo,
desaparecieron de su cuerpo sin dejar cicatriz alguna. Si las llagas del
“crucificado del Gárgano” fueron para los médicos que las examinaron, como ya
he indicado antes, un misterio inexplicable científicamente, para algunos
periodistas fueron motivo para las hipótesis más absurdas y para muchos, mero objeto
de curiosidad. En cambio millones de hombres y de mujeres de los cinco
continentes descubrieron en ellas un signo de que el Padre Pío era un hombre de
Dios e instrumento elegido por él para ofrecer la salvación a los hermanos.
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También,
y de modo muy especial, porque tuvo las llagas del Crucificado en manos, pies y
costado, podemos llamar al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino, “fotocopia
de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
14. Donde no hay obediencia no
hay virtud. Donde no hay virtud no hay bien, no hay amor; y donde no hay amor
no está Dios; y sin Dios no se va al paraíso.
Todo esto forma como una escalera; y si falta uno de los peldaños, se
viene abajo (AP).
15. Os conjuro por la
mansedumbre de Cristo y por las entrañas misericordiosas del Padre celestial a
no perder nunca el entusiasmo en el camino del bien. Corred siempre y no os
detengáis nunca, convencidos de que, en este camino, detenerse equivale a
volver hacia atrás (Epist.II, p.259).
16. ¡Me disgusta tanto ver
sufrir! No tendría dificultad en atravesarme con un puñal el corazón si de este
modo librara a alguien de un disgusto. Sí, esto me resultaría más fácil (T, 121).
17. Me he disgustado muchísimo
al enterarme de que has estado enferma; pero me he alegrado también muchísimo
al saber que te vas recuperando, y mucho más, al ver que, con ocasión de tu
enfermedad, han reflorecido en vosotras la piedad auténtica y la caridad
cristiana (Epist.III, p.1081).
18. Yo no puedo soportar ni la crítica ni el
hablar mal de los hermanos. Es verdad que, a veces, me divierto en zaherirles,
pero la murmuración me produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar
en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al
faltar a la caridad, se corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que
se seque (GB, 62).
19. La caridad es la reina de
las virtudes. Del mismo modo que las perlas se mantienen unidas por el hilo,
así las virtudes por la caridad. Y así como las perlas se caen si se rompe el
hilo, de igual modo, si decrece la caridad, las virtudes desaparecen (CE, 11).
20. La caridad es la medida con
la que el Señor nos juzgará a todos (AdFP, 560).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, al ser destinado a la fraternidad capuchina de San
Giovanni Rotondo (Foggia – Italia) en septiembre de 1916, recibió el encargo de
Director espiritual del Seminario que los Capuchinos tenían en aquella población
del centro-sur de Italia. Se le confiaba la atención espiritual de unos 30
muchachos, de 12 a 16 años, que eran educados con la esperanza de que, si confirmaban
que ésa era su vocación, abrazarían, tras el año del noviciado, la vida religiosa
capuchina. Esta encomienda de Director espiritual suponía la formación
religiosa de los “fratini”, sobre todo por medio de conferencias sobre los
elementos de la vida cristiana, y la atención personal de cada uno de ellos,
especialmente en el Sacramento de la confesión.
Cuando
este Seminario se trasladó a otro lugar, los jóvenes que se dirigían al
convento de Morcone para frecuentar allí el año del noviciado casi siempre pasaban
antes por San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío y recibir sus
consejos, su palabra de ánimo y su bendición. Hoy muchos de los religiosos de
la Provincia capuchina de Foggia llevan con orgullo, en su tarjeta de visita,
la fotografía que, en esa ocasión de visitar al Fraile de los estigmas, se
sacaron con el Padre Pío.
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¿Qué hace hoy el Padre Pío? La Provincia capuchina de
Colombia tiene el Postulantado en la ciudad de Pasto. Es la etapa inicial de la
formación para capuchino; a la que sigue el Noviciado, que está ubicado en la
pequeña población de Tabio, en la Provincia de Bogotá. De los siete muchachos
del Postulantado, algunos han llegado a los Capuchinos, no porque los conocieran,
sino porque conocían la vida y la santidad del Padre Pío, se veían atraídos por
él y querían vivir su vida cristiana en la misma Orden religiosa en la que la
vivió el Capuchino de Pietrelcina.
No sólo eso. En el Postulantado de Pasto, el Padre Pío
está muy presente, como modelo y como maestro en el seguimiento de Cristo, sobre
todo en las enseñanzas que imparten los formadores. Al parecer, el Padre Pío ha querido
animarles a seguir el camino iniciado, sobre todo con el ejemplo de su fidelidad
plena a la vocación franciscano-capuchina. En esta semana que termina mañana los
7 jóvenes han dedicado tres días a profundizar en esa espiritualidad del Fraile
capuchino. Y sé que, si el Padre Pío pedía oraciones para lograr ser «un hijo
menos indigno de San Francisco de Asís y servir de modelo a sus hermanos»,
ellos han pedido al Padre Pío su intercesión poderosa ante el Señor para
alcanzar esas mismas metas. En la fotografía los siete muchachos del Postulantado
de Capuchinos de Pasto con sus formadores, los hermanos Miguel Ángel Hernández
y Carlos Iván Berrio. En la fotografía está también el que esto escribe, que ha
tenido la suerte y la gracia de poder ofrecerles, aunque pobremente, lo vivido
por el Padre Pío hasta hace ahora 45 años, pues murió el 23 de septiembre de
1968.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío místico y apóstol
El Padre Pío, para cumplir la “misión grandísima”
que le confió el Señor, se sirvió de muchos y muy variados medios. Pero, como
indiqué en mi escrito anterior de esta etiqueta de la página web, es útil
conocer «las motivaciones que urgían al Capuchino de Pietrelcina a la
intensísima labor apostólica que realizó a lo largo de su larga vida de 81 años».
Las motivaciones del Padre Pío las podemos resumir
en dos, y las tenemos en las palabras que escribió a su Director espiritual, el
padre Benedicto de San Marco in Lamis, el 20 de noviembre de 1921: «Todo se
resume en esto: Estoy devorado por el amor a Dios y el amor a los hermanos».
1ª. «Devorado por el amor a Dios». ¿Qué exigía esto
al Padre Pío?
- La enseñanza de Jesús es muy clara: Amamos a Dios
cuando aceptamos con amor su voluntad y la hacemos realidad en nuestra vida
diaria. El Padre Pío, no sólo aprendió muy bien esta enseñanza de Jesús y la
practicó con admirable generosidad, sino que la repetía a los fieles con insistencia.
Un ejemplo: Al que le preguntó qué tenía que hacer para ser mejor cristiano -en
otras palabras: para amar más a Dios-, le respondió: «Cumple mejor la voluntad
de Dios; cúmplela con más amor; cúmplela con una intención más recta».
- El Padre Pío era muy consciente de que la voluntad
de Dios para él, al igual que para los demás cristianos, porque brota del bautismo,
era la que él proponía con frecuencia con estas palabras: «Recordemos
que el Corazón de Jesús nos ha llamado, no sólo para nuestra santificación,
sino también para la santificación de otras almas. El quiere ser ayudado en la
salvación de las almas».
- Pero el Señor había manifestado su voluntad al
Padre Pío de un modo más directo y personal. En una carta de noviembre de 1922,
dirigida a su hija espiritual Nina Campanile, el Fraile capuchino le dice:
«Oigo en mi interior una voz que me pide insistentemente: “santifícate y
santifica”». Si de la santidad personal, a la que le llamaba el “santifícate”,
siempre fluye el bien para los demás, el “santifica” le pedía dedicarse en
cuerpo y alma a los demás, para ofrecerles el Reino de Dios, con todos los
dones que encierra.
- Esa voluntad de Dios, que quería al Padre Pío al
servicio de los hombres, ya se le había manifestado cuando, a la edad de 15-16
años, se preparaba como novicio para profesar en la Orden capuchina. Lo dice en
la carta que acabo de citar: «Pero tú (Señor) que me escondiste a los ojos de
todos, ya desde entonces habías confiado a tu hijo una misión grandísima, misión
que sólo y tú yo conocemos». Misión que, como todas las confiadas por el Señor,
tiene como objetivo el bien de los hombres.
- Si, para todo el que quiere amar a Dios, el
cumplimiento de la voluntad divina es condición indispensable, ¿cómo no lo iba
a ser para quien puede afirmar que está «devorado por el amor a Dios»?
2ª. «Devorado
por el amor al prójimo». ¿A qué impulsó esto al Fraile capuchino?
- También aquí la enseñanza de Jesús es muy clara.
En la historia del hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en
manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon,
dejándolo medio muerto, el que amó de verdad al medio muerto no fueron ni
el sacerdote ni el levita, que, al verlo, dieron un rodeo y pasaron de largo,
sino el samaritano que, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las
heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura lo
llevó a la posada y lo cuidó; y, sacando dos denarios, se los dio al posadero,
encargándole que lo cuidara hasta su regreso, prometiéndole pagarle lo que
gastara de más.
- El Padre Pío descubrió sin dificultad que el
samaritano de esta historia es, ante todo, el que la contó: Jesús, el Hijo de
Dios e Hijo de la Virgen María. Buen samaritano para todos, porque, como escribió
el apóstol San Pedro de Jesús: «Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos
por el diablo».
- Si el que amó a los hombres hasta el extremo, Jesús,
lo manifestó anunciándoles el Evangelio, curando a los enfermos, consolando a
los tristes, acogiendo a los niños, llamando a la conversión a los pecadores y
ofreciéndoles el perdón de sus pecados…, entregando su vida para que todos
tengamos vida y vida abundante, el Padre Pío, «devorado por el amor al
prójimo», no podía actuar de otro modo. Lo manifestó con claridad, como
aparecerá en los escritos siguientes de esta etiqueta de la página web.
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
7. El enemigo es demasiado
fuerte; y, hechos todos los cálculos, parecería que la victoria tendría que
sonreír al enemigo. ¡Ay de mí!, ¿quién me librará de las manos de este enemigo
tan fuerte y tan poderoso, que no me deja libre un sólo instante, ni de día ni
de noche? ¿Es posible que el Señor permita alguna vez mi caída?
Desgraciadamente lo merecería; pero ¿será verdad que la bondad del Padre del
cielo sea vencida por mi maldad? Esto jamás, jamás, Padre mío (Epist.I, p.552).
8. Preferiría ser traspasado
por una fría hoja de cuchillo antes que desagradar a alguien (T, 45).
9. Buscar sí la soledad, pero
sin faltar a la caridad con el prójimo (CE, 19).
10. Es necesario siempre,
también al reprender, saber condimentar la corrección con modos corteses y
dulces (GB, 34).
11. Faltar a la caridad es como
herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del
ojo?
Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza (AdFP, 555).
12. La beneficencia, venga de
donde viniere, es siempre hija de la misma madre: la providencia (AdFP, 554).
13. Acuérdate de Jesús, manso y humilde de corazón. El “si os dejáis llevar de la ira que no sea
hasta el punto de pecar”, es propio de los santos. Yo jamás me he
arrepentido de actuar con dulzura; pero sí he sentido remordimiento de
conciencia y me he tenido que confesar cuando he sido un poco duro. Pero,
cuando hablo de suavidad, no me refiero a la que deja pasar todo. ¡Esa no! Me
refiero a aquélla que, sin ser nunca descuidada, transforma la disciplina en
algo dulce (GB, 34).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, con el encanto de su espiritualidad cien por cien
evangélica, con el atractivo de sus consejos llenos de sabiduría divina y transmitidos
con amor de padre, con la fuerza de su mirada luminosa, reflejo de la bondad de
Dios, con el “milagro” de los estigmas del Crucificado en manos, pies y
costado, con la autenticidad de un ministerio sacerdotal, que «celebraba la
misa humildemente», que «confesaba de la mañana a la noche», que invitaba a la
oración y al amor fraterno, sobre todo a enfermos y necesitados, y que transmitía
e impulsaba una «tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra»…,
atraía a San Giovanni Rotondo, la pequeña ciudad del centro-sur de Italia,
donde vivió desde septiembre de 1916 hasta su muerte, el 23 de septiembre de
1968, a personas de los cinco continentes y de todas las clases sociales.
Hombres
y mujeres que llegaban individualmente y en grupos. Grupos de seglares, grupos
de religiosos, grupos de religiosas, grupos de sacerdotes y también, sobre todo durante los años del
Concilio Vaticano II, pequeños grupos de obispos, como el que recoge la
fotografía. Y si todos llegaban a San Giovanni Rotondo con el deseo de conocer al Fraile capuchino o de verlo de nuevo, muchos buscaban también conocer los rasgos de su espiritualidad para imitarlos.
¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45 años de su muerte? En San Giovanni Rotondo, la realidad sigue siendo la que he indicado, sólo que en números mucho más elevados.
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¿Qué hace el Padre Pío hoy, a la distancia de casi 45 años de su muerte? En San Giovanni Rotondo, la realidad sigue siendo la que he indicado, sólo que en números mucho más elevados.
Pero, para conocer y aprender la espiritualidad del
Padre Pío, no hace falta viajar a Italia. ¿Una prueba? Los Capuchinos de
Colombia han querido organizar este año los Retiros espirituales anuales “a la
luz de la espiritualidad del Padre Pío”. Desde el pasado domingo por la noche,
hasta hoy, viernes, a mediodía, 38 religiosos, retirados en su casa de
encuentros espirituales “Tranquilandia”, han centrado sus reflexiones, su
oración personal y comunitaria y sus celebraciones litúrgicas en la
espiritualidad del Padre Pío.
A las
aportaciones que he podido ofrecerles en dos meditaciones y una plática
informativa diarias, se han unido las de los documentales “El Padre Pío un
hombre que ora” y “Benedicto Peregrino” y la de la película “Padre Pío”,
preparada en el año 2000 por Mediaset para la cadena de televisión italiana
“Telecinco”.
No dudo de que el Santo de Pietrelcina, que fue, en
frase del Papa Pablo VI, “hombre de oración”, habrá dado su aprobación plena a
las celebraciones litúrgicas diarias: Laudes, Vísperas y Eucaristía, muy bien
preparadas por la Comisión de Espiritualidad y Vida Fraterna, y participadas
con verdadero espíritu por todos los hermanos. Éstos han querido beneficiarse también
de la celebración comunitaria de la Reconciliación, ya que el Padre Pío dedicó
tantas horas diarias a administrar el Sacramento de la confesión. Y han querido
terminar los días de los Retiros espirituales rezando comunitariamente el
Rosario, secundando así el testamento espiritual del Fraile capuchino: «Amad a
la Virgen; haced que se ame a la Virgen; rezad siempre el Rosario».
Elías Cabodevilla Garde








