Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Septiembre: días 8 al 14.


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8.  Mi corazón es tuyo... Oh Jesús mío; toma, pues, mi corazón, llénalo de tu amor, y después mándame lo que quieras (AD, 49).

9.  Dios nos ama; y la prueba de que nos ama es el hecho de que nos tolera en el momento de la ofensa (GB, 30).

10.  Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición, de agradecimiento por el amor que nos has demostrado en el misterio de divinas ternuras de tu nacimiento (Epist.IV, p.869).

11.  Ama a Jesús, ámalo mucho, pero por esto ama aún más el sacrificio. El amor quiere ser amargo (T, 99).

12.  El amor lo olvida todo, lo perdona todo, lo da todo sin reservarse nada (Epist.IV, p.870).
      
13.  El espíritu humano, sin la llama del amor divino, es arrastrado a colocarse en la fila de las bestias. Por el contrario, la caridad, el amor de Dios, lo eleva tan alto como para alcanzar el trono de Dios. Agradeced sin cansaros nunca la generosidad de un Padre tan bueno y rogadle que aumente cada día más la santa caridad en vuestro corazón (Epist.II, p.70).

14.  No te lamentarías jamás de las ofensas, vengan de donde vinieren, si recordaras que Jesús sufrió hasta la saciedad los oprobios de la malicia de los hombres, a los que había hecho tanto bien. Excusarías a todos con amor cristiano si tuvieras ante los ojos el ejemplo del divino Maestro que excusó ante su Padre incluso a los que lo crucificaron (AP).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue promoviendo la formación religiosa católica.


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Promover la formación religiosa católica y el estilo de vida que ella implica fue tarea constante del Padre Pío durante su vida terrena. En los años 1909 al 1916 que, aconsejado por los médicos, tuvo que pasar en su pueblo natal, cuando ya era religioso capuchino y sacerdote, lo hizo dando catequesis a los pocos niños y jóvenes de Pietrelcina y orientando espiritualmente por carta a algunas personas. En sus primeros años en San Giovanni Rotondo, desde septiembre de 1916, facilitó esa formación religiosa católica a los muchachos del seminario que tenían allí los Capuchinos, a los miembros de la Orden Franciscana Seglar, a las personas que buscaron su orientación y consejos, bien en el confesonario bien por correspondencia… A partir del 20 de septiembre de 1918, fecha en que recibió el don de las “llagas” de Cristo crucificado en su cuerpo, con el intensísimo apostolado que realizó por todos los medios que le ofrecía el ejercicio del sacerdocio; sin olvidar la invitación constante a realizar esa misma tarea a los que se acercaban a él o se unían a sus obras: los Grupos de Oración que llevan su nombre, el personal sanitario del hospital “Casa Alivio de Sufrimiento”, fundado por él...
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¿Sigue promoviendo el Padre Pío hoy, a los 45 años de su muerte, esa misma tarea de la formación religiosa católica? Sin duda, y por medios que no dejan de suscitar el estupor y la admiración. Me voy a referir a la CALL y a Sandra Zambrano.

·  Ésta es la información que nos ofrece Sandra Zambrano sobre la CALL:
«La CALL (Asociación Católica de Líderes Latinos), es una Organización católica, con sede en los Estados Unidos de América del Norte, fundada hace ocho años en Denver (Colorado) por los Arzobispos José H. Gómez y Charles J. Chaput. Como objetivo general, la CALL busca dar formación en la fe católica a Líderes Latinos, que quieran trabajar, junto con sus Obispos diocesanos, en proyectos de evangelización que mejoren el nivel de educación y de vida de los Latinos.
La CALL promueve el bien común de los Latinos en los Estados Unidos a través de programas de formación, de servicios y de eventos en beneficio de la Comunidad Latina, de la Iglesia y del país. Es como la voz nacional de los Hispanos en temas de justicia social, con el objetivo de mejorar las leyes que afectan a los Latinos. Busca también promover el respeto y cuidado de la vida, ante todo de la vida humana, el matrimonio, la familia, la dignidad del ser humano… y difundir las enseñanzas de la Iglesia en el sector público, en los medios de comunicación y en el sistema educativo».
·  Pero ¿qué “pinta” esta joven mexicana, Sandra Zambrano, en la CALL?
«El motivo por el que estoy aquí es el Padre Pío de Pietrelcina, que me “conquistó” en circunstancias muy particulares, hace ahora 12 años. El año pasado, en el mes de agosto, justo después de haber terminado de filmar una película con Robert Redford, le dije al Padre Pío: “Bueno, ¿y ahora qué sigue?; ¿en dónde me quieres? Pregúntale al Señor qué quiere de mí”. Se lo dije justo en el ascensor de un hotel de Varsovia (Polonia). Y le dije, como en otras ocasiones: “Pero ¡dímelo clarito, clarito, Padre Pío!; ¡no te andes con rodeos!”. Pues esa noche recibí un mensaje, por Facebook, de Diana Vela, Presidente y Directora General de la CALL, diciéndome que necesitaban una persona de mis características para ocupar el puesto de Directora de Capítulos y Membresías. Me explicó lo que era la CALL y qué hacían. Y sentí, una vez más, que el Padre Pío me lo estaba diciendo clarito, clarito. Al principio me resistí, porque tenía otras ofertas muy atractivas en la industria del cine; pero, al final, estando en oración, le miré en una de sus fotos que siempre llevo conmigo y, riéndome, le dije: “Ahí me quieres, ¿verdad? Pues, ¡hágase!”. Le informé a mi padre espiritual, que me dijo: “¡adelante!”».
·  Su papel, en este momento, en la CALL lo presenta así Sandra Zambrano:
«Ocupo el cargo de Directora de Capítulos y Membresías de la CALL a nivel nacional; en otras palabras, soy responsable del crecimiento y fortalecimiento de la CALL en sus diversos Capítulos y Membresías. Actualmente tiene 10 Capítulos y espera abrir otros cuatro antes que termine este año 2013.
Una de mis actividades es dar conferencias en las diferentes ciudades de los Estados Unidos donde la CALL está presente. Algunas, de tanta responsabilidad que, de no tener una asistencia especial del cielo, asustaría a muchos, al menos a mí. Por ejemplo, la Conferencia Anual Nacional de la CALL, que este año tuvo lugar en Los Ángeles (California) del 22 al 25 de agosto, con el lema "Construyendo una Cultura de Fe".
En esta Conferencia Nacional de la CALL, el día 24, me correspondió dar una conferencia de 30 minutos, más otros 15 de dinámicas de grupo. Los asistentes eran 220; y, entre ellos, estaban los Cardenales Francis George, de Chicago, y Juan Luis Cipriani, de Lima (Perú). Estaban también el Arzobispo Octavio Ruiz Arenas, Secretario del Consejo Pontificio de la Nueva Evangelización en el Vaticano, los fundadores de la CALL: José H. Gómez, Arzobispo de Los Ángeles y Charles J. Chaput, Arzobispo de Filadelfia, el Arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco, el Arzobispo Thomas J. Olmsted de Phoenix, varios Obispos, Sacerdotes, presidentes y dueños de empresas y Líderes Latinos provenientes de varios lugares de Estados Unidos. 
Al subir al estrado para dar la conferencia, llevé conmigo, como lo hago siempre, la reliquia de Padre Pío que me regaló hace unos años mi padre espiritual. Una vez más pude experimentar la presencia invisible pero muy cercana del Santo, mi Padre espiritual con mayúscula, y su ayuda inmediata y eficaz. Sé que siempre está conmigo; y me habla clarito, clarito, y también rapidito. Gracias a él, también mi participación en la Conferencia Anual Nacional de la CALL fue un pedacito de cielo en la tierra».
Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (6).


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La “misión” que confió el Señor al Padre Pío, porque es “grandísima”, no sólo debía que beneficiar a muchas personas, sino que tenía que hacerlo en muchos países, por no decir en todos. Con la correspondencia epistolar y con los mensajes autógrafos en estampas y en pequeños trozos de papel, a los que me he referido en los dos últimos escritos de esta etiqueta de la página web, el Padre Pío benefició a personas de San Giovanni Rotondo y del entorno más o menos cercano y a otras a las que, aun viniendo de lejos, las encontraba en esta pequeña ciudad del centro-sur de Italia, donde vivió los últimos 52 años. Pero el Señor le concedió llegar con sus mensajes escritos, aunque de forma sencilla, a los cinco continentes. Me estoy refiriendo a los cientos de cartas que, escritas por sus “secretarios” y bendecidas por él antes de que fueran depositadas en la oficina de correos, salían a diario hacia todo el mundo, en respuesta a las que le llegaban desde los lugares más diversos del planeta.
En las muchas personas a las que he escuchado frases como ésta: «Escribí al Padre Pío, me respondió que rezaría por mí, y guardo su carta como un gran tesoro», ha sido fácil adivinar el bien que unas pocas palabras, no escritas por el Santo aunque sí en su nombre, han suscitado en los que las han recibido.
En junio de 1921, el carmelita Monseñor Rafael Carlos Rossi realizó una Visita Apostólica a San Giovanni Rotondo, por encargo del Vaticano. Llevó a cabo veinticuatro interrogatorios, todos bajo el juramento previo de decir la verdad, en los que buscó la información que deseaba; seis al Padre Pío y los restantes a personas relacionadas con él: el Superior provincial de los Capuchinos, el Superior y algunos religiosos de la Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo, los Párrocos de esta localidad…
Fue al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior de la Fraternidad, y sobre todo al padre Ignacio de Jelsi, Ecónomo y encargado de la correspondencia, a los que preguntó sobre este tema de las cartas. Y con la información recibida, escribió en el “Voto” o relación que entregó al Santo Oficio: «Al principio, en el fervor del entusiasmo, llegaban hasta setecientas cartas al día: cartas de peticiones, de oraciones, de agradecimiento. Ahora, el número ha disminuido mucho: sesenta, setenta al día; son siempre cartas de petición, como puede verse en las muestras que he hecho y en las auténticas que he depositado en el Santo Oficio; cartas de agradecimiento por gracias espirituales o temporales, que se dice se han obtenido por las oraciones del Padre Pío; pero algunas se refieren, por ejemplo, a verdaderas curaciones imprevistas e inesperadas… Recogiendo lo que sucede aquí, diré que estas cartas, al principio, en general se destruían; ahora se conservan -un verdadero archivo; habrá unas 20.000-; pero el Padre Pío apenas ve algunas, aquellas más estrictamente personales o especiales. El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden… En general, la respuesta es: “El Padre Pío reza y bendice”, o una estampa de la Virgen María en la que detrás el Padre Pío ha escrito estas dos palabras: “Bendiciones celestes”. Después, él presenta al Señor todas las intenciones por las que piden oraciones los que han escrito. No es verdad que haya respuestas ya preparadas para, sin más, meterlas en el sobre; sólo están preparadas de antemano las estampas antes indicadas, que el Padre Pío firma -a veces a disgusto-, normalmente durante el recreo de la noche».
Es fácil que el lector, al relacionar estos datos: el Padre Pío recibió los “llagas” del Crucificado el 20 de septiembre de 1918, la Visita Apostólica de Monseñor Rossi tuvo lugar en junio de 1921, en fechas anteriores a esta Visita al Padre Pío le «llegaban hasta setecientas cartas al día»…, se haya preguntado: ¿Tan rápidamente se divulgó la fama de santidad del Padre Pío? Porque, además, el padre Ignacio de Jelsi le dijo al Visitador que esas cartas «en su mayor parte llegan de España, Brasil, Argentina, etc.».
Quiero recalcar, porque es lo que interesa en este momento, estas palabras del “Voto” de Rafael Carlos Rossi: «El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden». El padre Ignacio le había facilitado esta información: «La correspondencia que le llega (al Padre Pío), por regla general, él no la lee porque no tiene tiempo, a excepción de alguna carta que yo le entrego… Las respuestas son en tono evasivo: “El Padre Pío ora y bendice”. Nosotros no nos arriesgamos a más. El Padre Pío, sí; él puede responder en tono afirmativo; y recuerdo algún caso especial en el que el Padre Pío ha respondido de este modo».
Al decreto del Santo Oficio de junio de 1923, que mandaba al Padre Pío «No responder en adelante, ni por sí mismo ni por otros, a aquellos que se dirigieran a él en busca de consejos, de gracias o por otros motivos», consecuencia de las informaciones falsas y calumniosas que fueron llegando al Vaticano, siguieron, a partir de julio de 1933, el levantamiento de todas las prohibiciones que pesaban sobre él, su ejercicio generoso del ministerio sacerdotal, la afluencia de fieles a San Giovanni Rotondo y también la respuesta a las cartas que, cada vez en mayor número, llegaban al Fraile de los estigmas. En el “Diario” del padre Agustín de San Marco in Lamis se repiten, una y otra vez, frases como éstas: «La correspondencia epistolar llega, incluso más que antes. Son una media de cien cartas al día. A todas responden los padres, pidiendo consejo -cuando es el caso- al Padre Pío»; «La correspondencia epistolar aumenta. Muchas cartas hablan de gracias recibidas del Señor por las oraciones del Padre Pío»; «La correspondencia epistolar crece tanto que no se llega a responder a todos hasta 10 ó 15 días más tarde de haberlas recibido»; «La correspondencia, que llega de todas partes del mundo, se multiplica».
Como hice en el último escrito de esta etiqueta de la página web, en relación a los mensajes que el Padre Pío escribió en estampas y en pequeños trozos de papel, me atrevo a decir que contenidos de las cartas que llegaron al Fraile capuchino, seleccionados adecuadamente y publicados en las lenguas hoy más en uso, harían mucho bien a mucha gente.
Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 1 al 7.


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1.  Es necesario amar, amar, amar y nada más (GF, 292).

2.  Dos cosas hemos de suplicar continuamente a nuestro dulcísimo Señor: que aumente en nosotros el amor y el temor; porque aquél nos hará correr por los caminos del Señor, éste nos hará mirar dónde ponemos el pie; aquél nos hace mirar las cosas de este mundo por lo que son, éste nos pone en guardia de toda negligencia. Cuando, al fin, el amor y el temor lleguen a besarse, ya no tendremos posibilidad de poner nuestros afectos en las cosas de aquí abajo (Epist.I, p.407).

3.  El amor sólo puede dar aquello que hay en nosotros de indomable y el lenguaje del amor es la persuasión de la confidencia. Qué bello es el amor si se recibe como un don; y qué deforme, si se busca y se ambiciona (FM, 166).

4.  Tú que tienes cuidado de almas, inténtalo con amor, con mucho amor, con todo el amor, agota todo el amor, y si esto resulta inútil..., ¡palo!, porque Jesús, que es el modelo, nos lo ha enseñado al crear el paraíso pero también el infierno (AdFP, 550).

5.  Cuando Dios no te da dulzuras y suavidad, debes mantener el buen ánimo, comiendo con paciencia tu pan aunque sea duro, y cumpliendo tu deber sin ninguna recompensa por el momento. Haciéndolo así, nuestro amor a Dios es desinteresado; actuando de este modo, se ama y se sirve a Dios a costa nuestra; esto es lo propio de las almas más perfectas (Epist.III, p.282).

6. Cuanta más amargura tengas, más amor recibirás (FFN, 16).

7.  Un solo acto de amor a Dios en tiempos de aridez vale más que cien en momentos de ternura y consuelo (ASN, 43).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue obrando milagros para atraer a la Iglesia católica.


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En las gracias extraordinarias del Señor que pasaban por las “manos” del Padre Pío, éste buscaba que llevaran a los beneficiados, no sólo a Jesucristo, sino también a la Iglesia católica. Así cumplía la “misión grandísima” que le había confiado el Señor.
En la tercera Declaración a la que el Visitador apostólico enviado por el Vaticano, Rafael Carlos Rossi, sometió, en junio de 1921, al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior del convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo, éste le informó:
«Debo señalar que el nombre del Padre Pío ha atraído aquí a algunos no bautizados y protestantes, que recibieron el Sacramento y regresaron a la Iglesia. Ellos son:
- Un judío de Florencia, tan enfermo de los ojos que debía llevar unas vendas negras: instruído oportunamente en todo lo necesario, recibió aquí el Bautismo, hizo la Primera Comunión y, ya de regreso a su ciudad, mejoró también de la vista, tanto que dejó las vendas negras y ahora usa gafas como muchos otros. Había venido para obtener la gracia. El Padre Pío le dijo: “Primero te hago cristiano y lo demás vendrá después por su propio pie”.
- Un protestante de padre y madre alemanes. Permaneció aquí el tiempo necesario para la instrucción; después se bautizó bajo condición y recibió la Comunión, después de haber hecho la adjuración.
- Una señorita protestante holandesa. También ella estuvo aquí varios días para recibir la instrucción y después recibió el Bautismo bajo condición; hizo la adjuración, la Comunión y fue a Foggia para la Confirmación. Está en Capri, pero ha regresado tres o cuatro veces para encontrar al Padre Pío y realizar con él sus devociones.
- Una señorita de Estonia, hija de pastores protestantes. Estuvo aquí unos pocos días, porque estaba bastante bien instruída; y recibió el Bautismo bajo condición y la Comunión; después la adjuración».
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El Padre Pío ¿sigue actuando del mismo modo después de su muerte?
La curación milagrosa de Lucrecia en el 2002, atribuida al Padre Pío de Pietrelcina, ha dado origen, en estos diez últimos años, a otros hechos no menos sorprendentes. Aunque muchos los conocíamos, la información de los mismos que, los días pasados, facilitó “Religión en Libertad” ha dado la vuelta al mundo, causando estupor, alegría y renovada devoción al Santo capuchino.
A Lucrecia, madre del sacerdote ortodoxo rumano Víctor Tudor, le diagnosticaron cáncer en un pulmón, que no era operable pues había metástasis; y le dieron tan sólo unos meses de vida. El padre Víctor llamó a su hermano Mariano, pintor especializado en iconografía que vivía en Roma. Éste logró contactar con uno de los mejores médicos del mundo en su especialidad, pero, para poder atenderla, Lucrecia debía viajar a Roma. El diagnóstico fue el ya dado por los médicos de Rumanía: cáncer, inútil la intervención quirúrgica, y sólo cabía el uso de fármacos adecuados para mitigar los terribles dolores.
La madre se quedó un tiempo con su hijo Mariano en Roma, para que le pudieran hacer nuevos controles. Mariano, que trabajaba haciendo un mosaico en una iglesia, se llevaba consigo a su madre y ésta visitaba el templo y veía las imágenes. Hubo una que le llamó poderosamente la atención. Estaba situada en una esquina. Era el Padre Pío. La mujer se quedó impresionada y le preguntó a su hijo quién era. Éste le contó brevemente su historia y, durante los días siguientes, el hijo se percató de que su madre estaba permanentemente sentada frente a la imagen del Santo de Pietrelcina. Charlaba con la talla como si de una persona se tratase.
 Dos semanas después, Lucrecia, acompañada por su hijo, acudió al hospital para realizarse una prueba. Pero para sorpresa y estupor de médicos, y de ellos mismos, el cáncer terminal que sufría esta mujer rumana había desaparecido completamente. Ella había pedido la intercesión del Padre Pío y éste había respondido. 
Este hecho sobrecogió a toda la familia, empezando por el hijo sacerdote ortodoxo, Víctor: «La curación milagrosa de mi madre, realizada por el Padre Pío en favor de una mujer ortodoxa, me llamó la atención».
Los hechos siguientes se han sucedido en cadena, no sin serias dificultades, en cuya solución han seguido viendo la intervención ante el Señor del Capuchino de Pietrelcina. La atención que había despertado esta curación milagrosa de su madre llevó al padre Víctor a interesarse por la vida del Padre Pío, y algo comenzó a cambiar en él. Contó el milagro de su madre a sus parroquianos, que quedaron admirados, pues la madre de Víctor era bien conocida por ellos. En la parroquia se empezó a conocer y a amar al Padre Pío: «Leíamos todo lo que encontrábamos sobre él; su santidad nos conquistaba». Otros enfermos de la parroquia recibieron también gracias extraordinarias del Padre Pío.
Padre Víctor Tudor y sus parroquianos
Empezaba a surgir un problema en la comunidad parroquial, pues seguían siendo ortodoxos y eran devotos de un santo católico. La decisión fue unánime: el padre Víctor y su parroquia con casi 350 personas decidieron hacerse católicos. Hoy pertenecen al rito greco-católico de Rumania. Pero, al igual que el Padre Pío vivió numerosas dificultades, ellos también habrían de experimentarlas a la hora de vivir su nueva fe, pues la conversión en este país ortodoxo con pasado comunista era bastante compleja. Problemas con los políticos, la policía…
Siendo honrados, sabían que el templo no les pertenecía, y no se desanimaron. Pese a las trabas, decidieron construir una iglesia dedicada al Padre Pío. Los fieles, en gran medida muy humildes, colaboraron en la construcción. Mientras tanto, celebraron misa en la calle pese a las gélidas temperaturas invernales. A ello había que sumar las enormes trabas burocráticas. Pero el templo es ya una realidad y lo consideran otro milagro del Santo capuchino.
Pero han querido ir más lejos. Siguiendo los pasos del Santo, y pidiendo su intercesión, han creado un “pequeño San Giovanni Rotondo” en Rumania, con un hospital que atiende a enfermos terminales, gente sin recursos y ancianos abandonados. Las dificultades son enormes y falta el dinero, pero el padre Víctor y sus parroquianos cuentan con la intercesión del Padre Pío. Hasta ahora no les ha fallado.
Elías Cabodevilla Garde


Agosto: días 25 al 31.


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25.  Amad y poned en práctica la sencillez y la humildad y no os preocupéis de los juicios del mundo; porque, si este mundo no tuviese nada que decir contra nosotros, no seríamos verdaderos siervos de Dios (ASN, 43).

26.  El amor propio, hijo de la soberbia, es más malvado que su misma madre (AdFP, 389).

27.  La humildad es verdad, la verdad es humildad (AdFP, 554).

28.  Dios enriquece al alma que se despoja de todo (AdFP, 553).

29.  Someterse no significa ser esclavos sino solamente ser libres por seguir un santo consejo (FSP, 32).

30.  Cumpliendo la voluntad de los demás, debemos ser conscientes de que hacemos la voluntad de Dios. Esta  se nos manifiesta en la de nuestros superiores y en la de nuestro prójimo (ASN, 43).

31.  Mantente siempre unida estrechamente a la santa Iglesia católica, porque sólo ella te puede dar la paz verdadera, ya que sólo ella posee a Jesús sacramentado. El es el verdadero príncipe de la paz (FM, 166).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue mostrando la belleza de la vida cristiana.


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Que el Padre Pío ayudó a muchos a descubrir la belleza de la vida cristiana es de sobra conocido y no supone nada de extraordinario. Lo han hecho tantos y tantos a lo largo de los veinte siglos de cristianismo.
Sí resulta extraordinario y llamativo que los que recibieron esa ayuda del Santo de Pietrelcina necesitaran contarlo. Necesitaran y necesiten, porque, a la corta distancia de 45 años de la muerte del Capuchino italiano, son todavía incontables los que pueden hablar de encuentros personales con él en San Giovanni Rotondo.
Muchos lo han hecho por escrito, como don Pierino Galeone, en su libro “Il Padre Pio mio padre”, el padre Paolo Covino, en “Ricordi e Testimonianze”, el padre Pellegrino Funicelli, en “Padre Pio tra sandali e cappuccio”, fray Modestino Fucci de Pietrelcina, en “Yo… testigo del Padre”, Cleonice Morcaldi en “La mia vita vicino a padre Pio”… Otros -muchísimos, incontables, todos- de palabra, en todas las ocasiones que se les presentan. Para comprobarlo, basta entrar en uno de los confesonarios de la capilla penitencial de la iglesia de San Pío de de Pietrelcina de San Giovanni Rotondo o recorrer, vestido de capuchino, los 150 ó 200 metros que separan el convento de la capilla.
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¿Sucede hoy algo semejante? En este escrito que me llega de Dallas (Texas - USA), de Rosana Polanco, aparecen, bien subrayados, los dos datos que he señalado: el Padre Pío que sigue mostrando la belleza de la vida cristiana y de los diversos elementos que la componen: Cristo Jesús, el Rosario, la Confesión, la Eucaristía, la oración, el apostolado…, y la necesidad de contarlo, no por vanagloria, sino como alabanza al Señor y al Padre Pío y como testimonio para los hermanos.
«Eran días en  los que yo experimentaba una fuerte crisis existencial ante inesperados acontecimientos que tuvieron lugar en mi vida.                                                                                         
 San Pío de Pietrelcina era un santo indiferente para mí, hasta que, un día, él quiso encontrarme en el camino y me dijo al corazón: “Mira, pequeña, dame la mano; tu padre, José Miguel Polanco, ya está en el cielo. De hoy en adelante yo seré tu papá espiritual y te enseñaré cómo se vive la vida. Te voy a enseñar el verdadero sentido de los acontecimientos. Te voy a llevar a un Rey, al cual entregarás tu corazón y por el cual vale la pena gastarse la vida. Él es Jesús de Nazaret y reina desde la cruz. Si eres fiel a su palabra y te conviertes, un día te coronará con la gloria eterna”.
Meses después, el Padre Pío me llevó a San Giovanni Rotondo. Allí me permitió conocer a los suyos, conversar con los que convivieron con él, a los que administró los Sacramentos… Caminé por los  lugares por los que él caminó y aprendí a orar en el huerto donde él lo hacía a diario. Uno de los más bellos regalos que me entregó fue enseñarme el santo Rosario arrodillada frente a Santa María de las Gracias. Debo confesar que pedí perdón miles de veces porque para mí el Rosario había sido el mejor entretenimiento de abuelas y de mi madre.
Realmente fue un tiempo profundo, porque, siguiendo el estilo de Padre Pío, pude hacer una confesión general y darme cuenta de que es importante, no sólo pedir perdón por los propios pecados, sino también por los de aquellos que en algún punto de la vida me habían herido o hecho el mal. Una vez alivianada por el Sacramento de la Reconciliación, fui llevada a experimentar que, si la voz física de Jesús se apagó en este mundo, él no nos ha abandonado; más bien se ha quedado tangible en la Eucaristía. Ni en sueños había imaginado que, desde ese momento, la Eucaristía sería la medicina que iba a curar mi alma y el único alimento-medio de tener una unión perfecta con el Señor.
Desde ese momento el Padre Pío me ayudó a profundizar en el amor que proviene del Padre y del Hijo y a saber que, donde quiera que me encuentre, puedo llamar al Maestro y volar en espíritu a delante del Tabernáculo.
Quizá no comprenda todavía la grandeza de lo que significa ser la hija espiritual de P. Pío, pero, como hija pequeña, soy feliz de tener un papá tan generoso, que no guardó el secreto del Rey para salvarse únicamente él, sino que nos dejó su legado para que comprendamos que la salvación es para todos los que queramos acogerla.
De vuelta a Dallas (Texas), era casi imposible guardar este tesoro de fe únicamente para los familiares. Con el testimonio, y la valiosa ayuda del Espíritu Santo, pude abrir un Grupo de Oración del Padre Pío en la parroquia de San Juan Diego. Hoy en día somos un grupo de hombres y mujeres que hemos salido a recibir al Padre Pío con los brazos abiertos y deseamos compartir el carisma de nuestro amado Padre espiritual.
Las veces que Jesús, por intercesión de Padre Pío, nos ha salvado la vida de un accidente, nos ha librado de un peligro o enfermedad… son incontables. Cada miembro del Grupo pasaría horas compartiendo experiencias. Caminamos aprendiendo a retirar bloqueos mentales que nos impiden ser libres y escuchar desde lo profundo del alma la llamada del Buen Pastor».
Elías Cabodevilla Garde