Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Benedicto XVI acerca de la Obra de san Pio de Pietrelcina


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El Papa Benedicto XVI  presentó la "Casa Sollievo" y los Grupos de Oración como obras que brotan de "corazón ardiente de caridad" del santo estigmatizado. 

Centrándose en la naturaleza y la identidad del hospital quiso aclarar:

«El Padre Pío quiso llamarlo "Casa" porque los enfermos, especialmente los pobres, se sentían a gusto en ella, acogidos en un ambiente familiar, y en esta casa podría ncontrar “alivio” para su sufrimiento. alivio gracias a dos fuerzas convergentes: la oración y la ciencia».

La ciencia, acompañada de la oración y de la caridad, redescubre la verdad sobre sí misma y “redescubre” el servicio al bien común. En la Obra del Padre Pío Benedicto recordó que la fe y ciencia "cooperan al mismo fin", al servicio de la vida. 

Extracto del discurso del 14 de octubre de 2006:

"[...] para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10). si, <Dios es vida, y quiere que el hombre sea sanado de toda dolencia del cuerpo y del espíritu.

Por eso Jesús se ocupaba incansablemente de los enfermos, anunciandocon su curación, que el Reino de Dios está ahora a la mano. Por la misma razón 

la Iglesia, gracias a los carismas de muchos santos y santas, se ha extendido y difundido por todo el mundo a lo largo de los siglos este ministerio profético de Cristo, a través de innumerables iniciativas en el campo de la atención de la salud y el servicio a los que sufren".

Luego añade:

«Las obras del Padre Pío ofrecen un ejemplo extraordinario de esta verdad: laCasa Sollievo bien se puede definir como un "milagro". ¿Quién humanamente podríapensar que al lado del pequeño convento de San Giovanni Rotondo estaría uno de los hospitales más grandes y modernos del sur de Italia?

¿Quién, sino el hombre de Dios, que mira la realidad con los ojos de la fe y conuna gran esperanza porque sabe que nada es imposible para Dios?».

  En la homilía pronunciada durante su visita a San Giovanni Rotondo el 21 de junio

de 2009, ha querido mostrar el camino de relación con la Persona de Cristo a todos aquellos que juegan un papel y un servicio en el Hospital en varias capacidades y con competencia. También tiene advertido del peligro del activismo, que corre el riesgo de hacernos olvidar la primacía de Dios no sólo en la existencia personal de cada uno, sino también en el servicio profesional que pone a estos operadores en contacto con los "privilegiados" del Señor, los pobres y los que sufren:

“Los riesgos del activismo y la secularización están siempre presentes; por lo tantomi visita tiene también el fin de confirmaros en la fidelidad a la misión  heredada de su amadísimo Padre. Muchos de vosotros, religiosos y religiosas y laicos,estáis tan atrapados en los miles de tareas requeridas por el servicio a los peregrinos, o a los enfermos en el hospital, a correr el riesgo de descuidar lo verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios.

Cuando sientas que estás cerca de correr este riesgo, mira a Padre Pío: su ejemplo,   sus sufrimientos; e invoca su intercesión, para que obtengas del Señor la luz y la fuerza que necesitas para continuar su propia misión imbuido de amor a Dios y de caridad fraternal".

Fuente: Peter Sewald

Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina - Animación en Argentina





Fraternidad


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Carta a Giuseppina Morgera


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San Giovanni Rotondo, 2 de mayo de 1917

J.M.J.D.F.C.

Mi queridísima hija,

El dulcísimo Señor te alcance mi agradecimiento y mis votos, los que realizo continuamente ante Él, concediéndole a tu espíritu todas las gracias celestiales. 

 Por mi prolongado silencio, no puedo creer que mi buena hija me haya acusado de descuidado y de indiferente con ella, puesto que mi alma la ama como a sí misma y con afecto verdaderamente más que paternal.

Por una parte, no puedo describir cuánto me oprime el peso de mi difícil y penosa enfermedad, y por otra, el trabajo de director de este colegio. Pero, ¡Fiat voluntas Dei!

Por lo tanto, ora con fuerza por mí, te lo suplico; además tú debes continuar usando esta caridad por las leyes y vínculos de nuestra alianza, y para que yo la intercambie con la continua memoria que hago de ti todos los días a los pies del altar y en mis pobres y débiles oraciones. Bendito sea siempre el Celestial Padre. Suplico que Él esté siempre en tu corazón, en tu vida y en tu alma. 

Y ahora, ¿qué le diré yo esta hija mía tan querida? Vive completamente en nuestro Señor, y cree que la santa amistad que alimento por ti, está enteramente en Él. ¡Oh, qué felices seremos al anularnos a nosotros mismos para reencontrarnos totalmente en nuestro Señor!

Tú sabes bien, mi queridísima hija, que el remedio que ordeno con mucho gusto es la tranquilidad, y que prohíbo siempre la excesiva preocupación aun por las cosas santas. En el reposo corporal, a causa de nuestras enfermedades, pensemos en el reposo espiritual, que en nuestros débiles corazones tengamos la voluntad de Dios, en cualquier parte a donde ella nos lleve.

Vivamos, hija mía, como le es grato a Dios en este valle de miseria, con una total sumisión a su santísima voluntad. Obrando de esta manera, alcanzaremos, no ya esa perfección afectiva, consistente en que la voluntad se transforma en Dios con afecto suave de amor, puesto que esta no es posible para todos, sino que más bien, alcanzaremos seguramente la perfección que es posible para todos, quiero decir, esa perfección que consiste en la unión de uniformidad y similitud por la cual nada se haga por nuestra voluntad que se aparta de la voluntad de Dios.

Desgraciadamente, somos deudores a la divina bondad, que nos ha hecho desear con tanto ardor vivir y morir en su predilección. Sin duda, mi buena hija, lo ansiamos, estamos resueltos; esperamos y confiamos aún que este buen Salvador, que nos da la voluntad, nos dará también la gracia de seguirlo.

Escucha, hija mía, lo que pienso en este momento. Pienso en esos pajaritos pequeños, llamados cormoranes, que anidan sobre la playa del mar. Ellos lo construyen de forma redonda, tan comprimidos que el agua del mar no puede penetrarlos; por encima del nido hacen una abertura para poder recibir aire. Ahí ellos ponen a sus pequeños hijos para que, sorprendiéndolos el mar, puedan nadar con seguridad y flotar sobre las olas, sin ahogarse ni sumergirse; y el aire que se respira de aquella abertura, sirve de contrapeso y de balanza de forma tal que aquellos pequeños ovillos no se arruinen nunca.

Hija mía, tú habrás comprendido adónde quiero ir con este ejemplo. Deseo que nuestros corazones estén hechos así, bien comprimidos, bien cerrados de cada lado, para que si las agitaciones y las tempestades del mundo, del demonio y de la carne los sorprenden, que no sean penetrados; y que no haya otra abertura que aquella que apunta al cielo para aspirar y respirar a nuestro Dios. Y este nido, mi querida hija, ¿por qué estaría hecho sino por los polluelos de Aquel que lo ha hecho por el Amor de Dios, por los apegos divinos y celestiales? Pero mientras los cormoranes construyen sus nidos, y sus hijos son todavía muy tiernos para soportar las sacudidas de las olas, Dios los cuida y les tiene compasión, impidiendo que el mar los sumerja. ¡Oh Dios! Mi buena hija, por lo tanto, esta suprema bondad pondrá al seguro el nido de nuestros corazones por su santo amor, contra los asaltos del mundo y nos preservará de ser sumergidos. 

Cuánto me gustan esos pajarillos que están rodeados de agua y que no viven más que del aire; que se esconden sobre el mar y no ven más que el cielo. Ellos nadan como peces y cantan como pájaros; y lo que más me gusta es que el ancla está extendida por encima y no por debajo para fortalecerlas contra las olas.

Oh mi querida hermana, oh mi dilecta hija, el dulce Jesús quiera volvernos así, es decir, rodeados por el mundo y por la carne, haciéndonos vivir de espíritu; entre la vanidad de la tierra, hacernos vivir en el cielo, viviendo con los hombres, alabarlo con los Ángeles; y que el fundamento de nuestras esperanzas sea siempre el Paraíso.

Oh, hija mía, es necesario que mi corazón hubiese dictado este pensamiento sobre este papel, poniendo a los pies del Crucificado sus deseos a fin de que el santo amor de Dios sea enteramente nuestro principal amor. ¡Ay de mí, mi buena hija! ¿Cuándo seremos consumidos por entero por ese Amor? ¿Cuándo consumirá Él nuestras vidas para hacernos morir a nosotros mismos, para revivir en nuestro dulcísimo Esposo? A Él sea siempre amor, gloria y bendición.

Pongo fin a la presente reasegurándote en el Señor a vivir tranquila en lo que respecta a tu espíritu, a tu alma, a cualquier sacrificio que el Señor te requiera en prueba de tu fidelidad a Él.

Encomiéndame siempre a Jesús, especialmente en mi estado actual, puesto que voy atravesando un período de continuas y extraordinarias mortificaciones, que, unidas a las ordinarias, me hace insoportable todo. Estoy por ahogarme bajo el peso de las tribulaciones, estoy por caer aplastado bajo el peso de la cruz.

Adiós, mi querida hija, el santo amor de Dios viva y reine en nuestros corazones.

Tu afectísimo y devoto siervo,

Fray Pío Capuchino

Fuente: Dolcissimo Iddio

Pensamiento de Padre Pio


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Pensamiento de San Pio


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A la Virgen de Fátima


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Plegaria o fórmula popular de consagración a la Virgen de Fátima

Mi vida y todo mi ser, 

Virgen Santa del Rosario, 

Tuyos serán desde ahora: 

Recíbeme por tu esclavo 


Mis potencias y sentidos. 

Mis penas y mis trabajos

Mis goces, mis alegrías.

Mis luchas, mis entusiasmos, 

Con una total entrega

Para siempre te consagro.

No hay flores en mi jardín, 

Lleno de espinas y cardos

Ni hay dulces frutos maduros;

Tan sólo agraces amargos. 

Pasiones nunca domadas

¡Le hicieron tantos estragos!... 

Transeúntes y enemigos

Mil veces le destrozaron.

Vuelvo a Tí, Señora mía,

Mí Madre, mí único amparo:

Yo sé, que al hijo, que vuelve, 

Tú le abres siempre los brazos. 

¿Quién te invocó, que no hallara

Salud, consuelo y regalo? 

¿Quién en sus luchas el triunfo

No recibió de tus manos?... 

Tú a las orillas del Ebro 

Diste valor a Santiago: 

Primer cimiento de España 

Fué tu Pilar sacrosanto.

Por Tí triunfó en Covadonga 

De la morisma Pelayo:

La España de tus amores 

Allí nació en tu regazo.

Tú por los mares ignotos

A Colón fuiste guiando:

Por Dios y Santa María

Un mundo nuevo fué hallado.

Tú a las armas españolas

Les diste el triunfo en Lepanto,

Mientras el Papa S. Pío 

Rezaba en el Vaticano. 

Tú salvaste a Portugal,

¡A Portugal, nuestro hermano! 

¡Gloriosa Virgen de Fátima!

i Santa Virgen del Rosario!

Tú por caminos de gloria Fuiste conduciendo soldados, 

Con gestas incomparables

La Patria recuperando.

Que si es la historia de España 

Más que una historia un milagro,

Tan sólo por Tí, María,

Se pudo subir tan alto. 

Contigo España progresa;

Sin tí se hundió tanto, tanto.

Que sin un milagro tuyo 

Nadie pudiera salvamos. 

Perdona nuestros desvíos. 

Perdona nuestros pecados; 

Sálvanos Reina de España,

Tuyos somos. Madre, sálvanos.

Mi vida y todo mi ser 

Para siempre te consagro, 

A Tí y a tu divinal 

Corazón Inmaculado.

Quiero ser devoto tuyo, 

Quiero ser tu fiel vasallo. 

Quiero honrarte diariamente 

Tus misterios reparando.

Y si al rezarte advirtiere 

Haber caído en pecado,

Ayúdame, Madre mía. 

Quiero al punto confesarlo. 

Quiero consolar tus penas. 

Reparar tantos agravios, 

Como te hacen cada día

Millones de hijos ingratos. 

Recíbeme, oh gran Señora, 

Recíbeme en tu regazo. 

Indigno para hijo tuyo... 

Permíteme ser tu esclavo!

De “El mensaje de Fátima”

Autor: Fr. Albino Menendez Reigada - Obispo de Tenerife (1881-1958)

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