Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Oramos sin fronteras I


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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

1

¡Ven, Espíritu Divino!
(Secuencia de Pentecostés)

Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.



2

Oración

Amado Dios Padre omnipotente y eterno, que nos creaste por amor…
Mal hemos correspondido tu obra, mal hemos comprendido la misión que nos encomendaste como humanidad.
A la luz de las enseñanzas de tu dilecto hijo san Pio de Pietrelcina, elevamos hoy nuestra plegaria clamando tu perdón, pidiendo misericordia para este mundo errado que no valora la vida, que no te reconoce, que mata, codicia, ambiciona, roba, daña, traiciona, odia y blasfema !
Señor ante esta llamada de atención que es la peste, imploramos tu misericordia.
No podemos acudir a tu casa, no podemos ya recibirte en la sagrada Eucaristía pero aún así vivís en nosotros. Te amamos con fervor desde nuestra pequeñez.
Bendito, alabado y adorado seas Señor nuestro,
Recibe nuestras oraciones como ofrenda reparadora.
Bendice y protege tu santa Iglesia, castigada, dañada, ensuciada por tantos.
Bendice al Santo Padre, nuestro Papa Francisco nacido en estas tierras para que su mensaje de amor, misericordia, perdón, paz, concordia y fe sacuda al mundo
Bendice a tus sacerdotes con santidad, salud y fortaleza para que lleven tu Palabra y te sirvan dignamente
Libéranos de la peste del Covid 19 que ataca tu creación, destruye ese flagelo
Frena a quienes ejercen toda maldad: los que usan la ciencia para sentirse dioses, a los que practican abortos, a los que practican eutanasia, a los que realizan rituales satánicos, a los que maldicen.
Bendice y protege los Grupos de oración para que como faros de luz y de amor llevemos tu mensaje de esperanza y santidad por todo el mundo. Sostenenos Señor para no darnos nunca por vencidos. Que nuestro actual sufrimiento sirva para consolar tu dolor.
En esta santa Cuaresma, te decimos  Perdón Señor, pecamos contra Ti.
Te adoramos Oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.
Amén


3

SALMO 91

1 Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
2 di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
3 El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
4 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
5 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
6 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
7 Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
8 Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
9 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
10 No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
11 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
12 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
13 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
14 «El se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
15 me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
16 le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación».


4

Decena Del Rosario

Contemplamos 
“ La oración de Jesús en el Huerto”

…”Jesús fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron al lugar les dijo: ”Orad para no caer en tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia del lanzamiento de una piedra y arrodillándose oraba: “Padre, si quieres ¡aleja de mí este cáliz! No se haga sin embargo, mi voluntad sino la tuya”… Invadido por la angustia oraba más intensamente; y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”. (Lc. 39-44)

Padre nuestro - 10 Ave María - Gloria

5

Letanías de los Santos

-Señor ten piedad de nosotros
-Señor ten piedad de nosotros
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Cristo óyenos
-Cristo óyenos
-Cristo escúchanos,
-Cristo escúchanos,
-Dios Padre celestial,
Ten piedad de nosotros,
-Dios Hijo Redentor del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Dios Espíritu Santo,
Ten piedad de nosotros.
-Trinidad santa un solo Dios,
Ten piedad de nosotros.
-Santa María,
Ruega por nosotros.
-Santa Madre de Dios,
Ruega por nosotros.
-Santa Virgen de las vírgenes,
Ruega por nosotros.
-San Miguel,
Ruega por nosotros.
-San Gabriel,
Ruega por nosotros.
-San Rafael,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos ángeles y arcángeles,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados,
Rueguen por nosotros.
-San Juan Bautista,
Ruega por nosotros.
-San José,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos patriarcas y profetas,
Rueguen por nosotros.
-San Pedro,
Ruega por nosotros.
-San Pablo,
Ruega por nosotros.
-San Andrés,
Ruega por nosotros.
-San Juan,
Ruega por nosotros.
-Santo Tomás,
Ruega por nosotros.
-Santiago,
Ruega por nosotros.
-San Felipe,
Ruega por nosotros.
-San Bartolomé,
Ruega por nosotros.
-San Mateo,
Ruega por nosotros.
-San Simón,
Ruega por nosotros.
-San Tadeo,
Ruega por nosotros.
-San Matías,
Ruega por nosotros.
-San Bernabé,
Ruega por nosotros.
-San Lucas,
Ruega por nosotros.
-San Marcos,
Ruega por nosotros.
-Todos los Santos apóstoles y evangelistas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos discípulos del Señor,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos inocentes,
Rueguen por nosotros.
-San Esteban,
Ruega por nosotros.
-San Lorenzo,
Ruega por nosotros.
-San Vicente,
Ruega por nosotros.
-San Fabián y San Sebastián,
Rueguen por nosotros.
-San Juan y San Pablo,
Rueguen por nosotros.
-San Cosme y San Damián,
Rueguen por nosotros.
-San Gervasio y San Protasio,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos mártires,
Rueguen por nosotros.
-San Silvestre,
Ruega por nosotros.
-San Gregorio,
Ruega por nosotros.
-San Ambrosio,
Ruega por nosotros.
-San Agustín,
Ruega por nosotros.
-San Jerónimo,
Ruega por nosotros.
-San Martín,
Ruega por nosotros.
-San Nicolás,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos obispos y confesores,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos doctores,
Rueguen por nosotros.
-San Antonio,
Ruega por nosotros.
-San Benito,
Ruega por nosotros.
-San Bernardo,
Ruega por nosotros.
-Santo Domingo,
Ruega por nosotros.
-San Francisco,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos sacerdotes y levitas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos monjes y ermitaños,
Rueguen por nosotros.
-Santa María Magdalena,
Ruega por nosotros.
-Santa Águeda,
Ruega por nosotros.
-Santa Lucía,
Ruega por nosotros.
-Santa Inés,
Ruega por nosotros.
-Santa Cecilia,
Ruega por nosotros.
-Santa Catalina,
Ruega por nosotros.
-Santa Anastasia,
Ruega por nosotros.
-Todas las santas vírgenes y viudas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos y santas de Dios,
Intercedan por nosotros.
-Muéstratenos propicio,
Perdónanos Señor.
-Muéstratenos propicio,
Escúchanos Señor.
-De todo mal,
Líbranos Señor.
-De todo pecado,
Líbranos Señor.
-De tu ira,
Líbranos Señor.
-De la muerte súbita e imprevista,
Líbranos Señor.
-De las asechanzas del demonio,
Líbranos Señor.
-De la cólera, del odio y de toda mala intención,
Líbranos Señor.
-Del espíritu de fornicación,
Líbranos Señor.
-Del rayo y de la tempestad,
Líbranos Señor.
-Del azote de los terremotos,
Líbranos Señor.
-De la peste, del hambre y de la guerra,
Líbranos Señor.
-De la muerte eterna,
Líbranos Señor.
-Por el misterio de tu santa encarnación,
Líbranos Señor.
-Por tu venida,
Líbranos Señor.
-Por tu natividad,
Líbranos Señor.
-Por tu bautismo y santo ayuno,
Líbranos Señor.
-Por tu cruz y tu pasión,
Líbranos Señor.
-Por tu muerte y sepultura,
Líbranos Señor.
-Por tu santa resurrección,
Líbranos Señor.
-Por tu admirable ascensión,
Líbranos Señor.
-Por la venida del Espíritu Santo, nuestro Consolador,
Líbranos Señor.
-En el día del juicio,
Líbranos Señor.
Nosotros, pecadores, te rogamos
– que nos oigas,
– que nos perdones,
– que nos seas indulgente,
– que te dignes conducirnos a verdadera penitencia,
– que te dignes regir y gobernar tu santa Iglesia,
– que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica,
– que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia,
– que te dignes conceder a los reyes y príncipes cristianos la paz y la verdadera concordia,
– que te dignes conceder la paz y la unión a todo el pueblo cristiano,
– que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles,
– que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio,
– que levantes nuestro espíritu al deseo de las cosas celestiales,
– que concedas a todos nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos,
– que libres nuestras almas, las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, de la condenación eterna,
– que te dignes damos y conservar las cosechas de la tierra,
– que te dignes conceder el descanso eterno a todos los fieles difuntos,
– que te dignes escucharnos, Hijo de Dios.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Cristo, óyenos,
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos,
-Cristo, escúchanos.
-Cristo, ten piedad de nosotros,
-Cristo, ten piedad de nosotros.
-Señor, ten piedad de nosotros,
-Señor, ten piedad de nosotros.

Padrenuestro.

6

Consagración (de pie)

¡ Oh corazón Inmaculado de María ! por tu perfecta comunión de amor con el corazón de Jesús,  deseamos consagrarnos totalmente a tu corazón Inmaculado que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús.
Tu corazón es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.
Deseamos pertenecer a tu corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas. Y en virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos  que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico.
Que nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu Santo, como arde tu corazón, y que unidos a ti sepamos dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón Divino de Jesús. Amén

7

SALMO 121

1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
2 La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
3 El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
4 No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel.
5 El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
6 de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
7 El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
8 El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

Cuaresma


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Grupos de Oración del Padre Pio 
SANTO ROSARIO – Cuaresma 2020

+Señal de la cruz

Oración de inicio
Dame tu mano, María, la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía   tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata
Esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.
¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel, te saludó: "Ave, María"?
Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti este augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario cítame en Getsemaní.
A ti doncella graciosa, hoy maestra de dolores, p
laya de los pecadores, nido en que el alma reposa,
a ti te ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quién quería cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.
Amén.

Meditaremos en cada misterio un texto extraído del libro” Las cuarenta horas de Padre Pio. Oremos, Adoremos”

Pèsame 

Primer Misterio:  
Jesús agoniza en el huerto de Getsemaní por el desprecio y la indiferencia de los hombres ante su amor. Él “los amó hasta el extremo” (Jn 13,1), es decir, los amó hasta las últimas consecuencias..., hasta llegar a aparecerse al pan  para convertirse en alimento de los hombres. Entonces Él, en el huerto de Getsemaní, sufrió incluso por el sacrilegio y el desprecio de los hombres por la Eucaristía. Jesús fue consolado por un ángel allí en el huerto; por lo tanto nosotros deseamos ofrecer a Jesús sacramentado toda la compasión y el amor de su Madre, la única que, en toda su plenitud, se ofreció al amor de su Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Segundo Misterio: 

San Pío decía: “Es más fácil que el mundo pueda mantenerse  sin el sol que sin la Misa”.
 Víctima silenciosa de nuestros altares, Jesús continúa ofreciéndose al Padre como durante la flagelación, como reparación de todas las maldades e iniquidades humanas.
El apóstol Pablo exhorta: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?  El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él... Glorificad, por tanto a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6,15-19). Jesús, escondido en la pequeña Hostia del altar, ordena nuestras pasiones y nos logra la paz. Nos acercamos, entonces, a nuestro buen Médico para glorificar a Dios en nuestro cuerpo, como lo hace  la Inmaculada que ya ha ascendido al Cielo en cuerpo y alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Tercer Misterio:  

En ninguna otra parte de la pasión se manifiesta la humillación a la cual estuvo sujeto el Señor como en la coronación de espinas. En la Santísima Eucaristía, por tanto, la humillación y el rebajamiento de Dios son insondables. ¿Cómo podemos explicar este estado de Jesús en la Hostia consagrada, si no reconocemos que Dios se humilla tan profundamente para confundir nuestro orgullo, raíz de todos nuestros pecados?
Nos creemos más sabios que Dios y criticamos todo, pero no ponemos en práctica sus mandamientos. Sigamos el ejemplo de María, que se reconoció “la esclava del Señor” (ver Lc 1, 3-8) y pidámosle su gracia para entregarnos humildemente, como ella lo hizo, a la voluntad de Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Cuarto Misterio:   

“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí no puede ser mi discípulo ” (Lc 14, 27). La Virgen Santísima, que, desde la profecía de Simeón, sintió la punta de aquella espada que después lenta e inexorablemente penetró en su Corazón hasta traspasarlo en el Calvario, nos da la gracia para soportar los pequeños y grandes sufrimientos de cada día y unirlos, como lo hizo Él en el Calvario, al sacrificio de Cristo que se renueva cada día en nuestros altares.
Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio:  

El Sacrificio eucarístico es recuerdo del  Calvario. Decía San Pío: “En la Misa está todo el Calvario” (13); y cuando se le preguntó: “Padre, ¿cómo debemos participar en la Santa Misa?”, él respondió: “Como la Virgen, como San Juan y las piadosas mujeres del Calvario, amando y compadeciendo”.  En el Calvario, María refleja todo el dolor y todos los sentimientos de su Hijo. Ella es la Cordera sacrificada con el Cordero sacrificado, y en cada Santa Misa se actualiza, junto a Jesús Víctima, la presencia y ofrecimiento de María como Corredentora. Ella es la hostia con Jesús Hostia. Los fieles, que tienen el sacerdocio común por el bautismo, pero en particular el sacerdote, que tiene el sacerdocio ministerial, recibido en el Sacramento del Orden Sagrado, deben tener como modelo a María, ofreciendo a Dios no sólo el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también la “propia vida, su propio trabajo y todas las cosas creadas”
Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Rezamos por la intenciòn del Papa Francisco para este mes:
*Por los católicos en China.
Recemos para que la Iglesia en China persevere en la fidelidad al Evangelio y crezca en unidad.

Padrenuestro, 3 ave María y Gloria

Oraciòn a san Miguel Arcàngel   

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

Rezamos una Salve

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

A pedido del Santo Padre


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A pedido del Santo Padre rezamos a la Santísima Virgen por la Santa Iglesia de Cristo:


"Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; 
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, 
antes bien, líbranos de todo peligro, ¡ oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!


ELEVAMOS LA ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL poniendo bajo su especial protección a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, al Sumo Pontífice, a los Grupos de oración de Padre Pio,y a los sacerdotes asistentes espirituales parroquiales.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

En el nombre del Padre, y del hijo , y del Espíritu Santo, Amén

San Pio de Pietrelcina, 
Ruega por nosotros

ROSARIO "La santa Iglesia Católica"


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Grupos de oración del Padre Pio de habla hispana

Rosario meditado “La santa Iglesia Católica”

+ Nos ponemos en presencia de DIOS, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Rezamos este santo Rosario, con meditaciones originales de Padre Pio por las siguientes intenciones:
Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe…

Leemos en el libro de Mateo Cap. 16:
"Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Igle-sia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella."

Rezamos el Pèsame

Primer Misterio:

Sé que Vuestro corazón sufre mucho en estos días por la suerte que corre la Iglesia, por la paz del mundo, por las muchas necesidades de las nacio-nes; pero sobre todo, por la falta de obediencia de algunos, incluso católi-cos, a las altas enseñanzas que Vos, asistido por el Espíritu Santo, nos dais en nombre de Dios.
Os ofrezco mi oración y mi sufrimiento de cada día, como sencillo pero sincero recuerdo del último de Vuestros hijos, a fin de que el Señor Os conforte con su gracia, para continuar el recto y fatigoso camino, en la de-fensa de la verdad eterna, que nunca cambia con el mudar de los tiempos.
Os agradezco, también en nombre de mis hijos espirituales y de los «Gru-pos de oración» la palabra clara y definitiva que habéis dicho, especial-mente en la última encíclica Humanae Vitae; y reafirmo mi fe y mi obe-diencia incondicional a Vuestras iluminadas orientaciones.
(12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Quiera el Señor conceder el triunfo a la verdad, la paz a su Iglesia, la tran-quilidad a las naciones de la tierra, salud y prosperidad a Vuestra Santidad, para que, disipadas estas nubes pasajeras, el reino de Dios triunfe en todos los corazones, gracias a Vuestra acción apostólica de supremo Pastor de toda la cristiandad.
 (12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Tercer Misterio:

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Pa-dre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artima-ñas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hom-bres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni re-duzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la pro-pagación del reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Igle-sia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y un solo Pastor. Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todav-ía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: «La mies es mucha y los trabajadores son pocos».
 (8 de marzo de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 61)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Cuarto Misterio:

Después del amor de nuestro Señor, yo te recomiendo el de la Iglesia, su esposa y nuestra tierna madre; el de esta querida y dulce paloma, que sólo puede poner huevos y hacer que nazcan pichoncitos para el Esposo. Agradece a Dios, cientos de veces al día, el ser hija de la Iglesia. Pon tu mi-rada en el Esposo y en la Esposa; y di al Esposo: «Oh, que eres el Esposo de una bella Esposa»; y a la Esposa: «Ah, que eres la Esposa de un Esposo to-do divino». Ten gran compasión de todos los pastores y predicadores de la Iglesia, al igual que de todos los pastores de almas; y contempla, hijita mía, cómo están diseminados por toda la tierra, porque no hay provincia en el mundo donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose ellos mismos, procuren con fruto la salvación de las almas. Y en esto te suplico que no te olvides nunca de mí, cuando te encuentres delante de Jesús, ya que él me da tanta voluntad de no olvidarme nunca de tu alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

No todos estamos llamados por Dios a salvar almas y a propagar su gloria mediante el elevado apostolado de la predicación; y has de saber que este no es el único y solo medio para alcanzar estos dos grandes ideales. El al-ma puede propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de las al-mas mediante una vida verdaderamente cristiana, orando incesantemente al Señor que «venga su reino», que su santísimo nombre «sea santifica-do», que «no nos deje caer en la tentación», que «nos libre del mal».
Esto es lo que debes hacer también tú, ofreciéndote plena y continuamen-te al Señor por este fin. Reza por los malvados, reza por los tibios, reza también por los fervorosos, y reza de modo especial por el sumo Pontífice, por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra muy tierna madre; y eleva una oración especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria de Dios en las misio-nes, entre tanta gente infiel e incrédula.
  (11 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 68)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.
A
ve María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:

"Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países."

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcángel poniendo los Grupos de oración  de Padre Pio bajo su protección, y en especial le rogamos asista , proteja y guarde la salud del Padre Gustavo Seivane,  asesor espiritual de los grupos de Argentina.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Re-prímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


+  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

a Raffaelina Cerase


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Huye, huye hasta de la más mínima sombra que te haga sentirte importante. Reflexiona y ten siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y nuestra, la cual, a medida que aumentaban en ella los dones celestiales, profundizaba cada vez más en la humildad, de modo que, en el mismo momento en que fue cubierta por la sombra del Espíritu Santo, que la convirtió en Madre del Hijo de Dios, pudo cantar: «He aquí la esclava del Señor». Y lo mismo cantó nuestra tan querida Madre en casa de santa Isabel, a pesar de llevar en sus castas entrañas al Verbo hecho carne.
En la medida que crezcan los dones, crezca tu humildad, pensando que todo nos es dado como préstamo; al aumento de los dones vaya siempre unido el humilde agradecimiento hacia tan insigne bienhechor, de modo que tu espíritu prorrumpa en alabanzas continuas. Actuando así, desafiarás y vencerás todas las iras del infierno: las fuerzas enemigas serán despedazas, tú te salvarás y el enemigo se corroerá en su rabia. Confía en la ayuda divina y ten por cierto que quien te ha defendido hasta ahora, continuará su obra de salvación.

 (13 de mayo de 1915, Ep.II, p. 417)

a Maria Gargani


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Vive tranquila y no te inquietes por nada. Jesús está contigo, y te ama; y tú correspondes a sus inspiraciones y a su gracia, que obra en ti. Sigue obedeciendo a pesar de las resistencias internas y sin el alivio que se da en la obediencia y en la vida espiritual; porque está escrito que quien obedece no debe dar cuenta de sus acciones, y sólo debe esperar el premio de Dios y no el castigo. «El hombre obediente – dice el Espíritu – cantará victoria».
Recuerda siempre la obediencia de Jesús en el huerto y en la Cruz; fue con inmensa resistencia y sin consuelo; pero obedeció hasta lamentarse con los apóstoles y con su Padre; y su obediencia fue excelente y tanto más bella cuanto más amarga. Nunca, pues, fue tu alma tan grata a Dios como ahora que obedeces y sirves a Dios en la aridez y oscuridad. ¿Me he explicado? Vive tranquila y alegre, y no quieras dudar por ningún motivo de las aseveraciones de quien hoy dirige tu alma.
Del modo de actuar en ti la gracia divina, tú tienes todos los motivos para animarte y para esperar y confiar en Dios; porque es la actuación que suele tener con las almas que él ha elegido como su porción y su heredad. El prototipo, el modelo en el que es necesario mirarse y modelar nuestra vida, es Jesucristo.
Pero Jesús ha elegido por estandarte la cruz; y por eso quiere que todos sus seguidores recorran el camino del Calvario llevando la cruz, para después expirar tendidos en ella. Sólo por este camino se llega a la salvación.

(4 de septiembre de 1916 – Ep. III, p. 241)

"LOS PERFUMES DEL PADRE PIO" por Francesco Napolitano*


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En la vida de San José de Copertino, hijo del pobre Mendigo de Asís, encontramos muchas semejanzas con nuestro Padre Pío de Pietrelcina, como, por ejemplo, su gran amor hacia Dios y hacia las almas, el apostolado del confesonario, los éxtasis, la introspección de las con¬ciencias, la bilocación, la incomprensión y las persecucio¬nes de sus Superiores mayores, y también aquel fenómeno místico por el que su cuerpo, sus ropas, los objetos que él usaba, su celda..., todo emanaba un perfume tan suave y fragante que no se lo supo comparar con ningún otro, tanto natural como artificial.
Y es precisamente de este perfume de los santos, que emanaba también del Padre Pío, del que queremos hablar en este capítulo.
Entre las fuentes más auténticas y más seguras, citaremos primero las del Dr. Jorge Festa y el Dr. Luis Romanelli, que fueron las personas de confianza y los encargados por las autoridades eclesiásticas de examinar las llagas en la persona del Padre Pío.
El Dr. Festa, en su libro "Misterios de ciencia y luces de fe", declara: “La sangre, que mana a gotas de las heridas que el Padre Pío presenta en su persona, tiene un perfume fino y delicado, que muchos de los que se acercan a él han podido sentir.
... El Padre Pío no usa ni ha usado nunca ninguna clase de perfume; sin embargo, muchos de entre aquellos que se le acercan aseguran que emana de su persona un perfume agradable, como mezcla de violetas y rosas.
¿ Cuál es la fuente de tal fenómeno?
Por lo que me concierne, puedo asegurar que, en la primera visita que le hice, le saqué del costado un trapito empapado de sangre, que me lo llevé para hacer un estudio microscópico. Yo personalmente, por la razón anteriormente dicha (el Dr. Festa había perdido completamente el olfato) no he sentido el olor de ninguna emanación especial. Pero un distinguido oficial y otras personas que, al regreso, venían conmigo en el auto desde S. Giovanni Rotondo, y aún sin saber que yo llevaba conmigo en un estuche cerrado aquel trapito y no obstante la intensa ventilación provocada por la velocidad del auto, sintieron muy bien la fragancia y me aseguraron que correspondía exactamente al perfume que emana de la persona del Padre Pío.
Llegado a Roma, en los días sucesivos y por mucho tiempo, el mismo trapito, conservado en un mueble de mi consultorio, perfumó tanto el ambiente que muchas de las personas que venían a consultarme preguntaban a qué se debía.
El colega Dr. Romanelli, que me acompañó en la segunda visita que hice al Padre Pío y que posee un olfato en condiciones normales, y muchas otras personas que también han estado en S. Giovanni Rotondo, aun en ocasiones recientes, me han repetido las mismas impresiones...”.
Y transcribo el juicio expresado por el Dr. Luis Romanelli, Médico Jefe en el Hospital Civil de Barletta, al Padre Provincial de aquel entonces, Padre Pedro de Ischitella: “...He leído la relación escrita del Dr. Festa, en la que éste se manifiesta como un escrupuloso observador, un científico profundo y un buen crítico.
 ... Todas las veces que siento hablar del perfume, recuerdo muy bien que yo también he notado aquel perfume y, si me permite, casi diría que lo he gustado. En junio de 1919, cuando por primera vez fui a S. Giovanni Rotondo, apenas me presentaron al Padre Pío, noté que de su cuerpo provenía un cierto perfume, tanto que le dije al M. R. P. E. E. de Valenzano, que estaba conmigo, que no me parecía bien que un fraile, más aún tenido en aquel concepto, usase perfume.
En los otros dos días que permanecí en S. Giovanni Rotondo ya no noté ningún perfume, aun estando en la celda y en compañía del Padre Pío. Pero, antes de partir, y justo en las horas de la tarde, subiendo las escaleras, sentí de golpe el mismo olor del primer día, pero por un momento y nada más.
Y observé, muy reverendo Padre, que la mía no era sugestión: primero, porque nadie me había dicho nada de tal fenómeno y, después, porque, si hubiese sido sugestión, debía haber sentido aquel olor siempre y no a intervalos de mucho tiempo.
Y he querido hacer esta declaración porque es muy común la costumbre de atribuir a sugestión aquellos fenómenos que no se explican o que no se sabe explicar”.
El fenómeno del perfume ha hecho sonreír a muchos incrédulos y, al mismo tiempo, ha dado lugar a numerosas discusiones, como el de las llagas; pero también aquí la ciencia ha tenido que retirarse vencida. En tantos años los testimonios y los beneficiados de estos efluvios se han multiplicado tanto que ya no hay modo de poner en duda este extraño fenómeno, aunque sí se discute el significado.
Este fenómeno del perfume se manifestaba a veces, y se manifiesta aún hoy, después de la muerte del Padre, a oleadas, siendo claramente percibido por todos los que se encuentran en el mismo local y desapareciendo al poco tiempo; otras veces persiste y se conserva. Muchas veces unos lo perciben y otros no, aun estando todos en el mismo lugar.
De las experiencias recogidas, se puede decir que este perfume es una prueba de la presencia espiritual del Padre Pío en aquellos a los que quiere beneficiar, guiar, sostener, aconsejar o amonestar; y se da de modo especial en las curaciones, en las conversiones y en los momentos de tomar decisiones importantes; y, no pocas veces, ha tenido un poder decisivo en la vida de determinadas personas. Otras veces ha sido un simple aviso, como le sucedió a una pobre mujer de S. Giovanni Rotondo, que, mientras recogía castañas en un monte, caminaba hacia atrás y, al sentir de golpe el fuerte olor de violetas, se dio vuelta y vio junto a sí el precipicio.
No era raro que el fenómeno se manifestase entre grupos de amigos o hijos espirituales del Padre cuando hablaban de él, casi como si Jesús hubiese querido cumplir de este modo la promesa de estar presente cuando por lo menos tres devotos se hubieran reunido en oración.
Con más frecuencia aún, el perfume del Padre Pío ha sido la respuesta afirmativa a una gracia pedida, como, por ejemplo, en el caso del contador Laderchi, de Cosenza.
Estaba agonizando en el hospital, adonde lo habían llevado gravemente herido en la cabeza, por haberse caído de un camión. Su mujer y los familiares rezaban en la capilla del hospital, suplicando febrilmente al Padre Pío, cuando una oleada de intenso perfume “co¬mo de seto vivo florecido” invadió la capilla. ¡Helo aquí!, ¡el Padre Pío que nos trae la salvación! Rena¬cieron de golpe las esperanzas casi muertas y se alegraron los corazones, llenos de gratitud.
Y además, ¿cómo puede ser una ilusión si el perfume se siente aun a gran distancia e inesperadamente? Porque lo que más asombra es justamente eso: que se percibe en una ciudad lejana de S. Giovanni Rotondo como es Génova, o Milán, o Venecia, y hasta en el extranjero, cuando menos se lo espera y sin causa alguna que lo produzca.
Que perfume la ropa del Padre o los ornamentos sagrados es, en fin, más comprensible; pero que el perfume lo sienta, por ejemplo, un hombre que viaja, o que lo sienta una persona desconocida, o un incrédulo, como a veces sucede, esto es lo maravilloso que nos deja perple¬jos. ¿Por qué asombrarnos entonces si Dios se sirve de un simple mortal, particularmente querido, para dar con¬tinuas manifestaciones de sí?
A este propósito transcribimos un episodio cuyo valor probatorio, dice María Winowska, surge de la declaración de testigos que en verdad no sabían nada de los “eflu¬vios” del Padre Pío.
Dos jóvenes esposos polacos, residentes en Inglaterra, tenían que tomar una grave decisión. Habiendo reflexio¬nado mucho tiempo sobre los “pro” y los “contra”, se encontraban al final ante un dilema serio y estaban muy abatidos.
Humanamente hablando, su situación parecía desesperada. ¿Qué hacer? Alguien les habló del Padre Pío. Le escribieron. No recibieron contestación. Entonces se decidieron a ir a S. Giovanni Rotondo, para pedirle personalmente ayuda y consejo.
Desde Inglaterra a S. Giovanni Rotondo el viaje es largo. Y nuestros viajeros se detuvieron en Berna (Suiza) y se preguntaban con angustia si valía la pena seguir o no. ¿Y si el Padre ni siquiera los recibiera...? Alguien les había dicho, cuando emprendían el viaje, que lo habían “secuestrado”. Todo aquel viaje y todos los gastos ¿no serían inútiles?
Era tarde. Ellos conversaban familiarmente en la habitación del hotel, que era de ínfima categoría, ya que por economía habían tomado una posada.
Era invierno y nevaba. Muertos de frío, descorazonados, estaban a punto de decidirse a volver, cuando de golpe se sintieron envueltos por un perfume exquisito y fuerte, tan agradable que se sintieron “reconfortados del todo”.
La joven señora se puso a inspeccionar la cómoda, el armario, en fin, todo con tal de encontrar la botella de perfume que algún viajero distraído habría olvidado allí. ¡Búsqueda inútil! Poco después el perfume se había desvanecido y la habitación volvió a exhalar un olor a lugar cerrado, fétido como de cloaca y moho.
Curiosos y llenos de dudas, nuestros viajeros preguntaron al dueño de la posada, que parecía caer de las nubes. Era la primera vez que los clientes de su hotel, que no estaba precisamente perfumado al agua de rosas, creían sentir olor de perfumes. No obstante y a pesar de todo, esta aventura los reanimó y los confirmó en el propósito de continuar el viaje costara lo que costase.
Llegados a S. Giovanni Rotondo, fueron enseguida a ver al Padre Pío, quien los recibió con los brazos abiertos.
El joven, que sabía italiano, balbuceó algo.
“Le hemos escrito, Padre, ¿por qué no nos ha contestado?”.
“¿Cómo que no os he contestado? ¿Y aquella tarde, en el hotel suizo, no sintieron nada?”.
En pocas palabras, les resolvió la dificultad que tenían y los despidió.
Embelesados, rebosando alegría y reconocimiento, se dieron cuenta de “este modo de responder” del Padre Pío con aquellos que lo llaman pidiendo socorro.
Y el Padre Rosario de Aliminusa, en su manuscrito “Informaciones”, declara: “Yo lo he sentido todos los días, continuamente, por tres meses seguidos en los primeros tiempos de mi llegada a S. Giovanni Rotondo, a la hora de vísperas. Saliendo de mi celda, contigua a la del Padre Pío, sentía que venía desde ésta un olor agradable y fuerte, del cual no sabría precisar las características. Una vez, la primera vez, después de haber sentido en la sacristía vieja un fortísimo y delicado perfume, que emanaba de la silla usada por el Padre para la confesión de los hombres, pasando por delante de la celda del Padre Pío, sentí un fuerte olor de ácido fénico. Otras veces, el perfume ligero y delicado, emanaba de sus manos”.
El Padre Rosario de Aliminusa fue Superior del convento de S. Giovanni Rotondo desde el 18 de septiembre de 1960 hasta el 23 de enero de 1964.
Son innumerables las personas que han sentido el perfume del Padre Pío durante su vida y aun después de su muerte. Podríamos continuar con las deposiciones de los testigos y las declaraciones de las personas beneficiadas por tantísimos otros hechos, pero preferimos callar para no ser prolijos y cansar al lector, y concluir diciendo que el perfume del Padre Pío fue y es hasta ahora un fenómeno misterioso, que puede parecer extraño e inexplicable para quien no tiene aquella fe que todo lo relaciona con el Supremo Dador de toda maravilla; pero si el creyente sabe que los dones de Dios superan toda imaginación y se renuevan siempre bajo formas diversas, sabe también que debe admirarlos sin discutirlos, con humildad y veneración.
“Y en fin - continúa Winowska - no hay duda de que estos efluvios tienen un significado bien determinado y se agregan al arsenal apostólico del Padre Pío, a los dones sobrenaturales que Dios le concede para ayudar, atraer y consolar, o para poner en guardia a las almas que le han sido confiadas”.

* de Padre Pio , el Estigmatizado, Cap. 13