Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Mes de Noviembre


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1  El deber es antes que cualquier otra cosa, aunque sea santa (CE, 60).

2  Hijos míos, estar así, sin poder cumplir mi propio deber, es inútil; es mejor que me muera (T, 96).

3  Un día uno de sus hijos espirituales le preguntó: Padre, ¿cómo puedo crecer en el amor?
Respuesta: cumpliendo con exactitud y con recta intención las propias obligaciones, guardando la ley del Señor. Si haces esto con constancia y perseverancia, crecerás en el amor (LdP, 91).

4  Hija mía, para tender a la perfección es necesario poner el máximo interés en actuar en todo para agradar a Dios y en buscar evitar hasta los más pequeños defectos; cumplir los deberes propios y hacer todo lo demás con más generosidad (FSP, 79).

5  En todas las cosas y siempre, más rectitud de intención, más exactitud, más puntualidad, más generosidad en el servicio del Señor, y entonces serás como el Señor quiere que seas (GB, 48).

6  Reflexiona sobre lo que escribes, porque el Señor te pedirá cuentas de ello. ¡Estáte atento, periodista! El Señor te conceda las satisfacciones que deseas por tu profesión (CT, 177).

7  También vosotros, los médicos, habéis venido al mundo, al igual que yo, con una misión que cumplir. Escuchad con atención: Yo os hablo de obligaciones en un momento en que todos hablan de derechos. Tenéis la misión de curar al enfermo; pero si no lleváis amor al lecho del enfermo, no creo que las medicinas sirvan de mucho... El amor no os puede hacer prescindir de la palabra. ¿Cómo podríais manifestarlo si no es con palabras que consuelen espiritualmente al enfermo? Ser portadores de Dios para los enfermos; eso será más útil que cualquier otro cuidado (LCS,5-V-58, p.28).

8  Sed como pequeñas abejas espirituales, que no tienen en sus colmenas más que miel y cera. Que vuestra casa, gracias a vuestra conversación, esté llena de dulzura, de paz, de concordia, de humildad y de piedad (Epist.III, p.563).

9  Emplead cristianamente vuestro dinero y vuestros ahorros, y desaparecerá tanta miseria; y tantos cuerpos que sufren y tantos seres afligidos encontrarán consuelo y alivio (CE, 61).

10  No sólo no tengo que repetirte que, al marcharte de Casacalenda, devuelvas la visita a tus conocidas, sino que lo considero una gravísima obligación. La piedad es útil para todo y se adapta a todo según las circunstancias, menos a lo que sea pecado. Devuelve las visitas y tendrás también el premio de la obediencia y la bendición del Señor (Epist.III, p.427).

11  Yo deseo que todas las estaciones del año se encuentren en vuestras almas; que a veces experimentéis el invierno de muchas esterilidades, distracciones, desganas y aburrimientos; otras, los rocíos del mes de mayo con el perfume de las santas florecillas; entre los calores, el deseo de agradar a nuestro divino Esposo. No queda, pues, más que el otoño, en el que no veis grandes frutos; pero sucede con mucha frecuencia que, a la hora de trillar los cereales y de pisar las uvas, uno se encuentra con cosechas mucho mayores que las que prometían las siegas y las vendimias. Vosotros querrías que todo sucediese en primavera y en verano; pero no, mis queridísimas hijas, es necesario que existan también estas vicisitudes tanto en el interior como en el exterior. En el cielo todo será primavera en cuanto a la belleza, todo será otoño en el gozo, todo será verano en el amor. No habrá ningún invierno; pero aquí el invierno es necesario para ejercitarse en la abnegación y en las mil virtudes, pequeñas pero bellas, que se practican en tiempos de esterilidad (Epist.III, p.587s.).

12  Os lo suplico, mis queridas hijas, por el amor de Dios: no tengáis miedo a Dios porque él no quiere haceros mal alguno; amadlo mucho porque os quiere hacer un gran bien. Caminad sencillamente con la seguridad de que acertáis en vuestras decisiones, y rechazad como crueles tentaciones esas reflexiones espirituales que hacéis de vuestros males (Epist.III, p.569).

13  Entregaos totalmente, mis amadísimas hijas, en las manos de nuestro Señor, ofreciéndole los años que os restan de vida y rogadle siempre que los emplee y se sirva de ellos en aquella forma de vida que más le agrade. No inquietéis vuestro corazón con vanas promesas de sosiego, de agrado y de méritos, sino presentad a vuestro divino Esposo vuestros corazones totalmente vacíos de todo otro afecto que no sea su casto amor, y pedidle que lo llene, limpia y sencillamente, de los impulsos, deseos y voluntad que sean de su agrado, para que vuestro corazón, como una madreperla, no conciba más que con el rocío del cielo y no con el agua del mundo; y veréis que Dios os ayudará y que haréis mucho, tanto al elegir como al actuar (Epist.III, p.569).

14  El Señor os bendiga y os haga menos pesado el yugo de la familia. Sed siempre buenos. Recordad que el matrimonio comporta obligaciones difíciles que sólo la gracia de Dios pude hacerlas fáciles. Mereced siempre esta gracia y que el Señor os conserve hasta la tercera y cuarta generación (AD, 169).

15  En la familia sé alma de convicciones profundas, y sonríe en la abnegación y en la inmolación constante de toda tu persona (ASN, 43).

16  La abnegación más importante es la que se practica en el hogar doméstico (FM, 167).

17  Nada más repelente en una mujer, sobre todo si es esposa, que ser ligera, frívola y altanera. La esposa cristiana debe ser mujer de sólida piedad para con Dios, ángel de paz en la familia, y digna y agradable con el prójimo (AP).

18  Dios me ha dado mi pobre hermana y Dios me la ha quitado. Sea bendito su santo nombre. En estas exclamaciones y en esta resignación encuentro fuerza suficiente para no sucumbir bajo el peso del dolor. A esta aceptación de la voluntad divina os exhorto también a vosotros y encontraréis, igual que yo, el alivio en el dolor (Epist.IV, p.802).

19  ¡La bendición de Dios os sirva de ayuda, apoyo y guía! Formad una familia cristiana, si queréis un poco de tranquilidad en esta vida. El Señor os dé hijos y después la gracia de orientarlos por el camino del cielo (AP).

20  ¡Animo, ánimo! Los hijos no son clavos (AP).

21  Anímese, pues, valerosa señora. Anímese, porque la mano del Señor, al sostenerla, no se ha quedado corta. ¡Oh!, sí, él es el Padre para todos; pero lo es, de modo especialísimo, para los desgraciados; y de modo todavía mucho más singular lo es para usted, que es viuda y viuda madre (AdFP, 466).

22  Ponga en solo Dios todas sus preocupaciones, pues él tiene cuidado especialísimo de usted y de esos tres angelitos de hijos con que la ha querido adornar. Esos hijos, por su conducta, serán su apoyo y consuelo a lo largo de su vida. Preocúpese siempre de su educación, no tanto científica cuanto moral. Téngalos en su corazón y quiéralos más que a las niñas de sus ojos. A la educación de la mente, mediante buenos estudios, procure unir siempre la educación del corazón y de nuestra santa religión; aquélla sin ésta, mi buena señora, causa una herida mortal al corazón humano (AdFP, 467).

23 ¿Por qué el mal en el mundo?
Escucha con atención... Es una mamá que está bordando. Su hijo, sentado en un pequeño taburete, contempla su trabajo pero al revés. Ve los nudos del bordado, los hilos revueltos... Y dice: Mamá, ¿se puede saber lo que haces? ¡Se ve poco claro tu trabajo!
Entonces la mamá baja el bastidor y enseña la parte buena del trabajo. Cada color está en su sitio y la variedad de los hilos se ajusta a la armonía del dibujo.
¡Eso! Nosotros vemos el revés del bordado. Estamos sentados en un pequeño taburete (GG, 106).

24  ¡Yo odio el pecado! Dichosa nuestra patria si, como madre del derecho, quisiera perfeccionar sus leyes en este sentido, y sus costumbres a la luz de la honradez y de los principios cristianos (GdT, 143).

25  El Señor hace ver y llama, pero no queremos ni ver ni responder porque son los propios intereses los que nos agradan. Sucede también en ocasiones que, al haber oído esa voz tantas veces, ya no se le presta atención; pero el Señor ilumina y llama. Son los hombres quienes se colocan en una actitud que los incapacita para oír (AP).

26  Hay gozos tan sublimes y dolores tan profundos, que es imposible expresarlos con palabras. El silencio es el último recurso del alma, tanto cuando la felicidad es indecible como cuando los apuros son extremos (ASN, 43).

27  Conviene familiarizarse con los sufrimientos que el Señor tenga a bien enviarnos. Jesús, que no puede soportar por mucho tiempo el teneros en aflicción, vendrá a animaros y a confortaros, infundiendo nuevos ánimos en vuestro espíritu (AdFP, 561).

28  Todas las concepciones humanas, vengan de donde vengan, tienen su lado bueno y su lado malo. Hay que saber asimilar y tomar todo lo bueno y ofrecerlo a Dios, y eliminar todo lo malo (AdFP, 552).

29  ¡Ah!, mi valiente hija, que es una gracia fuera de serie el comenzar a servir a este buen Dios, cuando la flor de la edad nos hace más susceptibles a toda clase de impresiones. ¡Oh!, qué don tan grato cuando se ofrecen al mismo tiempo las flores y los primeros frutos del árbol. ¿Y qué es lo que podrá apartarte de la ofrenda total de ti misma al buen Dios al haberte decidido de una vez para siempre a dar un puntapié al mundo, al demonio y a la carne, lo que con tanta decisión hicieron por nosotros nuestros padrinos en el bautismo? ¿O quizás el Señor no se merece de ti este sacrificio?  (Epist.III, p.418).

30  Recordad que Dios está en nosotros cuando estamos en gracia; y está, por así decirlo, fuera de nosotros cuando estamos en pecado; pero su ángel no nos abandona nunca... El es nuestro amigo más sincero y fiel, cuando no tenemos la desgracia de entristecerlo con nuestra mala conducta (GdT, 205).


Los sagrados estigmas y el tránsito de Padre Pio


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Reflexión en el centenario de los estigmas y el quincuagésimo aniversario de la muerte del Padre Pio 

En un pasaje decisivo del Evangelio de Juan, donde se cierra el Evangelio de signos y se abre el de Gloria, para entrenar discípulos a un camino que sería aún más intenso, el evangelista inserta estas palabras de Jesús: "El que quiera servirme que me siga"(Jn 12,26).

No es suficiente servir al Señor, es necesario seguirlo. Y esto significa entrar gradualmente en una relación profunda con él, mantenerse con él, aprendiendo a reconocer su presencia divina en la Palabra, en la Eucaristía y en los hermanos. Un camino para todo bautizado, nacido de nuevo del agua y el Espíritu, crucificado y resucitado con Cristo, es decir, marcado con las heridas del Señor, pero al mismo tiempo, ya resucitado junto a Él.

 En las palabras del teólogo jesuita Padre Marco Iván Rupnik , todos los bautizados reciben los estigmas como dote, y a menudo se "abren". Solo que en la mayoría de los fieles este proceso ocurre de forma invisible. Los estigmas "se abren", pero siempre de una manera invisible cuando se ama, es decir, cuando se introduce por concesión divina, en el amor que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5), y que brilla, pero no a los ojos del mundo, cuando compartimos la kénosis de Cristo, su abajamiento, su vaciamiento.

Sólo en unos pocos testigos escogidos, auténticos discípulos de Cristo, los estigmas se abren  y se muestran de forma visible, para que esto sea en sí mismo una ofrenda de perdón y de gracia para favorecer el retorno a Dios, la conversión y la redención de muchos.

El próximo aniversario de los estigmas del Padre Pío (1918-2018) y el quincuagésimo de su dies natalis (1968) pueden ser leídos desde la perspectiva de la relación del hombre y del discípulo con su Señor. Todo es por lo tanto gracia, todo es un regalo.

Es necesario pedir la gracia de comprender y contemplar los estigmas visibles del padre Pío, así como los ha mirado Dios por medio de su Hijo, con sus ojos y no con los ojos del mundo, y del mismo modo para comprender este signo  como una participación de Dios en el sufrimiento del hombre y una invitación a la conversión.
 La forma en que se imprimieron los sagrados estigmas, primero en San Francisco y luego en San Pío, concuerda con el estilo propio de Dios y sus obras.
Se observa en ambos después del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, y en ambos en la dulzura y la mansedumbre, en aquella quietud del Espíritu, la cual dispone a la oración, y en aquella vida hecha oración, como fue su existencia a Cristo.

Detengámonos un poco en los estigmas del Padre Pío
20 de septiembre de 1918, coro de la iglesia "Santa Maria delle Grazie" de San Giovanni Rotondo, Padre Pío, después de la Misa está en oración y su oración, como le sucedió a menudo, entra en silencio, en paz. Es un éxtasis, un espacio interior espiritual e intelectual, pero no irreal, que marca el paso de Dios. Esto sucede de una manera dulce, íntima y delicada. De hecho, el Padre Pío se encuentra llagado y estigmatizado. Lo que estaba sucediendo en las profundidades de su alma abunda en su cuerpo, se convierte en un signo y "lugar" de la presencia de Dios, para sellar su discipulado y ofrecer un testimonio de misericordia y salvación para los hombres de su tiempo y también para cada uno de nosotros.

El "dulce sueño"
El Padre Pío, en la carta enviada al Padre Benedetto el 22 de octubre de 1918, describe la oración que acompaña al éxtasis como un " dulce sueño " (Epístola I, 1094). Una expresión que recuerda lo que le sucedió a Adán y luego a Abraham. En ambos Dios derrama un dulce sueño, un letargo (tardemah), en el primero para formar a la mujer, en el segundo como preludio del inminente pacto (Gn 15,12). Pero mientras que el sueño de Adán, antes del pecado, implica una laceración que es la figura de Cristo crucificado, a Abraham, presa de terror y una gran oscuridad (Gen 15:12), anticipa la agonía de Jesús. Cuando el alma está "envuelta en la misteriosa oscuridad de la prueba" (Epístola I, 1092), como el Padre Pío recuerda al Padre Benedetto, debemos confiar en Jesús, "el sol de la justicia". Los estigmas del Padre Pío son una ofrenda de misericordia, son la huella del paso de Dios, tanto que el Padre Pío llama a su estigmatización "mi crucifixión" (Epístola I, 1094).

El paso de Dios
Tranquilidad, silencio y gran paz. En este "clima" interior y exterior en el que se ve envuelto el Padre Pío, se produce el paso de Dios, similar por delicadeza, al experimentado por el profeta Elías, como el "susurro de una ligera brisa" (1 Reyes 19,12). Una acción que en el humilde Fraile procura lo que él mismo describe como "abandono a la completa privación del todo" (Epístola I, 1094).
Por otra parte, según el  Evangelio, quien  quiera perder la vida la salvará (véase Lc 9:24). En este humus espiritual Jesús se le aparece, personaje misterioso, con sus manos, pies y costado que goteaba sangre. Vista que provoca miedo en el Padre Pio. Desaparece el personaje y se encuentra llagado.
La cruz de Cristo se convierte para el Padre Pío, como para el Apóstol Pablo, en sabiduría de Dios, la posibilidad de ser insertado en el Hijo y así, a través del Espíritu, conocer al Padre. Atravesar cada  prueba y tribulación  siguiendo y sirviendo al Señor, para encontrarse  en Él y en Su amor.
Del mismo modo, el bendito tránsito del Padre Pío, tras 50 años, no puede dejar de recordarnos el profundo amor que Dios tiene por todos sus servidores, y por todos los hombres, junto con la función de mediación que El asigna a cada uno. El Padre Pio fue acompañado en su paso por una multitud de fieles, por su gente en grupos de oración, que estaban en San Giovanni Rotondo para el Congreso nacional, y por los muchos fieles de la diócesis.

Un signo de unión y comunión, de toda una Iglesia reunida en oración, de un pueblo que alaba a Dios por haberlo visitado y colmado de bienes. Realidades de las cuales también hoy  recogemos los frutos. El Evangelio nos ofrece un criterio que nunca se equivoca: un árbol se reconoce  por los frutos, porque un árbol bueno produce buenos frutos (cf. Lc 6,44).
A la luz de esta afirmación pensamos en el crecimiento en cantidad y calidad de los grupos de oración de la Argentina.

Padre Pio interceda por ustedes,  y los apoye. Y el Señor les de su paz.

Giovanni Chifari, teólogo bíblico.

Rosario mes de Octubre


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Grupos de Oración de San Pio de Pietrelcina
Adheridos al Centro Internacional de san Giovanni Rotondo

Santo ROSARIO  - Octubre 2018


+ Señal de la cruz

ORACION de INICIO

Inmaculada Virgen y Madre mía, María , a Vos que sos la Reina del mundo, la Abogada, la Esperanza y el Refugio de los pecadores, recurro yo el más miserable de todos. Te venero como a mi Reina, y te agradezco todos los favores que me has concedido hasta ahora, especialmente de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.
Yo te amo, Señora amabilísima; y por el amor que te tengo, prometo servirte siempre y hacer todo  lo que de mí depende para que otros también te amen y te sirvan.
Despuès de Dios, deposito en vos toda mi esperanza, aceptame como tu siervo y protégeme bajo tu manto pues eres Madre de misericordia
Y ya que sos tan poderosa ante  Dios, líbrame de toda tentaciòn, y ayudame a vencer hasta el último combate.
De vos espero la gracia de una buena muerte, y por el amor que tenés a Dios, te ruego me ayudes  siempre, especialmente en el último instante de mi vida.
No me dejes hasta que pueda verte en el Cielo, para  bendecirte y cantar tu misericordia por toda la eternidad. Así lo espero. Así sea.


PESAME. 

PRIMER MISTERIO 

Enseña el Padre Pìo: 

La verdadera humildad del corazón es aquélla que, más que mostrarla, se siente y se vive. Ante Dios hay que humillarse siempre, pero no con aquella humildad falsa que lleva al abatimiento, y que produce desánimo y desesperación.
Hemos de tener un bajo concepto de nosotros mismos. Creernos inferiores a todos. No anteponer nuestro propio interés al de los demás (AP).

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria 

Oh Jesús mío perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Marìa purìsima                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio                  ruega por nosotros

                                                               
SEGUNDO MISTERIO 

Humillaos amorosamente delante de Dios y de los hombres porque Dios habla a quien tiene las orejas abiertas hacia el suelo. Ama el silencio, porque en el mucho hablar hay siempre algo de culpa. Manténte en el retiro cuanto te sea posible, porque en el retiro el Señor habla al alma libremente y el alma está en mejor situación para escuchar su voz. Reduce tus visitas y sopórtalas cristianamente cuando te las hagan a ti (Epist.III, p.432).

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Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria 

Oh Jesús mío perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Marìa purìsima                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio                  ruega por nosotros


TERCER MISTERIO

Estoy seguro de que deseáis saber cuáles son las mejores humillaciones. Yo os digo que son las que nosotros no hemos elegido, o también las que nos resultan menos gratas, o mejor dicho aquéllas a las que no sentimos gran inclinación; o, para hablar claro, las de nuestra vocación y profesión. ¿Quién me concederá la gracia, mis querídimas hijas, de que lleguemos a amar nuestra propia bajeza? Nadie lo puede hacer sino aquél que amó tanto la suya que para mantenerla  quiso morir. Y esto basta (Epist.III, p.568).
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Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria 

Oh Jesús mío perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Marìa purìsima                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio                  ruega por nosotros


CUARTO MISTERIO 

Si hemos de tener paciencia para soportar las miserias de los demás, mucho más debemos soportarnos a nosotros mismos.
En tus infidelidades diarias, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando Jesús te vea humillado hasta el suelo, te alargará la mano y se preocupará él mismo de atraerte hacia sí (AP).

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria 

Oh Jesús mío perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Marìa purìsima                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio                  ruega por nosotros

QUINTO MISTERIO

Antes que nada, debes humillarte ante Dios más bien que hundirte en el desánimo, si él te reserva los sufrimientos de su Hijo y quiere hacerte experimentar tu propia debilidad; debes dirigirle la oración de la resignación y de la esperanza si es que caes por debilidad, y debes agradecerle tantos beneficios con que te va enriqueciendo (T, 54).

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria 

Oh Jesús mío perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Marìa purìsima                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio                  ruega por nosotros


ORACION POR LA INTENCIÓN DEL PAPA FRANCISCO  para OCTUBRE
Para que los consagrados y las consagradas despierten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz.

Salve,  3 Avemarías y  Gloria

A PEDIDO DEL SANTO PADRE REZAMOS A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR LA SANTA IGLESIA DE CRISTO:

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ì oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!


ELEVAMOS LA ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL poniendo bajo su especial protección a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, al Sumo Pontífice, a los Grupos de oración de Padre Pio, su asistente espiritual nacional el Padre Gustavo Seivane y a los asistentes parroquiales.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."  

En el nombre del Padre…

A pedido del Santo Padre


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A pedido del Santo Padre rezamos a la Santísima Virgen por la Santa Iglesia de Cristo:


"Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; 
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, 
antes bien, líbranos de todo peligro, ¡ oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!


ELEVAMOS LA ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL poniendo bajo su especial protección a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, al Sumo Pontífice, a los Grupos de oración de Padre Pio,y a los sacerdotes asistentes espirituales parroquiales.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

En el nombre del Padre, y del hijo , y del Espíritu Santo, Amén

San Pio de Pietrelcina, 
Ruega por nosotros

ROSARIO "La santa Iglesia Católica"


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Grupos de oración del Padre Pio de habla hispana

Rosario meditado “La santa Iglesia Católica”

+ Nos ponemos en presencia de DIOS, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Rezamos este santo Rosario, con meditaciones originales de Padre Pio por las siguientes intenciones:
Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe…

Leemos en el libro de Mateo Cap. 16:
"Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Igle-sia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella."

Rezamos el Pèsame

Primer Misterio:

Sé que Vuestro corazón sufre mucho en estos días por la suerte que corre la Iglesia, por la paz del mundo, por las muchas necesidades de las nacio-nes; pero sobre todo, por la falta de obediencia de algunos, incluso católi-cos, a las altas enseñanzas que Vos, asistido por el Espíritu Santo, nos dais en nombre de Dios.
Os ofrezco mi oración y mi sufrimiento de cada día, como sencillo pero sincero recuerdo del último de Vuestros hijos, a fin de que el Señor Os conforte con su gracia, para continuar el recto y fatigoso camino, en la de-fensa de la verdad eterna, que nunca cambia con el mudar de los tiempos.
Os agradezco, también en nombre de mis hijos espirituales y de los «Gru-pos de oración» la palabra clara y definitiva que habéis dicho, especial-mente en la última encíclica Humanae Vitae; y reafirmo mi fe y mi obe-diencia incondicional a Vuestras iluminadas orientaciones.
(12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Quiera el Señor conceder el triunfo a la verdad, la paz a su Iglesia, la tran-quilidad a las naciones de la tierra, salud y prosperidad a Vuestra Santidad, para que, disipadas estas nubes pasajeras, el reino de Dios triunfe en todos los corazones, gracias a Vuestra acción apostólica de supremo Pastor de toda la cristiandad.
 (12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Tercer Misterio:

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Pa-dre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artima-ñas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hom-bres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni re-duzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la pro-pagación del reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Igle-sia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y un solo Pastor. Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todav-ía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: «La mies es mucha y los trabajadores son pocos».
 (8 de marzo de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 61)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Cuarto Misterio:

Después del amor de nuestro Señor, yo te recomiendo el de la Iglesia, su esposa y nuestra tierna madre; el de esta querida y dulce paloma, que sólo puede poner huevos y hacer que nazcan pichoncitos para el Esposo. Agradece a Dios, cientos de veces al día, el ser hija de la Iglesia. Pon tu mi-rada en el Esposo y en la Esposa; y di al Esposo: «Oh, que eres el Esposo de una bella Esposa»; y a la Esposa: «Ah, que eres la Esposa de un Esposo to-do divino». Ten gran compasión de todos los pastores y predicadores de la Iglesia, al igual que de todos los pastores de almas; y contempla, hijita mía, cómo están diseminados por toda la tierra, porque no hay provincia en el mundo donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose ellos mismos, procuren con fruto la salvación de las almas. Y en esto te suplico que no te olvides nunca de mí, cuando te encuentres delante de Jesús, ya que él me da tanta voluntad de no olvidarme nunca de tu alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

No todos estamos llamados por Dios a salvar almas y a propagar su gloria mediante el elevado apostolado de la predicación; y has de saber que este no es el único y solo medio para alcanzar estos dos grandes ideales. El al-ma puede propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de las al-mas mediante una vida verdaderamente cristiana, orando incesantemente al Señor que «venga su reino», que su santísimo nombre «sea santifica-do», que «no nos deje caer en la tentación», que «nos libre del mal».
Esto es lo que debes hacer también tú, ofreciéndote plena y continuamen-te al Señor por este fin. Reza por los malvados, reza por los tibios, reza también por los fervorosos, y reza de modo especial por el sumo Pontífice, por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra muy tierna madre; y eleva una oración especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria de Dios en las misio-nes, entre tanta gente infiel e incrédula.
  (11 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 68)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.
A
ve María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:

"Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países."

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcángel poniendo los Grupos de oración  de Padre Pio bajo su protección, y en especial le rogamos asista , proteja y guarde la salud del Padre Gustavo Seivane,  asesor espiritual de los grupos de Argentina.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Re-prímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


+  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Texto del Padre Gustavo Seivane *


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Las auténticas maravillas proceden de Dios. Él puede maravillar. El Creador opera signos. Las gentes, hoy, como ayer, buscan prodigios. Y en Jesucristo los sigue encontrando.

El milagro trae el arrebato dulce o asombroso. Mueve hacia Dios. Encamina a la conversión, despierta la alabanza, suscita peregrinaciones, decide cambios, y hace que se levanten templos y altares. Especialmente la curación de los enfermos. Porque la enfermedad (marca de nuestro ser contingente), en su trazo grueso de dolor, hunde en la súplica al humilde. En el corazón rebelde y soberbio, en cambio, la enfermedad no es ocasión de gracia, sino de ira. “Dios da su gracia a los humildes”, dice la Sagrada Escritura. “El amor es paciente”, enseña San Pablo.
Cristo, “que pasó por la tierra haciendo el bien”, supo ya no poder entrar en las ciudades. Las multitudes lo seguían “al ver los signos que realizaba curando a los enfermos”. Esto es, levantando de la postración. Aliviando las dolencias. Haciendo posible lo imposible. Mostrando su divino poder. Y revelando que el Reino de Dios estaba entre nosotros, y que las obras del diablo comenzaban a deshacerse.

“En la contemplación se busca el Principio”, es decir a Dios. Así lo enseñaba el Papa San Gregorio Magno. Recibido un milagro, ¿se seguirá buscando el Origen de todo lo que es? ¿Se persiste en el misterio? ¿Por qué de aquellos diez leprosos que viniera a sanar Jesús, uno sólo regresó para dar gracias? Buscar algo de Dios, es diferente a buscar a Dios por sí mismo. Y por eso, la relación con Dios no siempre es entrega. No siempre es pura. Las multitudes se acercaban a Cristo, pero pocos lo seguían. Hay admiraciones que no acaban en compromiso. Y hay compromisos que hacen de la totalidad de la vida un don para Dios.

Como en otras ocasiones, Jesús eligió la altura de una montaña para reunirse con sus discípulos. Aire limpio. Soledad callada. Amplia visión. 

La montaña denota firmeza, estabilidad, vertical sagrada. Desde allí, el Señor extenderá su mirada compasiva. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él”. El pueblo también ascendía para encontrar a Jesús. Y Jesucristo lo recibía. Y mientras se compadecía de las multitudes ponía a prueba a un discípulo. Jesús prueba a sus elegidos. Sondea la fe. Escudriña. Tantea cuánto estamos dispuestos a dar. Hasta dónde lo amamos. Él puede hacer preguntas que nos coloquen en una encrucijada. Creer o abandonar la lucha. Y así, dijo a Felipe: “¿dónde compraremos panes para darles de comer?” Él decía esto para ponerlo a prueba, porque Dios desnuda nuestra impotencia. Él nos muestra nuestra indigencia. Y, así, nos espera. Aguarda nuestro clamor, ya que el Amor es paciente. Porque admitidos nuestros límites, y sólo desde ellos, somos capaces de Dios. Del salto. De creer. Creer como quien se arroja a un abismo saltando desde un acantilado, y con los ojos vendados, y el corazón fijo en el Señor, gritando, amén, amén amén, seguros de ser recibidos por el Padre que ve en lo secreto, nuestro Adonay Absoluto.

Esos cinco panes de cebada son lo limitado. Nuestro límite. Aquello de lo que disponemos. Lo que podemos sabiamente presentar a Dios. Cinco: ser creaturas, ignorantes, ceñidos al tiempo y al espacio, pecadores, y mortales. Pero hay dos pescados también. Podrían representar, estos, las virtudes de la fe y la caridad. Ya que enseña el Apóstol San Juan: “Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio”.

Nuestros límites, y las virtudes divinas, son aquello que presentamos a Dios, para que él multiplique su gracia, manifieste su poder, y opere la salvación en nosotros.
La Salvación es la unión con Dios. Jesús vino a unirnos. Por él se realiza la unión con el Padre. El Espíritu Santo nos es dado para sellar la unión. Cualquier otro bien es perecedero, inestable, evanescente.

La unión salvadora con Dios ordena todas las cosas. Las jerarquiza. Unidos a Dios, por su Gracia, gustamos la paz. Son los signos de la Salvación mostrándose en nosotros.
En el Evangelio, hoy, se nos dice que Jesús mandó a que hicieran sentar a la multitud. Unos cinco mil hombres. Los ordenó. Aquello tuvo algo de rito. No fue sólo dar de comer, sino disponer al pueblo para la recepción de una Gracia extraordinaria. 

El orden conserva la paz, y hace posible la alabanza, la constatación del paso de Dios. “Jesús tomó los panes, dio gracias, y los distribuyó. Lo mismo hizo con los pescados”. He ahí una auténtica liturgia. El amor saciando, y anticipando el alimento verdadero, signo clarísimo de la Eucaristía, con la que Cristo alimentará al Pueblo santo hasta que vuelva. “Si no comen de este Pan, no tendrán vida en ustedes”, dice el Salvador.

“Al ver el signo decían: este es verdaderamente el Profeta que debía venir al mundo”. Y más que un Profeta. El Emmanuel. El Santo de Dios. La Verdad rechazada por migajas de muerte, por comidas envenenadas, por el pan de la idolatría, por los peces del diablo, por la mentira y la seducción de la oscuridad.

A Jesús, hoy como ayer, se lo acepta y se lo rechaza de muchos modos. Y en eso nos va la Vida y la muerte, la plenitud o el desorden desintegrador, la Gloria o la gehena.

¿Por qué lo quisieron hacer Rey? Porque, quisieron instrumentar la fuente de la Gracia. Manipular al Señor. Manejarlo para intereses bajos. “Ustedes son de la tierra, Yo Soy de lo Alto”, dirá en otra ocasión. En aquel momento dejaron de postrarse ante la maravilla. Y Jesús huyó. Como huye cada vez que lo queremos usar, cuando lo tratamos como objeto, como ídolo. Pero permanece allí donde el corazón se sacia desde la humildad, se maravilla ante el don de la vida y de la gracia, se inclina a adorar, y, a servir desde el último lugar.

Pequeña Hostia. Inmenso Dios. He ahí, el camino.

* Asesor espiritual de los Grupos de Oración del Padre Pio, Argentina

a Raffaelina Cerase


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Huye, huye hasta de la más mínima sombra que te haga sentirte importante. Reflexiona y ten siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y nuestra, la cual, a medida que aumentaban en ella los dones celestiales, profundizaba cada vez más en la humildad, de modo que, en el mismo momento en que fue cubierta por la sombra del Espíritu Santo, que la convirtió en Madre del Hijo de Dios, pudo cantar: «He aquí la esclava del Señor». Y lo mismo cantó nuestra tan querida Madre en casa de santa Isabel, a pesar de llevar en sus castas entrañas al Verbo hecho carne.
En la medida que crezcan los dones, crezca tu humildad, pensando que todo nos es dado como préstamo; al aumento de los dones vaya siempre unido el humilde agradecimiento hacia tan insigne bienhechor, de modo que tu espíritu prorrumpa en alabanzas continuas. Actuando así, desafiarás y vencerás todas las iras del infierno: las fuerzas enemigas serán despedazas, tú te salvarás y el enemigo se corroerá en su rabia. Confía en la ayuda divina y ten por cierto que quien te ha defendido hasta ahora, continuará su obra de salvación.

 (13 de mayo de 1915, Ep.II, p. 417)