Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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ORAMOS SIN FRONTERAS III


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ORAMOS SIN FRONTERAS

Rezamos especialmente por la amada Obra de Padre Pio: La Casa Alivio del Sufrimiento que atraviesa el desafío de asistir a los infectados por el Covid 19 y se encuentra desbordada.  Por los enfermos, el personal sanitario y administrativo.
Rogamos por la Santa Iglesia de Cristo y su Vicario el Papa Francisco.
También rogamos por los Grupos de Oración, por sus integrantes y sacerdotes guía, por las intenciones que recibimos y por las almas del Purgatorio.

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Amén 

1. Invocación al Espíritu Santo 
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

2. Oración de Mons. Franco Moscone , Arzobispo de Manfredonia – Vieste - San Giovanni Rotondo

Oh glorioso Padre Pío,
Cuando creaste los Grupos de Oración, fundaste la Casa del Alivio, como lugar de avanzada y  “Ciudadela de la caridad", y nos aseguraste que nuestra vocación es la de ser "viveros de fe y hogares de amor, en los cuales Cristo mismo está presente".
En este tiempo de pandemia, resulta imposible reunirnos físicamente como Grupos de Oración, pero cada uno de nosotros sabe ser persona de oración en comunión con mu-chas otras, de las cuales conoce nombres y rostros. En este trágico tiempo, oh glorioso Padre Pío, haznos sentir que estamos verdaderamente unidos en un solo gran Grupo que abraza a todo el mundo y que se hace portavoz de todas las Ciudadelas de caridad, que, desde lejos, sufren y pagan con su profesión para derrotar el mal del Coronavirus.
Oh glorioso Padre Pío, hazte mediador de nuestra oración con el Cristo Crucificado del cual has sido constituido cireneo de la humanidad.
A través de tu mediación queremos interceder:
por las personas golpeadas por el virus, y por las que por este flagelo han dejado este mundo: "heridos y caídos" por una guerra que llegó de improviso y sin estar declarada;
por las familias de los difuntos y de los enfermos, marcadas en los afectos más queridos y preocupados: "víctimas inermes" de un enemigo que llegó como un ladrón para modificar los afectos y las relaciones;
por quien está obligado a la experiencia de la cuarentena: experiencia casi de un "arresto domiciliario", no por una culpa cometida, sino tocado por un suceso incomprensible, tal vez infectado mientras cumplía con su propio deber profesional;
por los médicos de familia y obreros de los primeros auxilios: "atrincherados", con pocas seguridades y a veces, sin medios para combatir a un enemigo invisible;
por los médicos, enfermeros, obreros sanitarios y todos los trabajadores de los establecimientos hospitalarios: "campos de batalla" sin horarios, sin turnos y con las fuer-zas que comienzan a disminuir;
por los responsables de la vida civil, gobernantes y administradores: lideres en tiempos de calamidad, obligados a asumir decisiones que parecen amargas e impopulares;
por los últimos, que no aparecen más en las informaciones periodísticas y televisivas: los emigrantes, los refugiados, cuyas vidas corren riesgo atravesando sobre las barcas "nuestro mar": todos estos existen todavía, como antes, y continúan en su Calvario;
por cada uno de nosotros que vive este tiempo con el corazón herido, pero que sabe que, sobre todo en una situación como esta, debe ser todavía más vivero de fe y hogar de amor.
Ayúdanos, oh glorioso Padre Pío, a interceder por todas estas personas: son la carne de Cristo, son la Eucaristía que en estos días no pueden recibir; son la Eucaristía viviente, hecha persona débil y sufriente... pero que resplandece en su propio rostro el Rostro del Hijo de Dios, del dulcísimo Jesús Crucificado y Resucitado. Amén

3. Palabras del Padre Gustavo Seivane*(fragmento):
“La cruz se carga con paciencia, como soportando un sagrado don. Es la paciencia que nos resguarda de corridas vanas, y nos silencia sabiamente. Una paciencia que impide que hablemos de nosotros mismos, de nuestros dolores, para callar y servir a los otros sufrientes.
El que ama con su cruz a cuestas no malogra el camino. Lo pleno le es propio, porque Jesús no miente. Y en esa fe lo sigue.
No hay hastío en aquel que ama crucificado, ni hay trivialidades que distraigan al que no huye de su vía dolorosa.
Transportar un peso fatiga. Transportar la cruz aumenta la sabiduría. Es sello del Verbo encarnado. Se la lleva abriendo mundos. Y el camino que abre no acaba en círculo cerrado, sino en salto. Dios es la recompensa de los que amaron con ella.
El cartel de la Cruz de Cristo decía: “Jesús de Nazaret Rey de los Judíos”. La cruz de sus discípulos dirá en la última hora: “De Cristo hasta el fin”.
Hoy besemos el crucifijo que tengamos en casa o a la mano.
Es nuestro sello de identidad salvífica. “  Amén

*Asesor espiritual de los Grupos de Padre Pio en Argentina

4. Palabras de Padre Pio
Lejos de nosotros lamentarnos de las aflicciones y enfermedades que Jesús quiera mandarnos. Sigamos al divino Maestro por la senda del Calvario cargados con nuestra cruz; y, cuando él quiera colocarnos en la cruz, es decir, tenernos en cama enfermos, démosle gracias y tengámonos por afortunados por el gran honor que se nos hace, sabiendo que estar en la cruz con Jesús es un acto muchísimo más perfecto que el de sólo contemplarlo a él en la cruz.
(26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 245)

5. Breve momento de meditación personal sobre los puntos 3 y 4

6. Coronilla al Sagrado Corazón de Jesús 

  - ¡OH Jesús mío! que dijiste. “ En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”, he aquí que yo llamo, yo busco, yo pido la gracia. (men-cionar la gracia solicitada)
Padre nuestro, Ave Maria, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
 - ¡OH Jesús mío!, que dijiste “en verdad os digo cualquier cosa que pidieres a mi Padre en mi nombre, él os la concederá” he aquí que a Vuestro Padre y en Vuestro nombre, yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria .
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
- OH Jesús mío ! que dijiste. “En verdad os digo, el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán jamás” he aquí que apoyado en la infalibilidad de vuestras santas palabras yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
 Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
¡OH Sagrado corazón de Jesús! a quien es imposible no tener compasión de los infelices, tened piedad de mi mísero pecador, y concédeme la gracia que te pido, por me-dio del Inmaculado Corazón de María, vuestra y nuestra tierna Madre.
 San José padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros.
Amen.

 •        Esta coronilla era recitada diariamente por el Padre Pío,     por todos aquellos que se encomendaban a sus oraciones.

7. Nos dice Padre Pío 

“El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en par y entregársela to-talmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para com-batir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios. Solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos."

Oración a san Pio por los enfermos 

Oh San Pío de Pietrelcina, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos, e intercede ante el Padre misericordioso por los que sufren.
Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo;
sostén a quienes han perdido toda esperanza de curación;
consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores;
protege a quienes no pueden atenderse o medicarse
por falta de recursos materiales o ignorancia;
alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar;
vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa;
acompaña a quienes pasan las noches insomnes,
visita a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos;
alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan;
toca los miembros y los músculos que han perdido movilidad;
ilumina a quienes ven tambalear su fe
y se sienten atacados por dudas que los atormentan;
apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran;
calma a quienes se estremecen por dolores y calambres;
concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan;
devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia;
disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos;
vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento;
guía a los moribundos al gozo eterno;
conduce al encuentro con Dios, a los que más lo necesitan;
y bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor,
los consuelan en su angustia y los protegen con su caridad.
Amén.

8. LETANIAS A SAN  PIO DE PIETRELCINA

Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo ten piedad.                                                                     Cristo ten piedad.
Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo, óyenos.                                                                          Cristo, óyenos.
Cristo, benignamente escúchanos.                                       Cristo, benignamente escúchanos.
Dios, Padre del Cielo                                                               Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo , Redentor del mundo.                                          Ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo,              Ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios. Ten piedad de nosotros.
Santa Maria, Virgen Inmaculada.                                         Ruega por nosotros.
San Pio de Pietrelcina .                                                           Ruega por nosotros.
Amado de Dios, Ruega por nosotros.
Imitador de Cristo, Ruega por nosotros.
Buen Pastor de las personas, Ruega por nosotros.
Modelo de sacerdote, Ruega por nosotros.
Luz de la Iglesia, Ruega por nosotros.
Adorador del Bendito Sacramento, Ruega por nosotros.
Fiel hijo de San Francisco, Ruega por nosotros.
Marcado con los estigmas de Cristo, Ruega por nosotros.
Paciente en el sufrimiento, Ruega por nosotros.
Auxilio de los moribundos, Ruega por nosotros.
Director de almas, Ruega por nosotros.
Corazón de oro, Ruega por nosotros.
Apóstol de misericordia, Ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, Ruega por nosotros.
Apóstol  del Sagrado Rosario, Ruega por nosotros.
Auxilio de almas en dudas  y tinieblas, Ruega por nosotros.
Confortador de almas, Ruega por nosotros.
Ejemplo de humildad, Ruega por nosotros.
Fuente de sabiduría, Ruega por nosotros.
Espejo de la Vida Divina, Ruega por nosotros.
Amante de Cristo Crucificado, Ruega por nosotros.
Resignado a la Voluntad de Dios, Ruega por nosotros.
Hacedor de bien sobre la tierra, Ruega por nosotros.
Lleno del Espíritu de sacrificio, Ruega por nosotros.
Nuestra ayuda y esperanza en las necesidades, Ruega por nosotros.
Vasija del Espíritu Santo, Ruega por nosotros.
Nuestra guía hacia Cristo, Ruega por nosotros.
Nuestro padre espiritual y abogado, Ruega por nosotros.
Coronado de Gloria en el Cielo, Ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Ten piedad de nosotros.
Oremos:
Dios, nuestro Padre. Tu que ayudaste a San Pio a reflejar la imagen de Cristo a través de una vida de caridad y sacrificio, rogamos poder seguir a Tu Hijo, caminando en las mismas huellas de San Pio de Pietrelcina, imitando su amor sin egoísmo. Amén.

9. Consagración personal a san Pio de Pietrelcina

Padre de bondad y misericordia, fuente inagotable de vida y felicidad, te pido, por in-tercesión del Padre Pío, me concedas ser semejante a él: sencillo y humilde, como las florecillas del campo, libre y alegre, como los pájaros del cielo; pobre y laborioso, co-mo su padre san Francisco.
Porque confío en tu amor y en tu gracia hoy te ofrezco libremente cuanto soy y cuanto tengo: deposito mi pasado en tu misericordia, encomiendo mi futuro a tu providencia y me quedo tranquilo como un niño pequeño en brazos de su madre cariñosa, tratando de vivir un día a la vez.
Te entrego mi memoria, mi inteligencia y mi voluntad. Te consagro mis fuerzas y mis límites: tómame como soy y haz de mí como hiciste de Pío de Pietrelcina, un buen cris-tiano y un honrado ciudadano que te alabe sirviendo a mis hermanos.  Amén.

10. Rezamos Salve a la Virgen Santísima

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oramos sin fronteras II


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Por la señal de la Santa Cruz
De nuestros enemigos
Líbranos Señor Dios nuestro.

†En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

1 Invocación

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.


Dios nuestro, acudimos hoy a tu misericordia implorando piedad para este mundo ingrato. De la mano de María, elevamos con fe y fervor nuestras plegarias.

2 Magnificat

« Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos,
enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre »

(Lc 1, 46-55).

3. Leemos en la carta Encíclica  “Redemptoris Mater” del Papa San Juan Pablo II

La dimensión mariana de la vida de un discípulo de Cristo se manifiesta de modo especial precisamente mediante esta entrega filial respecto a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, « acoge entre sus cosas propias » 130 a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su « yo » humano y cristiano: « La acogió en su casa » Así el cristiano, trata de entrar en el radio de acción de aquella « caridad materna », con la que la Madre del Redentor « cuida de los hermanos de su Hijo »,131 « a cuya generación y educación coopera » 132 según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de María a los pies de la Cruz y en el cenáculo.

Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia él. Se puede afirmar que María sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo en Caná de Galilea: « Haced lo que él os diga ». En efecto es él, Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres; es él « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 4, 6); es él a quien el Padre ha dado al mundo, para que el hombre « no perezca, sino que tenga vida eterna » (Jn 3, 16). La Virgen de Nazaret se ha convertido en la primera « testigo » de este amor salvífico del Padre y desea permanecer también su humilde esclava siempre y por todas partes. Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que « ha creído », y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y es sabido que cuanto más estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la « inescrutable riqueza de Cristo » (Ef 3, 8). E igualmente ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque « Cristo ... manifiesta plenamente el hombre al propio hombre ».133

Esta dimensión mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condición. En efecto, la feminidad tiene una relación singular con la Madre del Redentor … Aquí sólo deseo poner de relieve que la figura de María de Nazaret proyecta luz sobre la mujer en cuanto tal por el mismo hecho de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnación del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer. Por lo tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo.


3. Oración de san Bernardo
Mira la estrella, invoca a María

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme,
arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.
Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes,
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María.
Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu,
levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación,
lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón;
y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer;
si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.


4. Consagración al Inmaculado Corazón de María del Papa Pío XII

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente.

Vos, oh Madre de misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos), y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor.

Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en El todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz.


5. Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

 ¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezarmos tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.


6. Recitamos  las siguientes jaculatorias:


-¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

-Refugio de pecadores, rogad por nosotros.

¡-Oh dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía!


 7. Padrenuestro ,Avemaría, y Gloria por las intenciones del Papa.


8.. Letanías al Inmaculado Corazón de María

Señor, ten piedad...
Cristo, ten piedad...
Señor, ten piedad...
Cristo, oyenos.
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
                  Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios,
                  Ten piedad de nosotros.

Santa María ruega por nosotros
Corazón Inmaculado de María,                           "         
Corazón Inmaculado de María, lleno de gracia
Corazón Inmaculado de María, vaso del amor más puro
Corazón Inmaculado de María, consagrado íntegro a Dios
Corazón Inmaculado de María, preservado de todo pecado
Corazón Inmaculado de María, morada de la Santísima Trinidad
Corazón Inmaculado de María, delicia del Padre en la Creación
Corazón Inmaculado de María, instrumento del Hijo en la Redención
Corazón Inmaculado de María, la esposa del Espíritu Santo
Corazón Inmaculado de María, abismo y prodigio de humildad
Corazón Inmaculado de María, medianero de todas las gracias
Corazón Inmaculado de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús
Corazón Inmaculado de María, gozando siempre de la visión beatífica
Corazón Inmaculado de María, holocausto del amor divino
Corazón Inmaculado de María, abogado ante la justicia divina
Corazón Inmaculado de María, traspasado de una espada
Corazón Inmaculado de María, coronado de espinas por nuestros pecados
Corazón Inmaculado de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, exultando en la resurrección de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, triunfando eternamente con Jesús
Corazón Inmaculado de María, fortaleza de los cristianos
Corazón Inmaculado de María, refugio de los perseguidos
Corazón Inmaculado de María, esperanza de los pecadores
Corazón Inmaculado de María, consuelo de los moribundos
Corazón Inmaculado de María, alivio de los que sufren
Corazón Inmaculado de María, lazo de unión con Cristo
Corazón Inmaculado de María, camino seguro al Cielo
Corazón Inmaculado de María, prenda de paz y santidad
Corazón Inmaculado de María, vencedora de las herejías
Corazón Inmaculado de María, de la Reina de Cielos y Tierra
Corazón Inmaculado de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia
Corazón Inmaculado de María, que por fin triunfarás


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos

Tú, que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María, una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos.

Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amen


Salve, Madre soberana del Redentor, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar; socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse, tú que para asombro de la naturaleza has dado el ser humano a tu Creador ».

Amén



Grupos y devotos de san Pio de Pietrelcina   (habla hispana)   28 de Marzo – 15.30 hs

Oramos sin fronteras I


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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

1

¡Ven, Espíritu Divino!
(Secuencia de Pentecostés)

Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.



2

Oración

Amado Dios Padre omnipotente y eterno, que nos creaste por amor…
Mal hemos correspondido tu obra, mal hemos comprendido la misión que nos encomendaste como humanidad.
A la luz de las enseñanzas de tu dilecto hijo san Pio de Pietrelcina, elevamos hoy nuestra plegaria clamando tu perdón, pidiendo misericordia para este mundo errado que no valora la vida, que no te reconoce, que mata, codicia, ambiciona, roba, daña, traiciona, odia y blasfema !
Señor ante esta llamada de atención que es la peste, imploramos tu misericordia.
No podemos acudir a tu casa, no podemos ya recibirte en la sagrada Eucaristía pero aún así vivís en nosotros. Te amamos con fervor desde nuestra pequeñez.
Bendito, alabado y adorado seas Señor nuestro,
Recibe nuestras oraciones como ofrenda reparadora.
Bendice y protege tu santa Iglesia, castigada, dañada, ensuciada por tantos.
Bendice al Santo Padre, nuestro Papa Francisco nacido en estas tierras para que su mensaje de amor, misericordia, perdón, paz, concordia y fe sacuda al mundo
Bendice a tus sacerdotes con santidad, salud y fortaleza para que lleven tu Palabra y te sirvan dignamente
Libéranos de la peste del Covid 19 que ataca tu creación, destruye ese flagelo
Frena a quienes ejercen toda maldad: los que usan la ciencia para sentirse dioses, a los que practican abortos, a los que practican eutanasia, a los que realizan rituales satánicos, a los que maldicen.
Bendice y protege los Grupos de oración para que como faros de luz y de amor llevemos tu mensaje de esperanza y santidad por todo el mundo. Sostenenos Señor para no darnos nunca por vencidos. Que nuestro actual sufrimiento sirva para consolar tu dolor.
En esta santa Cuaresma, te decimos  Perdón Señor, pecamos contra Ti.
Te adoramos Oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.
Amén


3

SALMO 91

1 Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
2 di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
3 El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
4 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
5 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
6 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
7 Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
8 Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
9 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
10 No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
11 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
12 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
13 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
14 «El se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
15 me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
16 le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación».


4

Decena Del Rosario

Contemplamos 
“ La oración de Jesús en el Huerto”

…”Jesús fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron al lugar les dijo: ”Orad para no caer en tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia del lanzamiento de una piedra y arrodillándose oraba: “Padre, si quieres ¡aleja de mí este cáliz! No se haga sin embargo, mi voluntad sino la tuya”… Invadido por la angustia oraba más intensamente; y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”. (Lc. 39-44)

Padre nuestro - 10 Ave María - Gloria

5

Letanías de los Santos

-Señor ten piedad de nosotros
-Señor ten piedad de nosotros
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Cristo óyenos
-Cristo óyenos
-Cristo escúchanos,
-Cristo escúchanos,
-Dios Padre celestial,
Ten piedad de nosotros,
-Dios Hijo Redentor del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Dios Espíritu Santo,
Ten piedad de nosotros.
-Trinidad santa un solo Dios,
Ten piedad de nosotros.
-Santa María,
Ruega por nosotros.
-Santa Madre de Dios,
Ruega por nosotros.
-Santa Virgen de las vírgenes,
Ruega por nosotros.
-San Miguel,
Ruega por nosotros.
-San Gabriel,
Ruega por nosotros.
-San Rafael,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos ángeles y arcángeles,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados,
Rueguen por nosotros.
-San Juan Bautista,
Ruega por nosotros.
-San José,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos patriarcas y profetas,
Rueguen por nosotros.
-San Pedro,
Ruega por nosotros.
-San Pablo,
Ruega por nosotros.
-San Andrés,
Ruega por nosotros.
-San Juan,
Ruega por nosotros.
-Santo Tomás,
Ruega por nosotros.
-Santiago,
Ruega por nosotros.
-San Felipe,
Ruega por nosotros.
-San Bartolomé,
Ruega por nosotros.
-San Mateo,
Ruega por nosotros.
-San Simón,
Ruega por nosotros.
-San Tadeo,
Ruega por nosotros.
-San Matías,
Ruega por nosotros.
-San Bernabé,
Ruega por nosotros.
-San Lucas,
Ruega por nosotros.
-San Marcos,
Ruega por nosotros.
-Todos los Santos apóstoles y evangelistas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos discípulos del Señor,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos inocentes,
Rueguen por nosotros.
-San Esteban,
Ruega por nosotros.
-San Lorenzo,
Ruega por nosotros.
-San Vicente,
Ruega por nosotros.
-San Fabián y San Sebastián,
Rueguen por nosotros.
-San Juan y San Pablo,
Rueguen por nosotros.
-San Cosme y San Damián,
Rueguen por nosotros.
-San Gervasio y San Protasio,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos mártires,
Rueguen por nosotros.
-San Silvestre,
Ruega por nosotros.
-San Gregorio,
Ruega por nosotros.
-San Ambrosio,
Ruega por nosotros.
-San Agustín,
Ruega por nosotros.
-San Jerónimo,
Ruega por nosotros.
-San Martín,
Ruega por nosotros.
-San Nicolás,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos obispos y confesores,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos doctores,
Rueguen por nosotros.
-San Antonio,
Ruega por nosotros.
-San Benito,
Ruega por nosotros.
-San Bernardo,
Ruega por nosotros.
-Santo Domingo,
Ruega por nosotros.
-San Francisco,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos sacerdotes y levitas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos monjes y ermitaños,
Rueguen por nosotros.
-Santa María Magdalena,
Ruega por nosotros.
-Santa Águeda,
Ruega por nosotros.
-Santa Lucía,
Ruega por nosotros.
-Santa Inés,
Ruega por nosotros.
-Santa Cecilia,
Ruega por nosotros.
-Santa Catalina,
Ruega por nosotros.
-Santa Anastasia,
Ruega por nosotros.
-Todas las santas vírgenes y viudas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos y santas de Dios,
Intercedan por nosotros.
-Muéstratenos propicio,
Perdónanos Señor.
-Muéstratenos propicio,
Escúchanos Señor.
-De todo mal,
Líbranos Señor.
-De todo pecado,
Líbranos Señor.
-De tu ira,
Líbranos Señor.
-De la muerte súbita e imprevista,
Líbranos Señor.
-De las asechanzas del demonio,
Líbranos Señor.
-De la cólera, del odio y de toda mala intención,
Líbranos Señor.
-Del espíritu de fornicación,
Líbranos Señor.
-Del rayo y de la tempestad,
Líbranos Señor.
-Del azote de los terremotos,
Líbranos Señor.
-De la peste, del hambre y de la guerra,
Líbranos Señor.
-De la muerte eterna,
Líbranos Señor.
-Por el misterio de tu santa encarnación,
Líbranos Señor.
-Por tu venida,
Líbranos Señor.
-Por tu natividad,
Líbranos Señor.
-Por tu bautismo y santo ayuno,
Líbranos Señor.
-Por tu cruz y tu pasión,
Líbranos Señor.
-Por tu muerte y sepultura,
Líbranos Señor.
-Por tu santa resurrección,
Líbranos Señor.
-Por tu admirable ascensión,
Líbranos Señor.
-Por la venida del Espíritu Santo, nuestro Consolador,
Líbranos Señor.
-En el día del juicio,
Líbranos Señor.
Nosotros, pecadores, te rogamos
– que nos oigas,
– que nos perdones,
– que nos seas indulgente,
– que te dignes conducirnos a verdadera penitencia,
– que te dignes regir y gobernar tu santa Iglesia,
– que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica,
– que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia,
– que te dignes conceder a los reyes y príncipes cristianos la paz y la verdadera concordia,
– que te dignes conceder la paz y la unión a todo el pueblo cristiano,
– que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles,
– que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio,
– que levantes nuestro espíritu al deseo de las cosas celestiales,
– que concedas a todos nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos,
– que libres nuestras almas, las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, de la condenación eterna,
– que te dignes damos y conservar las cosechas de la tierra,
– que te dignes conceder el descanso eterno a todos los fieles difuntos,
– que te dignes escucharnos, Hijo de Dios.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Cristo, óyenos,
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos,
-Cristo, escúchanos.
-Cristo, ten piedad de nosotros,
-Cristo, ten piedad de nosotros.
-Señor, ten piedad de nosotros,
-Señor, ten piedad de nosotros.

Padrenuestro.

6

Consagración (de pie)

¡ Oh corazón Inmaculado de María ! por tu perfecta comunión de amor con el corazón de Jesús,  deseamos consagrarnos totalmente a tu corazón Inmaculado que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús.
Tu corazón es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.
Deseamos pertenecer a tu corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas. Y en virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos  que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico.
Que nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu Santo, como arde tu corazón, y que unidos a ti sepamos dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón Divino de Jesús. Amén

7

SALMO 121

1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
2 La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
3 El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
4 No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel.
5 El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
6 de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
7 El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
8 El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

Cuaresma


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Grupos de Oración del Padre Pio 
SANTO ROSARIO – Cuaresma 2020

+Señal de la cruz

Oración de inicio
Dame tu mano, María, la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía   tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata
Esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.
¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel, te saludó: "Ave, María"?
Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti este augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario cítame en Getsemaní.
A ti doncella graciosa, hoy maestra de dolores, p
laya de los pecadores, nido en que el alma reposa,
a ti te ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quién quería cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.
Amén.

Meditaremos en cada misterio un texto extraído del libro” Las cuarenta horas de Padre Pio. Oremos, Adoremos”

Pèsame 

Primer Misterio:  
Jesús agoniza en el huerto de Getsemaní por el desprecio y la indiferencia de los hombres ante su amor. Él “los amó hasta el extremo” (Jn 13,1), es decir, los amó hasta las últimas consecuencias..., hasta llegar a aparecerse al pan  para convertirse en alimento de los hombres. Entonces Él, en el huerto de Getsemaní, sufrió incluso por el sacrilegio y el desprecio de los hombres por la Eucaristía. Jesús fue consolado por un ángel allí en el huerto; por lo tanto nosotros deseamos ofrecer a Jesús sacramentado toda la compasión y el amor de su Madre, la única que, en toda su plenitud, se ofreció al amor de su Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Segundo Misterio: 

San Pío decía: “Es más fácil que el mundo pueda mantenerse  sin el sol que sin la Misa”.
 Víctima silenciosa de nuestros altares, Jesús continúa ofreciéndose al Padre como durante la flagelación, como reparación de todas las maldades e iniquidades humanas.
El apóstol Pablo exhorta: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?  El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él... Glorificad, por tanto a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6,15-19). Jesús, escondido en la pequeña Hostia del altar, ordena nuestras pasiones y nos logra la paz. Nos acercamos, entonces, a nuestro buen Médico para glorificar a Dios en nuestro cuerpo, como lo hace  la Inmaculada que ya ha ascendido al Cielo en cuerpo y alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Tercer Misterio:  

En ninguna otra parte de la pasión se manifiesta la humillación a la cual estuvo sujeto el Señor como en la coronación de espinas. En la Santísima Eucaristía, por tanto, la humillación y el rebajamiento de Dios son insondables. ¿Cómo podemos explicar este estado de Jesús en la Hostia consagrada, si no reconocemos que Dios se humilla tan profundamente para confundir nuestro orgullo, raíz de todos nuestros pecados?
Nos creemos más sabios que Dios y criticamos todo, pero no ponemos en práctica sus mandamientos. Sigamos el ejemplo de María, que se reconoció “la esclava del Señor” (ver Lc 1, 3-8) y pidámosle su gracia para entregarnos humildemente, como ella lo hizo, a la voluntad de Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Cuarto Misterio:   

“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí no puede ser mi discípulo ” (Lc 14, 27). La Virgen Santísima, que, desde la profecía de Simeón, sintió la punta de aquella espada que después lenta e inexorablemente penetró en su Corazón hasta traspasarlo en el Calvario, nos da la gracia para soportar los pequeños y grandes sufrimientos de cada día y unirlos, como lo hizo Él en el Calvario, al sacrificio de Cristo que se renueva cada día en nuestros altares.
Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio:  

El Sacrificio eucarístico es recuerdo del  Calvario. Decía San Pío: “En la Misa está todo el Calvario” (13); y cuando se le preguntó: “Padre, ¿cómo debemos participar en la Santa Misa?”, él respondió: “Como la Virgen, como San Juan y las piadosas mujeres del Calvario, amando y compadeciendo”.  En el Calvario, María refleja todo el dolor y todos los sentimientos de su Hijo. Ella es la Cordera sacrificada con el Cordero sacrificado, y en cada Santa Misa se actualiza, junto a Jesús Víctima, la presencia y ofrecimiento de María como Corredentora. Ella es la hostia con Jesús Hostia. Los fieles, que tienen el sacerdocio común por el bautismo, pero en particular el sacerdote, que tiene el sacerdocio ministerial, recibido en el Sacramento del Orden Sagrado, deben tener como modelo a María, ofreciendo a Dios no sólo el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también la “propia vida, su propio trabajo y todas las cosas creadas”
Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Rezamos por la intenciòn del Papa Francisco para este mes:
*Por los católicos en China.
Recemos para que la Iglesia en China persevere en la fidelidad al Evangelio y crezca en unidad.

Padrenuestro, 3 ave María y Gloria

Oraciòn a san Miguel Arcàngel   

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

Rezamos una Salve

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

A pedido del Santo Padre


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A pedido del Santo Padre rezamos a la Santísima Virgen por la Santa Iglesia de Cristo:


"Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; 
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, 
antes bien, líbranos de todo peligro, ¡ oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!


ELEVAMOS LA ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL poniendo bajo su especial protección a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, al Sumo Pontífice, a los Grupos de oración de Padre Pio,y a los sacerdotes asistentes espirituales parroquiales.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

En el nombre del Padre, y del hijo , y del Espíritu Santo, Amén

San Pio de Pietrelcina, 
Ruega por nosotros

ROSARIO "La santa Iglesia Católica"


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Grupos de oración del Padre Pio de habla hispana

Rosario meditado “La santa Iglesia Católica”

+ Nos ponemos en presencia de DIOS, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Rezamos este santo Rosario, con meditaciones originales de Padre Pio por las siguientes intenciones:
Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe…

Leemos en el libro de Mateo Cap. 16:
"Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Igle-sia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella."

Rezamos el Pèsame

Primer Misterio:

Sé que Vuestro corazón sufre mucho en estos días por la suerte que corre la Iglesia, por la paz del mundo, por las muchas necesidades de las nacio-nes; pero sobre todo, por la falta de obediencia de algunos, incluso católi-cos, a las altas enseñanzas que Vos, asistido por el Espíritu Santo, nos dais en nombre de Dios.
Os ofrezco mi oración y mi sufrimiento de cada día, como sencillo pero sincero recuerdo del último de Vuestros hijos, a fin de que el Señor Os conforte con su gracia, para continuar el recto y fatigoso camino, en la de-fensa de la verdad eterna, que nunca cambia con el mudar de los tiempos.
Os agradezco, también en nombre de mis hijos espirituales y de los «Gru-pos de oración» la palabra clara y definitiva que habéis dicho, especial-mente en la última encíclica Humanae Vitae; y reafirmo mi fe y mi obe-diencia incondicional a Vuestras iluminadas orientaciones.
(12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Quiera el Señor conceder el triunfo a la verdad, la paz a su Iglesia, la tran-quilidad a las naciones de la tierra, salud y prosperidad a Vuestra Santidad, para que, disipadas estas nubes pasajeras, el reino de Dios triunfe en todos los corazones, gracias a Vuestra acción apostólica de supremo Pastor de toda la cristiandad.
 (12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Tercer Misterio:

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Pa-dre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artima-ñas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hom-bres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni re-duzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la pro-pagación del reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Igle-sia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y un solo Pastor. Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todav-ía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: «La mies es mucha y los trabajadores son pocos».
 (8 de marzo de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 61)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Cuarto Misterio:

Después del amor de nuestro Señor, yo te recomiendo el de la Iglesia, su esposa y nuestra tierna madre; el de esta querida y dulce paloma, que sólo puede poner huevos y hacer que nazcan pichoncitos para el Esposo. Agradece a Dios, cientos de veces al día, el ser hija de la Iglesia. Pon tu mi-rada en el Esposo y en la Esposa; y di al Esposo: «Oh, que eres el Esposo de una bella Esposa»; y a la Esposa: «Ah, que eres la Esposa de un Esposo to-do divino». Ten gran compasión de todos los pastores y predicadores de la Iglesia, al igual que de todos los pastores de almas; y contempla, hijita mía, cómo están diseminados por toda la tierra, porque no hay provincia en el mundo donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose ellos mismos, procuren con fruto la salvación de las almas. Y en esto te suplico que no te olvides nunca de mí, cuando te encuentres delante de Jesús, ya que él me da tanta voluntad de no olvidarme nunca de tu alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

No todos estamos llamados por Dios a salvar almas y a propagar su gloria mediante el elevado apostolado de la predicación; y has de saber que este no es el único y solo medio para alcanzar estos dos grandes ideales. El al-ma puede propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de las al-mas mediante una vida verdaderamente cristiana, orando incesantemente al Señor que «venga su reino», que su santísimo nombre «sea santifica-do», que «no nos deje caer en la tentación», que «nos libre del mal».
Esto es lo que debes hacer también tú, ofreciéndote plena y continuamen-te al Señor por este fin. Reza por los malvados, reza por los tibios, reza también por los fervorosos, y reza de modo especial por el sumo Pontífice, por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra muy tierna madre; y eleva una oración especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria de Dios en las misio-nes, entre tanta gente infiel e incrédula.
  (11 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 68)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.
A
ve María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:

"Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países."

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcángel poniendo los Grupos de oración  de Padre Pio bajo su protección, y en especial le rogamos asista , proteja y guarde la salud del Padre Gustavo Seivane,  asesor espiritual de los grupos de Argentina.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Re-prímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


+  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

a Raffaelina Cerase


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Huye, huye hasta de la más mínima sombra que te haga sentirte importante. Reflexiona y ten siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y nuestra, la cual, a medida que aumentaban en ella los dones celestiales, profundizaba cada vez más en la humildad, de modo que, en el mismo momento en que fue cubierta por la sombra del Espíritu Santo, que la convirtió en Madre del Hijo de Dios, pudo cantar: «He aquí la esclava del Señor». Y lo mismo cantó nuestra tan querida Madre en casa de santa Isabel, a pesar de llevar en sus castas entrañas al Verbo hecho carne.
En la medida que crezcan los dones, crezca tu humildad, pensando que todo nos es dado como préstamo; al aumento de los dones vaya siempre unido el humilde agradecimiento hacia tan insigne bienhechor, de modo que tu espíritu prorrumpa en alabanzas continuas. Actuando así, desafiarás y vencerás todas las iras del infierno: las fuerzas enemigas serán despedazas, tú te salvarás y el enemigo se corroerá en su rabia. Confía en la ayuda divina y ten por cierto que quien te ha defendido hasta ahora, continuará su obra de salvación.

 (13 de mayo de 1915, Ep.II, p. 417)