Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

" JESUS OCÚPATE TU " por el Siervo de Dios Padre Dolindo Ruotolo


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos

No comments

 


Habla Jesús  al  alma:

 Por qué te confundes agitándote? Déjame a cargo de  tus cosas y todo se calmará. En verdad te digo que cada acto verdadero y el completo abandono en Mi, produce el efecto que  deseas y resuelve las situaciones  espinosas.
 
 Abandonarse en Mi no significa atormentarse,  confundirse y desesperarse elevando luego hacia Mi una  plegaria agitada para que Yo haga lo que Uds quieren, sino  que es cambiar la agitación en oración. Abandonarse  significa cerrar plácidamente los ojos del alma, alejar el  pensamiento de la tribulación y descansar en MI para que  solo YO obre, diciendo “Ocúpate Tu”. Se oponen al  abandono:  la preocupación, la agitación y el querer prever  las consecuencias de un hecho.
 
 Es como la confusión que tienen los niños que  pretenden que su mama se ocupe de sus necesidades, y al  mismo tiempo quieren ocuparse ellos mismos entorpeciendo el
 trabajo de ella con sus ideas y caprichos infantiles.

 Cierren los ojos y déjense llevar, por la corriente de mi  Gracia, cierren los ojos y déjenme trabajar, cierren los  ojos y piensen en el presente, alejando el pensamiento del
 futuro como si fuera una tentación;  reposen en Mi creyendo  en mi bondad y les juro por mi Amor que diciéndome con  abandono “Ocúpate Tu”, Yo me ocupo de  lleno, los
 consuelo, los libero, los conduzco.
 
 Y cuando los debo llevar por un camino diverso del  que ustedes ven, Yo los adiestro, los llevo en mis brazos  haciéndolos encontrar en la otra ribera ,como niños  dormidos en los brazos maternos.

Aquello que los angustia y  les hace un inmenso mal es su razonamiento, su pensamiento  atormentado y continuo, el querer resolver ustedes  mismos todo
 aquello que los aflige.   

 Cuantos cosas obro YO cuando el alma se vuelve  hacia MI en sus necesidades tanto espirituales como  materiales y me dice “Ocúpate Tu”.
Cierra los ojos y  reposa ! Obtienen pocas gracias cuando se confunden para  producirlas ustedes mismos, obtienen muchísimas cuando la  oración y la confianza en Mi son completas:
Ustedes, en su  dolor, oran para que Yo obre, pero para que obre según  ustedes creen… No se dirigen hacia Mi, sino que quieren  que Yo me adapte a sus ideas, no son enfermos que piden al  médico una cura, sino que la sugieren.
 
 No obren de este modo. Oren como Yo les enseñé en  el Padrenuestro: Sea santificado tu Nombre, es decir, que  seas glorificado en esta necesidad que tengo; que venga a
 nosotros tu reino, es decir, que todo lo que nos ocurre a  nosotros y al mundo concurra a tu Reino;  hágase tu  Voluntad  así en la tierra como en el Cielo, es decir,
 dispone Tu en esta necesidad como mejor te parezca, para  nuestra vida eterna.
     
 Si me dicen de verdad: hágase Tu Voluntad, que es  lo mismo que decir “Ocúpate Tu”, Yo intervengo con toda  mi omnipotencia, y resuelvo aun en las situaciones mas
 cerradas y difíciles.

Te das cuenta de que la desgracia  aumenta en vez de disminuir?  No te desanimes, cierra los  ojos y dime con confianza: Hágase tu voluntad. “Ocúpate  Tu”.
Te digo que Yo me ocupo, y que intervengo como un  medico, y hasta obro un milagro cuando es necesario. Ves que  la situación empeora ? No te angusties. Cierra los ojos y di  “Ocúpate Tú”. Te digo que yo me ocupo y no existe una  medicina más poderosa que una intervención mía de Amor. Yo  me ocupo sólo cuando cierran los ojos.
 
 Ustedes son ansiosos, quieren evaluarlo todo,  pensar en todo, y es así como se abandonan en las fuerzas  humanas y, peor aun, en los hombres, confiando en la
 intervención de ellos. Esto es lo que obstaculiza mi  intervención. OH, como deseo este abandono de su parte,  para poder beneficiarlos ¡Cómo me duele verlos agitados!
 
 
 Es justamente eso lo que desea Satanás, agitarlos  para alejarlos de mi acción y así poder convertirlos en  presas de las iniciativas humanas, por eso deben confiar  solo en Mí, reposar solo en Mi y abandonarse en Mi para  todo.

 Yo hago milagros en proporción al pleno abandono en  Mi y a la despreocupación de parte de ustedes. Yo  distribuyo tesoros de Gracia cuando ustedes se encuentran en  la pobreza extrema. Si poseen  sus propios recursos, aunque sean pocos, o si los  buscan, los encontrarán en el campo natural y seguirán por  lo tanto el curso natural de las cosas, que es a menudo  entorpecido por Satanás.

Ningún razonador ha hecho  milagros, ni siquiera los Santos. Obra divinamente aquel que  se abandona en DIOS.
 
 Cuando ves que las cosas se complican, di con los  ojos del alma cerrados Jesús, Ocúpate Tu. Tu Haz esto en  todas tus necesidades. Hagan todos esto y verán grandes,
 continuos y silenciosos milagros.

Se los juro por mi  Amor.

ECOS DE UN CORAZON SANTO


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos

No comments


MES DE FEBRERO


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

No comments

1  La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios... Cuando se hace bien, conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas. Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda (T, 74).

2  Quiero ser solamente un pobre fraile que ora... Dios ve manchas hasta en los ángeles, ¡cuánto más en mí! (T, 58).

3  Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y escuchará tu oración (CE, 39).

4  La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios. Debes hablar a Jesús también con el corazón además de hacerlo con los labios; o, mejor, en algunas ocasiones debes hablarle únicamente con el corazón (CE, 40).

5  Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra (AdFP, 547).

6  Sed asiduos a la oración y a la meditación. Ya me habéis dicho que habéis comenzado a hacerlo. Oh Dios, ¡qué gran consuelo para un padre que os ama igual que a su propia alma! Continuad progresando siempre en el santo ejercicio del amor a Dios. Hilad cada día un poco: si es de noche, a la tenue luz de la lámpara y entre la impotencia y la esterilidad del espíritu; y si es de día, en el gozo y en la luz deslumbrante del alma (GF, 173).

7  Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si no puedes hablar por ser inculta, no te disgustes en los caminos del Señor; deténte en la habitación como los servidores en la corte, y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano (Epist.III, p.982).

8  Este modo de estar en la presencia de Dios, únicamente para expresarle con nuestra voluntad que nos reconocemos siervos suyos, es muy santo, excelente, puro y de una grandísima perfección (Epist.III, p.982).

9  Cuando te encuentres cerca de Dios en la oración, ten presente tu realidad: háblale si puedes; y si no puedes, párate, hazte ver y no te busques otras preocupaciones (Epist.III, p.983).

10  Las oraciones, que tú me pides, no te faltan nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios. Te he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón. Estoy seguro de que en tus plegarias no te olvidarás del que lleva la cruz por todos (Epist.III, p.983).

11  El mejor consuelo es el que viene de la oración (GC, 38).

12  Salvar las almas orando siempre (LCS,  1 oct.1971, 30).

13  La oración debe ser insistente, ya que la insistencia pone de manifiesto la fe (AdFP, 553).

14  Las oraciones de los santos en el cielo y las de los justos en la tierra son perfume que no se perderá jamás (GF, 175).

15  Yo no me cansaré de orar a Jesús. Es verdad que mis oraciones son más dignas de castigo que de premio, porque he disgustado demasiado a Jesús con mis incontables pecados; pero, al final, Jesús se apiadará de mí (Epist.I, p.209).

16  Todas las oraciones son buenas, siempre que vayan acompañadas por la recta intención y la buena voluntad (AdFP, 552).

17  Reflexionad y tened siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra. En la medida en que crecían en ella los dones del cielo, ahondaba cada vez más en la humildad (Epist.II, p.419).

18  Como las abejas que sin titubear atraviesan una y otra vez las amplias extensiones de los campos, para alcanzar el bancal preferido; y después, fatigadas pero satisfechas y cargadas de polen, vuelven al panal para llevar a cabo allí en una acción fecunda y silenciosa la sabia transformación del néctar de las flores en néctar de vida: así vosotros, después de haberla acogido, guardad bien cerrada en vuestro corazón la palabra de Dios. Volved a la colmena, es decir, meditadla con atención, deteneos en cada uno de los elementos, buscad su sentido profundo. Ella se os manifestará entonces con todo su esplendor luminoso, adquirirá el poder de destruir vuestras naturales inclinaciones hacia lo material, tendrá el poder de transformarlas en ascensiones puras y sublimes del espíritu, y de unir vuestro corazón cada vez más estrechamente al Corazón divino de vuestro Señor  (GF, 196s.).

19   El alma cristiana no deja pasar un solo día sin meditar la pasión de Jesucristo (OP).

20  Para que se dé la imitación, es necesaria la meditación diaria y la reflexión frecuente sobre la vida de Jesús; de la meditación y de la reflexión brota la estima de sus obras; y de la estima, el deseo y el consuelo de la imitación (Epist.I, p.1000).

21  Ten paciencia al perseverar en este santo ejercicio de la meditación y confórmate con comenzar dando pequeños pasos, hasta que tengas dos piernas para correr, y mejor, alas para volar; conténtate con obedecer, que nunca es algo sin importancia para un alma que ha elegido a Dios por su heredad; y resígnate a ser por el momento una pequeña abeja de la colmena que muy pronto se convertirá en una abeja grande, capaz de fabricar la miel.
Humíllate siempre y amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla verdaderamente al que se presenta ante él con un corazón humilde (Epist.III, p.980).

22  No puedo, pues, admitir y, como consecuencia, dispensarte de la meditación sólo porque te parezca que no sacas ningún provecho. El don sagrado de la oración, mi querida hija, lo tiene el Salvador en su mano derecha; y a medida que te vayas vaciando de ti misma, es decir, del amor al cuerpo y de tu propia voluntad, y te vayas enraizando en la santa humildad, el Señor lo irá comunicando a tu corazón (Epist.III, p.979s.).

23  La verdadera causa por la que no siempre consigues hacer bien tus meditaciones yo la descubro, y no me equivoco, está en esto: Te pones a meditar con cierto nerviosismo y con una gran ansiedad por encontrar algo que pueda hacer que tu espíritu permanezca contento y consolado; y esto es suficiente para que no encuentres nunca lo que buscas y no fijes tu mente en la verdad que meditas. Hija mía, has de saber que cuando uno busca con prisas y avidez un objeto perdido, lo tocará con las manos, lo verá cien veces con sus ojos, y nunca lo advertirá.
De esta vana e inútil ansiedad no te puede venir otra cosa que no sea un gran cansancio de espíritu y la incapacidad de la mente para detenerse en el objeto que tiene presente; y la consecuencia de esta situación es cierta frialdad y sin sentido del alma, sobre todo en la parte afectiva.
Para esta situación no conozco otro remedio fuera de éste: salir de esta ansiedad, porque ella es uno de los mayores engaños con los que la virtud auténtica y la sólida devoción pueden jamás tropezar; aparenta enfervorizarse en el bien obrar, pero no hace otra cosa que entibiarse, y nos hace correr para que tropecemos (Epist.III, p.980s.).

24  El que no medita puede hacer como el que no se mira nunca al espejo, que no se preocupa de salir arreglado. Puede estar sucio sin saberlo.
El que medita y piensa en Dios, que es el espejo de su alma, busca conocer sus defectos, intenta corregirlos, se reprime en sus impulsos y pone su conciencia a punto (AdFP, 548).

25  No sé ni compadecerte ni perdonarte el que con tanta facilidad dejes la comunión y también la santa meditación. Recuerda, hija mía, que no se llega a la salvación si no es por medio de la oración; y que no se vence en la batalla si no es por la oración. A ti te corresponde, pues, la elección (Epist.III, p.414).

26  En cuanto a lo que me dices que sientes cuando haces la meditación, has de saber que es un engaño del diablo. Estáte, pues, atenta y vigilante. No dejes jamás la meditación por este motivo; de otro modo, convéncete de que muy pronto serás vencida por completo (Epist.III, p.405).

27  Tú, mientras tanto, no te aflijas hasta el extremo de perder la paz interior. Ora con perseverancia, con confianza y con la mente tranquila y serena (Epist.III, p.452).

28  Rogad por los malos, rogad por los fervorosos, rogad por el Sumo Pontífice y por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra tiernísima madre; y elevad una súplica especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria del Padre celestial (Epist.II, p.70).

29  Después del amor a nuestro Señor, te recomiendo,  hija, el amor a la Iglesia, su Esposa, a esta querida y dulce paloma, que es la única que puede poner los huevos y procrear los palominos y palominas del Esposo.
Da gracias continuas a Dios por ser hija de la Iglesia, a ejemplo de tantas almas que nos han precedido en el feliz tránsito.
Ten gran compasión de todos los pastores, predicadores y guías de almas y contempla cómo están esparcidos por toda la faz de la tierra, porque no hay en el mundo provincia alguna donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose a sí mismos, procuren fructíferamente la salvación de las almas (Epist.III, p.707).


Rosario


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

No comments

Grupos de Oraciòn del Padre Pio 

Santo Rosario meditado -Febrero 2018


Oraciòn de INICIO 

Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, tú eres nuesta defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo. Amèn

+ Señal de la cruz

Pèsame (Todos juntos)

Primer Misterio:

Veo, queridísima hija, que todas las estaciones del año se dan en tu alma, ya que a veces sientes el invierno de la esterilidad, las distracciones, las desganas y los tedios; otras, el rocío del mes de mayo con el perfume de santas florecillas; otras, los colores del deseo de agradar a Dios. No te falta más que el otoño, en el que, como sabes, no brotan muchos frutos; pero sucede con frecuencia que, al trillar las mieses y prensar las uvas, uno se encuentra con cosechas más abundantes de lo que prometían la siega y la vendimia.
Tú, hija, querrías que todo se hallara en primavera o en verano; pero no, hija; es necesario que se den estas vicisitudes en el interior y en el exterior. Sólo en el cielo todo será primavera en cuanto belleza, todo otoño en cuanto gozo, todo verano en cuanto amor. No existirá invierno alguno; pero el invierno es necesario para ejercitarnos en la abnegación y en las mil pequeñas y bellas virtudes, que se practican en las épocas de esterili-dad.
 (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria
Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                Sin pecado concebida


Segundo Misterio:

Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si éste te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesa-rio estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enre-daría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.
En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bon-dad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ri-dículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno.
 (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Ave María Purísima                                                      Sin pecado concebida


Tercer Misterio:

Mantente firme en tus decisiones; permanece en la barca en la que te ha puesto nuestro Señor, que, aunque llegue la tempestad, no perecerás. Te parece que Jesús duerme, y es posible que sea así; pero ¿no sabes que, si él duerme, su corazón cuida oportunamente de ti? Déjale incluso que duerma; pues en el momento oportuno despertará para ofrecerte la cal-ma. El queridísimo san Pedro, dice la Escritura, se asustó y temblando ex-clamó: «Señor, sálvame». Y nuestro Señor, tomándolo de la mano, le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?». Mira, hija, a este santo apóstol: él camina a pie enjuto sobre las aguas; las olas y los vientos no sa-brían sumergirlo; pero el miedo al viento y a las olas lo desanima, lo abate. El miedo es un mal peor que el mismo mal. Hijita de poca fe, ¿qué puedes temer tú? ¿No cuida él de ti? Tú caminas sobre el mar, encuentras vientos y olas, pero ¿el estar con Jesús no te es suficiente? ¿A qué puedes tener miedo? Pero si el miedo te sorprende, grita con fuerza: «Señor, sálvame». Él te alargará la mano; apriétala con fuerza y camina con alegría sobre el mar de las tempestades de la vida.
 (27 de diciembre de 1917, a una destinataria desconocida – Ep. III, p. 927)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                      Sin pecado concebida

 Cuarto Misterio:.
Vive tranquila, queridísima hija, borra de tu imaginación lo que pueda per-turbarte, y repite con frecuencia a nuestro Señor: Oh Dios, tú eres mi Dios, yo confío en ti; me asistirás y serás mi refugio y yo nada temeré; porque tú, no sólo estás con él, sino que estás en él y él en ti. ¿Qué puede temer el hijo en los brazos de un tal padre? Sé como los niños; no piensan casi nun-ca en su futuro, tienen quienes piensan por ellos; son bastante fuertes, so-lamente están con su padre. Haz tú también lo mismo, queridísima hija, y vivirás en paz.
 (23 de abril de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 724)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                      Sin pecado concebida

Quinto Misterio:

Sufrir una prueba no depende en absoluto del alma, y nada se podrá ha-cer directamente para entrar en ella. Depende exclusivamente de la volun-tad de Dios. Lo que te aconsejo es que estés tranquila y que no te preocu-pes por lo que sucederá. Todo concluirá en gloria de Dios y en santifica-ción del alma.
Además, mantente siempre humilde ante la voluntad infinita del Señor, ensancha siempre tu corazón, agradece sin interrupción al buen Dios los favores que continuamente te otorga, porque no es digno de recibir nue-vas gracias el que no sabe agradecer las que ya ha recibido. Y deja libre actuación a la gracia de Dios, buscando siempre su gloria, tu salvación y la de todas las almas; y no te olvides nunca que los favores celestiales se con-ceden, no sólo para la propia santificación, sino también para la santifica-ción de los demás.
 (23 de febrero de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep.II, p. 340)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                      Sin pecado concebida


Rezamos por la intención del Papa Francisco este mes “Para que aquellos que tienen un poder material, político o espiritual no se dejen dominar por la corrupción”.

Salve, 3 ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcàngel dejando bajo su protección el apostolado de los Grupos de Oración del Padre Pio.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

"Sed de Dios" por el Padre Gustavo Seivane


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

No comments


¿Tienen sed de Dios? ¿Hay sed de Dios en sus almas?
¿La sed se muestra intermitente, aparece y desaparece, o más bien la experimentan asentada, permanente, como una marca interior?
La sed de Dios, también, puede ser en nosotros como un vago recuerdo, una vivencia ahora un tanto extraña, apenas registrable, algo de otro tiempo, algo que casi no ha dejado rastro.
Puede también que sintamos nostalgia de una sed antigua, una sed de Dios que hacía que nuestros corazones se mantuviesen en vilo.
Porque la sed sostiene...
Nos hace tejer esperas, movernos hacia la fuente.
¿No nos dice la carta a los hebreos que nuestra esperanza es como un ancla en el alma?
Y la sed tiene mucho de esperanza. Así sucede cuando la sed no se gesta en los apetitos por lo natural y sensible, cuando la sed no es un reclamo para saciar nuestro hombre viejo, ni es sed de este mundo.
La esperanza es un ancla en el alma, una bendita sed, cuando no es sed de algo que no sea Dios.
San Juan de la Cruz lo entendió muy bien y lo enseñó mejor: “Cuando reparas en algo dejas de arrojarte al todo”.
Pues hay una sed que Dios suscita en el alma: Sed de su Palabra, sed del agua viva (que es el mismo Espíritu santificador), sed como la de la samaritana, que en aquel mediodía, junto al pozo de Jacob, después del encuentro con Cristo, quedó abierta a una novedad: una sed distinta comenzaba a crecer en ella, sed de una Fuente que le había sido desconocida hasta entonces, sed que la llevó a una conversión.

Nos dice Juan en su evangelio:

“La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?”

El sediento aprecia la gota, el breve sorbo, el trago.
No bebe con indiferencia.
En el beber, el sediento se relaciona con lo bebido, se encuentra, y la relación aparece amical, como una forma de comunión.
Beber lo divino, absorber la gracia, comulgar, conlleva una resonancia muy distinta en un sediento que en un indiferente.
Sólo en la sed se anuncia lo sagrado.
También Jesús tiene sed…
Fatigado del camino, nos dice Juan, se sentó junto a un brocal, un pozo de agua, un pozo con historia, un pozo que evoca los antepasados de su pueblo, el pueblo de la Alianza.
En otros pasajes los evangelios, también, nos muestran ese cansancio de Jesús, la fatiga de un Dios que camina los caminos del hombre.
Cuando me fue dado recorrer la Tierra Santa me conmovió comprobar las distancias caminadas por Jesús. Lo andado por el Verbo encarnado. Lo transitado por nuestro Dios amor en busca de los hombres.
El deseo de Dios por cada uno de nosotros es la sed de Dios.
Esa sed expresada hasta el paroxismo en la Cruz: “Tengo sed”, dirá en la altura del Gólgota.
Sed de salvar. Sed de comunicar lo inmenso, lo infinito, lo que no acaba. Sed de hacernos participar de la misma Vida divina. Sed de quebrar nuestros límites, de borrar nuestra muerte, de hacernos eternos. Sed de limpiar las manchas que cubren el cristal del alma, para que la luz de quien es Luz de Luz, haga que sus rayos sean uno con el cristal al iluminarlo.
Jesús se sienta en el borde de aquel pozo de la Samaría, y acontece el encuentro.
Dios siempre toma la iniciativa. Nadie puede convertirse sin ese movimiento primero del amor divino.
En nosotros todo es siempre respuesta a Dios. Respondemos. Consentimos. Pero él llama, él sale al encuentro, él crea, él redime, él avanza, él da la gracia preveniente.
Nos dice Juan que aquella mujer va como todos los días por el agua. No prevé novedades. No presiente sorpresas. Anda por el camino de siempre como siempre, incluso calcula que no habrá nadie.
Porque, ¿quién va a ir a buscar el agua al mediodía? Ese es un trabajo para el alba, cuando comenzando el día se necesita el agua para las tareas domésticas. Definitivamente es una labor para realizar con el frescor de la mañana.
Pero, quizás, va al mediodía para desencontrarse de sus vecinas, para evitarlas, para no oír murmuraciones.
Pero mientras elude a sus aldeanas, Dios la intercepta. La espera. Jesús le sale al encuentro, y su vida cambia, y toda ella se llena de una nueva sed, de una bendita sed, una sed que viene a apagar las anteriores, las mundanas.
Y todo sucede allí, donde menos podría haberlo imaginado.
Pues las sorpresas de Dios son su gracia preveniente. El tiene la iniciativa. El nos ama y nos encuentra donde no calculamos, nos sale al paso para ahondarnos en un diálogo que nos revela la verdad, y para despertar en nosotros la sed de él.
Una sed que paradójicamente aumenta la saciedad.
San Juan de la Cruz lo escribe así:

“El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche”.

Ha querido Dios crear y redimir.
Ha creado y redimido por amor. Libremente. Con libertad amorosa. Con amor libertador. Gratuitamente. Con desmesura. Como expresando un exceso, un derroche, una abundancia sublime, la abundancia de su ser infinito, la donación generosa de su íntima Vida de Dios.
Creando y redimiendo Dios se ha revelado como Amor.
Un Amor que nos busca encarnado.
Y allí está Dios. Dios encarnado: pidiendo de beber. Mostrándose sediento para saciarnos.
Por eso, la Encarnación nos admira y enmudece aún más que la misma creación.
Es en Jesucristo que descubrimos al Amor buscándonos encarnado.
 ¿Porque adónde nos adentramos cuando contemplamos a un Dios que se muestra sediento?
¿Qué consecuentes frutos van apareciendo cuando meditamos esto?
¿Con cuánto asombro vivimos que Dios para darse, me hace conocer y disponer mi cántaro vacío?                               
Hay una Luz que no encandila, sino que revela.
Jesús le dice a la samaritana: “Dame de beber”.
La Grandeza y la Fuente: pide, solicita, requiere.
Jesús abre el diálogo. Jesús siempre abre. Y Jesús quiere que aquella mujer, y que todos nosotros nos abramos también. O mejor aún, que abramos la hondura del pozo de nuestro ser, porque es él el que quiere verter y colmar nuestro corazón de su agua viva, y tornarlo manantial que fluya, y salte hasta la vida eterna.
La samaritana no sabe que encontrará a aquel que siempre la buscó, aquel que se hace sediento para darle de beber.

Que Jesús sea nuestra Fuente, se ve en la medida de lo que hacemos con nuestra sed.
Miremos qué hacemos con nuestra sed.
Dònde buscamos calmarla
El pozo de cada corazón tiene la hondura de la propia sed.
La sed cava.

Y la Sagrada Escritura nos alienta:

 “Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera reciba gratis aguas de vida”.

 

Padre Gustavo Seivane
Asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn del Padre Pio
Argentina

del Epistolario II : La Dirección espiritual...


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

No comments


... volvemos a proponer aquí en síntesis la cuidada investigación hecha por el padre Gerardo Di Flumeri limitada a la correspondencia del Padre Pío con doña Raffaelina.
Es la conferencia leída por el autor en el primer congreso de estudio sobre la espiritualidad del Padre Pío (San Giovanni Rotondo: 1-6 de mayo de 1972) . En lugar de publicarla íntegramente pensamos que sea suficiente retomar los títulos con los textos más significativos.

1. Necesidad
En primer lugar debemos decir que el Padre Pío tiene en gran estima la dirección espiritual. Ve la necesidad desde un doble punto de vista: a) desde el punto de vista del alma dirigida, está convencido de que cuanto más ella avanza por el camino de la perfección, tanto más necesita de la ayuda del director; b) desde el punto de vista del director, y aquí la doctrina del Padre Pío es más rica y original. Siente la dirección espiritual como una exigencia de ese espíritu apostólico que debe animar a todo sacerdote; es más, hace entender claramente que para él la dirección espiritual era un fruto de su caridad sobrenatural.

2. Elementos
Analizando las 56 cartas escritas por el Padre Pío a doña Raffaelina, sin la pretensión de ser exhaustivos, podemos reducir los elementos constitutivos de su dirección a los siguientes.

a. Relación de afecto sobrenatural. Se ha dicho que un alma difícilmente se abre completamente con su director, si este no se ha ganado su estima, su confianza, su afecto. Y bien, el Padre Pío tiene el don de saberse ganar la estima y la confianza total del alma que dirige. Nótese, sin embargo, que esta relación no tiene nada de natural, sino que tiene un carácter eminente y exclusivamente sobrenatural. El Padre Pío lo hace notar repetidamente a su discípula.

b. Participación en las vicisitudes de su discípula. Esta relación sobrenatural no priva a la dirección del Padre Pío de ese afecto de cordialidad que, en un plano humano, confiere mayor credibilidad a la dirección misma. Es más el Padre Pío participa viva y cordialmente de todas las vicisitudes espirituales y temporales, alegres y tristes de doña Raffaelina. Al respecto existen páginas bellísimas que muestran claramente el rostro humano, el corazón paterno y la caridad afectiva del director.

c. La acción del Espíritu Santo. Poner en evidencia la acción del Espíritu Santo, que permanece siempre como el único verdadero maestro y el único verdadero director de las almas; hacer ver el camino de la gracia que trabaja dulce y silenciosamente en el corazón de los fieles, es obra que requiere intuición, discernimiento y santidad. Y el Padre Pío no ha mínimamente descuidado este elemento importante en el progreso del alma hacia la perfección.

En ese particular período de la purificación de los sentidos, en que el alma dirigida se ve perdida como en una noche profunda y en la oscuridad más espesa, el director le hace comprender cuál era la acción del Espíritu Santo, cuál es el trabajo secreto de la gracia, y le indica la meta última de ese modo de actuar del Esposo divino.

d. Desenmascarar las insidias de Satanás. Satanás no permanece sin actuar; con la astucia que le es habitual busca toda ocasión para volver ineficaz la acción de la gracia, para arrojar el alma al descarrío, para confundir las ideas.
Doña Raffaelina, desanimada por las inevitables dificultades que aparecen en el camino de la perfección, sentía compasión de ella misma, no viendo otra cosa que soberbia y caídas; pero, por otra parte, inundada por grandes gracias divinas, tenía siempre temor de no corresponderle adecuadamente. El Padre Pío intervenía siempre intempestivamente y ponía las cosas en su lugar, de modo que el alma continuase su itinerario espiritual.

e. Carácter franco y sincero. Recordamos solamente un episodio, entre los muchos que se podría citar y que se verán en la correspondencia aquí publicada. Obligada a dejarle a su hermano la casa paterna, que no obstante le había tocado en herencia, doña Raffaelina desde hacía siete años vivía en una casa alquilada; buscaba, sin embargo, una casa conveniente, en la que vivir mejor junto con la hermana Giovina.

Presentó este proyecto a su director, rogándole que suplique a Jesús, para que manifestara su voluntad. El Padre Pío, intentando todo el supremo bien espiritual de su discípula, expuso con claridad, sinceridad y franqueza su punto de vista, pero la discípula no logró en esa circunstancia mantenerse calma y se lamentó del mal cariz que tomaba el asunto.

La respuesta del director fue inmediata:
No puedo pues esta vez ahorrarte un dulce y fraterno reproche […].
Dios te perdone; esta vez has metido mucho la pata. Cuídate de ahora en más de no recaer en semejantes extravagancias (21.6.1914).

3. Método pedagógico
También en este tema nos limitamos a indicar algunas líneas esenciales que ponen de relieve la pedagogía espiritual desarrollada por el Padre Pío en las cartas presentadas por nosotros en este volumen.

a. Intuición psicológica. El Padre Pío sabe adaptarse a las condiciones personales del alma dirigida, presenta la perfección cristiana más desde un punto de vista positivo que negativo y estimula el amor propio del alma que dirige, de manera tal que la empuja a comprometerse totalmente en el camino de la perfección.

b. Estructura teológica. Subrayamos dos aspectos particulares al respecto. El primero se refiere al desarrollo de las virtudes teologales; y ello no tanto porque el Padre Pío enuncie principios, de los cuales resulta que Dios es el centro de su dirección espiritual, sino porque pone todo esfuerzo en desarrollar, en el alma que dirige, la gracia y las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, orientándola siempre hacia estas fuerzas sobrenaturales.
El segundo aspecto al que se aludía es que el desarrollo de las virtudes teologales, por deseo del Padre Pío, sucede en una atmósfera de espiritualidad franciscana, que se concretiza en algunas virtudes morales, típicas de todo seguidor del Pobrecillo de Asís, cuyo ejercicio se recomienda fervientemente.

c. Lo concreto. La dirección espiritual, bien estructurada desde el punto de vista teológico y sostenida por una providencial intuición psicológica, no se mueve con un programa abstracto y sobre principios solamente, sino sobre un plano concreto y aplicaciones prácticas de los mismos principios.
Este sentido de lo concreto impulsa al Padre Pío, en primer lugar, a proyectar al alma la gradualidad del camino en la vía de la perfección, haciéndole comprender que recorrerá este camino de a poco, progresiva y fatigosamente según los designios de Dios. En segundo lugar luego, precisamente para asegurar ese itinerario, el Padre Pío fomenta en su discípula una intensa vida espiritual, proponiendo y aconsejando los medios ascéticos tradicionales, si se quiere, pero que bajo su pluma y de sus labios adquieren un sabor del todo particular.

d. Hacia la meta. Podemos decir que el Padre Pío presenta en sus cartas la perfección cristiana como la conquista más noble que se pueda desear y efectuar, y en consecuencia dirige al alma, pidiéndole el heroísmo. Convencido que su discípula estaba llamada al último grado de perfección, no solamente se lo dice con claridad, sino que se propone prepararla, acompañándola siempre, para alcanzar la altísima meta de la unión amorosa con Dios, sabiendo bien que ha recibido de Dios mismo el encargo de presentarla al Esposo divino, como virgen casta de mente y cuerpo.

e. El estilo. Reflexionando sobre las enseñanzas de la correspondencia, nos parece poder afirmar que el Padre Pío se haya servido en su método pedagógico de la dirección de un estilo mayormente noble, delicado y señoril, tanto cuando aconseja como cuando ordena, tanto cuando reprende como cuando anima, tanto cuando se lamenta como cuando exulta. Esta nobleza lo impulsa a respetar la libertad de los otros, incluso cuando manifiesta el propio parecer, divergente y contrario; y además influye sobre el mismo estilo literario, también digno y delicado en las expresiones.

4. Eficacia
Llegados a este punto, debemos examinar en concreto los resultados prácticos de esa dirección y las motivaciones de la innegable eficacia de la misma.
a. Dos puntos de referencia. Ciertamente la eficacia de la dirección del Padre Pío se la puede ver sea desde el punto de vista inmediato, como era el de consolar el alma y llevarle paz y tranquilidad; sea desde el punto del efecto último, como es el de alcanzar la meta de la propia vocación a la santidad.
Por lo que se refiere a la paz y la tranquilidad del alma, es necesario recordar que doña Raffaelina atravesaba un período agudo de crisis espiritual, lleno de incertidumbres, de dudas y de angustias; que se hizo más intrincado por un complejo de circunstancias (enfermedad de la hermana Giovina, discordias con su hermano, suicidio del marido de la sobrina, etc.) que cortaba el aliento, quitaba la paz del alma, agravaba la situación día a día. Y bien, el Padre Pío fue el más grande artífice de la tranquilidad del alma amargada y probada; casi todas sus cartas contiene repetidas invitaciones al consuelo, a la calma, a la paz, invitaciones y exhortaciones que obtenían su efecto, como con corazón agradecido reconocía doña Raffaelina, jamás defraudada en sus esperas.
No menos eficaz fue la dirección, si se considera el efecto último de la acción directiva, es decir la de alcanzar la meta de la perfección cristiana. Si bien no se está en grado de establecer cuál haya sido el grado alcanzado en la escala mística de aquella alma privilegiada, es cierto que, gracias a la iluminada dirección del Padre Pío, superó la prueba de la purificación sensible y atravesó el período aún más doloroso de la purificación espiritual.

b. Explicación de la eficacia. Queriéndonos detener brevemente en los elementos constitutivos de la eficacia de la dirección, así como nos parece poder recogerla de la correspondencia epistolar, indicaremos sólo tres.

1. Sólida preparación doctrinal. Se trata antes que nada de una preparación teológica bien enraizada en la doctrina tradicional; de un conocimiento bíblico poco común, sustentadas por las enseñanzas «de su tan querido apóstol Pablo»; y de una segura ciencia y experiencia ascético-mística.

2. Sobrenatural aliento de santidad. Esto emana de todas las cartas, y el alma dirigida se sentía llevada hacia el mismo ideal. No podemos en estas notas introductorias siquiera citar algunas de las páginas más bellas emanadas del mundo sobrenatural y sus exigencias, tanto por parte del director como por parte de la dirigida. Enumeramos apenas algunos de los temas más sugestivos: deseo de morir, deseo de paz, amor-dolor, la eucaristía, la Virgen, el ángel custodio, el misterio de la cruz. En este punto entra la consideración de la experiencia mística del director, que no escapaba al alma dirigida y que encontraba siempre nuevos estímulos y nuevas confirmaciones.

3. Iluminación particular. El Padre Pío tiene la conciencia de transmitir exhortaciones, consejos, normas, doctrinas tomadas la más de las veces no de la industria humana sino de las mociones divinas, de iluminación suprema, de revelaciones del Señor. Es uno de los rasgos más característicos de su dirección y quizás fue este el factor que más que todos confirió eficacia a su acción. Conocimiento que le da autoridad y lo hace hablar de manera segura, cierta y a veces casi catedrática.

Cleonice Morcaldi: "Mis recuerdos del Padre Pio"


posted by Marcela T. Gonzalez Grupos on

No comments


8. Humildad, paciencia, ternuras de madre...

Con la palabra y con el ejemplo nos enseñaba a referir todo a Dios. Yo le decía que le quería mucho, porque veía en él a Jesús. Y él: - "También esto está bien; pero mira: lo que tú me das yo lo ofrezco inmediatamente al Amo. Por eso trata de dárselo directamente. Jesús estaría más contento y tú tendrías mas mérito".

Le dije un día: - "¿Qué es la humildad?”. Me respondió: - “La humildad es la verdad. ¿Quiénes somos nosotros y quién es Dios? El seráfico Padre pasaba noches enteras meditando esta frase. ¡¿Quién eres tú, Dios mío, y quién soy yo?!”.

La palabra "soberbia" le hacía temblar. Un día estaba en la sacristía con algunas personas. Un señor dijo: - "Y qué le vamos a hacer, Padre, somos semilla de soberbia". Inmediatamente el Padre respondió: - "Si no soy humilde, soberbio no quiero serlo”.

Durante la guerra, un capitán americano venía de Foggia para asistir a la Misa del Padre. Se ponía de rodillas junto al altar. Antes de partir quiso hablar con el Padre. Entre otras cosas le preguntó qué pensaba del don de las llagas. El Padre, bajando la cabeza, respondió: - "Que soy un pobre humillado”. Este episodio me fue referido por un sacerdote que hizo de intérprete. La respuesta gustó mucho al capitán. Éste con frecuencia traía sus soldados, que asistían a la Misa de rodillas. Después seguían al Padre a la sacristía.

Los fieles le regalaban con frecuencia pañuelitos de lino blanco, pero no los usó nunca. Prefería pañuelos de tela y de colores, como los que usaban nuestros campesinos.
Cuando llegaba el Superior General de la Orden, salía a su encuentro con los demás frailes, pero se escondía de modo que nadie lograba verlo.

Un día, en confesión le dije: - “Usted, Padre, es tan bueno, hágame...”. No me dejó concluir la frase e inmediatamente dijo: - "¿Yo bueno? ¡Si tú supieras lo que soy yo, escaparías de aquí horrorizada!... ¡El peor de los delincuentes, comparado conmigo, es un hombre honra-do!". Y lo dijo con tal convicción, que no supe qué decir.

Su espíritu de pobreza me pareció un tanto exagerado. Un día, en el coro, lo vimos subirse a una silla para apagar las pocas luces de una lámpara que los frailes habían dejado encendidas.

Quería que también nosotras observáramos, de algún modo, la regla franciscana. Cuando le dije que yo había tirado un pedazo de pan duro, me respondió: - "¿Por qué no has hecho sopas?”. Me había comprado un vestido nuevo. Cuando me lo vio, dijo: - "Podías haber remendado el que tenías". Tenía razón. En aquella ocasión fui un poco vanidosa.

Durante largos años fue humilde sacristán. Dispuesto siempre a servir a todos, en todo. En las cartas se firmaba siempre así: "Vuestro humilde servidor...".

Un sacerdote me preguntó si el Padre ejercitaba siempre la virtud de la paciencia. Le respondí: - "¿Le parece poco el soportar el fatigoso trabajo de cada día, sin un solo día de descanso?, ¿sufrir con tanto amor la pasión del Señor y la dirección de tantas almas?”. Él mismo dijo un día: - “Esto es lo que me resulta difícil: estudiar el carácter de cada uno y adaptarme a él”. Jamás he visto un sacerdote con tantos dolores y con tanto paciencia. El sacerdote me respondió: “Tiene razón. El Padre Pío es un modelo en todo. Es santo, pero santo hay que hacerse”.

Pedí al Padre el remedio para mis tantas imperfecciones. Me dijo: - “Tiempo y paciencia. Paciencia con lo que Dios nos manda; paciencia con nosotros mismos, paciencia con el prójimo. Paciencia y padecer. El sufrimiento no es un castigo, sino un signo del amor de Dios para hacernos semejantes a su divino Hijo. Humíllate amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla a quien tiene las orejas bajas. Ama el silencio, porque el mucho hablar no está libre de culpa Recuerda que todo se vuelve en bien para los que aman sinceramente a Dios. Si David no hubiera pecado, no habría adquirido una humildad tan profunda, ni la Magdalena habría amado tan ardientemente a Jesús”.

Transcribo algunas frases de sus cartas: - "Usted llora con razón por haber perdido la mamá, pero ¡ánimo!, hija mía. Yo soy perfectamente consciente de la misión que me ha confiado la Providencia. ¡Si hasta ahora he hecho las veces del padre, difunto, desde este momento siento que se me conmueven las entrañas al asumir también el deber de madre! Y la madre de usted sonreirá desde el cielo. Quiero verla consolada y dulcemente resignada. ¡Usted sabe y puede imaginar lo que yo siento en este corazón por su alma. ¡Dios mío, qué hacer para verla aliviarla!... ¡Pero a mí no me ha sido concedido esto! ¡Hay demasiada indignidad de mi parte para merecer del Señor el don de confortar a quien es parte de mí alma! ¡Ánimo, hija mía, rece usted a este buenísimo Padre, récele para que le consuele!

Un día, conmovida, le dije: - “Padre, ¿cuánto amor está encerrado en el corazón de Jesús?”. Y él: - "¡Hija mía, no existen términos para expresar la ternura de nuestro Dios!”.
Una mañana, después de la Misa, el Padre dijo esta frase: - “¡La vida sin el amor de Dios es peor que la muerte!”. Le dije: - “Padre, para tener más amor yo quisiera, por una vez, soñar a Jesús, conocer su rostro". - “Mírame", respondió. Yo quedé maravillada y sorprendida. El Padre continuó: - “Tú mereces el reproche de Jesús a Felipe en la última cena”.

El 22 de enero de 1953 se cumplía el 50 aniversario de su toma de hábito. Los frailes prepararon dedicatorias bellísimas. Fue invitado el Padre a escribir la suya; rechazó la invitación, pero después aceptó. Y éstas son sus palabras:

"Cincuenta años de vida religiosa,
cincuenta años clavado en la cruz,
cincuenta años de fuego devorador
por Ti, Señor, por tus redimidos.
¿Qué otra cosa desea mi ánimo
sino conducir a todos a Ti, ¡oh Señor!,
y esperar pacientemente que queme
todas mis entrañas en el “cupio dissolvi"
para estar completamente en Ti?"

Así pues, Jesús crucificó a su siervo a la edad de 16 años, precisamente en el día de su toma de hábito. Sin duda fue la Virgen quien indujo al Padre a superar su habitual reserva, porque lo reclamaba la gloria de Dios.
Un sacerdote exclamó: - “¡EI Padre Pío es el Job de nuestro siglo, paciente en soportar durante medio siglo la pasión de Jesús, paciente en su fatigoso trabajo de tantos años, sin un solo día de descanso!..”. Lo dijo al leer la dedicatoria que el Padre había escrito y que fue impresa en millares de estampas.
¡Pero quién sabe cuántos otros misterios quedaron encerrados en aquel corazón!
- “Muchos misterios de mi corazón serán descubiertos sólo allá arriba", dijo un día.