Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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ROSARIO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS


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Grupos de Oración de San Pio de Pietrelcina
Adheridos al Centro Internacional de san Giovanni Rotondo

ORACION de INICIO

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña, de continuo, tu adorabilísimo Corazón, te pido humildemente, la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo. Para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven. Mira que soy muy pobre ¡oh dulcísimo Jesús! y necesito de vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar, mira que soy muy rudo ¡oh Soberano maestro!, y necesito de tus divinas enseñanzas para luz y guía de mi ignorancia. Mira que soy muy débil, ¡oh Poderoso amparo de los débiles ! y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en vos para no desfallecer. Sé todo para mí, Sagrado Corazón: Socorro de mis miserias, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. Tú me alentaste y convidaste cuando con tan tiernos acentos dijiste, repetidas veces en tu Evangelio: “Venid a Mí, aprended de Mí, pedid, llamad…” a las puertas de tu corazón vengo hoy, y llamo, pido y espero. Del mío te hago ¡oh Señor! Firme, formal y decidida entrega: tomalo vos, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer feliz en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén

+Señal de la cruz

Todos juntos rezamos el PESAME.

PRIMER MISTERIO:

Une tu corazón al corazón de Jesús y sé siempre sencilla de corazón, como lo quiere él. Esfuérzate por imitar la sencillez de Jesús, teniendo alejado el corazón de las prudencias terrenales, de los artificios carnales. Procura tener una mente siempre pura en sus pensamientos, siempre recta en sus ideas y siempre santa en sus intenciones; y también una voluntad que no busque otra cosa más que a Dios, su complacencia, su gloria y su honor.
Reflejémonos, querida mía, en Jesús, que lleva una vida escondida. Toda su infinita majestad está escondida entre las sombras y el silencio de aquel modesto taller de Nazaret. Por tanto, esforcémonos también nosotros por llevar una vida profundamente interior, escondida en Dios.
 (14 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 126)

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

Sagrado Corazòn de Jesùs en Vos confìo
Inmaculado corazón de Marìa sè la salvación del alma mìa
Santo Padre Pio                   ruega por nosotros

                                                             
SEGUNDO MISTERIO:

Las almas más afligidas son las predilectas del divino Corazón; y tú ten la certeza de que Jesús eligió tu alma para ser la benjamina de su Corazón adorable.
En este Corazón tú debes esconderte; en este Corazón tú debes desahogar tus deseos; en este Corazón debes vivir también los días que la providencia te conceda; en este Corazón debes morir, cuando el Señor así lo quiera. En este Corazón yo te he vuelto a poner; en este Corazón, pues, tú debes vivir, ser y moverte.
(31 de mayo de 1918, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 961)


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

Sagrado Corazòn de Jesùs en Vos confìo
Inmaculado corazón de Marìa sè la salvación del alma mìa
Santo Padre Pio                   ruega por nosotros



TERCER MISTERIO:

Ahora comprenderás, mi buena hija, por qué el alma que ha elegido el amor divino no se puede quedar egoístamente en el Corazón de Jesús, sino que se siente abrasada también por la caridad hacia los hermanos, que con frecuencia hace que el alma se derrita de amor.
Pero ¿cómo puede suceder todo esto? Hija, no es difícil entenderlo, ya que el alma, al no vivir ya de su propia vida y vivir de Jesús, que vive en ella, debe sentir, querer y vivir de los mismos sentimientos, deseos y vida que él vive en ella. Y tú sabes, mi queridísima hija, sabes, digo, aunque lo has aprendido tarde, de qué sentimientos y de qué deseos, hacia Dios y hacia la humanidad, estaba y está animado el Corazón de este divino Maestro.
Que se derrita también tu alma de amor a Dios y a los hermanos que nada quieren saber de él, porque aquí está el sumo gozo de Dios. Vive tranquila y que tu sufrimiento lo vivas en paz.
 (31 de mayo de 1918, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 961)

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

Sagrado Corazòn de Jesùs en Vos confìo
Inmaculado corazón de Marìa sè la salvación del alma mìa
Santo Padre Pio                   ruega por nosotros


CUARTO MISTERIO:

Mantén el buen ánimo; abandónate en el corazón divino de Jesús; y todas tus preocupaciones déjaselas a él. Colócate siempre en el último lugar del grupo de los que aman al Señor, teniendo a todos por mejores que tú. Sé verdaderamente humilde con los demás, porque Dios resiste a los soberbios y da la gracia a los humildes. Cuanto más crezcan las gracias y los favores de Jesús en tu alma, más debes humillarte, imitando siempre la humildad de nuestra Madre del cielo, la cual, en el instante en que llega a ser Madre de Dios, se declara sierva y esclava del mismísimo Dios. En las cosas prósperas y adversas que te sucedan, humíllate siempre bajo la mano poderosa de Dios, aceptando con humildad y paciencia, no sólo aquellas cosas que son de tu agrado, sino también, y con humildad y paciencia, todas las tribulaciones que él te mande para hacerte cada vez más grata a él y más digna de la patria celestial.
Ser tentada es signo evidente de que el alma es muy grata al Señor. Acepta, pues, todo en actitud de agradecimiento. No creas que esto es sólo una opinión mía, no; el mismo Señor empeñó su palabra divina: «Y porque tú eres grato a Dios - dice el ángel a Tobías (y en la persona de Tobías a todas las almas gratas a Dios) - fue necesario que te probara la tentación».
Anímate, pues, hija queridísima de Jesús; y alégrate también, incluso en medio de las tentaciones y tribulaciones, sabiendo bien que todo esto es un regalo singularísimo que la bondad del Padre del cielo hace a tu alma; y en todo sé agradecida siempre a tan buen Padre, por medio de su queridísimo Hijo Jesucristo.
(29 de enero de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 48)


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

Sagrado Corazòn de Jesùs en Vos confìo
Inmaculado corazón de Marìa sè la salvación del alma mìa
Santo Padre Pio                   ruega por nosotros



QUINTO MISTERIO:

Escuche, padre mío, los justos lamentos de nuestro dulcísimo Jesús: «¡Con cuánta ingratitud es pagado mi amor por los hombres! Sería menos ofendido por ellos si los hubiera amado menos. Mi Padre no quiere soportarlos más. Yo quisiera dejar de amarlos pero… (y aquí Jesús guarda silencio y suspira; y después continúa) pero, ¡ay de mí!, ¡mi corazón está hecho para amar! Los hombres ruines y perezosos no hacen ningún esfuerzo por vencer las tentaciones; o, lo que es más grave, se deleitan en sus iniquidades. Las almas más predilectas para mí, puestas en la prueba, me fallan; los débiles se dejan llevar por el desánimo y la desesperación; los fuertes se van relajando poco a poco.
Me dejan en las iglesias solo de noche, solo de día. Ya no se preocupan del sacramento del altar; no se habla nunca de este sacramento de amor; e incluso aquellos que hablan de esto, ¡ay de mí!, con qué indiferencia, con qué frialdad lo hacen.
Mi corazón es olvidado; nadie se preocupa ya de mi amor; yo estoy siempre afligido. Mi casa se ha convertido para muchos en un lugar de diversión; también para mis ministros, que yo siempre he mirado con predilección, que he amado como a  la pupila de mis ojos; ellos deberían confortar mi corazón lleno de amarguras; ellos deberían ayudarme en la redención de las almas. En cambio, ¿quién lo creería?, de ellos debo recibir ingratitudes y olvidos. Veo, hijo mío, a muchos de éstos que… (aquí se calló, los sollozos le cortaron la voz, lloró en secreto) que, bajo hipócritas apariencias, me traicionan con comuniones sacrílegas, despreciando las luces y las fuerzas que continuamente les regalo…».
Jesús continuó todavía lamentándose. Padre mío, ¡cómo me hace sufrir ver llorar a Jesús! ¿Lo ha experimentado también usted?
«Hijo mío - continuó Jesús -, tengo necesidad de víctimas para calmar la ira justa y divina de mi Padre; renuévame la ofrenda de todo tu ser, y hazlo sin reservarte nada».
El sacrificio de mi vida, padre mío, se lo he renovado; y, si siento en mí algún sentimiento de tristeza, éste tiene lugar al contemplar al Dios de los dolores.
Si le es posible, trate de encontrar almas que se ofrezcan al Señor en calidad de víctimas por los pecadores. Jesús le ayudará.
(12 de marzo de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 341)

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

Sagrado Corazòn de Jesùs en Vos confìo
Inmaculado corazón de Marìa sè la salvación del alma mìa
Santo Padre Pio                   ruega por nosotros


ORAMOS POR LA INTENCIÓN DEL PAPA FRANCISCO PARA ESTE MES:


Salve,  3 Avemarías y  Gloria


ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL por el Padre Gustavo Seivane, asistente espiritual nacional de los Grupos de Oraciòn del santo Padre Pio en Argentina.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

(Acto de confianza)
¡Oh Corazón de Jesús!, Dios y hombre verdadero, delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Vos confían; Vos nos decís amablemente: “Venid a mí”; y nos repetís las palabras que dijiste al paralítico: “Confía, hijo mío; tus pecados te son perdonados”, y a la mujer enferma: “Confía, hija; tu fe te ha salvado”, y a los Apóstoles: “Confiad, yo soy, no temáis”…
Animado con estas tus palabras, acudo a Vos con el corazón lleno de confianza, para decirte sinceramente y de lo más íntimo de mi alma: Corazón de Jesús, en Vos confío.

(A cada invocación decimos “CORAZÓN DE JESÚS EN VOS CONFÍO”)

En mis alegrías y tristezas,
En mis negocios y empresas,
En mis prosperidades y adversidades,
En las necesidades de mi familia,
En las tentaciones del demonio,
En las instigaciones de mis propias pasiones,
En las persecuciones de mis enemigos,
En las murmuraciones y calumnias,
En mis enfermedades y dolores,
En mis defectos y pecados,
En la santificación y salvación de mi alma,
Siempre y en toda ocasión,
En vida y muerte,
En tiempo y eternidad,

Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en Tu bondad; y, por el Corazón de Tu Madre, Te pido que no desfallezca nunca mi confianza en Vos, a pesar de todas las contrariedades y de todas las pruebas que Vos quieras  enviarme, para que, habiendo sido mi consuelo en vida, seas mi refugio en la hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad.

Amén.

Carta a las hermanas Campanile


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Ahora comprenderás, mi buena hija, por qué el alma que ha elegido el amor divino no se puede quedar egoístamente en el Corazón de Jesús, sino que se siente abrasada también por la caridad hacia los hermanos, que con frecuencia hace que el alma se derrita de amor.
Pero ¿cómo puede suceder todo esto? Hija, no es difícil entenderlo, ya que el alma, al no vivir ya de su propia vida y vivir de Jesús, que vive en ella, debe sentir, querer y vivir de los mismos sentimientos, deseos y vida que él vive en ella. Y tú sabes, mi queridísima hija, sabes, digo, aunque lo has aprendido tarde, de qué sentimientos y de qué deseos, hacia Dios y hacia la humanidad, estaba y está animado el Corazón de este divino Maestro.
Que se derrita también tu alma de amor a Dios y a los hermanos que nada quieren saber de él, porque aquí está el sumo gozo de Dios. Vive tranquila y que tu sufrimiento lo vivas en paz.
 (31 de mayo de 1918, Ep. III, p. 961)

Rosario de la Paciencia


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Señal de la cruz

Señor: en este día tan especial, vamos a orar juntos meditando las enseñanzas del Santo Padre Pío, quien es un modelo para nosotros, ya que ha sido un hombre de valor: que siguió Tus enseñanzas, supo enfrentar la adversidad con amor, que fue humilde, que tuvo caridad y que nunca se envaneció con los dones que poseía.  Que nos enseñó a honrarte y a amar a María Tu Santa Madre. Que nos enseñó a orar por quienes amamos, por quienes no conocemos y por todos los que lo necesitan.
En Tu presencia y en Tus manos dejamos nuestra vida, nuestras alegrías, nuestros proyectos, nuestra esperanza, nuestros sufrimientos y nuestra amada tierra. Acompáñanos Señor en nuestras súplicas. Amén.

Pèsame (Todos juntos)

Primer Misterio: 

La virtud de la paciencia es la que nos asegura, más que ninguna otra, la perfección; y, si conviene practicarla con los demás, hay que tenerla no menos con uno mismo. El que aspira al puro amor de Dios, no necesita tanto tener paciencia con los demás cuanto tenerla consigo mismo. Para conquistar la perfección, se necesita tolerar las propias imperfecciones. Digo tolerarlas con paciencia y no ya amarlas. Con este sufrimiento crece la humildad. Para caminar siempre bien, es necesario, mi queridísimo hijo, aplicarse con diligencia a recorrer bien aquel trozo de camino que está más cerca y que es posible recorrer, hacer bien la primera jornada, y no perder el tiempo deseando hacer la última cuando todavía no se ha hecho la primera.
Muchísimas veces nos detenemos tanto en el deseo de ser ángeles del paraíso, que descuidamos ser buenos cristianos. Con esto no quiero decir o significar que no sea oportuno para el alma poner muy alto su deseo, pero sí que no se puede desear o pretender alcanzarlo en un día, porque esta pretensión y este deseo nos fatigarían demasiado y para nada. Nuestras imperfecciones, hijito mío, nos han de acompañar hasta la tumba. Es cierto que nosotros no podemos caminar sin tocar tierra; pero es verdad también que, si no nos tenemos que tumbar o mirar a otro lado, tampoco hay que pensar en volar, porque en las vías del espíritu somos como pequeños pollitos, a quienes todavía no les han salido las alas.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

Segundo Misterio: 

Nuestra vida terrena se va muriendo poco a poco en nosotros; de igual modo es necesario hacer morir en nosotros nuestras imperfecciones. Imperfecciones, es cierto, que para las almas piadosas que las sufren, pueden ser también fuentes de mérito y motivos poderosos para adquirir virtudes; porque, a través de esas imperfecciones, conseguimos conocer cada vez mejor el abismo de miseria que somos; y ellas nos impulsan a ejercitarnos en la humildad, en el desprecio de nosotros mismos, en la paciencia y en el esfuerzo.
Hijo mío, yo no sé qué impresión producirá en tu alma esta pobre carta, pero todo lo he escrito al pie del crucifijo. He sentido muy fuerte en mi corazón el impulso a escribirte lo que te he escrito, porque he juzgado que una gran parte de tu mal pasado ha estado motivado por haber hecho grandes proyectos y, viendo después que los resultados eran pequeñísimos y que las fuerzas eran insuficientes para poner en práctica aquellos deseos, aquellos planes y aquellas ideas, fuiste atormentado por angustias e impaciencias, inquietudes y turbaciones de la mente y del corazón. De aquí nacieron en tu corazón todas aquellas desconfianzas, languideces, ruindades y faltas. Y si todo esto es verdad, como por desgracia lo es en realidad, sé más prudente de aquí en adelante, camina pisando tierra, porque el alto mar te produce vértigos y te provoca mareos.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros


Tercer Misterio:
El gozo es un vástago de la caridad; pero, para que este gozo sea perfecto y verdadero, se requiere que tenga como su compañera invisible a la paz, que se da en nosotros cuando el bien que poseemos es el bien sumo y se-guro. Ahora bien, ¿no es acaso Dios el sumo bien que el alma ama y amándolo lo posee?
Es necesario, pues, que este bien, además de ser sumo, sea también seguro. Pues bien, el divino Maestro nos asegura que «Vuestro gozo nadie os lo podrá quitar». ¿Qué testimonio más seguro que éste? El alma, al pensar en esto, no puede no sentirse enteramente alegre. He aquí lo que hace afrontar con ánimo jubiloso las más amargas contradicciones.
Sin embargo, hay que señalar que, así como el alma mientras esté en estado de peregrino no podrá alcanzar nunca la caridad perfecta, de igual modo su paz no podrá nunca ser perfecta. Las contradicciones, las tribulaciones son tantas, los contrastes con los que la pobre alma es maltratada son tan numerosos, como para hacerla agonizar en ciertos momentos de la vida, hasta tal punto de resultarle insoportable la vida misma; y esto na-ce del verse en peligro de poder arruinarse.
 Ahora bien, para resistir a tan duras pruebas, le es necesaria la paciencia, virtud que nos hace soportar, sin ceder, las adversidades. Busque el alma que hace profesión de perfección tener muy en cuenta esta virtud, si es que le preocupa no trabajar inútilmente, ya que es por esta virtud por la que permanecerá interiormente ordenada.
(23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 197)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

 Cuarto Misterio:

La caridad, el gozo y la paz son virtudes que vuelven al alma perfecta en torno a lo que posee; la paciencia, en cambio, la vuelve perfecta en torno a lo que soporta.
Lo dicho hasta aquí es lo que es necesario para la perfección interior del alma. Para la perfección exterior del alma son necesarias las virtudes, algunas de las cuales se refieren al modo cómo el alma que tiende a la perfección debe comportarse con el prójimo; otras, en cambio, se refieren al régimen de los propios sentidos.
Entre las virtudes que el alma necesita en relación al prójimo, encontramos, en primer lugar, la benignidad, con la que el alma devota, con sus comportamientos agradables, corteses, cívicos, ajenos a toda grosería, cautiva a aquéllos con quienes trata y atrae a imitar su vida devota.
Pero todo esto es aún muy poca cosa. Conviene bajar a los hechos: y he aquí que nos viene inmediatamente la benignidad, virtud que empuja al alma a servir de utilidad para los demás. Y aquí es bueno señalar dos cosas bastante importantes para el alma que tiende a la perfección. Una de ellas es ver que el prójimo no saca provecho del bien que se le hace; la otra es, no sólo que el prójimo no siempre saca provecho del bien que se le hace, sino, lo que es peor, ver que a veces corresponde con ofensas y con ultrajes. Al alma no bien instruida le sucede con frecuencia que cae en el engaño. Dios nos libre de ser víctimas de semejantes emboscadas, tendidas por el enemigo para arruinarnos y correr sin premio.
Es necesario, por tanto, que, contra la primera emboscada, nos armemos con la hermosa virtud de la magnanimidad, que es una virtud que no permite que el alma retroceda nunca al procurar el bien ajeno, incluso cuan-do ve que ningún provecho saca el prójimo. Contra la segunda, es necesario armarse de mansedumbre, que lleva a reprimir la ira, incluso cuando se ve correspondida con ingratitud, con ultrajes y con ofensas.
Pero todas estas hermosas virtudes todavía no bastan si no se les une la virtud de la fidelidad, mediante la cual el alma devota adquiere prestigio y cada uno se asegura de que en su obrar no hay doblez.
(23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 197)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitamos de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

Quinto Misterio:

Hay algunas enfermedades físicas, cuya curación depende de un acertado modo de vivir. El amor propio, la estima de sí mismo, la falsa libertad de espíritu, son raíces que no se pueden erradicar fácilmente del corazón humano. Solamente se puede impedir la producción de sus frutos, que son los pecados; porque sus primeros retoños y sus ramas, esto es, sus prime-ras sacudidas y sus primeros movimientos, de hecho no se pueden impedir mientras se está en esta vida mortal, aunque sí se puede moderar y disminuir su calidad y su fuerza mediante la práctica de las virtudes contrarias, particularmente del amor de Dios.
Es necesario, pues, tener paciencia al cortar los malos hábitos, domar las antipatías y superar las propias inclinaciones y cambios de humor; porque, mi buena hijita, esta vida es una lucha continua y no hay quien pueda decir: «Yo no he sido tentado». La quietud está reservada para el cielo, don-de nos espera la palma de la victoria. Aquí, en la tierra, hay que combatir siempre entre la esperanza y el temor; pero con el propósito de que la esperanza sea siempre más fuerte, y teniendo presente la omnipotencia de aquel que nos auxilia. No te canses, pues, de trabajar, con constancia, con confianza y con resignación, por tu conversión y perfección.
(11 de junio de 1918, a Erminia Gargani – Ep. III, p. 735)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros


Acompañamos la intención del Papa Francisco para este mes rezando:

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oración a san Miguel Arcángel por nuestra Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, el Sumo Pontífice, por los sacerdotes y las vocaciones. Pedimos  también por todas las intenciones recibidas en los Grupos de Oración del Santo Padre Pio en todo el mundo.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."  

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Paz y bien

Reflexión Pascual del Padre Gustavo Seivane (asesor nacional Grupos de oración del Padre Pio - Argentina)


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Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Paz a sus almas. Los asista el Espíritu Santo con renovadas fuerzas. El poder de Dios suscite ardor de fe en todos ustedes, al celebrarse una vez más la Santa Pascua.
No sabemos cómo celebraba la Pascua el Padre Pío. Al menos, no tenemos detalles, ni conocemos lo que le acontecía en el fuero íntimo de su corazón. Eso ha quedado resguardado en el secreto de Dios.

Pero podemos presuponer que, para el estigmatizado del Gargano, hubo de ser una ocasión magna para penetrar en los Misterios de la Salvación. Un tiempo sublime para adentrarse con la agudeza de la fe y el fuego de la caridad, en la Pasión, Muerte, y Resurrección del divino Jesucristo, Señor Nuestro.

El Padre Pío, que consideraba cuánto debía trabajar para alcanzar la corona de gloria, solía decir que antes de hablar de flores y gemas, que son los méritos y virtudes que adornan esa corona, aún él no había logrado construir el armazón de dicha corona.
Veamos en esta humildad de nuestro Santo, la mejor substancia para transitar el camino a la Pascua. La Pascua litúrgica, y la última y definitiva Pascua de nuestras vidas.
“Con los ojos fijos en Jesús”, diría el Apóstol.

La humildad en San Pío echaba raíces en la Cruz de Jesús. Su asirse a la Cruz, tanto lo fortalecía, como le traía los perfumes del Cielo. Porque la Cruz de Cristo es siempre Cruz Pascual. Cruz animadora de liberación, cara de una moneda que no puede separarse de su reverso: la Resurrección.

¿Miraría sus estigmas, cada Viernes Santo, confundido por tan grande don?  ¿Llamaría a la Virgen para ser animado a una entrega mayor de sí mismo? ¿Hablaría con su ángel acerca de los más nimios detalles de la agonía en el Huerto, el Juicio, la dulzura de la Verónica, los clavos, o la flagelación? ¿Su alma mística habrá recibido la visita del mismo Señor para ser anoticiado sobre la luz que bañó el Cenáculo cuando se apareció Resucitado a los apóstoles?

Dios fue correspondiéndole más y más a San Pío. Y fue a la medida de su entrega. “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará lo que cree tener”, dice el Señor.
¡Pero cuánta humildad se necesita para entregarse sin reservas! Sin guardarse esto o aquello. Este afecto, esta cosilla, este gusto, este tiempo.

Anonadarse. Saberse y hacerse nada, para que Dios sea todo.

Humildad. Abajarse. Despojarse de los deseos de hacernos a nosotros mismos. De construirnos al margen de Dios.

Creo que vivir en presencia de Dios favorece la humildad.

Así, leemos que Dios le dijo a Abraham: “Camina en mi presencia y sé irreprochable”. San Bernardo enseñaba: “Nunca se olvida Dios de nosotros, razón será que nosotros procuremos no olvidarnos nunca de él”.
El humilde pareciera que no se sale de la Presencia de Dios, y abreva en la meditación en la Pasión de Cristo cuando ora. Es de allí de donde saca toda su sabiduría y verdadera paz.

El Padre Pío consideraba su indignidad y miseria, inadvertido de sus virtudes. No las veía. Más bien se lanzaba a amar a Dios con mayor fuerza, ya que había puesto sus ojos en él, en él que se consideraba deforme, y que en carta a una hija espiritual llegó a escribir: “¡He sido en esto peor que Lucifer! Sé que nadie en este mundo es inmaculado ante el Señor, pero mi inmundicia, hermana mía, no hay quien se le asemeje”.

De la auténtica humildad surgen flores y frutos. Suavidades y fuerzas santas. Agudezas para comprender los misterios de la Salvación, y fuegos para amar hasta el martirio.
Siendo fiel en lo poco es como se llega a ser fiel en lo mucho...
El Padre Pío vendrá en nuestra ayuda para esta Pascua. Somos sus devotos. Y estamos unidos, porque la comunión de los santos es la Iglesia, y como Iglesia, todos, aunque en grado y modo diferente, participamos en el mismo amor de Dios. Los que están en el Cielo viven más íntimamente unidos con Cristo y no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad. Y San Pío nos conoce en Cristo.

Santa Teresita decía: ”Pasaré mi Cielo haciendo el bien en la tierra”.
El Padre Pío podría haber pensado o dicho: “Seguiré guiando las almas, las seguiré conduciendo a la Gloria, a la perfección, a la Salvación, como un padre, como lo que soy: sacerdote para siempre”.
La Cruz de Cristo era su contemplación continua, el Crucificado era su amigo y confidente. Su oración lo silenciaba ante la cátedra del Gólgota, o lo movía por aquella vía dolorosa, que será siempre también la vía del amor más sublime, del más perfecto amor, del amor más grande, el amor del Dios vivo y verdadero, que hecho hombre  se entregó por los hombres hasta el extremo.

Los bendigo con amor.
Sea la paz en sus almas.

¡Feliz Pascua!


                     Padre Gustavo Seivane
       Siervo inútil del Señor. Indigno devoto de San Pío
           Domingo de Ramos del año del Señor 2017

REZAMOS EL VIA CRUCIS


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                                          Introducción 


El Vía Crucis o camino de la cruz revive los últimos momentos de la vida de Jesús y nos introduce en el misterio de la salvación.
Se trata de seguir a Jesús, caminar tras sus huellas, acompañarlo en su camino, que, como él dice, es un camino de cruz (Mc. 8,34).
El camino de la cruz es nuestro propio camino para seguir con fidelidad la voluntad de Dios. Por eso va más allá de unas reflexiones piadosas: es una invitación a la oración personal y comunitaria en todo momento del año.
Desde la cruz de Jesús, presente hoy en nuestro país y en tantos otros lugares de este mundo sediento de justicia, afirmamos nuestra fe en la resurrección y la vida. Anunciamos con alegría y esperanza la presencia liberadora de Jesús entre nosotros. Encarnamos en el mundo el reino de Dios, el ansiado cielo y tierra nuevos, donde reine la justicia, la paz y el amor verdadero.


i estación:
“JESÚS ES CONDENADO A MUERTE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»"
Palabra de Dios (Lc. 23, 1-2)

La Presencia de Jesús se hace ya insoportable para los poderosos de su época.
Sus constantes llamados a la conversión, su amor a los pobres, su denuncia de una religión que había perdido el rumbo, su identificación con el pueblo sencillo lo hacen un personaje peligroso. Ante Pilato argumentan que la seguridad del imperio está amenazada. Pilato cede ante las presiones. Se desinteresa del problema y entrega a Jesús para morir. Ante la injusticia se lava las manos. Jesús observa todo con serenidad y confianza en Dios, su Padre. Desde el silencio de su corazón reza: Señor, aquí estoy que se haga tu voluntad.
La figura de Jesús, pobre e indefenso ante el tribunal que lo condena, se hace presente en estos días en las vida de tantos hermanos, víctimas de la injusticia y la falta de fraternidad, sin vivienda ni salarios dignos, muchas veces despojados de sus derechos. Son los condenados a muerte de nuestro mundo de hoy. Los mismos que Jesús amó hasta la muerte de cruz.

Para aplicar a la vida:
¿Estoy dispuesto a dar la vida por amor a los demás?
¿Qué puedo hacer para evitar que mis hermanos sean condenados a vivir sin dignidad?
Ante la injusticia, ¿nuestra actitud es la de Pilato o nos jugamos por la verdad?
Padre bueno,danos fuerza para seguir a tu hijo
por el camino de la cruz.
Danos fidelidad y valentía para vivir por la verdad.

Canto

II estación:
“JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota."
Palabra de Dios (Jn. 19, 17)

El camino a la vida pasa por la cruz. Una de las condiciones del seguimiento de Jesús es la aceptación de la cruz que representa ser su discípulo. Cargar con la cruz no con resignación y fatalismo, sino con la alegría del que se da hasta el extremo. Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Jesús nos enseña una nueva manera de vivir. Ser libres es hacerse servidor de todos por amor.
La cruz representa también un instrumento de condenación y muerte. Era un castigo terrible reservado solo para pocos. El condenado era azotado y debía cargar los maderos recorriendo la ciudad. La agonía era lenta y la muerte humillante.
San Francisco de Asís se identificó con la cruz de Jesús, a tal punto que al final de su vida el Señor le concede llevar en su cuerpo las cinco llagas... tal fue su identificación con la Cruz.

Para aplicar a la vida:
Actualmente nuestro pueblo soporta distintas cruces como consecuencia de la injusticia y al violencia. ¿Las reconozco? ¿Cuáles son? ¿Cuál es nuestro mensaje y compromiso ante ellas?.
Desde la cruz, símbolo de la muerte, Dios hará renacer la esperanza de la vida nueva. ¿Cuál es el sentido de la cruz en mi vida?

Padre bueno, enséñanos a servir con toda nuestra persona.
Ayúdanos a ser generosos en la entrega, a dar siempre un poco más.
Muéstranos cómo aceptar los desafíos y riesgos de seguir a Jesús.

Canto

III estación:
“JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará."
Palabra de Dios (Mt. 16, 24-25)

Señor Jesús, sientes sobre tus espaldas el inmenso peso de los maderos y caes. Pero vuelves a levantarte, porque sabes que tu dolor es redención y salvación para todos aquellos que en ti creen. Queremos aprender de tu ejemplo, queremos unirnos a este amor que te llevó a sufrir tanto por el pobre y el pecador.
Señor Jesús, que tu sufrimiento nos anime y nos llene de esperanza, que sepamos ser verdaderos samaritanos, especialmente con nuestros hermanos que están sufriendo y se han cansado de cargar ese peso que ya no aguantan más. Danos la gracia de ser solidarios, como hermanos e hijos de un mismo Padre. Que tu Espíritu nos guíe en este camino de servicio y entrega y nos dé la luz necesaria para ver con claridad lo que tú quieres que hagamos.

Para aplicar a la vida:
¿Somos fieles en las dificultades que hallamos en el camino o abandonamos nuestra misón al menos tropiezo?
¿Vivimos para nosotros mismos, procurando salvar nuestra vid, o demostramos con gestos y actitudes que vivimos para los demás?

Padre bueno,necesitamos aprender perseverancia.
Que seamos constantes en nuestros compromisos, que sepamos reponernos a nuestras caídas,
que sepamos desandar el camino errado para avanzar, paso a paso, en el camino hacia el Reino.

Canto

IV estación:
JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán los pensamientos íntimos de muchos”.
Palabra de Dios (Lc. 2,33-36)

Jesús ha sido condenado injustamente. Sus amigos lo han abandonado. Al parecer está solo con su cruz y solo camino hacia su muerte.
Pero él sabe que no está solo. Sabe que está haciendo la voluntad de su Padre y su Padre está con él. Sabe además que su MADRE ESTÁ CON ÉL. Aunque ella, no pueda hacer nada para liberarlo de esa cruz. Con el corazón partido y atravesado por una espada, camina a su lado. Con su fragilidad lo sostiene y lo anima. Una vez más, aunque no entiende todo, responde a Dios: "He aquí la esclava del Señor. Que se haga en mí según tu Palabra"
Esa madre camina también junto a nosotros. Si lo sabremos los que tantas veces venimos aquí, a Pompeya, a sus pies. Cuantas veces hemos venido a pedirle su ayuda y, aunque creamos que no nos resuelve los problemas, el sufrimiento no desaparece, ni la enfermedad, ni la cruz;…sentimos que esta bendita Madre está junto a nosotros, animándonos, sosteniéndonos, compartiendo nuestras cruces y ayudándonos a llevarla como seguidores de Jesús.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Ruega por nosotros Santa Madre de Dios”

Para que en las horas de angustia, de tristeza y de dolor, te sintamos, Madre, siempre a nuestro lado, oremos…
Para que en los momentos de enfermedad, sintamos tu amor de Madre que nos cuida y nos conforta, oremos…
Por tantas madres que sufren por sus hijos, por las madres de los hijos que mueren por la locura de las guerras y la violencia, oremos…
Por las madres cuyos hijos mueren de hambre o de enfermedad, a causa del abandono, la miseria, y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes y de una deficiente política sanitaria, oremos…
Por las madres de los hijos que mueren a mano de delincuentes o abatidos como delincuentes, oremos…
Por las madres con hijos presos y desaparecidos, oremos…
Por las madres abandonadas por sus hijos, oremos…
Por los hijos que están o se sienten solos, que no tienen una madre que los acompaña, los guíe o los consuele, oremos…

Canto

V estación:
“SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”.
Palabra de Dios (Lc. 23,26)

Al regresar de su trabajo, Simón de Cirene es obligado a ayudar a Jesús. No es su voluntad pero poco importa. Lo importante es que alivia a Jesús, se compromete con él. Lo libera del peso de la cruz y comparte con él su dolor.
La civilización del amor exige personas comprometidas con el sufrimiento y el dolor de los demás. Solidarias con los que sufren y los marginados. Un mundo nuevo exige cristianos que caminen juntos al pueblo compartiendo su destino. Trabajando por la promoción del hombre, haciendo más livianas las cruces de nuestros hermanos. Seguir a Jesús es vivir la solidaridad como expresión concreta y actual del mandamiento del amor.
El desafío es descubrir a Jesús que pasa a nuestro lado. Necesitado de ayuda. Vivo en las angustias del trabajador, del despedido, de la madre sola, del anciano, y en tantos más, marginados por nuestra actitud indiferente. Como Simón estamos llamados a colaborar con el que sufre... a diferencia de él, la decisión es nuestra, libre, personal. En ella se juega el aceptar al reino.

Y ahora recemos, que es también un modo de ayudarnos, respondiendo a cada súplica: “Te lo pedimos por Jesús”

Para que nunca pasemos de largo ante el hermano caído y necesitado, oremos…
Para que tengamos compasión y misericordia, compartiendo el dolor de los que más sufren, oremos…
Para que cotidianamente ayudemos, a quién esté necesitado, oremos…
Para que favorezcamos todo lo que sea solidaridad, especialmente la solidaridad popular, de base, de los humildes, oremos…
Para que apoyemos las iniciativas solidarias de nuestra parroquia y la solidaridad en campañas y organizaciones barriales y eduquemos a nuestros niños y jóvenes en la solidaridad, oremos…
Para que favorezcamos y exijamos la solidaridad grande, entre los pueblos, entre razas: solidaridad para la paz, para la justicia, contra el hambre, contra enfermedades endémicas, donación de órganos, oremos…

Canto

VI estación:
“LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así como muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban."
Palabra de Dios (Is. 52, 14; 53, 3-42)

Una piadosa mujer se te acerca a vos Señor y seca tu rostro. Cuantos hermanos sufriendo vemos en nuestro andar de todos los días…
Que sepamos descubrirte en el rostro del padre de familia que no tiene trabajo, en el anciano olvidado por su familia en los geriátricos, en el niño abandonado que tiene que andar por las calles buscando que comer, corriendo serios riesgos; en el enfermo que agoniza, y nadie se ocupa de él, en nuestros hermanos que no tienen hogares y duermen en las calles…
Señor Jesús, no permitas que rechacemos o despreciemos a los pobres, a los oprimidos, a los más pequeños, porque son tus privilegiados, aquellos que se identifican contigo.

Para aplicar a la vida:
Compasión es conmoverse, sentir con el otro su sufrimiento y experimentarlo como propio: ¿somos indiferentes al dolor de los demás?
Jesús está allí, en el hambriento, en el desnudo, en el abandonado, en el enfermo. ¿Qué hago por ellos?
La madre Teresa nos ha mostrado la posibilidad de vivir la compasión y el amor en nuestros días. ¿Qué puedes hacer, en tu ambiente, para vivir como ella?

Padre bueno, condúcenos al encuentro de los marginados de hoy.
Ayúdanos a compartir. Une nuestras manos para construir la justicia.

Canto

VII estación:
“JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"... eran nuestras faltas por las que era destruido nuestro pecado, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados".
Palabra de Dios (Is. 53, 5)

El camino se hace largo y pesado, las fuerzas escasean y Jesús cae por tierra nuevamente. El amor es inmenso y todo lo soporta. De pie, tambaleante, sigue el camino que nos traerá la paz. Nada se consigue sin esfuerzos y el camino del cristiano no está libre de sacrificios. Jesús nos muestra que el amor al Padre es mayor que cualquier sufrimiento. Jesús en las dificultades no abandona el camino, recurre al Padre y se abandona en él. ¿Cómo actuamos nosotros?
El camino hacia el Padre encierra una apertura creciente a la voluntad de Dios y una liberación progresiva de todo lo que me impide ponerla en práctica.
A veces sentimos la tentación de bajar los brazos y no continuar adelante. Jesús nos enseña que Dios no nos abandona, siempre nos acompaña, aun en los momentos más penosos de la vida.

Para aplicar a la vida:
¿Cómo enfrentamos nuestras caídas? ¿Sabemos reconocer nuestros errores?
¿Buscamos ayuda en Dios para superar las dificultades de la vida?

Padre bueno, a veces caemos y no sabemos levantarnos.
Haznos humildes y sencillos para recomenzar el camino las veces que haga falta.

Canto

VIII estación:
“JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: “¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos”.
Palabra de Dios (Lc. 23,27-29)

Nadie como las mujeres, han comprendido la propuesta de Jesús de transformar el mundo por la  fuerza del amor y no por la violencia.
Las mujeres nos enseñan a amar y cuidar la vida, a protegerla, a defenderla, a educar para la vida y no para la muerte, para la paz y no para la guerra. Por eso nadie como Jesús supo valorar y respetar a la mujer, a toda mujer.
Ojalá también hoy nosotros lo hagamos. El mundo se salvaría realmente si no lo manejaran solamente los varones. Las Guerras, la violencia, el hambre, las injusticias irían desapareciendo, si las mujeres tuvieran más cabida en el quehacer humano, en todo lo que hace a la vida y organizaciones humanas, en la salud, la educación, la cultura, la política y la economía.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Te lo pedimos por María, bendita entre las mujeres”.

Para que entre todos aseguremos que las mujeres realmente ocupen el lugar que les corresponde en el mundo y puedan realizar la misión propia en la sociedad, oremos…
Para que permitamos a las mujeres no solo engendrar la vida, sino también cuidarla, protegerla, hacerla crecer, defenderla. Que no las abandonemos ni las forcemos al aborto o al abandono de sus hijos, oremos…
Para que valoremos especialmente el papel de las mujeres como educadoras para la ternura, la convivencia, la paz, la solidaridad y la compasión, oremos…
Para que el aporte de las mujeres en el mundo de la cultura, del trabajo, de la política y la economía, en las organizaciones de base y en los organismos oficiales, nos ayude a lograr entre todos la paz en la justicia, el bienestar en la solidaridad, oremos…
Para que valoremos también el gran servicio de las mujeres, especialmente las madres, en la educación de la fe y en la ayuda a los más necesitados, oremos…

Canto

IX estación:
“JESÚS CAE POR TERCERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos."
Palabra de Dios (Mt. 5, 10)

Cristo se desploma de nuevo a tierra bajo el peso de la cruz. La muchedumbre que observa, está curiosa por saber si aún tendrá fuerza para levantarse.
En el Cenáculo, inclinándose en tierra y lavándoles los pies, les mostró el verdadero camino de la humildad y abajamiento en el servicio.
Cayendo a tierra por tercera vez en el camino de la cruz, de nuevo proclama a gritos su misterio. ¡Escuchemos su voz! Este condenado, en tierra, bajo el peso de la cruz, ya en las cercanías del lugar del suplicio, nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). «El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12).
Que no nos asuste la vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se acerca, esconde en sí misma la luz de la vida.

Padre bueno, que valoremos los pequeños y grandes sacrificios de caminar tras Jesús. Gracias por los mártires de nuestro tiempo. Ellos nos muestran que el evangelio de la Vida es siempre más fuerte que la muerte y la injusticia.

Canto
X estación:
“JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados."
Palabra de Dios (Jn. 19, 23-24)

Llegamos al calvario. Jesús, agotado y exhausto, es desnudado delante de la multitud. Queda en la pobreza, la desnudez y el desamparo. Jesús, desnudo, herido, desolado al pie de la cruz, se hace solidario de tantos hombres y mujeres despojados de sus derechos a lo largo de la historia.
La ambición de “tener”, domina a los soldados. El hombre no importa, lo que vale son las cosas. Dramático paralelo con nuestro tiempo donde millones de hombres sufren por la ambición descontrolada de unos pocos y la escandalosa injusticia institucionalizada del sistema económico internacional.
Seguimos en este camino de la cruz con Jesús pidiendo perdón por las veces que no lo descubrimos en el rostro de los marginados y pidiéndole revestirnos de él; revestirnos de solidaridad que puede cubrir la muchedumbre de nuestros pecados, y puede devolver la dignidad al que ha sido despojado.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Perdónanos Señor”

Por tantas veces que nos hemos conmovido ante tu recuerdo o imagen de niño recién nacido, pobre y desnudo en el pesebre y no nos hemos conmovido por tantos niños que nacen en la miseria y despojados de toda posibilidad de vivir dignamente, oremos…
Por tantas veces que nos hemos conmovido al verte desnudo en la cruz, sin conmovernos por tantos hombres despojados de su dignidad, de sus derechos, de sus posibilidades de vivir como seres humanos, oremos…
Por nuestra insensibilidad ante la miseria de cerca o de lejos, de pueblos indígenas, de naciones enteras, que nos hemos acostumbrado a ver como espectáculo televisivo, oremos…
Por nuestras complicidades con sistemas jurídicos que excluyen a los trabajadores, a los jubilados, a los débiles, a los ignorantes; privándolos de lo que les corresponde, oremos…
Por nuestro cansancio y abandono, por nuestras renuncias a querer cambiar las cosas por la fuerza de la solidaridad, oremos…
Por nuestros despilfarros, gastos superfluos, consumismo estéril, mientras cada vez más gente está privada de todo, oremos…

Canto
XI estación:
“JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, lo crucificaron junto a dos ladrones, no a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es Mesías de Dios, el Elegido!”. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.
Palabra de Dios (Lc 23,33-34ª.35-38)

Clavado en la cruz espera pacientemente el momento de dar la vida. En su dolor tiene tiempo pata los que lo rodean. Su compasión no tiene límites. Abandonado y humillado pide perdón por quienes lo están matando. Es el punto máximo del amor: el perdón. Sólo Jesús es capaz de semejante demostración de amor. Desinteresado, despreocupado y descentrado de sí mismo. Su pensamiento gira en torno a quienes lo rodean: Padre, perdónalos.

Para aplicar a la vida:
Para Jesús, perdonar a sus enemigos es una exigencia del amor. ¿Cómo actuamos nosotros con las personas que no nos caen bien, que no piensan como nosotros, y aun con aquéllas que nos hacen mal?
Jesús muere por nuestros pecados, personales y sociales. ¿Qué situaciones de pecado de nuestra sociedad empujan los clavos de Jesús?

Padre bueno, Jesús cargó con nuestro pecado, llevó adelante nuestras faltas
para liberarnos del mal. Haz que vivamos en espíritu de conversión permanente.

Canto

XII estación:
“JESÚS MUERE EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró”.
Palabra de Dios (Lc 23,44-49)

Señor Jesús, has muerto y ya no estás con nosotros. No pudimos reconocerte, no nos dimos cuenta que tú eras el Mesías, no creímos que tú eras el Hijo de Dios… Como nos cuesta creer, como nos cuesta confiar, nuestra esperanza se nos va desvaneciendo… Nuestro Salvador ha muerto… No sabemos que hacer, en quien esperar, todo parece un fracaso, parece como que si todo terminara aquí, en este hecho de la cruz… pero nos queda confiar en aquel que solamente puede darnos una respuesta y una solución a esto, esperar en el Padre Dios…

Momento de silencio.   (Invitar a ponerse de rodillas, los que pueden)

Padre bueno, ante la cruz de Jesús, me comprometo a vivir anunciando el Evangelio
y construyendo el Reino donde Tú me llames a servir.

Canto

XIII estación:
“JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún”.
Palabra de Dios (Lc 23,50-53)

Han devuelto a las manos de la Madre, el cuerpo sin vida del Hijo. El Evangelio no habla de lo que ella experimentó en aquel instante. La Virgen, de la fidelidad a la Palabra de Dios. María, presente en la cruz y presente junto a cada uno de nosotros. Contagiándonos su fidelidad y su fortaleza para seguir a Jesús. Al pie de la cruz, la Virgen fiel nos enseña que ella acompaña a todos los que buscan a su hijo. Ella también es nuestra madre para siempre. María observa cómo descienden el cuerpo de su hijo amado. Aparentemente, el justo ha fracasado y la muerte ha vencido una vez más.
Señor Jesús, mueres como uno de tantos, como uno más, y eres depositado en un sepulcro. Nos queda esperar, tus discípulos y amigos, no pueden creer como terminó todo. Parece que no hay nada más, que todo fue una ilusión, el esfuerzo fue en vano, ya no hay más nada que hacer. Pero el Padre Dios mostrará su gloria al resucitarte y allí encontraremos el sentido de nuestra fe. Seguimos caminando y esperando en Dios, nuestra única esperanza.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Danos esperanza, Señor”

Porque a veces nos parece que todas las cosas andan mal y que ya no vale la pena intentar cambiar nada, oremos…
Porque pareciera que en todas partes han muerto las utopías, se acabaron los ideales y en todo el mundo triunfan los inescrupulosos, los corruptos, los poderosos, oremos…
Porque pareciera que nadie valora los esfuerzos cotidianos, el trabajo honesto, la solidaridad de los humildes, oremos…
Porque la muerte pareciera ganar la lucha y van quedando sepultadas todas las esperanzas, oremos…
Porque a nuestros jóvenes se los quiere intoxicar no solo con drogas sino también con el consumismo, la pornografía, la violencia, para que no sueñen con un mundo distinto y mejor, oremos…
Por el dolor de tener que sepultar seres queridos, oremos…

Canto

XIV estación:
“JESÚS ES SEPULTADO”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?.No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea."
Palabra de Dios (Lc 24, 5-6)

Jesús es enterrado. Ha muerto. Pero el plan de salvación triunfa: Cristo resucita!!!
"Si hemos muerto con él, viviremos con él" (2 Tim. 2,11). De la muerte nace la vida, del sufrimiento y la frustración surge la esperanza. Nos ha liberado del pecado y de la muerte. Donde el mundo ve frustración y sin sentido, Dios hace estallar la vida. Nuestra esperanza no fue en vano. ¡Jesús Vive! Dios lo resucitó y nos muestra que la muerte fue vencida por la vida.

Luego de la Resurrección, los discípulos dieron sus vidas por este proyecto salvador de Jesús. Él nos llama hoy a continuar esa misión, como lo hicieron los apóstoles. Nos ha dejado su Espíritu para que seamos sus testigos, para que tengamos coraje en el enuncio del Evangelio, para que nuestro testimonio sea verdadero. La Resurrección nos debe quitar de la indiferencia, del individualismo, de la hipocresía. Nos enseña a valorar la vida, y a ser defensores de ella. Nos pone en camino, nos hace servidores de los hermanos, solidarios del que más necesita, constructores y protagonistas de la historia que hoy nos toca vivir en nuestro país…

El Documento de Puebla nos muestra cuáles son los rostros de nuestro tiempo a los que debemos atender (DP 32). La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela:

Rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables, los niños vagos y muchas veces explotados, de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar;

rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación;

rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos, que viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres;

rostros de campesinos, que como grupo social viven relegados en casi todo nuestro continente, a veces, privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan;

rostros de obreros, frecuentemente mal retribuidos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos;

rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos;

rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales;

rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen.

Esta es la realidad en la que estamos insertos y en la que estamos llamados a dar testimonio de la resurrección de Jesús. Vayamos a dar testimonio de la Esperanza, Cristo Vive y está a nuestro lado, al lado del más pobre y enfermo, no tengamos miedo, ÉL VENCIO!!!


Canto final

Fuente: Fray Jorge Cittadini, Ofm Capuchinos. A él nuestro agradecimiento

¡ Lo sabìas ?


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El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo, que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

La difusión del ejercicio del Vía crucis ha estado muy vinculada a la Orden franciscana. Pero no fue San Francisco quien lo instituyó tal como lo conocemos, si bien el Pobrecillo de Asís acentuó y desarrolló grandemente la devoción a la humanidad de Cristo y en particular a los misterios de Belén y del Calvario, que culminaron en su experiencia mística en la estigmatización del Alverna; más aún, San Francisco compuso un Oficio de la Pasión de marcado carácter bíblico, que es como un «vía crucis franciscano», y que rezaba a diario, enmarcando cada hora en una antífona dedicada a la Virgen. En todo caso, fue la Orden franciscana la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio.

El Vía crucis consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor. A veces se añade una decimoquinta, dedicada a la resurrección de Cristo.

 En la práctica de este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús. Puede seguirle la exposición del acontecimiento propuesto o la predicación sobre el mismo, así como la meditación silenciosa. Ese núcleo central suele ir precedido y seguido de diversas preces y oraciones, según las costumbres y tradiciones de las diferentes regiones o comunidades eclesiales.

En la práctica comunitaria del Vía crucis, al principio y al final, y mientas se va de una estación a otra, suelen introducirse cantos adecuados.

                                                                                                   Fr. Jorge Cittadini OFM Cap.

Padre Pio y el Arcàngel san Miguel


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Se trabó una batalla en el cielo:
Miguel y sus ángeles declararon guerra al dragón (Ap 12,7)

El 3 de julio de 1917, el Padre Pío peregrinó a la Gruta del Gárgano para venerar a san Miguel, de quien era devotísimo.
Con anterioridad a esta fecha había experimentado repetidas veces la protección del Arcángel en sus luchas contra Satanás, en Pietrelcina o en el convento de Santa Ana, en Foggia.
Muchas veces había deseado hacer la misma peregrinación que había llevado a cabo, siglos antes, su seráfico Padre san Francisco.

Manifestó este deseo a su superior, el padre Paulino de Casacalenda, y éste, apenas los seminaristas terminaron los exámenes, organizó el viaje al Monte Sant’Angelo en honor del Patrono de la provincia religiosa capuchina de Foggia, tanto para premiar a los colegiales como para complacer al Padre Pío.
La comitiva, formada por el venerado Padre, por Nicolás Perrotti, Vicente Gisolfi, Rachelina Russo y los 14 seminaristas, se dirigió desde San Giovanni Rotondo hacia el Monte Sant’Angelo, a las 3 de la mañana del día señalado.

El Padre Pío hizo a pie un buen trecho del recorrido, pero después, a causa de la enfermedad que padecía, fue obligado a subirse a una carreta.
Cuando despuntaba el sol, caminó algunos pasos a pie para desentumecer las piernas y entonó el santo Rosario, intercalando devotos cantos en honor de la Virgen y de san Miguel.
Al entrar en el santuario, se emocionó profundamente. De repente, al recordar lo que le había sucedido en aquel lugar al Poverello de Asís, que, juzgándose indigno de entrar en la Gruta, se detuvo a la puerta y pasó allí la noche entera ensimismado en oración, se arrodilló y, envuelto en lágrimas, besó con respeto y gran humildad el umbral de la Gruta. Después, y una vez escuchada la explicación del canónigo sacristán, que le mostró la TAU grabada por san Francisco, entró y se postró de rodillas a los pies del altar de san Miguel, en devota y profunda meditación.

Rezó por él, por la provincia religiosa capuchina, por la Iglesia, por la paz en el mundo, por todos sus hermanos de religión y por los soldados expuestos al peligro de la guerra. Todo y a todos encomendó a san Miguel.

De la roca de arriba caían de continuo, fruto de la gran humedad, gruesas gotas de agua. Con gran sorpresa de los seminaristas, que enseguida testimoniaron el singular suceso, el Padre Pío permaneció sin mojarse.
Uno de los colegiales, queriendo hacer una prueba, se colocó junto al venerado Padre, pero muy pronto quedó bañado por el agua.

El Padre Pío permaneció largo rato concentrado en la oración y totalmente ajeno a la realidad.
Desde aquel día su devoción al Príncipe de los ejércitos celestiales experimentó un sensible y fuerte impulso. Cada año hacía una cuaresma de preparación para la fiesta del Arcángel. A las almas que se acercaban a él, el Padre Pío les hablaba siempre del poder de san Miguel. Eran continuas sus invitaciones a dirigirse con confianza a este glorioso Arcángel, sobre todo en las tentaciones.

A los fieles que se acercaban a San Giovanni Rotondo el venerado Padre les animaba a continuar la peregrinación hasta el Monte Sant’Angelo, para venerar a san Miguel en su santuario. Con frecuencia esta invitación era la «penitencia sacramental» que imponía al final de la confesión. Además, si sabía de alguien que iba a marchar al Monte Sant’Angelo, le pedía para sí una oración a san Miguel.

(Tomado de LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO, de Gerardo di Flumeri