Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Rosario de la Paciencia


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Señal de la cruz

Señor: en este día tan especial, vamos a orar juntos meditando las enseñanzas del Santo Padre Pío, quien es un modelo para nosotros, ya que ha sido un hombre de valor: que siguió Tus enseñanzas, supo enfrentar la adversidad con amor, que fue humilde, que tuvo caridad y que nunca se envaneció con los dones que poseía.  Que nos enseñó a honrarte y a amar a María Tu Santa Madre. Que nos enseñó a orar por quienes amamos, por quienes no conocemos y por todos los que lo necesitan.
En Tu presencia y en Tus manos dejamos nuestra vida, nuestras alegrías, nuestros proyectos, nuestra esperanza, nuestros sufrimientos y nuestra amada tierra. Acompáñanos Señor en nuestras súplicas. Amén.

Pèsame (Todos juntos)

Primer Misterio: 

La virtud de la paciencia es la que nos asegura, más que ninguna otra, la perfección; y, si conviene practicarla con los demás, hay que tenerla no menos con uno mismo. El que aspira al puro amor de Dios, no necesita tanto tener paciencia con los demás cuanto tenerla consigo mismo. Para conquistar la perfección, se necesita tolerar las propias imperfecciones. Digo tolerarlas con paciencia y no ya amarlas. Con este sufrimiento crece la humildad. Para caminar siempre bien, es necesario, mi queridísimo hijo, aplicarse con diligencia a recorrer bien aquel trozo de camino que está más cerca y que es posible recorrer, hacer bien la primera jornada, y no perder el tiempo deseando hacer la última cuando todavía no se ha hecho la primera.
Muchísimas veces nos detenemos tanto en el deseo de ser ángeles del paraíso, que descuidamos ser buenos cristianos. Con esto no quiero decir o significar que no sea oportuno para el alma poner muy alto su deseo, pero sí que no se puede desear o pretender alcanzarlo en un día, porque esta pretensión y este deseo nos fatigarían demasiado y para nada. Nuestras imperfecciones, hijito mío, nos han de acompañar hasta la tumba. Es cierto que nosotros no podemos caminar sin tocar tierra; pero es verdad también que, si no nos tenemos que tumbar o mirar a otro lado, tampoco hay que pensar en volar, porque en las vías del espíritu somos como pequeños pollitos, a quienes todavía no les han salido las alas.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

Segundo Misterio: 

Nuestra vida terrena se va muriendo poco a poco en nosotros; de igual modo es necesario hacer morir en nosotros nuestras imperfecciones. Imperfecciones, es cierto, que para las almas piadosas que las sufren, pueden ser también fuentes de mérito y motivos poderosos para adquirir virtudes; porque, a través de esas imperfecciones, conseguimos conocer cada vez mejor el abismo de miseria que somos; y ellas nos impulsan a ejercitarnos en la humildad, en el desprecio de nosotros mismos, en la paciencia y en el esfuerzo.
Hijo mío, yo no sé qué impresión producirá en tu alma esta pobre carta, pero todo lo he escrito al pie del crucifijo. He sentido muy fuerte en mi corazón el impulso a escribirte lo que te he escrito, porque he juzgado que una gran parte de tu mal pasado ha estado motivado por haber hecho grandes proyectos y, viendo después que los resultados eran pequeñísimos y que las fuerzas eran insuficientes para poner en práctica aquellos deseos, aquellos planes y aquellas ideas, fuiste atormentado por angustias e impaciencias, inquietudes y turbaciones de la mente y del corazón. De aquí nacieron en tu corazón todas aquellas desconfianzas, languideces, ruindades y faltas. Y si todo esto es verdad, como por desgracia lo es en realidad, sé más prudente de aquí en adelante, camina pisando tierra, porque el alto mar te produce vértigos y te provoca mareos.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros


Tercer Misterio:
El gozo es un vástago de la caridad; pero, para que este gozo sea perfecto y verdadero, se requiere que tenga como su compañera invisible a la paz, que se da en nosotros cuando el bien que poseemos es el bien sumo y se-guro. Ahora bien, ¿no es acaso Dios el sumo bien que el alma ama y amándolo lo posee?
Es necesario, pues, que este bien, además de ser sumo, sea también seguro. Pues bien, el divino Maestro nos asegura que «Vuestro gozo nadie os lo podrá quitar». ¿Qué testimonio más seguro que éste? El alma, al pensar en esto, no puede no sentirse enteramente alegre. He aquí lo que hace afrontar con ánimo jubiloso las más amargas contradicciones.
Sin embargo, hay que señalar que, así como el alma mientras esté en estado de peregrino no podrá alcanzar nunca la caridad perfecta, de igual modo su paz no podrá nunca ser perfecta. Las contradicciones, las tribulaciones son tantas, los contrastes con los que la pobre alma es maltratada son tan numerosos, como para hacerla agonizar en ciertos momentos de la vida, hasta tal punto de resultarle insoportable la vida misma; y esto na-ce del verse en peligro de poder arruinarse.
 Ahora bien, para resistir a tan duras pruebas, le es necesaria la paciencia, virtud que nos hace soportar, sin ceder, las adversidades. Busque el alma que hace profesión de perfección tener muy en cuenta esta virtud, si es que le preocupa no trabajar inútilmente, ya que es por esta virtud por la que permanecerá interiormente ordenada.
(23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 197)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

 Cuarto Misterio:

La caridad, el gozo y la paz son virtudes que vuelven al alma perfecta en torno a lo que posee; la paciencia, en cambio, la vuelve perfecta en torno a lo que soporta.
Lo dicho hasta aquí es lo que es necesario para la perfección interior del alma. Para la perfección exterior del alma son necesarias las virtudes, algunas de las cuales se refieren al modo cómo el alma que tiende a la perfección debe comportarse con el prójimo; otras, en cambio, se refieren al régimen de los propios sentidos.
Entre las virtudes que el alma necesita en relación al prójimo, encontramos, en primer lugar, la benignidad, con la que el alma devota, con sus comportamientos agradables, corteses, cívicos, ajenos a toda grosería, cautiva a aquéllos con quienes trata y atrae a imitar su vida devota.
Pero todo esto es aún muy poca cosa. Conviene bajar a los hechos: y he aquí que nos viene inmediatamente la benignidad, virtud que empuja al alma a servir de utilidad para los demás. Y aquí es bueno señalar dos cosas bastante importantes para el alma que tiende a la perfección. Una de ellas es ver que el prójimo no saca provecho del bien que se le hace; la otra es, no sólo que el prójimo no siempre saca provecho del bien que se le hace, sino, lo que es peor, ver que a veces corresponde con ofensas y con ultrajes. Al alma no bien instruida le sucede con frecuencia que cae en el engaño. Dios nos libre de ser víctimas de semejantes emboscadas, tendidas por el enemigo para arruinarnos y correr sin premio.
Es necesario, por tanto, que, contra la primera emboscada, nos armemos con la hermosa virtud de la magnanimidad, que es una virtud que no permite que el alma retroceda nunca al procurar el bien ajeno, incluso cuan-do ve que ningún provecho saca el prójimo. Contra la segunda, es necesario armarse de mansedumbre, que lleva a reprimir la ira, incluso cuando se ve correspondida con ingratitud, con ultrajes y con ofensas.
Pero todas estas hermosas virtudes todavía no bastan si no se les une la virtud de la fidelidad, mediante la cual el alma devota adquiere prestigio y cada uno se asegura de que en su obrar no hay doblez.
(23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 197)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitamos de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros

Quinto Misterio:

Hay algunas enfermedades físicas, cuya curación depende de un acertado modo de vivir. El amor propio, la estima de sí mismo, la falsa libertad de espíritu, son raíces que no se pueden erradicar fácilmente del corazón humano. Solamente se puede impedir la producción de sus frutos, que son los pecados; porque sus primeros retoños y sus ramas, esto es, sus prime-ras sacudidas y sus primeros movimientos, de hecho no se pueden impedir mientras se está en esta vida mortal, aunque sí se puede moderar y disminuir su calidad y su fuerza mediante la práctica de las virtudes contrarias, particularmente del amor de Dios.
Es necesario, pues, tener paciencia al cortar los malos hábitos, domar las antipatías y superar las propias inclinaciones y cambios de humor; porque, mi buena hijita, esta vida es una lucha continua y no hay quien pueda decir: «Yo no he sido tentado». La quietud está reservada para el cielo, don-de nos espera la palma de la victoria. Aquí, en la tierra, hay que combatir siempre entre la esperanza y el temor; pero con el propósito de que la esperanza sea siempre más fuerte, y teniendo presente la omnipotencia de aquel que nos auxilia. No te canses, pues, de trabajar, con constancia, con confianza y con resignación, por tu conversión y perfección.
(11 de junio de 1918, a Erminia Gargani – Ep. III, p. 735)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Santo Padre Pio       Ruega por  nosotros


Acompañamos la intención del Papa Francisco para este mes rezando:

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oración a san Miguel Arcángel por nuestra Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, el Sumo Pontífice, por los sacerdotes y las vocaciones. Pedimos  también por todas las intenciones recibidas en los Grupos de Oración del Santo Padre Pio en todo el mundo.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."  

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Paz y bien

La vida devota de Padre Pio por Gennaro Preziuso y Gerardo Di Flumeri


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La devoción a Dios Padre

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra (Mt 11,25)

El venerado Padre Pío fue bautizado a las 6 horas del día 26 de mayo de 1887. Desde aquella mañana, la santísima Trinidad comenzó a habitar en el alma del Padre Pío como en un templo, y el Padre Pío comenzó a cultivar una tierna devoción a cada una y a las tres augustísimas Personas.
Hacia Dios Padre tuvo siempre una gran devoción, ungida de respeto profundo y de amor filial.
El Padre del cielo ocupaba el centro de su corazón y era el que actuaba y obraba de forma inmediata en su alma. El 9 de febrero de 1914, en un escrito al padre Agustín, el venerado Padre le comunicaba: «Ahora es el mismo Dios el que de forma inmediata, sin la mediación de los sentidos internos o externos, actúa y obra en lo profundo de mi alma... Lo que yo logro decir de esta mi situación actual es que el anhelo de mi alma se orienta, no a alguna otra realidad, sino solamente a Dios; que experimenta que todo su ser está centrado y ensimismado en Dios» (Epist. I,453).

Por lo mismo, si Dios Padre ocupaba el centro de su alma, es a él, al Padre del cielo, a quien el Padre Pío dirigía sus súplicas y sus alabanzas. El 16 de noviembre de 1914, escribía al padre Agustín: «No dejo de insistir dulcemente al corazón del Padre del cielo por su alma y por todas las almas amadas por usted» (Epist. I,505). Y el 12 de mayo de 1915, decía al citado padre Agustín: «Estoy muy contento por los bienes que tantas almas han recibido del Padre de las luces. A él, al Padre del cielo, suba una alabanza sempiterna» (Epist. I,471).

Totalmente imbuido del pensamiento de que la primera Persona de la santísima Trinidad habitaba y actuaba en su alma, el Padre Pío «no deseaba otra cosa que agradar a Dios, padre y creador nuestro» (Epist. I,652).

Y este buen Padre, que amaba al humilde hermanito de Pietrelcina, lo colocaba en la cruz, como había colocado a su Hijo unigénito, Jesucristo nuestro Señor. El 7 de agosto de 1915, el Padre Pío escribía al padre Benedicto: «Su carta, que me llegó la mañana de pascua, trajo a mi pobre espíritu, por una parte un poco de alivio, ligerísimo por cierto pero capaz de animarme para poder soportar la cruz, en la que el Señor, por su misericordia, ha querido colocarme, si no con ánimo alegre, al menos con fortaleza de espíritu. Y por esto, sea bendita por siempre la bondad del Padre del cielo» (Epist. I,556).

Pero este buen Padre del cielo, que desea vehementemente lo mejor para su Siervo fiel, puso por entero su proyecto de salvación en las manos de María. Escuchemos de nuevo el testimonio del venerado Padre. El 9 de mayo de 1915, escribe al padre Agustín: «Vive Dios, que ha puesto el proyecto de mi salvación, el éxito de la victoria, en las manos de nuestra Madre del cielo. Protegido y guiado por una Madre tan tierna, lucharé hasta que Dios quiera, con la seguridad y la confianza de que, con esta Madre, no sucumbiré jamás. Padre, si, mirándola desde este destierro, se aleja la esperanza de la victoria, cuando se la contempla desde la casa de Dios, bajo la protección de esta Madre santísima, ¡cómo está cerca y es segura!» (Epist. I,576).

Bajo la protección de María santísima, el venerado Padre vivió hasta la avanzada edad de los 81 años, con «Dios fijo siempre en su mente y grabado en su corazón», como él mismo manifestaba al padre Agustín, el 20 de noviembre de 1921. A lo largo de los años, recitó en incontables ocasiones la oración que nos enseñó Jesús: la recitó en la misa, la recitó en el rosario, y en sus oraciones privadas. La cantó en su última misa, la mañana del día 22 de septiembre de 1968, la recitó en alta voz la tarde de su muerte, una muerte largamente esperada y suplicada.

«Padre nuestro, que estás en el cielo...».

Mayo : Mes de María...


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1   Cuando se pasa ante una imagen de la Virgen hay que decir:
"Te saludo, María. Saluda a Jesús de mi parte" (AdFP, 401).

2  Escucha, Madrecita: yo te quiero mucho más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús, naturalmente...; pero te quiero mucho (AD, 40).

3  Madrecita hermosa, Madrecita querida, eres bella. Si no existiera la fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más resplandecientes que el sol; eres bella, Madrecita; yo me glorío de ello, te amo, ¡ah!, ayúdame (AD, 55).

4  María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba (Epist.II, p.373).

5  María sea la razón única de tu existencia y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad (ASN, 44).

6  Si Jesús se manifiesta, agradecédselo; y si se oculta, agradecédselo también; todo es broma de amor.
La Virgen clemente y piadosa continúe alcanzándoos de la inefable bondad del Señor la fuerza para sobrellevar hasta el final tantas pruebas de amor como os concede. Yo os deseo que lleguéis a morir con Jesús en la cruz y que podáis exclamar en él dulcemente: "Se ha cumplido" (AdFP, 563).

7  Oh María, madre dulcísima de los sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias: desde lo íntimo de mi corazón te ruego y te suplico encarecidamente que hoy, mañana y siempre des gracias a Jesús, el fruto bendito de tu vientre  (AP).

8  La humanidad quiere su parte. También María, la Madre de Jesús, sabía que, por medio de la muerte de su Hijo, se realizaba la redención del género humano, y sin embargo también ella ha llorado y sufrido; y ¡cuánto ha sufrido! (GC, 21).

9  María convierta en gozo todos los dolores de tu vida (GC, 24).

10  No os entreguéis tan intensamente a la actividad de Marta que olvidéis el silencio y el abandono de María. La Virgen, que concilia tan perfectamente ambas cosas, os sirva de dulce modelo y de inspiración (CE, 45).

11  María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Manténte cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora (FM, 167,165).

12  Trae a tu memoria lo que sucedía en el corazón de nuestra Madre del cielo al pie de la cruz. Es tan intenso su dolor que permanece impertérrita ante su Hijo crucificado, pero no puedes decir que haya sido abandonada. Al contrario, ¿cuándo la amó más y mejor que cuando sufría y ni siquiera le era posible llorar? (Epist.III, p.189).

13  No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor por Jesús, crucificado por tu eterna salvación.
La Virgen Dolorosa te acompañará y te servirá de dulce inspiración (LdP, 66).

14  Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, fiat secundum verbum tuum, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.
Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos también siempre sí al Señor (FSI, 32).

15  Correspondamos también nosotros, que hemos sido regenerados en el santo bautismo, a la gracia de nuestra vocación a imitación de la Inmaculada, Madre nuestra. Apliquémonos incesantemente al estudio de Dios para conocerlo, servirlo y amarlo cada vez mejor (Epist.IV, p.860s.).

16  Madre mía, infunde en mí aquel amor que ardía en tu corazón por él; en mí, que, cubierto de miserias, admiro en ti el misterio de tu inmaculada concepción y que ardientemente deseo que, por ese misterio, purifiques mi corazón para amar a mi Dios y a tu Dios, mi mente para elevarme hasta él  y contemplarlo, adorarlo y servirlo en espíritu y verdad, el cuerpo para que sea su tabernáculo menos indigno de poseerlo cuando se digne venir a mí en la santa comunión (Epist.IV, p.860).

17  Padre, hoy es la Dolorosa. Dígame una palabra. Respuesta: La Virgen Dolorosa nos quiere bien, nos ha dado a luz en el dolor y en el amor. No se aparte jamás de tu mente la Dolorosa y sus dolores queden grabados en tu corazón; y lo encienda de amor a ella y a su Hijo (LdP, 193).

18  El alma bienaventurada de María, como paloma a la que se libera de los lazos, se separó de su santo cuerpo y voló al seno de su Amado (Epist.IV, p.967).

19  Después de la ascensión de Jesucristo al cielo, María ardía continuamente en el más vivo deseo de reunirse con él. En ausencia de su divino Hijo, le parecía encontrarse en el más duro destierro.
Aquellos años en los que tuvo que estar separada de él, fueron para ella el más lento y doloroso martirio, martirio de amor que la consumía lentamente (Epist.IV, p.965s.).

20  Jesús, que reinaba en el cielo con la humanidad santísima que había tomado en las entrañas de la Virgen, quiso que también su Madre, no sólo con el alma sino también con el cuerpo, se reuniera con él y compartiera plenamente su gloria.
Y esto era totalmente justo y merecido. Aquel cuerpo, que no fue ni por un sólo instante esclavo del demonio y del pecado, no debía serlo tampoco de la corrupción (Epist.IV, p.967).

21  Procura conformarte siempre y en todo a la voluntad de Dios en todos los acontecimientos, y no tengas miedo. Esta conformidad es el camino seguro para llegar al cielo (Epist.III, p.448).

22  Yo deseo, y no lo ignoráis, morir o amar a Dios, es decir, la muerte o el amor, ya que la vida sin este amor es peor que la muerte. ¡Hijas mías, ayudadme! Yo muero y agonizo en cada momento. Todo me parece un sueño y no sé dónde me muevo. ¡Dios mío!, ¿cuándo llegará la hora en que también yo pueda cantar: éste es mi descanso, oh Dios, para siempre? (Epist.III, p.406).

23  Practica la penitencia de pensar con dolor en las ofensas hechas a Dios; la penitencia de ser constante en el bien, la penitencia de luchar contra tus defectos (FSP, 42).

24  Confieso ante todo la gran desgracia que supone para mí el no saber expresar y sacar fuera este gran volcán siempre encendido que me abrasa y que Jesús ha metido dentro de este corazón tan pequeño. Todo se resume en esto: vivo devorado por el amor de Dios y por el amor del prójimo (Epist.III, p.1246s.).

25  La ciencia, hijo mío, por muy grande que sea, es siempre algo muy pobre; y es menos que nada en comparación con el formidable misterio de la divinidad. Debes encontrar otros caminos. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y ora! De ese modo encontrarás con certeza a Dios, que te dará la serenidad y la paz en esta vida y la beatitud eterna en la otra (CE, 56).

26  ¿Has visto algún campo de trigo en plena madurez? Podrás observar que algunas espigas son altas y vigorosas; otras, en cambio, están dobladas hacia el suelo. Prueba a coger las altas, las más vanidosas, y verás que están vacías; si, por el contrario, coges las que están más bajas, las más humildes, verás que están cargadas de granos. De esto podrás concluir que la vanidad es algo vacío (CE, 62).

27  Nos conviene esforzarnos mucho para llegar a ser santos y para servir intensamente a Dios y al prójimo (Epist.III, p.465).

28  Hagámonos santos; de este modo, después de haber vivido juntos en la tierra, estaremos juntos para siempre en el cielo (GB, 26).

29  ¡Oh Dios!, hazte sentir cada vez más en mi pobre corazón y realiza en mí la obra que has comenzado. Siento en lo íntimo una voz que me dice insistentemente: santifícate y santifica. Pues bien, queridísima mía, es esto lo que yo quiero, pero no sé por dónde comenzar. Ayúdame, pues; sé que Jesús te quiere muchísimo y lo mereces. Háblale, pues, de mí que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco, que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de modo que el fervor continúe siempre y crezca siempre más en mí de forma que haga de mí un perfecto capuchino (Epist.III, p.1010).

30  Sé, pues, siempre fiel a Dios en el cumplimiento de las promesas que le has hecho y no te preocupes de las burlas de los ignorantes. Debes saber que los santos son siempre vituperados por el mundo y por los mundanos y han puesto bajos sus pies al mundo con sus máximas (Epist.III, p.1080).

31  El campo de batalla entre Dios y Satanás es el alma humana. En ella se desarrolla en todos los momentos de la vida. Es necesario que el alma deje acceso libre al Señor y que sea fortalecida por él en todas partes con toda clase de armas; que su luz la ilumine allí donde combaten las tinieblas del error; que sea revestida por Jesucristo de su verdad y justicia, del escudo de la fe, de la palabra de Dios, para vencer a enemigos tan poderosos. Para ser revestidos de Jesucristo es necesario morir a sí mismos (CE, 33).

Reflexión Pascual del Padre Gustavo Seivane (asesor nacional Grupos de oración del Padre Pio - Argentina)


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Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Paz a sus almas. Los asista el Espíritu Santo con renovadas fuerzas. El poder de Dios suscite ardor de fe en todos ustedes, al celebrarse una vez más la Santa Pascua.
No sabemos cómo celebraba la Pascua el Padre Pío. Al menos, no tenemos detalles, ni conocemos lo que le acontecía en el fuero íntimo de su corazón. Eso ha quedado resguardado en el secreto de Dios.

Pero podemos presuponer que, para el estigmatizado del Gargano, hubo de ser una ocasión magna para penetrar en los Misterios de la Salvación. Un tiempo sublime para adentrarse con la agudeza de la fe y el fuego de la caridad, en la Pasión, Muerte, y Resurrección del divino Jesucristo, Señor Nuestro.

El Padre Pío, que consideraba cuánto debía trabajar para alcanzar la corona de gloria, solía decir que antes de hablar de flores y gemas, que son los méritos y virtudes que adornan esa corona, aún él no había logrado construir el armazón de dicha corona.
Veamos en esta humildad de nuestro Santo, la mejor substancia para transitar el camino a la Pascua. La Pascua litúrgica, y la última y definitiva Pascua de nuestras vidas.
“Con los ojos fijos en Jesús”, diría el Apóstol.

La humildad en San Pío echaba raíces en la Cruz de Jesús. Su asirse a la Cruz, tanto lo fortalecía, como le traía los perfumes del Cielo. Porque la Cruz de Cristo es siempre Cruz Pascual. Cruz animadora de liberación, cara de una moneda que no puede separarse de su reverso: la Resurrección.

¿Miraría sus estigmas, cada Viernes Santo, confundido por tan grande don?  ¿Llamaría a la Virgen para ser animado a una entrega mayor de sí mismo? ¿Hablaría con su ángel acerca de los más nimios detalles de la agonía en el Huerto, el Juicio, la dulzura de la Verónica, los clavos, o la flagelación? ¿Su alma mística habrá recibido la visita del mismo Señor para ser anoticiado sobre la luz que bañó el Cenáculo cuando se apareció Resucitado a los apóstoles?

Dios fue correspondiéndole más y más a San Pío. Y fue a la medida de su entrega. “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará lo que cree tener”, dice el Señor.
¡Pero cuánta humildad se necesita para entregarse sin reservas! Sin guardarse esto o aquello. Este afecto, esta cosilla, este gusto, este tiempo.

Anonadarse. Saberse y hacerse nada, para que Dios sea todo.

Humildad. Abajarse. Despojarse de los deseos de hacernos a nosotros mismos. De construirnos al margen de Dios.

Creo que vivir en presencia de Dios favorece la humildad.

Así, leemos que Dios le dijo a Abraham: “Camina en mi presencia y sé irreprochable”. San Bernardo enseñaba: “Nunca se olvida Dios de nosotros, razón será que nosotros procuremos no olvidarnos nunca de él”.
El humilde pareciera que no se sale de la Presencia de Dios, y abreva en la meditación en la Pasión de Cristo cuando ora. Es de allí de donde saca toda su sabiduría y verdadera paz.

El Padre Pío consideraba su indignidad y miseria, inadvertido de sus virtudes. No las veía. Más bien se lanzaba a amar a Dios con mayor fuerza, ya que había puesto sus ojos en él, en él que se consideraba deforme, y que en carta a una hija espiritual llegó a escribir: “¡He sido en esto peor que Lucifer! Sé que nadie en este mundo es inmaculado ante el Señor, pero mi inmundicia, hermana mía, no hay quien se le asemeje”.

De la auténtica humildad surgen flores y frutos. Suavidades y fuerzas santas. Agudezas para comprender los misterios de la Salvación, y fuegos para amar hasta el martirio.
Siendo fiel en lo poco es como se llega a ser fiel en lo mucho...
El Padre Pío vendrá en nuestra ayuda para esta Pascua. Somos sus devotos. Y estamos unidos, porque la comunión de los santos es la Iglesia, y como Iglesia, todos, aunque en grado y modo diferente, participamos en el mismo amor de Dios. Los que están en el Cielo viven más íntimamente unidos con Cristo y no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad. Y San Pío nos conoce en Cristo.

Santa Teresita decía: ”Pasaré mi Cielo haciendo el bien en la tierra”.
El Padre Pío podría haber pensado o dicho: “Seguiré guiando las almas, las seguiré conduciendo a la Gloria, a la perfección, a la Salvación, como un padre, como lo que soy: sacerdote para siempre”.
La Cruz de Cristo era su contemplación continua, el Crucificado era su amigo y confidente. Su oración lo silenciaba ante la cátedra del Gólgota, o lo movía por aquella vía dolorosa, que será siempre también la vía del amor más sublime, del más perfecto amor, del amor más grande, el amor del Dios vivo y verdadero, que hecho hombre  se entregó por los hombres hasta el extremo.

Los bendigo con amor.
Sea la paz en sus almas.

¡Feliz Pascua!


                     Padre Gustavo Seivane
       Siervo inútil del Señor. Indigno devoto de San Pío
           Domingo de Ramos del año del Señor 2017

REZAMOS EL VIA CRUCIS


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                                          Introducción 


El Vía Crucis o camino de la cruz revive los últimos momentos de la vida de Jesús y nos introduce en el misterio de la salvación.
Se trata de seguir a Jesús, caminar tras sus huellas, acompañarlo en su camino, que, como él dice, es un camino de cruz (Mc. 8,34).
El camino de la cruz es nuestro propio camino para seguir con fidelidad la voluntad de Dios. Por eso va más allá de unas reflexiones piadosas: es una invitación a la oración personal y comunitaria en todo momento del año.
Desde la cruz de Jesús, presente hoy en nuestro país y en tantos otros lugares de este mundo sediento de justicia, afirmamos nuestra fe en la resurrección y la vida. Anunciamos con alegría y esperanza la presencia liberadora de Jesús entre nosotros. Encarnamos en el mundo el reino de Dios, el ansiado cielo y tierra nuevos, donde reine la justicia, la paz y el amor verdadero.


i estación:
“JESÚS ES CONDENADO A MUERTE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»"
Palabra de Dios (Lc. 23, 1-2)

La Presencia de Jesús se hace ya insoportable para los poderosos de su época.
Sus constantes llamados a la conversión, su amor a los pobres, su denuncia de una religión que había perdido el rumbo, su identificación con el pueblo sencillo lo hacen un personaje peligroso. Ante Pilato argumentan que la seguridad del imperio está amenazada. Pilato cede ante las presiones. Se desinteresa del problema y entrega a Jesús para morir. Ante la injusticia se lava las manos. Jesús observa todo con serenidad y confianza en Dios, su Padre. Desde el silencio de su corazón reza: Señor, aquí estoy que se haga tu voluntad.
La figura de Jesús, pobre e indefenso ante el tribunal que lo condena, se hace presente en estos días en las vida de tantos hermanos, víctimas de la injusticia y la falta de fraternidad, sin vivienda ni salarios dignos, muchas veces despojados de sus derechos. Son los condenados a muerte de nuestro mundo de hoy. Los mismos que Jesús amó hasta la muerte de cruz.

Para aplicar a la vida:
¿Estoy dispuesto a dar la vida por amor a los demás?
¿Qué puedo hacer para evitar que mis hermanos sean condenados a vivir sin dignidad?
Ante la injusticia, ¿nuestra actitud es la de Pilato o nos jugamos por la verdad?
Padre bueno,danos fuerza para seguir a tu hijo
por el camino de la cruz.
Danos fidelidad y valentía para vivir por la verdad.

Canto

II estación:
“JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota."
Palabra de Dios (Jn. 19, 17)

El camino a la vida pasa por la cruz. Una de las condiciones del seguimiento de Jesús es la aceptación de la cruz que representa ser su discípulo. Cargar con la cruz no con resignación y fatalismo, sino con la alegría del que se da hasta el extremo. Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Jesús nos enseña una nueva manera de vivir. Ser libres es hacerse servidor de todos por amor.
La cruz representa también un instrumento de condenación y muerte. Era un castigo terrible reservado solo para pocos. El condenado era azotado y debía cargar los maderos recorriendo la ciudad. La agonía era lenta y la muerte humillante.
San Francisco de Asís se identificó con la cruz de Jesús, a tal punto que al final de su vida el Señor le concede llevar en su cuerpo las cinco llagas... tal fue su identificación con la Cruz.

Para aplicar a la vida:
Actualmente nuestro pueblo soporta distintas cruces como consecuencia de la injusticia y al violencia. ¿Las reconozco? ¿Cuáles son? ¿Cuál es nuestro mensaje y compromiso ante ellas?.
Desde la cruz, símbolo de la muerte, Dios hará renacer la esperanza de la vida nueva. ¿Cuál es el sentido de la cruz en mi vida?

Padre bueno, enséñanos a servir con toda nuestra persona.
Ayúdanos a ser generosos en la entrega, a dar siempre un poco más.
Muéstranos cómo aceptar los desafíos y riesgos de seguir a Jesús.

Canto

III estación:
“JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará."
Palabra de Dios (Mt. 16, 24-25)

Señor Jesús, sientes sobre tus espaldas el inmenso peso de los maderos y caes. Pero vuelves a levantarte, porque sabes que tu dolor es redención y salvación para todos aquellos que en ti creen. Queremos aprender de tu ejemplo, queremos unirnos a este amor que te llevó a sufrir tanto por el pobre y el pecador.
Señor Jesús, que tu sufrimiento nos anime y nos llene de esperanza, que sepamos ser verdaderos samaritanos, especialmente con nuestros hermanos que están sufriendo y se han cansado de cargar ese peso que ya no aguantan más. Danos la gracia de ser solidarios, como hermanos e hijos de un mismo Padre. Que tu Espíritu nos guíe en este camino de servicio y entrega y nos dé la luz necesaria para ver con claridad lo que tú quieres que hagamos.

Para aplicar a la vida:
¿Somos fieles en las dificultades que hallamos en el camino o abandonamos nuestra misón al menos tropiezo?
¿Vivimos para nosotros mismos, procurando salvar nuestra vid, o demostramos con gestos y actitudes que vivimos para los demás?

Padre bueno,necesitamos aprender perseverancia.
Que seamos constantes en nuestros compromisos, que sepamos reponernos a nuestras caídas,
que sepamos desandar el camino errado para avanzar, paso a paso, en el camino hacia el Reino.

Canto

IV estación:
JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán los pensamientos íntimos de muchos”.
Palabra de Dios (Lc. 2,33-36)

Jesús ha sido condenado injustamente. Sus amigos lo han abandonado. Al parecer está solo con su cruz y solo camino hacia su muerte.
Pero él sabe que no está solo. Sabe que está haciendo la voluntad de su Padre y su Padre está con él. Sabe además que su MADRE ESTÁ CON ÉL. Aunque ella, no pueda hacer nada para liberarlo de esa cruz. Con el corazón partido y atravesado por una espada, camina a su lado. Con su fragilidad lo sostiene y lo anima. Una vez más, aunque no entiende todo, responde a Dios: "He aquí la esclava del Señor. Que se haga en mí según tu Palabra"
Esa madre camina también junto a nosotros. Si lo sabremos los que tantas veces venimos aquí, a Pompeya, a sus pies. Cuantas veces hemos venido a pedirle su ayuda y, aunque creamos que no nos resuelve los problemas, el sufrimiento no desaparece, ni la enfermedad, ni la cruz;…sentimos que esta bendita Madre está junto a nosotros, animándonos, sosteniéndonos, compartiendo nuestras cruces y ayudándonos a llevarla como seguidores de Jesús.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Ruega por nosotros Santa Madre de Dios”

Para que en las horas de angustia, de tristeza y de dolor, te sintamos, Madre, siempre a nuestro lado, oremos…
Para que en los momentos de enfermedad, sintamos tu amor de Madre que nos cuida y nos conforta, oremos…
Por tantas madres que sufren por sus hijos, por las madres de los hijos que mueren por la locura de las guerras y la violencia, oremos…
Por las madres cuyos hijos mueren de hambre o de enfermedad, a causa del abandono, la miseria, y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes y de una deficiente política sanitaria, oremos…
Por las madres de los hijos que mueren a mano de delincuentes o abatidos como delincuentes, oremos…
Por las madres con hijos presos y desaparecidos, oremos…
Por las madres abandonadas por sus hijos, oremos…
Por los hijos que están o se sienten solos, que no tienen una madre que los acompaña, los guíe o los consuele, oremos…

Canto

V estación:
“SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”.
Palabra de Dios (Lc. 23,26)

Al regresar de su trabajo, Simón de Cirene es obligado a ayudar a Jesús. No es su voluntad pero poco importa. Lo importante es que alivia a Jesús, se compromete con él. Lo libera del peso de la cruz y comparte con él su dolor.
La civilización del amor exige personas comprometidas con el sufrimiento y el dolor de los demás. Solidarias con los que sufren y los marginados. Un mundo nuevo exige cristianos que caminen juntos al pueblo compartiendo su destino. Trabajando por la promoción del hombre, haciendo más livianas las cruces de nuestros hermanos. Seguir a Jesús es vivir la solidaridad como expresión concreta y actual del mandamiento del amor.
El desafío es descubrir a Jesús que pasa a nuestro lado. Necesitado de ayuda. Vivo en las angustias del trabajador, del despedido, de la madre sola, del anciano, y en tantos más, marginados por nuestra actitud indiferente. Como Simón estamos llamados a colaborar con el que sufre... a diferencia de él, la decisión es nuestra, libre, personal. En ella se juega el aceptar al reino.

Y ahora recemos, que es también un modo de ayudarnos, respondiendo a cada súplica: “Te lo pedimos por Jesús”

Para que nunca pasemos de largo ante el hermano caído y necesitado, oremos…
Para que tengamos compasión y misericordia, compartiendo el dolor de los que más sufren, oremos…
Para que cotidianamente ayudemos, a quién esté necesitado, oremos…
Para que favorezcamos todo lo que sea solidaridad, especialmente la solidaridad popular, de base, de los humildes, oremos…
Para que apoyemos las iniciativas solidarias de nuestra parroquia y la solidaridad en campañas y organizaciones barriales y eduquemos a nuestros niños y jóvenes en la solidaridad, oremos…
Para que favorezcamos y exijamos la solidaridad grande, entre los pueblos, entre razas: solidaridad para la paz, para la justicia, contra el hambre, contra enfermedades endémicas, donación de órganos, oremos…

Canto

VI estación:
“LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así como muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban."
Palabra de Dios (Is. 52, 14; 53, 3-42)

Una piadosa mujer se te acerca a vos Señor y seca tu rostro. Cuantos hermanos sufriendo vemos en nuestro andar de todos los días…
Que sepamos descubrirte en el rostro del padre de familia que no tiene trabajo, en el anciano olvidado por su familia en los geriátricos, en el niño abandonado que tiene que andar por las calles buscando que comer, corriendo serios riesgos; en el enfermo que agoniza, y nadie se ocupa de él, en nuestros hermanos que no tienen hogares y duermen en las calles…
Señor Jesús, no permitas que rechacemos o despreciemos a los pobres, a los oprimidos, a los más pequeños, porque son tus privilegiados, aquellos que se identifican contigo.

Para aplicar a la vida:
Compasión es conmoverse, sentir con el otro su sufrimiento y experimentarlo como propio: ¿somos indiferentes al dolor de los demás?
Jesús está allí, en el hambriento, en el desnudo, en el abandonado, en el enfermo. ¿Qué hago por ellos?
La madre Teresa nos ha mostrado la posibilidad de vivir la compasión y el amor en nuestros días. ¿Qué puedes hacer, en tu ambiente, para vivir como ella?

Padre bueno, condúcenos al encuentro de los marginados de hoy.
Ayúdanos a compartir. Une nuestras manos para construir la justicia.

Canto

VII estación:
“JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"... eran nuestras faltas por las que era destruido nuestro pecado, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados".
Palabra de Dios (Is. 53, 5)

El camino se hace largo y pesado, las fuerzas escasean y Jesús cae por tierra nuevamente. El amor es inmenso y todo lo soporta. De pie, tambaleante, sigue el camino que nos traerá la paz. Nada se consigue sin esfuerzos y el camino del cristiano no está libre de sacrificios. Jesús nos muestra que el amor al Padre es mayor que cualquier sufrimiento. Jesús en las dificultades no abandona el camino, recurre al Padre y se abandona en él. ¿Cómo actuamos nosotros?
El camino hacia el Padre encierra una apertura creciente a la voluntad de Dios y una liberación progresiva de todo lo que me impide ponerla en práctica.
A veces sentimos la tentación de bajar los brazos y no continuar adelante. Jesús nos enseña que Dios no nos abandona, siempre nos acompaña, aun en los momentos más penosos de la vida.

Para aplicar a la vida:
¿Cómo enfrentamos nuestras caídas? ¿Sabemos reconocer nuestros errores?
¿Buscamos ayuda en Dios para superar las dificultades de la vida?

Padre bueno, a veces caemos y no sabemos levantarnos.
Haznos humildes y sencillos para recomenzar el camino las veces que haga falta.

Canto

VIII estación:
“JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: “¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos”.
Palabra de Dios (Lc. 23,27-29)

Nadie como las mujeres, han comprendido la propuesta de Jesús de transformar el mundo por la  fuerza del amor y no por la violencia.
Las mujeres nos enseñan a amar y cuidar la vida, a protegerla, a defenderla, a educar para la vida y no para la muerte, para la paz y no para la guerra. Por eso nadie como Jesús supo valorar y respetar a la mujer, a toda mujer.
Ojalá también hoy nosotros lo hagamos. El mundo se salvaría realmente si no lo manejaran solamente los varones. Las Guerras, la violencia, el hambre, las injusticias irían desapareciendo, si las mujeres tuvieran más cabida en el quehacer humano, en todo lo que hace a la vida y organizaciones humanas, en la salud, la educación, la cultura, la política y la economía.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Te lo pedimos por María, bendita entre las mujeres”.

Para que entre todos aseguremos que las mujeres realmente ocupen el lugar que les corresponde en el mundo y puedan realizar la misión propia en la sociedad, oremos…
Para que permitamos a las mujeres no solo engendrar la vida, sino también cuidarla, protegerla, hacerla crecer, defenderla. Que no las abandonemos ni las forcemos al aborto o al abandono de sus hijos, oremos…
Para que valoremos especialmente el papel de las mujeres como educadoras para la ternura, la convivencia, la paz, la solidaridad y la compasión, oremos…
Para que el aporte de las mujeres en el mundo de la cultura, del trabajo, de la política y la economía, en las organizaciones de base y en los organismos oficiales, nos ayude a lograr entre todos la paz en la justicia, el bienestar en la solidaridad, oremos…
Para que valoremos también el gran servicio de las mujeres, especialmente las madres, en la educación de la fe y en la ayuda a los más necesitados, oremos…

Canto

IX estación:
“JESÚS CAE POR TERCERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos."
Palabra de Dios (Mt. 5, 10)

Cristo se desploma de nuevo a tierra bajo el peso de la cruz. La muchedumbre que observa, está curiosa por saber si aún tendrá fuerza para levantarse.
En el Cenáculo, inclinándose en tierra y lavándoles los pies, les mostró el verdadero camino de la humildad y abajamiento en el servicio.
Cayendo a tierra por tercera vez en el camino de la cruz, de nuevo proclama a gritos su misterio. ¡Escuchemos su voz! Este condenado, en tierra, bajo el peso de la cruz, ya en las cercanías del lugar del suplicio, nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). «El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12).
Que no nos asuste la vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se acerca, esconde en sí misma la luz de la vida.

Padre bueno, que valoremos los pequeños y grandes sacrificios de caminar tras Jesús. Gracias por los mártires de nuestro tiempo. Ellos nos muestran que el evangelio de la Vida es siempre más fuerte que la muerte y la injusticia.

Canto
X estación:
“JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados."
Palabra de Dios (Jn. 19, 23-24)

Llegamos al calvario. Jesús, agotado y exhausto, es desnudado delante de la multitud. Queda en la pobreza, la desnudez y el desamparo. Jesús, desnudo, herido, desolado al pie de la cruz, se hace solidario de tantos hombres y mujeres despojados de sus derechos a lo largo de la historia.
La ambición de “tener”, domina a los soldados. El hombre no importa, lo que vale son las cosas. Dramático paralelo con nuestro tiempo donde millones de hombres sufren por la ambición descontrolada de unos pocos y la escandalosa injusticia institucionalizada del sistema económico internacional.
Seguimos en este camino de la cruz con Jesús pidiendo perdón por las veces que no lo descubrimos en el rostro de los marginados y pidiéndole revestirnos de él; revestirnos de solidaridad que puede cubrir la muchedumbre de nuestros pecados, y puede devolver la dignidad al que ha sido despojado.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Perdónanos Señor”

Por tantas veces que nos hemos conmovido ante tu recuerdo o imagen de niño recién nacido, pobre y desnudo en el pesebre y no nos hemos conmovido por tantos niños que nacen en la miseria y despojados de toda posibilidad de vivir dignamente, oremos…
Por tantas veces que nos hemos conmovido al verte desnudo en la cruz, sin conmovernos por tantos hombres despojados de su dignidad, de sus derechos, de sus posibilidades de vivir como seres humanos, oremos…
Por nuestra insensibilidad ante la miseria de cerca o de lejos, de pueblos indígenas, de naciones enteras, que nos hemos acostumbrado a ver como espectáculo televisivo, oremos…
Por nuestras complicidades con sistemas jurídicos que excluyen a los trabajadores, a los jubilados, a los débiles, a los ignorantes; privándolos de lo que les corresponde, oremos…
Por nuestro cansancio y abandono, por nuestras renuncias a querer cambiar las cosas por la fuerza de la solidaridad, oremos…
Por nuestros despilfarros, gastos superfluos, consumismo estéril, mientras cada vez más gente está privada de todo, oremos…

Canto
XI estación:
“JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, lo crucificaron junto a dos ladrones, no a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es Mesías de Dios, el Elegido!”. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.
Palabra de Dios (Lc 23,33-34ª.35-38)

Clavado en la cruz espera pacientemente el momento de dar la vida. En su dolor tiene tiempo pata los que lo rodean. Su compasión no tiene límites. Abandonado y humillado pide perdón por quienes lo están matando. Es el punto máximo del amor: el perdón. Sólo Jesús es capaz de semejante demostración de amor. Desinteresado, despreocupado y descentrado de sí mismo. Su pensamiento gira en torno a quienes lo rodean: Padre, perdónalos.

Para aplicar a la vida:
Para Jesús, perdonar a sus enemigos es una exigencia del amor. ¿Cómo actuamos nosotros con las personas que no nos caen bien, que no piensan como nosotros, y aun con aquéllas que nos hacen mal?
Jesús muere por nuestros pecados, personales y sociales. ¿Qué situaciones de pecado de nuestra sociedad empujan los clavos de Jesús?

Padre bueno, Jesús cargó con nuestro pecado, llevó adelante nuestras faltas
para liberarnos del mal. Haz que vivamos en espíritu de conversión permanente.

Canto

XII estación:
“JESÚS MUERE EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró”.
Palabra de Dios (Lc 23,44-49)

Señor Jesús, has muerto y ya no estás con nosotros. No pudimos reconocerte, no nos dimos cuenta que tú eras el Mesías, no creímos que tú eras el Hijo de Dios… Como nos cuesta creer, como nos cuesta confiar, nuestra esperanza se nos va desvaneciendo… Nuestro Salvador ha muerto… No sabemos que hacer, en quien esperar, todo parece un fracaso, parece como que si todo terminara aquí, en este hecho de la cruz… pero nos queda confiar en aquel que solamente puede darnos una respuesta y una solución a esto, esperar en el Padre Dios…

Momento de silencio.   (Invitar a ponerse de rodillas, los que pueden)

Padre bueno, ante la cruz de Jesús, me comprometo a vivir anunciando el Evangelio
y construyendo el Reino donde Tú me llames a servir.

Canto

XIII estación:
“JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún”.
Palabra de Dios (Lc 23,50-53)

Han devuelto a las manos de la Madre, el cuerpo sin vida del Hijo. El Evangelio no habla de lo que ella experimentó en aquel instante. La Virgen, de la fidelidad a la Palabra de Dios. María, presente en la cruz y presente junto a cada uno de nosotros. Contagiándonos su fidelidad y su fortaleza para seguir a Jesús. Al pie de la cruz, la Virgen fiel nos enseña que ella acompaña a todos los que buscan a su hijo. Ella también es nuestra madre para siempre. María observa cómo descienden el cuerpo de su hijo amado. Aparentemente, el justo ha fracasado y la muerte ha vencido una vez más.
Señor Jesús, mueres como uno de tantos, como uno más, y eres depositado en un sepulcro. Nos queda esperar, tus discípulos y amigos, no pueden creer como terminó todo. Parece que no hay nada más, que todo fue una ilusión, el esfuerzo fue en vano, ya no hay más nada que hacer. Pero el Padre Dios mostrará su gloria al resucitarte y allí encontraremos el sentido de nuestra fe. Seguimos caminando y esperando en Dios, nuestra única esperanza.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Danos esperanza, Señor”

Porque a veces nos parece que todas las cosas andan mal y que ya no vale la pena intentar cambiar nada, oremos…
Porque pareciera que en todas partes han muerto las utopías, se acabaron los ideales y en todo el mundo triunfan los inescrupulosos, los corruptos, los poderosos, oremos…
Porque pareciera que nadie valora los esfuerzos cotidianos, el trabajo honesto, la solidaridad de los humildes, oremos…
Porque la muerte pareciera ganar la lucha y van quedando sepultadas todas las esperanzas, oremos…
Porque a nuestros jóvenes se los quiere intoxicar no solo con drogas sino también con el consumismo, la pornografía, la violencia, para que no sueñen con un mundo distinto y mejor, oremos…
Por el dolor de tener que sepultar seres queridos, oremos…

Canto

XIV estación:
“JESÚS ES SEPULTADO”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?.No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea."
Palabra de Dios (Lc 24, 5-6)

Jesús es enterrado. Ha muerto. Pero el plan de salvación triunfa: Cristo resucita!!!
"Si hemos muerto con él, viviremos con él" (2 Tim. 2,11). De la muerte nace la vida, del sufrimiento y la frustración surge la esperanza. Nos ha liberado del pecado y de la muerte. Donde el mundo ve frustración y sin sentido, Dios hace estallar la vida. Nuestra esperanza no fue en vano. ¡Jesús Vive! Dios lo resucitó y nos muestra que la muerte fue vencida por la vida.

Luego de la Resurrección, los discípulos dieron sus vidas por este proyecto salvador de Jesús. Él nos llama hoy a continuar esa misión, como lo hicieron los apóstoles. Nos ha dejado su Espíritu para que seamos sus testigos, para que tengamos coraje en el enuncio del Evangelio, para que nuestro testimonio sea verdadero. La Resurrección nos debe quitar de la indiferencia, del individualismo, de la hipocresía. Nos enseña a valorar la vida, y a ser defensores de ella. Nos pone en camino, nos hace servidores de los hermanos, solidarios del que más necesita, constructores y protagonistas de la historia que hoy nos toca vivir en nuestro país…

El Documento de Puebla nos muestra cuáles son los rostros de nuestro tiempo a los que debemos atender (DP 32). La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela:

Rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables, los niños vagos y muchas veces explotados, de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar;

rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación;

rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos, que viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres;

rostros de campesinos, que como grupo social viven relegados en casi todo nuestro continente, a veces, privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan;

rostros de obreros, frecuentemente mal retribuidos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos;

rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos;

rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales;

rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen.

Esta es la realidad en la que estamos insertos y en la que estamos llamados a dar testimonio de la resurrección de Jesús. Vayamos a dar testimonio de la Esperanza, Cristo Vive y está a nuestro lado, al lado del más pobre y enfermo, no tengamos miedo, ÉL VENCIO!!!


Canto final

Fuente: Fray Jorge Cittadini, Ofm Capuchinos. A él nuestro agradecimiento

¡ Lo sabìas ?


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El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo, que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

La difusión del ejercicio del Vía crucis ha estado muy vinculada a la Orden franciscana. Pero no fue San Francisco quien lo instituyó tal como lo conocemos, si bien el Pobrecillo de Asís acentuó y desarrolló grandemente la devoción a la humanidad de Cristo y en particular a los misterios de Belén y del Calvario, que culminaron en su experiencia mística en la estigmatización del Alverna; más aún, San Francisco compuso un Oficio de la Pasión de marcado carácter bíblico, que es como un «vía crucis franciscano», y que rezaba a diario, enmarcando cada hora en una antífona dedicada a la Virgen. En todo caso, fue la Orden franciscana la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio.

El Vía crucis consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor. A veces se añade una decimoquinta, dedicada a la resurrección de Cristo.

 En la práctica de este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús. Puede seguirle la exposición del acontecimiento propuesto o la predicación sobre el mismo, así como la meditación silenciosa. Ese núcleo central suele ir precedido y seguido de diversas preces y oraciones, según las costumbres y tradiciones de las diferentes regiones o comunidades eclesiales.

En la práctica comunitaria del Vía crucis, al principio y al final, y mientas se va de una estación a otra, suelen introducirse cantos adecuados.

                                                                                                   Fr. Jorge Cittadini OFM Cap.

Pensamientos para el Mes de Abril


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1  ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes (Epist.III, p.423).

2  Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar (CE, 33).

3  ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra (CS, n.15, p.74s.).

4  Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones (Epist.III, p.584).

5  Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas (Epist.III, p.632s.).

6  No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro! (Epist.III, p.570).

7  Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud (CE, 34).

8  Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.
Hasta ahora tu virtud ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien (Epist.III, p.626).

9  Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo. Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.
Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma (Epist.III, p.422s.).

10  A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien. No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta. Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios. Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”. Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos (Epist.III, p.414).

11  Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante (Epist.III, p.414).

12  Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.
¡Animo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús! (Epist.III, p.410).

13  Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante! (Epist.III, p.397).

14  Comprendo que las tentaciones más que purificar el espíritu parece que lo manchan; pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos; y a este propósito, os baste saber lo que, entre otros, dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que, extendido sobre la tela, parece que la ensucia cuando en realidad la limpia (Epist.II, p.68s.).

15  Vuelvo a inculcaros una vez más la confianza; nada puede temer el alma que confía en su Señor y que pone en él su esperanza. Aunque el enemigo de nuestra salvación esté siempre rondándonos para arrancarnos de nuestro corazón el ancla que debe conducirnos a la salvación, quiero afirmar la confianza en Dios nuestro Padre: agarremos con fuerza esta ancla y no permitamos nunca que nos abandone ni un solo instante; de otro modo todo estaría perdido (Epist.II, p.394).

16  Oh, ¡qué felicidad en las luchas del espíritu! Basta querer saber combatir siempre, para salir vencedor con toda seguridad (ASN, 43).

17  Estáte atenta para no desanimarte nunca al verte rodeada de debilidades espirituales.
Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte, sino sólo para afianzarte en la humildad y hacerte más atenta en el futuro (ASN, 42).

18  Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu.
Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz (Epist.III, p.579).

19  La confesión, que es la purificación del alma, hay que hacerla a más tardar cada ocho días; yo no me puedo resignar a tener a las almas más de ocho días alejadas de la confesión (AP).

20  El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad; no existen puertas secretas.
Nada es pecado si no ha sido cometido por la voluntad. Cuando no entra en juego la voluntad, no se da el pecado, sino la debilidad humana (AdFP, 549).

21  El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará (AdFP, 562).

22  No abandonéis vuestra alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, pues la alegría del corazón es la vida del alma y un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no es útil para nada  (OP).

23  Nuestro enemigo, provocador de nuestros males, se hace fuerte con los débiles; pero con aquél que le hace frente con valentía resulta un cobarde (Epist.II, p.77).

24  Si conseguimos vencer la tentación, ésta produce el efecto que la lejía en la ropa sucia (AdFA, 158).

25  Sufriría mil veces la muerte antes que ofender al Señor deliberadamente (Epist.I, p.817).

26  No se debe volver ni con el pensamiento ni en la confesión a los pecados ya acusados en confesiones anteriores. Por nuestra contrición Jesús los ha perdonado en el tribunal de la penitencia. Allí él se ha encontrado ante nosotros como un acreedor de frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad ha rasgado, ha destruido, las letras de cambio firmadas por nosotros al pecar, y que no habríamos podido pagar sin la ayuda de su clemencia divina. Volver sobre aquellas culpas, querer exhumarlas de nuevo con el solo fin de obtener una vez más el perdón, sólo por la duda de que no hayan sido verdaderamente y generosamente perdonadas, ¿no habría que considerarlo como un acto de desconfianza hacia la bondad de la que había dado prueba al destruir él mismo todo título de la deuda que contrajimos al pecar? Vuelve, si esto puede ser motivo de consuelo para nuestras almas, vuelve tu pensamiento a las ofensas infligidas a la justicia, a la sabiduría, a la infinita misericordia de Dios, pero sólo para derramar sobre ellas las lágrimas redentoras del arrepentimiento y del amor  (GF,169).

27  En el alboroto de las pasiones y de las situaciones difíciles nos sostenga en pie la grata esperanza de su inagotable misericordia. Corramos confiadamente al tribunal de la penitencia donde él con anhelo de padre nos espera en todo momento; y aún sabiendo que somos insolventes, no dudemos del perdón que se pronuncia solemnemente sobre nuestros errores. ¡Pongamos sobre ellos, como la ha puesto el Señor, una piedra sepulcral!... (GF, 171).

28  Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la obscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma: que vislumbra, entiende, ama y tiembla.
¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis en la cima del Sinaí (GE, 174).

29  Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios (Epist.IV, p.418).

30  Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son señales de su divina predilección y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras fueron las tempestades (CE, 27).