posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
«Hermanas, ¡el cristal está entero!», fue
el grito de Giuseppe Grifa que, poco antes, había roto con sus propias manos
los cristales de la ventana.
El
hecho prodigioso tuvo lugar el 3 de enero de 1993. El relato del mismo lo
firman las seis religiosas de la comunidad de las Hermanas de la Inmaculada de
Santa Clara de San Giovanni Rotondo, y también Giuseppe Grifa.
«Salimos de casa, a las 8:45, para ir a Misa
al santuario de Nuestra Señora de las Gracias y regresamos hacia las 10:15.
Pero no pudimos entrar porque sor María Concepta había olvidado las llaves en
la cerradura del portón, que se cerró con las llaves en el interior. El aire
era frío aquella mañana y permanecer por mucho tiempo al descampado era
peligroso para la salud.
Llamado el señor
Grifa, chófer de nuestra “Escuela Materna San Giuseppe”, llegó rápido, y pronto
se dio cuenta de que, para entrar en la casa, no había otra solución que o tirar
el portón de entrada o romper los cristales de alguna ventana. La superiora,
sor Gaetanina, autorizó romper los cristales de la ventana del cuarto de baño,
que queda al norte-oeste, en la parte de atrás de la casa.
Con recelo, pero
también con decisión, el señor Grifa rompió los tres cristales de la ventana,
mientras las hermanas presentes le animaban: “¡Fuerte, Giuseppe! Hace frío,
pero verás cómo el Padre Pío te echa una mano, porque le estamos rezando”.
Después de haber roto los cristales, el señor Grifa entró en casa por la
ventana y abrió el portón de entrada. Tiritando de frío, las hermanas corrimos
adentro, mientras la superiora exclamaba: “Demos gracias al Padre Pío”.
Marchamos al refectorio a tomar algo caliente.
Por la ventana
rota entraba un frío helador. Para arreglarla y poner remedio al frío, el señor
Grifa volvió al cuarto de baño. Un resplandor lo atrajo hacia la ventana. Con
miedo y frotándose los ojos, se acercó a la ventana. ¡Quedó estupefacto! ¡El
primer cristal interno estaba totalmente entero! Sin creérselo, lo tocó con la
mano izquierda. No era una ilusión, no; era realidad. El cristal estaba
absolutamente entero, ¡sin rasguño alguno!
Asustado, corrió
hacia las hermanas y nos gritó: “Hermanas, ¡el cristal está entero!”. Es
inútil decir que corrimos al local y
verificamos la verdad de aquel gozoso anuncio. La comprobación puso fin a
nuestra inicial incredulidad y desconfianza. Dimos gracias al Señor que, por la
intercesión del venerado Padre Pío, ha querido visitar nuestra casa de un modo
tan tangible y prodigioso».
Al
parecer, las hermanas no quisieron poner en el relato el detalle que Giuseppe
Grifa manifestó después al Vicepostulador de la Causa del Padre Pío, padre
Gerardo Di Flumeri: Al escuchar a las religiosas, que le gritaban: «El Padre Pío te echará una mano, porque le
estamos rezando», él, con voz alterada, exclamó: «El Padre Pío, a esta hora, no hace milagros, si yo no rompo los
cristales».
En
el cristal, roto por los golpes de Giuseppe Grifa y entero sin intervención
alguna de personas de esta tierra, el Padre Pío dejó una prueba clara: a las
hermanas de que podían confiar en él, y a Giuseppe Grifa de que puede hacer
milagros también en una fría mañana del mes de enero.
*** * ***
Este
testimonio nos llega de Méjico, firmado también por seis hermanas, aunque no
religiosas, las hermanas Collado Mocelo. Los dos hechos que recoge el relato,
en verdad sorprendentes, tuvieron lugar: el primero en la basílica de San Pedro
de Roma el día 3 de Junio del 2007, y el segundo en fechas posteriores en
México.
«Somos seis hermanas, Julia, María del
Carmen, María Isabel, Lucia, Luisa y Claudia Collado Mocelo. Nosotras somos muy
devotas de San Pío de Pietrelcina. Nuestra visita a Roma fue debido a la canonización
de la hoy Santa María Eugenia de Jesús, fundadora de la Congregación de las
Religiosas de la Asunción. Como nosotras somos ex alumnas de dicho colegio en
México, fuimos a participar en tan gran evento.
Pero teníamos
una doble intención: la primera la indicada anteriormente; y la segunda visitar
San Giovanni Rotondo para encomendarnos a San Pío y darle gracias por todas sus
intercesiones.
El itinerario
del viaje nos impidió la visita a San Giovanni Rotondo, a pesar de la gran
ilusión que teníamos por estar allí. Así pues, el día en que estuvimos en el
Vaticano, María del Carmen tomó una foto a la tumba de San Pedro,
entre muchas otras. Regresamos a México y, a los pocos días, nos enteramos
de que a nuestro padre (que fue el que nos invitó a dicho
viaje), le descubrieron un tumor de cáncer en el pulmón. Dos días antes de
la operación, por coincidencia, María Isabel estaba viendo de nuevo las fotos
del viaje a Roma; y, cuando vio la foto de la tumba de San Pedro, claramente se
percató que ahí se encontraba la imagen de San Pío. Para toda la
familia esto fue algo insólito, maravilloso, pues ya habíamos visto las
fotos y no nos habíamos dado cuenta del acontecimiento; y, sobre todo, justo antes
de la operación pasó esto. Nosotras encomendamos con mucho fervor a San
Pío la salud de nuestro padre, el cual, gracias a Dios y a la intercesión del
Santo, salió bien de operación tan delicada. Sin embargo, unos meses después
volvió a aparecer otro tumor y éste lo trataron con quimioterapia. Afortunadamente
el cáncer se ha erradicado por completo y ahora él goza de buena salud.
Para nosotras
esto es un doble milagro de San Pío; uno la aparición de su imagen y otro la
curación de nuestro padre. Y pensamos que, a través de su imagen, él realmente
quiso decirnos que está con nosotros y podemos confiar siempre en él».
Estamos,
sin duda, aunque en la distancia de años y de lugares, ante otra prueba clara
de la presencia protectora del Padre Pío; o, si se prefiere, de que el Padre
Pío sigue cumpliendo su “misión
grandísima”.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
Sé
que la expresión “fotocopia de Cristo”, sobre todo cuando las máquinas fotocopiadoras
consiguen copias tan iguales al original, no se puede aplicar ni al santo más
santo. Pero un buen hermano y amigo mío, el humilde y santo capuchino fray
Modestino de Pietrelcina, hijo espiritual del Padre Pío, muy convencido de
decir la verdad, se la aplicaba a su Padre espiritual.
Fray
Modestino, que falleció en San Giovanni Rotondo el 14 de agosto del 2011, a la
edad de 94 años, no pudo frecuentar la universidad pero sí adquirir mucha
ciencia divina. Sin perderse en elucubraciones teológicas, manifestaba con esta
expresión el gran parecido entre el Padre Pío y Jesucristo. Un parecido que era
fruto de la acción del Espíritu y también del esfuerzo generoso del Fraile
capuchino. En este sentido usaré la expresión “fotocopia
de Cristo” en los escritos que espero ir subiendo
a esta etiqueta de la página web www.san-pio.org
.
En
los cinco primeros escritos comentaré los rasgos que señaló el papa Pablo VI,
en su discurso al Superior general de los Capuchinos y a sus Consejeros
generales, el 20 de febrero de 1971. Después, presentaré otros, no todos, de
esa “fotocopia”. De este modo, los lectores que lo deseen podrán fijarse en
otros rasgos, que, al descubrirlos, tendrían que ser motivo para bendecir al
Señor y llamada para hacerlos realidad en su propia vida.
---
- ---
En la
vida del Padre Pío hay muchas cosas desconcertantes e inexplicables para
la ciencia; como la hipertermia: subida de su temperatura
corporal hasta los cuarenta y ocho y más grados; la alimentación: con
frecuencia, una sola comida al día ‑cuando la tomaba‑ y muy escasa para una
jornada de quince o dieciséis horas de duro trabajo; la bilocación: sin
abandonar San Giovanni Rotondo, se le "vio" en otros lugares de
Italia y de fuera de Europa; el conocimiento de las conciencias: son
muchos los que afirman que, al acercarse a su confesonario, escucharon de
labios del Padre Pío la lista completa de los pecados ‑con frecuencia olvidados
por la distancia de los años‑ que tenían que manifestar al confesor; el don
de profecía: en 1959, respondió al saludo que el cardenal Montini le
enviaba desde Milán con el comandante Galletti, hijo espiritual del Padre Pío,
con este mensaje: “Escúchame atento, Galletti. Di a su Eminencia que, cuando
muera este Papa, él ha de ser su sucesor"; el perfume: lo
describen como agradable, sutil y delicado, mezcla de violetas y de rosas, y,
entre los que confiesan que lo han percibido, unos lo han disfrutado en
presencia del Padre Pío y otros a miles de kilómetros de distancia, unos en
vida del Padre Pío y otros después de su muerte, algunos sabedores de este
fenómeno y otros sin conocer siquiera la existencia de este Fraile capuchino...
Y si las llagas, vivas, abiertas y sangrantes durante cincuenta años, fueron un
problema sin solución para la medicina y la psicología, no lo fue menos su
desaparición completa, el día de su muerte, sin dejar huella ni cicatriz
alguna. Estas y otras muchas cosas excepcionales se dieron en la vida del Padre
Pío.
Pero
el Padre Pío es también “otra realidad”. Es el seguidor humilde,
obediente, caritativo y alegre de Francisco y de Clara de Asís; es el sacerdote
santo y celoso; es el enamorado de Cristo; es el devoto de la Virgen María que
tiene siempre en sus manos el rosario; es el hermano que vive para sus
hermanos; es el creyente que busca en todo la gloria de Dios y la salvación de
las almas…
Esa “otra realidad” tiene, sí, los cinco
rasgos que señaló el papa Pablo VI: «Celebraba la Misa humildemente,
confesaba de la mañana a la noche y era, aún si difícil de admitir, el
verdadero representante de los estigmas de Nuestro Señor. Era hombre de oración
y de sufrimiento». Pero tiene
otros muchos rasgos del Hijo de Dios hecho hombre, que nos permiten llamar, una
y otra vez, al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino: “fotocopia de
Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
5. María sea la razón única de tu existencia y te guíe al puerto
seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la
virtud de la santa humildad.
6. Si Jesús se manifiesta, agradecédselo; y si se oculta, agradecédselo
también; todo es broma de amor.
La Virgen clemente y piadosa continúe alcanzándoos de la inefable
bondad del Señor la fuerza para sobrellevar hasta el final tantas pruebas de
amor como os concede. Yo os deseo que lleguéis a morir con Jesús en la cruz y
que podáis exclamar en él dulcemente: "Se ha cumplido".
7. Oh María, madre dulcísima de los sacerdotes, mediadora y
dispensadora de todas las gracias: desde lo íntimo de mi corazón te ruego y te
suplico encarecidamente que hoy, mañana y siempre des gracias a Jesús, el fruto
bendito de tu vientre.
8. La humanidad quiere su parte. También María, la Madre de Jesús,
sabía que, por medio de la muerte de su Hijo, se realizaba la redención del
género humano, y sin embargo también ella ha llorado y sufrido; y ¡cuánto ha
sufrido!
9. María convierta en gozo todos los dolores de tu vida.
10. No os entreguéis tan intensamente a la actividad de Marta que
olvidéis el silencio y el abandono de María. La Virgen, que concilia tan
perfectamente ambas cosas, os sirva de dulce modelo y de inspiración.
11. María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes
y te proteja con su amor maternal. Mantente cada vez más unida a la Madre del
cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los
esplendores eternos en el reino de la aurora.
(Tomado de BUONA
GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
En
todas - o en casi todas - las biografías del Santo de Pietrelcina, encontramos
al menos un capítulo dedicado a los milagros del Padre Pío. Quiero decir, como
repetía una y otra vez el Fraile capuchino, a los milagros obrados por el Señor
a través de…; en este caso, del Padre Pío. Pues los milagros y los dones
extraordinarios y las gracias ordinarias y todo lo bueno nos vienen siempre de
Dios.
En
los milagros o gracias extraordinarias que suponían la curación de enfermedades,
los médicos quedaban “boquiabiertos” y tenían que decir: ¡para la medicina
inexplicable! Por ejemplo, en el caso de la entonces una niña, Ana María Gema
Di Giorgi.
Ana
María Gema nació en Palermo (Italia) el 25 de diciembre de 1939. Tenía tres
meses cuando su madre se dio cuenta de la anomalía. Ella y la abuela,
asustadas, la llevaron al médico; éste las mandó a un oculista; éste a otro
oculista; y los tres diagnosticaron lo mismo: ciega porque carece de pupilas.
Una
religiosa, tía de Ana María Gema, animó a madre y a la abuela de la niña a
llevarla a San Giovanni Rotondo. Viajaron el
6 de junio de 1947, cuando la niña tenía 7 años, para que el Padre Pío
le diera la primera comunión. A la mañana siguiente participaron en la Misa que
el Padre Pío celebró, como siempre, a las cinco de la mañana. La primera en
confesarse fue Ana María Gema; y, a pesar de las repetidas advertencias que le
habían hecho, la niña olvidó pedir al Padre Pío la curación.
Por
la tarde, después de la función eucarística, Ana María Gema fue la primera en
recibir la comunión, su primera comunión. El Padre Pío, además de la cruz con
la Sagrada Forma, como se acostumbraba entonces, trazó, inmediatamente después, otra
sobre los ojos de la niña; y Ana María Gema comenzó a ver. La llevaron al
médico, que repitió el mismo diagnóstico: “Ciega por carecer totalmente de
pupilas”; pero - le dijeron - ¡la niña ve! En la actualidad, a no ser que haya
muerto en los últimos meses, Ana María Gema Di Giorgi sigue viendo, aunque para
los médicos sea imposible porque no tiene pupilas.
*** * ***
El Señor sigue
actuando hoy por medio del Padre Pío. Este testimonio, escrito en febrero de
este año 2013, nos llega de Querétaro (México). Lo envía María de Lourdes Ortiz
Chaparro, que se presenta como la “mamá”
de Marifer y lo califica de “maravilloso
regalo que hemos recibido en mi familia a través del Padre Pio”. El escrito
dice así:
«Hace casi 10 años mi mamá estuvo en
coma por una encefalitis viral; el resultado de esto fue el despertar de una
madre convertida en bebé; así pues, desde ese entonces he tenido que afrontar
el cuidado de ella tal como lo haría con un hijo mío: cambio de pañales,
alimentarla, vestirla, limpiarla, peinarla, además de desvelos cuidando una
fiebre, un insomnio etc.
Todo iba bien hasta que hace 7 años tuvo
una recaída, dejó de comer, se deshidrató, comenzó a tener infecciones de todo
tipo y el doctor que la atendía me dijo que era mejor que me hiciera a la idea
de que ella se iría en cualquier momento, incluso llegó a sugerirme “hacerla
sufrir lo menos posible”.
Esto no cabía en mi cabeza, mi madre
agonizaba y encima de todo la persona en quien yo confié la vida de mi mamá ¡me
sugería “eso”!
Fue una época terriblemente difícil: yo
veía a mi mamá consumirse con las horas y me dolía verla sufrir, pero aún así
siempre tuve la convicción de que yo no tengo ese poder de decidir cuándo
acabar con la vida de alguien; yo no podía simplemente decidir el día y la hora
de que todo terminara. ¿Cómo podría yo vivir con eso el resto de mi vida? Decidí
dejar trabajar a Dios.
Fue cuando un amigo muy cercano a nosotras
me habló para contarme que traerían a mi ciudad las reliquias del Padre Pio, yo
no sabía mucho de él pero por lo que me contó en la llamada supe que tenía que
ir.
No sé cómo explicarlo; fue como si algo
me llamara a ir a verlo; no dudé, estaba convencida de que tenía que ir.
Ya ahí, pedí al Padre Pio su intercesión
para que mi madre recuperara la salud. Recibí como obsequio una estampa del
Padre y la llevé a casa en donde algo extraordinario pasó: esa misma noche, mi
mamá comenzó a comer, recobró la conciencia y en pocos días prácticamente se
levantó de la tumba.
Por supuesto que desde entonces la alejé
del doctor que “cuidaba por su vida” y la confié plenamente a Dios a través del
Padre Pio.
Hoy en día “mi niña” goza de una salud
envidiable. Nunca recuperará sus habilidades motoras y continúa siendo como un
bebé, pero a pesar de esto está en condiciones excelentes.
Además de este milagro, el Señor nos ha
regalado un milagro más. Mi madre fue diagnosticada con cáncer de piel hace
tres años; la noticia fue terrible, pues en sus condiciones no hay mucho que
hacer, por lo que la doctora sugirió el uso de pomadas en los 12 puntos
cancerígenos y otros cuantos pre-cancerígenos que tenía en cara, cuello y
brazos, antes de buscar otra alternativa más riesgosa para ella. Salí de la
clínica triste, pero al mismo tiempo con una tranquilidad inexplicable; yo
sabía, en el fondo de mi corazón, que esto no era sino un medio para que Dios
manifestara nuevamente su grandeza y su inmensurable amor.
Comenzamos el tratamiento al pie de la
letra, y yo convencida de que no había nada que temer. Al mes regresamos a la
consulta.
Para ser honesta, yo estaba nerviosa por
la evaluación de los médicos, pero, en lugar de eso, fui testigo de la “cara”
de la ciencia ante los milagros: ¡incredulidad!
La dermatóloga examinaba a mi mamá desde
todos los ángulos, veía a través de lentes de aumento, revisaba fotos y videos
que le habían tomado en la primera consulta. Llamó a sus colaboradores y al
cirujano plástico para que ratificaran lo que ella veía pues, según decía, no
podía ser lo que veía. Finalmente, volteó con la cara más asombrada,
incrédula, llena de sentimientos encontrados que jamás he visto en mi vida y me
dijo: - “no tiene nada; no sé cómo pasó pero no tiene nada; especialmente los
puntos en donde el cáncer estaba infiltrado en el nervio desaparecieron; no lo
creo, simplemente no lo puedo creer”.
Finalmente sonrió como sonríen las
personas que están ante lo inexplicable pero saben qué es lo que realmente
pasa: era un milagro.
Un nuevo milagro para mi “niña”, y para
mi, desde luego.
Después de un par de años,
lamentablemente uno de los puntos “retoñó” y no hubo otra manera de
extraerlo más que por medio de cirugía, afrontando, desde luego, los riesgos
que esto conlleva para una persona en las condiciones de mi mamá. Afortunadamente
salió con bien y su recuperación fue magnífica. Tenía bajo su ojito izquierdo
un total de 6 puntos, pero hasta el día de hoy ni siquiera se le nota y,
gracias al extraordinario médico que la atendió (que con toda seguridad fue
guiado por Dios y ayudado por el Padre Pío), la cicatriz ni se le nota, ni le
quedó el ojito jalado como era probable.
Desde entonces, cada vez que algo surge,
por insignificante que sea, recurro al Padre Pio, y ni una sola vez he sido
defraudada. Sus bendiciones colman nuestra vida y me hace saber que Dios es
infinito en su misericordia y en su amor; sólo hay que dejarle hacer su
trabajo».
Elías
Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío místico y apóstol
En mi escrito anterior en esta etiqueta de la página
web, expresé mi convencimiento de que, si los sufrimientos físicos con los que
el Señor asoció al Padre Pío a la pasión de Cristo fueron fuente de dolores
agudísimos y constantes para el Fraile de los estigmas, lo fueron mucho más los
sufrimientos morales; y, entre éstos, los que hirieron más profundamente su
espíritu fueron los causados por algunos de sus hermanos en religión. Hoy tengo
que añadir que, entre éstos últimos, los más hirientes tuvieron lugar entre los
meses de mayo y septiembre de 1960.
También en estos sufrimientos el Padre Pío supo ver
lo que aconsejaba en estas palabras, que ya he citado en otro lugar: «Tras la mano del hombre que se manifiesta
veamos la mano de Dios que se oculta». Y probablemente no le resultó
difícil descubrir esto, pues lo que Dios le pidió en estos meses ya se lo había
exigido a Jesucristo en las horas de su pasión. Lo recordé en otro escrito publicado
en esta página web: «… para Cristo fueron
muy dolorosos los azotes, la coronación de espinas, el peso de la cruz, los
clavos…; lo fueron mucho más los insultos, las bofetadas, los salivazos…; y más
todavía el beso traidor de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de los
suyos…».
En el caso del Padre Pío, y refiriéndome sólo a los
Capuchinos, el beso traidor se lo dio el padre Justino de Lecce; las negaciones
le vinieron de fray Maseo de San Martino in Pensilis y del padre Daniel de Roma;
y, porque no es fácil eximirlos de responsabilidad, entre los que abandonaron
al Capuchino de Pietrelcina hay que poner al menos al padre Clemente de
Milwaukee, Superior general de los Capuchinos, al padre Buenaventura de
Pavullo, Consejero general del Superior general de los Capuchinos, al padre Amadeo
de San Giovanni Rotondo, Superior provincial de la Provincia capuchina de
Foggia, y al padre Emilio de Matrice, Superior de la Fraternidad capuchina de
San Giovanni Rotondo.
De lo que sucedió en torno al Padre Pío en los años
1958 a 1964 se puede repetir lo que el padre Clemente de Milwaukee, Superior
general de los Capuchinos hasta esta fecha, dijo, en mayo de 1964, en el Capítulo
general de la Orden: «El asunto está tan
complicado, tan enrevesado, que no es posible ni que se nos explique ni que se
nos aclare ni que se nos desentrañe en este lugar. Sobre todo, porque las cosas
que habría que decir para entender algo del mismo, no se me permite darlas a
conocer. Sea suficiente saber esto: todo lo que hemos hecho, lo mismo en la Provincia
de Foggia que a cada uno de los Hermanos, se ha llevado a cabo después de informar
a la autoridad eclesiástica y las más de las veces por mandato de la misma».
Para mantener esta afirmación basta leer con detenimiento,
en el volumen IV del “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de
Dios Pío de Pietrelcina”, el amplio y documentado estudio del padre
Alejandro de Ripabottoni, titulado “Registrazioni”
(grabaciones). Aunque las 46 páginas del mismo buscan hacer luz sobre el tema,
al leer lo escrito en ellas, las dudas y las preguntas surgen una tras otra, y no
tanto por lo que se afirma cuanto por lo que se omite.
Mi intención en este escrito es referirme sólo al
tema de los micrófonos y de la grabación de conversaciones del Padre Pío sin su
conocimiento y a sus espaldas, y sólo a los Capuchinos implicados en estos
hechos. Si cito a personas ajenas a la Orden capuchina es con la única
finalidad de que la mayor o menor culpabilidad de los Capuchinos que he mencionado,
si es que la tuvieron, aparezca en su justa medida.
Como apoyo para entrar en un tema tan delicado, quiero
citar unas palabras del cardenal Lercaro, que conoció muy de cerca al Padre Pío.
Las pronunció el 8 de diciembre de 1968, a los dos meses y medio de la muerte
del Santo de Pietrelcina, en un acto conmemorativo que organizaron los Capuchinos
de Bolonia. Refiriéndose a los sucesos de los años 1958-1964, después de pronunciar
estas duras palabras: «Viejas pasiones de
hombres desbordados por la vida y nuevas apetencias de dinero levantaron con
increíble audacia y cínica crueldad otra persecución contra el justo desarmado…
Experimentó la angustia de procedimientos arbitrarios, de medidas severísimas,
injuriosas, perversas…», añadió: «Sus
propios hermanos de religión le atormentaron, y aquel que según la tradición de
los Capuchinos se le había dado como bastón de su ancianidad fue el miserable
que llevó hasta el sacrilegio su beso traidor… y, como Jesús, callaba».
• 1. Estos son los hechos:
- La colocación de
los micrófonos y de los otros elementos necesarios para las grabaciones fue
obra del padre Justino de Lecce. El padre Justino era el “ángel de la guarda” que suelen dar en algunas casas religiosas a
los ancianos y a los religiosos que no pueden valerse por sí mismos. Llevaba
tres años cumpliendo este cometido en relación al Padre Pío.
- En esa labor, absolutamente
reprobable, de colocar los sistemas de grabación, el padre Justino de Lecce fue
ayudado activamente por fray Maseo de San Martino in Pensilis. Fray Maseo era
un capuchino laico, cumplidor y responsable en los oficios que se le asignaban,
pero con una personalidad fácilmente influenciable por aquellos en los que
ponía su confianza o que lograban conquistársela.
- El padre Daniel
de Roma tuvo en todo esto dos cometidos: transcribir con buena letra y en buen
papel el contenido de las cintas y hacer llegar tanto las cintas grabadas como
la transcripción de las mismas, bien personalmente bien por otros medios seguros
y rápidos, a monseñor Umberto Terenzi o, en el caso de que esto no fuera
posible, al padre Buenaventura de Pavullo, en la Curia general de Capuchinos de
Roma. El padre Daniel ingresó en la Orden capuchina a los 27 años. Tras los
sucesos a los que me estoy refiriendo, fue trasladado a la Provincia capuchina
de Toscana, pidió después pasar al clero secular y terminó dejando el ejercicio
del sacerdocio.
- Del hecho de que
se estaban realizando estas grabaciones eran sabedores, entre otros Capuchinos,
el padre Clemente de Milwaukee, Superior general de la Orden capuchina, el
padre Buenaventura de Pavullo, Consejero general por Italia del Superior
general, el padre Amadeo de San Giovanni Rotondo, Superior provincial de la
Provincia capuchina de Foggia, y el padre Emilio de Matrice, Superior de la
Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo.
- Aunque no
pertenecen a la Orden capuchina, motivo por el que no quiero formular ningún
juicio sobre ellos, tengo que referirme aquí a sor Lucina y a don Umberto
Terenzi.
* Sor Lucina, religiosa de las Esclavas del
Sagrado Corazón, de la comunidad de Città di Castello, se confesaba y era
atendida espiritualmente por el padre Justino, que la tenía por santa. Ella,
enriquecida a su juicio con revelaciones del cielo, sabía que el Padre Pío
estaba poseído por el demonio y en grave peligro de condenación por sus pecados
de fornicación con mujeres del entorno. Además, tenía la misión, confiada por
el Señor, de salvar al Padre Pío; y el padre Justino era su colaborador e
intermediario en esta misión. Cómo se consiguió que se le autorizara a
trasladarse de su convento de Città di Castello a San Giovanni Rotondo y, más
tarde, que la Superiora general de la Congregación le permitiera permanecer aquí
«mientras fuere necesario», no es
fácil saberlo. El padre Justino marchaba con frecuencia, siempre después de la
cena, a la casa particular donde vivía su dirigida espiritual para recibir sus
instrucciones. Entre éstas, debió estar la de los exorcismos al “poseído por el demonio”, pues fray
Celestino Di Muro, capuchino laico de la Fraternidad de San Giovanni Rotondo, sorprendió
una noche al padre Justino cuando, desde el pasillo, rezaba y asperjaba con
agua bendita la celda n. 1, en la que descansaba el Padre Pío. Al padre Justino
le acompañaba fray Maseo.
* Monseñor Umberto Terenzi era el Párroco del
Santuario del Divino Amor de Roma. Se consideraba amigo de Capuchinos de la
Curia general, de altas personalidades de la Congregación vaticana del Santo
Oficio, de monseñor Loris Capovilla, Secretario del Papa Juan XXIII… Daba
órdenes y mandatos en nombre de altas Jerarquías de la Iglesia. En relación al
Provincial de Capuchinos de Foggia y al Superior de Capuchinos de San Giovanni
Rotondo, decía actuar «en nombre de
vuestro Padre Reverendísimo. Por tanto, excusad, me tenéis que obedecer». El
21 de abril de 1960, a los tres días de que llegara a San Giovanni Rotondo monseñor
Crovini, Visitador apostólico enviado por el Santo Oficio, pudo escribir al
padre Justino lo que sigue, pues ya lo habían tramado todo para que se enviara
otro Visitador, monseñor Maccari: «No se
inquiete su corazón ni por Crovini ni por otro motivo. En cuanto a su audiencia
no se preocupe; si le parece, escríbame todo a mí y el Papa lo sabrá todo
personalmente. ¿No ha confiado nuestra buena causa a nuestra Señora del Divino
Amor? Entonces, esté tranquilo. Nuestra Señora del Divino amor está trabajando
muy bien, por una vía directísima y decisiva con el mismo Santo Padre. Fíese
totalmente del padre Buenaventura, con el que estoy trabajando al unísono por
el objetivo que usted me ha encomendado. Crovini no tiene encargo alguno; se lo
aseguro no en mi nombre sino en nombre de sus superiores mayores en el Santo
Oficio. No podrá impedir las decisiones santas que esperamos y que son
totalmente contrarias a cuanto esperan y creen que van a alcanzar con él los
distintos compadres y comadres de San Giovanni Rotondo. Escriba todo y con
urgencia al padre Buenaventura: todas las cartas son revisadas y tenidas en
cuenta en altísimo lugar. Pero, sobre todo, ¡oración! Satanás se agita, pero la
Virgen María lo vencerá. Ave María. Afectísimo Umberto Terenzi». En otra carta
al padre Justino, de 27 de junio de 1960, le decía: «Lo dispuesto vale, por orden superior, también para el padre Daniel M.
de Roma y para el padre guardián y para el padre provincial. Bajo el secreto
del Santo Oficio.
• 2. ¿De quién nació la idea de instalar los micrófonos y
realizar las grabaciones?
- El padre Justino,
en su declaración en el “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo
de Dios Pío de Pietrelcina”, afirma que la idea fue suya; y recalca que no
tuvo ni autorización ni invitación ni mandato ni de la Curia general de los
Capuchinos ni de otra autoridad. Afirmación difícilmente creíble si se tienen
en cuenta estos dos datos: que la grabación la hizo llegar enseguida a don Umberto
Terenzi, y que esa primera grabación tuvo lugar, según confesión del padre
Justino, hacia la mitad de mayo; por tanto, medio mes más tarde de la carta que
le dirigió don Terenzi el 27 de abril, que antes he transcrito.
- Si estas
afirmaciones del padre Justino son verdaderas y las informaciones que buscaba con
esas grabaciones eran las que luego indicaré, hay que decir que muy pronto se
asociaron a su proyecto tanto monseñor Umberto Terenzi como el padre Buenaventura
de Pavullo. Pero éstos buscando otra clase de informaciones y, para ello, urgiendo
la instalación de los micrófonos en otros lugares, como el saloncito del piso
primero, la celda n. 5 del convento y quizás...
• 3. ¿Dónde se instalaron los micrófonos? Ciertamente:
- En el locutorio
de la planta baja del convento, donde el Padre Pío solía recibir a los fieles,
sobre todo a sus hijas espirituales, y donde también solía confesar.
- En el saloncito
del piso primero del convento, donde el Padre Pío recibía en casos especiales,
siempre a hombres porque está dentro de la clausura, y donde también solía
confesar.
- En la celda n. 5
del convento, que el Padre Pío había usado desde su llegada a San Giovanni
Rotondo el 4 de septiembre de 1916 hasta que, en la década de los 40, lo
pasaron a la habitación n. 1, porque ésta era un poco más amplia, se podía
llegar a ella sin pasar por la clausura y junto a ella había una pequeña
terraza, con un ventanal abierto a la huerta, que le permitía respirar aire
fresco tras las muchas horas de labor pastoral en la iglesia, sobre todo en el
confesonario. El Padre Pío seguía usando la celda n. 5, y en ella recibía a las
personas que le ayudaban en la administración de la “Casa Alivio del Sufrimiento”, especialmente a Ángel Battisti.
También aquí confesaba a veces el Padre Pío.
- ¿Pusieron los micrófonos
también en el confesonario, sea en el de las mujeres en la iglesita, sea en el
de los hombres en la sacristía? El padre Justino negó que se hubieran grabado
confesiones y, como consecuencia, la instalación de micrófonos en los
confesonarios. No faltan quienes afirman lo contrario y quienes aseguran que el
padre Justino y fray Maseo lo intentaron en el confesonario de la iglesita pero
que desistieron al no encontrar un modo discreto de pasar los cables hasta el
mismo. Incluso, en los muchos escritos sobre este tema, al Padre Pío se le hace
afirmar y negar la misma realidad. En la biografía “Padre Pio da Pietrelcina” de Luigi Peroni podemos leer el
testimonio de una hija espiritual del Padre Pío, de Torino, que, al difundirse
la noticia, viajó a San Giovanni Rotondo y, en confesión, preguntó a su padre
espiritual: «Padre, ¿pero es verdad lo de
las grabaciones en el confesonario» y él le respondió: «¡Cómo no, hija mía, es verdad y cómo! Cuando yo estaba en el
confesonario trabajaban arriba, y cuando yo estaba arriba, trabajaban aquí».
El padre Alejandro de Ripabottoni, en cambio, cita el testimonio de Giovanna Boschi,
a quien, en confesión, ante su temor de que sus confesiones hubieran sido
grabadas, el Padre Pío le dijo: «Hija
mía, en este confesonario no ha habido nunca un aparato de grabación».
- De lo que, al
parecer, no cabe duda es de que se grabaron confesiones, tanto de hombres como
de mujeres. Son muchos los testimonios que lo confirman. Testimonios de los
que, en las dependencias del Santo Oficio, a donde iban a parar las cintas
grabadas, escucharon, con gran sorpresa y explicable rechazo, sus propias
confesiones con el Padre Pío. Y testimonios de personas a las que, los que
habían escuchado las cintas grabadas, les habían repetido contenidos de su
confesión al Padre Pío y de lo que éste les había dicho en ella. ¿Fueron todas grabadas
en los lugares que antes he indicado, que no eran el confesonario pero en los
que el Padre Pío también confesaba? No es fácil afirmarlo.
- La primera
grabación tuvo lugar en el mes de mayo de 1960, probablemente el día 9. Y esta
infame labor se prolongó al menos durante tres meses. El padre Justino, que, en
su declaración en el mencionado Proceso, afirmó que sólo tenía un aparato para
grabar, que lo iba pasando de un sitio a otro según conviniera, en otros
momentos de la declaración habló de grabadores en plural. Los escritos sobre
este tema dan la cifra de 36/37 cintas grabadas por ambos lados. Las cintas, y
la transcripción de las mismas cuando se hacía, llevadas a Roma por los medios
que antes he indicado, eran escuchadas o leídas por don Terenzi que, tras la
selección oportuna, las hacía llegar al Santo Oficio y a otros Organismos de la
Santa Sede.
• 4. ¿Qué se buscaba con estas grabaciones a espaldas
del Padre Pío?
- El padre Justino,
en su declaración en el Proceso, afirma que «En el ambiente de las “pie donne” (piadosas mujeres) se decía que, de un momento a otro, se
tomarían graves providencias contra el padre provincial, el guardián y los
otros frailes, que serían trasladados… Difundían estas voces cuando salían del
locutorio donde se habían encontrado con el Padre Pío, lo que nos hacía pensar
que esto era un complot contra nosotros, organizado en nuestra casa. Cuando
digo “nosotros” me refiero a mí y a fray Maseo. La idea de usar los grabadores me
vino con la intención de conocer dónde se preparaba este golpe y de qué
ambientes o personas provenía».
- Si lo anterior es
verdad, hay que decir que el padre Justino pasó muy pronto a lo que había sido
su obsesión enfermiza desde muy joven. El padre Pellegrino Funicelli declaró en
el mencionado Proceso, por tanto bajo juramento de decir la verdad, que «el padre Justino era un enfermo en relación
al sexto mandamiento y que, desde sus años de estudiante de teología, creía
poseer cualidades ocultas y se servía del péndulo para determinar, y como
consecuencia acusar, quién de los compañeros había consentido en pensamientos
impuros o había cometido actos impuros». Y el padre Justino, sin
pretenderlo, dejó muy clara esta su obsesión al declarar: «Habiendo escuchado la primera grabación y habiéndome parecido alarmante
por lo que se refería al Padre Pío y a la preeminente mujer (sin duda, Cleonice
Morcaldi)… hice saber al Papa, por
mediación de don Terenzi, que tenía un documento que podría hacer un poco de
luz sobre todo el asunto». Lo “alarmante” era que, en la cinta grabada, él
escuchaba el ruido de un beso; un ruido que ningún otro, a excepción también de
don Terenzi, lo percibía. He aquí una prueba. El Consejero general, padre
Buenaventura de Pavullo, pidió al Provincial, padre Amadeo de San Giovanni
Rotondo, que se pusiera de inmediato en comunicación con don Terenzi. El
Provincial viajó esa misma tarde a Roma y, en el estudio privado de don
Terenzi, en el Santuario del Divino Amor, tuvo que escuchar en silencio y
repetidas veces la grabación; y… del beso, ¡nada de nada! El padre Justino siguió
dando rienda suelta a su obsesión: «Después
de la primera grabación, que tuvo lugar a mediados de mayo, hice otras
grabaciones para comprender todavía mejor el desarrollo de la situación».
- ¿Interesaba a don
Umberto Terenzi y al padre Buenaventura de Pavullo lo que buscaba el padre
Justino; es decir, saber cómo, con quiénes y en qué horas de la noche
concertaba el Padre Pío las citas sexuales, que, según las revelaciones del
cielo que le comunicaba sor Lucina, eran las que tenían al Fraile capuchino esclavo
del demonio y a las puertas de la condenación eterna? Seguro que poco o nada. Pero,
si esas acusaciones de inmoralidad resultaran fundadas, ellos tendrían la
prueba decisiva para apartar definitivamente al Padre Pío de San Giovanni
Rotondo y conseguir lo que pretendían. Por tanto, ¡adelante, padre Justino!
- El padre Justino,
a quien el padre Buenaventura, en escrito del 23 de junio de 1960, mandó «hacer lo que le dice don Umberto», tuvo
que ampliar su investigación secreta, por los mismos medios que usaba en el
locutorio de la planta baja del convento, al menos a estos dos lugares que
antes he indicado: el saloncito del primer piso y la celda n. 5. ¿Con qué
finalidad? Podría expresarse así: Por parte de los Capuchinos, para poder hacerse
con las ingentes cantidades de dinero que le llegaban al Padre Pío para el
hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”
y solucionar las graves consecuencias para ellos de la bancarrota del banquero
Giuffré. Por parte de don Umberto Terenzi, para hacer realidad su sueño de unir
las administraciones de la “Casa Alivio
del Sufrimiento” y del Santuario del Divino Amor o, al menos, para conseguir
alguna cuantiosa ayuda que aliviara la situación económica del santuario.
* La quiebra del “banquero de Dios” -así se llegó
a llamar a Giuffrè- hizo que las economías de las Provincias capuchinas de
Italia y la de la Orden capuchina, al igual que las de otras Congregaciones
religiosas, pasaran por momentos de extremo agobio. Entre otras razones, porque
tenían que devolver el dinero que, ante los altísimos intereses que ofrecía Giuffré
a las Instituciones eclesiásticas, habían pedido prestado a amigos y conocidos
para colocarlo en el banco del “banquero de Dios”.
* La solución del problema para los Capuchinos
podría estar muy a mano: el superávit económico de la “Casa Alivio del Sufrimiento” y las cantidades que seguían llegando al
Padre Pío para su obra en favor de los enfermos. Lo intentó el Provincial,
padre Amadeo de San Giovanni Rotondo en los últimos meses del 1959. Pero la
conciencia del Padre Pío no aceptaba destinar a otros fines lo que le llegaba
para una finalidad bien concreta. Además, la cantidad que se le pedía era de
varios cientos de millones. Meses más tarde, el Padre Pío tendría que repetir
el “No puedo”, cuando monseñor Carlos
Maccari, el nuevo Visitador apostólico enviado por el Vaticano a San Giovanni
Rotondo, le propuso que renunciara voluntariamente a la propiedad de la “Casa Alivio del Sufrimiento” en favor de
la Orden capuchina.
* Recoger posibles informaciones sobre cantidades
de dinero no bien gestionadas o sobre números rojos en la contabilidad de la “Casa Alivio del Sufrimiento” sería importante
para que el Vaticano, anulando la concesión dada por el Papa Pío XII, quitara
al Padre Pío la administración de la misma. Lo era también conocer con
exactitud el origen de las limosnas que seguían afluyendo a San Giovanni
Rotondo para no perderlas, una vez eliminado el Padre Pío. Y los lugares donde
se conversaban estos temas eran los que antes he señalado.
• 5. ¿Habían perdido la cabeza?
- En la biografía
de Leandro Sáez de Ocáriz “PÍO DE PIETRELCINA - Místico y apóstol” se
lee: «Un buen religioso del convento, a quien habían implicado en el enredo,
al hacer su declaración sobre tan repugnante asunto, confundido, exclamó lleno
de pesadumbre: “Es que habíamos perdido la cabeza, estábamos todos locos”.
- En torno a este
“repugnante asunto” surge esta pregunta: los Capuchinos implicados en él
¿habían perdido la cabeza?, ¿estaban locos?, ¿su maldad llegó a límites
insospechados?
* Dejando de lado al padre Justino, ¿es posible
que fray Maseo, el padre Daniel y el Superior de la Fraternidad capuchina de
San Giovanni Rotondo, padre Emilio, que tenían al Padre Pío día y noche ante
sus ojos, pudieran creer, sin culpabilidad alguna, las revelaciones del cielo
de sor Lucina, aceptar que el anciano religioso de 73 años se pasaba las noches
fornicando y colaborar, sin remordimiento alguno, en la labor investigadora del
padre Justino?
* ¿Es posible eximir de toda responsabilidad al
Provincial, padre Amadeo, que, cuando el padre Justino y el padre Emilio le
piden una conversación urgente porque, en la grabación hecha en el locutorio,
se oye el ruido de un beso y quieren autorización para hacer nuevas
grabaciones, termine, después de haberla negado rotundamente, permitiéndoles «una sola grabación más, con la condición de
que le entreguen a él la cinta grabada»?
* ¿Cómo explicar que el General de los Capuchinos,
padre Clemente, y su Consejero general por Italia, padre Buenaventura, si es
que no dieron su aprobación, al menos hicieran la vista gorda ante lo que
estaba sucediendo en San Giovanni Rotondo, fiándose, sin documento alguno que
lo acreditara, «de la palabra de don
Terenzi que declaró que él estaba autorizado por monseñor Pedro Parente, asesor
del Santo Oficio»? Más aún, aunque la autorización a don Terenzi le viniera
del mismo Papa, ¿pueden unos Superiores que saben lo que está sucediendo en San
Giovanni Rotondo permitir que eso siga adelante?
* En el caso del padre Buenaventura de Pavullo, ¿es
sólo perder la cabeza los hechos de mandar al padre Justino «hacer lo que le dice don Umberto; de recibir en la Curia general el fruto del espionaje que
se lleva a cabo en San Giovanni Rotondo y, tras entregar el acuse de recibo,
incluyendo a veces en él «palabras de
felicitación, de ánimo y de bendición», hacerlo llegar a don Terenzi, creyendo
que es «un simple pasamanos»; y de atreverse
a declarar: «Es cierto que en uno de
aquellos escritos del 15 de julio que leo en la prensa, digo al padre Justino:
“Es necesario trabajar unidos, en silencio, con sufrimiento y con oración. No
se preocupe; todo pasa primero por mis manos, ya que así se convino con don
Terenzi y es justo que la Orden vea y sepa con antelación lo que después se
hace llegar a las autoridades superiores. Retome, pues, el regular envío de los
expresos […]”. Leído como suena, puede en verdad hacer creer que de nuestra
parte había una participación activa y directa en la investigación de don
Terenzi. Yo mismo me maravillo, porque nada había en la realidad. Es justamente
el caso típico en el que la pluma corre más allá que la intención y traiciona
el pensamiento».
• 6. ¿Y
el Padre Pío?
- Cuando descubrió en la celda n. 5 el
micrófono que le habían colocado bajo la cama y los hilos que lo conectaban a
la celda contigua, la n. 4, la usada por el padre Justino, llorando a lágrima viva,
cortó los hilos con un abrecartas, que, ennegrecido, conserva todavía el
impacto de la corriente eléctrica. Al mostrar al Arzobispo de la Diócesis, monseñor
Cesarano, los cables cortados y el abrecartas, le dijo: «Vea lo que han hecho conmigo. Mis propios hermanos».
- Don Atilio Negrisolo, sacerdote de la
Diócesis de Padua e hijo espiritual del Padre Pío, da fe de lo siguiente: «Cuando el padre Clemente de Santa Maria in
Punta pidió al Padre Pío, en nombre de monseñor Pedro Parente, que desmintiera
este hecho, el Padre Pío respondió: «Si hubiera sabido que estaban los
micrófonos en el confesonario, nunca habría puesto el pie en él para no exponer
el sacramento a la profanación”».
- El corazón del Padre Pío
queda muy bien retratado en esta declaración del padre Justino en el Proceso: «El Padre Pío supo el hecho de las
grabaciones; no creo que hubiera conocido el contenido de la grabación
principal. Ciertamente supo que había sido yo, pero nunca me dijo nada».
- Y mejor retratado
todavía en este hecho, contado por el padre Eusebio Notte en su declaración en el Proceso:: «Una noche estaba a solas con el Padre Pío en su celda n. 1. Y noté que el Siervo de Dios oraba con particular recogimiento. Confidencialmente le pregunté: “¿Tiene alguna preocupación esta noche?”. El
Padre Pío enseguida y sin inmutarse: “Estoy orando por el padre Justino”. A lo que yo, casi enojado: “¡Ah!, Padre, ¡eso no!; ¡es demasiado!”. Y el Padre Pío: “Hijo mío,
también él es un alma a la que salvar”».
- Que el
Padre Pío supo ver la mano de Dios, que lo asociaba a la pasión de Cristo, en lo
que ofrezco en este escrito y en lo que le vino como consecuencia de la visita
apostólica de monseñor Maccari, lo manifiesta esta confidencia a un hijo
espiritual: «Estamos en la última
estación, la más larga y la más dolorosa».
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
28. Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas
son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la obscuridad y tenéis la
impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las
zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme
no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al
alma: que vislumbra, entiende, ama y tiembla.
¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis
en la cima del Sinaí.
29. Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que
puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas
nunca el valor y la confianza en Dios.
30. Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son
señales de su divina predilección y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas
hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de
bellezas cuanto más duras fueron las tempestades.
1. Cuando se pasa ante una
imagen de la Virgen hay que decir: "Te saludo, María. Saluda a Jesús de mi
parte".
2. Escucha, Madrecita: yo te quiero mucho más que a todas las
criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús, naturalmente...; pero
te quiero mucho.
3. Madrecita hermosa, Madrecita querida, eres bella. Si no existiera
la fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más resplandecientes que el
sol; eres bella, Madrecita; yo me glorío de ello, te amo, ¡ah!, ayúdame.
4. María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino
seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis
sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba.
(Tomado de BUONA
GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
El
Padre Pío, en carta al padre Agustín del 1 de mayo de 1912, le manifiesta el
que fue, sin duda, su gran deseo durante toda su vida: «Quisiera tener una voz tan potente que fuera capaz de invitar a los
pecadores de todo el mundo a amar a la Virgen María» (Ep I, 277). Un deseo que volvió a expresarlo en su carta de 6 de
mayo de 1913: «Quisiera volar para
invitar a todos los seres a amar a Jesús, a amar a María» (Ep I, 357). Un deseo que era respuesta a
la «misión grandísima» que el Señor
le había confiado
Y
el Señor le concedió, al menos en gran medida, realizar ese deseo.
La
voz del Padre Pío no resonó en todo el mundo, porque nunca salió de Italia y desde
el 13 de mayo de 1918 no se movió de San Giovanni Rotondo. Sin embargo,
pecadores de todo el mundo escucharon las palabras del Padre Pío porque de los
cinco continentes vinieron a la pequeña ciudad del centro-sur de Italia, en la
que vivió los últimos 52 años de su vida, en busca del Santo capuchino. Y ¡con
qué potencia de voz los llamó a la conversión, a la vida cristiana, «a amar a la Virgen María»!
Es
fácil que, al pensar en el fenómeno sobrehumano de la bilocación, imaginemos
que es como un vuelo por el que se llega al otro u otros destinos sin dejar el
lugar desde donde se emprende ese vuelo. Si fuera así, también se concedió al
Padre Pío hacer realidad su deseo de volar. Son muchas las bilocaciones del
Padre Pío. Algunas, al menos tres, las manifiesta él mismo en cartas de
dirección espiritual, no sin haber pedido a los destinatarios de las mismas el
secreto más absoluto y también que destruyeran los papeles en los que se las
relataba. A otras bilocaciones no puede menos de referirse ante las preguntas que
le hace el Visitador apostólico Mons. Rafael Carlos Rossi en junio de 1921. De
otras bilocaciones del Santo han dado fe personas que se beneficiaron de ellas
y que, al parecer, merecen todo crédito. Y de la que se le concedió el 18 de
enero de 1905 se conserva el papelito autógrafo en el que el joven capuchino de
17 años, quizás asustado ante «un hecho
insólito», se la cuenta al padre Agustín de San Marco in Lamis. Y el vuelo
sobrehumano de la bilocación era siempre para llevar consuelo, esperanza… y,
como consecuencia, para invitar «a amar a
Jesús, a amar a María».
*** * ***
La
voz del Padre Pío sigue sonando también hoy, y de muchos modos. En unos casos
con gran potencia, como, desde hace algunos años, a través de “Teleradio Padre Pío” de San Giovanni
Rotondo (Italia). En otros, como en el que voy a indicar aquí, con menos
alcance en distancia de kilómetros, pero con la potencia que le brinda un
capuchino nonagenario, gran devoto del Padre Pío y entusiasta propagador de la
espiritualidad del Fraile capuchino. Y los frutos en los que escuchan esas voces
son los mismos que indica el Padre Pío en las cartas que he citado: que los
pecadores de todo el mundo y todos los seres «amen a Jesús, amen a María».
En
la Provincia de Corrientes (Argentina), el día 19 de marzo del 2012, Solemnidad
de San José, se inauguró la radio “San José
y San Padre Pío”, en las instalaciones de la parroquia “Nuestra Señora de Pompeya”, encomendada
a los Hermanos Menores Capuchinos. La iniciativa surgió del Grupo de Oración
del Padre Pío que funciona en la mencionada parroquia; Grupo al que acompaña y anima
el capuchino Fray Pedro Bernardo M. Temperán.
Se
trata de una transmisión virtual por internet. En ella, junto a materiales muy
variados para la reflexión y la oración, y música que ayuda a las mismas,
sobresale la transmisión de las Eucaristías dedicadas al Padre Pío en los días
23 de cada mes y en el triduo de preparación para su fiesta litúrgica.
Se
puede acceder a esta emisión de radio desde cualquier lugar del mundo en la
página http://www.sanjoseysanpadrepio.com.ar/
Elías
Cabodevilla Garde















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