Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Augurio de Padre Pio


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Oración al Divino Niño que recitaba Padre Pio en Navidad


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¡Oh, Divinísimo Espíritu, mueve mi corazón para adorar y amar!

Ilumina mi intelecto para contemplar lo sublime de este gran Misterio de caridad, de un Dios que se hizo Niño.

Enciende mi voluntad para que pueda con ella dar calor al Dios que por mí tiembla sobre la paja.

Madre mía María, condúceme contigo a la gruta de Belén y haz que me sumerja en la contemplación

de todo lo grande y sublime que está por desarrollarse en el silencio de esta noche, la más bella y grande que el mundo haya visto jamás. Amén

"La Navidad" Meditación de Padre Pio


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Lejos en la noche, en la época más fría del año, en una fría cueva, más adecuada para un rebaño de bestias que para los seres humanos, el prometido Mesías, Jesús el salvador de la humanidad, viene al mundo en la plenitud de los tiempos.

No hay nadie que clame a su alrededor: sólo un buey y una mula dando su calor al recién nacido, con una humilde mujer y un hombre pobre y cansado, en adoración a su lado.
Nada puede ser oído, salvo los sollozos y gemidos del niño Dios. Y por medio de su llanto y lágrimas él ofrece a la justicia divina el primer rescate por nuestra redención.
Se esperaba desde hace cuarenta siglos; con suspiros de nostalgia los antiguos Padres habían implorado su llegada.

Las Sagradas Escrituras profetizan claramente la hora y el lugar de su nacimiento, y sin embargo el mundo está en silencio y nadie parece darse cuenta del gran evento.
Sólo unos pastores, que habían estado ocupados cuidando sus ovejas en los pastos, vienen a visitarlo. Visitantes celestiales les habían alertado del suceso maravilloso, invitándoles a acercarse a su cueva.
¡Son abundantes Oh cristianos, las lecciones que brillan desde la gruta de Belén!

¡Oh, cómo nuestros corazones deberían arder de amor por aquel que con tanta ternura se hizo carne por nosotros!

¡Oh, cómo debemos arder con el deseo de guiar al mundo entero a esta pobre gruta, refugio del Rey de reyes, más grande que cualquier palacio mundano, porque es el trono y el lugar de morada de Dios!

Pidamos a este niño divino vestirnos de humildad, porque sólo por medio de esta virtud podemos gustar la plenitud de este misterio de la ternura divina.
Relucientes fueron los palacios de los orgullosos hebreos. Sin embargo, la luz del mundo no apareció en ninguno de ellos. Ostentosos con grandeza mundana, nadando en oro y en placeres, eran los grandes de la nación hebrea; llenos de conocimiento y orgullo vano estaban los sacerdotes del santuario.

En oposición al verdadero significado de la revelación divina, ellos esperaban un salvador entrometido, que vendría al mundo con fama y poder humanos.
Pero Dios, siempre dispuesto a confundir la sabiduría del mundo, rompe sus planes. Contrariamente a las expectativas de los que carecen de la sabiduría divina, aparece entre nosotros, en la mayor abyección, renunciando incluso a nacer en la casa humilde de San José, negándose a sí mismo una morada modesta entre los familiares y amigos en una ciudad de Palestina.
Negado el alojamiento entre los hombres, busca refugio y consuelo entre los animales simples, eligiendo su vivienda como el lugar de su nacimiento, permitiendo que su respiración le de calor a su cuerpo tierno.
Él permite que pastores sencillos y rústicos sean los primeros en presentarle sus respetos, después de que él les informó, por medio de sus ángeles, del maravilloso misterio.

¡Oh sabiduría y poder de Dios!, nos vemos obligados a exclamar – extasiados junto con su Apóstol – ¡cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pobreza, humildad, abyección, desprecio, todo alrededor de la Palabra hecha carne.

Pero nosotros, fuera de la oscuridad que envuelve a la encarnación de la Palabra, entendemos una cosa, oímos una voz, percibimos una verdad sublime: ¡Tú has hecho todo por amor, tú nos invitas a amar, a no hablar de otra cosa que de amor, darnos como pruebas de amor!

El bebé celestial sufre y llora en la cuna para que el sufrimiento nuestro sea dulce, meritorio y aceptado. Se priva de todo, para que podamos aprender de él la renuncia a los bienes terrenales y comodidades.

Él está satisfecho con adoradores humildes y pobres, para animarnos a amar la pobreza, y preferir la compañía de los -más bien-- pequeños y simples, que de los grandes del mundo.
Este niño celestial, toda mansedumbre y dulzura, desea impregnar en nuestros corazones su ejemplo de estas virtudes sublimes, de modo que a partir de un mundo que está roto y devastado, pueda brotar una era de paz y de amor.

Incluso desde el momento de su nacimiento nos revela nuestra misión, que consiste en despreciar lo que el mundo ama y busca.

¡Oh, postrémonos delante del pesebre y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado por el amor del Niño Jesús, debemos ofrecerle todo nuestro corazón sin reserva alguna, prometiéndole poner en práctica sus enseñanzas, las cuales llegan a nosotros de la gruta de Belén y manifiestan claramente que sobre este mundo todo es vanidad de las vanidades y nada más que vanidad!
(: Epistolario IV)


NOTA
En agosto de 1945 estuve en el convento de los Padres Capuchinos de San Giovanni Rotondo por un período de descanso. Durante una visita que le hice al Padre Pío por motivos de estudio le pedí papel para escribir. Después de unos días, el Padre me dio un cuaderno de 160 hojas, diciéndome: “Esto es lo que necesitas. Encontrarás algunas hojas escritas, pero no te preocupes, empieza a escribir en la parte opuesta. Cuando el cuaderno no te sirva más, me lo restituirás”. Conmovido le agradecí el regalo, pero después –confieso mi culpa- no puse en práctica su recomendación. Efectivamente no sólo leí lo que estaba escrito en aquel cuaderno, sino que, también publiqué todos aquellos escritos, previa autorización.
Padre Ezechia Cardone, O.F.M.

2 anécdotas de Padre Pio y el niño Jesús


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 1   La tarde del 19 de septiembre de 1919, hecha la confesión general con el Padre Pío, el p. Raffaele da S. Elia a Pianisi –estaba recién licenciado de la guerra, 1915-1918- fue alentado por él para proseguir los estudios, interrumpidos durante ocho años, bendecido y con la certeza de su ayuda; y en tal circunstancia el p. Rafaelle relata: “Dormía yo en una celda angosta, casi de frente a la n. 5 donde estaba el Padre Pío. Ignoro el porqué, quizás debido al calor, hacia media noche me levanté de la cama casi sobresaltado. El corredor estaba en tinieblas, sólo rotas por la luz incierta de un candil de petróleo. Mientras estaba en la puerta para salir, he aquí que pasa el Padre Pío de regreso del coro donde había estado en oración. Era medianoche.
     El Padre Pío todo luminoso con el Niño Jesús en brazos, andaba a pasos lentos y murmuraba rezos. Pasa delante de mí, todo radiante, y no se percata de mi presencia. Sólo algunos años después me enteré de que el 20 de septiembre celebraba el primer aniversario de sus estigmas”.
 De Padre Pio Cireneo de todos, Alessandro da Ripabottoni

2 Lucía Ladanza, hija espiritual del Padre Pío, es quien narra lo ocurrido el 24 de diciembre de 1922 cuando quiso pasar la vigilia de Navidad junto al Padre.
Aquella noche hacía frío y los frailes habían llevado a la sacristía un brasero con fuego. Ella, y otras tres mujeres se quedaron junto al brasero esperando la media noche, para asistir a la Misa que debía celebrar el Padre Pío. Las otras tres mujeres comenzaron a adormecerse, mientras ella seguía rezando el rosario.

En ese momento vio que por la escalera interior de la sacristía, bajaba el Padre Pío y se detuvo junto a la ventana. De improviso, dice, envuelto en un halo de luz apareció el Niño Jesús entre los brazos del Padre Pío… cuyo rostro se volvió todo radiante. Cuando desapareció la visión, el Padre advirtió que Lucía, estaba despierta y lo miraba fijamente, atónita. Se le acercó y le dijo: "Lucía, ¿qué has visto?" Ella respondió: "Padre, he visto todo". El Padre Pío, entonces, le advirtió con severidad: "No digas nada a nadie".

Novena de la Natividad del Niño Jesús


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[Gloria in excelsis Deo. Estampa religiosa de principios del siglo XX]
[Gloria in excelsis Deo. Estampa religiosa de principios del siglo XX]

NOVENA DE LA NATIVIDAD DEL NIÑO JESÚS

En el nombre del Padre... Rezar a continuación las siguientes oraciones durante nueve días consecutivos:

I. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi salvación y la de todo el mundo, el misterio del Nacimiento de nuestro divino Redentor. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


II. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, los sufrimientos de la Virgen santísima y de san José en aquel largo y penoso viaje de Nazaret a Belén, y las angustias de su corazón por no encontrar lugar donde ponerse a cubierto cuando estaba para nacer el Salvador del mundo. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


III. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el pesebre donde nació Jesús, el duro heno que le sirvió de cama, el frío que sufrió, los pañales en que fue envuelto, las lágrimas que derramó y sus tiernos gemidos. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


IV. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el dolor que sufrió el divino niño Jesús en su tierno cuerpecito, cuando se sujetó a la cruel circuncisión; os ofrezco aquella preciosísima sangre, que entonces derramó por primera vez para la salvación de todo el género humano. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


V. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a mayor honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, la humildad, la mortificación, la paciencia la caridad, y todas las virtudes del niño Jesús, y os doy gracias, os amo y os bendigo infinitamente por este inefable misterio de la Encarnación del Verbo divino. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


Poema de Federico García Hamilton


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ROMANCE DEL NIÑO DIOS

Yo quiero para mis nietos
Navidades con el Niño
Igual que aquellas que antaño
Nosotros también tuvimos.

Que no venga Santa Claus
A reemplazar lo Divino
Que llegue el Niño Jesús
A nuestro Norte Argentino.

Que la fiesta no sea nuestra
Que sea la fiesta del Niño
Y que los chicos lo esperen
Cantándole villancicos.

Que los regalos no importen
-O importen menos que el Niño
Que los corazones se abran
Para poder recibirlo.

Por eso Niño Jesús
Es que cantando te pido
Que llegues para reinar
Dentro de grandes y chicos.

Que la Nochebuena sea
Noche de amor compartido
Que todos los chicos vivan
Lo que nosotros vivimos.

Que al acostarse le dejen
Comida y agua pa'l Niño
Y al amanecer descubran
Que la ha comido y bebido.

Y despierten a sus padres
-Profundamente dormidos-
Gritando: "¡Mamá, papá,
El Niño Dios ha venido!".

Tu Madre quería una casa
Para que allí nazcas, Niño
Las puertas se le cerraban
Y así, siguieron camino.

Hasta dar con los pastores
Que le ofrecieron cobijo
Por eso llegaste al mundo
En un pesebre sencillo.

Como lección pa' los hombres
Tata Dios así lo quiso/
¡Qué pena que a tantos años
Todavía no la aprendimos !

Hoy que te cierran las almas
Te ofrezco la mía, Niño
Como en Belén los pastores
Te abrieron su cobertizo.

Llenámela con tu amor
Haciendo en ella tu nido
Y a todo el que lo precise
Así, podré repartirlo.

ROSARIO de ADVIENTO - NAVIDAD


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† Señal de la cruz

Rezamos este santo Rosario con meditaciones originales de Padre Pio:

-Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  por el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
-Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
-Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe, por nuestras intenciones personales y por las almas del purgatorio.

Oración de Inicio

Niño Dios, tú que llegaste al mundo para salvar, te pido la paz.

Niño Jesús, que vienes a iluminar mi oscuridad, haz que comprenda y conozca que eres Dios. Tan pequeño y tan infinito. Tan humilde y tan poderoso. Tan especial para hacerme crecer en el Amor.

Tú Señor que eres la Paz, sana mi corazón de las heridas que me han provocado desasosiegos, rencores, odios, miedos y resentimientos. Lléname de tu paz y convierte mi corazón de piedra en un corazón tierno. Realmente que experimente un nuevo nacimiento en la misericordia de Dios Padre.

Niño Dios, tú que naciste en un pesebre, te pido que no haya más miserias en el mundo.

Da pan a los que tienen hambre. Líbrame de toda esclavitud. Transfórmame en columna de verdad anclada en tu Palabra de Vida. Tus Palabras son verdad. Capacitame para no sucumbir ante ninguna injusticia y pese a no juzgar nada, ni tan siquiera a mi mismo, sepa ponerlo todo en tus manos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Niño Dios, tú que naciste de una madre virgen, te pido pureza en este mundo.

Limpia mi corazón, mi mente, todo mi ser. Cuéntame entre los bienaventurados porque me haces limpio, manso y humilde de corazón, a tu imagen y semejanza.
Enséñame Señor a actuar como tú lo haces. Debo aprender de ti porque anhelo vivir siempre lleno de tu luz y amor.
Que así sea !

Pèsame

Primer Misterio: 

Jesús niño te inspire cada día más amor al sufrimiento y más desprecio al mundo; su estrella ilumine cada vez más tu mente; y su amor transforme tu corazón y lo haga más digno de sus divinas complacencias.
Con estos deseos muy sinceros, que, en estos días, repetidamente, voy presentando ante Jesús niño en tu favor, comienzo mi respuesta a tu última carta, que me llegó en su momento. Quiera Jesús escucharlos todos. (Sin fecha, a María Gargani – Ep. III, p. 388)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Jesús Niño reine siempre en tu corazón y establezca y consolide su reino cada vez más dentro de ti. Éstos y otros semejantes son los deseos que en estos días he presentado en tu favor al Niño de Belén.
(24 de diciembre de 1918, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 881)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Tercer Misterio: 

Nuestro Señor te ama, hija mía, y te ama tiernamente; y, si él no siempre te permite experimentar la dulzura de su amor, lo hace para conseguir que seas más humilde y despreciable a tus ojos. Pero no dejes por eso de recurrir con toda confianza a su santa benignidad, especialmente en el tiempo en que lo representamos como era, pequeño niño de Belén; porque, hija mía, ¿con qué otra finalidad toma él esta dulce y amable condición de niño si no es la de estimularnos a amarlo confiadamente y a entregarnos amorosamente a él? (24 de diciembre de 1918, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 881)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

 Cuarto Misterio:

Quiero desearte de nuevo felices fiestas del santo Niño con toda tu preciosísima familia. El Señor y la santísima Virgen te hagan cada vez más digna de la gloria eterna. Con esta fe y con estos sentimientos, os deseo a todas vosotras muy felices las hermosas fiestas del santísimo nacimiento de Jesús Niño, y hago fervientes votos para que puedas repetir-las durante el mayor tiempo posible de vida, y siempre con creciente caridad, que es la reina y madre de todas las virtudes.
(22 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 280)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

¡Oh, qué sublime es la bella virtud de la caridad que nos ha traído el Niño Dios! Todos deben llevarla en el corazón, y sobre todo quienes hacen profesión de santidad. A esta santidad el Señor, sin mérito alguno de tu parte, te ha llamado; y, si es cierto que te veo bien encaminada en la caridad, no por eso dejo de invitarte continuamente a que sigas avanzando cada día más en ella.  (22 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 280)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros


Rezamos por la intención del Papa Francisco para este mes:
“Por el servicio de la transmisión de la fe: para que las personas dedicadas al servicio de la trasmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura”.
Salve  3 Avemarìa y Gloria
Rezamos la Oración a san Miguel Arcángel  poniendo bajo su protección los Grupos de Oración del Padre Pio de Argentina , y a nuestro asesor espiritual nacional el Padre Gustavo Seivane.

“San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio Reprímale Dios pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia celestial arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición dela salmas, Amén.”  

Letanías de Adviento (Litaniae ad Christum ex Scriptura Sacra in  Adventu )

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial,                                                          ten misericordia de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santa Trinidad, un solo Dios,
Verbo de Dios, por Quien todas las cosas han sido hechas, (Jn. 1, 3; Col. 1, 16).
Palabra hecha carne, (Jn. 1, 14).
Mesías prometido en la Ley, (Jn. 5, 30-47).
Prefigurado por místicos milagros, (Is. 7, 14).
Predicho por los Profetas, (Miq. 5, 2).

Anunciado por Ángeles, (Lc. 2, 10-11).
Deseado por los Reyes, (Sal. 88).
Anhelado por las naciones, (Ag. 2, 7)
Enviado al mundo por el Padre, (Jn. 3, 16-17).
Concebido por el Espíritu Santo,
Sabiduría enviada desde el trono de la gloria de Dios, (Sab. 9, 10).
Deseo de los collados eternos, (1) (Gén. 49, 26).
Rocío en el vellocino de Gedeón, (Juec. 6, 37).
Zarza ardiente en fuego incombustible, (Éx. 3, 2).
Escala de Jacob, (Gén. 28, 12).
Flor de la Raíz de Jesé, (2) (Is. 11, 1).
Flor de la vara de Aarón, (Éx. 7, 12; Heb. 9, 4).
Flor que aparece en nuestra tierra, (Cant. 2, 12).
Aroma de campo bendecido por Dios, (Gén. 27, 28).
Incienso de suavísima fragancia sobre altar de oro, (Éx. 25, 6; 39, 37).
Nardo y cinamomo en huerto cerrado, (3) (Cant. 4, 12-14).
Sello puesto sobre el corazón, (Cant. 8, 6).
Piedra del monte desprendida sin intervención de mano alguna, (Dan. 2, 34).
Agua saludable sacada del pozo de Belén, (II Sam. 23, 15; I Cor. 11, 17).
Nuevo vino en odre nuevo, (Mt. 9, 17; Mc. 2, 22; Lc. 5, 37).
Agua viva que fluye como torrente desde el Líbano, (Cant. 4, 15).
Árbol de la Vida plantado en medio del Paraíso, (Gén. 3, 3).
Fuente que mana del Paraíso, (Gén. 2, 6).
Agua de la vida en fuente sellada, (3) (Cant. 4, 12; Apoc. 7, 17).
Lámpara puesta sobre candelabro purísimo, (Lc. 11, 33).
Estrella de Jacob, (Núm. 24, 17).
Cetro de Israel, (2) (Ídem).
Sol del que está vestida la Mujer, (Apoc. 12, 1).
Varón rodeado por la mujer, (Jer. 31, 22).
Verdad que brota de la tierra, (Sal. 85, 11).
Justicia que desciende del Cielo, (Ídem).
Salvador que entra por la puerta cerrada, (Ez. 44, 1-2).
Príncipe sentado en la puerta oriental, (Ez. 44, 2-3).
Linaje de la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, (Gén. 3, 15).
Progenie de Abraham por la cual son bendecidas todas las naciones, (Gén. 3, 29).
Salvación y esperanza, (Mt. 1, 21; I Cor. 15, 19).
Emmanuel nuestro, (Is. 7, 14; Mt. 1, 23).

-Senos propicio,
-Perdónanos, Señor.
-Senos propicio,
-Escúchanos, Señor.
-Senos propicio,
- Ten piedad de nosotros                                                                       

De todo mal,                                                                               líbranos, Señor
De todo pecado,
De un corazón duro y perverso,
De toda costumbre malvada,
De toda pasión desordenada,
De toda aspereza de costumbres,
De toda malicia e indolencia,
De una mala y eterna muerte,
Por tu predestinación desde toda la eternidad, (Jn. 1, 1; 8, 58).
Por tu Advenimiento,
Por el misterio de tu santa Encarnación,
Por tu virginal e Inmaculada Concepción, (4) (Is. 7, 14; Lc. 1, 34-35).
Por la fe y la obediencia de la gloriosa Virgen, (Lc. 1, 38).
Por la virginal fecundidad de tu Santísima Madre, (Lc. 2, 7).
Por la plenitud de gracia comunicada a tu Madre, (Lc. 1, 28. 48).

En el Día del Juicio, nosotros pecadores,                                 “ te rogamos, óyenos” 
Que te dignes salvarnos de nuestros pecados,                               
Que te dignes dirigir a Ti todas nuestras acciones,
Que te dignes hacer que tengamos para Ti nuestra morada preparada,
Que te dignes rellenar con tu gracia todo valle de pusilanimidad,
Que nos concedas gozarnos siempre en Ti y glorificarte,
Que te dignes mirar nuestra humildad y extender sobre nosotros el brazo de tu poder,
Que te dignes colmarnos a nosotros, pobres, de tus bienes,
Que te dignes hacernos coherederos de tu Reino,
Que te dignes atender nuestras súplicas,
Hijo de Dios,


-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Ten misericordia de nosotros.

-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.

Padrenuestro…

-Ven a liberarnos, Señor, Dios de las virtudes.
-Muéstranos tu Rostro y seremos salvos.
-Acuérdate de nosotros, Señor, como el pueblo de tu beneplácito.
-Visítanos con tu salvación.
-Muéstranos, Señor, tu misericordia.
-Y danos tu salvación.
-Señor, escucha nuestra oración.
-Y llegue a Ti nuestro clamor.

Oremos.

Excita, Señor, tu poder y ven, para que con tu protección merezcamos vernos libres de los inminentes peligros de nuestros pecados y con tu gracia podamos salvarnos.
Purifica, Señor, nuestras conciencias visitándolas, para que tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, encuentre en nosotros al venir una morada preparada para Él.
Oh, Dios, que sabes que nuestra humana fragilidad no puede subsistir a tantos peligros como nos acechan, danos salud de alma y de cuerpo para que, con tu ayuda, podamos superar los sufrimientos por nuestros pecados.
Todopoderoso e indulgente Dios, sé propicio a nuestras plegarias y libra nuestros corazones de las tentaciones de malos pensamientos para que merezcamos convertirnos en digna morada del Espíritu Santo.
Concede, te rogamos, Dios Todopoderoso, que los sagrados misterios de nuestra redención nos otorguen los auxilios necesarios a la vida presente y nos alcancen los premios de la bienaventuranza eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

-Señor, escucha mi oración.
-Y llegue a Ti mi clamor.
-Bendigamos al Señor.
-Demos gracias a Dios.

-Y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
 -Amén.


En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Grupos de Oración del Padre Pio - Animación en Argentina