Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Reflexión Pascual del Padre Gustavo Seivane (asesor nacional Grupos de oración del Padre Pio - Argentina)


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos

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Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Paz a sus almas. Los asista el Espíritu Santo con renovadas fuerzas. El poder de Dios suscite ardor de fe en todos ustedes, al celebrarse una vez más la Santa Pascua.
No sabemos cómo celebraba la Pascua el Padre Pío. Al menos, no tenemos detalles, ni conocemos lo que le acontecía en el fuero íntimo de su corazón. Eso ha quedado resguardado en el secreto de Dios.

Pero podemos presuponer que, para el estigmatizado del Gargano, hubo de ser una ocasión magna para penetrar en los Misterios de la Salvación. Un tiempo sublime para adentrarse con la agudeza de la fe y el fuego de la caridad, en la Pasión, Muerte, y Resurrección del divino Jesucristo, Señor Nuestro.

El Padre Pío, que consideraba cuánto debía trabajar para alcanzar la corona de gloria, solía decir que antes de hablar de flores y gemas, que son los méritos y virtudes que adornan esa corona, aún él no había logrado construir el armazón de dicha corona.
Veamos en esta humildad de nuestro Santo, la mejor substancia para transitar el camino a la Pascua. La Pascua litúrgica, y la última y definitiva Pascua de nuestras vidas.
“Con los ojos fijos en Jesús”, diría el Apóstol.

La humildad en San Pío echaba raíces en la Cruz de Jesús. Su asirse a la Cruz, tanto lo fortalecía, como le traía los perfumes del Cielo. Porque la Cruz de Cristo es siempre Cruz Pascual. Cruz animadora de liberación, cara de una moneda que no puede separarse de su reverso: la Resurrección.

¿Miraría sus estigmas, cada Viernes Santo, confundido por tan grande don?  ¿Llamaría a la Virgen para ser animado a una entrega mayor de sí mismo? ¿Hablaría con su ángel acerca de los más nimios detalles de la agonía en el Huerto, el Juicio, la dulzura de la Verónica, los clavos, o la flagelación? ¿Su alma mística habrá recibido la visita del mismo Señor para ser anoticiado sobre la luz que bañó el Cenáculo cuando se apareció Resucitado a los apóstoles?

Dios fue correspondiéndole más y más a San Pío. Y fue a la medida de su entrega. “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará lo que cree tener”, dice el Señor.
¡Pero cuánta humildad se necesita para entregarse sin reservas! Sin guardarse esto o aquello. Este afecto, esta cosilla, este gusto, este tiempo.

Anonadarse. Saberse y hacerse nada, para que Dios sea todo.

Humildad. Abajarse. Despojarse de los deseos de hacernos a nosotros mismos. De construirnos al margen de Dios.

Creo que vivir en presencia de Dios favorece la humildad.

Así, leemos que Dios le dijo a Abraham: “Camina en mi presencia y sé irreprochable”. San Bernardo enseñaba: “Nunca se olvida Dios de nosotros, razón será que nosotros procuremos no olvidarnos nunca de él”.
El humilde pareciera que no se sale de la Presencia de Dios, y abreva en la meditación en la Pasión de Cristo cuando ora. Es de allí de donde saca toda su sabiduría y verdadera paz.

El Padre Pío consideraba su indignidad y miseria, inadvertido de sus virtudes. No las veía. Más bien se lanzaba a amar a Dios con mayor fuerza, ya que había puesto sus ojos en él, en él que se consideraba deforme, y que en carta a una hija espiritual llegó a escribir: “¡He sido en esto peor que Lucifer! Sé que nadie en este mundo es inmaculado ante el Señor, pero mi inmundicia, hermana mía, no hay quien se le asemeje”.

De la auténtica humildad surgen flores y frutos. Suavidades y fuerzas santas. Agudezas para comprender los misterios de la Salvación, y fuegos para amar hasta el martirio.
Siendo fiel en lo poco es como se llega a ser fiel en lo mucho...
El Padre Pío vendrá en nuestra ayuda para esta Pascua. Somos sus devotos. Y estamos unidos, porque la comunión de los santos es la Iglesia, y como Iglesia, todos, aunque en grado y modo diferente, participamos en el mismo amor de Dios. Los que están en el Cielo viven más íntimamente unidos con Cristo y no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad. Y San Pío nos conoce en Cristo.

Santa Teresita decía: ”Pasaré mi Cielo haciendo el bien en la tierra”.
El Padre Pío podría haber pensado o dicho: “Seguiré guiando las almas, las seguiré conduciendo a la Gloria, a la perfección, a la Salvación, como un padre, como lo que soy: sacerdote para siempre”.
La Cruz de Cristo era su contemplación continua, el Crucificado era su amigo y confidente. Su oración lo silenciaba ante la cátedra del Gólgota, o lo movía por aquella vía dolorosa, que será siempre también la vía del amor más sublime, del más perfecto amor, del amor más grande, el amor del Dios vivo y verdadero, que hecho hombre  se entregó por los hombres hasta el extremo.

Los bendigo con amor.
Sea la paz en sus almas.

¡Feliz Pascua!


                     Padre Gustavo Seivane
       Siervo inútil del Señor. Indigno devoto de San Pío
           Domingo de Ramos del año del Señor 2017

REZAMOS EL VIA CRUCIS


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos

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                                          Introducción 


El Vía Crucis o camino de la cruz revive los últimos momentos de la vida de Jesús y nos introduce en el misterio de la salvación.
Se trata de seguir a Jesús, caminar tras sus huellas, acompañarlo en su camino, que, como él dice, es un camino de cruz (Mc. 8,34).
El camino de la cruz es nuestro propio camino para seguir con fidelidad la voluntad de Dios. Por eso va más allá de unas reflexiones piadosas: es una invitación a la oración personal y comunitaria en todo momento del año.
Desde la cruz de Jesús, presente hoy en nuestro país y en tantos otros lugares de este mundo sediento de justicia, afirmamos nuestra fe en la resurrección y la vida. Anunciamos con alegría y esperanza la presencia liberadora de Jesús entre nosotros. Encarnamos en el mundo el reino de Dios, el ansiado cielo y tierra nuevos, donde reine la justicia, la paz y el amor verdadero.


i estación:
“JESÚS ES CONDENADO A MUERTE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»"
Palabra de Dios (Lc. 23, 1-2)

La Presencia de Jesús se hace ya insoportable para los poderosos de su época.
Sus constantes llamados a la conversión, su amor a los pobres, su denuncia de una religión que había perdido el rumbo, su identificación con el pueblo sencillo lo hacen un personaje peligroso. Ante Pilato argumentan que la seguridad del imperio está amenazada. Pilato cede ante las presiones. Se desinteresa del problema y entrega a Jesús para morir. Ante la injusticia se lava las manos. Jesús observa todo con serenidad y confianza en Dios, su Padre. Desde el silencio de su corazón reza: Señor, aquí estoy que se haga tu voluntad.
La figura de Jesús, pobre e indefenso ante el tribunal que lo condena, se hace presente en estos días en las vida de tantos hermanos, víctimas de la injusticia y la falta de fraternidad, sin vivienda ni salarios dignos, muchas veces despojados de sus derechos. Son los condenados a muerte de nuestro mundo de hoy. Los mismos que Jesús amó hasta la muerte de cruz.

Para aplicar a la vida:
¿Estoy dispuesto a dar la vida por amor a los demás?
¿Qué puedo hacer para evitar que mis hermanos sean condenados a vivir sin dignidad?
Ante la injusticia, ¿nuestra actitud es la de Pilato o nos jugamos por la verdad?
Padre bueno,danos fuerza para seguir a tu hijo
por el camino de la cruz.
Danos fidelidad y valentía para vivir por la verdad.

Canto

II estación:
“JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota."
Palabra de Dios (Jn. 19, 17)

El camino a la vida pasa por la cruz. Una de las condiciones del seguimiento de Jesús es la aceptación de la cruz que representa ser su discípulo. Cargar con la cruz no con resignación y fatalismo, sino con la alegría del que se da hasta el extremo. Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Jesús nos enseña una nueva manera de vivir. Ser libres es hacerse servidor de todos por amor.
La cruz representa también un instrumento de condenación y muerte. Era un castigo terrible reservado solo para pocos. El condenado era azotado y debía cargar los maderos recorriendo la ciudad. La agonía era lenta y la muerte humillante.
San Francisco de Asís se identificó con la cruz de Jesús, a tal punto que al final de su vida el Señor le concede llevar en su cuerpo las cinco llagas... tal fue su identificación con la Cruz.

Para aplicar a la vida:
Actualmente nuestro pueblo soporta distintas cruces como consecuencia de la injusticia y al violencia. ¿Las reconozco? ¿Cuáles son? ¿Cuál es nuestro mensaje y compromiso ante ellas?.
Desde la cruz, símbolo de la muerte, Dios hará renacer la esperanza de la vida nueva. ¿Cuál es el sentido de la cruz en mi vida?

Padre bueno, enséñanos a servir con toda nuestra persona.
Ayúdanos a ser generosos en la entrega, a dar siempre un poco más.
Muéstranos cómo aceptar los desafíos y riesgos de seguir a Jesús.

Canto

III estación:
“JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará."
Palabra de Dios (Mt. 16, 24-25)

Señor Jesús, sientes sobre tus espaldas el inmenso peso de los maderos y caes. Pero vuelves a levantarte, porque sabes que tu dolor es redención y salvación para todos aquellos que en ti creen. Queremos aprender de tu ejemplo, queremos unirnos a este amor que te llevó a sufrir tanto por el pobre y el pecador.
Señor Jesús, que tu sufrimiento nos anime y nos llene de esperanza, que sepamos ser verdaderos samaritanos, especialmente con nuestros hermanos que están sufriendo y se han cansado de cargar ese peso que ya no aguantan más. Danos la gracia de ser solidarios, como hermanos e hijos de un mismo Padre. Que tu Espíritu nos guíe en este camino de servicio y entrega y nos dé la luz necesaria para ver con claridad lo que tú quieres que hagamos.

Para aplicar a la vida:
¿Somos fieles en las dificultades que hallamos en el camino o abandonamos nuestra misón al menos tropiezo?
¿Vivimos para nosotros mismos, procurando salvar nuestra vid, o demostramos con gestos y actitudes que vivimos para los demás?

Padre bueno,necesitamos aprender perseverancia.
Que seamos constantes en nuestros compromisos, que sepamos reponernos a nuestras caídas,
que sepamos desandar el camino errado para avanzar, paso a paso, en el camino hacia el Reino.

Canto

IV estación:
JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán los pensamientos íntimos de muchos”.
Palabra de Dios (Lc. 2,33-36)

Jesús ha sido condenado injustamente. Sus amigos lo han abandonado. Al parecer está solo con su cruz y solo camino hacia su muerte.
Pero él sabe que no está solo. Sabe que está haciendo la voluntad de su Padre y su Padre está con él. Sabe además que su MADRE ESTÁ CON ÉL. Aunque ella, no pueda hacer nada para liberarlo de esa cruz. Con el corazón partido y atravesado por una espada, camina a su lado. Con su fragilidad lo sostiene y lo anima. Una vez más, aunque no entiende todo, responde a Dios: "He aquí la esclava del Señor. Que se haga en mí según tu Palabra"
Esa madre camina también junto a nosotros. Si lo sabremos los que tantas veces venimos aquí, a Pompeya, a sus pies. Cuantas veces hemos venido a pedirle su ayuda y, aunque creamos que no nos resuelve los problemas, el sufrimiento no desaparece, ni la enfermedad, ni la cruz;…sentimos que esta bendita Madre está junto a nosotros, animándonos, sosteniéndonos, compartiendo nuestras cruces y ayudándonos a llevarla como seguidores de Jesús.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Ruega por nosotros Santa Madre de Dios”

Para que en las horas de angustia, de tristeza y de dolor, te sintamos, Madre, siempre a nuestro lado, oremos…
Para que en los momentos de enfermedad, sintamos tu amor de Madre que nos cuida y nos conforta, oremos…
Por tantas madres que sufren por sus hijos, por las madres de los hijos que mueren por la locura de las guerras y la violencia, oremos…
Por las madres cuyos hijos mueren de hambre o de enfermedad, a causa del abandono, la miseria, y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes y de una deficiente política sanitaria, oremos…
Por las madres de los hijos que mueren a mano de delincuentes o abatidos como delincuentes, oremos…
Por las madres con hijos presos y desaparecidos, oremos…
Por las madres abandonadas por sus hijos, oremos…
Por los hijos que están o se sienten solos, que no tienen una madre que los acompaña, los guíe o los consuele, oremos…

Canto

V estación:
“SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”.
Palabra de Dios (Lc. 23,26)

Al regresar de su trabajo, Simón de Cirene es obligado a ayudar a Jesús. No es su voluntad pero poco importa. Lo importante es que alivia a Jesús, se compromete con él. Lo libera del peso de la cruz y comparte con él su dolor.
La civilización del amor exige personas comprometidas con el sufrimiento y el dolor de los demás. Solidarias con los que sufren y los marginados. Un mundo nuevo exige cristianos que caminen juntos al pueblo compartiendo su destino. Trabajando por la promoción del hombre, haciendo más livianas las cruces de nuestros hermanos. Seguir a Jesús es vivir la solidaridad como expresión concreta y actual del mandamiento del amor.
El desafío es descubrir a Jesús que pasa a nuestro lado. Necesitado de ayuda. Vivo en las angustias del trabajador, del despedido, de la madre sola, del anciano, y en tantos más, marginados por nuestra actitud indiferente. Como Simón estamos llamados a colaborar con el que sufre... a diferencia de él, la decisión es nuestra, libre, personal. En ella se juega el aceptar al reino.

Y ahora recemos, que es también un modo de ayudarnos, respondiendo a cada súplica: “Te lo pedimos por Jesús”

Para que nunca pasemos de largo ante el hermano caído y necesitado, oremos…
Para que tengamos compasión y misericordia, compartiendo el dolor de los que más sufren, oremos…
Para que cotidianamente ayudemos, a quién esté necesitado, oremos…
Para que favorezcamos todo lo que sea solidaridad, especialmente la solidaridad popular, de base, de los humildes, oremos…
Para que apoyemos las iniciativas solidarias de nuestra parroquia y la solidaridad en campañas y organizaciones barriales y eduquemos a nuestros niños y jóvenes en la solidaridad, oremos…
Para que favorezcamos y exijamos la solidaridad grande, entre los pueblos, entre razas: solidaridad para la paz, para la justicia, contra el hambre, contra enfermedades endémicas, donación de órganos, oremos…

Canto

VI estación:
“LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Así como muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban."
Palabra de Dios (Is. 52, 14; 53, 3-42)

Una piadosa mujer se te acerca a vos Señor y seca tu rostro. Cuantos hermanos sufriendo vemos en nuestro andar de todos los días…
Que sepamos descubrirte en el rostro del padre de familia que no tiene trabajo, en el anciano olvidado por su familia en los geriátricos, en el niño abandonado que tiene que andar por las calles buscando que comer, corriendo serios riesgos; en el enfermo que agoniza, y nadie se ocupa de él, en nuestros hermanos que no tienen hogares y duermen en las calles…
Señor Jesús, no permitas que rechacemos o despreciemos a los pobres, a los oprimidos, a los más pequeños, porque son tus privilegiados, aquellos que se identifican contigo.

Para aplicar a la vida:
Compasión es conmoverse, sentir con el otro su sufrimiento y experimentarlo como propio: ¿somos indiferentes al dolor de los demás?
Jesús está allí, en el hambriento, en el desnudo, en el abandonado, en el enfermo. ¿Qué hago por ellos?
La madre Teresa nos ha mostrado la posibilidad de vivir la compasión y el amor en nuestros días. ¿Qué puedes hacer, en tu ambiente, para vivir como ella?

Padre bueno, condúcenos al encuentro de los marginados de hoy.
Ayúdanos a compartir. Une nuestras manos para construir la justicia.

Canto

VII estación:
“JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"... eran nuestras faltas por las que era destruido nuestro pecado, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados".
Palabra de Dios (Is. 53, 5)

El camino se hace largo y pesado, las fuerzas escasean y Jesús cae por tierra nuevamente. El amor es inmenso y todo lo soporta. De pie, tambaleante, sigue el camino que nos traerá la paz. Nada se consigue sin esfuerzos y el camino del cristiano no está libre de sacrificios. Jesús nos muestra que el amor al Padre es mayor que cualquier sufrimiento. Jesús en las dificultades no abandona el camino, recurre al Padre y se abandona en él. ¿Cómo actuamos nosotros?
El camino hacia el Padre encierra una apertura creciente a la voluntad de Dios y una liberación progresiva de todo lo que me impide ponerla en práctica.
A veces sentimos la tentación de bajar los brazos y no continuar adelante. Jesús nos enseña que Dios no nos abandona, siempre nos acompaña, aun en los momentos más penosos de la vida.

Para aplicar a la vida:
¿Cómo enfrentamos nuestras caídas? ¿Sabemos reconocer nuestros errores?
¿Buscamos ayuda en Dios para superar las dificultades de la vida?

Padre bueno, a veces caemos y no sabemos levantarnos.
Haznos humildes y sencillos para recomenzar el camino las veces que haga falta.

Canto

VIII estación:
“JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: “¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos”.
Palabra de Dios (Lc. 23,27-29)

Nadie como las mujeres, han comprendido la propuesta de Jesús de transformar el mundo por la  fuerza del amor y no por la violencia.
Las mujeres nos enseñan a amar y cuidar la vida, a protegerla, a defenderla, a educar para la vida y no para la muerte, para la paz y no para la guerra. Por eso nadie como Jesús supo valorar y respetar a la mujer, a toda mujer.
Ojalá también hoy nosotros lo hagamos. El mundo se salvaría realmente si no lo manejaran solamente los varones. Las Guerras, la violencia, el hambre, las injusticias irían desapareciendo, si las mujeres tuvieran más cabida en el quehacer humano, en todo lo que hace a la vida y organizaciones humanas, en la salud, la educación, la cultura, la política y la economía.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Te lo pedimos por María, bendita entre las mujeres”.

Para que entre todos aseguremos que las mujeres realmente ocupen el lugar que les corresponde en el mundo y puedan realizar la misión propia en la sociedad, oremos…
Para que permitamos a las mujeres no solo engendrar la vida, sino también cuidarla, protegerla, hacerla crecer, defenderla. Que no las abandonemos ni las forcemos al aborto o al abandono de sus hijos, oremos…
Para que valoremos especialmente el papel de las mujeres como educadoras para la ternura, la convivencia, la paz, la solidaridad y la compasión, oremos…
Para que el aporte de las mujeres en el mundo de la cultura, del trabajo, de la política y la economía, en las organizaciones de base y en los organismos oficiales, nos ayude a lograr entre todos la paz en la justicia, el bienestar en la solidaridad, oremos…
Para que valoremos también el gran servicio de las mujeres, especialmente las madres, en la educación de la fe y en la ayuda a los más necesitados, oremos…

Canto

IX estación:
“JESÚS CAE POR TERCERA VEZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos."
Palabra de Dios (Mt. 5, 10)

Cristo se desploma de nuevo a tierra bajo el peso de la cruz. La muchedumbre que observa, está curiosa por saber si aún tendrá fuerza para levantarse.
En el Cenáculo, inclinándose en tierra y lavándoles los pies, les mostró el verdadero camino de la humildad y abajamiento en el servicio.
Cayendo a tierra por tercera vez en el camino de la cruz, de nuevo proclama a gritos su misterio. ¡Escuchemos su voz! Este condenado, en tierra, bajo el peso de la cruz, ya en las cercanías del lugar del suplicio, nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). «El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12).
Que no nos asuste la vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se acerca, esconde en sí misma la luz de la vida.

Padre bueno, que valoremos los pequeños y grandes sacrificios de caminar tras Jesús. Gracias por los mártires de nuestro tiempo. Ellos nos muestran que el evangelio de la Vida es siempre más fuerte que la muerte y la injusticia.

Canto
X estación:
“JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados."
Palabra de Dios (Jn. 19, 23-24)

Llegamos al calvario. Jesús, agotado y exhausto, es desnudado delante de la multitud. Queda en la pobreza, la desnudez y el desamparo. Jesús, desnudo, herido, desolado al pie de la cruz, se hace solidario de tantos hombres y mujeres despojados de sus derechos a lo largo de la historia.
La ambición de “tener”, domina a los soldados. El hombre no importa, lo que vale son las cosas. Dramático paralelo con nuestro tiempo donde millones de hombres sufren por la ambición descontrolada de unos pocos y la escandalosa injusticia institucionalizada del sistema económico internacional.
Seguimos en este camino de la cruz con Jesús pidiendo perdón por las veces que no lo descubrimos en el rostro de los marginados y pidiéndole revestirnos de él; revestirnos de solidaridad que puede cubrir la muchedumbre de nuestros pecados, y puede devolver la dignidad al que ha sido despojado.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Perdónanos Señor”

Por tantas veces que nos hemos conmovido ante tu recuerdo o imagen de niño recién nacido, pobre y desnudo en el pesebre y no nos hemos conmovido por tantos niños que nacen en la miseria y despojados de toda posibilidad de vivir dignamente, oremos…
Por tantas veces que nos hemos conmovido al verte desnudo en la cruz, sin conmovernos por tantos hombres despojados de su dignidad, de sus derechos, de sus posibilidades de vivir como seres humanos, oremos…
Por nuestra insensibilidad ante la miseria de cerca o de lejos, de pueblos indígenas, de naciones enteras, que nos hemos acostumbrado a ver como espectáculo televisivo, oremos…
Por nuestras complicidades con sistemas jurídicos que excluyen a los trabajadores, a los jubilados, a los débiles, a los ignorantes; privándolos de lo que les corresponde, oremos…
Por nuestro cansancio y abandono, por nuestras renuncias a querer cambiar las cosas por la fuerza de la solidaridad, oremos…
Por nuestros despilfarros, gastos superfluos, consumismo estéril, mientras cada vez más gente está privada de todo, oremos…

Canto
XI estación:
“JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, lo crucificaron junto a dos ladrones, no a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es Mesías de Dios, el Elegido!”. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.
Palabra de Dios (Lc 23,33-34ª.35-38)

Clavado en la cruz espera pacientemente el momento de dar la vida. En su dolor tiene tiempo pata los que lo rodean. Su compasión no tiene límites. Abandonado y humillado pide perdón por quienes lo están matando. Es el punto máximo del amor: el perdón. Sólo Jesús es capaz de semejante demostración de amor. Desinteresado, despreocupado y descentrado de sí mismo. Su pensamiento gira en torno a quienes lo rodean: Padre, perdónalos.

Para aplicar a la vida:
Para Jesús, perdonar a sus enemigos es una exigencia del amor. ¿Cómo actuamos nosotros con las personas que no nos caen bien, que no piensan como nosotros, y aun con aquéllas que nos hacen mal?
Jesús muere por nuestros pecados, personales y sociales. ¿Qué situaciones de pecado de nuestra sociedad empujan los clavos de Jesús?

Padre bueno, Jesús cargó con nuestro pecado, llevó adelante nuestras faltas
para liberarnos del mal. Haz que vivamos en espíritu de conversión permanente.

Canto

XII estación:
“JESÚS MUERE EN LA CRUZ”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró”.
Palabra de Dios (Lc 23,44-49)

Señor Jesús, has muerto y ya no estás con nosotros. No pudimos reconocerte, no nos dimos cuenta que tú eras el Mesías, no creímos que tú eras el Hijo de Dios… Como nos cuesta creer, como nos cuesta confiar, nuestra esperanza se nos va desvaneciendo… Nuestro Salvador ha muerto… No sabemos que hacer, en quien esperar, todo parece un fracaso, parece como que si todo terminara aquí, en este hecho de la cruz… pero nos queda confiar en aquel que solamente puede darnos una respuesta y una solución a esto, esperar en el Padre Dios…

Momento de silencio.   (Invitar a ponerse de rodillas, los que pueden)

Padre bueno, ante la cruz de Jesús, me comprometo a vivir anunciando el Evangelio
y construyendo el Reino donde Tú me llames a servir.

Canto

XIII estación:
“JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún”.
Palabra de Dios (Lc 23,50-53)

Han devuelto a las manos de la Madre, el cuerpo sin vida del Hijo. El Evangelio no habla de lo que ella experimentó en aquel instante. La Virgen, de la fidelidad a la Palabra de Dios. María, presente en la cruz y presente junto a cada uno de nosotros. Contagiándonos su fidelidad y su fortaleza para seguir a Jesús. Al pie de la cruz, la Virgen fiel nos enseña que ella acompaña a todos los que buscan a su hijo. Ella también es nuestra madre para siempre. María observa cómo descienden el cuerpo de su hijo amado. Aparentemente, el justo ha fracasado y la muerte ha vencido una vez más.
Señor Jesús, mueres como uno de tantos, como uno más, y eres depositado en un sepulcro. Nos queda esperar, tus discípulos y amigos, no pueden creer como terminó todo. Parece que no hay nada más, que todo fue una ilusión, el esfuerzo fue en vano, ya no hay más nada que hacer. Pero el Padre Dios mostrará su gloria al resucitarte y allí encontraremos el sentido de nuestra fe. Seguimos caminando y esperando en Dios, nuestra única esperanza.

Presentamos nuestras intenciones respondiendo a cada una: “Danos esperanza, Señor”

Porque a veces nos parece que todas las cosas andan mal y que ya no vale la pena intentar cambiar nada, oremos…
Porque pareciera que en todas partes han muerto las utopías, se acabaron los ideales y en todo el mundo triunfan los inescrupulosos, los corruptos, los poderosos, oremos…
Porque pareciera que nadie valora los esfuerzos cotidianos, el trabajo honesto, la solidaridad de los humildes, oremos…
Porque la muerte pareciera ganar la lucha y van quedando sepultadas todas las esperanzas, oremos…
Porque a nuestros jóvenes se los quiere intoxicar no solo con drogas sino también con el consumismo, la pornografía, la violencia, para que no sueñen con un mundo distinto y mejor, oremos…
Por el dolor de tener que sepultar seres queridos, oremos…

Canto

XIV estación:
“JESÚS ES SEPULTADO”

Te Adoramos CRISTO y te Bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?.No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea."
Palabra de Dios (Lc 24, 5-6)

Jesús es enterrado. Ha muerto. Pero el plan de salvación triunfa: Cristo resucita!!!
"Si hemos muerto con él, viviremos con él" (2 Tim. 2,11). De la muerte nace la vida, del sufrimiento y la frustración surge la esperanza. Nos ha liberado del pecado y de la muerte. Donde el mundo ve frustración y sin sentido, Dios hace estallar la vida. Nuestra esperanza no fue en vano. ¡Jesús Vive! Dios lo resucitó y nos muestra que la muerte fue vencida por la vida.

Luego de la Resurrección, los discípulos dieron sus vidas por este proyecto salvador de Jesús. Él nos llama hoy a continuar esa misión, como lo hicieron los apóstoles. Nos ha dejado su Espíritu para que seamos sus testigos, para que tengamos coraje en el enuncio del Evangelio, para que nuestro testimonio sea verdadero. La Resurrección nos debe quitar de la indiferencia, del individualismo, de la hipocresía. Nos enseña a valorar la vida, y a ser defensores de ella. Nos pone en camino, nos hace servidores de los hermanos, solidarios del que más necesita, constructores y protagonistas de la historia que hoy nos toca vivir en nuestro país…

El Documento de Puebla nos muestra cuáles son los rostros de nuestro tiempo a los que debemos atender (DP 32). La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela:

Rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables, los niños vagos y muchas veces explotados, de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar;

rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación;

rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos, que viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres;

rostros de campesinos, que como grupo social viven relegados en casi todo nuestro continente, a veces, privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan;

rostros de obreros, frecuentemente mal retribuidos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos;

rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos;

rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales;

rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen.

Esta es la realidad en la que estamos insertos y en la que estamos llamados a dar testimonio de la resurrección de Jesús. Vayamos a dar testimonio de la Esperanza, Cristo Vive y está a nuestro lado, al lado del más pobre y enfermo, no tengamos miedo, ÉL VENCIO!!!


Canto final

Fuente: Fray Jorge Cittadini, Ofm Capuchinos. A él nuestro agradecimiento

¡ Lo sabìas ?


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El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo, que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

La difusión del ejercicio del Vía crucis ha estado muy vinculada a la Orden franciscana. Pero no fue San Francisco quien lo instituyó tal como lo conocemos, si bien el Pobrecillo de Asís acentuó y desarrolló grandemente la devoción a la humanidad de Cristo y en particular a los misterios de Belén y del Calvario, que culminaron en su experiencia mística en la estigmatización del Alverna; más aún, San Francisco compuso un Oficio de la Pasión de marcado carácter bíblico, que es como un «vía crucis franciscano», y que rezaba a diario, enmarcando cada hora en una antífona dedicada a la Virgen. En todo caso, fue la Orden franciscana la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio.

El Vía crucis consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor. A veces se añade una decimoquinta, dedicada a la resurrección de Cristo.

 En la práctica de este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús. Puede seguirle la exposición del acontecimiento propuesto o la predicación sobre el mismo, así como la meditación silenciosa. Ese núcleo central suele ir precedido y seguido de diversas preces y oraciones, según las costumbres y tradiciones de las diferentes regiones o comunidades eclesiales.

En la práctica comunitaria del Vía crucis, al principio y al final, y mientas se va de una estación a otra, suelen introducirse cantos adecuados.

                                                                                                   Fr. Jorge Cittadini OFM Cap.

Pensamientos para el Mes de Abril


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1  ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes (Epist.III, p.423).

2  Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar (CE, 33).

3  ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra (CS, n.15, p.74s.).

4  Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones (Epist.III, p.584).

5  Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas (Epist.III, p.632s.).

6  No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro! (Epist.III, p.570).

7  Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud (CE, 34).

8  Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.
Hasta ahora tu virtud ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien (Epist.III, p.626).

9  Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo. Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.
Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma (Epist.III, p.422s.).

10  A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien. No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta. Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios. Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”. Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos (Epist.III, p.414).

11  Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante (Epist.III, p.414).

12  Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.
¡Animo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús! (Epist.III, p.410).

13  Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante! (Epist.III, p.397).

14  Comprendo que las tentaciones más que purificar el espíritu parece que lo manchan; pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos; y a este propósito, os baste saber lo que, entre otros, dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que, extendido sobre la tela, parece que la ensucia cuando en realidad la limpia (Epist.II, p.68s.).

15  Vuelvo a inculcaros una vez más la confianza; nada puede temer el alma que confía en su Señor y que pone en él su esperanza. Aunque el enemigo de nuestra salvación esté siempre rondándonos para arrancarnos de nuestro corazón el ancla que debe conducirnos a la salvación, quiero afirmar la confianza en Dios nuestro Padre: agarremos con fuerza esta ancla y no permitamos nunca que nos abandone ni un solo instante; de otro modo todo estaría perdido (Epist.II, p.394).

16  Oh, ¡qué felicidad en las luchas del espíritu! Basta querer saber combatir siempre, para salir vencedor con toda seguridad (ASN, 43).

17  Estáte atenta para no desanimarte nunca al verte rodeada de debilidades espirituales.
Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte, sino sólo para afianzarte en la humildad y hacerte más atenta en el futuro (ASN, 42).

18  Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu.
Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz (Epist.III, p.579).

19  La confesión, que es la purificación del alma, hay que hacerla a más tardar cada ocho días; yo no me puedo resignar a tener a las almas más de ocho días alejadas de la confesión (AP).

20  El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad; no existen puertas secretas.
Nada es pecado si no ha sido cometido por la voluntad. Cuando no entra en juego la voluntad, no se da el pecado, sino la debilidad humana (AdFP, 549).

21  El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará (AdFP, 562).

22  No abandonéis vuestra alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, pues la alegría del corazón es la vida del alma y un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no es útil para nada  (OP).

23  Nuestro enemigo, provocador de nuestros males, se hace fuerte con los débiles; pero con aquél que le hace frente con valentía resulta un cobarde (Epist.II, p.77).

24  Si conseguimos vencer la tentación, ésta produce el efecto que la lejía en la ropa sucia (AdFA, 158).

25  Sufriría mil veces la muerte antes que ofender al Señor deliberadamente (Epist.I, p.817).

26  No se debe volver ni con el pensamiento ni en la confesión a los pecados ya acusados en confesiones anteriores. Por nuestra contrición Jesús los ha perdonado en el tribunal de la penitencia. Allí él se ha encontrado ante nosotros como un acreedor de frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad ha rasgado, ha destruido, las letras de cambio firmadas por nosotros al pecar, y que no habríamos podido pagar sin la ayuda de su clemencia divina. Volver sobre aquellas culpas, querer exhumarlas de nuevo con el solo fin de obtener una vez más el perdón, sólo por la duda de que no hayan sido verdaderamente y generosamente perdonadas, ¿no habría que considerarlo como un acto de desconfianza hacia la bondad de la que había dado prueba al destruir él mismo todo título de la deuda que contrajimos al pecar? Vuelve, si esto puede ser motivo de consuelo para nuestras almas, vuelve tu pensamiento a las ofensas infligidas a la justicia, a la sabiduría, a la infinita misericordia de Dios, pero sólo para derramar sobre ellas las lágrimas redentoras del arrepentimiento y del amor  (GF,169).

27  En el alboroto de las pasiones y de las situaciones difíciles nos sostenga en pie la grata esperanza de su inagotable misericordia. Corramos confiadamente al tribunal de la penitencia donde él con anhelo de padre nos espera en todo momento; y aún sabiendo que somos insolventes, no dudemos del perdón que se pronuncia solemnemente sobre nuestros errores. ¡Pongamos sobre ellos, como la ha puesto el Señor, una piedra sepulcral!... (GF, 171).

28  Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la obscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma: que vislumbra, entiende, ama y tiembla.
¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis en la cima del Sinaí (GE, 174).

29  Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios (Epist.IV, p.418).

30  Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son señales de su divina predilección y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras fueron las tempestades (CE, 27).

Mes de Marzo


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1  Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?
- Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación.
- Y para usted, ¿qué es? - Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia! (en LdP, p.167).

2  No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día.
Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas.
No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz (FSP, p.123).

3  En esta tierra cada uno tiene su cruz, pero debemos actuar de modo que no seamos el mal ladrón sino el buen ladrón (CE, p.23).

4  El Señor no puede darme un cireneo. Debo hacer sólo la voluntad de Dios; y si le agrado, lo demás no cuenta (LCS, 1 sept. 1967,4).

5  En la vida Jesús no te pide que lleves con él su pesada cruz, pero sí un pequeño trozo de su cruz, trozo que se compendia en los dolores de los hombres  (FSP, p.119).

6  En primer lugar tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida (Epist.III, p.413).

7  No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de Getsemaní (Epist.III,  p.441).

8  Comprendo bien, hija mía, que tu Calvario te resulte cada día más doloroso. Pero piensa que Jesús ha llevado a cabo la obra de nuestra redención en el Calvario y que en el Calvario debe completarse la salvación de las almas redimidas (Epist.III, p.448).

9  Sé que sufres y que sufres mucho, pero ¿no son acaso éstas las alhajas del Esposo? (Epist.III, p.445).

10  El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz. Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas (CE, p.21).

11  Ciertas dulzuras interiores son cosas de niños. No son señal de perfección. No dulzuras sino sufrimiento es lo que se precisa. Las arideces, la desgana, la impotencia, éstos son los signos de un amor verdadero. El dolor es agradable. El destierro es bello porque se sufre y así podemos ofrecer algo a Dios. La ofrenda de nuestro dolor, de nuestros sufrimientos, es una gran cosa que no podemos hacer en el cielo (GB, 35).

12  Preferiría mil cruces e incluso me sería dulce y ligera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras. Es doloroso vivir así... Me resigno, ¡pero la resignación, mi "fiat", me parece tan frío, tan vacío...! ¡Qué misterio! Sólo Jesús se preocupa de nosotros (AD, 93s.).

13  Ama a Jesús; ámalo mucho; pero precisamente por esto, ama cada vez más el sacrificio (GB, 61).

14  El corazón bueno es siempre fuerte; sufre pero oculta sus lágrimas, y se consuela sacrificándose por el prójimo y por Dios (CE, 23).

15  Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir (CE, 25).

16  El dolor ha sido amado con deleite por las almas grandes. Es el remedio de la creación después de la desgracia de la caída; es la palanca más potente para levantarla; es el segundo brazo del amor infinito para nuestra regeneración (ASN, 42).

17  No temas las adversidades, porque colocan al alma a los pies de la cruz y la cruz la coloca a las puertas del cielo, donde encontrará al que es el triunfador de la muerte, que la introducirá en los gozos eternos (ASN, 42).

18 Si sufres aceptando con resignación su voluntad, tú no le ofendes sino que le amas. Y tu corazón quedará muy confortado si piensas que en la hora del dolor Jesús mismo sufre en ti y por ti. El no te abandonó cuando huiste de él; ¿por qué te va a abandonar ahora que, en el martirio que sufre tu alma, le das pruebas de amor? (GF, 174).

19  Subamos con generosidad al Calvario por amor de aquél que se inmoló por nuestro amor; y seamos pacientes, convencidos de que ya hemos emprendido el vuelo hacia el Tabor (ASN, 42).

20  Manténte unida a Dios con fuerza y con constancia, consagrándole todos tus afectos, todos tus trabajos y a ti misma toda entera, esperando con paciencia el regreso del hermoso sol, cuando el Esposo quiera visitarte con la prueba de las arideces, de las desolaciones y de la noche del espíritu (Epist.III, p.670).

21  Sí, yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre en las espaldas de Jesús (Epist.I, p.235).

22  Los verdaderos siervos de Dios siempre han estimado que la adversidad es más conforme al camino que recorrió nuestro Señor, que llevó a cabo la obra de nuestra salvación por la cruz y los desprecios (Epist.IV, p.106).

23  El destino de las almas elegidas es el sufrir. El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria (Epist.II, p.248).

24  Ama siempre el sufrimiento, que, además de ser la obra de la sabiduría divina, nos revela con mayor claridad aún la obra de su amor (ASN, 43).

25  Dejad que la naturaleza se queje ante el sufrimiento, porque, si excluimos el pecado, no hay nada más natural. Vuestra voluntad, con la ayuda divina, será siempre superior y, si no abandonáis la oración, el amor divino jamás dejará de actuar en vuestro espíritu (Epist.III, p.80).

26  La vida es un Calvario; pero conviene subirlo alegremente. Las cruces son los collares del Esposo y yo estoy celoso de ellos. Mis sufrimientos son agradables. Sufro solamente cuando no sufro (CE, 22).

27  El Dios de los cristianos es el Dios de las transformaciones. Echáis en su seno el dolor y sacáis la paz; echáis desesperación y veréis surgir la esperanza (FM, 166).

28  Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo (FM, 166).

29  El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo (Epist.III, p.482).

30  Gozo inmensamente al saber que el Señor es siempre generoso en sus caricias a tu alma. Sé que sufres, pero el sufrimiento ¿no es la prueba cierta de que Dios te ama? Sé que sufres, pero ¿no es este sufrimiento el distintivo de toda alma que ha elegido por su porción y su heredad a Dios, y a un Dios crucificado? Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti (Epist.III, p.703).

31  Acepta todo dolor e incomprensión que vienen de lo Alto. Así te perfeccionarás y te santificarás (FSP, 119).

Mes de Febrero


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1  La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios... Cuando se hace bien, conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas. Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda (T, 74).

2  Quiero ser solamente un pobre fraile que ora... Dios ve manchas hasta en los ángeles, ¡cuánto más en mí! (T, 58).

3  Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y escuchará tu oración (CE, 39).

4  La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios. Debes hablar a Jesús también con el corazón además de hacerlo con los labios; o, mejor, en algunas ocasiones debes hablarle únicamente con el corazón (CE, 40).

5  Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra (AdFP, 547).

6  Sed asiduos a la oración y a la meditación. Ya me habéis dicho que habéis comenzado a hacerlo. Oh Dios, ¡qué gran consuelo para un padre que os ama igual que a su propia alma! Continuad progresando siempre en el santo ejercicio del amor a Dios. Hilad cada día un poco: si es de noche, a la tenue luz de la lámpara y entre la impotencia y la esterilidad del espíritu; y si es de día, en el gozo y en la luz deslumbrante del alma (GF, 173).

7  Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si no puedes hablar por ser inculta, no te disgustes en los caminos del Señor; deténte en la habitación como los servidores en la corte, y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano (Epist.III, p.982).

8  Este modo de estar en la presencia de Dios, únicamente para expresarle con nuestra voluntad que nos reconocemos siervos suyos, es muy santo, excelente, puro y de una grandísima perfección (Epist.III, p.982).

9  Cuando te encuentres cerca de Dios en la oración, ten presente tu realidad: háblale si puedes; y si no puedes, párate, hazte ver y no te busques otras preocupaciones (Epist.III, p.983).

10  Las oraciones, que tú me pides, no te faltan nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios. Te he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón. Estoy seguro de que en tus plegarias no te olvidarás del que lleva la cruz por todos (Epist.III, p.983).

11  El mejor consuelo es el que viene de la oración (GC, 38).

12  Salvar las almas orando siempre (LCS,  1 oct.1971, 30).

13  La oración debe ser insistente, ya que la insistencia pone de manifiesto la fe (AdFP, 553).

14  Las oraciones de los santos en el cielo y las de los justos en la tierra son perfume que no se perderá jamás (GF, 175).

15  Yo no me cansaré de orar a Jesús. Es verdad que mis oraciones son más dignas de castigo que de premio, porque he disgustado demasiado a Jesús con mis incontables pecados; pero, al final, Jesús se apiadará de mí (Epist.I, p.209).

16  Todas las oraciones son buenas, siempre que vayan acompañadas por la recta intención y la buena voluntad (AdFP, 552).

17  Reflexionad y tened siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra. En la medida en que crecían en ella los dones del cielo, ahondaba cada vez más en la humildad (Epist.II, p.419).

18  Como las abejas que sin titubear atraviesan una y otra vez las amplias extensiones de los campos, para alcanzar el bancal preferido; y después, fatigadas pero satisfechas y cargadas de polen, vuelven al panal para llevar a cabo allí en una acción fecunda y silenciosa la sabia transformación del néctar de las flores en néctar de vida: así vosotros, después de haberla acogido, guardad bien cerrada en vuestro corazón la palabra de Dios. Volved a la colmena, es decir, meditadla con atención, deteneos en cada uno de los elementos, buscad su sentido profundo. Ella se os manifestará entonces con todo su esplendor luminoso, adquirirá el poder de destruir vuestras naturales inclinaciones hacia lo material, tendrá el poder de transformarlas en ascensiones puras y sublimes del espíritu, y de unir vuestro corazón cada vez más estrechamente al Corazón divino de vuestro Señor  (GF, 196s.).

19   El alma cristiana no deja pasar un solo día sin meditar la pasión de Jesucristo (OP).

20  Para que se dé la imitación, es necesaria la meditación diaria y la reflexión frecuente sobre la vida de Jesús; de la meditación y de la reflexión brota la estima de sus obras; y de la estima, el deseo y el consuelo de la imitación (Epist.I, p.1000).

21  Ten paciencia al perseverar en este santo ejercicio de la meditación y confórmate con comenzar dando pequeños pasos, hasta que tengas dos piernas para correr, y mejor, alas para volar; conténtate con obedecer, que nunca es algo sin importancia para un alma que ha elegido a Dios por su heredad; y resígnate a ser por el momento una pequeña abeja de la colmena que muy pronto se convertirá en una abeja grande, capaz de fabricar la miel.
Humíllate siempre y amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla verdaderamente al que se presenta ante él con un corazón humilde (Epist.III, p.980).

22  No puedo, pues, admitir y, como consecuencia, dispensarte de la meditación sólo porque te parezca que no sacas ningún provecho. El don sagrado de la oración, mi querida hija, lo tiene el Salvador en su mano derecha; y a medida que te vayas vaciando de ti misma, es decir, del amor al cuerpo y de tu propia voluntad, y te vayas enraizando en la santa humildad, el Señor lo irá comunicando a tu corazón (Epist.III, p.979s.).

23  La verdadera causa por la que no siempre consigues hacer bien tus meditaciones yo la descubro, y no me equivoco, está en esto: Te pones a meditar con cierto nerviosismo y con una gran ansiedad por encontrar algo que pueda hacer que tu espíritu permanezca contento y consolado; y esto es suficiente para que no encuentres nunca lo que buscas y no fijes tu mente en la verdad que meditas. Hija mía, has de saber que cuando uno busca con prisas y avidez un objeto perdido, lo tocará con las manos, lo verá cien veces con sus ojos, y nunca lo advertirá.
De esta vana e inútil ansiedad no te puede venir otra cosa que no sea un gran cansancio de espíritu y la incapacidad de la mente para detenerse en el objeto que tiene presente; y la consecuencia de esta situación es cierta frialdad y sin sentido del alma, sobre todo en la parte afectiva.
Para esta situación no conozco otro remedio fuera de éste: salir de esta ansiedad, porque ella es uno de los mayores engaños con los que la virtud auténtica y la sólida devoción pueden jamás tropezar; aparenta enfervorizarse en el bien obrar, pero no hace otra cosa que entibiarse, y nos hace correr para que tropecemos (Epist.III, p.980s.).

24  El que no medita puede hacer como el que no se mira nunca al espejo, que no se preocupa de salir arreglado. Puede estar sucio sin saberlo.
El que medita y piensa en Dios, que es el espejo de su alma, busca conocer sus defectos, intenta corregirlos, se reprime en sus impulsos y pone su conciencia a punto (AdFP, 548).

25  No sé ni compadecerte ni perdonarte el que con tanta facilidad dejes la comunión y también la santa meditación. Recuerda, hija mía, que no se llega a la salvación si no es por medio de la oración; y que no se vence en la batalla si no es por la oración. A ti te corresponde, pues, la elección (Epist.III, p.414).

26  En cuanto a lo que me dices que sientes cuando haces la meditación, has de saber que es un engaño del diablo. Estáte, pues, atenta y vigilante. No dejes jamás la meditación por este motivo; de otro modo, convéncete de que muy pronto serás vencida por completo (Epist.III, p.405).

27  Tú, mientras tanto, no te aflijas hasta el extremo de perder la paz interior. Ora con perseverancia, con confianza y con la mente tranquila y serena (Epist.III, p.452).

28  Rogad por los malos, rogad por los fervorosos, rogad por el Sumo Pontífice y por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra tiernísima madre; y elevad una súplica especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria del Padre celestial (Epist.II, p.70).

Mes de Enero


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1  Por gracia de Dios estamos al comienzo de un nuevo año. Este año, cuyo final sólo Dios sabe si lo veremos, debe estar consagrado del todo a reparar por el pasado, a proponer para el futuro; y a procurar que vayan a la par los buenos propósitos y las obras santas (TN, en Epist.IV, p.878).

2  Digámonos con el pleno convencimiento de que nos decimos la verdad: alma mía, comienza hoy a hacer el bien, que hasta ahora no has hecho nada. Movámonos siempre en la presencia de Dios. Dios me ve, digámonos con frecuencia; y, al verme,  también me juzga. Actuemos de modo que no vea en nosotros más que el bien (TN, en Epist.IV, p.878).

3  No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy. Del bien de después están llenos los sepulcros...; y además, ¿quién nos dice que viviremos mañana? Escuchemos la voz de nuestra conciencia, la voz del profeta rey: Si escucháis hoy la voz del Señor, no cerréis vuestros oídos. Levantémonos y atesoremos, porque sólo el instante que pasa está en nuestras manos. No queramos alargar el tiempo entre un instante y otro, que eso no está en nuestras manos (TN, en Epist.IV, p.877s.).

4 ¡Oh, qué precioso es el tiempo! Felices los que saben aprovecharlo, porque todos, en el día del juicio, tendremos que dar cuenta rigurosísima de ello al Juez supremo. ¡Oh, si todos llegasen a comprender el valor del tiempo! ¡Seguro que se esforzarían por usarlo de forma digna de encomio! (CS, n.65, p.169).

5  “Comencemos hoy, hermanos, a hacer el bien, que hasta ahora no hemos hecho nada”. Estas palabras que el seráfico Padre San Francisco, en su humildad, se aplicaba a sí mismo, hagámoslas nuestras al comienzo de este nuevo año. En verdad, nada hemos hecho hasta ahora; o, al menos, bien poco;  los años se han ido sucediendo, comenzando y terminando, sin que nos preguntáramos cómo los hemos empleado; si no había nada que reparar, nada que añadir, nada que quitar en nuestra conducta. Hemos vivido a lo tonto, como si un día el Juez eterno no nos hubiese de llamar y pedirnos cuenta de nuestra conducta, de cómo hemos empleado nuestro tiempo.
Sin embargo, deberemos dar cuenta rigurosísima de cada minuto, de cada actuación de la gracia, de cada santa inspiración, de cada ocasión que se nos presentaba de hacer el bien. ¡La más pequeña transgresión de la santa ley de Dios será tenida en cuenta! (TN, en Epist.IV, p.875).

6  El amor no admite dilación y los Magos, nada más alcanzar su meta, no ahorran esfuerzos por dar a conocer y amar a Aquel que con el influjo de su gracia ha conquistado sus corazones; y los ha herido con aquel amor que busca expandirse, porque no cabe en las reducidas dimensiones del corazón y quiere comunicar lo que lo llena (TN Epist.IV, p.887).

7  Es necesario cultivar con solidez estas dos virtudes: la dulzura con el prójimo y la santa humildad con Dios (Epist.III, p.944).

8  Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual. Dios quiere que vuestras miserias sean el trono de su misericordia y vuestra incapacidad, la sede de su omnipotencia (Epist.III, p.964).

9  En una ocasión enseñé al padre un ramo bellísimo de majoleto en flor y, al mostrarle al padre aquellas flores blanquísimas tan bellas, exclamé. "¡Qué bellas!...”. “Sí, dijo el padre, pero más que las flores son bellos los frutos”. Y me hizo comprender que mucho más que los santos deseos son bellas las obras (VVN, 49).

10  Que no la amedrenten las frecuentes insidias de esta bestia infernal: Jesús, que está siempre con usted y que luchará a su lado y por usted, no permitirá jamás que llegue a verse defraudada y vencida (Epist.III, p.49).

11  No te detengas en la búsqueda de la verdad y en la conquista del sumo Bien. Sé dócil a los impulsos de la gracia, secundando sus inspiraciones y sus llamadas. No te avergüences de Cristo y de su doctrina (Epist.IV, p.618).

12  Cuando el alma sufre y teme ofender a Dios, no le ofende y está muy lejos de pecar (Epist.II, p.61).

13  El ser tentado es signo de que el alma es muy grata al Señor (Epist.III, p.50).

14  No se abandone jamás a sí misma. Ponga toda la confianza en solo Dios (Epist.II, p.64).

15  Siento cada vez más la imperiosa necesidad de entregarme con más confianza a la misericordia divina y de poner sólo en Dios toda mi esperanza (Epist.I, p.224s.).

16  Es terrible la justicia de Dios. Pero no olvidemos que también su misericordia es infinita  (GP, 138).

17  Busquemos servir al Señor con todo el corazón y con toda la voluntad. Nos dará siempre mucho más de lo que merecemos (GP, 180).

18  Alaba sólo a Dios y no a los hombres, honra al Creador y no a la criatura.
Sé capaz de soportar las amarguras durante toda tu vida para poder participar de los sufrimientos de Cristo (LCS, 1oct. 1971, 30).

19  Sólo un general sabe cuándo y cómo deben actuar sus soldados. Ten paciencia; también a ti te llegará tu vez (AdFP, 555).

20  Apártate del mundo. Escúchame: uno se ahoga en alta mar, otro se ahoga en un vaso de agua. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro? ¿No están muertos los dos? (AdFP, 555).

21  ¡Piensa siempre que Dios lo ve todo! (AdFP, 554).

22  En la vida espiritual cuanto más se corre menos se siente el cansancio; más bien será la paz, preludio del gozo eterno, la que se posesionará de nosotros y seremos felices y fuertes en la medida que, manteniéndonos en este esfuerzo y mortificándonos a nosotros mismos, hagamos que Cristo viva en nosotros (AdFP, 559).

23  No nos desanimemos nunca ante los designios de la divina providencia, que, uniendo los gozos a los sufrimientos y haciéndonos pasar en la vida, a cada uno y a las naciones, de las alegrías a las lágrimas, nos conduce a la consecución de nuestro fin último. Veamos detrás de la mano del hombre que se manifiesta de ese modo, la mano de Dios que se oculta (Epist.IV, p.101).

24  Si queremos recoger la cosecha, es necesario no sólo sembrar la semilla sino también echarla en buena tierra; y cuando esta semilla llegue a hacerse planta, hemos de estar muy atentos para vigilar que la cizaña no sofoque las todavía tiernas plantitas (AdFP, 561).

25  En todos los acontecimientos humanos, aprended a reconocer y a adorar la voluntad de Dios (Epist.III, p.55).

26  En la vida espiritual, hay que ir siempre adelante y no retroceder jamás; de otro modo nos sucede como a la barca, que, si en vez de avanzar, se detiene, el viento la arrastra hacia atrás (AdFP, 554).

27  Recuerda que la madre, al principio, enseña a andar a su hijo sosteniéndolo, pero que éstos muy pronto deben caminar ellos solos; de igual modo, tú debes razonar con tu cabeza (AdFP, 555).

28 “Mientras tengas temor no pecarás”.
 "Será así, padre, pero sufro mucho".
"Se sufre mucho, es cierto, pero hay que confiar; existe el temor de Dios y el temor de Judas.
El miedo excesivo nos impide obrar con amor, y la excesiva confianza no nos deja ser conscientes y temer el peligro que debemos superar.
El primero debe dar la mano a la segunda, y deben caminar los dos juntos como dos hermanas. Hay que actuar siempre así, ya que, si nos percatamos de tener miedo o de temer demasiado, entonces debemos recurrir a la confianza; y, si confiamos en exceso, debemos, en cambio, tener un poco de temor, porque el amor tiende hacia el objeto amado, pero al avanzar es ciego, no ve, pero el santo temor le ofrece la luz (AdFP, 548).

29  No se alcanza la salvación si no es atravesando el borrascoso mar que nos amenaza siempre con destruirnos. El Calvario es el monte de los santos, pero de allí se pasa a otro monte, que se llama Tabor (Epist.I, p.829).

30  Yo no deseo otra cosa que morir o amar a Dios: o la muerte o el amor; pues la vida sin este amor es peor que la muerte; para mí esa situación sería más insostenible que la actual (Epist.I, p.841).

31  No debo, pues, mi queridísima hija, dejar pasar el primer mes del año sin llevar a tu alma el saludo de mi alma y garantizarte cada día más el afecto que mi corazón alimenta por el tuyo, al que no dejo nunca de desear toda clase de bendiciones y de felicidad espiritual. Pero, mi buena hija, encomiendo vivamente a tus cuidados ese tu pobre corazón: intenta hacerlo cada día más grato a nuestro dulcísimo Salvador, y actuar de modo que este nuevo año sea más rico en buenas obras que el año pasado, ya que, en la medida que pasan los años y se acerca la eternidad, hay que redoblar el esfuerzo y elevar nuestro espíritu a Dios, sirviéndole con mayor diligencia en todo aquello a lo que nos obliga nuestra vocación y profesión cristiana (Epist.III, p.485s.).