Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Padre Pio y su devoción a la Virgen


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Extraído de “El Padre Pio y su devoción a la Virgen María” por Fray Elías Cabodevilla Garde, sacerdote capuchino

Publicado en la Revista MIRIAM - LXIII - nº 373 - Mayo-Agosto 2011 - Págs. 102-115.

·         El Padre Pizzatelli, en su libro: “Padre Pío, Maestro di devozione mariana”, escribe: «No basta afirmar que la devoción a la Virgen María del “Serafín del Gárgano” es tiernísima, vivísima, ferventísima… Su amor a María no es sólo un elemento de su espiritualidad…; es el alma, la esencia de su espiritualidad y santidad».

·         Y Benedicto XVI, en su visita a San Giovanni Rotondo del 21 de junio del 2009, antes del rezo del “Ángelus”, dijo del Padre Pío: «Siempre experimentó por la Virgen un amor muy tierno… Toda su vida y su ministerio se desarrollaron bajo la mirada maternal de la santísima Virgen y con la potencia de su intercesión».

 1.         El Padre Pío, al escribir sobre sí mismo a sus Directores espirituales, usa muchas veces la palabra «misterio». Por ejemplo, en su carta de 17 de octubre de 1917: «¡Qué grande es mi desventura! ¿Quién podría comprenderla? Sé muy bien que soy un misterio para mí mismo; no logro comprenderme». Si el Padre Pío era un misterio para sí mismo, necesariamente será un misterio para nosotros. Y lo es también en el tema que estamos abordando: la relación del Santo de Pietrelcina con la Virgen María, y, quizás más, la relación de la Virgen María con el Padre Pío. Cito sólo tres ejemplos.

2.        El primero nos lleva a preguntarnos qué implica que la Virgen María se enojara seriamente porque el Padre Pío le ha pedido una gracia, cuando no debía hacerlo, por obedecer a su Director espiritual. Lo cuenta el Padre Pío al Padre Agustín, en carta de 18 de mayo de 1913.

Hay que decir que no sabemos de cuál de estas dos gracias se trata: si la de poder regresar al convento abandonando Pietrelcina o la de poder comunicar a su Superior provincial y Director espiritual el motivo por el que el Señor lo quiere en su pueblo natal, fuera del claustro, ya que el Padre Benedicto, por los títulos indicados, se creía con derecho a saberlo. Lo cierto es que el Padre Agustín, sin duda por indicación del Padre Benedicto, había escrito esto al Padre Pío: «Yo creo que debes pedirle mucho esta gracia que nosotros sabemos, aunque la Madrecita sea contraria a ello».

El escrito del Padre Pío dice así: «Al recibir la última carta, quise presentar a la Madrecita la gracia que repetidas veces me has mandado que le pidiera, esperando conseguirla en esta ocasión al hacerlo por un camino distinto: el de la obediencia. Por desgracia, debo confesar para confusión mía que el fruto deseado no se ha conseguido, porque esta Madre santa montó en cólera ante mi atrevimiento de pedirle de nuevo la dicha gracia, que severamente ya me había prohibido. Esta mi involuntaria desobediencia la he tenido que pagar a muy caro precio. Desde aquel día se alejó de mí al igual que los otros personajes celestes».

·         El segundo ejemplo nos coloca ante una encomienda muy especial, por el contenido y sobre todo por el modo de hacerla, que la Virgen María confió a Fray Pío cuando éste tenía sólo 17 años de edad y, por tanto, estaba lejos de la Ordenación sacerdotal.

El escrito que la recoge, de febrero de 1905, dice así: «Hace unos días me ha sucedido algo insólito mientras me encontraba en el coro con fray Anastasio; serían entonces sobre las 23 horas del día 18 del mes pasado; me encontré lejos, en una casa señorial, en la que, mientras moría el padre, venía al mundo una niña. Se me apareció entonces María santísima que me dijo: “Te confío esta criatura. Es una piedra preciosa sin labrar: trabájala, brúñela, vuélvela lo más reluciente posible, porque quiero un día adornarme con ella. No dudes. Será ella la que vendrá a ti, pero antes la encontrarás en San Pedro”. Después de todo esto, me he encontrado de nuevo en el coro».

En febrero de 1905 Fray Pío estudiaba filosofía en Sant’Elia a Pianisi. El escrito es del Padre Pío, que él mismo entregó al Padre Agustín de San Marco in Lamis. Éste lo conservó durante años, hasta que lo entregó a Juana Rizzani, la niña que nació en Udine el 18 de enero de ese año 1905, hija de los marqueses Juan Bautista Rizzani y Leonilde Serrao. La Rizzani habló más tarde con el Padre Pío, que le garantizó la autenticidad del escrito. Después de la muerte del Capuchino, la Rizzani entregó el autógrafo al Superior del convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo.

E el largo testimonio de Juana Rizzani para el Proceso de beatificación y canonización del Padre Pío tenemos la información detallada de cómo fue su nacimiento, escuchada de boca de su madre; de cómo, en el verano del año 1922, consultó ciertas dudas en un confesonario de la basílica de San Pedro de Roma a un Fraile capuchino, a quien nadie conocía ni había visto en el templo, y a quien ella ni vio salir del confesonario ni lo encontró en él a pesar de haberlo buscado, pues, nada más terminar la consulta, quiso preguntarle dónde podría encontrarlo en el caso de que quisiera consultarle otros temas o confesarse con él; de cómo, en el año 1923, atraída por las noticias sobre un Fraile que tenía las “llagas” del Señor en su cuerpo, viajó a San Giovanni Rotondo y, al confesarse con el Padre Pío, éste le descubrió la encomienda que, en relación a ella, había recibido de María santísima; de cómo fue la dirección espiritual que le fue ofreciendo el Capuchino… Por este testimonio sabemos  también que el Padre Pío, al escuchar el encargo que le hacía la Virgen María, puso esta objeción, que explica las últimas líneas del escrito: «Pero ¿cómo va a ser posible, si todavía soy un pobre clérigo y no sé si un día tendré la fortuna y la alegría de llegar a ser sacerdote? Y aún en el caso de que llegara a serlo, ¿cómo podría yo ocuparme de esta niña estando tan lejos de aquí?».      

·         3º. El tercer ejemplo se refiere al rezo del Rosario por parte del Padre Pío y motiva esta pregunta: Si es cierto que rezaba al día tantos Rosarios como se afirma, ¿cómo lograba hacerlo si se preparaba para la Misa con al menos tres horas de oración, si la celebración de ésta duraba con frecuencia hasta dos y más horas, si pasaba diez, doce y más horas diarias en el confesonario…?  

En el “Diario” que el Padre Pío comenzó a escribir en julio de 1929, a petición del Padre Agustín, su Confesor en este tiempo, en el apartado «Devociones particulares diarias», anota lo siguiente: «No menos de cinco rosarios completos».

El Padre Carmelo de Sessano, Superior del convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo desde 1953 a 1959, nos ha dejado el testimonio de lo que le sucedió el día 6 de febrero de 1954. Como hacía a diario, después de la cena fue a desear las “Buenas noches” al Padre Pío, esta vez acompañado de dos religiosos. Lo encontraron casi preparado para acostarse, con una cofia en la cabeza… Y así transcribe el diálogo habido entre ellos: «Con la puerta aún semiabierta, el Padre ha dicho: “Debo decir otros dos rosarios, dos y medio,  y me acuesto”. Y yo: “Padre, por favor, ¿cuántos rosarios ha dicho hoy?”. Y él: “¡Beh!; a mi superior tengo que decirle la verdad: he dicho treinta y cuatro”. Y nosotros: “¿Cómo hace para rezar tantos?”. Y él: “... pero esto no es para ustedes”. 34 + 2 = 36 rosarios ¡en un día! “Sí, 36, recalca uno de los religiosos: yo ya lo sabía. ¡Me lo había dicho él!».

Cleonice Morcaldi, hija espiritual del Padre Pío, en su obra “Recuerdos del Padre Pío”, escribe esto: «Le pregunté una vez cuántos rosarios completos rezaba entre el día y la noche. Me respondió: - "Unas veces 40, otras veces 50". - "¿Cómo hace para rezar tantos?". - "¿Y cómo haces tú para no rezarlos?”».

El hecho de que el Padre Pío rezara tantos Rosarios parece suficientemente acreditado. El cómo lograba rezarlos nos quedará seguramente en el misterio. A no ser que lo que sigue sea una explicación suficiente. Dicen que, a la pregunta jocosa de un religioso: «Padre Pío, dicen que Napoleón era capaz de hacer hasta seis cosas a la vez; usted ¿cuántas?», respondió él con ingenuidad: «Yo seis a la vez no, pero tres sí. Puedo al mismo tiempo confesar, rezar el Rosario y pasearme por el mundo».

 3.         En la relación materno-filial de la Virgen María y el Padre Pío encontramos, entre otros, éste dato muy llamativo: El Santo percibía con claridad la actuación de la Virgen María en él y en el ministerio que realizaba. ¿Se trataba sólo de dotes especiales para percibir lo que la Virgen María realiza en todos y en cada uno de sus hijos? Sin duda, ¡hay algo más! Me atrevería a decir que el Padre Pío podría aplicar a la Virgen María lo que escribió de Jesús: «Desde el nacimiento me ha dado pruebas de una predilección especialísima». Me voy a referir, con un solo dato en cada caso, a la actuación de la Virgen María en los tres núcleos o aspectos de los que he dicho antes que son importantes en el Padre Pío y que, en torno a ellos, se podría presentar con acierto su vida, su ministerio y su santidad.

En relación al primero, he dicho que el Padre Pío, como respuesta a las «pruebas de predilección especialísima» que desde el nacimiento fue recibiendo de Jesús, intentaba –son sus palabras- que «todos los instantes de la vida transcurran en el amor al Señor».

En este intento de amar así a Jesús, ¿recibió alguna ayuda especial de la Virgen María? Esto es lo que el Padre Pío escribió el 6 de mayo de 1913 al Padre Agustín: «¿Qué he hecho yo para merecer tanta generosidad?¿Mi conducta no ha sido acaso una negación continua, no digo de su Hijo, sino del mismo nombre de cristiano? Y, sin  embargo, esta tiernísima Madre, en su inmensa misericordia, sabiduría y bondad, ha querido castigarme de una forma tan excelsa como la de derramar tantas y tan grandes gracias en mi corazón que, cuando me hallo en su presencia y en la de Jesús... me siento abrasándome del todo sin fuego; me siento abrazado y unido al Hijo por medio de esta Madre, sin ni siquiera ver las cadenas que tan estrechamente me atan; mil llamas me consumen… Las cadenas, que mis ojos no ven, las siento que me tienen atado y muy atado a Jesús y a su querida Madre; y es en esos instantes cuando, las más de las veces, me pueden los arrebatos; siento que la sangre me afluye al corazón y de éste a la cabeza, y estoy tentado de gritarles a la cara y llamar cruel al Hijo, tirana a la Madre».

En relación al segundo, he afirmado que el Padre Pío, como medio importante de realizar la «misión grandísima» que el Señor le había confiado, dedicó muchas horas al día a la atención del confesonario, para llevar a cabo lo que indicó en estas palabras: «liberar a mis hermanos de los lazos de Satanás» y «hacerles participar de la vida del Resucitado».

En su ministerio de Confesor, ¿tuvo el Padre Pío alguna ayuda especial de la Virgen María? Si faltara el último elemento de este relato, quizás no me atrevería a contarlo. Es el capuchino Tarsicio de Cervinara, Exorcista de la Diócesis en aquel tiempo, el que lo firma. Dice así: «Durante los exorcismos, entre las muchas cosas que pregunté al demonio, quise saber por qué el Padre trataba con severidad a tantas almas en el confesonario. Oigo que me dice: “El Padre Pío trata a cada alma como Dios quiere. A los lados del confesonario están siempre para asistirlo la Virgen y San Francisco, y el Padre Pío hace y dice sólo lo que éstos le sugieren”. El asunto me impresionó. Quise hablarlo con el interesado: “Padre, se lo pido en nombre de Dios y la respuesta debe dármela para mi tranquilidad. ¿Es verdad que en el confesonario está asistido por la Virgen y por San Francisco, y que en relación a las almas hace y dice todo y sólo lo que le viene sugerido por la Virgen Santísima y por el Seráfico Padre?”. “Hijo mío, si no estuvieran estos dos conmigo, ¿qué conseguiría hacer yo?”, oigo que me responde el Padre, con la cabeza inclinada y después de unos instantes de vacilación».


En relación al tercero, he indicado que el Padre Pío, porque escuchó a Jesús que le decía: «Te asocio a mi pasión», quiso «sufrir cada día más y sufrir sin consuelo alguno». Y esto por los dos motivos que le indicó el Crucificado al concederle el don de las “llagas” y que el Santo expresó muy bien en estas frases: «Yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre en los hombros de Jesús» y «Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?».

En el Padre Pío, la asociación a la pasión de Cristo se realizaba de modo muy especial en la celebración de la Misa. Cleonice Morcaldi, en su libro “Testimonianze”, nos transmite la respuesta del Padre Pío a esta pregunta que ella le formuló: - «Padre, ¿qué sufrimientos del Señor experimentas durante la Misa?». - «En cuanto la criatura humana es capaz, todo lo que sufrió el Señor en su pasión».

¿Disfrutó el Padre Pío de alguna asistencia especial de la Virgen María al celebrar la Misa? Escuchemos esto, escrito por el Padre Pío al Padre Agustín el 1 de mayo de 1912: «Sí, Padre, este mes ¡qué bien habla de las dulzuras y de la belleza de María!... El mes de mayo es para mí el mes de las gracias. Lo he constatado una vez más al comienzo de este hermoso mes. Con cuánto mimo ella me ha acompañado al altar esta mañana. Me parecía que no tuviera ninguna otra cosa en qué pensar sino sólo en llenarme del todo el corazón de santos afectos».

 4.         No quiero que, de lo expuesto hasta aquí, se saque la conclusión de que la devoción del Padre Pío a la Virgen era complicada, exclusiva para él y sin enseñanzas prácticas para nosotros. ¡Nada más lejos de la verdad!

La devoción del Padre Pío a María fue «tierna», como la calificó Juan Pablo II, al pedirle al Santo: «Transmítenos tu tierna devoción a María». Tierna porque fue sencilla, filial, o, como recalcan algunos, infantil, si a esta palabra le quitamos el tinte negativo que puede tener. Infantil en el sentido más exacto del término: lo que un niño pequeño vive en relación a su madre es lo que el Padre vivió en relación a la Virgen María.

La causa de esta ternura habría que ponerla en este dato que señala el Padre Pizzatelli: «El Padre Pío aprendió a conocer y a amar a la Virgen, no tanto en los libros de teología, cuanto en la oración humilde, afectuosa y constante. Fue en la oración donde el Santo de Pietrelcina buscó y alcanzó esa sabiduría íntima del corazón que le llevó a llamar a María: “Madre bendita”, “Madrecita”, “Madre tiernísima”, “Madre queridísima”, “bellísima Madrecita del cielo”, “Abogada”, “Auxiliadora”, “Socorro”, “Mediadora”…». Y no hay duda de que también fueron fruto de la oración estas dos súplicas, llenas de ternura, que el Padre Pío, en los días que permaneció en cama en el convento de Venafro, en noviembre-diciembre de 1911, en momentos de éxtasis, dirigió a la Virgen María, y que el Padre Agustín, que se las escuchó, nos ha transmitido en su “Diario”: «Escucha, Madrecita: yo te quiero mucho más que todas las criaturas de la tierra y del cielo..., después de Jesús, naturalmente...; pero te quiero mucho» y «Madrecita hermosa, Madrecita querida, eres bella. Si no existiera la fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más resplandecientes que el sol, eres bella, Madrecita; yo me glorío de ello, te amo, ¡ah!, ayúdame».

 5.         Tampoco quiero que, al escuchar esto, alguien piense que el Padre Pío vivió esa devoción mariana que rechaza el Concilio Vaticano II cuando dice, en “Lumen Gentium”: «La verdadera devoción mariana no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad». ¡Nada de esto en el Santo de Pietrelcina! Las tres cualidades que señala el Concilio para la verdadera devoción mariana las vivió con profundidad el Padre Pío, y mucho antes de que lo dijeran los Padres Conciliares. Nos fijamos brevemente en ellas.

Dice el Concilio que la verdadera devoción mariana «nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios».

En las cartas de dirección espiritual el Padre Pío recalca con claridad la unión íntima e indisoluble entre María, Madre del Hijo de Dios, colaboradora en la obra de la redención, dispensadora de todas las gracias…, y su hijo Jesús, el único Salvador y el único Mediador entre Dios y los hombres. Además, en los títulos que va dando a María en esas cartas, tenemos un rico tratado de teología mariana y una hermosa letanía que expresa esa excelencia de la Virgen sobre todas las demás criaturas. La va llamando: «Virgen clemente y piadosa», «Nuestra bella Madrecita Inmaculada», «Madre de Jesús y Madre nuestra», «Virgen bendita», «Mediadora de todas las gracias»...

Dice el Concilio que la verdadera devoción mariana «nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre».

Para el Santo de Pietrelcina María es, ante todo, la Madre. Una Madre que, como lo atestigua el Padre Agustín en su “Diario”, visita con frecuencia al Padre Pío, al menos desde que éste tiene cinco años. Una Madre siempre cercana, como lo afirma en una carta de 1 de mayo de 1912: «En los momentos de mayor sufrimiento, me parece no tener madre en la tierra, pero sí tener una, y muy piadosa, en el cielo». Una Madre, como he recordado antes, que lo «castiga» colmándolo de dones. Una Madre -lo he dicho también- que lo conduce a su hijo Jesús y lo vincula a él con lazos estrechísimos de amor. Una Madre a la que el Padre Pío ama «mucho más que todas las criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús naturalmente», y a la que quiere que todos amen, como lo manifiestan estas palabras: «Quisiera tener una voz tan fuerte como para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a la Virgen María».

Dice el Concilio que la verdadera devoción mariana «nos impulsa a la imitación de sus virtudes».

El Padre Pío vio siempre en la Virgen María a la discípula más perfecta de Jesús y, como consecuencia, intentó imitar sus virtudes. Más aún, la imitación fue para él la prueba de la auténtica devoción mariana y la finalidad última de sus oraciones y de sus prácticas piadosas. Y lo que vivía él lo proponía a los demás, incluso a sus Directores espirituales. Esto es lo que escribió el 1 de julio de 1915 al Padre Agustín: «Esforcémonos, pues, como tantas otras almas elegidas, por tener siempre delante a esta bendita Madre, por caminar siempre junto a ella, ya que no hay otro camino que conduzca a la vida sino el que nuestra Madre ha seguido. Nosotros que queremos llegar a la meta, no rehusemos seguir este camino». Una imitación que la iba concretando en cada una de las virtudes que la Iglesia admira en la Virgen María. Sirva de ejemplo esta invitación a Raffaelina Cerase, el 13 de mayo de 1915: «Reflexiona y ten siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y nuestra, la cual, a medida que crecían en ella los dones celestiales, siempre más se desfondaba en humildad, tanto como para poder cantar en el mismo momento en que fue cubierta con la sombra del Espíritu Santo, que la convirtió en Madre del Hijo de Dios: “He aquí la esclava del Señor”».

6.         En el Padre Pío, junto al hijo que ama tiernamente a su Madre del cielo, tenemos que admirar al promotor incansable de la devoción mariana.

Son muy significativas estas palabras del Papa Juan Pablo II en la beatificación del Padre Pío: «... el nuevo beato no se cansaba de inculcar en los fieles una devoción a la Virgen María tierna, profunda y enraizada en la genuina tradición de la Iglesia. Tanto en el secreto del confesonario como en la predicación volvía siempre a exhortar: ¡Amad a la Virgen María!». Y también las del padre Alberto D’Apolito, que vivió muy cerca del Fraile de Pietrelcina y escribió esto: «El Padre Pío, enamorado de la Virgen Santísima, no cesaba de recomendar a todos los fieles el amor y la devoción a nuestra Señora… Exhortaba continuamente a sus hijos a confiar en la Señora y a abrirle su corazón en la seguridad de ser escuchados. Sabía bien que la Santísima Virgen es la dispensadora de las gracias y que tiene en sus manos las llaves del Corazón de Dios». Y es especialmente significativo el testamento espiritual que nos dejó el Santo en vísperas de su muerte: «Amad a la Virgen y haced que la amen. Rezad siempre el Rosario».

·         Benedicto XVI, en su peregrinación a San Giovanni Rotondo de junio del 2009, afirmó esto: “El Padre Pío nos enseña a amar y venerar a la Virgen María con su enseñanza y con su ejemplo”.

          Las enseñanzas del Padre Pío eran sencillas y profundas a la vez, y las podemos encontrar en sus cartas de dirección espiritual; en las palabras que dirigía a los fieles antes del rezo del “Angelus” a mediodía y al atardecer, pues muchas de ellas fueron transcritas a papel; en las muchas estampas y “papelitos” que entregaba a sus devotos con un breve mensaje escrito por él, casi siempre relacionado con la Virgen María… Sirva este mensaje como ejemplo de enseñanza sencilla y profunda: «Cuando se pasa delante de la imagen de la Virgen, hay que detenerse y decirle: “Te saludo, María; saluda de mi parte a Jesús”».

          El ejemplo se podía percibir en todas sus actuaciones del Capuchino. Lo señaló Juan Pablo II el día de  la beatificación del Padre Pío, antes de rezar el “Regina Coeli”, en la Plaza de San Juan de Letrán de Roma, en estas palabras: «Su devoción a la Virgen María se transparenta en todas las manifestaciones de su vida». La lista de estas manifestaciones sería interminable. Me limito a citar algunas: para su oración personal, buscaba siempre los lugares donde tuviera, también delante de sus ojos, el cuadro de la Virgen María y el Sagrario, porque a la Virgen la veía como camino hacia Jesús y como dispensadora de las gracias de su Hijo; el obsequio más frecuente a los que se acercaban a él era el Rosario, unido a la invitación a rezarlo; en las innumerables estampas que, como he dicho antes, fue repartiendo a lo largo de su vida, los mensajes más reptidos, escritos por él, eran los relacionados con la Virgen: «La Virgen Dolorosa te tenga siempre grabada en su corazón materno», «La Virgen Madre tenga siempre su mirada en ti y te conceda experimentar todas sus dulzuras maternas», «María sea la estrella que ilumine tus pasos a través del desierto de la vida y te conduzca sana y salva al puerto de la salvación eterna», «María te mire siempre con ternura materna, alivie el peso de este destierro y un día te muestre a Jesús en la plenitud de su gloria, librándote para siempre del miedo a perderlo», «María esté siempre esculpida en tu mente y grabada en tu corazón»…; y, sobre todo, que se le sorprendiera siempre rezando el Rosario.

 7.         Como conclusión y resumen de lo dicho, cabe afirmar que la devoción mariana del Padre Pío tenía tres manifestaciones fundamentales:

·         1ª. Un amor tierno y filial a María, que lo expresaba sobre todo en la imitación de sus virtudes.

·         2ª. Una confianza ilimitada para pedir a María toda clase de gracias, especialmente para los demás.

·         3ª. Un empeño constante por promover la auténtica devoción a María.

 Sirva de confirmación lo acaecido en el año 1959. En ese año, la imagen de la Virgen de Fátima fue llevada a Italia; y, como era costumbre en estos casos, fue recorriendo las ciudades más importantes y, en ellas, las iglesias con mayor capacidad, comenzando por la iglesia catedral. El día en que la imagen llegó a Italia, el 25 de abril, el Padre Pío cayó enfermo. ¿Motivo? Se había ofrecido como víctima a la Virgen María para que esa peregrinación de su imagen por Italia produjera abundantes frutos espirituales. Y así, enfermo, casi siempre en cama, y en ocasiones ingresado en el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento” fundado por él, permaneció hasta el día 7 de agosto. ¿Qué sucedió a lo largo de estos tres meses?

·         El Padre Pío siguió ofreciendo el acostumbrado pensamiento de orientación espiritual antes del rezo del “Ángelus” a mediodía; pensamiento que, más que en otras fechas, giraba en torno a la Virgen María: como invitación a prepararse para la visita de la Virgen; como reclamo a la imitación de sus virtudes; como llamada al rezo del Rosario…

·         Aunque San Giovanni Rotondo no era ciudad importante, figuraba entre los lugares en los que debía detenerse la mencionada imagen, sin duda en atención al Padre Pío. Llegó el día 6 de agosto y fue recibida con gozo en el santuario de Nuestra Señora de la Gracias del convento de Capuchinos. Lo que sucedió allí nos lo cuenta un testigo ocular, el Padre Rafael de Sant’Elia a Pianisi: «La iglesia permanece abierta día y noche y está siempre abarrotada de fieles que rezan. El Padre Pío está en cama y reza. Al día siguiente, 7 de agosto, lo bajan a la iglesia, sentado en una silla, y cada tanto se detienen para no cansarlo. Cuando está a los pies de la Virgen, conmovido y con lágrimas en los ojos, la besa con afecto y coloca en sus manos un Rosario bendecido por él; después se le sube porque está cansado y por miedo a un colapso... más de tres meses de enfermedad, de ayuno y de cama... Por la tarde, la Virgen es llevada a la Casa Alivio del Sufrimiento, donde recorre todas las secciones, y, por fin, es subida a la terraza, donde el helicóptero está preparado para partir».

·         ¿Qué hizo el Padre Pío en ese momento? Sigue diciendo el escrito del Padre Rafael: «El Padre Pío manifiesta su deseo de querer saludarla de nuevo antes de que se marche, y, de nuevo sentado en una silla, es llevado al coro de la nueva iglesia y se asoma a la última ventana de la derecha de quien mira desde la plaza. Entre los “vivas” de una gran multitud de fieles, el helicóptero emprende el vuelo, pero, antes de enfilar la ruta prefijada, da tres vueltas sobre el convento y la iglesia para saludar al Padre Pío. Éste, al ver el helicóptero que se mueve con su Virgen, conmovido, con fe y lágrimas en sus ojos, dice: “Señora, Madre mía, llegaste a Italia y yo quedé enfermo; ahora te vas y ¡me dejas enfermo!”. Dicho esto, baja la cabeza, mientras un escalofrío lo sacude y recorre todo su cuerpo. El Padre Pío ha recibido la gracia y se siente bien. Al día siguiente, aunque casi todos se lo desaconsejan, puede celebrar en la iglesia. Por la tarde, llega de forma providencial el doctor Gasbarrini, que lo examina minuciosamente, lo encuentra clínicamente curado y dice a los frailes presentes, entre los que me encontraba yo: “El Padre Pío está bien y mañana puede sin reparo alguno celebrar en la iglesia”».

·         Tenemos, pues, los tres elementos que he señalado:

   El amor tierno y filial a María, manifestado en las lágrimas, en el beso a la imagen de la Virgen, en el Rosario que coloca en el brazo de la imagen… y en lo que María pudo “leer” en el corazón del Capuchino.

      La confianza ilimitada para pedir toda clase de gracias; en este caso la curación de su enfermedad, sin duda para seguir entregado a su «misión grandísima» en favor de sus hermanos.

     La dedicación entusiasta a promover la devoción a María, en los mensajes que dirigía cada día a los fieles y, sobre todo, en su ofrenda como víctima por la intención que antes he señalado.

 Publicado en la Revista MIRIAM - LXIII - nº 373 - Mayo-Agosto 2011 - Págs. 102-115.

Padre Pío y el Concilio Vaticano II


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Padre Pío y el Concilio Vaticano II
por Giovanni Chifari*
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Introducción
"Santifícate y santifica".

He aquí todo lo que el Señor le ha pedido al Padre Pío. Una percepción íntima y profunda, mística y espiritual, que poco a poco se abrió camino en el corazón del Padre Pío, mostrándole la voluntad de Dios en uno de los siglos más dañados de la historia. Mirar al humilde religioso capuchino, buscar reconstruir algunos eventos de su biografía, en conexión con todo lo que deriva del Concilio Vaticano II, será una operación útil para verificar la contribución del Fraile al Concilio. Pero, en el horizonte en el cual es decisivo comprender este cuadro, es en el de la santidad. Una realidad que la Iglesia, en las asambleas conciliares, proclamó como potencial y universalmente perteneciente a cada uno de los bautizados. De hecho, se habla del llamado universal a la santidad. Es decir, una santidad que no estaba destinada como algo inalcanzable o imposible, como una meta solo para pocos, tal vez para los sacerdotes o religiosos, sino un camino que es para todos. Este renovado entendimiento pareció crujir con todo lo que respecta al Padre Pío. Colmado de dones excepcionales, él parecería pertenecer a esa fila de santos inalcanzables. Pero en realidad, no es así. Para entender al Padre Pío, para discernir cómo Dios ha obrado en él, debemos poder observarlo en su humanidad. En su cotidiano y fatigoso sí al Señor, en la diaconía de un martirio que no era cruento, pero ciertamente no estaba privado de la efusión de la sangre. Y la historia que se desarrolla paralelamente entre el Padre Pío y el Concilio, es una trama hecha de pruebas, de sufrimientos, de ataques. En una perspectiva de santificación, observamos que Dios obra a través de múltiples humillaciones, con el fin de vaciar la propia elección de sí mismo, para llenarlo de su gracia. Dios se crea su espacio y se hace presente en el fondo del alma, en lo íntimo de cada uno, porque sólo en el Silencio es posible encontrarlo. Así, mientras el Concilio se mueve para renovar la Iglesia y hacerla dócil a la acción santificante del Espíritu, para que ella que es santa pero sin embargo, necesitada de conversión, pueda santificar; también el Padre Pío vive como discípulo buscando ser grato a Dios, es decir, santificarse, para después santificar.
El duro terreno de la historia
En 1870 con la toma de Roma, se interrumpió imprevistamente el CVI, sin que pudiese llevarse a término una reflexión más pertinente sobre la identidad y la misión de la Iglesia, sobre todo en lo que respecta al diálogo con el mundo contemporáneo. Es notable que sea Pío XII quien tomara en consideración la hipótesis de retomar el Concilio, pero, luego de diversos motivos, también de naturaleza teológica, decidieron aplazarlo. En cambio, Juan XXIII, a solo tres meses de su elección al trono de Pedro, el 25 de enero de 1959, anunció la convocatoria a un Concilio Universal para la Iglesia  ecuménica que sucesivamente con la redacción de un motu propriu, decidió abrir oficialmente el 11 de octubre de 1962, en una fecha que recordaba el gran Concilio de Éfeso. Con tres años de preparación, la máquina del Concilio estaba lista para realizar sus primeros pasos.
En tanto,  el Padre Pío, en el pequeño convento perdido en el Gargano, estaba atravesando un tiempo nada fácil, una nueva estación en la cual la onda persecutoria se  hizo sentir con toda su furia destructiva. Se puede hablar de una segunda persecución, después vinieron los diez años de tormenta (1923-1933), especialmente el bienio del 1931 al 1933 durante el cual le fue prohibido también celebrar Misa con la gente. Y ahora la segunda persecución pasa a través de traiciones, ataques de todo tipo, aislamiento, humillaciones que se agregaron a los constantes problemas de salud. En 1959 la imprevista curación al pasar la estatuilla de Nuestra Señora de Fátima por San Giovanni Rotondo; en 1960 los preparativos para el quincuagésimo año de su ordenación sacerdotal, turbado por la visita apostólica de Monseñor Maccari, signo de renovada incomprensión entre la Iglesia y el Padre Pío, en principio, porque mostraba dificultad para acoger claramente cuánto Dios estaba obrando en el humilde Fraile estigmatizado, y luego, en 1962, los primeros destellos de un cierto alivio con algunas concesiones hechas al Padre Pío, quien podía volver a celebrar la Eucaristía con la gente, al menos en la semana santa.

Apertura del Concilio, empatía del Padre Pío

Cuando se abrió el Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, y cuando el Papa Juan XXIII pronunció aquel discurso "a la luna", con la invitación de llevar la caricia a cada niño, se testimonió que el Padre Pío lloró conmovido. Sucesivamente, no faltaron nuevas restricciones, como la prohibición de los festejos por el onomástico el 5 de mayo de 1963. También una seria y rigurosa investigación histórica nos ha mostrado que el Papa Juan XXIII no tenía hostilidad hacia el Padre Pío, es más, lo estimaba, fue solo prudente para no hacer un desbalance de algún juicio positivo o negativo. La oposición al humilde Fraile era más un fenómeno que reflejaba el disgusto de un cierto modelo de Iglesia expresado por hombres que tenían quizás, una visión demasiado reducida, como así también excesivamente legalista de la doctrina. Cosas de este tipo experimentó Jesús, con la creciente hostilidad de los jefes y garantes de la religiosidad hebraica. Ellos dispersaban el corazón de la Ley y provocaban recorridos radicados en el mal, privados de discernimiento. Similarmente se podría decir que es un cierto tipo de pertenencia eclesial, donde el servicio es con frecuencia aplicado más como la adhesión a una idea o a un valor que como la plena experiencia del amor misericordioso de Dios. Fue en este clima oculto que aquellas insanas mediaciones favorecieron las persecuciones al Padre Pío.
Por lo tanto, parecía evidente la necesidad de invertir la ruta, de buscar un modelo de Iglesia que valorizase su pertenencia a Cristo y que al mismo tiempo estuviese en condiciones de hablarle al hombre de su tiempo.
De parte suya, el Padre Pío vivía en su diaconía cotidiana el propio ministerio sacerdotal y religioso. Con mucha simplicidad pero también con una profundidad totalmente nueva. Una dimensión profética vivida en el silencio de un pequeño convento en una zona marginal de la Italia meridional. Es la lógica de Dios, elegir a los pequeños, según la Palabra evangélica, para confundir a los fuertes.



Padre Pío en Cristo y en la Iglesia: en diálogo con la Lumen Gentium

¿Qué visión cristológica y eclesial se transparentaba desde el servicio del humilde Fraile? ¿Qué aspectos hemos reencontrado desarrollados en el Concilio Vaticano II? La Palabra de Dios, ¿era el centro en la vida del Padre Pío? ¿Y qué decir de la liturgia o del diálogo con el mundo de su propio tiempo? Interrogantes que pretenden remitir a los textos de las cuatro constituciones dogmáticas producidas por el Concilio. Es decir que, en el Padre Pío encontramos diversos aspectos que luego serían debatidos y profundizados en el Concilio Vaticano II.
Paulo VI, llamado al trono pontificio para suceder al Papa promotor del Concilio, se hizo cargo de llevar adelante una Asamblea de difícil gestión. El dio un método a los trabajos, sintetizó y simplificó algunos pasajes y focalizó la atención sobre las cuatro constituciones dogmáticas que volvían a proponer temas cruciales para la vida de la Iglesia. Esquemas y textos que tuvieron una larga y compleja historia, encontrando un ferviente debate entre los padres conciliares. Mientras tanto, un humilde Fraile, colmado de innumerables dones y carismas divinos, vivía en la propia carne y en el propio corazón el misterio del sufrimiento de la cruz. Y con su silencioso testimonio, con su cotidiano martirio espiritual, anunciaba un modelo de sacerdocio y un perfil de Iglesia que buscaba la constante tensión hacia la unión con Dios.
La vivaz vida mística del humilde Fraile, en la cual el sentido de todo lo que él lograba percibir era superior al lenguaje pero que estaba llamado a expresarlo, dejaba entrever en todo su esplendor la Iglesia como  "cuerpo místico" de nuestro Señor Jesucristo. Pero es en un pasaje muy elocuente de la LG que encontramos lo que "per sé" Padre Pío había ya vivido y señalado a la Iglesia y a los hombres de su tiempo:
"Como Cristo ha cumplido la redención a través de la pobreza y de las persecuciones, también así la Iglesia está llamada a tomar el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación "(LG, 8).
Estas palabras delinean un perfil de Iglesia que sabe del deber de seguir a Cristo en el camino de la pobreza y de las persecuciones. Aspectos que el Padre Pío vivió en modo total. Hijo de San Francisco, y utilizando la sana raíz franciscana, el Padre Pío hizo de la pobreza su hábito interior y su indefectible testimonio también en la vida de todos los días. El Padre Pío vivió pobre y se ocupó de los pobres y de los últimos. Su obra del corazón, Casa del Alivio al Sufrimiento, nos muestra un fúlgido ejemplo de todo esto.
Pero el modelo de configuración a Cristo que los padres conciliares individualizaron para la Iglesia en el documento de la LG, pasa también a través de las persecuciones. Desde hacía al menos cuarenta años, el Padre Pío era objeto de las mismas, también por mano de la propia Iglesia. Si es verdad que pobreza y persecución son rasgos del camino trazado por Jesús, y que solo recorriendo por entero este itinerario se pueden comunicar a los hombres los frutos de la salvación, en este singular testimonio,  el Padre Pío vivía ya desde hacía muchos años lo que le es pedido a la Iglesia. El humilde testimonio del Santo Fraile, muestra que sin una constante conversión no puede haber una conformación y configuración en Cristo.
Los Padres conciliares en aquel mismo punto 8 de la LG, insisten sobre la "pobreza de Cristo", individualizando "humildad y abnegación" como características fundamentales de un estilo que no busca la gloria terrena sino solo la secuela de Cristo, servirlo siguiéndolo: "Quien quiera servir, que me siga" (Jn 12, 26). El Concilio, por lo tanto, especifica que una Iglesia unida a su Cristo y Señor está llamada a recalcar, a su modo, su misma praxis misionaria, vale decir, enseñanza de la buena nueva y cuidado, "buscar y salvar lo que estaba perdido". Para realizar esto, continua la LG, la Iglesia "circunda de afectuoso cuidado a todos los afligidos por la humana debilidad, es más, reconoce en los pobres y en los sufrientes la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se hace premurosa para aliviar la indigencia y en ellos busca servir al Cristo".
Palabras que parecen describir exactamente lo que hacía el Padre Pío: el cuidado de todos aquellos que estaban afligidos por la humana debilidad, y el incansable ministerio de la confesión, luego "aliviar la indigencia" de los pobres y de los sufrientes, es decir, la intuición profética que el Padre Pío, veinte años antes, había pensado para su "Casa del Alivio al Sufrimiento". La Iglesia del Concilio comprendió que era esta la vía de la conformación a Cristo. Una Iglesia que "desde la virtud del Señor resucitado se extrae la fuerza para vencer con paciencia y amor las aflicciones y las dificultades, que le llegan ya sea desde adentro como desde afuera, y para develarle al mundo, con fidelidad, aunque no perfectamente, el misterio de él, hasta que al final de los tiempos ello será manifestado en la plenitud de la luz" (LG, 8).

TEXTO INTEGRAL DEL PASAJE DE LA LG 8 (traducido del italiano)

Jesucristo "que era de condición divina... se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo" (Fil 2, 6-7) y para nosotros "era rico y se hizo pobre" (2 Cor 8,9): así también la Iglesia si bien para cumplir su misión necesite de medios humanos, no está constituida para buscar la gloria terrena, sino más bien para difundir, también con su ejemplo, la humildad y la abnegación. Como Cristo, de hecho, ha sido enviado por el Padre "a anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los que tienen el corazón contrito" (Lc 4, 18), "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,10), así también la iglesia circunda de afectuoso cuidado a todos los que están afligidos por la debilidad humana, es más, reconoce en los pobres y en los sufrientes la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se hace premurosa para aliviar la indigencia y en ellos buscar servir al Cristo. Pero mientras Cristo, "santo, inocente, inmaculado" (Heb 7, 26), no conoció el pecado (cfr. 2 Cor 5, 21) y vino solo con el objetivo de redimir los pecados del pueblo (cfr. He 2, 17), la Iglesia, que incluye en su seno a pecadores y por lo tanto es santa y al mismo tiempo necesitada de purificación, avanza continuamente por el camino de la penitencia y la renovación. La Iglesia "prosigue su peregrinaje entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" [14], anunciando la pasión y la muerte del Señor hasta que él vuelva (cfr 1 Cor 11, 26). Desde la virtud del Señor resucitado se extrae la fuerza para vencer con paciencia y amor las aflicciones y las dificultades, que vienen desde dentro y desde afuera, y para develarle al mundo, con fidelidad, aunque no con perfección, el misterio de él, hasta que al fin de los tiempos ello será manifestado en la plenitud de la luz.

El Padre Pío representa a los hombres del siglo XX, el Cristo pobre y cargando la cruz. Antes de remitirnos a la lectura del fragmento de la LG, señalábamos al hecho del Padre Pío, que la imagen de Iglesia que el Padre Pío tal vez percibió con más fuerza, fue la del cuerpo místico de Cristo, en la cual, según la lectura apreciada del Apóstol Pablo, cada miembro vive, sirve y sufre en unión a Cristo. En esta luz, profundizada también por el Concilio, podemos releer como el Padre Pío participaba en un modo del todo singular a la pasión de Cristo. El Apóstol afirma en Col 1, 24: "Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo". En realidad nunca faltan los sufrimientos de Cristo, es necesario sólo que dejemos que Él sufra en nosotros. Así lo ha hecho el Padre Pío, que se ha dejado habitar por Cristo y por su Espíritu hasta experimentar, místicamente, la fusión de los corazones y antes en la carne el sello de los estigmas. Ellos están presentes invisiblemente en cada cristiano con el bautismo, como ha subrayado el sacerdote jesuita, teólogo y artista Rupnik, se abren cuando se ama, siempre en modo invisible a todos, pero visiblemente en un testigo elegido como el Padre Pío.

Eucaristía y Liturgia

En esta perspectiva encuentra luz también la centralidad de la Eucaristía, realmente "fons et culmen", de la vida sacerdotal del Padre Pío. Desde siempre el Padre Pío vivió esto, como expresión de su ser en Cristo. (cf SC n. 47; padre Marciano, 349). La Eucaristía, como cifra de su conversión en víctima y de darse por entero a los hermanos, es en Padre Pío lugar de un diálogo de amor. Lo comprendemos desde el momento que aparece en él, el don místico de la fusión de los corazones (Ep. I, 273; SC 47-48). La centralidad de la Eucaristía, como será afirmada en el Concilio, es también la de la Misa el centro de la vida de la Iglesia. Recordemos la notable afirmación del Padre Pío: "El mundo podría estar un día sin el sol pero ni un día sin la Misa".
El todo, sea a nivel eclesial, o a nivel cristológico, remite a la centralidad del Señor Jesús, crucificado y resucitado, que el Padre Pío experimentaba cada día. El teólogo francés Jean Guitton, quien fue entre los primeros laicos invitados a participar del Concilio en aquellos años, quiso conocer al Padre Pío y quedó profundamente conmocionado por la celebración de su Misa. Como él, probablemente diversos padres conciliares en esos mismos años quedaron conmocionados por todo lo que vivía el Padre Pío.

Padre Pío y la Palabra de Dios

Con la Dei Verbum, el Concilio aclara puntos decisivos de la Revelación divina, de su relación con la Tradición y de la Escritura como alma de la teología y de la vida de la Iglesia. En otros términos, como ha recordado el Papa emérito Benedicto XVI en el discurso con los párrocos de Roma, el 13 de febrero de 2013, "la Escritura es la Palabra de Dios y la Iglesia está bajo la Escritura, obedece la Palabra de Dios y no está por encima de la Escritura. Y sin embargo, la Escritura es Escritura sólo porque está viva la Iglesia, su sujeto vivo; sin el sujeto vivo de la Iglesia, la Escritura es solo un libro y abre". La Iglesia nos entrega la Escritura, y también la propia inteligencia de la Escritura, lo que es considerado una inspiración. El canon, de hecho, es un acto de la Iglesia. Sin embargo para comprender a pleno la misma Palabra es necesario no separarse de la misma Tradición en la cual ella está madurada. Los Santos, auténticos mediadores de Cristo, han vivido este íntimo legado y se han hecho contemporáneos de la Palabra. También Padre Pío ha vivido e interpretado la Palabra de Dios en el interior de su pertenencia viva en el camino de la Iglesia. Sabemos que el Padre Pío fue un director espiritual y con frecuencia ordenaba la escucha asidua de la Palabra de Dios. El mismo lo hacía. En la Palabra, el Padre Pío encontró fuerza y consuelo para vivir la propia unión con Cristo. Los primeros grupos de oración nacieron en la escucha de la Palabra. Cuando el Padre Pío recibía los pequeños grupos de personas, le gustaba formarlos mediante la Palabra. Las catequesis bíblicas tomaban en consideración las palabras de los salmos y algunos pasajes muy densos de las cartas de san Pablo. El Padre Pío buscaba en la Escritura tranquilidad y consuelo puesto que sabía que en ella podía realizar la experiencia de Dios y de su amor. Por esto, también durante la liturgia de la Palabra, entrar en diálogo con el hombre, saber que nosotros podemos responder a su Palabra salvífica.  Recorriendo el Epistolario del padre Pío, podemos observar que él cita muy frecuentemente la Sagrada Escritura, en modo particular los textos proféticos y sapienciales y también los Evangelios, los salmos y las cartas paulinas. En la Escritura encontraba también una hermenéutica de todo lo que veía en sí mismo. No es casualidad que aplique en sí, el notable fragmento del Apóstol a los Gálatas: " No soy más yo que vivo, es Cristo quien vive en mi" (Gal 2, 20). El uso que el hacía de la Escritura está perfectamente en línea con todo lo que madurará en el Concilio Vaticano II. El vive, en sí mismo, como misterio, el legado que la Dei Verbum anunciará, entre Escritura y Tradición viva de la Iglesia. En la dirección espiritual y en la formación de los primeros grupos de oración, se remitía muy frecuentemente al recurso de la Escritura, reconociendo que la Palabra de Dios era la base de la misma oración.

La centralidad del servicio y de las misiones de los laicos

Observando las intuiciones proféticas del Padre Pío, encontramos otro aspecto relevante: la centralidad en el rol de los laicos en la vida de la Iglesia. Dos de los ejemplos más evidentes son: los grupos de oración y los primeros colaboradores de la Obra de la Casa Alivio del Sufrimiento. Los grupos de oración, como está visto, nacieron como grupos constituidos por laicos, bautizados y creyentes en Cristo, pero fueron también laicos los que aportaron para la construcción de la Casa del Alivio al Sufrimiento. El Padre Pío quiso darles confianza a sus más estrechos colaboradores.
San Juan Pablo II, cuando visitó San Giovanni Rotondo el 23 de mayo de 1987 dio una lectura de algunos tramos del sacerdocio del Padre Pío a la luz del decreto conciliar Presbyterorum Ordinis. Por el Santo Pontífice ve en ello resumido y revalidado "los valores esenciales y perennes del sacerdocio, que en el Padre Pío se realizaron en modo excelente". El Padre Pío, por lo tanto, expresó los valores esenciales y perennes del sacerdocio, porque aprovechaba la comunión con Cristo. Valores que - agrega el Pontífice - no son olvidados: "Sería un grave error si, por una mala orientación al empuje de una renovación, el sacerdote olvidase los valores fundamentales, y no se puede apelar al Concilio para motivar un olvido similar" (JnPII).
El Padre Pío, sacerdote, pone al centro de la Iglesia y de la humanidad de su tiempo, la perenne actualidad del sacrificio de Cristo. Y lo hace haciéndose él mismo víctima por los propios hermanos. Una llamada que el pudo discernir en la constante, asidua y abundante referencia a la Palabra de Dios y que luego veía realizada en la Eucaristía. El Cristo encontrado en la Palabra venía a él reconocido en la Eucaristía  luego en el servicio de los hermanos.
San Juan Pablo II, comentando la Misa de Padre Pío hace referencia a esto:
" Esta oferta debe alcanzar su máxima expresión en la celebración del sacrificio eucarístico.¿ Y quién no recuerda el fervor con el cual el Padre Pío revivía en la Misa la Pasión de Cristo? De aquí, la estima que él tenía por la Misa - por él llamada "misterio tremendo" - como momento decisivo de la salvación y de la santificación del hombre mediante la participación al sufrimiento mismo del Crucificado. "Está en la Misa - decía - todo el Calvario". La Misa fue para él la "fuente y la culminación", el perno y el centro de toda su vida y de toda su obra".
Pero hay puntos ulteriores de contacto entre el Padre Pío y el Concilio. Es siempre San Juan Pablo II que nos ayuda a encontrarlos:
 "El humilde religioso acoge con docilidad la efusión del "espíritu de gracia y de consejo", del cual habla el mismo Concilio, lo que el espíritu debe consentir al pastor de almas de "ayudar a gobernar el pueblo con corazón puro" (cf. Presbyterorum Ordinis, 7). El se empeñó en particular - según otra enseñanza conciliar (cf Presbyterorum Ordinis, 9) - en la dirección espiritual, prodigándose en la ayuda de las almas a descubrir y valorizar los dones y los carismas, que Dios concede cómo y cuando quiere en su misteriosa liberalidad.

Conclusión

En Padre Pío , por lo tanto, estuvo presente la mirada del Pastor junto a una paternidad que hacía actual y operante la misericordia de Dios. (San G. R. 23 sept. 1987). Su santificación pasó ciertamente de la constante y progresiva unión con Dios, al permanecer firme en su amor, pero también del ejercicio de un ministerio volcado al servicio del hombre sufriente, en el cuerpo y en el espíritu.
Además, el modelo de Iglesia vivido por el Padre Pío, su relación con la Palabra de Dios y con la liturgia, el diálogo incesante donde los interrogantes profundos de sus contemporáneos, el desatar a tantos que estaban atrapados por los lazos de satanás, son todos factores que alimentan su camino de santidad.
El Padre Pío y la Iglesia resultan, por lo tanto, en aquel arco de la historia compartida durante el tiempo del Concilio, como aliados, en el itinerario de la santidad. Es más, el hecho que Padre Pío recibió durísimos ataques en el tiempo en el cual en la Iglesia estaba por germinar su camino conciliar, tal vez tenga un significado. Los sufrimientos vividos en modo sacerdotal por el Padre Pío, tal vez se agudizaron en la perspectiva de un místico completando en su carne lo que faltaba a la pasión de Cristo. El Padre Pío sufre y luego el 11 de octubre de 1962 se abre el Concilio. Tres años después se cierra, pero el Padre Pío no deja de sufrir, y no lo hará, a su modo también el Pontífice Paulo VI, al quien, el humilde religioso capuchino envió una carta justo unos días antes de morir.


*Teólogo bíbllico, colaborador de los grupos de oración de Padre Pio - Argentina

Pedimos Misericordia


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Grupos de Oración y devotos de San Pio de Pietrelcina
Hispanoamérica

Oramos sin fronteras a pedido del Santo Padre – 14 de Mayo

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo., Amén.

1 Invocación

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.


2. Salmo 91

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
 me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación».


3. Nos enseña Santa Faustina Kowalska:

Jesús ama a las almas escondidas. Una flor escondida es la que más perfume tiene dentro de sí.
Busco un retiro para el Corazón de Jesús en mi propio interior. En los momentos difíciles y dolorosos
Te entono, oh Creador, un himno de la confianza, porque el abismo de mi confianza hacia Ti, hacia Tu misericordia, es inconmensurable.

+Gracias Señor por este valioso tiempo que , cual  retiro, nos permite orar y meditar más …


4. Oración 

Amado Señor, Dios de Misericordia, imploramos hoy, junto al Papa Francisco, el fin de la pandemia que azota al mundo. Con palabras de Santa Faustina te decimos:

¡Oh tesoro inagotable de la pureza de la intención que haces perfectas y tan
agradables a Dios todas nuestras acciones!
Oh Jesús, Tú sabes que débil soy, por eso quédate siempre conmigo, guía mis
acciones, todo mi ser. Tú, mi mejor Maestro. De verdad, oh Jesús, me invade el
miedo cuando veo mi miseria, pero a la vez me tranquilizo viendo Tu misericordia insondable que es más grande que mi miseria desde toda una eternidad. Y esta disposición de ánimo me reviste de Tu poder.
Oh gozo que se deriva del conocimiento de mi misma, Oh verdad inmutable. Eterna es Tu firmeza.

5. Santo Rosario


Pèsame (Todos juntos)

Primer Misterio:  El bautismo de Jesús

“Cuando todo el pueblo estuvo bautizado y mientras Jesús, habiendo recibido también él el bautismo, estaba en oración, el cielo se abrió y descendió sobre él el Espíritu Santo con apariencia corpórea, como una paloma, y se oyó una voz venida del cielo:”Tú eres mi hijo predilecto, en ti me he complacido”.” (Lc. 3, 21-22)

El amor puro es capaz de grandes empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades, si el amor [es] fuerte [a pesar] de grandes dificultades, también es perseverante en la vida cotidiana, gris, monótona. Sabe que para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir hacer las cosas mas pequeñas con gran amor, amor y siempre amor.
El amor puro no se equivoca, tiene singularmente mucha luz y no hará nada que no agrade a Dios. Es ingenioso en hacer lo que es más agradable a Dios y no hay nadie que lo iguale; es feliz cuando puede anonadarse y arder como un sacrificio puro.
Cuanto más se entrega, tanto mas es feliz. Además, nadie sabe presentir los peligros desde tan lejos como él; sabe quitar la máscara y sabe con quién trata.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Segundo Misterio: Jesús en la bodas de Cana

“… Hubo un casamiento en Cana de Galilea y allí estaba la madre de Jesús. También fue invitado a  la boda Jesús con sus discípulos. En medio del festejo se acabó el vino. La Madre de Jesús le dijo:” No tienen más vino”. Y Jesús respondió:” ¿Qué tengo que hacer contigo, oh Mujer? Todavía no ha llegado mi hora.” La madre le dijo entonces a los siervos:” ¡Haced lo que El os diga!”… Así Jesús dio comienzo a sus milagros en Cana de Galilea, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él”. (Jn 2, 1- 5, 11)

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para
los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria
 
Tercer Misterio:   El anuncio del reino de Dios

“Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía:”El tiempo está cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio”.” (Mc. 1, 14-15)

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para
los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


 Cuarto Misterio:.La transfiguración de Jesús

“… Jesús llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y subió a la montaña a orar. Y, mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa se volvió blanquísima y brillante. Y he aquí que dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías…Mientras éstos se separaban de él, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, es hermoso estar aquí. Hagamos tres tiendas, una para ti, una para Moisés y una para Elías.” Mientras hablaba así, vino una nube y  los envolvió… y de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, el elegido; escuchadlo”.”(Lc. 9, 29-30, 34-35)

A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que
implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse. Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.


Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio: Jesús instituye la Eucaristía

“Mientras comían tomó el pan y una vez pronunciada la bendición, lo partió y se lo dio a ellos diciéndoles: “Tomad, este es mi cuerpo”. Luego tomó el cáliz y dando gracias, se lo dio a ellos y todos bebieron. Y dijo: “Esta en mi sangre, la sangre de la alianza, derramada por muchos”. (Mc. 14, 22-25)

Oh ¿Quién comprenderá Tu amor y Tu misericordia insondable hacia nosotros?
Oh prisionero del amor, encierro mi pobre corazón en este tabernáculo para
adorarte sin cesar día y noche. No se de ninguna objeción a esta adoración, y
aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón esta siempre Contigo. Nada
puede impedir mi amor hacia Ti. No existe ningún obstáculo para mí. Oh Jesús Te consolare por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios. Oh Jesús, deseo arder como victima pura y anonadada delante del trono de Tu escondite. Te ruego incesantemente por los
pecadores agonizantes.

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria


Por la intención del Santo Padre Francisco para este mes:

Padre nuestro, 3 Ave María y Gloria

6. Letanías a la Misericordia divina

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos: Jesucristo escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

*Repetimos  En Vos Confío

Jesús, Rey de Misericordia, que has redimido el mundo.*
Jesús, Rey de Misericordia, por quien todas las cosas fueron creadas.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos has santificado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos revelasteis el misterio de La Santísima Trinidad.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos manifestasteis la Omnipotencia de Dios.*
Jesús, Rey de Misericordia, que te manifiestas en la creación de los espíritus celestiales.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos formasteis de la nada.*
Jesús, Rey de Misericordia, que abrazas todo el universo.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos das la vida eterna.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos proteges del castigo merecido.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos libras de la miseria del pecado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes la justificación en el verbo encarnado.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes misericordia por Tus Santas llagas.*
Jesús, Rey de Misericordia, que brota de Tu Santísimo Corazón.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos distes a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la cual has sufrido Tu encarnación, Pasión y Muerte.*
Jesús, Rey de Misericordia, por medio de la cual ayudas a todos, en todas partes y siempre.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la cual nos has prevenido con Tus Gracias.*
 Jesús, Rey de Misericordia, la que nos has manifestado revelándonos los Misterios Divinos.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que manifestastes instituyendo Tu Santa Iglesia.*
Jesús, Rey de Misericordia, que habiendo instituido los Santos Sacramentos, nos abristes los torrentes de Tus Gracias.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con los Santos Sacramentos del Bautismo y de la Penitencia.*
Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con la Santísima Eucaristía y el Sacerdocio.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos has llamado a Nuestra Santa Fe.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas por la conversión de los pecadores.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas iluminando a los fieles.*
Jesús, Rey de Misericordia, que la revelas por la santificación de los justos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que llevas a los santos a la cumbre de la santidad.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tus Santas llagas.*
Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tu Santísimo Corazón.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres consuelo de los enfermos y afligidos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el único consuelo de los corazones afligidos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que das esperanzas a las almas que se hallan en desesperación.*
Jesús, Rey de Misericordia, que acompañas a todos los hombres siempre y en todas partes.*
Jesús, Rey de Misericordia, que nos colmas con el torrente de Tus Gracias.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el refugio de los moribundos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el consuelo de las almas del purgatorio.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la Corona de todos los Santos.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres el gozo celestial de los que se salvan.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la fuente inagotable de los milagros.*
Jesús, Rey de Misericordia, que eres la salvación del mundo entero.*

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten piedad de nosotros.

Las Misericordias de Dios, son más grandes que todas sus obras.
Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.


6. Oración a san Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


7. ORACION FINAL

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.
Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.
Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.
Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo misma me encerrare en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.
Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia. El primero: la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea. El segundo: la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras. El tercero: la oración. Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración. Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar.

SALVE 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María
Ruega por nosotros santa Madre de Dios para que seamos
Dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

13 de Mayo


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Grupos de Oración y devotos de San Pio de Pietrelcina
Hispanoamérica


REZAMOS EN HONOR DEL INMACULADO CORAZÒN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE FATIMA 

Rezamos este Santo Rosario respondiendo al pedido del Papa Francisco por  el fin de la pandemia que aqueja al mundo.

Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

Padre Pio y la Santísima Virgen

Corrìa el año 1959.  La imagen de la Virgen de Fátima fue llevada a Italia; y, como era costumbre en estos casos, fue recorriendo las ciudades más importantes y, en ellas, las iglesias con mayor capacidad, comenzando por la iglesia catedral. El día en que la imagen llegó a Italia, el 25 de abril, el Padre Pío cayó enfermo de pleuresía. ¿Motivo? Se había ofrecido como víctima a la Virgen María para que esa peregrinación de su imagen por Italia produjera abundantes frutos espirituales. Y así, enfermo, casi siempre en cama, y en ocasiones ingresado en el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento” fundado por él, permaneció hasta el día 7 de agosto.

PRIMER MISTERIO. La resurrección de Jesús

Indica el Padre Pio “María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba” (Epist.II, p.373).

Pausa

Maria, auxilio y protectora nuestra, haznos partícipes de la necesidad de amar a tu HIJO, Nuestro Señor Jesucristo, de comprender sus enseñanzas y poder trasmitirlas a los que la ignoran, para poder compartir con ellos la felicidad de vivir la verdad del evangelio, te pedimos que irradies tu luz de esperanzadora hacia todos los corazones sobre todo de aquellos que están sin hogar donde vivir, o sin empleo para sostenerse por aquellos que están enfermos tanto del alma como en el espíritu. Virgencita, guárdanos en tu corazón inmaculado


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria

                                                             
SEGUNDO MISTERIO La ascensión de Jesús al cielo

Nos dice Padre Pio: “María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Manténte cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora” (FM, 167,165).
Pausa

Inmaculada Virgen y Madre mía: a Vos que sos la Madre de mi Salvador, la Reina del mundo, la abogada, esperanza y refugio de los pecadores, recurrimos a vos,  nosotros en este día  Te veneramos, Soberana Reina. Y humildemente te agradecemos todas las gracias que hasta ahora nos  has otorgado.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


TERCER MISTERIO. La venida del Espíritu Santo al Cenáculo


Nos augura Padre Pio: “María convierta en gozo todos los dolores de tu vida” (GC, 24).

Pausa

Alentados por tus palabras: “SI quieres alguna gracia recurre siempre a Mi, porque yo soy tu Madre” venimos entonces llenos de esperanza ante el trono de tus misericordias, que para remediar nuestros males, a tus pies han recobrado la Salud tantos enfermos, tantos afligidos consuelo, tantos otros, oprimidos por los trabajos de esta vida han conseguido por tu mediación verse libres, dígnate Madre querida dirigir hacia nosotros tus tiernos y piadosos ojos


Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria



CUARTO MISTERIO. La asunción de María Virgen al cielo

Enseña Padre Pio: “María sea la razón única de tu esperanza y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad” (ASN, 44).
Pausa

Maria Santísima, cuyo cuerpo Virginal no estuvo sujeto a las leyes de la corrupción pero que ha subido al cielo por voluntad de DIOS, nos ha precedido en el misterio de la inmortalidad del cuerpo.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


QUINTO MISTERIO:. La coronación de María reina del cielo y de la tierra


Señala Padre Pio:

“ Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, fiat, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.
Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos también siempre sí al Señor” (FSI, 32).

Pausa

¡Oh Maria! Virgen potente, Tu, grande y preclara defensa de la Iglesia, Tu, terrible como ejercito ordenado para la batallas; Tu, que sola has destruido toda la herejía en el mundo entero…. En nuestras angustias, en nuestras luchas y en nuestros aprietos defiéndenos del enemigo, y en la hora de la muerte recibe nuestra alma en el Paraíso. Amen.

Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria


ORAMOS POR LA INTENCIÓN  DEL PAPA FRANCISCO 

Padre nuestro 3 Ave María y Gloria



ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

Letanìas al Inmaculado Corazòn de María
Señor, ten piedad...
Cristo, ten piedad...
Señor, ten piedad...
Cristo, oyenos.
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
                  Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios,
                  Ten piedad de nosotros.

Santa María ruega por nosotros
Corazón Inmaculado de María,
Corazón Inmaculado de María, lleno de gracia
Corazón Inmaculado de María, vaso del amor más puro
Corazón Inmaculado de María, consagrado íntegro a Dios
Corazón Inmaculado de María, preservado de todo pecado
Corazón Inmaculado de María, morada de la Santísima Trinidad
Corazón Inmaculado de María, delicia del Padre en la Creación
Corazón Inmaculado de María, instrumento del Hijo en la Redención
Corazón Inmaculado de María, la esposa del Espíritu Santo
Corazón Inmaculado de María, abismo y prodigio de humildad
Corazón Inmaculado de María, medianero de todas las gracias
Corazón Inmaculado de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús
Corazón Inmaculado de María, gozando siempre de la visión beatífica
Corazón Inmaculado de María, holocausto del amor divino
Corazón Inmaculado de María, abogado ante la justicia divina
Corazón Inmaculado de María, traspasado de una espada
Corazón Inmaculado de María, coronado de espinas por nuestros pecados
Corazón Inmaculado de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, exultando en la resurrección de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, triunfando eternamente con Jesús
Corazón Inmaculado de María, fortaleza de los cristianos
Corazón Inmaculado de María, refugio de los perseguidos
Corazón Inmaculado de María, esperanza de los pecadores
Corazón Inmaculado de María, consuelo de los moribundos
Corazón Inmaculado de María, alivio de los que sufren
Corazón Inmaculado de María, lazo de unión con Cristo
Corazón Inmaculado de María, camino seguro al Cielo
Corazón Inmaculado de María, prenda de paz y santidad
Corazón Inmaculado de María, vencedora de las herejías
Corazón Inmaculado de María, de la Reina de Cielos y Tierra
Corazón Inmaculado de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia
Corazón Inmaculado de María, que por fin triunfarás

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos

Tú, que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María, una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos.
Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amen
Palabras del Padre Gustavo Seivane
Tu amor incondicionado me pasma… Y, a veces, tu nombre, oh! María, viene a perfumar mis horas como un bálsamo, como un ramo de jacintos, como una feliz unción fragante y santa.
¡Bendita tú eres entre todas las mujeres!
Oh!, Madre, se me resbalan los suspiros entre tus manos tibias.
Tu blanquísimo manto quiero que me cubra, que me guarde como un odre sereno, como un cielo de topacios, como una columna de incienso.
Al contemplarte, Madre de Dios, se colman de juventud las potencias de mi alma.
Te nombro y se abre la esperanza. Te invoco, oh!, bienaventurada, y percibo el río del amor que no defrauda, la heredad de tus hijos, el jardín secreto donde encontrarte como la abundancia, la sede de la Sabiduría, el lienzo hermoso de la humildad que Dios nos señala.
Oh!, Madre, en tu regazo secamos lágrimas, y nos admiramos por la epifanía de ese latir sacrificado y bueno. Y por tu sonrisa que borra los miedos. Y por la íntima Cena compartida con Cristo.
Te nombro, oh! María, y se sueltan amarras, y el pecho se vuelve de azúcar hasta la próxima batalla. ..
Rezamos SALVE  

Oramos sin fronteras IV


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Grupos de Oración y devotos de Padre Pio 
ORAMOS SIN FRONTERAS – 1 Mayo 2020

Oraremos y meditaremos hoy a la luz de las enseñanzas del Papa Francisco en “Christus Vivit”
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

1. Invocación al Espíritu Santo 
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.
Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

2. Oración a san José en su día
Glorioso patriarca San José cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan serias y difíciles que te encomiendo... a fin de que tengan una feliz solución. Mi bienamado Padre: toda mi confianza esta puesta en Vos. Que no se diga que te he invocado en vano. Y puesto que Vos podes todo ante Jesus y Maria, mostrame que tu bondad es tan grande como tu amor. Amen

3. SALMO 91

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación».

4. Santo Rosario
(Mencionamos las intenciones que llevamos en el corazón)

Primer Misterio: 
La agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní

…”Jesús fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron al lugar les dijo:”Orad para no caer en tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia del lanzamiento de una piedra y arrodillándose oraba: “Padre, si quieres ¡aleja de mí este cáliz! No se haga sin embargo, mi voluntad sino la tuya”… Invadido por la angustia oraba más intensamente; y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”. (Lc. 39-44)

Del Papa Francisco:
“Jesús está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Segundo Misterio:
La flagelación de Jesús

“Pilatos al ver que no obtenía nada, es más, que el tumulto crecía cada vez más, se hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud… Entonces les dejó libre a Barrabás y después de haberlo hecho flagelar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado”. (Mt. 27, 24-26)

 Del Papa Francisco:
“Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive.”
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria


Tercer Misterio: 
La coronación de espinas

“Entonces Pilatos lo hizo flagelar a Jesús. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y lo cubrieron con un manto de color púrpura; se colocaban delante de él, y le decían: “¡Salud, rey de los Judíos!”. Y le daban bofetadas”
(Jn 19, 1-3)

Del Papa Francisco:
“Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de  que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino.”

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Cuarto Misterio:.
La subida de Jesús al Calvario

“Mientras lo conducían, tomaron a un tal Simón de Cirene que venía del campo y le pusieron encima la cruz para llevar tras de Jesús. Lo seguía una gran muchedumbre y mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús  vuelto hacia ellas, les dijo:”Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos… Porque si tratan así al leño verde, ¿qué pasará con el leño seco?”.” (Lc. 23, 26-28-32)

Del Papa Francisco:
Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva ».

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio: 
La crucifixión y muerte de Jesús

“Luego lo crucificaron y se repartieron sus ropas, tirando a suerte lo que correspondería  a cada uno. Eran las 9 de la mañana cuando lo crucificaron… Llegado el mediodía se hizo la oscuridad en toda la tierra, hasta las 3 de la tarde. A las 3 Jesús… dando un fuerte grito, expiró”. (Mt. 15, 24-25, 33-37)

Del Papa Francisco:
«¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor». Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos… siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos.

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Por la intención del Papa  Francisco para este mes de Mayo:
Para que los diáconos, fieles al servicio de la Palabra y de los pobres, sean un signo vivificante para toda la Iglesia.

Padrenuestro  - 3 Ave María  - Gloria

5. Letanías a San José

Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial.
Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo.
Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo.
Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios .
Ten piedad de nosotros.
Santa María,                                                         Ruega por nosotros
-San José
-Ilustre descendiente de David
-Luz de los patriarcas
-Esposo de la Madre de Dios
-Custodio purísimo de la Virgen,
-Nutricio del Hijo de Dios
-Diligente defensor de Cristo
-Jefe de la Sagrada Familia
-José justo
-José casto
-José prudente
-José fuerte
-José obediente
-José fiel
-Espejo de paciencia
-Amante de la pobreza
-Modelo de obreros
-Gloria de la vida doméstica
-Custodio de vírgenes
-Sostén de las familias
-Consuelo de los desdichados
-Esperanza de los enfermos
-Patrono de los moribundos
-Terror de los demonios
-Protector de la santa Iglesia
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Ten piedad de nosotros.
V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.

Oración
¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para ser esposo de tu Santísima Madre! ; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

6. Oración del Papa Clemente XI 

Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.

Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin; te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque eres mi protector.

Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda.

Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.

Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.

Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.

Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mí, para buscar el bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.

Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con quienes de mí dependen, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.

Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.

Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.

Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.

Ayúdame a conservar la pureza de alma, a ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi conducta.

Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.

Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad futura.

Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y obtener tu gloria.

Por Cristo nuestro Señor. Amén

7. Oración a san Miguel Arcángel

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

8. SALVE a la Santísima Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María
Ruega por nosotros santa Madre de Dios para que seamos
Dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

VIA CRUCIS II


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VIA CRUCIS II


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte


Te adoramos, Cristo y te bendecimos  
Porque por tu Santa Cruz redimiste al  mundo.

Del Evangelio según Juan (1, 9-12)
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,ilumina a todo hombre.Ella estaba en el mundo,y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.


Jesús va repitiéndome: no tengas miedo/ no te asustes si yo permito al demonio  atormentarte, al mundo desagradarte, a las personas por ti más queridas afligirte porque nada podrá prevalecer contra los que gimen bajo la cruz  por mi amor y que yo me procuro de protegerlos [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre

II  ESTACIÓN: Jesús con la Cruz a cuestas

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según Marcos (15.16-20)
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: «¡Salud, rey de los judíos!». Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto  púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.


El verdadero remedio para no caer es apoyarse a la cruz de Jesús, con la confianza en que por nuestra salvación él quiso ser colgado [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre


III ESTACIÓN: Jesùs cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Lucas (9, 22-23)
El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho: es necesario. Los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los maestros de la Ley lo rechazarán. Será asesinado, pero al tercer día resucitará. Si alguien quiere venir en pos de mí, deje de pensar en sí mismo, tome su cruz y sígame.


No te preocupes, Jesús está cerca de ti y te mira; está ahí para quitar tus dolores [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima Madre

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Lucas (2, 34-35 51)
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

La Virgen Madre que fue la primera a practicar el evangelio en toda su perfección, nos de el empuje   para seguirla [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

V ESTACIÓN: Jesùs es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 21-22)
Y obligaron a uno que pasaba a  llevar la cruz, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y de Rufo a que llevara su cruz. Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota  que significa “lugar del calvario”.


Bajo la cruz se aprende a amar e yo no la dono a todos, sólo a las almas que me son más queridas [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VI ESTACIÓN: Verónica enjuga el rostro de Jesùs

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (27, 8-9)
Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro».Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor, tú que eres mi ayuda;no me dejes ni me abandones,mi Dios y mi salvador.

Jesùs que sigue poseyendo vuestro corazón, os haga santos [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

VII ESTACIÓN: Jesùs cae por segunda vez


Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Libro del Profeta Isaías (53, 4-7)
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.

Cuidamos no separar la cruz del amor de Jesús: se volvería una carga insoportable a nuestra fragilidad [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VIII ESTACIÓN: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Lucas (23, 27-28)
Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.

Practica dulzura interior y exterior en tu corazón [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

IX ESTACIÓN: Jesùs cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

De la carta de San Pablo apóstol a los Filipenses ( 2, 6-7)
El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente,  al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

No te extravíes si la oscuridad de la noche  se torna más larga y sombría, mira hacia lo alto y verás brillar una lámpara que te mostrará  la luz del eterno sol [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (22, 17-19)
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies
y me hunden en el polvo de la muerte. Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.

No tengas miedo de las condiciones de tu espíritu, el Señor está contigo y cuida de  tu alma [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre



XI ESTACIÓN: Jesùs es crucificado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según san Marcos (15,22; 25-27)
Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo».
Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.


La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo de amor: es la santa alegría de un corazón en que reina Dios [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

XII ESTACIÓN: Jesùs muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 34; 37-39)
Y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».  Entonces Jesús, dando un grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».


Pasará el invierno y la primavera llegará interminable, tanto más rica en belleza cuánto más duras hayan sido las tormentas [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

XIII ESTACIÓN: Jesùs es bajado de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 42-43, 46)
Y ya al atardecer, como era la Preparación es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetado del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. El comprando una sábana, lo descolgó de la cruz.


Distended vuestro corazón y permitid que el Señor opere libremente. Abrid vuestra alma ante el sol divino y dejad que sus beneficiosos rayos disipen las tinieblas que el enemigo os va presentando [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre



XIV ESTACIÓN: Jesús es depositado en el sepulcro


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Mateo ( 27, 59-60)
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.

Jesùs te ama: abandónate a sus sagradas operaciones y no tengas miedo porque Jesùs está contigo [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

CONCLUSIÓN

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Oremos:
Señor, que tu bendición descienda sobre estos hijos tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de resucitar con él; vengan el perdón y el consuelo, aumente la fe, se fortalezca la certeza en la redención eterna. Por Cristo nuestro Señor.  Amén