7 de marzo de 2014

Homilía en el funeral del P.Elías Cabodevilla


Iglesia de los Capuchinos de Pamplona, homilía pronunciada el 7 de marzo por el misionero capuchino Eulalio Cabodevilla Garde:

Viajaba una tarde en Chile, donde vivo,  de la  ciudad de  Temuco a la ciudad de Concepción. Yo iba detrás del conductor. Y tuve que colocar un paño en la ventanilla porque el sol me molestaba a esa hora. Y sin embargo, en el espacio de 100 kilómetros el conductor iba haciendo funcionar el parabrisas porque había una lluvia persistente y a veces violenta, los famosos chubascos. Y recuerdo que pensé, qué hermosa imagen para la partida  cristiana de un hermano. Se nos caen las lágrimas por el dolor  y sin embargo el horizonte está lleno de sol, lleno de luz, lleno de esperanza.

Y  desde esta  imagen, que en estos días la he recordado y  revivido con la muerte de mi hermano,  me he puesto a imaginar  lo que Elías, instalado en esa claridad que es Dios,  con su voz pausada y con una alegría pascual desbordante nos habla: ¿Qué nos dice?

Muchos de vosotros seguramente estáis tristes por mi partida como si me hubierais perdido para siempre. No os equivoquéis. Estoy vivo. Pero de otra manera. No intentéis entender la Vida Eterna.

La mente humana jamás podrá concebir ni la lengua expresar esta nueva vida que estoy viviendo. Es otra cosa.

Aquí  desconocemos absolutamente lo que vosotros llamáis  tristeza o ansiedad. Aquí vivimos eternamente en un mar de serenidad y de calma. Es lo que el corazón humano soñó desde siempre.

Debéis saber otra cosa: aquí hay un río caudaloso que no sólo recorre de parte a parte el paraíso, sino también las arterias de todos los que aquí habitamos. Y el río se llama Amor y el Amor se llama DIOS.¿Cómo os diré? He llegado a mi Casa.  Estoy en mi Casa. He llegado a mi Patria. Para siempre. Ya no hay exilio.

 ¿Y Dios? Es imposible hablar de Dios.  Dios me tiene cautivado, infinitamente pleno y dichoso, como no os podéis imaginar. En suma, estoy vivo, en una eterna fiesta. Alegría para todos.

He querido recoger estas expresiones de nuestro querido hermano capuchino oriundo de Azpeitia,  pero perteneciente a Chile (y al mundo) Ignacio Larrañaga en la eucaristía de funeral de su entrañable compañero y  amigo Camilo Luquin, capuchino también, con el que vivió en Santiago de Chile por espacio de 30 años.

Nos hemos dejado envolver en esta oportunidad con un texto de la Palabra de Dios muy breve, pero emblemático de San Pablo a los Cristianos de Roma.  “Si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos para el Señor morimos. Tanto en la vida como en la muerte somos del Señor” (Rom 14,8).  Nos dice, pues, que Elías tanto en su vida como en su muerte es del Señor.  Y, haciéndonos eco del salmo 23  el Señor  es mi PASTOR nada me habrá de faltar: podemos aplicarcárselo a Elías: Él Señor es  el que te dio la vida, el que te llegó a conocer mucho mejor de lo que tú mismo te conocías, el que te llamó a vivir con Él, el que te guió, el que te condujo a fuentes tranquilas, el que te mostró su rostro y su cariño, el que lleva tu nombre escrito en la palma de su mano y  el que dio su vida por ti  por amor. Elías, como ya  lo hemos dicho, (y ahora lo entiendes muy bien),  eres del Señor para siempre. Un día tú escribiste tres  libros sobre las celebraciones y homilías de los grandes tiempos litúrgicos. Y porque quedaste cautivado por el texto del Evangelio que hemos proclamado hoy,  los titulaste: Camino, Verdad y Vida. Y lo hiciste porque sabías que nadie va al Padre sino por Jesús, el Resucitado. Ahora lo has comprobado con alegría.

Podemos preguntarnos: ¿Quién es esta  persona por el que el Señor hizo tales cosas? ¿Quién es realmente Elías, el hermano Elías, el Padre Elías?   Muchos de los aquí presentes lo conocisteis muy bien.  Mucho mejor que yo sin duda.

En primer lugar mi familia. Mi familia de sangre aquí presente.  Sin duda que recordáis cómo Elías venía como marcado por el dedo de Dios. Desde niño le gustaban las procesiones, el ayudar a misa todos los domingos, ir a cuanto evento religioso hubiera  en la Iglesia de Artozqui. Y yo, mocoso en aquel entonces, oía  decir a mi familia: “Este va pa´fraile”. Y así fue. Fue capuchino y un capuchino muy enamorado de su vocación. Y fue el confidente, el consejero de todos los asuntos del caserío de Muniáin. Escuchador silencioso y siempre clarividente de los míos.  El que solucionaba los problemas jurídicos y de los otros. En realidad todos los problemas.

Y los demás: Muchos de vosotros aquí presentes tuvisteis una cercanía con Elías, una experiencia viva, un acompañamiento cercano, un descubrir tal vez a su lado, vuestra vocación a la consagración. Participasteis  en su entusiasmo por los grupos de liturgia; o  en  la Orden Franciscana Seglar; o en las peregrinaciones por él organizadas a Asís o Tierra Santa, o quedasteis embelesados por la pasión por dar a conocer la vida y espiritualidad  de su querido Padre Pío como se decía en el relato de su biografía.  Y podemos caer en la tentación de ensalzarlo como que él ha sido  el que ha orientado o cambiado mi vida definitivamente,  y convertirlo en protagonista de mi historia. Y desde ese halo de luz imaginario del que hablábamos al comienzo Elías nos vuelve a recordar: NO OS EQUIVOQUEIS, -nos dice-  “NADIE PUEDE DECIR: JESUS ES EL SEÑOR SI NO ES MOVIDO POR EL ESPÍRITU” (1Cor 12, 3).    Si ha habido algo bueno  en mi vida viene del Señor, a Él le pertenece. A cuántas personas he acompañado, pastoreado, animado, entusiasmado tal vez, todo, absolutamente todo, es obra del Espíritu. Y no os olvidéis (nos recuerda) de la advertencia de Jesús: “Para que viendo los hombres vuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos”.

Indudablemente que el Padre Dios derramó muchos dones y talentos en Elías, como ya se dijo.  

EL SELLO DE DIOS. LA PASIÓN  por Dios  que le  ha acompañado toda su vida. Una INTELIGENCIA privilegiada. El tener las inquietudes de un buscador vanguardista: Desde joven con la pasión por la fotografía, luego serían los telones para proyectar los cantos en las Iglesias  y no digamos nada en todas las iniciativas en la etapa de difusión de la espiritualidad del Padre Pío. En todo esto, conocéis que ponía una pasión, una tenacidad y un detallismo que hacía que las cosas salieran sí o sí.

Tengo la impresión de que todo lo anterior hacía que mucha gente se acercara a él buscando apoyo y acompañamiento. Una mención especial  merece la última etapa de su vida con la devoción al Padre Pío. Parecía increíble que pudiera ser verdad cuando contaba las actividades que realizaba en un solo día en sus viajes por naciones de América Latina. Me confió una vez que había estado siete horas y media seguidas hablando de él.               Estos son algunos dones que el Señor le regaló. Pero no olvidemos la advertencia  de  Elías: Nadie puede decir Jesús es el Señor si no es movido por su Espíritu. Yo no he sido sino un humilde instrumento; Como quería Francisco de Asís:  un humilde hermano  menor de los soplos del Espíritu.

El Señor tuvo una gran delicadeza con él: hizo sonar la campanilla para anunciar su llegada. Le regaló un mes y seis días para prepararse.  Y en silencio Elías fue viviendo Getsemaní y seguramente, como Jesús, gritó más de una vez, “que pase de mí este cáliz, pero que no se haga lo que yo quiero sino lo que quisiera Tú”. Tenía tal ansia de vivir que le costó dejar esta tierra nuestra. Le costó mucho. Pero nos imaginamos, que en esos largos ratos de silencio en el hospital, terminó haciendo suya  la estrofa de una glosa del Cántico a la Creaturas del santo de Asís:  “Cuando a mi puerta la muerte se detenga  y me diga que es hora de partir;  hermana muerte le diré: llévame a Dios para vivir junto con Él la eternidad. Y en ese corto camino lo fuimos acompañando todos, física o espiritualmente, desde el silencio, el respeto y el cariño.

Y, para concluir,  desde ese resplandor de sol y de luz en Cristo Resucitado, con el que comenzamos estas palabras, nos lo imaginamos nuevamente a Elías diciéndonos  entusiasmado: ¡¡ERA VERDAD TODO LO QUE VIVÍ EN LA FE. ERA VERDAD. AHORA LO PUEDO VER CON MIS OJOS  Y  TOCAR CON MIS MANOS!!  NO SE IMAGINAN LO QUE DIOS  TIENE PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN!!

 Y con la misma pasión que lo dominó siempre y, desde esa misma luminosidad,   seguramente nos querrá  ARENGAR  a los que seguimos en el camino de la fe.   Y lo hará  recogiendo los versos de uno de nuestros poetas latinoamericanos:

 “No te rindas, por favor, no cedas,  aún estas a tiempo  de alcanzar y comenzar de nuevo,  aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,  liberar el lastre y  retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,  continuar el viaje,  perseguir tus sueños,  destrabar el tiempo,  correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas,  aunque el frio queme,  aunque el miedo muerda,  aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma,  aun hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo,  porque esta es la hora y el mejor momento,  porque no estás solo    y porque yo te quiero”.

A Jesucristo, el Resucitado, al que nadie puede decir  que es el Señor si no es movido por su Espíritu, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. AMÉN.

TEXTOS DE LA EUCARISTÍA:
ROMANOS, 14, 7-9 y 10-12
SALMO 23: EL SEÑOR ES MI PASTOR NADA ME HABRÁ DE FALTAR
EVANGELIO: JUAN 14, 1-6.


5 de marzo de 2014

Llegó la hora, Elías


Soneto cariñoso en homenaje al P. Elías Cabodevilla Garde,
que murió santamente el Miércoles de Ceniza de 2014,
hermano sabio y humilde,
de gratísimo recuerdo para todos.

Llegó la hora, Elías, buen cristiano;
serenidad…, ¡oh Dios y Padre mío!:
conmigo ven, te dice el Padre Pío,
toma mi tierno abrazo, dulce hermano.

Enhorabuena, siervo veterano,
de todos servidor, de ti vacío;
llegó, feliz, a puerto tu navío
en la ribera Cristo alza su mano.

Recibe tú, dichoso, su trofeo,
el infinito amor de su costado:
la paz de Dios ya colma tu deseo.

Y ruega por nosotros a su lado,
Elías, secretario y fiel correo,
que a tu cuidado queda este recado.

Guadalajara, Jalisco, Miércoles de Ceniza 2014

Hno. Rufino María Grández, capuchino.






Descanse en paz!

Paz y Bien, Hermanos:

Les comunico que nuestro hermano Elías Cabodevilla ha fallecido el día de hoy, 5 de marzo, a las 22:15pm (hora España). Que descanse en paz nuestro hermano, gran ejemplo de entrega y constancia.

Néstor Wer

25 de febrero de 2014

El Padre Pío, "fotocopia de Cristo" (20).



Como Jesús, «que pasó haciendo el bien» 
(Hech 10, 38).

De labios del apóstol Pedro habían salido ya alabanzas muy bellas sobre Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16, 16); «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68-69) La que recoge el Libro de los Hechos de los Apóstoles no lo es menos y podemos ver en ella un acertado resumen de la vida de Cristo. La pronuncia Pedro en un momento especialmente delicado de su actividad apostólica: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hech 10, 38). 

Jesús «pasó haciendo el bien»; no sólo hablando del bien y proponiéndolo a los demás. Sin descuidar otras expresiones del bien, se centró en la más importante: curar «a los oprimidos por el diablo». Para hacer el bien y promoverlo, tuvo que desenmascarar formas de pensar y de actuar que la sociedad religiosa de su tiempo tenía por buenas y que no lo eran: «Maestro, la ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» (Jn 8, 5); e introducir otras que se consideraban contrarias a la voluntad divina pero que le eran muy queridas a Dios: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado (Mc 2, 27). Y haciendo el bien manifestaba con claridad que «Dios estaba con él».

Para hacer el bien, si no necesario, es muy importante hacer bien lo que a uno le corresponde hacer. Y de Jesús dice el Evangelio de San Marcos: «Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7, 37).

--- - ---

Del Padre Pío de Pietrelcina, quien no cierre los ojos a la realidad, o falsifique la verdad, tendrá que decir, como el apóstol Pedro de Jesús, que: «pasó haciendo el bien». Y muy probablemente tendrá que afirmar también los otros datos que he señalado en relación a Jesús.

- El reconocimiento oficial de la santidad del Padre Pío por parte de la Iglesia, al beatificarlo el 2 de mayo de 1999 y canonizarlo el 16 de junio del 2002, es prueba clara de que el Santo capuchino pasó su vida haciendo el bien. ¿Todo el bien que le fue posible? Esto sólo lo sabe Dios; pero, por las informaciones que tenemos, podemos afirmar que el bien que hizo fue muy grande, que de ese bien se beneficiaron muchísimas personas de los cinco continentes y que lo realizó a lo largo de su larga vida de 81 años.

- El Padre Pío, al igual que Jesús, hizo el bien de muchos modos, pero de forma muy especial «curando a los oprimidos por el diablo». Al indicar la “misión grandísima” que el Señor le había confiado, él ponía en primer lugar: «Liberar a mis hermanos de los lazos de Satanás». Veamos. El Sacramento instituido por el Señor para liberar de los lazos de Satanás, es decir, del pecado, es el de la confesión. Y el Padre Pío, como dijo de él el Papa Pablo VI: «Confesaba de la mañana a la noche». A los que creen que, cuando se habla de las horas que el Padre Pío pasaba en el confesonario, el número se indica a “lo que sale”, puede servirles este dato: El Visitador apostólico enviado por el Vaticano, Rafael Carlos Rossi, en junio de 1921, interrogaba al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior del convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo, después de haberle hecho jurar ante los Evangelios que diría la verdad. Le pregunta sobre el Padre Pío: «¿Es verdad que está hasta 16 horas en el confesonario?». Le responde: «Hasta ahora, sí; de tal forma que celebra incluso a las 12:30 y a las 13». Pero hay otros medios para liberar a los hombres de sus pecados; y ¡con qué intensidad los usaba el Santo capuchino! Solía repetir: «Salvar almas orando siempre»; y esto es lo que escribió al padre Benedicto el 20 de noviembre de 1921: «Cuántas veces, por no decir siempre, me toca decir a Dios juez, como Moisés: “O perdonas a este pueblo o bórrame del libro de la vida”». Escribió al padre Agustín el 20 de septiembre de 1912: «Él (el Señor) se elige algunas almas, y entre ellas, aunque soy totalmente indigno, ha elegido la mía, para ser ayudado en la gran empresa de salvar a los hombres. Y cuanto más sufren estas almas sin consuelo alguno, más se aligeran los sufrimientos del buen Jesús»; y continuó escribiendo: «He aquí el motivo por el que deseo sufrir cada día más y sin consuelo alguno»…

- El Padre Pío, como Jesús, hizo el bien a los que sufrían en el cuerpo, sobre todo a los enfermos. Dejando de lado las muchas curaciones sorprendentes, milagrosas, obradas por el Señor ante los ruegos del Santo, el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, promovido por él en San Giovanni Rotondo, indica bien a las claras lo que resaltó Juan Pablo II en la ceremonia de Canonización del Capuchino de Pietrelcina: «Además de la oración, el Padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la “Casa Alivio del Sufrimiento”».

- También al Padre Pío, como a Jesús, le correspondió discernir, y hacer que lo descubrieran sus Directores espirituales, cuál era el bien que debía ofrecer a los demás y, como consecuencia, dejar al Señor que le preparara y prepararse él mismo para llevarlo a cabo. Dios quiso al Padre Pío, ya religioso capuchino, lejos de la vida de comunidad y del convento, durante siete años, en Pietrelcina. Situación del todo anómala, que llevó al padre Benedicto, Director espiritual y Superior provincial del Padre Pío, a pensar, y actuar en consecuencia, de este modo «Si Dios te quiere capuchino, te querrá en el convento; si no te quiere en el convento es que no te quiere capuchino»; y al Padre Pío, convencido de que esa situación la quería el Señor, a ayudar a los padres Benedicto y Agustín a que la descubrieran así y respetaran el proyecto de Dios. 
- Al Padre Pío, como a Jesús, no le resultó difícil descubrir que «Dios estaba con él» y manifestar que todo el bien que pasaba por su persona hacia los demás, venía del Señor. «¿Qué es lo que puedo hacer yo? Todo viene de Dios. Yo sólo soy rico en una cosa, en una infinita indigencia».

- Y el Padre Pío, como Jesús, hizo bien aquello que debía hacer. Sería fácil encontrar miles de testimonios que repitieran en relación al Padre Pío lo que otros, en el colmo del asombro, dijeron de Jesús: «Todo lo ha hecho bien». Nos sea suficiente el de su Director espiritual, el padre Benedicto, que, en febrero de 1918, le escribió: «Ésta es la verdad y, si hablara de otro modo, no sería sincero. Ningún pecado grave o venial encuentro en tu alma que pueda legitimar tus temores».

Elías Cabodevilla Garde

18 de febrero de 2014

El Padre Pío, "fotocopia de Cristo" (19).

Como Jesús, que acogió y bendijo a los niños (cfr. Mt 19, 14-15).

Entre los preferidos de Jesús tenemos que poner a los niños. Preferidos, ¿sólo por tratarse de seres pequeños, débiles, que no poseen nada…, o también porque, con frecuencia, eran marginados en la sociedad en que le tocó vivir?
Jesús, en su predicación, se refiere de muchos modos a los niños, y los Evangelios recogen con detalle sus enseñanzas:
- Acoger a un niño en nombre de Jesús es acoger al mismo Cristo y, por tanto, al Padre del cielo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado» (Lc 9, 46-50). 
- Hacerse como niños es condición para entrar en el reino de los cielos y para ser el más grande en él: «En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos» (Mt 18, 3-4).
- Escandalizar a un niño es tan grave que «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18, 6).
Si son muy aleccionadoras estas enseñanzas de Jesús, no lo es menos su modo de actuar con los niños. San Marcos nos lo presenta así: «Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis… Y tomándolos en brazos los bendecía» (Mc 10, 13-16).

--- - ---

El Padre Pío de Pietrelcina, sin decirlo con palabras, actuaba en relación a los niños de forma muy parecida a la de Jesús. Lo que no aportan suficientemente las biografías del Santo lo podemos descubrir, si sabemos “leer”, sobre todo en su rostro, en las muchas fotografías que nos muestran al Padre Pío o rodeado de niños, o dándoles la primera comunión, o visitándolos y repartiéndoles caramelos, o… 
Pueden sernos suficientes estas tres informaciones:
- Donato Calabrese, en su libro “Padre Pío – Siete años de misterio en Pietrelcina”, escribe: «No puede confesar porque no ha recibido la autorización del superior provincial, el padre Benedicto de San Marco in Lamis. Esta privación le hará sufrir mucho de ahora en adelante. Mientras tanto, bautiza, enseña el catecismo, tanto en el pueblo como en Piana Romana, prepara a los muchachos para las funciones parroquiales, como el rezo del rosario y la bendición eucarística vespertina. Esparce la semilla de la buena palabra y del testimonio de ser sacerdote de Cristo». Y seguro que, en esa buena palabra, no faltaría la llamada especial a los niños al rezo del rosario ante el cuadro de la Virgen de la “puerta Madonnella”, al que invitaba a los vecinos de Pietrelcina los sábados del año y durante el mes de mayo. 
- El Padre Pío, en sus visitas a los enfermos del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, se detenía todo el tiempo que le era posible en la sección reservada a los niños, a los que acariciaba y bendecía, a los que animaba a empeñarse por superar la enfermedad, a los que pedía confiar en Jesús y encomendarse a la Virgen María…
- Y el Padre Pío, con todo lo anterior, sin olvidar los otros beneficios que su modo de actuar aportaba a los niños, buscaba sobre todo que crecieran en la fe y progresaran en el amor a Jesús y a los demás. Más aún, no dejaba de estimular a los padres en su misión de educar a los hijos, y respondía afirmativamente a los que le preguntaban si le parecía bien que se dedicaran a dar la catequesis a los niños y jóvenes. 
A una madre de familia le escribió: «Ponga en solo Dios todas sus preocupaciones, pues él tiene cuidado especialísimo de usted y de esos tres angelitos de hijos con que la ha querido adornar… Preocúpese siempre de su educación, no tanto científica cuanto moral. Téngalos en su corazón y quiéralos más que a las niñas de sus ojos. A la educación de la mente, mediante buenos estudios, procure unir siempre la educación del corazón y de nuestra santa religión; aquélla sin ésta, mi buena señora, causa una herida mortal al corazón humano».
- Y ésta fue su respuesta a quien le preguntaba si debía colaborar en la catequesis a los niños: «Sí, bendigo de corazón la obra de dar catequesis a los niños, que son las florecillas predilectas de Jesús».

Elías Cabodevilla Garde

4 de febrero de 2014

Noticia

Paz y Bien, Hermanos:

Les comunico que nuestro hno. Elías Cabodevilla se encuentra hospitalizado. Le han detectado cáncer en el páncreas, al parecer algo extendido. La lucha no será fácil, pero algo de esperanza hay.

¡Unidos en la oración por la recuperación de nuestro hermano Elías, a través de la intercesión del P. Pío!

 Un saludo,

 Hno. Néstor Wer

24 de enero de 2014

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (18)


Como Jesús, que perdonó y oró por los que le “crucificaron” (cfr. Lc 23, 33).
 Jesús, que nos pidió perdonar «hasta setenta veces siete» (Mt 18, 22), supo, no sólo perdonar, sino también excusar a los que le crucificaron. Sirvan de ejemplo estos dos momentos.
- San Lucas, tras el relato de las tres negaciones del apóstol Pedro, escribe en su Evangelio: «El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro». Mirada de perdón, de olvido, de acogida…, pues «Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho… Y, saliendo afuera, lloró amargamente» (Lc 22, 61-62).
- El mismo evangelista, después de escribir: «Y cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda», añade: «Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 33-34).
--- - ---
El Padre Pío, que pasó la mayor parte de su vida ofreciendo el perdón de Dios en el sacramento de la confesión, supo, no sólo perdonar, sino también ayudar y orar por los que le “crucificaron”. Sirvan de ejemplo estos tres hechos:
- Monseñor Pascual Gagliardi y don José Prencipe. El padre Agustín de San Marco in Lamis escribe en su “Diario”: «Cuando por los años 1918-1919 se propagó en la prensa diaria la fama del padre Pío, dio principio al mismo tiempo una guerra sorda, suscitada por ciertos elementos del clero local, sostenidos por Monseñor Gagliardi, mediante el cual llegaron a Roma numerosísimas cartas repletas de acusaciones, exageraciones, calumnias..., una verdadera guerra satánica».
+ Monseñor Gagliardi era el Arzobispo de Manfredonia, Diócesis en la que estaba enclavado San Giovanni Rotondo. Años más tarde, en octubre de 1929, fue depuesto del cargo de Arzobispo por su vida inmoral y escandalosa y se retiró a Tricarico, donde murió en 1941.
El Padre Pío, al recibir la noticia de la muerte de Gagliardi, dada por el Superior del convento, el padre Rafael de Sant’Elia a Pianisi, dijo: «Mañana celebraré la Misa en sufragio por su alma». Y el padre Rafael nos ofrece un dato más: «Pascual Gagliardi con frecuencia escribía al convento de los Capuchinos de San Giovanni Rotondo pidiendo intenciones de santas Misas con el correspondiente estipendio. Se le envió siempre. Pero hay que recalcar que el más favorable a esta obra de caridad, era precisamente él, el Padre Pío».
+ Don José Prencipe, Arcipreste de San Giovanni Rotondo, estaba entre los «elementos del clero local» a los que se refiere el padre Agustín, y como elemento muy activo en la «guerra satánica» contra el Padre Pío.
En junio de 1933, el nuevo Arzobispo de Manfredonia, monseñor Andrés Cesarano, al visitar al Padre Pío, se hizo acompañar de don José Prencipe. Hacía más de 10 años que éste no se había dejado ver en el convento de Capuchinos. El Padre Pío lo recibió con un abrazo muy cordial, como para indicarle que lo pasado estaba ya perdonado y olvidado.
- Don Juan Miscio. Era Canónigo de San Giovanni Rotondo. Buscaba dinero de la forma que fuese. Y en 1925… Hizo creer a María Pompilio, devota del Padre Pío, que había escrito un libro, que había entregado ya al editor de Milán, en el que el Padre Pío aparecía de la forma más denigrante y lamentable que se podía imaginar. Estaría dispuesto a suspender su publicación para evitar el descrédito del Padre Pío, pero, para anular el contrato con el editor, tendría que abonar cinco mil liras, que no tenía. María Pompilio creyó el embuste y corrió a informar al hermano del Capuchino de Pietrelcina, Miguel Forgione. La noticia, además de causar el lógico terrible sufrimiento al Padre Pío, llegó también a conocimiento de Manuel Brunatto, que sospechó que se trataba de una mentira de mala ley. Desenmascarado el embuste por los “carabinieri”, el asunto pasó a los tribunales de justicia y el Canónigo fue detenido en noviembre de ese año 1925. A lo largo de siete años, don Juan Miscio fue condenado a tres meses de cárcel y mil liras de multa; recurrió la sentencia; el Tribunal de Apelación aumentó la pena a veintiséis meses de prisión; la Corte de Casación confirmó el juicio del Tribunal de Apelación; y el Ministro de Justicia rechazó la petición de gracia.
El Padre Pío, que lloró al conocer la condena a prisión del que había sido uno de sus acusadores, escribió directamente al Ministro de Justicia pidiendo gracia para Miscio, y también al Rey Víctor Manuel III para que el agraciado por el Ministro de Justicia pudiera encontrar un trabajo de maestro.
- Padre Justino de Lecce. Es el capuchino que, en 1960, en el tiempo en que cumplía el encargo de “ángel custodio” del ya anciano Padre Pío, por propia iniciativa o, más bien, siguiendo órdenes recibidas de sus Superiores, decidió instalar micrófonos en diversos lugares del convento de San Giovanni Rotondo para espiar al Padre Pío grabando sus conversaciones e incluso las confesiones que escuchaba, y las grabó al menos durante tres meses.
+ El padre Justino, en el “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Pío de Pietrelcina”, declaró: «El Padre Pío supo el hecho de las grabaciones; no creo que hubiera conocido el contenido de la grabación principal. Ciertamente supo que había sido yo, pero nunca me dijo nada».
+ Y el padre Eusebio Notte, en el mismo Proceso, manifestó: «Una noche estaba a solas con el Padre Pío en su celda n. 1. Y noté que el Siervo de Dios oraba con particular recogimiento. Confidencialmente le pregunté: “¿Tiene alguna preocupación esta noche?”. El Padre Pío enseguida y sin inmutarse: “Estoy orando por el padre Justino”. A lo que yo, casi enojado: “¡Ah!, Padre, ¡eso no!; ¡es demasiado!”. Y el Padre Pío: “Hijo mío, también él es un alma a la que salvar”».
--- - ---
Porque, a ejemplo de Cristo, supo perdonar, ayudar y orar por los que le “crucificaron”, con fray Modestino de Pietrelcina, podemos llamar al Padre Pío: “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde