Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Abril: días 7 al 13.


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7. Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud.

8. Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.
Hasta ahora tu virtud ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien.

9. Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo. Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.
Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma.
 
10. A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien. No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta. Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios. Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”. Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos.

11. Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante.

12. Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.
¡Ánimo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús!

13. Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante!
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Profesoras de religión, que cumplen hoy un encargo del Padre Pío.


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El Padre Pío de Pietrelcina, convencido -lo solía repetir- de que «el Corazón de Jesús nos ha llamado no sólo para nuestra santificación, sino también para la santificación de otras almas», y de que esa santificación depende en gran medida de la formación religiosa que se les ofrece, no perdía ocasión de ofrecer los mensajes del Evangelio y de encargar a otros que lo hicieran.
-  Lo encargó en primer lugar a las Congregaciones religiosas a las que fue llamando a San Giovanni Rotondo para que abrieran y atendieran escuelas y centros de enseñanza: las Hermanas Franciscanas de Ozzano, las Terciarias Capuchinas del Sagrado Corazón, las Hermanas de la Inmaculada de Pietradefussi y los Terciarios Capuchinos.
-  Lo encargó a los médicos en relación a los enfermos: «Tenéis la misión de curar al enfermo; pero si no lleváis amor al lecho del enfermo, no creo que las medicinas sirvan de mucho... El amor no os puede hacer prescindir de la palabra. ¿Cómo podríais manifestarlo si no es con palabras que consuelen espiritualmente al enfermo?».
-  Lo encargó a los periodistas: «¡Estate atento, periodista! Reflexiona sobre lo que escribes, porque el Señor te pedirá cuentas de ello».
-  Lo encargó con insistencia especial a los padres: «El Señor os dé hijos y después la gracia de orientarlos por el camino del cielo». «Ponga en solo Dios todas sus preocupaciones, pues él tiene cuidado especialísimo de usted y de esos tres angelitos de hijos con que la ha querido adornar... Preocúpese siempre de su educación, no tanto científica cuanto moral. Téngalos en su corazón y quiéralos más que a las niñas de sus ojos. A la educación de la mente, mediante buenos estudios, procure unir siempre la educación del corazón y de nuestra santa religión; aquélla sin ésta, mi buena señora, causa una herida mortal al corazón humano».
-  Lo encargó a las personas que consideraba preparadas para impartir catequesis y formación religiosa: «Sí, bendigo de corazón la obra de dar catequesis a los niños, que son las florecillas predilectas de Jesús. Bendigo también el celo por las obras misioneras». «Apruebo que te dediques a ganar almas para Jesús, enseñándoles el modo de agradarle».
*** ****
El Padre Pío ¿sigue confiando hoy el encargo de anunciar el Evangelio? Veamos esta historia.
Era el mes de octubre del año 2005. A Amparo García Galindo, de Segovia (España), en un momento difícil a nivel personal, le había impactado mucho la película “Padre Pío”, que Telecinco había emitido en Semana Santa. A partir de ese momento se dedicó con avidez a buscar información sobre este Fraile totalmente desconocido para ella. Su hermana María lo recuerda así: «Yo observaba que lo único que le interesaba, la entretenía y la calmaba un poco era leer y hablarme del Padre Pío. Así que yo, desesperada por no saber ya de qué manera ayudarla, se me ocurrió darle la sorpresa de regalarle un viaje a Italia para que fuéramos a ver a ese tal Padre Pío». Y, en el viaje, hubo cosas no fáciles de explicar si el Padre Pío o su ángel custodio no andaban de por medio. Ellas, Amparo y María, lo recuerdan y nos lo cuentan así:
«Era la primera vez que salíamos de España. No sabíamos italiano. Cuando bajamos del avión que nos llevó de Madrid a Bari, ya había oscurecido. Nos dieron el coche que habíamos alquilado desde España y, como guiadas por el mejor GPS, en pocas horas estábamos en el hotel de San Giovanni Rotondo, después de recorrer unos 150 kilómetros. Una indisposición de María, que le exigió guardar cama, nos obligó a renunciar al recorrido turístico que habíamos programado para después de visitar los lugares del Santo capuchino y de rezar ante su tumba. Creemos que fue un “capricho” del Padre Pío, que quiso hacer “su obra” en nosotras, porque nos lo manifestó con bastante claridad. Yo, Amparo, además de cuidar de María, pude visitar, y repetidas veces, los lugares donde él vivió y ejerció el ministerio sacerdotal. Recé con calma ante su tumba. Me encontré con la señorita encargada de los peregrinos de lengua española, que me atendió y orientó divinamente. Y, de no haber sido por la indisposición de María, no habríamos conocido al capuchino español que desde entonces es nuestro director espiritual. Colaboraba durante todo el año, excepto en los meses de invierno, en los que, por razón del clima, desciende considerablemente el número de los que llegan a San Giovanni Rotondo, en la atención pastoral de los peregrinos de lengua española. Precisamente en el día que íbamos a pasar en San Giovanni Rotondo les habían organizado, a él y a los otros Capuchinos extranjeros que realizaban la misma labor, la visita a los conventos donde había vivido el Padre Pío. Los días siguientes nos dedicó todo su tiempo libre, nos fue presentando la vida y la espiritualidad del Padre Pío y nos sacó hermosas fotografías que guardamos como inolvidable recuerdo. ¿De nuevo el Padre Pío? A María, que no pudo tomar ningún alimento en los tres días que estuvimos en San Giovanni Rotondo, nada más subir al avión que nos traía de Bari a Madrid, se le abrió el apetito y se comió la cena de las dos, que sirvieron durante el vuelo».
Amparo regresó a Segovia decidida a estudiar teología para, al menos como primer paso, dedicarse a impartir clases de religión. María tomó esa misma decisión algo más tarde; y logró compaginar el trabajo y los estudios, porque en éstos contó con la valiosa colaboración de su hermana.
Para Amparo éste es el cuarto curso como profesora de religión. Las clases las imparte en el Instituto de Estudios Secundarios (I.E.S.) “Peñalara” de La Granja de San Ildelfonso, y en los Centros de Estudios  Secundarios (C.E.S.)… “La Sierra” de Pardena y “El Mirador de la Sierra” de Villacastín, todos en la provincia de Segovia, con un total de 180 alumnos. Para éstos es casi lo mismo decir Amparo que decir Padre Pío. Tanto que los nuevos alumnos, si ella no se adelanta a decirlo, le preguntan cuándo las clases van a girar en torno al Padre Pío y para cuándo el regalo de los rosarios del Padre Pío, bendecidos por su director espiritual.
Para María éste es el tercer curso. Enseña en el Instituto de Enseñanza Secundaria  (I.E.S.) “Vega del Pirón” de Carbonero (Segovia). Tiene unos 200 alumnos, que van, al igual que los de Amparo, desde el primer curso de la ESO hasta el primer curso de Bachillerato. Con menos atrevimiento que su hermana Amparo, pero, tal como van las cosas, muy pronto para sus alumnos va a ser casi lo mismo decir María que decir Padre Pío.
Elías Cabodevilla Garde

Marzo: día 31 a abril: día 6.


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31. Acepta todo dolor e incomprensión que vienen de lo Alto. Así te perfeccionarás y te santificarás.

1. ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes.

2. Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar.

3. ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra.

4. Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones.

5. Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas.

6. No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro!

(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

También hoy el fruto de la oración con el Padre Pío es la caridad.


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El 16 de junio del 2002, en la homilía de la ceremonia de la canonización del Padre Pío, Juan Pablo II no dejó de recalcar la íntima relación que se dio en el Santo capuchino entre oración y eficacia apostólica, entre oración y actividad caritativa. Éstas fueron sus palabras:
 - «La razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario».
-  «Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la "Casa de alivio del sufrimiento"».
La consecuencia que sacó el Papa es muy clara:
-  «Oración y caridad: he aquí una síntesis muy concreta  de la enseñanza del padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos».
Si esta propuesta del Padre Pío es, como indica Juan Pablo II, para todos, lo es de modo muy especial para los Grupos de Oración que fundó el Santo de Pietrelcina y que, sin duda, sigue protegiendo desde el cielo.
Y no hay que olvidar que el Padre Pío orientó de modo muy especial la actividad caritativa de sus Grupos de Oración hacia los enfermos; y, en el momento que comenzó a realizar su gran proyecto en favor de los enfermos, hacia el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”.
*** * ***
En la ciudad de Ponce (Puerto Rico) funciona desde hace años un Grupo de Oración del Padre Pío, que ha aprendido bien esa hermosa lección que brota de la vida y de la enseñanzas del Santo. Han orientado la caridad, fruto de la oración, hacia los afectados por una enfermedad que lleva a los que la padecen a una situación de gran desvalimiento: los enfermos de SIDA.
En el “Hospital Episcopal San Lucas” de Ponce, propiedad de la Iglesia Episcopaliana, el Grupo de Oración tiene cedida una parte del edificio, en la que funciona el “Albergue de enfermos terminales de SIDA”. Bajo la responsabilidad del capuchino fray Francisco García, la actividad caritativa de los componentes del Grupo de Oración es intensa y constante. La capilla del “Albergue” es el lugar de sus encuentros de oración. Se hacen presentes en las celebraciones religiosas para los enfermos, al menos en las más importantes. Y, al acompañamiento y cuidado de los enfermos, unen otras actividades orientadas a recaudar fondos para conseguir alimentos y medicinas para los enfermos y lo necesario para que el “Albergue” pueda seguir ofreciendo una ayuda, inalcanzable de otro modo para los que allí son atendidos.
El Padre Pío, hoy como durante su vida terrena, sigue promoviendo la actividad caritativa como fruto de la oración.
Elías Cabodevilla Garde

Asociado a la pasión de Cristo por los sufrimientos morales (2)


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Los sufrimientos morales del Padre Pío fueron de nuevo muy intensos en los últimos años de su vida. En este caso, en la «mano del hombre», de la que se sirvió el Señor para asociarlo a la pasión de Cristo, tuvieron responsabilidad muy especial algunos miembros de la Orden capuchina a la que pertenecía el Padre Pío. Con profundo dolor, porque nunca se tendrían que haber dado esos hechos, intentaré exponerlos en el próximo escrito. Y la tuvieron también tanto Mons. Carlo Maccari, enviado por el Vaticano para realizar una visita apostólica al convento de capuchinos y al hospital “Casa Alivio del Sufrimiento” de San Giovanni Rotondo, como los que, por medios absolutamente reprobables, intentaron desprestigiar al Fraile capuchino ante sus hermanos de fraternidad y ante otros sacerdotes que lo apreciaban por su vida santa y por la acción apostólica que desarrollaba.

Mons. Carlo Maccari, convenientemente adoctrinado por quienes consiguieron que fuera él, “persona muy manejable”, el elegido, llegó a San Giovanni Rotondo el 30 de julio de 1960 y permaneció allí hasta mediados de septiembre, no sin haberse ausentado premeditadamente, para unos pocos días, pocas fechas antes del 10 de agosto, con el fin de no estar presente en la celebración de las bodas de oro de sacerdocio del Padre Pío. Además, se atrevió a dejar una serie de disposiciones en relación a la fiesta, como la prohibición al arzobispo de Manfredonia, Mons. Andrea Cesarano, de participar en la celebración y al padre Agustín, ya octogenario, de pronunciar el discurso que, con gran ilusión, había preparado para la misma. Y no es descabellado atribuirle alguna responsabilidad en estos dos hechos: que el Vaticano bloqueara los telegramas y cartas dirigidos en esos días a San Giovanni Rotondo “vía Vaticano”, y que llegaran el saludo y la bendición del Papa a dos capuchinos de la provincia religiosa del Padre Pío, que celebraban el mismo acontecimiento que su cohermano, pero no a éste, a pesar de que el superior provincial los había solicitado para los tres.

Omitiendo datos que ocuparían muchas páginas llenas de podredumbre moral, baste decir que, en uno de los volúmenes que recogen el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío, se lee como resumen de lo que manifestaron sobre la visita apostólica de Carlo Maccari los testigos llamados a declarar: «Con alguna excepción, las opiniones de los testigos sobre la persona y más aún sobre la actuación de Mons. Maccari son negativas. Se critica su carácter, el método de actuación, la frivolidad al acoger acusaciones gravísimas contra el Siervo de Dios, y de modo especial las conclusiones erróneas a las que llega y las deplorables consecuencias de su visita, llevada a cabo con la rúbrica de ligereza, parcialidad y prevención».

Entre las «acusaciones gravísimas», que acepta el Visitador y que transmite en su Relación al Santo Oficio, está la de Elvira Serritelli, que Mons. Maccari la escribe de este modo: «En pocas palabras, según Elvira, desde el año 1922 hasta casi el 1930 el Padre Pío habría tenido relaciones íntimas, completas y prolongadas con ella, incluso varias veces a la semana; pero todo habría tenido lugar sin “malicia alguna” ni de una parte ni de la otra». Y va más lejos al escribir: «Por lo manifestado por Elvira, las “relacionas íntimas” del Padre Pío habrían continuado después del año 1930 con Cleonice Morcaldi». Estas calumnias, aceptadas y trasmitidas a la Santa Sede por un Visitador apostólico nombrado por el Papa, fueron la causa de que el Santo Oficio negara una y otra vez la autorización para abrir el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío. Sólo en octubre de 1982, tras conocer la índole psicológica y moral de la Serritelli, el Santo Oficio concedió la mencionada autorización y el Proceso pudo abrirse en el santuario de Nuestra Señora de las Gracias de San Giovanni Rotondo el 20 de marzo de 1983.

La bien documentada biografía “PADRE PIO da Pietrelcina” de Luigi Peroni informa de un hecho que, sin duda, merece el calificativo de repugnante y diabólico, que tuvo lugar en torno al año 1960. Se trata de un grupo de mujeres que, guiadas y pagadas por terceras personas, debían llevar a cabo, no en grupo sino cada una por su cuenta, un plan realmente siniestro: confesarse por algún tiempo con los sacerdotes capuchinos de San Giovanni Rotondo, hacerse pasar por persona piadosa y devota para que su posterior declaración fuera creíble al confesor, para terminar manifestándole que el Padre Pío se había comportado moralmente mal con ella, y de este modo desprestigiarlo ante sus propios hermanos de fraternidad y crearle nuevos enemigos. Una de estas repugnantes calumniadoras se acercó en diversas ocasiones al confesonario de un famoso profesor de derecho canónico de Roma, repitiéndole la falsa acusación y consiguiendo que cambiara radicalmente de opinión en relación al Padre Pío, que hasta entonces era de veneración y estima.

Para terminar, una breve referencia a un punto de una declaración jurada de María Grazia Massa, de San Giovanni Rotondo, hija espiritual del Padre Pío desde los primeros años de la llegada de éste a aquella población. La emitió el 23 de agosto de 1977 y fue enviada a la Congregación de los Santos el 3 de marzo de 1980. María Gracia sabía lo que Elvira Serritelli había manifestado a Mons. Maccari en relación al Padre Pío, porque se lo había contado al detalle Marietta Serritelli, hermana de Elvira. Además, al ser llamada a declarar por el Visitador, esté le había preguntado de forma brusca: «¿Usted cree que Elvira y Ángela Serritelli son capaces de calumniar?». En su declaración escribe: «Cuando en confesión le dije (al Padre Pío) todo lo que sabía de la negra calumnia, él me respondió: “Lo sé, lo sé, hija mía. Sé todo. Pero ¿qué me importa si han arrojado fango sobre mi pobre persona durante mi vida y, como consecuencia, después de mi muerte? A mí me basta con salvar almas y ciertas almas”. Entonces comprendí que el venerado Padre, como otro Cristo, era correspondido con amarga ingratitud y con negras calumnias y que él lo aceptaba todo por la salvación de las almas. Me alejé del confesonario más serena y más convencida de la santidad del Padre».

Ante las palabras del Padre Pío: «Lo sé, lo sé, hija mía. Sé todo», una pregunta: ¿Concedió el Señor al Padre Pío conocer con detalle, por medios no humanos, lo que sucedía a su alrededor, aumentando así sus sufrimientos y su asociación a la pasión de Cristo?

Elías Cabodevilla Garde

Marzo: días 24 al 30.


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24. Ama siempre el sufrimiento, que, además de ser la obra de la sabiduría divina, nos revela con mayor claridad aún la obra de su amor.

25. Dejad que la naturaleza se queje ante el sufrimiento, porque, si excluimos el pecado, no hay nada más natural. Vuestra voluntad, con la ayuda divina, será siempre superior y, si no abandonáis la oración, el amor divino jamás dejará de actuar en vuestro espíritu.

26. La vida es un Calvario; pero conviene subirlo alegremente. Las cruces son los collares del Esposo y yo estoy celoso de ellos. Mis sufrimientos son agradables. Sufro solamente cuando no sufro.
 
27. El Dios de los cristianos es el Dios de las transformaciones. Echáis en su seno el dolor y sacáis la paz; echáis desesperación y veréis surgir la esperanza.

28. Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo.

29. El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.

30. Gozo inmensamente al saber que el Señor es siempre generoso en sus caricias a tu alma. Sé que sufres, pero el sufrimiento ¿no es la prueba cierta de que Dios te ama? Sé que sufres, pero ¿no es este sufrimiento el distintivo de toda alma que ha elegido por su porción y su heredad a Dios, y a un Dios crucificado? Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti.

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

También el Papa Francisco imploró en el pasado la intercesión del Padre Pío.


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El “también” del título indica que ya lo hicieron antes otros Papas antes de serlo. Me fijo primero en los dos de los que nos consta con certeza: Pablo VI y Juan Pablo II. Y me refiero después al Papa Francisco.
- En relación a Pablo VI, lo cuenta el comendador Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, que, a los pocos días de lo que aquí se cuenta, tuvo que volver a Milán (Italia) para transmitir al Cardenal Montini este encargo del Padre Pío: «Di a su Excelencia que, cuando muera este Papa (Juan XXIII), él ha de ser su sucesor».
El hecho ocurrió en los primeros meses del año 1959, en Milán, en la “Casa de la Providencia de D. Orione”. Se encontraron, en visita al sacerdote D. Benedetto Galbiati, el mencionado comendador Galletti y Mons. Montini, éste Arzobispo de Milán. No se conocían y fue el sacerdote enfermo el que los presentó, uno al otro. Montini, al saber que Galletti era un hijo espiritual del Padre Pío y colaborador en la gestión administrativa del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, fundado por el Fraile capuchino en San Giovanni Rotondo, le pidió que llevara al Padre Pío su saludo muy expresivo y que le dijera que el Arzobispo de Milán le suplicaba oraciones y una bendición especial para él y para su Diócesis.
Esta petición de oraciones por él del Arzobispo Montini no brotaba de la nada. La veneración que sentía por el Padre Pío queda patente, entre otros muchos, en estos dos hechos: El mensaje de felicitación que le envió con motivo de los cincuenta años de sacerdocio, el 10 de agosto de 1960; y sus palabras cuando supo que al Padre Pío lo querían sacar de San Giovanni Rotondo: «Si no saben a dónde llevarlo, que me lo traigan a mi Archidiócesis. Una misa del Padre Pío vale lo que una misión».

- En relación a Juan Pablo II, tenemos la carta que el entonces Obispo Titular de Ombi y Vicario Capitular de la Archidiócesis de Cracovia, Carlo Wojtyla, escribió al Padre Pío el 14 de diciembre de 1963. El escrito comienza diciéndole que «se acordará seguramente de que ya algunas veces en el pasado me he permitido encomendar a sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos de atención». Y después de pedirle oraciones por una señora paralítica de la Archidiócesis, añade: «Al mismo tiempo me permito encomendarle las ingentes dificultades personales que mi pobre obra encuentra en la situación presente».
También en el caso del futuro Juan Pablo II, el encomendarse a las oraciones del Padre Pío tenía un fuerte apoyo. En abril de 1948, siendo joven sacerdote, estudiante en Roma, D. Carlo Wojtyla había visitado al Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Al llegar a esta ciudad del centro sur de Italia tuvo la suerte de poder intercambiar unas pocas palabras con él, y al día siguiente participó en la misa que celebró el Capuchino de los estigmas, de la que escribió el 5 de abril del 2002: «se me grabó como inolvidable», y pudo confesarse con él, del que dejó escrito, en la fecha citada, este juicio: «resultó que el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».
Pero esto no es todo. En noviembre de 1962, desde Roma, donde participaba en el Concilio Vaticano II, había escrito dos cartas al Padre Pío, una el día 17 y la segunda el día 28. En la primera le decía: «Te ruego que eleves una oración por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años, de Cracovia, en Polonia (durante la última guerra en un campo de concentración, en Alemania) que se encuentra en gravísimo peligro en la salud y en peligro de muerte a causa de un cáncer, para que Dios, por intercesión de la Beatísima Virgen, muestre su misericordia a ella y a su familia». Y en la segunda: «La mujer de Cracovia, en Polonia, madre de cuatro hijas, el día 21.XI, antes de la operación quirúrgica, ha recuperado instantáneamente la salud. Sean dadas gracias a Dios, y a ti, Venerable Padre, te doy las más sinceras gracias en nombre de ella y del marido y de toda la familia».
*** * ***
- En relación al Papa Francisco, ésta es la información que me ha facilitado Marcela González, promotora incansable de los Grupos de Oración del Padre Pío en Argentina:
«Fue hace dos años, el día 25 de mayo del 2011. Esa fecha, especial para mí por ser el día del nacimiento del Padre Pío, es en Argentina una fiesta patria, en la que recordamos el primer movimiento fuerte de independencia de España, allá en el lejano 1810. Días antes había llegado a Buenos Aires María Nicoletta Di Favio, de 90 años, que conoció al Padre Pío cuando ella era adolescente, ya que, para verlo, había caminado desde Campobasso a San Giovanni Rotondo. Traía una reliquia de San Pío de Pietrelcina para la Catedral de Buenos Aires, que le habían entregado en San Giovanni Rotondo y que yo recogí en su casa el día anterior. El día 25 acudí a la Catedral para entregar la reliquia al Rector de la misma, el padre Alejandro Russo. Fue grande mi sorpresa cuando, al ingresar al comedor contiguo a  la sacristía, vi entrar por otra puerta al Cardenal Jorge María Bergoglio. Me acerqué y le dije:
- «Padre Jorge, traigo algo para usted, que quedará en la Catedral».
- «¿Qué me trae?».
Destapé la cajita que lo contenía y le dije: - «Una reliquia de San Pío de Pietrelcina, un guante / mitón que cubría la llaga de una de sus manos.Tiene el certificado de autenticación y lo envía el Padre Guardián del Santuario de San Giovanni Rotondo».
Me miró, se emocionó y me dijo: - «Perdóneme, me voy a retirar a orar unos minutos», y pasó a una pequeña sacristía contigua, donde suele revestirse antes de la misa».
Por la información que me ha facilitado Marcela González, tampoco este retirarse con la reliquia de San Pío a orar unos minutos del actual Papa Francisco, cuando era Arzobispo de Buenos Aires, brota del vacío. El Cardenal Bergoglio ha apoyado con interés los Grupos de Oración del Padre Pío, tanto en la Catedral como en otras parroquias de la Archidiócesis; y con frecuencia se encomendaba a las oraciones de los mismos.  

Elías Cabodevilla Garde