Y, en esta realidad, encontré a la “Asociación de Acólitos del Padre Pío de Túquerres”, que muestra la fotografía. Pero tengo que indicar que faltan en ella casi una tercera parte de los que la integran, porque, en la fecha en que tuve la suerte de presentar allí, durante casi cuatro horas, la vida y la espiritualidad del Padre Pío, muchos estaban fuera de sus casas aprovechando las vacaciones escolares. Y que la fotografía no recoge ni la cara de satisfacción de los niños por llevar el "logo" de la Asociación de Acólitos del Padre Pío ni su devoción al entrar en procesión en el templo, acompañando la reliquia del Padre Pío ni su entusiasmo al entonar los cantos.
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
Al
Padre Pío de Pietrelcina eran muchos, sobre todo, como era normal entonces,
niños, los que deseaban ayudarle la Misa como monaguillos o acólitos. También lo
deseaban, y con frecuencia lo conseguían, obispos, sacerdotes…; al menos cuando
quedaban en el olvido las órdenes de algunos de los Visitadores Apostólicos enviados
por el Vaticano a San Giovanni Rotondo prohibiendo tajantemente que lo hicieran
los que acabo de indicar. ¿Dónde estaba el desorden litúrgico?
Todavía
recuerdo el gozo y la cara de satisfacción con que me compartía el hecho. Todavía
niño, había tenido la suerte, al igual que su hermano gemelo, de actuar de acólito
en la última Misa del Padre Pío, el 22 de septiembre de 1968.
Es
fácil imaginarlo. Al llegar a San Giovanni Rotondo en septiembre de 1916, al
Padre Pío se le confió la formación espiritual de los muchachos que, en el
seminario menor que allí tenían los Capuchinos, se preparaban para unirse un
día a ellos, si descubrían que ésa era su vocación. En esa formación impartida
por el joven sacerdote seguro que no faltaba el modo adecuado de actuar como
monaguillos o acólitos en las celebraciones litúrgicas y el espíritu con el que
actuar en ellas. Y lo que no faltaba nunca era un modo de celebrar la Misa que,
sin palabras, enseñaba a los muchachos que algo muy grande tenía lugar en el
altar, tan grande que - son palabras del Santo - «Todo lo que aconteció en el Calvario acontece en el altar» y «Cuando se celebra la santa Misa todo el
cielo dirige su mirada al altar».
---
- ---
También hoy
el Padre Pío tiene niños y niñas acólitos, con los que sigue cumpliendo su “misión
grandísima”. Los he encontrado en muchos sitios y hace unos pocos días, el 13
de julio, en Túquerres, un pueblo de la Provincia de Nariño (Colombia), en la
montaña, a unos 3.100 metros sobre el nivel del mar. En la iglesia atendida por
los Capuchinos se cultiva con mucho interés la devoción al Padre Pío. Una
devoción que la alimentan de modo especial el día 23 de cada mes, recuerdo de
la fecha en que murió el Fraile capuchino en septiembre de 1968, en una
Eucaristía especial, que convoca a tantos fieles que el amplio templo con
dificultad logra acogerlos. Una devoción que se cultiva también en el encuentro
semanal de oración del Grupo de Oración del Padre Pío. Una devoción que, por lo
que pude presenciar, en la iglesia se manifiesta en una comunidad eclesial muy unida,
en la adoración al Santísimo Sacramento a lo largo de todo el día, en el rezo diario
del Rosario con creatividad…, y, por las informaciones que recibí, en unas
Eucaristías muy participadas y en unos compromisos caritativos y sociales muy
variados y exigentes.
Y, en esta realidad, encontré a la “Asociación de Acólitos del Padre Pío de Túquerres”, que muestra la fotografía. Pero tengo que indicar que faltan en ella casi una tercera parte de los que la integran, porque, en la fecha en que tuve la suerte de presentar allí, durante casi cuatro horas, la vida y la espiritualidad del Padre Pío, muchos estaban fuera de sus casas aprovechando las vacaciones escolares. Y que la fotografía no recoge ni la cara de satisfacción de los niños por llevar el "logo" de la Asociación de Acólitos del Padre Pío ni su devoción al entrar en procesión en el templo, acompañando la reliquia del Padre Pío ni su entusiasmo al entonar los cantos.
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
Como Jesús, enviado al
mundo por el amor de Dios.
Jesús, el Hijo unigénito de Dios, vino al mundo, enviado por el amor de
Dios, para que el mundo se salve por él: «Tanto
amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él
tenga vida eterna» (Jn 3,16).
Esta buena noticia del Evangelio de San Juan la encontramos repetida en
la Primera Carta de las que atribuimos al apóstol. «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al
mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él… nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4, 9-10).
Fueron muchos los que descubrieron en Jesús el gran regalo del amor de
Dios; no todos. Ante un mismo hecho obrado por Jesús: la curación de un
endemoniado ciego y mudo, los más miopes fueron los fariseos: «Los fariseos dijeron: “Este expulsa los
demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios”» (Mt 12, 24); los más avispados, la gente
sencilla: «Todos, sobrecogidos de temor,
daban gloria a Dios diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros” y
“Dios ha visitado a su pueblo”» (Mt
12, 23).
--- - ---
Del Padre Pío de Pietrelcina dijo el Papa Benedicto XV: «El Padre Pío es uno de esos hombres
extraordinarios que el Señor envía de vez en cuando a la tierra para convertir
a los hombres». Palabras, sin duda, proféticas, pues Benedicto XV murió en
enero de 1921, cuando la acción salvadora de Dios por medio del Padre Pío
estaba todavía en los inicios.
A su Hijo Unigénito Dios lo envió al mundo «cuando llegó la plenitud del tiempo» (Gál 4, 4). Al Padre Pío, nacido el 25 de mayo de 1887, lo envió en
un siglo, el siglo XX, sacudido por profundos cambios ideológicos, sociales y
religiosos, y convulsionado por la tragedia fratricida de dos guerras
mundiales. Como consecuencia, un mundo muy necesitado de hombres de Dios, de
intercesores ante el Señor, de víctimas por los pecados de los hombres, de
ministros del perdón divino, de promotores de paz y de reconciliación, de
sembradores de esperanza y de consuelo, de personas-brújula que señalen
destinos dignos del hombre, de modelos de conducta…
También al Padre Pío, como a Jesús veinte siglos antes, muchos lo vieron
como un hermoso regalo del amor de Dios a los hombres. Pienso que el primero en
verse así fue el Padre Pío. Ante todo, porque era consciente de que el Señor le
había confiado una “misión grandísima”
en favor de los hombres, como manifiesta en una carta de noviembre de 1922.
También, porque, como indica en ese mismo escrito, escuchaba «en su interior una voz que repetidamente me
dice: santifícate y santifica». Y, sobre todo, porque éste es un contenido
elemental de nuestra fe. ¿Qué creyente, mínimamente formado, ignora los dones
que el Señor ofrece a los hombres por medio de los sacerdotes, sobre todo en
los sacramentos, por ejemplo en la confesión? Y la realidad que vivía el Padre
Pío era la que comunicó al padre Agustín el 29 de julio de 1918: «Me falta tiempo material. Las horas de la
mañana las paso casi todas escuchando confesiones»; y, un año más tarde, el
14 de junio de 1919: «Vienen incontables
personas de toda clase, de ambos sexos, con el solo objetivo de confesarse… Se
dan espléndidas conversiones». Una realidad en continuo aumento hasta el
día mismo de la muerte del Fraile capuchino. ¿Cómo no iba a ver ahí el Padre
Pío el amor de Dios, que se derramaba con generosidad a través de su ministerio
de confesor; él que escribió a Annita Rodote el 29 de enero de 1915: «Soy un instrumento en las divinas manos, que
sólo consigue hacer algo útil si es manejado por el artífice divino. Dejado a
mí mismo, no sé hacer otra cosa que pecados… y más pecados»?
Casi todos los llamados a testimoniar en el “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Pío de
Pietrelcina” vieron al Padre Pío como un hombre de Dios al servicio de los
hombres; por lo mismo, regalo al mundo del amor misericordioso de Dios. Por
ejemplo, don Pierino Galeone que, al relatar su primer encuentro con el Padre
Pío en el año 1947, cuando era joven seminarista, afirmó: «Apenas me encontré con el Padre, tuve la inmediata impresión de haber
encontrado a Jesús vivo en un hombre, más que un santo». O fray Modestino
Fucci, que lo describió como «Un hombre
pobre pero rico de la gracia de Dios, despojado de todo, incluso de sí mismo,
para enriquecer a los demás». El padre Agustín, director espiritual y
confesor del Padre Pío durante muchos años, escribió en su “Diario” el 22 de octubre de 1959: «Parece, mejor se puede afirmar, que el Padre
Pío es un permanente milagro de la divina Providencia».
Y, como en el caso de Jesús, la preeminencia la tenemos que dar a las
multitudes que, a diario, mucho más desde que se propagó la noticia de los
estigmas del Crucificado en su cuerpo, acudían a San Giovanni Rotondo para ver
al Padre Pío, para rezar con él, para escuchar sus mensajes, para participar en
la misa celebrada por él, para confesarse con él, si resultaba posible, para…
Ellos, hombres y mujeres, de todas las clases sociales y de los cinco
continentes, con sencillez, sin palabras, proclaman, como los del Evangelio que
he citado: «Dios ha visitado a su pueblo».
Y también aquí, como en el caso de Jesús, los miopes para descubrir en
el Padre Pío un regalo del amor de Dios fueron “hombres de Iglesia”:
cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos... Llegaron a decir que era un
impostor que se autolesionaba para presentarse con las estigmas del
Crucificado, que usaba perfumes y que hacía creer a la gente que eran
“sobrenaturales”…
Lo triste es que todavía hoy, aunque sean casos aislados, hay obispos,
sacerdotes y religiosos que se niegan a autorizar, allí donde les corresponde,
todo lo que haga referencia al Padre Pío: una estatua del Santo, un Grupo de
Oración del Padre Pío, un conferencia sobre su espiritualidad… Y lo hermoso es
que aumenta en todo el mundo la devoción al que Juan Pablo II llamó “humilde y amado Pío”; devoción que no se
orienta, como piensan algunos, a “la caza de milagros”, sino que impulsa a la
renovación personal en el seguimiento de Cristo y a ser, en medio del mundo, como
pedía el Santo, «levadura de Evangelio y
faros de amor».
--- - ---
Porque el Padre Pío, como Jesús, fue enviado al mundo por el amor de
Dios; porque, como Jesús, fue y sigue siendo un hermoso regalo del amor divino
a los hombres, puede ser llamado, con y como fray Modestino, “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
28. La vanagloria es un enemigo
que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han
entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la
tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los
santos carcoma de la santidad (Epist.I, p.396).
29. Haz que no perturbe a tu
alma el triste espectáculo de la injusticia humana; también ésta, en la
economía de las cosas, tiene su valor (MC, 13).
30. El Señor, para halagarnos,
nos regala muchas gracias, y nosotros creemos tocar el cielo con la mano. Por
el contrario, ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es
decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones (FSP, 86).
31. Los corazones fuertes y
generosos no se afligen más que por graves motivos, e incluso estos motivos no
logran penetrar en lo íntimo de su ser (MC, 57).
1.
El Señor nos descubre que a veces somos poca cosa. En verdad, me resulta
inconcebible que uno que tenga inteligencia y conciencia, pueda enorgullecerse
(GB, 57).
2. Os digo, además, que améis vuestra bajeza; y
amar la propia bajeza, hijas mías, consiste en esto: si sois humildes,
pacíficas, dulces, y mantenéis la confianza en los momentos de obscuridad y de
impotencia, si no os inquietáis, no os angustiáis, no perdéis la paz por nada,
sino que abrazáis estas cruces cordialmente –no digo precisamente con alegría
sino con decisión y constancia- y permanecéis firmes en estas tinieblas...,
actuando así, amaréis vuestra bajeza, porque ¿qué es ser objeto de bajeza sino
estar en la obscuridad y en la impotencia? (Epist.III, p.566).
3. Pidamos también nosotros a
nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida
santa Clara; como ella, oremos fervorosamente a Jesús, entregándonos a él y
alejándonos de los artilugios engañosos del mundo en el que todo es locura y
vanidad. Todo pasa, sólo Dios permanece para el alma, si ésta ha sabido amarle
de verdad (Epist.III, p.1092).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, que se sabía con una “misión grandísima” que cumplir
en esta tierra, confiada por el Señor, quería, para llevarla a cabo, ser un
padre para todos: «Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede
decir: "El Padre Pío es mío"».
Más
aún, como no podía llegar a todos con su palabra, acudía a modos de hacerlo que
nos dejan boquiabiertos; por ejemplo, pedir ayuda al Ángel Custodio. Esto es lo
que escribió a su director espiritual, el padre Agustín de San Marco in Lamis,
el día 1 de mayo de 1912: «Quisiera tener
una voz muy fuerte para invitar a todos los pecadores del mundo a amar a la
Virgen María. Pero, porque esto no lo tengo a mi alcance, he pedido, y seguiré
pidiendo, a mi Angelito custodio que lo haga él de mi parte».
Fueron
muchos los instrumentos de los que se sirvió el Señor para dar a conocer al
mundo al que, en frase del Papa Benedicto XV, fue, -y es en la actualidad- «uno de esos hombres extraordinarios que el
Señor envía de vez en cuando a la Tierra para convertir a los hombres».
Instrumentos
eficaces fueron los Capuchinos, que, salvo raras y dolorosas excepciones,
supieron descubrir y apreciar la vida santa y entregada al bien de los
hermanos de su cohermano de Pietrelcina. Muchos de ellos, para satisfacer su
legítimo deseo de encontrarse con el “crucificado del Gárgano”, acudían a
métodos sencillos, como organizar grupos que peregrinaban a San Giovanni
Rotondo, a los que lógicamente tenían que
acompañar. Tuvieron un papel especial los Obispos capuchinos que, aprovechaban,
bien la “visita ad limina”, que cada
cinco años hacen los Obispos al Papa, bien su estancia en Roma durante el
Concilio Vaticano II, para visitar al Fraile de Pietrelcina y que luego compartían
con los fieles de sus Diócesis lo que habían encontrado en él.
---
- ---
También hoy
el Padre Pío se da a conocer en el mundo por medio de los Capuchinos. Siempre
con el mismo objetivo: «Hacer más ruido
después de muerto que en vida». Es decir: atraer a más personas hacia
Cristo después de su muerte que lo que consiguió en vida.
Los
Capuchinos de Colombia han dedicado parte de este mes de julio, que ya termina,
a conocer con más detalle la vida y las obras del Padre Pío y a profundizar en
su rica espiritualidad, a la que ya se habían acercado de muchos modos. Muchos
de ellos también visitando los “Lugares del Padre Pío”, y algunos incluso
colaborando uno o más años en la atención espiritual de los peregrinos que a
diario llegan a San Giovanni Rotondo. Primero, en los días l al 5, organizando
los Retiros Espirituales anuales “a la luz de la espiritualidad del Padre Pío”.
Después, ofreciendo esa espiritualidad del Padre Pío a los jóvenes que se
preparan para formar parte de la Orden capuchina: en el Postulantado de Pasto y
en el Noviciado de Tabio.
Pero los
Capuchinos de Colombia no se han olvidado de las personas con las que comparten
su mismo espiritualidad, como la “Orden Franciscana Seglar”, ni de las que
atienden en las parroquias, en los grupos de formación y de apostolado, en sus
centros de formación…, ni de aquellas a las que es posible llegar por los
medios de comunicación social.
![]() |
| "Acólitos del Padre Pío" en la parroquia atendida por los Capuchinos en Túquerres |
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío místico y apóstol
El Padre Pío, urgido por el amor a Dios y por el amor al prójimo, como señalé
en el escrito anterior de esta etiqueta de la página web, se entregó de lleno a
cumplir la “misión grandísima” que el Señor le había confiado. Lo hizo de
muchos modos. Uno de ellos fue la oración.
Tanto que Juan Pablo II, en la homilía de la canonización del Santo, el 16 de
junio del 2002, pudo decir: «La razón
última de la eficacia apostólica del Padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad
espiritual, se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que
eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración».
- El valor de la oración en favor de los demás el Padre Pío lo aprendió en
el Evangelio. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nos lo enseña con sus
palabras y con su ejemplo. En el Padrenuestro, nos invita a pedir a Dios Padre
para todos: que nos enriquezca con los bienes de su Reino, que hagamos su
voluntad en la tierra como se hace en el cielo, que perdone nuestras ofensas,
que no nos deje caer en la tentación, que nos libre del mal... Jesús nos pide además
que roguemos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies, para que siembren
en todas partes la buena semilla de la Palabra y la cuiden para que dé el fruto
del ciento por uno. Y su oración al Padre desde lo alto de la cruz nos queda
como ejemplo permanente de lo que hemos de suplicar a Dios para los que le
ofenden con el pecado: «Padre, perdónalos
porque no saben lo que hacen».
- El librito “Buenos días… (Un pensamiento
para cada día del año)”, nos ofrece, para el día 12 de febrero, este mensaje
del Padre Pío: «Salvar las almas orando
siempre». Es esto lo que hacía el Capuchino de Pietrelcina: «Las oraciones que tú me pides, no te faltan
nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios. Te he
dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón». Y es lo
que aconsejaba y pedía a los demás: «Rogad
por los malos, rogad por los fervorosos, rogad por el Sumo Pontífice y por
todas las necesidades espirituales y materiales de la santa Iglesia, nuestra
tiernísima madre, y elevad una súplica especial por todos los que trabajan por
la salvación de las almas y por la gloria del Padre celestial».
- Al parecer, el
Señor quiso dar un poder de impetración muy especial a la oración del Padre Pío en favor de los
demás, pues esto es lo que el Fraile capuchino escribió a su director espiritual,
el padre Benedicto de San Marco in Lamis, el 26 de marzo de 1914: «En cuanto me pongo a orar, inmediatamente
siento mi corazón como invadido por una llama de un vivo amor... Es una llama
delicada y muy dulce, que consume y no causa ninguna pena»; y unos meses
antes, el 1 de noviembre de 1913: «Lo que
sí sé decir de esta oración es que me parece que el alma se pierde totalmente
en Dios... Otras muchas veces me siento impelido por un ímpetu muy vehemente;
siento que Dios me aprieta, me parece que voy a morir. Todo esto nace... de una
llama interior y de un amor excesivo que, si Dios no acudiese en mi ayuda en
seguida, me consumiría».
- Más
sorprendente si cabe, incluso para el mismo Padre Pío, es lo que escribió al
padre Benedicto el 20 de diciembre de 1913: «Mire qué fenómeno tan curioso se va dando en mí desde hace algún
tiempo, aunque no me preocupa mucho. En la oración me sucede que me olvido de
orar por aquellos que me habían pedido oraciones e incluso de aquellos por los
que tenía intención de orar… Y a veces, estando en oración, me siento impulsado
a orar por los que no había pensado orar y, lo que es más maravilloso, a favor de
aquellos que nunca he conocido, ni oído, ni visto, ni me lo han pedido ni
siquiera por medio de otros. Y el Señor, antes o después, atiende siempre estas
súplicas».
- El Padre Pío, también
para responder a estos dones misteriosos del Señor, no cesaba de pedir y suplicar
por los demás, aunque esto le supusiera olvidarse de sí mismo. Lo escribe a su
segundo director espiritual, el padre Agustín de San Marco in Lamis, el 16 de febrero de 1915: «Si el orar por los demás no incluyese también
el pedir por uno mismo, la más olvidada sería mi alma; y esto, no porque no se
reconozca necesitada de los divinos auxilios, sino porque le faltaría tiempo
material para presentar al Señor sus necesidades. Parece imposible; y sin
embargo esto es lo que me sucede de ordinario».
- Y las súplicas
más vehementes del Fraile capuchino al Señor las elevaba con insistencia, en
largas horas de oración por la noche, cuando había negado la absolución a
alguno de los penitentes que, sin las disposiciones adecuadas, se había
acercado a él para celebrar la confesión. Lo escribe al padre Benedicto el 20
de noviembre de 1921: «¿Y por los
hermanos? ¡Ay de mí! Cuántas veces, por no decir siempre, me toca decir a Dios
juez, con Moisés: O perdonas a este pueblo o bórrame del libro de la vida».
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
21. Recuerda que el gozne sobre
el que gira la perfección es el amor; quien vive del amor vive en Dios, porque
Dios es amor, como dijo el Apóstol (AdFP,
554).
22. Bendigo al buen Dios por
los santos sentimientos que te da su gracia. Haces bien en no comenzar nunca
una obra sin implorar antes la ayuda divina. Esto te obtendrá el don de la
santa perseverancia (Epist.III, p.456).
23. Sufro y sufro mucho; pero,
gracias al buen Jesús, tengo todavía un poco de fuerza; ¿y de qué no es capaz
la criatura cuando tiene la ayuda del buen Jesús? (Epist.I, p.303).
24. Lucha, hija, con valentía,
si ambicionas conseguir la recompensa de las almas fuertes (Epist.III, p.405).
25. No os neguéis de ningún
modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si se os
presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al
Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo (Epist.I, p.1213).
26. Debes tener siempre
prudencia y amor. La prudencia pone los ojos, el amor pone las piernas. El
amor, que pone las piernas, querría correr a Dios, pero su impulso para
lanzarse hacia él es ciego y podría tropezar en ocasiones si no estuviese
guiado por la prudencia que pone los ojos. La prudencia, cuando ve que el amor
puede ser desenfrenado, le presta los ojos (CE, 17).
27. La sencillez es una virtud,
pero hasta cierto punto. No le debe faltar nunca la prudencia; la picardía y la
socarronería, por el contrario, son siempre diabólicas y causan mucho daño (AdFP, 391).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío de Pietrelcina, quizás sin decirlo con palabras, actuaba igual que
Jesús, cuando ordenó a los apóstoles: «Dejad que los niños vengan a mí, y no
se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios». Su preocupación por los
niños, que la expresaba con cariño especial al visitar el hospital “Casa Alivio
del Sufrimiento”, promovido por él en San Giovanni Rotondo, al detenerse con
los niños enfermos, animarles a superar la enfermedad, regalarles caramelos…, el
Padre Pío la orientaba sobre todo a que crecieran en la fe y progresaran en el
amor a Jesús y a los demás. Más aún, no dejaba de estimular a los padres en su
misión de educar a los hijos, y respondía afirmativamente a los que le
preguntaban si le parecía bien que se dedicaran a dar la catequesis a los niños
y jóvenes.
- Así aconsejaba el Padre Pío a una madre de
familia: «Ponga en solo Dios todas sus preocupaciones,
pues él tiene cuidado especialísimo de usted y de esos tres angelitos de hijos
con que la ha querido adornar… Preocúpese siempre de su educación, no tanto
científica cuanto moral. Téngalos en su corazón y quiéralos más que a las niñas
de sus ojos. A la educación de la mente, mediante buenos estudios, procure unir
siempre la educación del corazón y de nuestra santa religión; aquélla sin ésta,
mi buena señora, causa una herida mortal al corazón humano».
- Y ésta fue la respuesta del Fraile de Pietrelcina a quien le
preguntaba si debía colaborar en la catequesis a los niños: «Sí, bendigo de corazón la obra de dar
catequesis a los niños, que son las florecillas predilectas de Jesús».
---
- ---
¿Qué hace hoy
el Padre Pío? Esta información me llega de Nicaragua, de una joven, Lissette Oporta, muy devota del Padre Pío, que, por amor al Padre Pío, colabora
intensamente en las actividades del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de
Managua y que, desde hace unas semanas, atiende todos los miércoles a un grupo
de niños, de 4 a 9 años, en locales del Santuario. Al igual que la otra
catequista, que atiende a los niños de 10 años en adelante, busca dos cosas: la
formación progresiva de los niños en la fe y en los valores humanos que la fe
implica, y que crezca en los niños su amor y devoción a la Virgen María, a la sombra de ese
santuario mariano.
Bajo la
orientación y guía del Rector del Santuario, el Padre Camilo, éste está siendo
el modo de actuar de las catequistas: «La manera en que desarrollamos la clase es leer un capítulo
de la “Biblia para niños” y, en base a su contenido, además de tratar de
educarlos en la fe, también inculcarles los valores. En el capítulo primero del
Génesis, por ejemplo, con la lectura de la creación, además de aprender a
reconocer a Dios como único Creador y Rey del universo, que aprendan a cuidar
y respetar la naturaleza, las plantas, los animales… Y, por supuesto, que
reconozcan en ellos mismos y en los demás su dignidad de hijos de Dios. Y, de
esa manera, con cada uno de los capítulos de la Biblia que desarrollemos en
cada clase».
En la fotografía, Lissette Oporta, que parece
que quiere ocultarse, con los niños a los que da la catequesis, el pasado
miércoles, día 17 de julio.
Elías Cabodevilla Garde

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