Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Padre Pío y el Concilio Vaticano II


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Padre Pío y el Concilio Vaticano II
por Giovanni Chifari*
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Introducción
"Santifícate y santifica".

He aquí todo lo que el Señor le ha pedido al Padre Pío. Una percepción íntima y profunda, mística y espiritual, que poco a poco se abrió camino en el corazón del Padre Pío, mostrándole la voluntad de Dios en uno de los siglos más dañados de la historia. Mirar al humilde religioso capuchino, buscar reconstruir algunos eventos de su biografía, en conexión con todo lo que deriva del Concilio Vaticano II, será una operación útil para verificar la contribución del Fraile al Concilio. Pero, en el horizonte en el cual es decisivo comprender este cuadro, es en el de la santidad. Una realidad que la Iglesia, en las asambleas conciliares, proclamó como potencial y universalmente perteneciente a cada uno de los bautizados. De hecho, se habla del llamado universal a la santidad. Es decir, una santidad que no estaba destinada como algo inalcanzable o imposible, como una meta solo para pocos, tal vez para los sacerdotes o religiosos, sino un camino que es para todos. Este renovado entendimiento pareció crujir con todo lo que respecta al Padre Pío. Colmado de dones excepcionales, él parecería pertenecer a esa fila de santos inalcanzables. Pero en realidad, no es así. Para entender al Padre Pío, para discernir cómo Dios ha obrado en él, debemos poder observarlo en su humanidad. En su cotidiano y fatigoso sí al Señor, en la diaconía de un martirio que no era cruento, pero ciertamente no estaba privado de la efusión de la sangre. Y la historia que se desarrolla paralelamente entre el Padre Pío y el Concilio, es una trama hecha de pruebas, de sufrimientos, de ataques. En una perspectiva de santificación, observamos que Dios obra a través de múltiples humillaciones, con el fin de vaciar la propia elección de sí mismo, para llenarlo de su gracia. Dios se crea su espacio y se hace presente en el fondo del alma, en lo íntimo de cada uno, porque sólo en el Silencio es posible encontrarlo. Así, mientras el Concilio se mueve para renovar la Iglesia y hacerla dócil a la acción santificante del Espíritu, para que ella que es santa pero sin embargo, necesitada de conversión, pueda santificar; también el Padre Pío vive como discípulo buscando ser grato a Dios, es decir, santificarse, para después santificar.
El duro terreno de la historia
En 1870 con la toma de Roma, se interrumpió imprevistamente el CVI, sin que pudiese llevarse a término una reflexión más pertinente sobre la identidad y la misión de la Iglesia, sobre todo en lo que respecta al diálogo con el mundo contemporáneo. Es notable que sea Pío XII quien tomara en consideración la hipótesis de retomar el Concilio, pero, luego de diversos motivos, también de naturaleza teológica, decidieron aplazarlo. En cambio, Juan XXIII, a solo tres meses de su elección al trono de Pedro, el 25 de enero de 1959, anunció la convocatoria a un Concilio Universal para la Iglesia  ecuménica que sucesivamente con la redacción de un motu propriu, decidió abrir oficialmente el 11 de octubre de 1962, en una fecha que recordaba el gran Concilio de Éfeso. Con tres años de preparación, la máquina del Concilio estaba lista para realizar sus primeros pasos.
En tanto,  el Padre Pío, en el pequeño convento perdido en el Gargano, estaba atravesando un tiempo nada fácil, una nueva estación en la cual la onda persecutoria se  hizo sentir con toda su furia destructiva. Se puede hablar de una segunda persecución, después vinieron los diez años de tormenta (1923-1933), especialmente el bienio del 1931 al 1933 durante el cual le fue prohibido también celebrar Misa con la gente. Y ahora la segunda persecución pasa a través de traiciones, ataques de todo tipo, aislamiento, humillaciones que se agregaron a los constantes problemas de salud. En 1959 la imprevista curación al pasar la estatuilla de Nuestra Señora de Fátima por San Giovanni Rotondo; en 1960 los preparativos para el quincuagésimo año de su ordenación sacerdotal, turbado por la visita apostólica de Monseñor Maccari, signo de renovada incomprensión entre la Iglesia y el Padre Pío, en principio, porque mostraba dificultad para acoger claramente cuánto Dios estaba obrando en el humilde Fraile estigmatizado, y luego, en 1962, los primeros destellos de un cierto alivio con algunas concesiones hechas al Padre Pío, quien podía volver a celebrar la Eucaristía con la gente, al menos en la semana santa.

Apertura del Concilio, empatía del Padre Pío

Cuando se abrió el Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, y cuando el Papa Juan XXIII pronunció aquel discurso "a la luna", con la invitación de llevar la caricia a cada niño, se testimonió que el Padre Pío lloró conmovido. Sucesivamente, no faltaron nuevas restricciones, como la prohibición de los festejos por el onomástico el 5 de mayo de 1963. También una seria y rigurosa investigación histórica nos ha mostrado que el Papa Juan XXIII no tenía hostilidad hacia el Padre Pío, es más, lo estimaba, fue solo prudente para no hacer un desbalance de algún juicio positivo o negativo. La oposición al humilde Fraile era más un fenómeno que reflejaba el disgusto de un cierto modelo de Iglesia expresado por hombres que tenían quizás, una visión demasiado reducida, como así también excesivamente legalista de la doctrina. Cosas de este tipo experimentó Jesús, con la creciente hostilidad de los jefes y garantes de la religiosidad hebraica. Ellos dispersaban el corazón de la Ley y provocaban recorridos radicados en el mal, privados de discernimiento. Similarmente se podría decir que es un cierto tipo de pertenencia eclesial, donde el servicio es con frecuencia aplicado más como la adhesión a una idea o a un valor que como la plena experiencia del amor misericordioso de Dios. Fue en este clima oculto que aquellas insanas mediaciones favorecieron las persecuciones al Padre Pío.
Por lo tanto, parecía evidente la necesidad de invertir la ruta, de buscar un modelo de Iglesia que valorizase su pertenencia a Cristo y que al mismo tiempo estuviese en condiciones de hablarle al hombre de su tiempo.
De parte suya, el Padre Pío vivía en su diaconía cotidiana el propio ministerio sacerdotal y religioso. Con mucha simplicidad pero también con una profundidad totalmente nueva. Una dimensión profética vivida en el silencio de un pequeño convento en una zona marginal de la Italia meridional. Es la lógica de Dios, elegir a los pequeños, según la Palabra evangélica, para confundir a los fuertes.



Padre Pío en Cristo y en la Iglesia: en diálogo con la Lumen Gentium

¿Qué visión cristológica y eclesial se transparentaba desde el servicio del humilde Fraile? ¿Qué aspectos hemos reencontrado desarrollados en el Concilio Vaticano II? La Palabra de Dios, ¿era el centro en la vida del Padre Pío? ¿Y qué decir de la liturgia o del diálogo con el mundo de su propio tiempo? Interrogantes que pretenden remitir a los textos de las cuatro constituciones dogmáticas producidas por el Concilio. Es decir que, en el Padre Pío encontramos diversos aspectos que luego serían debatidos y profundizados en el Concilio Vaticano II.
Paulo VI, llamado al trono pontificio para suceder al Papa promotor del Concilio, se hizo cargo de llevar adelante una Asamblea de difícil gestión. El dio un método a los trabajos, sintetizó y simplificó algunos pasajes y focalizó la atención sobre las cuatro constituciones dogmáticas que volvían a proponer temas cruciales para la vida de la Iglesia. Esquemas y textos que tuvieron una larga y compleja historia, encontrando un ferviente debate entre los padres conciliares. Mientras tanto, un humilde Fraile, colmado de innumerables dones y carismas divinos, vivía en la propia carne y en el propio corazón el misterio del sufrimiento de la cruz. Y con su silencioso testimonio, con su cotidiano martirio espiritual, anunciaba un modelo de sacerdocio y un perfil de Iglesia que buscaba la constante tensión hacia la unión con Dios.
La vivaz vida mística del humilde Fraile, en la cual el sentido de todo lo que él lograba percibir era superior al lenguaje pero que estaba llamado a expresarlo, dejaba entrever en todo su esplendor la Iglesia como  "cuerpo místico" de nuestro Señor Jesucristo. Pero es en un pasaje muy elocuente de la LG que encontramos lo que "per sé" Padre Pío había ya vivido y señalado a la Iglesia y a los hombres de su tiempo:
"Como Cristo ha cumplido la redención a través de la pobreza y de las persecuciones, también así la Iglesia está llamada a tomar el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación "(LG, 8).
Estas palabras delinean un perfil de Iglesia que sabe del deber de seguir a Cristo en el camino de la pobreza y de las persecuciones. Aspectos que el Padre Pío vivió en modo total. Hijo de San Francisco, y utilizando la sana raíz franciscana, el Padre Pío hizo de la pobreza su hábito interior y su indefectible testimonio también en la vida de todos los días. El Padre Pío vivió pobre y se ocupó de los pobres y de los últimos. Su obra del corazón, Casa del Alivio al Sufrimiento, nos muestra un fúlgido ejemplo de todo esto.
Pero el modelo de configuración a Cristo que los padres conciliares individualizaron para la Iglesia en el documento de la LG, pasa también a través de las persecuciones. Desde hacía al menos cuarenta años, el Padre Pío era objeto de las mismas, también por mano de la propia Iglesia. Si es verdad que pobreza y persecución son rasgos del camino trazado por Jesús, y que solo recorriendo por entero este itinerario se pueden comunicar a los hombres los frutos de la salvación, en este singular testimonio,  el Padre Pío vivía ya desde hacía muchos años lo que le es pedido a la Iglesia. El humilde testimonio del Santo Fraile, muestra que sin una constante conversión no puede haber una conformación y configuración en Cristo.
Los Padres conciliares en aquel mismo punto 8 de la LG, insisten sobre la "pobreza de Cristo", individualizando "humildad y abnegación" como características fundamentales de un estilo que no busca la gloria terrena sino solo la secuela de Cristo, servirlo siguiéndolo: "Quien quiera servir, que me siga" (Jn 12, 26). El Concilio, por lo tanto, especifica que una Iglesia unida a su Cristo y Señor está llamada a recalcar, a su modo, su misma praxis misionaria, vale decir, enseñanza de la buena nueva y cuidado, "buscar y salvar lo que estaba perdido". Para realizar esto, continua la LG, la Iglesia "circunda de afectuoso cuidado a todos los afligidos por la humana debilidad, es más, reconoce en los pobres y en los sufrientes la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se hace premurosa para aliviar la indigencia y en ellos busca servir al Cristo".
Palabras que parecen describir exactamente lo que hacía el Padre Pío: el cuidado de todos aquellos que estaban afligidos por la humana debilidad, y el incansable ministerio de la confesión, luego "aliviar la indigencia" de los pobres y de los sufrientes, es decir, la intuición profética que el Padre Pío, veinte años antes, había pensado para su "Casa del Alivio al Sufrimiento". La Iglesia del Concilio comprendió que era esta la vía de la conformación a Cristo. Una Iglesia que "desde la virtud del Señor resucitado se extrae la fuerza para vencer con paciencia y amor las aflicciones y las dificultades, que le llegan ya sea desde adentro como desde afuera, y para develarle al mundo, con fidelidad, aunque no perfectamente, el misterio de él, hasta que al final de los tiempos ello será manifestado en la plenitud de la luz" (LG, 8).

TEXTO INTEGRAL DEL PASAJE DE LA LG 8 (traducido del italiano)

Jesucristo "que era de condición divina... se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo" (Fil 2, 6-7) y para nosotros "era rico y se hizo pobre" (2 Cor 8,9): así también la Iglesia si bien para cumplir su misión necesite de medios humanos, no está constituida para buscar la gloria terrena, sino más bien para difundir, también con su ejemplo, la humildad y la abnegación. Como Cristo, de hecho, ha sido enviado por el Padre "a anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los que tienen el corazón contrito" (Lc 4, 18), "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,10), así también la iglesia circunda de afectuoso cuidado a todos los que están afligidos por la debilidad humana, es más, reconoce en los pobres y en los sufrientes la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se hace premurosa para aliviar la indigencia y en ellos buscar servir al Cristo. Pero mientras Cristo, "santo, inocente, inmaculado" (Heb 7, 26), no conoció el pecado (cfr. 2 Cor 5, 21) y vino solo con el objetivo de redimir los pecados del pueblo (cfr. He 2, 17), la Iglesia, que incluye en su seno a pecadores y por lo tanto es santa y al mismo tiempo necesitada de purificación, avanza continuamente por el camino de la penitencia y la renovación. La Iglesia "prosigue su peregrinaje entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" [14], anunciando la pasión y la muerte del Señor hasta que él vuelva (cfr 1 Cor 11, 26). Desde la virtud del Señor resucitado se extrae la fuerza para vencer con paciencia y amor las aflicciones y las dificultades, que vienen desde dentro y desde afuera, y para develarle al mundo, con fidelidad, aunque no con perfección, el misterio de él, hasta que al fin de los tiempos ello será manifestado en la plenitud de la luz.

El Padre Pío representa a los hombres del siglo XX, el Cristo pobre y cargando la cruz. Antes de remitirnos a la lectura del fragmento de la LG, señalábamos al hecho del Padre Pío, que la imagen de Iglesia que el Padre Pío tal vez percibió con más fuerza, fue la del cuerpo místico de Cristo, en la cual, según la lectura apreciada del Apóstol Pablo, cada miembro vive, sirve y sufre en unión a Cristo. En esta luz, profundizada también por el Concilio, podemos releer como el Padre Pío participaba en un modo del todo singular a la pasión de Cristo. El Apóstol afirma en Col 1, 24: "Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo". En realidad nunca faltan los sufrimientos de Cristo, es necesario sólo que dejemos que Él sufra en nosotros. Así lo ha hecho el Padre Pío, que se ha dejado habitar por Cristo y por su Espíritu hasta experimentar, místicamente, la fusión de los corazones y antes en la carne el sello de los estigmas. Ellos están presentes invisiblemente en cada cristiano con el bautismo, como ha subrayado el sacerdote jesuita, teólogo y artista Rupnik, se abren cuando se ama, siempre en modo invisible a todos, pero visiblemente en un testigo elegido como el Padre Pío.

Eucaristía y Liturgia

En esta perspectiva encuentra luz también la centralidad de la Eucaristía, realmente "fons et culmen", de la vida sacerdotal del Padre Pío. Desde siempre el Padre Pío vivió esto, como expresión de su ser en Cristo. (cf SC n. 47; padre Marciano, 349). La Eucaristía, como cifra de su conversión en víctima y de darse por entero a los hermanos, es en Padre Pío lugar de un diálogo de amor. Lo comprendemos desde el momento que aparece en él, el don místico de la fusión de los corazones (Ep. I, 273; SC 47-48). La centralidad de la Eucaristía, como será afirmada en el Concilio, es también la de la Misa el centro de la vida de la Iglesia. Recordemos la notable afirmación del Padre Pío: "El mundo podría estar un día sin el sol pero ni un día sin la Misa".
El todo, sea a nivel eclesial, o a nivel cristológico, remite a la centralidad del Señor Jesús, crucificado y resucitado, que el Padre Pío experimentaba cada día. El teólogo francés Jean Guitton, quien fue entre los primeros laicos invitados a participar del Concilio en aquellos años, quiso conocer al Padre Pío y quedó profundamente conmocionado por la celebración de su Misa. Como él, probablemente diversos padres conciliares en esos mismos años quedaron conmocionados por todo lo que vivía el Padre Pío.

Padre Pío y la Palabra de Dios

Con la Dei Verbum, el Concilio aclara puntos decisivos de la Revelación divina, de su relación con la Tradición y de la Escritura como alma de la teología y de la vida de la Iglesia. En otros términos, como ha recordado el Papa emérito Benedicto XVI en el discurso con los párrocos de Roma, el 13 de febrero de 2013, "la Escritura es la Palabra de Dios y la Iglesia está bajo la Escritura, obedece la Palabra de Dios y no está por encima de la Escritura. Y sin embargo, la Escritura es Escritura sólo porque está viva la Iglesia, su sujeto vivo; sin el sujeto vivo de la Iglesia, la Escritura es solo un libro y abre". La Iglesia nos entrega la Escritura, y también la propia inteligencia de la Escritura, lo que es considerado una inspiración. El canon, de hecho, es un acto de la Iglesia. Sin embargo para comprender a pleno la misma Palabra es necesario no separarse de la misma Tradición en la cual ella está madurada. Los Santos, auténticos mediadores de Cristo, han vivido este íntimo legado y se han hecho contemporáneos de la Palabra. También Padre Pío ha vivido e interpretado la Palabra de Dios en el interior de su pertenencia viva en el camino de la Iglesia. Sabemos que el Padre Pío fue un director espiritual y con frecuencia ordenaba la escucha asidua de la Palabra de Dios. El mismo lo hacía. En la Palabra, el Padre Pío encontró fuerza y consuelo para vivir la propia unión con Cristo. Los primeros grupos de oración nacieron en la escucha de la Palabra. Cuando el Padre Pío recibía los pequeños grupos de personas, le gustaba formarlos mediante la Palabra. Las catequesis bíblicas tomaban en consideración las palabras de los salmos y algunos pasajes muy densos de las cartas de san Pablo. El Padre Pío buscaba en la Escritura tranquilidad y consuelo puesto que sabía que en ella podía realizar la experiencia de Dios y de su amor. Por esto, también durante la liturgia de la Palabra, entrar en diálogo con el hombre, saber que nosotros podemos responder a su Palabra salvífica.  Recorriendo el Epistolario del padre Pío, podemos observar que él cita muy frecuentemente la Sagrada Escritura, en modo particular los textos proféticos y sapienciales y también los Evangelios, los salmos y las cartas paulinas. En la Escritura encontraba también una hermenéutica de todo lo que veía en sí mismo. No es casualidad que aplique en sí, el notable fragmento del Apóstol a los Gálatas: " No soy más yo que vivo, es Cristo quien vive en mi" (Gal 2, 20). El uso que el hacía de la Escritura está perfectamente en línea con todo lo que madurará en el Concilio Vaticano II. El vive, en sí mismo, como misterio, el legado que la Dei Verbum anunciará, entre Escritura y Tradición viva de la Iglesia. En la dirección espiritual y en la formación de los primeros grupos de oración, se remitía muy frecuentemente al recurso de la Escritura, reconociendo que la Palabra de Dios era la base de la misma oración.

La centralidad del servicio y de las misiones de los laicos

Observando las intuiciones proféticas del Padre Pío, encontramos otro aspecto relevante: la centralidad en el rol de los laicos en la vida de la Iglesia. Dos de los ejemplos más evidentes son: los grupos de oración y los primeros colaboradores de la Obra de la Casa Alivio del Sufrimiento. Los grupos de oración, como está visto, nacieron como grupos constituidos por laicos, bautizados y creyentes en Cristo, pero fueron también laicos los que aportaron para la construcción de la Casa del Alivio al Sufrimiento. El Padre Pío quiso darles confianza a sus más estrechos colaboradores.
San Juan Pablo II, cuando visitó San Giovanni Rotondo el 23 de mayo de 1987 dio una lectura de algunos tramos del sacerdocio del Padre Pío a la luz del decreto conciliar Presbyterorum Ordinis. Por el Santo Pontífice ve en ello resumido y revalidado "los valores esenciales y perennes del sacerdocio, que en el Padre Pío se realizaron en modo excelente". El Padre Pío, por lo tanto, expresó los valores esenciales y perennes del sacerdocio, porque aprovechaba la comunión con Cristo. Valores que - agrega el Pontífice - no son olvidados: "Sería un grave error si, por una mala orientación al empuje de una renovación, el sacerdote olvidase los valores fundamentales, y no se puede apelar al Concilio para motivar un olvido similar" (JnPII).
El Padre Pío, sacerdote, pone al centro de la Iglesia y de la humanidad de su tiempo, la perenne actualidad del sacrificio de Cristo. Y lo hace haciéndose él mismo víctima por los propios hermanos. Una llamada que el pudo discernir en la constante, asidua y abundante referencia a la Palabra de Dios y que luego veía realizada en la Eucaristía. El Cristo encontrado en la Palabra venía a él reconocido en la Eucaristía  luego en el servicio de los hermanos.
San Juan Pablo II, comentando la Misa de Padre Pío hace referencia a esto:
" Esta oferta debe alcanzar su máxima expresión en la celebración del sacrificio eucarístico.¿ Y quién no recuerda el fervor con el cual el Padre Pío revivía en la Misa la Pasión de Cristo? De aquí, la estima que él tenía por la Misa - por él llamada "misterio tremendo" - como momento decisivo de la salvación y de la santificación del hombre mediante la participación al sufrimiento mismo del Crucificado. "Está en la Misa - decía - todo el Calvario". La Misa fue para él la "fuente y la culminación", el perno y el centro de toda su vida y de toda su obra".
Pero hay puntos ulteriores de contacto entre el Padre Pío y el Concilio. Es siempre San Juan Pablo II que nos ayuda a encontrarlos:
 "El humilde religioso acoge con docilidad la efusión del "espíritu de gracia y de consejo", del cual habla el mismo Concilio, lo que el espíritu debe consentir al pastor de almas de "ayudar a gobernar el pueblo con corazón puro" (cf. Presbyterorum Ordinis, 7). El se empeñó en particular - según otra enseñanza conciliar (cf Presbyterorum Ordinis, 9) - en la dirección espiritual, prodigándose en la ayuda de las almas a descubrir y valorizar los dones y los carismas, que Dios concede cómo y cuando quiere en su misteriosa liberalidad.

Conclusión

En Padre Pío , por lo tanto, estuvo presente la mirada del Pastor junto a una paternidad que hacía actual y operante la misericordia de Dios. (San G. R. 23 sept. 1987). Su santificación pasó ciertamente de la constante y progresiva unión con Dios, al permanecer firme en su amor, pero también del ejercicio de un ministerio volcado al servicio del hombre sufriente, en el cuerpo y en el espíritu.
Además, el modelo de Iglesia vivido por el Padre Pío, su relación con la Palabra de Dios y con la liturgia, el diálogo incesante donde los interrogantes profundos de sus contemporáneos, el desatar a tantos que estaban atrapados por los lazos de satanás, son todos factores que alimentan su camino de santidad.
El Padre Pío y la Iglesia resultan, por lo tanto, en aquel arco de la historia compartida durante el tiempo del Concilio, como aliados, en el itinerario de la santidad. Es más, el hecho que Padre Pío recibió durísimos ataques en el tiempo en el cual en la Iglesia estaba por germinar su camino conciliar, tal vez tenga un significado. Los sufrimientos vividos en modo sacerdotal por el Padre Pío, tal vez se agudizaron en la perspectiva de un místico completando en su carne lo que faltaba a la pasión de Cristo. El Padre Pío sufre y luego el 11 de octubre de 1962 se abre el Concilio. Tres años después se cierra, pero el Padre Pío no deja de sufrir, y no lo hará, a su modo también el Pontífice Paulo VI, al quien, el humilde religioso capuchino envió una carta justo unos días antes de morir.


*Teólogo bíbllico, colaborador de los grupos de oración de Padre Pio - Argentina

Pedimos Misericordia


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Grupos de Oración y devotos de San Pio de Pietrelcina
Hispanoamérica

Oramos sin fronteras a pedido del Santo Padre – 14 de Mayo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo., Amén.

1 Invocación

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.


2. Salmo 91

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
 me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación».


3. Nos enseña Santa Faustina Kowalska:

Jesús ama a las almas escondidas. Una flor escondida es la que más perfume tiene dentro de sí.
Busco un retiro para el Corazón de Jesús en mi propio interior. En los momentos difíciles y dolorosos
Te entono, oh Creador, un himno de la confianza, porque el abismo de mi confianza hacia Ti, hacia Tu misericordia, es inconmensurable.

+Gracias Señor por este valioso tiempo que , cual  retiro, nos permite orar y meditar más …


4. Oración 

Amado Señor, Dios de Misericordia, imploramos hoy, junto al Papa Francisco, el fin de la pandemia que azota al mundo. Con palabras de Santa Faustina te decimos:

¡Oh tesoro inagotable de la pureza de la intención que haces perfectas y tan
agradables a Dios todas nuestras acciones!
Oh Jesús, Tú sabes que débil soy, por eso quédate siempre conmigo, guía mis
acciones, todo mi ser. Tú, mi mejor Maestro. De verdad, oh Jesús, me invade el
miedo cuando veo mi miseria, pero a la vez me tranquilizo viendo Tu misericordia insondable que es más grande que mi miseria desde toda una eternidad. Y esta disposición de ánimo me reviste de Tu poder.
Oh gozo que se deriva del conocimiento de mi misma, Oh verdad inmutable. Eterna es Tu firmeza.

5. Santo Rosario


Pèsame (Todos juntos)

Primer Misterio:  El bautismo de Jesús

“Cuando todo el pueblo estuvo bautizado y mientras Jesús, habiendo recibido también él el bautismo, estaba en oración, el cielo se abrió y descendió sobre él el Espíritu Santo con apariencia corpórea, como una paloma, y se oyó una voz venida del cielo:”Tú eres mi hijo predilecto, en ti me he complacido”.” (Lc. 3, 21-22)

El amor puro es capaz de grandes empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades, si el amor [es] fuerte [a pesar] de grandes dificultades, también es perseverante en la vida cotidiana, gris, monótona. Sabe que para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir hacer las cosas mas pequeñas con gran amor, amor y siempre amor.
El amor puro no se equivoca, tiene singularmente mucha luz y no hará nada que no agrade a Dios. Es ingenioso en hacer lo que es más agradable a Dios y no hay nadie que lo iguale; es feliz cuando puede anonadarse y arder como un sacrificio puro.
Cuanto más se entrega, tanto mas es feliz. Además, nadie sabe presentir los peligros desde tan lejos como él; sabe quitar la máscara y sabe con quién trata.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Segundo Misterio: Jesús en la bodas de Cana

“… Hubo un casamiento en Cana de Galilea y allí estaba la madre de Jesús. También fue invitado a  la boda Jesús con sus discípulos. En medio del festejo se acabó el vino. La Madre de Jesús le dijo:” No tienen más vino”. Y Jesús respondió:” ¿Qué tengo que hacer contigo, oh Mujer? Todavía no ha llegado mi hora.” La madre le dijo entonces a los siervos:” ¡Haced lo que El os diga!”… Así Jesús dio comienzo a sus milagros en Cana de Galilea, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él”. (Jn 2, 1- 5, 11)

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para
los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria
 
Tercer Misterio:   El anuncio del reino de Dios

“Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía:”El tiempo está cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio”.” (Mc. 1, 14-15)

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para
los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Cuarto Misterio:.La transfiguración de Jesús

“… Jesús llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y subió a la montaña a orar. Y, mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa se volvió blanquísima y brillante. Y he aquí que dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías…Mientras éstos se separaban de él, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, es hermoso estar aquí. Hagamos tres tiendas, una para ti, una para Moisés y una para Elías.” Mientras hablaba así, vino una nube y  los envolvió… y de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, el elegido; escuchadlo”.”(Lc. 9, 29-30, 34-35)

A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que
implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse. Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.


Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio: Jesús instituye la Eucaristía

“Mientras comían tomó el pan y una vez pronunciada la bendición, lo partió y se lo dio a ellos diciéndoles: “Tomad, este es mi cuerpo”. Luego tomó el cáliz y dando gracias, se lo dio a ellos y todos bebieron. Y dijo: “Esta en mi sangre, la sangre de la alianza, derramada por muchos”. (Mc. 14, 22-25)

Oh ¿Quién comprenderá Tu amor y Tu misericordia insondable hacia nosotros?
Oh prisionero del amor, encierro mi pobre corazón en este tabernáculo para
adorarte sin cesar día y noche. No se de ninguna objeción a esta adoración, y
aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón esta siempre Contigo. Nada
puede impedir mi amor hacia Ti. No existe ningún obstáculo para mí. Oh Jesús Te consolare por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios. Oh Jesús, deseo arder como victima pura y anonadada delante del trono de Tu escondite. Te ruego incesantemente por los
pecadores agonizantes.

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria


Por la intención del Santo Padre Francisco para este mes:

Padre nuestro, 3 Ave María y Gloria

6. Letanías a la Misericordia divina

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos: Jesucristo escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

*Repetimos  En Vos Confío

Jesús, Rey de Misericordia, que has redimido el mundo.*
Jesús, Rey de Misericordia, por quien todas las cosas fueron creadas.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos has santificado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos revelasteis el misterio de La Santísima Trinidad.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos manifestasteis la Omnipotencia de Dios.*
Jesús, Rey de Misericordia, que te manifiestas en la creación de los espíritus celestiales.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos formasteis de la nada.*
Jesús, Rey de Misericordia, que abrazas todo el universo.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos das la vida eterna.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos proteges del castigo merecido.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos libras de la miseria del pecado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes la justificación en el verbo encarnado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes misericordia por Tus Santas llagas.*
Jesús, Rey de Misericordia, que brota de Tu Santísimo Corazón.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos distes a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la cual has sufrido Tu encarnación, Pasión y Muerte.*
Jesús, Rey de Misericordia, por medio de la cual ayudas a todos, en todas partes y siempre.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la cual nos has prevenido con Tus Gracias.*
 Jesús, Rey de Misericordia, la que nos has manifestado revelándonos los Misterios Divinos.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que manifestastes instituyendo Tu Santa Iglesia.*
Jesús, Rey de Misericordia, que habiendo instituido los Santos Sacramentos, nos abristes los torrentes de Tus Gracias.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con los Santos Sacramentos del Bautismo y de la Penitencia.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con la Santísima Eucaristía y el Sacerdocio.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos has llamado a Nuestra Santa Fe.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas por la conversión de los pecadores.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas iluminando a los fieles.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la revelas por la santificación de los justos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que llevas a los santos a la cumbre de la santidad.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tus Santas llagas.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tu Santísimo Corazón.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres consuelo de los enfermos y afligidos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el único consuelo de los corazones afligidos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que das esperanzas a las almas que se hallan en desesperación.*
Jesús, Rey de Misericordia, que acompañas a todos los hombres siempre y en todas partes.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos colmas con el torrente de Tus Gracias.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el refugio de los moribundos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el consuelo de las almas del purgatorio.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la Corona de todos los Santos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el gozo celestial de los que se salvan.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la fuente inagotable de los milagros.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la salvación del mundo entero.*

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten piedad de nosotros.

Las Misericordias de Dios, son más grandes que todas sus obras.
Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.


6. Oración a san Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


7. ORACION FINAL

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.
Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.
Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.
Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo misma me encerrare en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.
Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia. El primero: la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea. El segundo: la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras. El tercero: la oración. Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración. Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar.

SALVE 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María
Ruega por nosotros santa Madre de Dios para que seamos
Dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

13 de Mayo


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Grupos de Oración y devotos de San Pio de Pietrelcina
Hispanoamérica


REZAMOS EN HONOR DEL INMACULADO CORAZÒN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE FATIMA 

Rezamos este Santo Rosario respondiendo al pedido del Papa Francisco por  el fin de la pandemia que aqueja al mundo.

Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

Padre Pio y la Santísima Virgen

Corrìa el año 1959.  La imagen de la Virgen de Fátima fue llevada a Italia; y, como era costumbre en estos casos, fue recorriendo las ciudades más importantes y, en ellas, las iglesias con mayor capacidad, comenzando por la iglesia catedral. El día en que la imagen llegó a Italia, el 25 de abril, el Padre Pío cayó enfermo de pleuresía. ¿Motivo? Se había ofrecido como víctima a la Virgen María para que esa peregrinación de su imagen por Italia produjera abundantes frutos espirituales. Y así, enfermo, casi siempre en cama, y en ocasiones ingresado en el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento” fundado por él, permaneció hasta el día 7 de agosto.

PRIMER MISTERIO. La resurrección de Jesús

Indica el Padre Pio “María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba” (Epist.II, p.373).

Pausa

Maria, auxilio y protectora nuestra, haznos partícipes de la necesidad de amar a tu HIJO, Nuestro Señor Jesucristo, de comprender sus enseñanzas y poder trasmitirlas a los que la ignoran, para poder compartir con ellos la felicidad de vivir la verdad del evangelio, te pedimos que irradies tu luz de esperanzadora hacia todos los corazones sobre todo de aquellos que están sin hogar donde vivir, o sin empleo para sostenerse por aquellos que están enfermos tanto del alma como en el espíritu. Virgencita, guárdanos en tu corazón inmaculado


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

                                                             
SEGUNDO MISTERIO La ascensión de Jesús al cielo

Nos dice Padre Pio: “María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Manténte cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora” (FM, 167,165).
Pausa

Inmaculada Virgen y Madre mía: a Vos que sos la Madre de mi Salvador, la Reina del mundo, la abogada, esperanza y refugio de los pecadores, recurrimos a vos,  nosotros en este día  Te veneramos, Soberana Reina. Y humildemente te agradecemos todas las gracias que hasta ahora nos  has otorgado.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


TERCER MISTERIO. La venida del Espíritu Santo al Cenáculo


Nos augura Padre Pio: “María convierta en gozo todos los dolores de tu vida” (GC, 24).

Pausa

Alentados por tus palabras: “SI quieres alguna gracia recurre siempre a Mi, porque yo soy tu Madre” venimos entonces llenos de esperanza ante el trono de tus misericordias, que para remediar nuestros males, a tus pies han recobrado la Salud tantos enfermos, tantos afligidos consuelo, tantos otros, oprimidos por los trabajos de esta vida han conseguido por tu mediación verse libres, dígnate Madre querida dirigir hacia nosotros tus tiernos y piadosos ojos


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria



CUARTO MISTERIO. La asunción de María Virgen al cielo

Enseña Padre Pio: “María sea la razón única de tu esperanza y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad” (ASN, 44).
Pausa

Maria Santísima, cuyo cuerpo Virginal no estuvo sujeto a las leyes de la corrupción pero que ha subido al cielo por voluntad de DIOS, nos ha precedido en el misterio de la inmortalidad del cuerpo.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


QUINTO MISTERIO:. La coronación de María reina del cielo y de la tierra


Señala Padre Pio:

“ Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, fiat, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.
Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos también siempre sí al Señor” (FSI, 32).

Pausa

¡Oh Maria! Virgen potente, Tu, grande y preclara defensa de la Iglesia, Tu, terrible como ejercito ordenado para la batallas; Tu, que sola has destruido toda la herejía en el mundo entero…. En nuestras angustias, en nuestras luchas y en nuestros aprietos defiéndenos del enemigo, y en la hora de la muerte recibe nuestra alma en el Paraíso. Amen.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


ORAMOS POR LA INTENCIÓN  DEL PAPA FRANCISCO 

Padre nuestro 3 Ave María y Gloria



ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

Letanìas al Inmaculado Corazòn de María
Señor, ten piedad...
Cristo, ten piedad...
Señor, ten piedad...
Cristo, oyenos.
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
                  Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios,
                  Ten piedad de nosotros.

Santa María ruega por nosotros
Corazón Inmaculado de María,
Corazón Inmaculado de María, lleno de gracia
Corazón Inmaculado de María, vaso del amor más puro
Corazón Inmaculado de María, consagrado íntegro a Dios
Corazón Inmaculado de María, preservado de todo pecado
Corazón Inmaculado de María, morada de la Santísima Trinidad
Corazón Inmaculado de María, delicia del Padre en la Creación
Corazón Inmaculado de María, instrumento del Hijo en la Redención
Corazón Inmaculado de María, la esposa del Espíritu Santo
Corazón Inmaculado de María, abismo y prodigio de humildad
Corazón Inmaculado de María, medianero de todas las gracias
Corazón Inmaculado de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús
Corazón Inmaculado de María, gozando siempre de la visión beatífica
Corazón Inmaculado de María, holocausto del amor divino
Corazón Inmaculado de María, abogado ante la justicia divina
Corazón Inmaculado de María, traspasado de una espada
Corazón Inmaculado de María, coronado de espinas por nuestros pecados
Corazón Inmaculado de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, exultando en la resurrección de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, triunfando eternamente con Jesús
Corazón Inmaculado de María, fortaleza de los cristianos
Corazón Inmaculado de María, refugio de los perseguidos
Corazón Inmaculado de María, esperanza de los pecadores
Corazón Inmaculado de María, consuelo de los moribundos
Corazón Inmaculado de María, alivio de los que sufren
Corazón Inmaculado de María, lazo de unión con Cristo
Corazón Inmaculado de María, camino seguro al Cielo
Corazón Inmaculado de María, prenda de paz y santidad
Corazón Inmaculado de María, vencedora de las herejías
Corazón Inmaculado de María, de la Reina de Cielos y Tierra
Corazón Inmaculado de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia
Corazón Inmaculado de María, que por fin triunfarás

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos

Tú, que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María, una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos.
Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amen
Palabras del Padre Gustavo Seivane
Tu amor incondicionado me pasma… Y, a veces, tu nombre, oh! María, viene a perfumar mis horas como un bálsamo, como un ramo de jacintos, como una feliz unción fragante y santa.
¡Bendita tú eres entre todas las mujeres!
Oh!, Madre, se me resbalan los suspiros entre tus manos tibias.
Tu blanquísimo manto quiero que me cubra, que me guarde como un odre sereno, como un cielo de topacios, como una columna de incienso.
Al contemplarte, Madre de Dios, se colman de juventud las potencias de mi alma.
Te nombro y se abre la esperanza. Te invoco, oh!, bienaventurada, y percibo el río del amor que no defrauda, la heredad de tus hijos, el jardín secreto donde encontrarte como la abundancia, la sede de la Sabiduría, el lienzo hermoso de la humildad que Dios nos señala.
Oh!, Madre, en tu regazo secamos lágrimas, y nos admiramos por la epifanía de ese latir sacrificado y bueno. Y por tu sonrisa que borra los miedos. Y por la íntima Cena compartida con Cristo.
Te nombro, oh! María, y se sueltan amarras, y el pecho se vuelve de azúcar hasta la próxima batalla. ..
Rezamos SALVE  

Oramos sin fronteras IV


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Grupos de Oración y devotos de Padre Pio 
ORAMOS SIN FRONTERAS – 1 Mayo 2020

Oraremos y meditaremos hoy a la luz de las enseñanzas del Papa Francisco en “Christus Vivit”
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

1. Invocación al Espíritu Santo 
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.
Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

2. Oración a san José en su día
Glorioso patriarca San José cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan serias y difíciles que te encomiendo... a fin de que tengan una feliz solución. Mi bienamado Padre: toda mi confianza esta puesta en Vos. Que no se diga que te he invocado en vano. Y puesto que Vos podes todo ante Jesus y Maria, mostrame que tu bondad es tan grande como tu amor. Amen

3. SALMO 91

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación».

4. Santo Rosario
(Mencionamos las intenciones que llevamos en el corazón)

Primer Misterio: 
La agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní

…”Jesús fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron al lugar les dijo:”Orad para no caer en tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia del lanzamiento de una piedra y arrodillándose oraba: “Padre, si quieres ¡aleja de mí este cáliz! No se haga sin embargo, mi voluntad sino la tuya”… Invadido por la angustia oraba más intensamente; y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”. (Lc. 39-44)

Del Papa Francisco:
“Jesús está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Segundo Misterio:
La flagelación de Jesús

“Pilatos al ver que no obtenía nada, es más, que el tumulto crecía cada vez más, se hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud… Entonces les dejó libre a Barrabás y después de haberlo hecho flagelar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado”. (Mt. 27, 24-26)

 Del Papa Francisco:
“Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive.”
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Tercer Misterio: 
La coronación de espinas

“Entonces Pilatos lo hizo flagelar a Jesús. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y lo cubrieron con un manto de color púrpura; se colocaban delante de él, y le decían: “¡Salud, rey de los Judíos!”. Y le daban bofetadas”
(Jn 19, 1-3)

Del Papa Francisco:
“Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de  que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Cuarto Misterio:.
La subida de Jesús al Calvario

“Mientras lo conducían, tomaron a un tal Simón de Cirene que venía del campo y le pusieron encima la cruz para llevar tras de Jesús. Lo seguía una gran muchedumbre y mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús  vuelto hacia ellas, les dijo:”Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos… Porque si tratan así al leño verde, ¿qué pasará con el leño seco?”.” (Lc. 23, 26-28-32)

Del Papa Francisco:
Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva ».

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio: 
La crucifixión y muerte de Jesús

“Luego lo crucificaron y se repartieron sus ropas, tirando a suerte lo que correspondería  a cada uno. Eran las 9 de la mañana cuando lo crucificaron… Llegado el mediodía se hizo la oscuridad en toda la tierra, hasta las 3 de la tarde. A las 3 Jesús… dando un fuerte grito, expiró”. (Mt. 15, 24-25, 33-37)

Del Papa Francisco:
«¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor». Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos… siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos.

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Por la intención del Papa  Francisco para este mes de Mayo:
Para que los diáconos, fieles al servicio de la Palabra y de los pobres, sean un signo vivificante para toda la Iglesia.

Padrenuestro  - 3 Ave María  - Gloria

5. Letanías a San José

Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial.
Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo.
Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo.
Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios .
Ten piedad de nosotros.
Santa María,                                                         Ruega por nosotros
-San José
-Ilustre descendiente de David
-Luz de los patriarcas
-Esposo de la Madre de Dios
-Custodio purísimo de la Virgen,
-Nutricio del Hijo de Dios
-Diligente defensor de Cristo
-Jefe de la Sagrada Familia
-José justo
-José casto
-José prudente
-José fuerte
-José obediente
-José fiel
-Espejo de paciencia
-Amante de la pobreza
-Modelo de obreros
-Gloria de la vida doméstica
-Custodio de vírgenes
-Sostén de las familias
-Consuelo de los desdichados
-Esperanza de los enfermos
-Patrono de los moribundos
-Terror de los demonios
-Protector de la santa Iglesia
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Ten piedad de nosotros.
V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.

Oración
¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para ser esposo de tu Santísima Madre! ; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

6. Oración del Papa Clemente XI 

Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.

Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin; te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque eres mi protector.

Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda.

Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.

Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.

Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.

Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mí, para buscar el bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.

Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con quienes de mí dependen, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.

Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.

Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.

Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.

Ayúdame a conservar la pureza de alma, a ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi conducta.

Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.

Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad futura.

Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y obtener tu gloria.

Por Cristo nuestro Señor. Amén

7. Oración a san Miguel Arcángel

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

8. SALVE a la Santísima Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María
Ruega por nosotros santa Madre de Dios para que seamos
Dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

VIA CRUCIS II


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VIA CRUCIS II


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte


Te adoramos, Cristo y te bendecimos  
Porque por tu Santa Cruz redimiste al  mundo.

Del Evangelio según Juan (1, 9-12)
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,ilumina a todo hombre.Ella estaba en el mundo,y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.


Jesús va repitiéndome: no tengas miedo/ no te asustes si yo permito al demonio  atormentarte, al mundo desagradarte, a las personas por ti más queridas afligirte porque nada podrá prevalecer contra los que gimen bajo la cruz  por mi amor y que yo me procuro de protegerlos [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre

II  ESTACIÓN: Jesús con la Cruz a cuestas

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según Marcos (15.16-20)
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: «¡Salud, rey de los judíos!». Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto  púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.


El verdadero remedio para no caer es apoyarse a la cruz de Jesús, con la confianza en que por nuestra salvación él quiso ser colgado [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre


III ESTACIÓN: Jesùs cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Lucas (9, 22-23)
El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho: es necesario. Los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los maestros de la Ley lo rechazarán. Será asesinado, pero al tercer día resucitará. Si alguien quiere venir en pos de mí, deje de pensar en sí mismo, tome su cruz y sígame.


No te preocupes, Jesús está cerca de ti y te mira; está ahí para quitar tus dolores [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima Madre

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Lucas (2, 34-35 51)
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

La Virgen Madre que fue la primera a practicar el evangelio en toda su perfección, nos de el empuje   para seguirla [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

V ESTACIÓN: Jesùs es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 21-22)
Y obligaron a uno que pasaba a  llevar la cruz, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y de Rufo a que llevara su cruz. Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota  que significa “lugar del calvario”.


Bajo la cruz se aprende a amar e yo no la dono a todos, sólo a las almas que me son más queridas [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VI ESTACIÓN: Verónica enjuga el rostro de Jesùs

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (27, 8-9)
Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro».Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor, tú que eres mi ayuda;no me dejes ni me abandones,mi Dios y mi salvador.

Jesùs que sigue poseyendo vuestro corazón, os haga santos [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

VII ESTACIÓN: Jesùs cae por segunda vez


Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Libro del Profeta Isaías (53, 4-7)
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.

Cuidamos no separar la cruz del amor de Jesús: se volvería una carga insoportable a nuestra fragilidad [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VIII ESTACIÓN: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Lucas (23, 27-28)
Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.

Practica dulzura interior y exterior en tu corazón [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

IX ESTACIÓN: Jesùs cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

De la carta de San Pablo apóstol a los Filipenses ( 2, 6-7)
El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente,  al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

No te extravíes si la oscuridad de la noche  se torna más larga y sombría, mira hacia lo alto y verás brillar una lámpara que te mostrará  la luz del eterno sol [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (22, 17-19)
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies
y me hunden en el polvo de la muerte. Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.

No tengas miedo de las condiciones de tu espíritu, el Señor está contigo y cuida de  tu alma [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre



XI ESTACIÓN: Jesùs es crucificado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según san Marcos (15,22; 25-27)
Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo».
Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.


La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo de amor: es la santa alegría de un corazón en que reina Dios [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

XII ESTACIÓN: Jesùs muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 34; 37-39)
Y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».  Entonces Jesús, dando un grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».


Pasará el invierno y la primavera llegará interminable, tanto más rica en belleza cuánto más duras hayan sido las tormentas [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

XIII ESTACIÓN: Jesùs es bajado de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 42-43, 46)
Y ya al atardecer, como era la Preparación es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetado del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. El comprando una sábana, lo descolgó de la cruz.


Distended vuestro corazón y permitid que el Señor opere libremente. Abrid vuestra alma ante el sol divino y dejad que sus beneficiosos rayos disipen las tinieblas que el enemigo os va presentando [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre



XIV ESTACIÓN: Jesús es depositado en el sepulcro


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Mateo ( 27, 59-60)
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.

Jesùs te ama: abandónate a sus sagradas operaciones y no tengas miedo porque Jesùs está contigo [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

CONCLUSIÓN

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Oremos:
Señor, que tu bendición descienda sobre estos hijos tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de resucitar con él; vengan el perdón y el consuelo, aumente la fe, se fortalezca la certeza en la redención eterna. Por Cristo nuestro Señor.  Amén


posted by Grupos Oficiales de Padre Pio Hispanoamérica

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VIA CRUCIS
con meditaciones del Cardenal Gualterio Bassetti Arzobispo de Perugia y Padre Pío de Pietrelcina

“Me mirarán a mí, a Aquel que han traspasado” (Zc. 12,10) 
¡se cumplen también en nosotros las palabras proféticas de Zacarías! La mirada se eleva de nuestras infinitas miserias para fijarse en El, Cristo Señor, Amor Misericordioso. Entonces podremos encontrar su rostro y oír sus palabras: “Te he amado con amor eterno” (Jer. 31,3). El, con su perdón, borra nuestros pecados y nos abre el camino de la santidad, sobre el cual abrazaremos nuestra cruz, junto a Él, por amor a los hermanos.  La fuente que ha lavado nuestro pecado se volverá para nosotros “un manantial de agua que brotará hasta la vida eterna”. (Jn. 4, 14).

Eterno Padre,
A través de la Pasión de tu dilecto Hijo
Has querido revelarnos tu corazón y donarnos tu misericordia
Haz que, junto a María, suya y nuestra Madre,
Sepamos acoger y custodiar siempre el don del amor.
Ella sea, Madre de la Misericordia,
Quien te presente las plegarias que elevamos por nosotros y por toda la humanidad,
A fin de que la gracia de este Vía Crucis alcance cada corazón humano
Y le infunda nueva esperanza,
La esperanza indefectible que se irradia desde la Cruz de Jesús,
Que vive y reina contigo
En la unidad del Espíritu Santo
Por los siglos de los siglos. Amen.


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Pilato les decía: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero ellos gritaron más fuerte: “¡Crucificadlo!”. Pilato, queriendo satisfacer a la multitud, pone en libertad a Barrabás y después de haber hecho flagelar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado. (Mc. 15: 14-15)
Pilato se encuentra delante de un misterio que no llega a comprender. Busca una solución y llega, tal vez, hasta el umbral de la verdad. Pero elige no abordarla. Entre la vida y la verdad, elige su propia vida. La multitud elige a Barrabás y abandona a Jesús. La multitud quiere la justicia en la tierra y elige al justiciero: aquel que podría liberarlos de la opresión y del yugo de la esclavitud. Pero la justicia de Jesús no se cumple con una revolución: Pasa a través del escándalo de la cruz. La multitud y Pilato, de hecho, están dominados por una sensación interior que es común en todos los hombres: el miedo. El miedo de perder las propias seguridades, el propio bien, la propia vida. Pero Jesús elige otro camino.
De los escritos de Padre Pío:
No daremos nunca un paso en la virtud, si no estudiáramos vivir en una santa e inalterable paz. (Ep. I, 268,607).
Señor Jesús,
¡Cómo nos sentimos parecidos a estos personajes,
Cuánto miedo hay en nuestra vida!
Tenemos miedo a lo diferente,
A lo extranjero, al inmigrante.
Tenemos temor al futuro,
A los imprevistos, a la miseria.
Cuánto miedo en nuestras familias,
En los ambientes de trabajo, en nuestras ciudades…
Y tal vez tenemos miedo también de Dios:
El miedo al juicio divino
Que nace de la poca fe,
Del desconocimiento de su corazón,
De la duda de su misericordia.
Señor Jesús,
Condenado por el miedo de los hombres,
Libéranos del miedo a tu juicio.

Para que la pena de muerte sea abolida en cada país del mundo: Padre Nuestro

II ESTACIÓN: Jesús es cargado con la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo. (Mc. 15:20)
El miedo ha dictado la sentencia, pero no puede revelarse y se esconde detrás de las actitudes del mundo: burla, humillación, violencia y desprecio. Ahora Jesús es vestido con sus ropas, de su sola humanidad, dolorosa y sangrante, sin ningún “púrpura”, ni otro signo de su divinidad. Y como tal, Pilato lo presenta: “¡Ecce homo!” (Jn. 19:5). Esta es la condición de cualquiera que siga la secuela de Cristo. El cristiano no busca el aplauso del mundo o el consenso en las plazas públicas. El cristiano no adula y no dice mentiras para conquistar el poder. El cristiano acepta la burla y la humillación que derivan del amor, de la verdad. “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18:38), le había preguntado Pilato a Jesús. Esta es la pregunta de todo tiempo. Es la pregunta de hoy. Esta es la verdad: la verdad del Hijo del hombre predicho por los Profetas (cfr Is. 52: 13-53, 12), un rostro humano transfigurado que desvela la fidelidad de Dios.
De los escritos de Padre Pío:
Jesús quiere agitarlos, sacudirlos, golpearlos como el grano, a fin de que vuestro espíritu llegue a la limpieza y purificación que El desea. ¿Podría el grano volver a colocarse en el granero si no está limpio de toda cizaña y mala hierba? ¿Puede el lino conservarse en la casa del patrón si antes no se vuelve cándido? Es así también como debe ser el alma elegida. (Ep. II, 4, p. 68).
Señor, has proclamado bienaventurados a los perseguidos por tu Nombre:
          Sostiene y alegra a los cristianos hostigados en el mundo.
Has profetizado a tus enviados la persecución:
          Mantiene la iglesia vigilante y preparada para la prueba.
Has pedido a tus discípulos amar a los enemigos:
         Haz que los que creen en ti oren por sus perseguidores.
Has revelado que la semilla que muere da fruto:
          Ayuda a los perseguidos a aceptar gozosamente morir por ti.
Porque logremos compartir nuestras riquezas con el pobre, el dolor con quien sufre: Ave María

III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
También él ha cargado con nuestros sufrimientos, se ha hecho cargo de nuestros dolores; y nosotros lo juzgábamos castigado, rechazado por Dios y humillado. Maltratado, se dejó humillar y no abrió su boca; era como el cordero conducido al matadero, como la oveja muda ante el que la esquila y no abrió su boca. (Is. 53: 4-7)
Hemos llegado al punto extremo de la encarnación del Verbo. Pero hay un punto todavía más bajo: Jesús cae bajo el peso de esta cruz. ¡Un Dios que cae! En esta caída está Jesús que le da sentido al sufrimiento de los hombres. El sufrimiento para el hombre es a veces un absurdo presagio de muerte. Hay situaciones de sufrimiento que parecieran negar el amor de Dios. ¿Dónde está Dios en los campos de exterminio? ¿Dónde está Dios en las minas y las fábricas donde trabajan como esclavos los niños? ¿Dónde está Dios en las balsas del mar que zozobran en el Mediterráneo? Jesús cae bajo el peso de la cruz, pero no permanece aplastado. Ahí está Cristo. Descarte entre los descartes. Último con los últimos. Naufrago entre los náufragos. Pero aun así Dios es fiel a sí mismo: fiel en el amor.
De los escritos de Padre Pío
¡Oh! Hijita dilectísima de Jesús, si fuera por nosotros, caeríamos siempre y nunca permaneceríamos en pie; y por eso, humíllate en el pensamiento dulcísimo de estar en los divinos brazos de Jesús (Ep. II, lect. 2, p. 63).
Te rogamos, Señor,
Por todas las situaciones de sufrimiento que parecen no tener sentido,
Por los judíos muertos en los campos de exterminio,
Por los cristianos asesinados por el odio a la fe,
Por las víctimas de toda persecución,
Por los niños que son esclavizados en el trabajo,
Por los inocentes que mueren en las guerras.
Haznos entender, Señor,
Cuánta libertad y fuerza interior hay
En esta inédita revelación de tu divinidad,
Tan humana como para caer
Bajo la cruz de los pecados del hombre,
Tan divinamente misericordiosa hasta llegar a derrotar el mal que nos oprimía.
Para que no nos dejemos arrastrar en lógicas de ventajas: Padre Nuestro

IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Simeón lo bendijo y a María, su madre, le dijo: “Este, Él está aquí para la ruina y la resurrección de muchos en Israel y como signo de contradicción – y a ti una espada te traspasará el alma – a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Lc. 2: 34-35, 51).
María es esposa de José y madre de Jesús. Ayer, como hoy, la familia es el corazón palpitante de la sociedad; amor para siempre que salvará al mundo. María es mujer y madre. Genio femenino y ternura. Sabiduría y caridad. María, como madre de todos, “es signo de esperanza para los pueblos que sufren los dolores del parto”, es “la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos en la vida” y, “como una verdadera madre, camina con nosotros, combate con nosotros, e infunde incesantemente la cercanía del amor del Dios” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, p. 286).
Oh, María, Madre del Señor,
Tú fuiste para tu divino Hijo el primer reflejo de la misericordia de su Padre,
Aquella misericordia que en Canaá le pediste que manifestara.
Ahora que tu Hijo te revela el Rostro del Padre
Hasta las consecuencias extremas del amor,
Te quedas, en silencio, sobre sus huellas, primera discípula de la cruz.
Oh, María, Virgen fiel,
Protege a todos los huérfanos de la Tierra,
Protege a todas las mujeres que son objeto de explotación y de violencia.
Suscita mujeres con coraje por el bien de la Iglesia.
Inspira a cada madre a educar los propios hijos en la ternura del Amor de Dios,
Y en la hora de la prueba,
A acompañar su camino con la fuerza silenciosa de la fe.
Para que las familias no sufran más por motivo de la guerra: Ave María

V ESTACIÓN: Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Obligaron a llevar su cruz a uno que pasaba, un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, padre de Alejandro y Rufo. Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota, que significa “lugar del cráneo”. (Mt. 15: 21-22)
El sufrimiento, cuando golpea a nuestra puerta, jamás espera. Aparece siempre como una obligación, a veces hasta como una injusticia. Esta tribulación no deseada, golpea con prepotencia al corazón del hombre. El Cireneo nos ayuda a entrar en la fragilidad del alma humana y pone al descubierto otro aspecto de la humanidad de Jesús. Hasta el Hijo de Dios ha tenido la necesidad de ser ayudado por alguien a llevar la cruz. ¿Quién es, por lo tanto, este Cireneo? Es la misericordia de Dios que se hace presente en la historia de los seres humanos.
De los escritos de Padre Pío
Tienen todas las razones para asustarse si ustedes quieren medir la batalla con vuestras fuerzas, pero saber que Jesús no los deja ni por un instante, debe ser un estado de suma consolación. (Ep. II, 46, p. 305)
Señor Jesús,
Te agradecemos por este don que supera cada expectativa
Y nos revela tu misericordia.
Tú nos has amado no solo hasta el punto de darnos la salvación,
Sino hasta hacernos instrumentos de salvación.
Mientras tu cruz da sentido a cada una de nuestras cruces,
Se nos es dada la gracia suprema de la vida:
Participar activamente en el misterio de la redención,
Ser instrumento de salvación para nuestros hermanos.

Por los misioneros, cireneos en cada parte del mundo: Padre Nuestro



VI ESTACIÓN: La Verónica seca el rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
No tiene forma ni hermosura que atraiga nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado y desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro; tan despreciado, que lo tuvimos por nada. (Is. 53: 2-3)
Tendemos instintivamente a huir del sufrimiento. Cuántos rostros desfigurados por las aflicciones de la vida vienen a nuestro encuentro y demasiado frecuentemente miramos hacia otro lado. ¿Cómo no ver el rostro del Señor en el de millones de prófugos, refugiados y desposeídos que huyen desesperadamente del horror de las guerras, de las persecuciones y de las dictaduras? Por cada uno de ellos, con su rostro irrepetible, Dios se manifiesta siempre como un socorrista valeroso. Como la Verónica, la mujer sin rostro, que secó amorosamente el rostro de Jesús.
De los escritos de Padre Pío
Nosotros cristianos somos doblemente imagen de Dios, por naturaleza, es decir, en cuanto hemos sido dotados de intelecto, de memoria y de voluntad; y por gracia, en cuanto hemos sido santificados por el bautismo, queda impresa en nuestra alma la bellísima imagen de Dios. Sí, mi querida, la gracia santificante imprime tanto así la imagen de Dios en nosotros, que nos volvemos casi un Dios también nosotros por participación; y para servirme de la bellísima expresión de San Pedro: “somos partícipes de la naturaleza divina” (Ep. II, lect. 33, p. 233-234)
“¡Busco tu rostro, Señor!”
Ayúdame a encontrarlo entre los hermanos que recorren
El camino del dolor y la humillación.
Haz que yo sepa secar las lágrimas
Y la sangre de los vencidos de todo tiempo,
De cuantos la sociedad rica
E indiferente descarta sin escrúpulo.
Haz que detrás de cualquier rostro
Aun de aquel del hombre más abandonado,
Yo pueda descubrir tu rostro de belleza infinita.
(cfr. Sal. 27:8)
Para quien obra en bienvenida y asistencia del prójimo: Ave María

VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Él ha sido traspasado por nuestras culpas, aplastado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da salvación ha caído sobre él; por sus llagas hemos sido curados. (Is. 53:2-3)
Jesús cae otra vez. Aplastado pero no muerto por el peso de la cruz. Una vez más Él pone al desnudo su humanidad. Es una experiencia al límite de la impotencia, de vergüenza delante de quien lo escarnece, de humillación delante de quien esperaba en él. Ninguna persona quisiera caer en tierra y experimentar el fracaso. Especialmente delante de otras personas. Con frecuencia los hombres se rebelan con la idea de no tener poder, de no tener la capacidad de llevar adelante su propia vida. Jesús, en cambio, encarna el “poder de los sin poder”. Experimenta el tormento de la cruz y la fuerza salvífica de la fe. Solo Dios puede salvarnos. Solo Él puede transformar un signo de muerte en una cruz gloriosa.
De los escritos de Padre Pío
El alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna debe ser pulida a golpes de martillo y escalpelo, de los cuales se sirve el divino Artista para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son? Hermana mía, estos golpes de escalpelo son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con cierto aroma de desolación y también el malestar físico. (Ep. II, lect. 8, p. 88)
Señor Jesús,
Que has aceptado la humillación
De caer aún bajo los ojos de todos,
Te queremos no solo contemplar
Mientras están en el polvo,
Sino fijar en ti nuestra mirada,
Desde la misma posición, también nosotros en tierra,
Caídos por nuestras debilidades.
Danos la conciencia de nuestro pecado,
La voluntad de levantarnos que nace del dolor.
Dale a toda la Iglesia
La consciencia del sufrimiento.
Ofrece en particular a los ministros de la Reconciliación
El don de las lágrimas por sus pecados.
¿Cómo podrían invocar
Sobre sí o sobre los otros tu misericordia
Si no supieran primero llorar por sus propias culpas?
Por todos los que están viviendo un período de desolación: Padre Nuestro

VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Lo seguía una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellos, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, más bien lloren por ustedes mismas y por sus hijos”. (Lc. 23: 27-28)
Es el Cordero de Dios que habla y que llevando sobre sus espaldas el pecado del mundo, purifica la mirada de estas hijas, ya vueltas hacia Él, pero todavía de un modo imperfecto. “¿Qué debemos hacer?” parece gritar el llanto de estas mujeres delante del Inocente. Y la misma pregunta que la multitud había formulado al Bautista (cfr Lc. 3:10) y que repetirían después los escuchas de Pedro luego de Pentecostés (At. 2:37). La respuesta es simple y neta: “Conviértanse”. Una conversión personal y comunitaria: “Oren los unos por los otros para ser curados” (Sant. 5:16). No hay conversión sin la caridad. Y la caridad es el modo de ser Iglesia.
De los escritos de Padre Pío
Basta que el alma quiera cooperar con la divina gracia, que su belleza pueda alcanzar tal esplendor, tal hermosura, que tal hermosura pueda atraer para sí misma por amor y por estupor, no tanto los ojos de los ángeles sino del mismo Dios, según da testimonio la misma Sagrada Escritura: “El rey, es decir Dios, se ha enamorado de tu decoro”. (Ep. II, lect. 33, p. 227)
Señor Jesús,
Tu gracia sostenga nuestro camino de conversión para volver a ti,
En comunión con nuestros hermanos,
Hacia los cuales te pedimos donarnos tus propias entrañas de misericordia,
Entrañas maternas que nos hagan capaces de sentir ternura y compasión los unos por los otros,
Y de llegar también a darnos a nosotros mismos por la salvación del prójimo.
Por aquellos que en el mundo son perseguidos por causa de la fe: Ave María

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
El, a pesar de ser de tener la condición de Dios, no ostenta el privilegio de ser como Dios, sino que se vació de sí mismo asumiendo una condición de siervo, volviéndose igual a los hombres (Fil. 2: 6-7)
Jesús cae por tercera vez. El Hijo de Dios experimenta hasta el fondo la condición humana. Con esta caída todavía entra más establecido en la historia de la humanidad. Y acompaña, en cada momento, a la humanidad sufriente. “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). Cuantas veces los hombres y las mujeres caen por tierra. Cuantas veces los hombres, las mujeres y los niños sufren por una familia dividida. Cuantas veces los hombres y las mujeres piensan haber pedido la dignidad al no tener más un trabajo. Cuantas veces los jóvenes están obligados a vivir una vida precaria y pierden la esperanza de un futuro. Es por misericordia que Dios se bajó hasta este punto, hasta yacer en el polvo del camino. Polvo bañado por el sudor de Adán y por la sangre de Jesús y de todos los mártires de la historia; polvo bendito por las lágrimas de tantos hermanos caídos por la violencia o por la explotación del hombre sobre el hombre. A este polvo bendito, ultrajado, violado y depredado por el egoísmo humano, el Señor ha reservado su último abrazo.
De los escritos de Padre Pío
Conservemos siempre una voluntad que no busque otra cosa que Dios y su gloria. Si nos esforzamos por llevar adelante esta bella virtud, aquel que se las ha enseñado los enriquecerá siempre de nuevas luces y mayores favores celestes. (Ep. I, 268, 607).
Señor Jesús,
Postrado sobre esta tierra quemante,
Estas cerca de todos los hombres que sufren
E infundes en sus corazones la fuerza para levantarse.
Te ruego, Dios de la misericordia,
Por todos aquellos que están caídos por tierra por tantos motivos:
Pecados personales, matrimonios fracasados, soledad,
Pérdida del trabajo, dramas familiares, angustia por el futuro.
Hazles sentir que Tú no estás distante de cada uno de ellos,
Porque el más cercano a Ti,
Que eres la misericordia encarnada,
Es el hombre que advierte la más grande necesidad del perdón
¡Y continúa a esperar contra toda esperanza!

Porque en las dificultades los jóvenes encuentren consuelo en el Maestro: Padre Nuestro

X ESTACION: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Después lo crucificaron y se repartieron sus vestidos, echando a suertes sobre lo que cada uno tomaría (Mc. 15:24)
Es enorme la distancia que separa al Crucificado de sus verdugos. El interés mezquino por los vestidos no les permite tomar conciencia de aquel cuerpo inerte y despreciado, ridiculizado y martirizado, en el cual se cumple la divina voluntad de salvación de la humanidad entera. Aquel cuerpo que el Padre ha “preparado” para el Hijo (cfr. Sal 40,7; Heb. 10, 5) ahora expresa el amor del Hijo hacia el padre y la entrega total de Jesús a los hombres. Aquel cuerpo despojado de todo excepto del amor que encierra en sí el inmenso dolor de la humanidad y relata todas sus llagas. Sobre todo las más dolorosas: las llagas de los niños profanados en su intimidad. Aquel cuerpo mudo y sangrante, flagelado y humillado, indica el camino de la justicia. La justicia de Dios que trasforma el sufrimiento más atroz en la luz de la resurrección.
Señor Jesús,
Quisiera presentarte a toda la humanidad sufriente.
Los cuerpos de hombres y mujeres, de niños y ancianos,
De enfermos y discapacitados no respetados en su dignidad.
Cuanta violencia a lo largo de la historia de esta humanidad ha golpeado lo que el hombre tiene por encima de él,
Todo lo sagrado y bendito porque viene de Dios.
Te rogamos, Señor,
Por quien ha sido violado en su intimidad.
Por quien no toma el misterio del propio cuerpo,
Por quien no acepta  o desfigura la belleza,
Por quien no respeta la debilidad y la sacralidad del cuerpo que envejece y muere.
¡Y que un día resurgirá!

Por todos los niños: Ave María

XI ESTACION: Jesús es crucificado

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Uno de los malhechores clavados en la cruz lo insultaba: “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”. El otro, en cambio, lo reprendía diciendo: “¿No tienes ningún temor de Dios, tú que has sido condenado a la misma pena? Nosotros, justamente, porque recibimos lo que hemos merecido por nuestras acciones; el en cambio no ha hecho ningún mal”. Y dijo: “Señor, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. El responde: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lc. 23: 39,43)
A la derecha y a la izquierda de Jesús hay dos malhechores, probablemente dos homicidas. Esos dos malhechores hablan al corazón de cada hombre porque indican dos modos diferentes de estar en la cruz: el primero maldice a Dios; el segundo reconoce a Dios sobre esa cruz. El primer malhechor propone la solución más cómoda para todos. Propone una salvación humana y tiene una mirada dirigida hacia lo bajo. La salvación para el significa escapar de la cruz y eliminar el sufrimiento. El segundo malhechor, en cambio, propone una salvación divina y tiene una mirada dirigida hacia el cielo. La salvación para el significa aceptar la voluntad de Dios también en las peores condiciones. Es el triunfo del amor y del perdón.
De los escritos de Padre Pío
Eleven siempre vuestra cruz al cielo, también en aquel momento en el cual la desolación asalta vuestro espíritu: griten fuerte con el pacientísimo Job, el cual puesto por el Señor en el estado en el cual ustedes están en el presente, gritaba al Señor: “También si tú me matas, oh Señor, en ti esperaré”. (Ep. II, lect. 55, p. 361)
Dame, oh, Crucificado por amor,
Tu perdón que olvida
Y tu misericordia que recrea.
Hazme experimentar, en cada Confesión,
La gracia que me ha creado a tu imagen y semejanza
Y que me recrea cada vez que pongo mi vida,
Con todas sus miserias,
En las manos piadosas del Padre.
Que tu perdón resuene para mí como certeza del amor que me salva,
Me hace nuevo y me permite estar contigo para siempre.
Entonces yo seré de verdad un malhechor agraciado
Y cada perdón tuyo será como probar el Paraíso, desde hoy.

Por los enfermos, especialmente los terminales, de todo el mundo: Padre Nuestro

XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Cuando fue mediodía, se hizo oscuro sobre toda la tierra hasta las tres de la tarde. A las tres Jesús gritó fuerte: “Eloí, Eloí, ¿lemá sabactáni?”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Oyendo esto, algunos de los presentes decían: “¡A Elías llama!”. Uno corre a empapar de vinagre una esponja, la fijó en una caña y le daba de beber, diciendo: “Esperen, veamos si viene Elías a salvarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del tempo se rajó en dos, de arriba abajo. El centurión, que se encontraba frente a él, habiéndolo visto expirar de ese modo, dijo: “¡En verdad este hombre era el Hijo de Dios!”. (Mc. 15: 33-39).
Jesús se dirige al Padre gritando las primeras palabras del salmo 22. El grito de Jesús es el grito de cada crucificado de la historia, del abandonado, del humillado, del mártir y del profeta, de quien es calumniado e injustamente condenado, de quien está en el exilio o la cárcel. Es el grito de la desesperación humana que desemboca en la victoria de la fe que transforma la muerte en la vida eterna. “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea” (Sal. 22,23). Jesús muere en la cruz. ¿Es la muerte de Dios? No, es la celebración más elevada del testimonio de la fe.
De los escritos de Padre Pio

Señor Dios del corazón, tu solo conoces y lees a fondo mis penas,
Tú solo conoces que todas mis angustias provienen del temor a perderte, a ofenderte,
Del temor que tengo de no amarte cuanto mereces, cuanto deseo y debo;
Para ti que todo es presente y que solo lees en el futuro
Si conoces la forma en que yo pueda ser mejor para tu gloria y para mi salud
Que esté yo en ese estado, no deseo ser liberado de él;
Dame la fuerza para que yo combata y obtenga el premio de las almas fuertes (Ep. II, lect. 57, p. 370)

Por todos aquellos que en el mundo mueren solos y abandonados: Ave María

XIII ESTACIÓN: Jesús es depuesto de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Llegada ya la tarde, ya que era la Pascua, es decir, la vigilia del sábado, José de Arimatea, miembro autorizado del Sanedrín, que esperaba también el, el Reino de Dios, con coraje fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. El entonces, comprada la sábana, lo bajó de la cruz (Mc. 15: 12-43, 46)
José de Arimatea recibe a Jesús  aun antes de haber visto su gloria. Lo recibe de abatido. De malhechor. De rechazado. Pide el cuerpo de Jesús por no permitir que sea arrojado en una fosa común. José arriesga su reputación y tal vez, como Tobías, también su vida (cfr. Tb 1: 15-20). Pero el coraje de José no es audacia de héroe de batalla. El coraje de José es la fuerza de la fe. Una fe que se vuelve acogida, gratuidad y amor. En una palabra: caridad.
Bendito el hombre que no sigue el consejo de los malvados,
No persiste en el camino de los pecadores
Y no se sienta en compañía de los impíos;
Sino que se complace en la ley del Señor,
Su ley medita día y noche.
Será como árbol plantado al borde de los cursos de agua,
Que dará fruto a su tiempo
Y sus hojas no se marchitarán nunca;
Hará bien todas sus obras.
(Sal. 1, 1-3)

Por aquellos que han muerto a causa de la violencia o de la guerra: Padre Nuestro

XIV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
José tomó el cuerpo [de Jesús], lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en el sepulcro nuevo, que se había hecho excavar en la roca; Después hizo rodar una gran piedra a la entrada el sepulcro, y se fue. (Mt. 27: 59-60)
Mientras José cierra el sepulcro de Jesús, El desciende a los infiernos y abre las puertas. Lo que la Iglesia Occidental llama “descenso a los infiernos”, la Iglesia Oriental lo celebra como Anastasi, es decir, “Resurrección”. Las Iglesias hermanas comunican así al hombre la plena Verdad de este único Misterio: “Yo abro vuestros sepulcros, los hago salir de sus tumbas, o pueblo mío. Haré entrar en ustedes mi espíritu y revivirán” (Ex. 37: 12-14). Tu Iglesia, Señor, cada mañana canta: “Gracias a la ternura y misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que surge de lo alto, para resplandecer sobre los que están en las tinieblas y en las sombras de la muerte” (Lc. 1: 78-79). El hombre, deslumbrado de luces que tienen el color de las tinieblas, empujado por las fuerzas del mal, ha rodado una gran piedar y te ha cerrado en el sepulcro. Pero nosotros sabemos que tu, Dios humilde, en el silencio en el cual nuestra libertad te ha puesto, estás en la obra más que nunca para generar nueva gracia en el hombre que amas. Entra, pues, en nuestros sepulcros: revive la chispa de tu amor en el corazón de cada hombre, en el seno de cada familia, en el camino de cada pueblo.
¡Oh, Cristo Jesús!
Todos caminamos hacia nuestra muerte
Y nuestra tumba.
Permítenos quedarnos en espíritu
Al lado de tu sepulcro.
Que la potencia de Vida
Que en esto se manifiesta,
Traspase nuestros corazones.
Que esta Vida se transforme
En luz de nuestro peregrinar sobre la tierra. Amen.
(San Juan Pablo II)

Para aquellos que en el mundo mueren en la desesperación: Ave María

Oh, Señor
Al término del camino del Vía Crucis,
No nos dejes.
También si volvemos a nuestras actividades,
Te quedas dentro de nosotros, habitándonos y haciendo de nosotros tu casa.
Nos hemos dejado mirar por tus ojos moribundos,
Mientras contemplábamos tu corazón traspasado.
Por esto te agradecemos.
Porque en la oscuridad de tu pasión has hecho surgir el amanecer de la esperanza;
En el abandono y la soledad de los hombres de todo el mundo
Has revelado tu infinito amor por nosotros.
Concédenos poder ser hombres alegres y mujeres pascuales,
En los días luminosos como en los oscuros,
En el camino hacia tu Reino.
(G. Ransenigo)