Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

"Padre Pio: encontrar sentido a nuestra cruz" por el Padre Javier Soteras*


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Primera Carta de San Pablo a los Corintios 1, 18-24

18 El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?21 En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
22 Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
23 nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos,
24 pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.


Como base para la catequesis de hoy voy a tomar la homilía de Juan Pablo II de canonización de San Pío de Pietrelcina. Siguiendo la vida de éste santo contemporaneo a nosotros, Juan Pablo II que recibió proféticamente según atestigua la historia cuando era sacerdote por el Padre Pío la mirada sobre su pontificado decía en un primer punto de aquella homilía citando el texto de Mateo 11,30 mi yugo es suave y mi carga ligera. Estas Palabras de Jesús a los discípulos nos ayudan a comprender el mensaje más importante de la vida del Padre Pio. Podemos de hecho considerarlas en un cierto sentido como una síntesis de toda la existencia del Padre Pío.

El peso de la cruz no fue en el sin sentido. El peso de la cruz tuvo el sentido propio que tienen los que son capaces de asociar su dolor al misterio de Cristo crucificado y descubren que todo sufrimiento en Cristo lejos de ser estéril se transforma en una fuente de vida y en éste sentido el yugo se hace suave y liviano en cuanto en que se coparticipa en el momento mismo de la recreación de la humanidad con asociar a los dolores que les falta al misterio pascual de Jesús los propios dolores y entonces en relación de amistad con el Señor podemos sentirnos copartícipes con El de la tarea de la redención. La imagen evangélica del yugo evoca las muchas pruebas por las que el Padre Pío tuvo que pasar.

Hoy contemplamos en el lo dulce de esas pruebas. De las pruebas de Cristo en su vida y como fue de ligera esa carga cuando nosotros descubrimos en El y sentimos la llamada de llevarla con amor y fidelidad. La vida y la misión del Padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores si se aceptan por amor se transforman en un camino privilegiado de plenitud. Si uno lee las Bienaventuranzas descubre en ese decálogo de plenitud como es posible en el gozo y la felicidad en medio de un hecho real de que debemos hacernos cargo, la vida del hombre está marcada por el dolor. Felicidad y dolor son posibles desde la perspectiva de las Bienaventuranzas: felices los que lloran,los perseguidos, los injuriados, los que trabajan por la paz y luchan por tener limpio el corazón. Todos esos modos de vivir suponen entrega, sacrificio, dolor, cruz, sin embargo en medio de ella es posible el gozo y la felicidad. Hay plenitud de vida en el espíritu cuando nosotros entregamos en la vida del Espíritu lo que más nos pesa y duele, lo que más marcó por el signo del dolor nuestra vida por eso hoy queremos compartir nuestras cruces y especialmente aquellas en las que no pudimos terminar de reconciliarnos con el sufrimiento y el dolor para que en éste día de Gracia que supone la celebración del Padre Pío recibamos el don de saber asumir con grandeza lo que tendió a aplastar nuestra vida y descubrir que allí donde estaba un tropiezo  en realidad lo que había era una piedra desde donde comenzar a ponernos de pie desde otro lugar frente a lo que hasta ahí no tenia sentido, el dolor y la muerte

En cuanto a mi, dice Gálatas 6,14, y desde ese lugar también entendemos no solamente la perspectiva de Pablo sino la del Padre Pío, Dios me libre de gloriarme sino es en la cruz de Cristo
La gloria de la cruz es la que más resplandece en el Padre Pío de Pietrelcina. Es actual la espiritualidad de la cruz vivida por el Padre Pío. Nuestro tiempo, decía Juan Pablo II, necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia el Padre Pío busco siempre una mayor conformidad con el Crucificado teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera particular con la obra de la redención. Aquello que Pablo dice: completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo Jesús el Padre Pío lo vivió en plenitud. Sin ésta referencia constante a la cruz no se puede comprender la vida de éste santo, ni la vida de cualquier cristiano. En el plan de Dios la cruz constituye el autentico instrumento a través    del cual nos llega la Gracia de la plenitud para toda la humanidad. El camino explícitamente propuesto por el Señor para los que invita a seguirlo: quien quiera seguirme,dice Jesús, que cargue con su cruz. Lo comprendió muy bien, decía Juan Pablo II, el santo fraile de Gárgano quien en la fiesta de la Asunción en 1914 escribía: para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino jefe quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que El siguió, el de la abnegación, el de la cruz.

En el libro de Jeremías capítulo 9 verso 23 Dios dice por boca del profeta: yo soy el Señor actúa con misericordia. El misterio de la cruz en la vida de Cristo y en los que se asocian a Jesús en la Pascua suya termina por traducirse en gestos de amor y de misericordia. El Padre Pío ha sido en éste sentido por su misterio de estar asociado a la Pascua de Cristo en la cruz un generoso servidor de la misericordia ofreciendo su disponibilidad a todos tanto en las obras de caridad como en el hospital creado para los que la guerra iba dejar maltrechos cuanto en el ministerio del sacramento de la reconciliación sobre todo ha sido en el confesionario donde aparecen estos rasgos característicos de su apostolado. Atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Era rustico como un buen trabajador de la madera, un evanista, así ha obrado el Padre Pío en muchos corazones con la laboriosidad propia del que le quita a la madera todo lo desparejo. Había en la vida del Padre Pío mucha dureza, mucha firmeza y al mismo tiempo mucha dulzura mezclada en ese rostro a veces tosco, duro con el que trataba al que se acercaba a el para recibir por parte del Padre la reconciliación y misericordia.

El Señor es mi único bien. Pareciera que fuera ésta la razón de sostén de la vida del Padre Pío en su servicio apostólico tan entregado y sacrificado, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual se encuentra en ésta intima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas que pasaba en oración. Le gustaba repetir:yo soy un pobre fraile que reza. Rezaba cinco veces el rosario completo: misterios de gozo, dolor y gloria. Siempre estaba con el rosario en la mano y el escribiendo acerca de como era en su diario el proceso de oración suya. Cuatro horas de contemplación del misterio pasaba frente al Santísimo en adoración. También cuenta el que cuando confesaba y podía ver cerca al Santísimo Sacramento reservado tenía una profunda comunión cuando confesaba con ese misterio de Jesús puesto allí para ser adorado y contemplado. Decía el Padre Pío respecto de la oración: la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios y el corazón de los hombres. Esta característica de su ministerio, de su vida espiritual es propia  en los grupos de oración del padre Pío, los que el fundó y le ofrecen a la Iglesia, como decía Juan Pablo II,y a la sociedad una formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad marcada por la caridad de la que es expresión extraordinaria la Casa de alivio para los que sufren. Oración, caridad es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío que hoy vuelve a proponerse a todos

   Padre Javier Soteras
* Director de Radio María, Argentina

"Padre Pio y la MIsericordia " , por el Padre Gustavo Seivane *


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El Santo Padre Pío, frecuentando intensamente a Cristo, entró en sus entrañas de Misericordia. Se hizo uno con el Señor, y  así, mostró su Rostro compasivo.

Sabemos cómo ejerció fielmente el ministerio de la Reconciliación sanando las heridas de las almas, auxiliando con piedad a tantos, restituyendo las fuerzas de los penitentes, y velando por los débiles con abnegada paternidad.

El Padre Pío dejó entre muchos tesoros espirituales, el legado de aliviar el sufrimiento. El magno Hospital  que promovió con oración y esfuerzo, sigue allí, en la tierra donde se santificó. Y sigue como signo de su grande corazón. Corazón compasivo y misericordioso. Cobijador de los dolientes, los pecadores, los enfermos, y los necesitados, en sentido amplio y nunca excluyente.
Si nos conservamos en la Misericordia según Jesucristo, habrá Misericordia para nosotros en el último día, ya que seremos medidos con la medida con que midamos a los demás. Y también, conservándonos misericordiosos, caminamos sanando heridas propias y ajenas. Nos volvemos sembradores de perdón.

Gran peso nos quitamos cuando dejamos de vestirnos con la toga de los jueces. Y venimos a convertirnos en discípulos que procuran la perfección en el seguimiento de Cristo, cuando nos ejercitamos en la misericordia: “Sean perfectos como el Padre”, leemos en San Mateo. Pero esto mismo parece aclarase en el Evangelio de San Lucas: “Sean misericordiosos como el Padre Celestial es misericordioso”.

Misericordia como acogida compasiva del sufriente, y como piedad con el arrepentido. Amplia significación. Un corazón  capaz de latir con el de Jesús. De compadecerse del pobre y el extranjero, y de esperar amorosamente al alejado, como el padre de la parábola.

En este año Jubilar que nos ofrece vivir la Iglesia con la feliz determinación del Papa Francisco, tenemos la ocasión magnífica de redescubrir el Rostro misericordioso de Dios.
Leemos en la carta a los Hebreos: “...debió hacerse semejante  en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso, y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo”.

Así, en Jesucristo tenemos el ejemplo. Con él aprendemos tanto a hacernos prójimos y levantar al herido del camino, como a compadecernos del que nos ha ofendido.
Los bendigo deseándoles una santa Pascua de Resurrección.

* El Padre Gustavo Seivane es asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Argentina, designado por la Conferencia Episcopal.

Exhortaciòn "La Misericordia" por Fr. Luis Arrom*, Franciscano Capuchino


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La Misericordia de Dios, es uno de los nombres del amor de Dios, el amor tiene muchos matices y muchas dimensiones, una es la Misericordia, que sería el atributo del amor de Dios, que más nos atañe a nosotros.  Misericordia,  en latín significa, tener el corazón hacía la miseria, por tanto, cuando amas a alguien con misericordia, amas a alguien desvalido,  pobre, miserable, en ese sentido, podríamos pensar,  que no siempre amamos con misericordia; podemos amar,  con amor de profunda admiración, o con amor de mutua complacencia. Cuando nosotros amamos a Dios, y nos alegramos, de que Él, sea infinitamente grande y bueno, no lo amamos con misericordia, sino que lo amamos con admiración, con espíritu de alabanza.

La palabra Misericordia,  con este significado, aparece mucho en las Sagradas escrituras, es una  traducción latina de vocablos hebreos, que expresan esta noción de misericordia, pero con matices, con una riqueza que nosotros no podemos percibir en una traducción normal de la Biblia. La Misericordia, en muchas ocasiones es sinónimo en la Biblia, de entrañas de madre, incluso designa el útero de una madre, cuando un hebreo escucha esta palabra, ya sabe que se está hablando del amor que una madre tiene por su niño,  que ha tenido en su vientre y que ha dado a luz.

La Misericordia, la traducimos también por expresiones hebreas que significan, el amor fiel, el amor que siempre está a tu lado. De hecho la Virgen María, expresa como Madre ese tipo de amor, la Virgen está junto a su Hijo en la Cruz, es un amor fiel, y evidentemente es un amor de Madre.

Es muy bonito, que el pueblo de Israel, invocará este amor de Dios, este amor materno, que nosotros traducimos como Misericordia. El amor materno, es un amor que ama, mucho más de lo que es amado a menudo, es un amor que ama porque ama, cuando amas a tu hijo, sobre todo cuando no se porta bien, es un amor a fondo perdido, lo quieres porque es tu hijo, no porque haga algo por tí, incluso puede ser al contrario, pero no puedes no quererlo, porque  es tu hijo.

Así la Biblia, nos quiere presentar el amor de Dios, por eso no es cierto, eso que muchas veces se dice, de que el Dios del Antiguo Testamento, es el Dios de la severidad, y el Dios del Nuevo, es el Dios de la Misericordia; es verdad que Jesucristo remarca de una manera muy fuerte, la Misericordia de Dios, pero ni en Jesús, está ausente la justicia, ni la Misericordia, está ausente en el Antiguo Testamento, ni mucho menos. Alguna de las expresiones más conmovedoras de esta ternura de Dios, están en  las páginas del Antiguo Testamento. Hay aquel texto del profeta  Isaías,  que dice ¿ puede una madre olvidarse del fruto de su vientre...? pues aunque eso pasara, yo no te olvidaría, es el capítulo 29, del profeta Isaías, versículo catorce, también en el profeta Oseas, el Señor se expresa con esa ternura, y dice. “... Cuando Israel era pequeño, yo le enseñaba a caminar, lo cogía entre mis brazos, apoyaba mi mejilla contra la suya...”;  son una serie de expresiones en las que Dios, expresa una fuerte ternura por su pueblo de Israel, incluso en una ocasión le dice a su pueblo Israel: “ ¿ Cómo te voy a castigar si se me remueven las entrañas...?” . Es una madre que sufre por su hijo, que se ve obligada a reprenderlo a castigarlo, por su  bien, para que vuelva con Él, para que vuelva a vivir de una manera prudente, para que no se auto destruya, pero en el fondo, en todas esas reprensiones que hace Dios a su pueblo, hay un amor entrañable, de Madre.

El  Dios, que aparece en las páginas de la Biblia, no es un Dios pagano, que desea que los hombres le sirvan con sacrificios, que le den culto, le honren, simplemente porque tiene un ego enorme, infinito. El Dios del Antiguo Testamento da unas reglas a su pueblo, para que viva de manera prudente y feliz, para que viva de una manera auténticamente humana,  para que viva como un hijo suyo; y si el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de Israel, manifiesta dolor, enojo, decepción, son sentimientos humanos, que quieren decir que el Dios de la Biblia,  no es un Dios insensible, sino que es un Dios, que nos ama profundamente, como una madre, que no soporta que su hijo se auto destruya, y que ya no sabe qué hacer, para que su hijo reaccione. Sería  inacabable, citar todos los textos del Antiguo Testamento, que hablan de la Misericordia de Dios; cuando Dios se revela a Moisés, en el Sinaí, le dice:
” Lento en la colera, rico en misericordia...¨

También  hay Salmos que nos hablan de una manera muy especial de la Misericordia de Dios, el Salmo 136, es una letanía a la Misericordia de Dios, va citando,  lo que Dios ha hecho por la creación: “ Al que hizo el sol, la luna, las estrellas, alabadlo, porque es eterna su misericordia...” luego va citando lo que hizo Dios por el pueblo de Israel, : “ Lo liberó de la esclavitud...” y va repitiendo a modo de letanía: “ ...porque es eterna su Misericordia”. Por tanto Dios, ya se revela desde el inicio, como el Dios de la Misericordia,  el Dios, que tiene entrañas, que tiene piedad, que ama a aquel que muchas veces no le es fiel, que ha caído en la miseria del pecado, pero le ama.

Esta Misericordia de Dios, no es solamente una Misericordia perdonadora, sino que es una Misericordia, vivificadora, comunica la vida, salvadora,  Dios perdona, pero Dios, también comunica la fuerza para vivir de una manera buena, justa. Dios te transforma.

En la vida de Jesús, aparece constantemente la Misericordia de Dios, constantemente,  Jesús cura  enfermos, y libera poseídos, movido por su Misericordia. Jesús, vive encuentros personales, con la gente movido por sus Misericordia, Jesús acoge a los pecadores movido por la Misericordia. Las páginas del Evangelio, están llenas de esta Misericordia de Jesús. Me viene ahora a la memoria, como antes de la multiplicación de los panes, Jesús vio aquella multitud,  y sintió, nos dice el evangelista San Mateo, que se le removieron las entrañas, le dio pena, aquella gente, porque las encontraba como ovejas sin pastor.  Dice a sus apóstoles: “  siento compasión de esta  gente. Dadles de comer. “

Cuando cura a los enfermos, cuando Jesús, se encuentra con aquel leproso que le dice: “ Señor Jesús, si quieres me puedes limpiar...”, nos dice el evangelista: “ Compadecido, lleno de misericordia, Jesús lo tocó, y le  dice.” ...si quiero, y se limpió”.  También, hay milagros que Jesús, los obró, movido por la Misericordia, por la compasión, por ejemplo, la multiplicación de los panes y de los peces, lo hizo por compasión, nadie se lo pidió; otro la resurrección del hijo de Naín, nadie le dijo que hiciera nada por aquel chico, pero cuando Jesús vio el féretro,  y el cortejo fúnebre y a la madre viuda, llorando a su único hijo, nos dice San  Lucas, que Jesús se sintió conmovido, y lo resucita, y no se lo piden.

Jesús actúa, movido por compasión. También la Misericordia de Jesús, puede actuar gracias a la fe, le decía Jesús a Santa Faustina, que la manera que tenemos de acceder a la Misericordia de Jesús es la confianza y la misericordia, que nosotros tengamos con nuestro prójimo, esto aparece constantemente en las páginas del Evangelio, gracias a la fe, y a la Misericordia del Padre, Jesús puede curar, resucitar, liberar, pero necesita esta fe. Cuando Jesús cura, muchas veces no se limita sólo a curar al enfermo, Jesús,  desea un encuentro con esa persona que ha curado, y ese encuentro siempre transparenta una gran Misericordia; por ejemplo,  cuando Jesús cura a aquella mujer que perdía sangre,  que le toca el manto, y queda curada,  Jesús busca a la mujer: “ ¿ Quién me ha tocado...? “, porque quiere hablar con ella, quiere verla, y Jesús, le dice: “ Hija, ten confianza, tu fe es grande, tu fe te ha salvado”.

Leí, hace poco un libro, que examinaba los evangelios, traducidos a la lengua siríaca, una lengua muy parecida a la que habló Jesús. Los Evangelios, fueron escritos en griego, pero los cristianos de Siria, los tradujeron a su lengua, parecida a la que hablaba Jesús, y este autor dice, que en este momento, Jesús utiliza unas palabras de gran ternura con esta mujer, alaba su confianza, y no la llama hija, la llama con un apodo cariñoso, la llama pequeñita,  bonita... Jesús era alguien lleno de ternura, con los pobres, con los pequeños,  igual que  cuando resucita a la hija de Jairo, y le dice : “ Corderito levántate...”; Jesús era alguien lleno de ternura, de compasión, hacía lo pequeño, hacia lo frágil.

Aparece de una manera eminente, la Misericordia de Jesús, con los pecadores.  Una Misericordia, llena de  delicadeza, por ejemplo, cuando Jesús, se invita a casa de Zaqueo, Jesús, no le dice a  Zaqueo,. “ Mira Zaqueo, se que eres un estafador, pero Dios te perdona, Dios te quiere...”, no se lo  dice, simplemente se auto invita a su casa, y este auto invitarse sirve para Zaqueo, que se pregunta, cómo es posible que este hombre santo, quiera dormir bajo mi mismo techo, cómo es posible, que no tenga miedo a contaminarse, que no tenga miedo a las críticas que le van a hacer. Se sintió tan querido por Jesús, que este  hombre cambió, y dijo: “ Mira a partir de ahora, voy a dar la mitad de mis bienes, a los pobres, y  evidentemente a devolver lo que he estafado”,  esto es lo que  hace la Misericordia de Jesús.

También, recordáis aquel episodio de aquella mujer pecadora que mojaba los pies de Jesús, con sus lágrimas, los ungía con perfumes, y los llenaba de besos, aquella mujer, se ha  sentido tan amada, tan respetada por Jesús, que no sabe como agradecérselo, nadie la había tratado de esa manera, es una Misericordia, que no la humilla, que le abre las puertas a la vida, por eso la  Misericordia de Dios, es una atributo divino, la Misericordia, es fuente de vida, y la falta de Misericordia, es fuente de muerte,  la Misericordia, le permite a esa mujer, ser una mujer nueva, pura,  santa.

La Misericordia, Jesús la manifestó muchas veces comiendo con pecadores, cobradores de impuestos, y gente de mala reputación, pero hay una cosa, muy interesante, porque San Lucas, nos dice que en una ocasión, en que Jesús comía con esta gente,  y le criticaban,  Jesús justifica su conducta, explicándonos cómo es Dios. Jesús nos dice: “ Si Dios es así, no os ha de sorprender que yo actúe así”, de esta manera Jesús, nos está diciendo, que sus manera de actuar, es la manera de actuar propia de Dios, nunca hemos de  pensar que Jesús, es de una manera y Dios de otra, eso es absurdo. Jesús es la imagen  humana de nuestro Padre del Cielo, quien ve a Jesús ve al Padre.

La Misericordia, de Jesús, es la Misericordia del Padre, por eso Jesús, nos contará la parábola del hijo pródigo, que nos  habla de una manera muy elocuente de la Misericordia del Padre. El Padre recibe a su hijo, con una amor sin condiciones, su hijo se ha portado muy mal con él, conocemos de sobra la parábola,  le ha pedido la herencia antes de que se muera, la ha malgastado,  tendría mucha razón el padre, si dijera: “ Mira hijo yo te perdono, pero  me tienes que devolver lo que te di, vas a trabajar,  unos  cuantos años y me lo devuelves”; pero el padre no hace eso, le recibe, le besa, no le deja acabar sus excusas, su hijo quiere darle una larga explicación, y él no le deja, sólo le abraza y lo besa, y le prepara un gran banquete, le da ropa nueva. Ese hijo resucita de verdad. Dios no le reclama ninguna deuda.


         Nos  cuesta mucho a nosotros entender eso, porque no somos así,  y sin embargo  Jesús nos va a pedir que seamos así, en el sermón de la montaña, por ejemplo, Jesús el atributo divino que más  subraya es la Misericordia, porque cuando Jesús , dice: “ Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto...” la perfección que Jesús nos pide que imitemos, es la Misericordia, porque Jesús dirá: “ Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, tratad bien a los que os tratan mal...” y nos dirá la razón: “ Porque así es vuestro Padre que está en los cielos...” y Jesús descubre la Misericordia de su Padre a través de la  Creación, dirá: ” Mirad, si vuestro Padre hace salir el sol, sobre buenos y malos, y envía la lluvia sobre los pecadores y los justos. Su Amor no tiene límites, sed igual que Él”.

¿ Por qué el Padre es la fuente de Misericordia..? Porqué es la fuente de la vida, si nos fijamos el rencor y el resentimiento, son fruto de nuestra naturaleza caída, y de nuestra naturaleza animal,  tenemos miedo de que nos vuelvan a hacer daño, tenemos la necesidad de agredir a quien nos ha agredido, pero hacer el bien a quien me hace el mal, hacer el bien, a quien no me gusta, eso implica  una vida, una fuerza interior, que es divina, y Dios tiene esa plenitud, Dios, sólo puede dar vida, porque es pura bondad, es pura vida, es pura luz, Jesús querría que nosotros nos pareciéramos a nuestro Padre Celestial, que sintonizáramos con esa fuente de vida, con nuestro  Creador, por eso nos pide imitar este atributo divino, que es el atributo divino de la Misericordia.

Jesús, morirá practicando esta misma Misericordia, que nos enseña.  por eso, cuando  Jesús, está clavado en la Cruz, dirá: “ Padre Perdónales, porque no saben lo que hacen...”, Jesús pide al Padre Perdón, por los enemigos, incluso los excusa: “ ...no saben lo que hacen, no saben que matan al Mesías, perdónales, dales una nueva oportunidad”.

Es tan misericordioso Jesús, que incluso pide perdón por sus asesinos, porque “ no saben lo que hacen...”

* Fr. Luis Arrom acompña los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Palma de Mallorca , España.
   Damos gracias por su vida y pedimos una oraciòn por èl

Mes de Abril


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1  ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes (Epist.III, p.423).

2  Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar (CE, 33).

3  ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra (CS, n.15, p.74s.).

4  Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones (Epist.III, p.584).

5  Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas (Epist.III, p.632s.).

6  No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro! (Epist.III, p.570).

7  Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud (CE, 34).

8  Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.
Hasta ahora tu virtud ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien (Epist.III, p.626).

9  Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo. Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.
Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma (Epist.III, p.422s.).

10  A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien. No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta. Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios. Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”. Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos (Epist.III, p.414).

11  Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante (Epist.III, p.414).

12  Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.
¡Animo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús! (Epist.III, p.410).

13  Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante! (Epist.III, p.397).

14  Comprendo que las tentaciones más que purificar el espíritu parece que lo manchan; pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos; y a este propósito, os baste saber lo que, entre otros, dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que, extendido sobre la tela, parece que la ensucia cuando en realidad la limpia (Epist.II, p.68s.).

15  Vuelvo a inculcaros una vez más la confianza; nada puede temer el alma que confía en su Señor y que pone en él su esperanza. Aunque el enemigo de nuestra salvación esté siempre rondándonos para arrancarnos de nuestro corazón el ancla que debe conducirnos a la salvación, quiero afirmar la confianza en Dios nuestro Padre: agarremos con fuerza esta ancla y no permitamos nunca que nos abandone ni un solo instante; de otro modo todo estaría perdido (Epist.II, p.394).

16  Oh, ¡qué felicidad en las luchas del espíritu! Basta querer saber combatir siempre, para salir vencedor con toda seguridad (ASN, 43).

17  Estáte atenta para no desanimarte nunca al verte rodeada de debilidades espirituales.
Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte, sino sólo para afianzarte en la humildad y hacerte más atenta en el futuro (ASN, 42).

18  Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu.
Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz (Epist.III, p.579).

19  La confesión, que es la purificación del alma, hay que hacerla a más tardar cada ocho días; yo no me puedo resignar a tener a las almas más de ocho días alejadas de la confesión (AP).

20  El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad; no existen puertas secretas.
Nada es pecado si no ha sido cometido por la voluntad. Cuando no entra en juego la voluntad, no se da el pecado, sino la debilidad humana (AdFP, 549).

21  El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará (AdFP, 562).

22  No abandonéis vuestra alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, pues la alegría del corazón es la vida del alma y un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no es útil para nada  (OP).

23  Nuestro enemigo, provocador de nuestros males, se hace fuerte con los débiles; pero con aquél que le hace frente con valentía resulta un cobarde (Epist.II, p.77).

24  Si conseguimos vencer la tentación, ésta produce el efecto que la lejía en la ropa sucia (AdFA, 158).

25  Sufriría mil veces la muerte antes que ofender al Señor deliberadamente (Epist.I, p.817).

26  No se debe volver ni con el pensamiento ni en la confesión a los pecados ya acusados en confesiones anteriores. Por nuestra contrición Jesús los ha perdonado en el tribunal de la penitencia. Allí él se ha encontrado ante nosotros como un acreedor de frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad ha rasgado, ha destruido, las letras de cambio firmadas por nosotros al pecar, y que no habríamos podido pagar sin la ayuda de su clemencia divina. Volver sobre aquellas culpas, querer exhumarlas de nuevo con el solo fin de obtener una vez más el perdón, sólo por la duda de que no hayan sido verdaderamente y generosamente perdonadas, ¿no habría que considerarlo como un acto de desconfianza hacia la bondad de la que había dado prueba al destruir él mismo todo título de la deuda que contrajimos al pecar? Vuelve, si esto puede ser motivo de consuelo para nuestras almas, vuelve tu pensamiento a las ofensas infligidas a la justicia, a la sabiduría, a la infinita misericordia de Dios, pero sólo para derramar sobre ellas las lágrimas redentoras del arrepentimiento y del amor  (GF,169).

27  En el alboroto de las pasiones y de las situaciones difíciles nos sostenga en pie la grata esperanza de su inagotable misericordia. Corramos confiadamente al tribunal de la penitencia donde él con anhelo de padre nos espera en todo momento; y aún sabiendo que somos insolventes, no dudemos del perdón que se pronuncia solemnemente sobre nuestros errores. ¡Pongamos sobre ellos, como la ha puesto el Señor, una piedra sepulcral!... (GF, 171).

28  Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la obscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma: que vislumbra, entiende, ama y tiembla.
¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis en la cima del Sinaí (GE, 174).

29  Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios (Epist.IV, p.418).

30  Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son señales de su divina predilección y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras fueron las tempestades (CE, 27).


Mes de Marzo


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1  Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?
- Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación.
- Y para usted, ¿qué es? - Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia! (en LdP, p.167).

2  No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día.
Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas.
No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz (FSP, p.123).

3  En esta tierra cada uno tiene su cruz, pero debemos actuar de modo que no seamos el mal ladrón sino el buen ladrón (CE, p.23).

4  El Señor no puede darme un cireneo. Debo hacer sólo la voluntad de Dios; y si le agrado, lo demás no cuenta (LCS, 1 sept. 1967,4).

5  En la vida Jesús no te pide que lleves con él su pesada cruz, pero sí un pequeño trozo de su cruz, trozo que se compendia en los dolores de los hombres  (FSP, p.119).

6  En primer lugar tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida (Epist.III, p.413).

7  No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de Getsemaní (Epist.III,  p.441).

8  Comprendo bien, hija mía, que tu Calvario te resulte cada día más doloroso. Pero piensa que Jesús ha llevado a cabo la obra de nuestra redención en el Calvario y que en el Calvario debe completarse la salvación de las almas redimidas (Epist.III, p.448).

9  Sé que sufres y que sufres mucho, pero ¿no son acaso éstas las alhajas del Esposo? (Epist.III, p.445).

10  El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz. Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas (CE, p.21).

11  Ciertas dulzuras interiores son cosas de niños. No son señal de perfección. No dulzuras sino sufrimiento es lo que se precisa. Las arideces, la desgana, la impotencia, éstos son los signos de un amor verdadero. El dolor es agradable. El destierro es bello porque se sufre y así podemos ofrecer algo a Dios. La ofrenda de nuestro dolor, de nuestros sufrimientos, es una gran cosa que no podemos hacer en el cielo (GB, 35).

12  Preferiría mil cruces e incluso me sería dulce y ligera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras. Es doloroso vivir así... Me resigno, ¡pero la resignación, mi "fiat", me parece tan frío, tan vacío...! ¡Qué misterio! Sólo Jesús se preocupa de nosotros (AD, 93s.).

13  Ama a Jesús; ámalo mucho; pero precisamente por esto, ama cada vez más el sacrificio (GB, 61).

14  El corazón bueno es siempre fuerte; sufre pero oculta sus lágrimas, y se consuela sacrificándose por el prójimo y por Dios (CE, 23).

15  Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir (CE, 25).

16  El dolor ha sido amado con deleite por las almas grandes. Es el remedio de la creación después de la desgracia de la caída; es la palanca más potente para levantarla; es el segundo brazo del amor infinito para nuestra regeneración (ASN, 42).

17  No temas las adversidades, porque colocan al alma a los pies de la cruz y la cruz la coloca a las puertas del cielo, donde encontrará al que es el triunfador de la muerte, que la introducirá en los gozos eternos (ASN, 42).

18 Si sufres aceptando con resignación su voluntad, tú no le ofendes sino que le amas. Y tu corazón quedará muy confortado si piensas que en la hora del dolor Jesús mismo sufre en ti y por ti. El no te abandonó cuando huiste de él; ¿por qué te va a abandonar ahora que, en el martirio que sufre tu alma, le das pruebas de amor? (GF, 174).

19  Subamos con generosidad al Calvario por amor de aquél que se inmoló por nuestro amor; y seamos pacientes, convencidos de que ya hemos emprendido el vuelo hacia el Tabor (ASN, 42).

20  Manténte unida a Dios con fuerza y con constancia, consagrándole todos tus afectos, todos tus trabajos y a ti misma toda entera, esperando con paciencia el regreso del hermoso sol, cuando el Esposo quiera visitarte con la prueba de las arideces, de las desolaciones y de la noche del espíritu (Epist.III, p.670).

21  Sí, yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre en las espaldas de Jesús (Epist.I, p.235).

22  Los verdaderos siervos de Dios siempre han estimado que la adversidad es más conforme al camino que recorrió nuestro Señor, que llevó a cabo la obra de nuestra salvación por la cruz y los desprecios (Epist.IV, p.106).

23  El destino de las almas elegidas es el sufrir. El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria (Epist.II, p.248).

24  Ama siempre el sufrimiento, que, además de ser la obra de la sabiduría divina, nos revela con mayor claridad aún la obra de su amor (ASN, 43).

25  Dejad que la naturaleza se queje ante el sufrimiento, porque, si excluimos el pecado, no hay nada más natural. Vuestra voluntad, con la ayuda divina, será siempre superior y, si no abandonáis la oración, el amor divino jamás dejará de actuar en vuestro espíritu (Epist.III, p.80).

26  La vida es un Calvario; pero conviene subirlo alegremente. Las cruces son los collares del Esposo y yo estoy celoso de ellos. Mis sufrimientos son agradables. Sufro solamente cuando no sufro (CE, 22).

27  El Dios de los cristianos es el Dios de las transformaciones. Echáis en su seno el dolor y sacáis la paz; echáis desesperación y veréis surgir la esperanza (FM, 166).

28  Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo (FM, 166).

29  El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo (Epist.III, p.482).

30  Gozo inmensamente al saber que el Señor es siempre generoso en sus caricias a tu alma. Sé que sufres, pero el sufrimiento ¿no es la prueba cierta de que Dios te ama? Sé que sufres, pero ¿no es este sufrimiento el distintivo de toda alma que ha elegido por su porción y su heredad a Dios, y a un Dios crucificado? Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti (Epist.III, p.703).

31  Acepta todo dolor e incomprensión que vienen de lo Alto. Así te perfeccionarás y te santificarás (FSP, 119).

Reflexiòn de Cuaresma (1) - Padre Gustavo Seivane *


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Hay Tentador. Y el Tentador no duerme, antes, nos enseña el Apóstol Pedro, ronda “como león rugiente buscando a quien devorar”.

Y porque hay Tentador hay tentaciones. El Tentador, procura desviarnos, apartarnos de Dios, arrebatarnos la felicidad en Cristo, ensuciarnos, bestializarnos, entibiarnos, volvernos indignos, superficiales, enemigos de la razón y de la belleza. Nos quiere laboriosos constructores de un mundo sin metas trascendentes, amigos de la confusión y el error, del olvido de Cristo y de su obra redentora.

San Pablo lo llama al adversario “dios de este mundo”, y Nuestro Señor Jesucristo lo eclara“Príncipe de este mundo”. Príncipe porque en el principia la rebelión contra el Dios verdadero y Trascendente, y “dios”porque su inicial intención es la de imperar en este mundo, dominando, y esclavizando a la raza humana. Incitando a la insurrección, al alzamiento, a la indiferencia, a la sublevación contra el Señor. Lo mueve el odio a Cristo, y a su Iglesia.

El adversario es experto en el arte del engaño. Y trabaja con sus legiones sin descanso. Promoverá una vida autónoma, al margen de Dios, sin más ley que la del capricho, haciendo pasar lo bueno por malo y lo malo por bueno, rociando de mentiras sus promesas, alejando de la verdad, oscureciendo el más allá, insistiendo en gastar todas las fuerzas para sólo esta vida, negando la Palabra salvadora de Jesús.

Bien lo dijo Pedro: ¿Adónde iremos Señor, sólo tú tienes palabras de Vida eterna”. Y el Señor, Nuestro hermoso Jesucristo, para que nos afirmemos en lo inmutable, nos sigue diciendo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?

Por eso, no se trata de construir puentes para reunirnos con un mundo en el que opera su Príncipe pervertidor, sino de anunciar a Cristo siguiéndolo como camino, Verdad, y Vida, levantando el estandarte de su victoria sobre el mal, siendo signo de contradicción, antes que un integrado políticamente correcto al mundo globalizado.

La cuaresma es un tiempo privilegiado, distinguido, favorable para la purificación que renueva, para la conversión que santifica, para la comprensión de los misterios de Cristo, que son los misterios que nos dieron nueva Vida.

Tiempo de ejercicio. De entrenamiento. De preparación a la Pascua. Pascua que cada año es figura y prenda de la resurrección final, y que celebramos como Iglesia, participando del misterio sacrificial del Señor, que al decir de San Pablo: “Me amó y se entregó por mí”.
Nuestras cuaresmas y semanas santas ya no tiñen de sagrado tono la sociedad, ni  culturalmente son atendidas como antaño. Aún entre católicos se ha ido perdiendo el santo recogimiento, la conciencia de la gloria de ser cristianos, y aún el debido y santo respeto que envuelven los Misterios de Cristo y su Redención.

Son fuertes los embates del mundo, los desórdenes que se propagan, las perversiones que se aprueban, los datos que se arrojan masivamente por todos los medios para saquear los principios virtuosos, la fe católica, la belleza como resplandor de lo bueno y verdadero.
¿Quién puede propiciar el relativismo en todos los campos, sino el enemigo de lo absoluto, de lo inmutable, de lo perenne, de lo que ordena, sana, y salva a los hombres?

La Cuaresma llega para que oremos más, y hagamos mejores exámenes de conciencia, y santa penitencia, y ejerzamos la misericordia, en una  dinámica en la que tanto nos vayamos sanando de engaños y vicios, como haciéndonos fuertes en el Señor. Y Cristo será servido, y glorificado entonces. Porque su voluntad es nuestra santificación.

Jesucristo ayunó durante 40 días. Este ayuno, retirado en el desierto, y con la ronda y tentación diabólica sobre él, no es sino una preparación. Jesucristo se preparó para su misión. Se preparó con un ayuno extremo. El ayuno que favorece la hondura de la oración, y la manifestación de la voluntad divina.

Es tentado, porque el adversario duda. Duda porque carece de la ciencia de Dios. Porque no posee la gracia de Dios que permite reconocer a Cristo como el Señor. No está seguro el enemigo. Entonces, husmea. Tienta. Quiere hacerlo pecar, porque tanto sospecha acerca de su divina condición, como desconoce que Cristo es impecable.

El Señor, a pesar, del poderío que muestra el demonio, nos enseña a vencerlo con la Palabra de Dios. “Cristo vence las tres tentaciones con el arma de la Escritura”, dice el Padre Castellani.
Jesucristo no discute con el enemigo. La Verdad no dialoga con el mentiroso. Lo aleja con su humildad. Lo derrota con su Luz.

Querer ser como Dios fue su caída. Y sigue siendo esa su obsesión. Tienta prometiendo dar lo que sólo a Dios pertenece dar. Por eso, miente en sus promesas, y da lo degradado, lo vano, lo corruptible, y aún lo mosntruoso.   Lo tienta de soberbia a Jesús. Como hoy tienta a la Humanidad con un paraíso terrenal, globalizado, construido con las solas fuerzas naturales, pero sin Cristo como Señor.

Aprovechemos este tiempo. Es para renovarnos. La Misericordia de Dios quiere hacerlo.
Camino a la Pascua nos recordamos las palabras de San León Magno:
“Estos días de Cuaresma tienen por fin obtener un aumento en toda nuestra práctica religiosa”. Amén.


* El Padre Gustavo Seivane es el Asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Argentina, designado por la Conferencia Episcopal.

Mes de Febrero


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1  La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios... Cuando se hace bien, conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas. Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda (T, 74).

2  Quiero ser solamente un pobre fraile que ora... Dios ve manchas hasta en los ángeles, ¡cuánto más en mí! (T, 58).

3  Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y escuchará tu oración (CE, 39).

4  La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios. Debes hablar a Jesús también con el corazón además de hacerlo con los labios; o, mejor, en algunas ocasiones debes hablarle únicamente con el corazón (CE, 40).

5  Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra (AdFP, 547).

6  Sed asiduos a la oración y a la meditación. Ya me habéis dicho que habéis comenzado a hacerlo. Oh Dios, ¡qué gran consuelo para un padre que os ama igual que a su propia alma! Continuad progresando siempre en el santo ejercicio del amor a Dios. Hilad cada día un poco: si es de noche, a la tenue luz de la lámpara y entre la impotencia y la esterilidad del espíritu; y si es de día, en el gozo y en la luz deslumbrante del alma (GF, 173).

7  Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si no puedes hablar por ser inculta, no te disgustes en los caminos del Señor; deténte en la habitación como los servidores en la corte, y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano (Epist.III, p.982).

8  Este modo de estar en la presencia de Dios, únicamente para expresarle con nuestra voluntad que nos reconocemos siervos suyos, es muy santo, excelente, puro y de una grandísima perfección (Epist.III, p.982).

9  Cuando te encuentres cerca de Dios en la oración, ten presente tu realidad: háblale si puedes; y si no puedes, párate, hazte ver y no te busques otras preocupaciones (Epist.III, p.983).

10  Las oraciones, que tú me pides, no te faltan nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios. Te he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón. Estoy seguro de que en tus plegarias no te olvidarás del que lleva la cruz por todos (Epist.III, p.983).

11  El mejor consuelo es el que viene de la oración (GC, 38).

12  Salvar las almas orando siempre (LCS,  1 oct.1971, 30).

13  La oración debe ser insistente, ya que la insistencia pone de manifiesto la fe (AdFP, 553).

14  Las oraciones de los santos en el cielo y las de los justos en la tierra son perfume que no se perderá jamás (GF, 175).

15  Yo no me cansaré de orar a Jesús. Es verdad que mis oraciones son más dignas de castigo que de premio, porque he disgustado demasiado a Jesús con mis incontables pecados; pero, al final, Jesús se apiadará de mí (Epist.I, p.209).

16  Todas las oraciones son buenas, siempre que vayan acompañadas por la recta intención y la buena voluntad (AdFP, 552).

17  Reflexionad y tened siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra. En la medida en que crecían en ella los dones del cielo, ahondaba cada vez más en la humildad (Epist.II, p.419).

18  Como las abejas que sin titubear atraviesan una y otra vez las amplias extensiones de los campos, para alcanzar el bancal preferido; y después, fatigadas pero satisfechas y cargadas de polen, vuelven al panal para llevar a cabo allí en una acción fecunda y silenciosa la sabia transformación del néctar de las flores en néctar de vida: así vosotros, después de haberla acogido, guardad bien cerrada en vuestro corazón la palabra de Dios. Volved a la colmena, es decir, meditadla con atención, deteneos en cada uno de los elementos, buscad su sentido profundo. Ella se os manifestará entonces con todo su esplendor luminoso, adquirirá el poder de destruir vuestras naturales inclinaciones hacia lo material, tendrá el poder de transformarlas en ascensiones puras y sublimes del espíritu, y de unir vuestro corazón cada vez más estrechamente al Corazón divino de vuestro Señor  (GF, 196s.).

19   El alma cristiana no deja pasar un solo día sin meditar la pasión de Jesucristo (OP).

20  Para que se dé la imitación, es necesaria la meditación diaria y la reflexión frecuente sobre la vida de Jesús; de la meditación y de la reflexión brota la estima de sus obras; y de la estima, el deseo y el consuelo de la imitación (Epist.I, p.1000).

21  Ten paciencia al perseverar en este santo ejercicio de la meditación y confórmate con comenzar dando pequeños pasos, hasta que tengas dos piernas para correr, y mejor, alas para volar; conténtate con obedecer, que nunca es algo sin importancia para un alma que ha elegido a Dios por su heredad; y resígnate a ser por el momento una pequeña abeja de la colmena que muy pronto se convertirá en una abeja grande, capaz de fabricar la miel.
Humíllate siempre y amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla verdaderamente al que se presenta ante él con un corazón humilde (Epist.III, p.980).

22  No puedo, pues, admitir y, como consecuencia, dispensarte de la meditación sólo porque te parezca que no sacas ningún provecho. El don sagrado de la oración, mi querida hija, lo tiene el Salvador en su mano derecha; y a medida que te vayas vaciando de ti misma, es decir, del amor al cuerpo y de tu propia voluntad, y te vayas enraizando en la santa humildad, el Señor lo irá comunicando a tu corazón (Epist.III, p.979s.).

23  La verdadera causa por la que no siempre consigues hacer bien tus meditaciones yo la descubro, y no me equivoco, está en esto: Te pones a meditar con cierto nerviosismo y con una gran ansiedad por encontrar algo que pueda hacer que tu espíritu permanezca contento y consolado; y esto es suficiente para que no encuentres nunca lo que buscas y no fijes tu mente en la verdad que meditas. Hija mía, has de saber que cuando uno busca con prisas y avidez un objeto perdido, lo tocará con las manos, lo verá cien veces con sus ojos, y nunca lo advertirá.
De esta vana e inútil ansiedad no te puede venir otra cosa que no sea un gran cansancio de espíritu y la incapacidad de la mente para detenerse en el objeto que tiene presente; y la consecuencia de esta situación es cierta frialdad y sin sentido del alma, sobre todo en la parte afectiva.
Para esta situación no conozco otro remedio fuera de éste: salir de esta ansiedad, porque ella es uno de los mayores engaños con los que la virtud auténtica y la sólida devoción pueden jamás tropezar; aparenta enfervorizarse en el bien obrar, pero no hace otra cosa que entibiarse, y nos hace correr para que tropecemos (Epist.III, p.980s.).

24  El que no medita puede hacer como el que no se mira nunca al espejo, que no se preocupa de salir arreglado. Puede estar sucio sin saberlo.
El que medita y piensa en Dios, que es el espejo de su alma, busca conocer sus defectos, intenta corregirlos, se reprime en sus impulsos y pone su conciencia a punto (AdFP, 548).

25  No sé ni compadecerte ni perdonarte el que con tanta facilidad dejes la comunión y también la santa meditación. Recuerda, hija mía, que no se llega a la salvación si no es por medio de la oración; y que no se vence en la batalla si no es por la oración. A ti te corresponde, pues, la elección (Epist.III, p.414).

26  En cuanto a lo que me dices que sientes cuando haces la meditación, has de saber que es un engaño del diablo. Estáte, pues, atenta y vigilante. No dejes jamás la meditación por este motivo; de otro modo, convéncete de que muy pronto serás vencida por completo (Epist.III, p.405).

27  Tú, mientras tanto, no te aflijas hasta el extremo de perder la paz interior. Ora con perseverancia, con confianza y con la mente tranquila y serena (Epist.III, p.452).

28  Rogad por los malos, rogad por los fervorosos, rogad por el Sumo Pontífice y por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra tiernísima madre; y elevad una súplica especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria del Padre celestial (Epist.II, p.70).

29  Después del amor a nuestro Señor, te recomiendo,  hija, el amor a la Iglesia, su Esposa, a esta querida y dulce paloma, que es la única que puede poner los huevos y procrear los palominos y palominas del Esposo.
Da gracias continuas a Dios por ser hija de la Iglesia, a ejemplo de tantas almas que nos han precedido en el feliz tránsito.
Ten gran compasión de todos los pastores, predicadores y guías de almas y contempla cómo están esparcidos por toda la faz de la tierra, porque no hay en el mundo provincia alguna donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose a sí mismos, procuren fructíferamente la salvación de las almas (Epist.III, p.707).