Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Pascua, Homilía del Padre Gustavo Seivane *


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 Algo le sucedió a la muerte. Algo definitivo: la Resurrección de Cristo.

Así, la muerte mutó. Hizo también su pascua. Su paso. 

Se deslizó de eterna a temporal, y, quedó sentenciada para su disolución, cuando la muerte ya muera al final de los tiempos, cuando se vea cumplida en nosotros la Palabra del Redentor que dice: “Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna, y que yo lo resucite en el último día”. 

¡Resucitó Jesús! Ya no se callarán los aleluyas. Ni la Iglesia, dejará de cantar por siempre su cántico nuevo, su estremecedora acción de gracias al Redentor de los hombres.

Así, se propaga la alegría, una alegría hoy en la esperanza, una alegría celebrada  junto al cirio Pascual. 

¡Jesucristo vive! El Pastor se reencuentra con sus ovejas, el rebaño lo reconoce espléndido de Vida, de nueva e inédita Vida, Vida de resucitado, Vida empapada de Gloria. 

¡Resucitó por amor! La muerte no lo retuvo. La muerte se encogió hasta morir, cuando el alba eterna surgió con él.  Y de él. Brotando, expandiendo una fuerza de tremenda majestad, de sonora alegría, de gozo gozado.

¡Alabado sea el Cordero que puede romper los sellos y abrir los Libros! ¡Alabado sea el Misericordioso! ¡El que ha sido exaltado a lo más alto de los Cielos!¡El Santo, el Hombre Celestial, el Vencedor Magnífico! 

Porque lo habíamos visto aplastado, triturado, llovido de escarnio, y colgado de una Cruz… Ah! pero su fidelidad…  palpen en sus corazones su fidelidad. Él lo había prometido. Ustedes discípulos que marchan hacia Emaús. Tú, querido Tomás. Y tú, Pedro. Miren en sus almas, abran sus memorias, corran hacia al sepulcro, contemplen como testigos privilegiados. Háganlo con nosotros. Déjennos hacerlo con ustedes. Digamos juntos: “Su Fidelidad dura por siempre”. 

 “El Mesías debía sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; debía ser condenado a muerte, y resucitar al tercer día”.

Ahora Cristo vive Vida del todo nueva. Vida en la que ya estamos insertados, implantados, incrustados, mientras nos encaminamos hacia nuestra propia pascua. 

Porque en él hemos renacido. Porque nuestro bautismo ya nos participa de su nueva creación. De su eternidad.

Resucitaremos con el que resucitó. Naceremos. Será un paso. Será un cruce. Será confluir hacia la Luz definitiva y superadora de toda materia caduca, de toda lobreguez yerma, de toda ceniza.

Sólo esperamos su abrazo, su aceptación, su triunfo compartido; y sentarnos a su mesa, ser en su Día sin ocaso, ser amando, ser glorificando al que nos ganó una eternidad feliz. 

Cristo acabó con los dolores del alma, con los sufrimientos del cuerpo, con los abandonos, con los estertores de la enfermedad, con la decrepitud, con el pecado y la muerte. Pues eso llegará. Empezó en él y con él. Y comenzó a anticiparse en los santos y en los prodigios de la Iglesia que la historia recoge. 

En la Vida bienaventurada no germinará el fracaso. Y las llagas de Jesús nos darán la luz consoladora. Ya brillan. Y son más brillantes que todos los soles del universo. 

Y por eso, la Iglesia canta su Aleluya. Y el cirio, luz del Resucitado, gobierna esta asamblea. Ahora, sabemos qué nos espera, y quién nos espera.

Fuimos creados como un “tú” para Dios. Como creaturas capaces de entrar en diálogo, capaces de encontrarse con él por vía del amor.

Ahora, Cristo, cumpliendo su promesa, abre el Día sin final del perfecto diálogo y encuentro entre Dios y su creatura, entre el Padre y sus hijos, entre él, el Hermano divino, y sus redimidos.

Vamos, nosotros, cada uno hacia ese evento. Conocido y desconocido a la vez. Paradoja santa: hacia la resurrección que nos ganó Jesús. 

Él lo hizo posible. El Primogénito de entre los muertos. El que nos constituyó desde ahora, en tanto bautizados, hijos de la resurrección. Por sus llagas fuimos sanados.

La operación de un amanecer de tremenda luz. De reconstitución de los cuerpos, de los sentidos, del lenguaje, de la percepción, de la inteligencia, de la voluntad, de las capacidades.

¡Resurrección! Resucitaremos con él. Como él. Lo hizo Dios.

 Será una reunión con tus células, tu energía, tu físico. Será conservando tu identidad. Amarás tú. El mismo de ahora, pero (paradoja santa) serás como otro, por la perfección adquirida gracias a los méritos de Jesús.

Alba inédita. Relámpago de ángeles. Limpieza. Fin de la corrupción. Serenos extranjeros de todo camino errado. Ya nos habremos encontrado a nosotros mismos sin dudas ni ambigüedades. Y con los otros sin sospechas ni vacilaciones. Inédita vida. Vislumbre de lo santo. Maravilla de ser de tal modo que la fuente del amor y la verdad saciando no se agotarán jamás. Gloria del conocimiento, de la percepción sin alienaciones. Conjunto y detalle suscitándonos alabanzas. Estremecimiento del gozo de vivir en un océano de gracia donde “Dios será todo en todos”.

“¿Dónde está muerte tu aguijón?”, dijo San Pablo… 

¡Bendito sea el Señor! Él nos despertará del sueño de la muerte. Él, el Primero y el último. No será un despertar para una mera inmortalidad del alma, sino que viviremos una verdadera resurrección. Toda nuestra persona resucitará como él, y nuestro cuerpo será glorificado.

“Destruyan este templo, y yo lo edificaré en tres días”, había dicho. “Él se refería al templo de su Cuerpo”.

Nuestro destino es Dios. “Él recibió el Nombre que está sobre todo nombre”. Cristo es la Puerta.                                    

                *   Asesor espiritual de los Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina en Argentina

Santo Rosario Tiempo de Pascua


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 Grupos de oración de San Pio de Pietrelcina

Santo Rosario – Tiempo de Pascua

Transitando el tiempo de Pascua meditaremos con textos  extraídos de la exhortación apostólica “Christus Vivit” del Papa Francisco y de los escritos de Padre Pio.


Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo Amén

Escribe Padre Pio desde Pietrelcina, el 1 de abril de 1915

“Con toda la fe que tengo en el alma y con vivísima aspiración en el corazón, os deseo que paséis bellas fiestas de Pascua, y hago ardientes votos para que el dulcísimo Jesús resucitado quiera daros una larga vida siempre en la más perfecta alegría espiritual.”

Pésame

Primer Misterio (leer la cita evangélica)

Dice el Papa Francisco:

“Jesús está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Segundo Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

“Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Tercer Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

“Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de  que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Cuarto Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva ».

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: (leer la cita evangélica)

Del Papa Francisco:

«¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor». Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos… siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Por la intención del Papa  Francisco (2023)  para este mes

Abril: Por una cultura de la no violencia

Oremos por una mayor difusión de una cultura de la no violencia, que pasa por un uso cada vez menor de las armas, tanto por parte de los Estados como de los ciudadanos.

Mayo: Por los movimientos y grupos eclesiales

Oremos para que los movimientos y grupos eclesiales redescubran cada día su misión evangelizadora, poniendo sus propios carismas al servicio de las necesidades del mundo.

Padre Nuestro  - 3 Ave María  - Gloria


Oración

Nuestro Señor Resucitado, es hermoso sentir tu presencia poderosa y acogedora que despierta y llena de vida todos los ambientes que nos rodean, alejando todo sentimiento de angustia y abandono.

Ayúdanos a permanecer siempre cerca de Ti, porque solo de Ti procede  ese amor que nos sostiene, esa fuerza que nos restaura y todo ese poder para seguir luchando con valentía.

Gracias por tu inmenso sacrificio de amor en la Cruz, por tu gloriosa resurrección que nos invita a renovar nuestro corazón en tus promesas, y gracias por todos los momentos de oración que hemos disfrutado juntos.

Ayúdanos a reconocerte en todo momento, sentir que estás vivo y presente, sentir tu cercanía que consuela y trae la paz al alma. 

Sólo tu voz queremos seguir, solo tu voz queremos sentir.

Ayúdanos a reconocer tu voz en las tristezas y alegrías, en los momentos de aflicción. Queremos recurrir a ella y rendirnos a tu voluntad porque Tú has derrotado la muerte y nos has dado el regalo de la salvación.

Te pedimos que sigas obrando en nosotros, sigue bendiciéndonos y abriendo caminos de sanación, de salud, de fortaleza, de esperanza. Capacítanos con tu sabiduría para saber romper todo muro de dolor que no nos deja avanzar.

Danos la gracia de poder liberarnos de miedos y opresiones, de sentirnos capacitados y valientes para salir y anunciar todo lo bueno de tus promesas.

Queremos nacer de nuevo en el Espíritu, rehacer nuestra vida para alabarte y adorarte, porque en ningunas otras manos podríamos estar más seguros.

Amén.

Oración a san Miguel Arcángel

SALVE a la Santísima Virgen

Animación en Argentina 2023

De la mundanidad...


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Oramos por la paz


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+ Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y de Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Nos dice San Francisco de Asis en la Admonición 15:

Dichosos los pacíficos  porque serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5,9.

Son verdaderamente pacíficos aquellos que en medio de todas las cosas que padecen en este mundo, conservan la paz en su alma y en su cuerpo por el amor de nuestro Señor Jesucristo.”


DIJO EL PAPA FRANCISCO... "¡Que una cadena de empeño por la paz una a todos los hombres y a las mujeres de buena voluntad! Es una invitación fuerte y urgente que dirijo a la entera Iglesia Católica, pero que extiendo a todos los cristianos de las demás Confesiones, a los hombres y mujeres de toda religión y también a aquellos hermanos y hermanas que no creen: la paz es un bien que supera toda barrera, porque es un bien de toda la humanidad".


ORACION POR LA PAZ DE JUAN PABLO II


"Creador de la naturaleza y del hombre

de la verdad y de la belleza, elevo una oración:

ESCUCHA MI VOZ

porque es la voz de las víctimas de todas las guerras

y de la violencia entre los individuos y entre las naciones;

ESCUCHA MI VOZ

porque es la voz de los niños que sufren y sufrirán

cada vez que los pueblos pongan su confianza en las armas

y en la guerra; 

ESCUCHA MI VOZ

cuando te pido que infundas en los corazones de todos

los seres humanos la sabiduría de la paz, la fuerza de

la justicia y la alegría de la amistad;

ESCUCHA MI VOZ

porque hablo en nombre de las multitudes de cada país

y de cada periodo de la historia que no quieren la guerra

y están dispuestos a recorrer el camino de la paz; 

ESCUCHA MI VOZ

y danos la capacidad y la fuerza para poder responder

al odio con amor, a la injusticia con una a dedicación a 

la justicia,

a la necesidad con nuestra propia involucración,

a la guerra con la paz.

Oh DIOS, ESCUCHA MI VOZ

y concede al mundo para siempre Tu paz". AMÈN


Ofrecemos el santo Rosario a la Santísima Virgen  y meditamos las palabras de Padre Pio acerca de la paz


Pésame


Primer Misterio: 

-Mantente siempre unida estrechamente a la santa Iglesia Católica, porque sólo ella te puede dar la paz verdadera, ya que sólo ella posee a Jesús sacramentado. Él es el verdadero príncipe de la paz (FM, 166). 

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Segundo Misterio: 

 -Calma, le recomiendo siempre calma. Las ansiedades angustiosas agotan y esterilizan la piedad cristiana (1260).

 Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Tercer Misterio: 

 - …conservando la tran¬quilidad y la paz en cualquier circunstancia, haremos grandes progresos en las vías del Señor; por el contrario, perdida esta paz, todos nuestros esfuerzos conseguirán poco o ningún fruto para la vida eterna (608).

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 

 Cuarto Misterio:.

- El enemigo de nuestra salvación co¬noce muy bien que la paz del corazón es un indicio seguro de la asistencia divina, y, por tanto, no deja pasar ocasión para hacérnosla perder. Por tanto, vivamos siempre alerta sobre este particular. Jesús nos ayudará (603).

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: 

La paz es la simplicidad del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo del amor.

La paz es el orden y la armonía entre todos; es el continuo gozo que brota del testimonio de una buena conciencia; es la santa alegría de un corazón, en el que reina Dios.

La paz es el camino de la perfección, aún más, en la paz se encuentra la perfección.

El demonio conoce todo esto y hace todo lo posible para hacernos perder la paz 

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

 

Por la intención del Santo Padre Francisco para este mes y  por la paz en el mundo, en especial en los países en guerra.

Padre nuestro, 3 ave María y Gloria


Oración a san Miguel Arcángel


SALVE  


El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Enseñanzas


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Llama a Jesús...


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Durante el día, cuando no puedes  hacer otra cosa, llama a Jesús aún en medio de todas tus ocupaciones. Vuela con el espíritu ante el tabernáculo cuando no puedas ir con el cuerpo, y allí desahógate de tus  ardientes codicias, habla y ora y abraza al Amado de las almas, mejor que si te fuese dado recibirlo sacramentalmente.

                                                                                                            Epístolario III, pag. 448



Rosario sobre "La vanagloria"


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 Grupos de Oración de San Pio de Pietrelcina

Santo Rosario – Febrero 2021

† Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén  


Nos enseña Padre Pio:

El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en par y entregársela totalmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para combatir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios. Solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos."

Pésame

Primer Misterio: 

Graben bien en su mente; esculpan fuertemente en sus corazones; y convénzanse de que nadie es bueno «sino sólo Dios»; y que nosotros no te-nemos otra cosa que la nada. Vayan meditando continuamente lo que san Pablo escribe a los fieles de Corinto: «¿Qué tienes que no lo hayas recibi-do? Y, si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?». «No que seamos capaces - dice además - de pensar algo por nosotros mismos, como si fuera cosa nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios».

Cuando se sientan tentadas de vanagloria, repitan con san Bernardo: «Ni por ti lo inicié, ni por ti lo dejaré» ¿No comencé mi viaje por los caminos del Señor? Entonces, por ellos quiero seguir; por ellos continuaré mi mar-cha. Si el enemigo les asalta por la santidad de su vida, que le griten a la cara: mi santidad no es fruto de mi espíritu, sino que es fruto del espíritu de Dios que me santifica. Es un don de Dios; es un talento que me ha pres-tado mi Esposo para que yo negocie con él y después le rinda estrecha cuenta de la ganancia obtenida.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Segundo Misterio: 

Las virtudes son como quien tiene un tesoro, que, si no lo tiene escondido a los ojos de los envidiosos, se lo robarán. El demonio está siempre vigi-lando; y él, el peor de todos los envidiosos, busca arrebatar este tesoro, que son las virtudes, tan pronto como lo descubre; y lo hace asaltándonos con ese enemigo tan poderoso que es la vanagloria.

Nuestro Señor, siempre atento a nuestro bien, para preservarnos de este gran enemigo, nos lo advierte en varios lugares del evangelio. ¿Acaso no nos dice que, si queremos hacer oración, nos retiremos a nuestro cuarto, cerremos la puerta y oremos de tú a tú con Dios, para que nuestra oración no sea conocida por los demás?; ¿que, al ayunar, nos lavemos la cara para que no descubramos nuestro ayuno a los demás en la suciedad y la palidez del rostro?; ¿que, al dar limosna, no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda?

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Tercer Misterio: 

 Tenía mucha razón San Jerónimo, al comparar la vanagloria con la sombra. De hecho, la sombra sigue al cuerpo a todas partes; y hasta le mide los pasos. Se aleja el cuerpo, se aleja también ella; camina a paso lento, también ella hace lo mismo; se sienta, y entonces también ella toma la misma posición.

Lo mismo hace la vanagloria; sigue por todos lados a la virtud. En vano intentaría el cuerpo huir de su sombra; ésta, siempre y en todas partes, le sigue y camina a su lado. Lo mismo le sucede a quien se ha dedicado a la virtud, a la perfección: cuanto más huye de la vanagloria, más es asaltado por ella. Temamos todos, querido padre, a este nuestro gran enemigo. Lo teman todavía más aquellas dos almas elegidas, porque este enemigo tiene un algo de inexpugnable.

Estén siempre alerta; no se deje a este enemigo tan poderoso entrar en la mente y en el corazón; porque, si consigue entrar, desflora las virtudes, corroe la santidad, corrompe todo lo que hay de belleza y de bondad.

Traten de pedir continuamente a Dios la gracia de verse preservadas de este vicio pestilente, porque «Todo don perfecto viene de arriba, del Padre de las luces». Abran sus corazones a la confianza en Dios. Recuerden siempre que todo lo que hay de bueno en ellas, es puro regalo de la suma bondad del Esposo celestial.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Cuarto Misterio:

La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada, con toda razón, la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad.

Nuestro Señor, para mostrarnos en qué gran medida la vanagloria es contraria a la perfección, lo hace con aquella reprensión que hizo a los apóstoles, cuando los vio llenos de autocomplacencia y de vanagloria, porque los demonios obedecían las órdenes que ellos les daban: «Sin embargo, no os alegréis porque los espíritus se os someten».

Y para erradicar del todo de sus mentes los tristes efectos de este maldito vicio, que suele conseguir insinuarse en los corazones, los atemoriza poniendo ante sus ojos el ejemplo de Lucifer, precipitado desde las alturas por la vana complacencia en la que cayó ante la grandeza a la que Dios le había ensalzado: «Veía a satanás, que caía del cielo como un relámpago».

Este vicio hay que temerlo todavía más porque no hay una virtud contraria para combatirlo. En efecto, cada vicio tiene su remedio y la virtud contraria; la ira se destierra con la mansedumbre; la envidia con la caridad; la soberbia con la humildad; etc. Sólo la vanagloria no tiene una virtud con-traria para ser combatida. Ella se insinúa en los actos más santos; y, hasta en la misma humildad, si no se está atento, ella coloca con soberbia su tienda.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria


Quinto Misterio: 

San Crisóstomo, hablando de la vanagloria, dice: «Cuantas más obras realices, buscando aplastar la vanagloria, tanto más la estimulas». ¿Y cuál es la causa de esto? Dejemos que nos lo diga el mismo santo doctor: «Por-que todo lo malo proviene del mal; solo la vanagloria procede del bien; y, por eso, no se extingue con el bien sino que se infla más».

El demonio, querido padre, sabe muy bien que un lujurioso, un ladrón, un avaro, un pecador, tienen más motivos para avergonzarse y para sonrojarse que para gloriarse; y, por eso, se cuida mucho de tentarlos por ese lado, y les ahorra esta batalla. Pero no se la ahorra a los buenos, sobre to-do al que se esfuerza por tender a la perfección. Todos los otros vicios se yerguen sólo en los que se dejan vencer y dominar por ellos; pero la vanagloria levanta la cabeza precisamente en aquellas personas que la comba-ten y la vencen. Se envalentona al asaltar a sus enemigos, sirviéndose de las mismas victorias que han conseguido contra ella. Es un enemigo que no se detiene nunca; es un enemigo que entra en batalla en todas nuestras obras y que, si no se está vigilante, nos hace sus víctimas.

En efecto, nosotros, para huir de las adulaciones de los demás, preferimos los ayunos ocultos y secretos a los visibles; el silencio, al hablar elocuente; ser despreciados, a ser tenidos en cuenta; los desprecios, a los honores. ¡Oh!, Dios mío. También en esto, la vanagloria quiere, como suele decirse, meter la nariz, acometiéndonos con vanas complacencias.

(2 de agosto de 1913, al P. Agustín de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 396)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

 

Por la intención del Papa Francisco para este mes de febrero:

Intención universal Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y escuchado.

Padre nuestro, 3 ave María y Gloria


Oración a San José,  del Papa Francisco

Salve, custodio del Redentor  y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. 

Amén.


San José nos ayude a imitarlo y a decir como San Pablo en Gálatas 6, 14:

“Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.”


Oración a san Miguel Arcángel


SALVE 


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.