Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Octubre: días 6 al 12.


posted by Unknown on

No comments


6.  Tu predicación sea la inmolación continua de ti misma, el ser en todas partes como una delicada aparición y como la sonrisa de Dios (FM, 165).

7.  Siento que se me rompe el corazón en el pecho al conocer tus sufrimientos, y no sé qué haría para que te consueles. Pero, ¿por qué inquietarte tanto? ¿Por qué te turbas? ¡Fuera tanta inquietud, hija mía! Jamás te he visto tan regalada de tantas joyas por parte de Jesús como ahora. Jamás te he visto tan querida de Jesús como en este momento. Por tanto, ¿qué motivo tienes para temer, temblar y asustarte? Tu temor y temblor se parecen al de un niño que está en los brazos de su mamá. Por lo mismo, tu temor es tonto e inútil (Epist.III, p.442).

8.  No tengo nada concreto que reprobar en ti, fuera de esa inquietud un tanto amarga que se da en ti y que no te deja gustar toda la dulzura de la cruz. Corrígete de esto y continúa haciendo lo que has hecho hasta ahora, porque vas bien (Epist.III, p.447).

9.  Te ruego además que no te angusties por lo que voy sufriendo y sufriré; porque el sufrimiento, por muy grande que sea, comparado con el bien que nos espera, resulta agradable para el alma (Epist.III, p.402).

10.  Mantén tu espíritu tranquilo y confíate por completo a Jesús cada vez más. Esfuérzate por identificarte siempre y en todo con la divina voluntad, tanto en las cosas favorables como en las adversas, y no te preocupes por el mañana (Epist.III, p.455).

11.  No temas por tu espíritu: son bromas, predilecciones y pruebas del Esposo celestial, que quiere asemejarte a él. Jesús mira las disposiciones y los buenos deseos de tu alma, que son óptimos; y los acepta y premia; y no mira tu imposibilidad e incapacidad. Por tanto, mantente tranquila (Epist.III, p.461).

12.  No te fatigues en cosas que producen inquietud, perturbaciones y afanes. Sólo una cosa es necesaria: elevar el espíritu y amar a Dios (CE, 10).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue haciéndose de esperar para luego sorprender con su actuación.


posted by Unknown on

1 comment

Al Padre Pío le gustaba dar largas al asunto, cuando le pedían una gracia, un milagro, y actuar luego de forma inesperada y sorprendente.
Como botón de muestra, el hospital “Casa Alivio de Sufrimiento”. El proyecto de un nuevo hospital era tema frecuente de conversación entre los capuchinos de San Giovanni Rotondo desde que el terremoto de 1938 destruyó el “Hospital San Francisco de Asís”, que habían promovido, sobre todo por iniciativa e impulso del Padre Pío, en el  abandonado monasterio de clarisas.
El gran promotor del nuevo hospital, para el que ya había pensado el nombre: “Casa Alivio del Sufrimiento”, era el Padre Pío. Consiguió que se comenzaran los trabajos en el año 1947. Pero las misivas eran frecuentes: «Padre Pío, ¡tenemos que detener la obra porque no hay dinero!». ¿Decidió actuar de forma inesperada y sorprendente?
Un día llegó hasta la obra la periodista inglesa Bárbara Ward, redactora de “The Economist”, que venía de Londres para conocer al Padre Pío. Al pasar junto a los obreros, estimó que el más apropiado para preguntarle era el cura, que trabajaba con pico y pala, bañado en sudor y con la sotana remangada. - «¿Qué es lo que pretenden hacer aquí?». - «Una gran clínica, señorita». - «¿Y cuál sería el presupuesto?». - «¡Cuatrocientos millones de dólares!». - «¿Y quién se los va a proporcionar?». - «Señorita, ¡quien pasa paga!».
A la Ward su encuentro con el Padre Pío le debió parecer muy seco, pues don Orlando -así se llamaba el cura de la sotana remangada- manifestó que «al pasar luego delante de nosotros ni siquiera se dignó mirarnos». Así fue el encuentro de la periodista con el Fraile capuchino: - «Padre, he oído hablar muy bien de usted y he venido a pedirle una gracia». - «Sí, hija, sí; las gracias nos las concede el Señor». - «Padre, yo soy católica. Mi novio es protestante y yo quisiera que se convirtiera al catolicismo». - «Muy bien. Si el Señor quiere, se convertirá». - «Pero, Padre… ¿y cuándo ocurrirá esto?». - «Si Dios quiere ahora mismo». Y el Padre Pío, sin más, se marchó.
Bárbara Ward llegó a Londres, se encontró con el inexplicable hecho de que su novio, el comandante Jackson, se había convertido al catolicismo y de que se había decidido a dar el paso, más o menos, a la mima hora en que ella pedía esta gracia al Padre Pío. Y como Jackson era consejero de la UNRA para Europa y disponía de influencias poderosísimas en aquel organismo…, no tardó en llegar un telegrama al Presidente del Gobierno de Italia anunciando que desde América habían asignado la suma de 400 millones de dólares para construir una clínica en San Giovanni Rotondo. El Gobierno italiano se quedó con una parte cuantiosa, 150 millones, pero los otros 250 dieron para mucho en la construcción de la “Casa Sollievo della Sofferenza”.
--- - ---
Esta información me la ha enviado desde México Sandra Zambrano. Es ejemplar que Sandra, de quien sabemos, por otro testimonio publicado en esta etiqueta de la web, que con frecuencia le pide a su Padre espiritual, el Padre Pío: «Pero, ¡háblame clarito, clarito!», en este caso le haya pedido: «Pero, ¡actúa rapidito, rapidito!». Éste es su escrito:
«Hace nueve años que mi hermana Ileana y otras personas comenzaron a ayudar a los más pobres para que pudieran recibir atención médica especializada y cirugías en el mejor hospital y con los mejores doctores. Durante los siete primeros años esta ayuda fue esporádica y nunca estuvo en su mente la idea de crear una Fundación. Pero el número de enfermos que les llegaban iba siempre en aumento y con ello la necesidad de buscar a más doctores y a más colaboradores. Esta creciente demanda de quienes, al no tener seguro social ni recursos económicos, si enferman, mueren en la calle sin que nadie les atienda, y el aumento continuo de doctores y de voluntarios motivaron que, en el 2012, pensaran en una Fundación, a la que dieron el nombre de “Fundación Unión pro VIDA”.
 Hoy en día, la Fundación es una red que conecta a los enfermos más pobres con los más de 80 doctores colaboradores de casi todas las especialidades y el mejor hospital de la ciudad, además de 12 odontólogos, un radiólogo, una psicóloga…, y que tiene acuerdos de colaboración con otras Fundaciones locales y foráneas dedicadas a atender a personas quemadas, a operar todo tipo de cirugías de ojos, cáncer en niños menores de 18 años, casa hogar para ancianos…, como “Destellos de Luz” “Fundación Cinepolis”, “Posada del Peregrino”…
Yo también formo parte del Consejo Directivo de la Fundación y mi participación ha consistido y consiste en asesorar y acompañar a mi hermana en las gestiones para el reconocimiento oficial de la Fundación y principalmente en conseguir que médicos amigos míos colaboren en la Fundación, que altos directivos de empresas que conozco ofrezcan sus donaciones…
Un impedimento para la buena marcha y para el crecimiento de la Fundación estaba siendo -y lo era hasta hace unas pocas horas- que ésta no tenía el reconocimiento del Gobierno como Asociación Civil, con los inconvenientes que implica no ser una “Entidad donataria”. Las últimas noticias eran que los “estudios” para ver si se podía conceder o no a la Fundación este reconocimiento exigirían no menos de tres meses de tiempo.
Ayer, 23 de septiembre, su fiesta litúrgica, era buena ocasión para pedirle al Padre Pío, aunque de otro modo, lo que desde hace algún tiempo se lo estaba pidiendo. En la Eucaristía, después de haberle entregado a mi hermana Ileana como hija espiritual, y también a su familia, y de poner la Fundación en sus manos, le dije: «Pero, Padre Pío, ¡actúa rapidito, rapidito!».
Una hora después, mi hermana Ileana me llamaba para comunicarme que acababa de recibir la notificación y el permiso del Departamento de Hacienda del Gobierno para formalizar la Fundación, que, como consecuencia, puede ser ya “donataria”, lo que significa que puede dar y recibir ayudas (ayudas de doctores, de hospitales, de personas independientes o de todo aquel que quiera colaborar de alguna manera) para los enfermos más pobres, y expedir recibos de esas ayudas.
 En la próxima reunión del Consejo Directivo propondré que se nombre a San Pío de Pietrelcina Patrono de la “Fundación Unión pro VIDA».
Elías Cabodevilla Garde

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (10)


posted by Unknown on

No comments


Como Jesús, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad (cfr. Jn 18, 37).

A la pregunta de Pilato: «Entonces, tú eres rey?», Jesús contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 18, 37).
Pero, en Jesús, tenemos algo más que un enviado para dar testimonio de la verdad: Él es la verdad, como lo proclamó ante el apóstol Tomás: - «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». - «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn 14, 5-6).
Que Jesús enseñó siempre la verdad lo acreditaron, aunque con una segunda intención, hasta los mismos fariseos: «Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias» (Mt 22, 15-16).
--- - ---
El Padre Pío escribió en el recordatorio de su Primera Misa: «Jesús… que yo sea contigo para el mundo Camino Verdad Vida». Seguro que, al escribir estas palabras, en su mente y en su corazón recalcaba el «contigo», porque  ¿quién puede pretender ser para el mundo lo que fue y es Jesús, el Hijo unigénito de Dios, si no es en unión íntima con él y como instrumento suyo?
·  Es obvio decir que, también para el Padre Pío, anunciar la verdad y dar testimonio de ella implicaba tener la verdad o, mejor, seguir buscándola cada día porque nunca la alcanzamos del todo.
- En la búsqueda y hallazgo de la verdad, también de la verdad revelada por Dios y contenida en la Sagrada Escritura, es importante el estudio. Leyendo el Epistolario del Padre Pío, sobre todo si se recuerda que las cartas del volumen II las escribió en los años 1914 y 1915, cuando tenía sólo 26/28 años, y que las otras cartas de orientación espiritual son anteriores al mes de mayo de 1923, es fácil afirmar o que el Fraile capuchino era muy inteligente, o que se dedicó con interés al estudio desde muy pronto, o las dos cosas a la vez. La riqueza de doctrina, de verdad, que el Padre Pío nos ha dejado en sus cartas de orientación espiritual es tanta y tan especial que se comprende que muchos deseemos para él el título de Doctor de la Iglesia. A juzgar por la respuesta que, en junio de 1921, dio al Visitador apostólico Rafael Carlos Rossi, se empeñaba por compaginar apostolado y estudio. «¿Se entrega en particular al estudio?», pregunta Rossi. Y el Padre Pío: «Excelencia, estoy siempre en el confesonario. Precisamente por esto estoy siempre al corriente de los estudios necesarios».
- En estas palabras del Padre Pío es casi seguro que habla su experiencia personal: «Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra». Y no eran pocas las horas que dedicaba a la meditación. En el “Diario”, que, a petición del padre Agustín de San Marco in Lamis, comenzó a escribir en julio de 1929, al referirse a las “Devociones particulares diarias”, señala: «No menos de cuatro horas de meditación, y éstas de ordinario sobre la vida de nuestro Señor: nacimiento, pasión y muerte».
- Para el Padre Pío la garantía de la verdad revelada era la aceptación del magisterio de la Iglesia. A Rafael Carlos Rossi que, en la ocasión antes citada, le preguntó: «¿Sabe cuáles son las enseñanzas de la Iglesia a este respecto (cómo orientar a las almas por las vías místicas)? ¿Las ha aceptado, las acepta todas íntegramente?», le respondió: «Oh, ¡por caridad! Las he aceptado y las acepto íntegramente todas». Y a la nueva pregunta: «¿Y en todo lo demás, en cualquier otra enseñanza, intenta someterse siempre a la Autoridad de la Iglesia, a sola la cual corresponde, por la Divina Asistencia, iluminar, dirigir, gobernar, aprobar, condenar?», respondió: «Sí, Excelencia. Por la Santa Iglesia es el mismo Dios el que habla». Lo manifestó de nuevo al final de su vida. La Encíclica “Humanae vitae” de Pablo VI topó con el rechazo de muchos, también dentro de la Iglesia. El Padre Pío, en su carta del 12 de septiembre de 1968 -murió 11 días más tarde- escribía al Papa: «También en nombre de mis hijos espirituales y de los “Grupos de oración” le doy las gracias por la palabra clara y decidida que ha dicho, sobre todo en la última encíclica “Humanae vitae”, y reafirmo mi fe, mi incondicional obediencia, a sus iluminadoras directrices».

·  El Padre Pío supo dar, como Jesús, testimonio de la verdad.
- El anuncio más convincente de la verdad es vivir lo que esa verdad implica o, en otras palabras, testimoniarla con las obras. El Padre Pío realizó, y de forma plena y admirable, lo que pedía en estas palabras de felicitación del nuevo año: «Este nuevo año, cuyo final sólo Dios sabe si lo veremos, debe estar consagrado del todo… a procurar que vayan a la par los buenos propósitos y las obras santas».
- Creo que formular a los demás esos buenos propósitos, comunicarles la voluntad de Dios, proponerles la verdad del Evangelio…, le fue relativamente fácil al Padre Pío, por tres motivos. En sus enseñanzas se centró siempre en lo fundamental e importante del mensaje cristiano, sin perderse en elucubraciones teológicas. Salvo raras excepciones, sus destinatarios fueron hombres y mujeres que buscaban con avidez sus palabras y consejos, conscientes de que les llegaban de un hombre de Dios. Y usó siempre los medios sencillos que ofrece el ministerio sacerdotal.
- No le fue fácil, en cambio, y no porque no lo deseara y lo intentara, comunicar a sus Directores espirituales la verdad de lo que el Señor, por los caminos que sólo conocen los místicos, realizaba en él y por medio de él. ¿Cómo transmitir con palabras adecuadas lo que es inefable?
- Y le exigió un insufrible martirio oponerse a las presiones en contra y testimoniar la verdad de unos hechos que nunca tendrían que haber sucedido. Pocos asuntos tan repugnantes como los que el Padre Pío tuvo que sufrir en torno al año 1960, cuando sus conversaciones privadas y las confesiones que escuchaba fueron grabadas y por religiosos de su Orden religiosa y de su Fraternidad. Y no menos repugnante el que, en septiembre de 1963 y de nuevo en enero de 1964, se intentara conseguir de él una declaración escrita en la que constara que todas las noticias dadas por la prensa sobre los micrófonos sacrílegos, limitaciones en el ejercicio del ministerio y en su libertad personal… eran falsas. Firmar los documentos que le presentaron sería faltar a la verdad y, además, calumniar a los religiosos y laicos que habían declarado ante las Autoridades religiosas y civiles la realidad de los hechos. Meses más tarde, en diciembre de ese año 1964, tras los cambios que se habían introducido en relación a él y a la Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo, aceptó, invitado a ello «por el bien de la Orden y de la Iglesia» firmar el nuevo documento, en el que no se hacía ninguna referencia a los micrófonos y la frase de los anteriores, que aseguraba que «nunca había sido perseguido», se había cambiado por la que indicaba que, «en el momento presente», gozaba de libertad en el ministerio, no conocía ni enemigos ni perseguidores, y encontraba en los Superiores comprensión, ayuda y protección.
--- - ---
Porque, como Jesús y con él, quiso ser verdad para el mundo, anunció a los hermanos la verdad revelada por Dios con sencillez y fidelidad y no se prestó a falsificar la verdad, podemos llamar al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino, “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde


Septiembre: día 29 a octubre: día 5.


posted by Unknown on

1 comment


29.  No estéis con la preocupación de que me estáis robando el tiempo, porque el tiempo mejor empleado es el que se dedica a la santificación del alma del prójimo. Yo no tengo otro modo de agradecer la bondad del Padre celestial que cuando me presenta las almas a las que puedo ayudar de alguna forma (MC, 83).

30.  Jamás me ha pasado por la cabeza la idea de vengarme: he rogado y ruego por los que me denigran. Sí, que alguna vez he dicho al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún latigazo, dáselos también, con tal de que se salven” (AD, 127).

1.  Recorred con sencillez el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu. Odiad, sí, vuestros defectos pero con un odio tranquilo y no perturbador e inquieto. Es necesario tener paciencia con ellos y sacar ventaja de los mismos por un santo abajamiento. Cuando falta esta paciencia, mis buenas hijas, vuestras imperfecciones, en vez de disminuir, crecen cada vez más, porque no hay nada que una tanto nuestros defectos como la inquietud y la preocupación por quererlos alejar (Epist.III, p.579).

2.  Guardaos de la ansiedad y de las inquietudes, porque no hay cosa que impida tanto el caminar hacia la perfección. Pon, hija mía, dulcemente tu corazón en las llagas de nuestro Señor, pero no a base de esfuerzos. Ten gran confianza en su misericordia y en su bondad. El no te abandonará jamás, pero no dejes por eso de abrazar estrechamente su santa cruz (Epist.III, p.707).

3.  No te inquietes cuando no puedes meditar, no puedes comulgar o no puedes llegar a todas las prácticas de devoción. En esta situación, busca suplirlas de otro modo, manteniéndote unida a nuestro Señor con una voluntad amorosa, con las oraciones jaculatorias, con las comuniones espirituales (Epist.III, p.424).

4.  Caminamos, pues, siempre, incluso cuando nuestro paso es lento; pues si nuestro afecto es bien intencionado y decidido, no podemos sino caminar bien. No, mis queridísimas hijas, no es necesario para el ejercicio de la virtud estar atentas siempre y en cada momento a todas las virtudes; esto, en verdad, embrollaría y enredaría demasiado vuestros pensamientos y afectos (Epist.III, p.588).

5.  Expulsa de una vez por toda la perplejidad y las ansiedades y goza en paz de las dulcísimas penas del Amado (Epist.III, p.436).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue acercándose como padre y protector aun sin ser llamado.


posted by Unknown on

No comments


No fue el Padre Pío el que pidió al Señor esa “misión grandísima”. Se la confió el Señor y le manifestó esta encomienda a la temprana edad de 15-16 años, cuando el muchacho de Pietrelcina se formaba para capuchino, en el convento de Morcone, en el año del noviciado. Y parece claro que, para cumplir esa “misión grandísima”, el Fraile capuchino se sentía urgido también a saltarse todas las normas de “buena educación” y a hacerse presente incluso donde no era ni buscado ni llamado, no sé si también donde era rechazado.
Los testimonios de quienes han sentido el “perfume del Padre Pío”, indican que esto sucedía y sucede tanto a personas que ya conocían al Santo como a quienes nunca habían oído hablar de él; a devotos que le habían invocado pidiéndole una gracia o un milagro y a otros que nunca se habían encomendado a sus oraciones; a conocedores de este modo de manifestarse del Fraile capuchino, tan grato y sorprendente al olfato, y también a quienes ignoraban absolutamente este hecho…
Lo mismo se puede afirmar de quienes recibieron o reciben gracias especiales del Señor a través del Santo de Pietrelcina. Por eso, si sus intervenciones no fuesen tan beneficiosas, muchos de los que ni ellos ni otros de su entorno habían acudido a él le podrían decir: «Padre Pío, «¡donde no te llaman para qué te querrán!». Y, además, al Fraile capuchino le gustaba, y, al parecer, le gusta, “hacerlo como de puntillas”, para que el beneficiado por su acción paternal y protectora necesite un tiempo para saber quién ha intervenido en acción caritativa tan sorprendente.
Los hechos a los que me refiero fueron muchos en vida del Padre Pío. El del General Cardona aparece en casi todas las biografías y lo tomo de una de ellas: «En noviembre de 1917, durante la primera guerra europea, el ejército italiano sufrió una gran derrota en Caporetto. Como primera consecuencia del desastre fue depuesto de su cargo el General Luis Cadorna, Comandante en jefe del ejército italiano, y sustituido por el General Armando Díez. Las críticas acerbas que se hacían del general derrotado y, sobre todo, el hecho mismo de la derrota, sumieron al General en una depresión nerviosa tal que decidió acabar con su vida. Acampaba entonces el General en una tienda de campaña, preparada exprofeso para él, en el palacio Zara de Treviso. Los centinelas tenían orden rigurosa de no dejar pasar a nadie por ningún motivo a la tienda del General. En el momento trágico en que el General tenía desenfundada su pistola para consumar el suicidio, aparece frente a él, de forma inexplicable, un religioso vestido de hábito capuchino. Pudo percibir en aquel momento, como así lo recordaba después el General, un fuerte y agradable perfume de violetas o rosas. Tenía aquel fraile las manos teñidas de sangre; se planta enérgico ante el General, le dirige una mirada penetrante y le dice: - “¡Nada de matarse! ¡No debes cometer semejante locura! ¡Enfunda otra vez la pistola!”. El General quedó atónito, estremecido. Como por ensalmo cambió su estado de ánimo, se sintió otro hombre. No sabía en qué pensar, ni qué hacer. Recuperó la serenidad y obedeció humildemente. Transcurrió algún tiempo y llamó al jefe de guardia para preguntarle cómo se habían quebrantado órdenes tan terminantes como tenía dadas de que nadie penetrase en su tienda de campaña. Los componentes de la guardia respondieron unánimemente que por allí no habían visto pasar a nadie. El General seguía estupefacto, pero había logrado superar la crisis y se preparaba valientemente para sobreponerse a todos los sinsabores que le acarreó la derrota. Pasó el tiempo; contó más de una vez el General a sus íntimos lo que en esta fecha aciaga de su vida le había ocurrido; algunos de sus amigos le hicieron observar que tal religioso no podía ser otro que el padre Pío, el famoso estigmatizado, de quien por entonces se contaban maravillas. Más tarde, en 1920, partió el General de incógnito para san Giovanni; no comunicó a nadie su personalidad ni el objeto de su visita. ¡Cuál sería su extrañeza cuando, sin llegar todavía a la portería del convento, oye que le llaman por su nombre y que le dicen que el padre Pío le esperaba! Ya a la vista del padre Pío, lo reconoció inmediatamente. - “Pero, ¡si éste es el mismo fraile que se presentó ante mí en aquella ocasión”, exclama, sin poderse contener. Se le acerca el padre Pío y confidencialmente le dice: - “¡Mi General! ¡Qué mal lo pasamos aquella noche!, ¿no es verdad?”».
--- - ---
Este suceso, del que fui informado hace algún tiempo por quien intervino en la última parte del relato, -evito los datos que permitirían identificar a la persona beneficiada, porque no he podido comunicarme con ella para obtener su autorización-  indica que el Padre Pío sigue acercándose, también después de su muerte, como padre y protector, aun sin ser llamado.

Una caída de cabeza desde un animal en el que cabalgaba por el monte. Traslado a un hospital en helicóptero. El médico que le había atendido en urgencias que pregunta:  - «Pero, ¿aún vive la persona aquella? De sobrevivir, para siempre tetrapléjica, con graves secuelas cerebrales. Tan sólo un 1% de los que sufren estas caídas sobreviven». Y los médicos enfadados al saber que el “enfermo” no hacía el reposo prescrito…
Pero al “enfermo”, a las pocas semanas del terrible suceso, la persona que me informó lo encontró trabajando en su profesión, sin secuelas, como si nada hubiera pasado...
Al escuchar el relato de hecho tan sorprendente, le preguntó: - «¿Recuerda qué día sucedió su accidente?». - «¡Claro que lo recuerdo! Fue el pasado veinticinco de mayo». Cuando, a los pocos días, esta devota del Santo de Pietrelcina pudo entregar una estampa de San Pío a la que, según la medicina, tendría que ser de por vida una persona tetrapléjica, ésta, al ver la fotografía, sonrió como si ya lo conociera desde algún tiempo y le preguntó quién era. Y ella: «Es el Padre Pío, San Pío de Pietrelcina;  y el día que usted se cayó, el 25 de mayo, sus devotos celebramos el aniversario de su nacimiento. Y usted volvió a nacer de nuevo ese día». Agarró fuertemente la mano de quien le regaló la estampa y, con una sonrisa de oreja a oreja, le dio las gracias.
 Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (7).


posted by Unknown on

No comments


El Padre Pío cumplió la “misión grandísima” que le confió el Señor con sus escritos, en los tres modos que he expuesto en los tres últimos escritos de esta etiqueta de la página web. Y la cumplió también con su palabra.
Es cierto que el Capuchino de Pietrelcina no se dedicó al ministerio de la predicación. La respuesta que, en junio de 1921, dio al Visitador apostólico Rafael Carlos Rossi la podría haber repetido al final de su vida. «¿Cuando fue autorizado para el ministerio de las confesiones y de la predicación?», le preguntó. Y su respuesta: «Predicar no he predicado nunca». Tampoco lo hizo con esa forma de predicación que es la homilía, aconsejada en todas las celebraciones litúrgicas, y obligatoria en muchas de ellas, desde la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, pues ésta le alcanzó al Padre Pío en los últimos años de su vida y cuando ya era muy anciano.
Pero el ministerio de la palabra, que, como escribe San Pablo a su discípulo Timoteo, es «útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2Tim 3, 16), el Padre Pío lo ejercitó a diario y, a juzgar por los frutos que producía, de forma muy adecuada y convincente.
Dejando las etapas anteriores de su vida y ciñéndonos a los 52 años que pasó en San Giovanni Rotondo (4 de septiembre de 1916 – 23 de septiembre de 1968), podemos decir que el Padre Pío ejercitó este ministerio de la palabra de estos cuatro modos: en el confesonario, antes del rezo diario del Ángelus, en relación a las dos Obras promovidas por él: los Grupos de Oración y el hospital “Casa Alivio del sufrimiento”, y en conversaciones privadas, tanto a grupos como a personas determinadas.
- Difícil conocer, por su carácter reservado, los mensajes con los que el Padre Pío enseñaba, argüía, corregía y educaba a los penitentes, al administrarles el Sacramento de la confesión. Sabemos que era un confesor no precipitado pero que no perdía el tiempo en conversaciones inútiles o ajenas a la confesión. Conocemos que fueron muchas decenas de miles las personas de los cinco continentes que celebraron con él este sacramento. No nos faltan testimonios de conversiones sinceras, también clamorosas, como consecuencia de estos encuentros con el Dios de la misericordia a través de este santo confesor… De cómo quedaban grabadas en la mente y en corazón las palabras y la actuación del Padre Pío confesor, puede ser una clara señal el testimonio del Papa Juan Pablo II, dado por escrito el 5 de abril del 2002, a la distancia de 54 años de haberse confesado con el Fraile capuchino, cuando el joven sacerdote polaco, que realizaba estudios de filosofía en el “Angelicum” de Roma, llegó a San Giovanni Rotondo «al atardecer de un día de abril de 1948»: «Durante la confesión resultó que el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».
- ¡Qué fuerza de exhortación y de estímulo para la vida cristiana tenían los breves mensajes del Padre Pío antes del rezo diario del Ángelus, normalmente en dos momentos: a mediodía, hora tradicional de esta oración mariana, y al atardecer, cuando despedía a los fieles que habían viajado hasta San Giovanni Rotondo! Lo manifiestan estas palabras de un religioso que compartió con el Padre Pío durante muchos años la vida de fraternidad: «¡Qué  cálida era su voz cuando rezaba con los demás, en la huerta, en el coro, desde la ventana..., el Ángelus!». O porque eran los más repetidos en esos momentos de oración, o porque los ofrecía con fervor especial, o por las dos cosas a la vez, los mensajes que se refieren a la Virgen María son los más fáciles de encontrar en los escritos sobre el Padre Pío. En ellos iban apareciendo los dones extraordinarios de la Virgen María: Inmaculada, Madre de Dios, Virgen y Madre, Asunta en cuerpo y alma al cielo, Mediadora de todas las gracias…, sus virtudes, las exigencias de la verdadera devoción a María… Un ejemplo:  «Abrasémonos cada día más en el amor a esta Madre y estemos seguros de que nada nos será negado, porque nada le falta a Ella, que tiene un corazón de Madre y de Reina».
- El Padre Pío no se limitó a poner en marcha las dos Obras que antes he citado y que las quiso íntimamente unidas: los Grupos de Oración y el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”. Supo ofrecerles desde su inicio las orientaciones adecuadas. Sirvan de ejemplo este mensaje a los Grupos de Oración, que nacían como ayuda a la “Casa Alivio del Sufrimiento”: «No os canséis nunca de orar. Es algo esencial. La oración hace violencia al corazón de Dios, obtiene las gracias necesarias. Sin la oración nuestra “Casa Alivio del Sufrimiento” es como una planta sin aire y sin sol…La oración es la fuerza unida de todas las almas buenas, es la que mueve el mundo, renueva las conciencias, lleva ánimos a los que sufren, sana a los enfermos, santifica el trabajo, eleva la asistencia sanitaria, otorga fuerza moral y resignación cristiana al dolor humano, derrama la sonrisa y la bendición de Dios sobre todo sufrimiento y debilidad». Y también las palabras que, en mayo de 1957, en el primer año de vida de la “Casa Alivio del Sufrimiento”, pronunció el Padre Pío en relación al hospital: «Esta obra, si fuese sólo para aliviar los cuerpos, no pasaría de ser una clínica modelo, levantada con la aportación de vuestra caridad, extraordinariamente generosa. Pero fue estimulada, apremiada, para que fuera reclamo para amar a Dios, mediante el reclamo de la caridad. El que sufre debe vivir en ella el amor de Dios por medio de una inteligente aceptación de sus dolores, de la serena meditación de que su destino es Dios. En ella el amor a Dios debe afianzarse en el alma del enfermo, mediante el amor a Jesús crucificado, que brotará de los que cuidan la enfermedad del cuerpo y del alma».
- De las orientaciones que el Padre Pío daba de palabra, bien a quienes se le acercaban en grupo bien a personas concretas, tenemos muchas informaciones, porque son muchos los destinatarios de las mismas que han querido transmitirlas por escrito. Y son muchos los que afirman que el Fraile capuchino aprovechaba todas las ocasiones, incluso en los momentos de esparcimiento, para ofrecer, casi siempre con buen humor, unas palabras útiles «para enseñar, para argüir, para corregir…». Siempre me ha impresionado este breve diálogo entre el Padre Pío y el padre Eusebio Notte, contado por éste último en el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío. Para entender la fuerza de este mensaje del Fraile capuchino hay que recordar que el padre Justino de Lecce fue el religioso que colocó los micrófonos y el magnetofón con el que, a ocultas, se grabaron conversaciones privadas e incluso confesiones atendidas por el Santo y, además, cuando tenía el encargo de “ángel custodio” del ya anciano Padre Pío. «Una noche estaba a solas con el Padre Pío en su celda n. 1. Y noté que el Siervo de Dios oraba con particular recogimiento. Confidencialmente le pregunté: “¿Tiene alguna preocupación esta noche?”. El Padre Pío enseguida y sin inmutarse: “Estoy orando por el padre Justino”. A lo que yo, casi enojado: “¡Ah!, Padre, ¡eso no!; ¡es demasiado!”. Y el Padre Pío: “Hijo mío, también él es un alma a la que salvar”».

Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 22 al 28.


posted by Unknown on

No comments


22.  Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede decir: "El Padre Pío es mío". Amo mucho a todos mis hermanos de este destierro. Amo a mis hijos espirituales igual que a mi alma y más todavía. Los he reengendrado para Jesús en el dolor y en el amor. Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales; más todavía, prometo decir al Señor, cuando me llame: "Señor, yo me quedo a la puerta del paraíso. Entraré cuando haya visto entrar al último de mis hijos".
Sufro mucho al no poder ganar a todos mis hermanos para Dios. En ocasiones, estoy a punto de morir de infarto de corazón al ver a tantas almas que sufren y no poder aliviarlas y a tantos hermanos aliados con Satanás. (AP).

23.  La vida no es otra cosa que una continua reacción contra uno mismo; y no se abre a la belleza, si no es a precio de sufrimiento. Manteneos siempre en compañía de Jesús en Getsemaní y él sabrá confortaros cuando os lleguen las horas de angustia (ASN, 15).

24.  Hay algo que no puedo soportar de ningún modo y es esto: Si tengo que hacer yo un reproche, estoy siempre dispuesto a hacerlo. Pero ver que otro lo hace, no lo puedo sufrir. Por eso, ver a otro humillado o mortificado me resulta insoportable (T, 120).

25.  Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve justos.
Son en verdad reconfortantes estas palabras del Redentor para tantas almas que tuvieron la desgracia de pecar y que quieren convertirse y volver a Jesús (Epist.III, p.1082).

26.  Las desgracias de la humanidad: éstos son los pensamientos para todos (T, 95).

27.  No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún. Desprécialas y no te obsesiones con ellas (Epist.III, p.503).

28.  Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo".
Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora (FSP, 119).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)

Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde