Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Oraciones de Padre Pio


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Coronita al Sagrado Corazón de Jesús.
 Recitada diariamente por el Padre Pío, por todos aquellos que se encomendaban a sus oraciones.

  1)    ¡OH Jesús mío! que dijiste. “ En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá”, he aquí que yo llamo, yo busco, yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave Maria, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.

 2) ¡OH Jesús mío!, que dijiste “en verdad os digo cualquier cosa que pidieres a mi Padre en mi nombre, el os la concederá” he aquí que a Vuestro Padre y en Vuestro nombre, yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria .
Sagrado Corazón.......

3) OH Jesús mío ! que dijiste. “En verdad os digo, el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán jamás” he aquí que apoyado en la infalibilidad de vuestras santas palabras yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Sagrado Corazón........

¡OH Sagrado corazón de Jesús! a quien es imposible no tener compasión de los infelices, tened piedad de mi, mísero pecador, y concédeme la gracia que te pido, por medio del Inmaculado Corazón de Maria, vuestra y nuestra tierna Madre.

 San José padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros.

 Dios te salve Reina y Madre........
Amen.

Mes de Mayo


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1   Cuando se pasa ante una imagen de la Virgen hay que decir:
"Te saludo, María.
Saluda a Jesús de mi parte" (AdFP, 401).

2  Escucha, Madrecita: yo te quiero mucho más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús, naturalmente...; pero te quiero mucho (AD, 40).

3  Madrecita hermosa, Madrecita querida, eres bella. Si no existiera la fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más resplandecientes que el sol; eres bella, Madrecita; yo me glorío de ello, te amo, ¡ah!, ayúdame (AD, 55).

4  María sea la estrella que os ilumine la senda, os muestre el camino seguro para llegar al Padre del cielo; sea como el ancla a la que os debéis sujetar cada vez más estrechamente en el tiempo de la prueba (Epist.II, p.373).

5  María sea la razón única de tu existencia y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad (ASN, 44).

6  Si Jesús se manifiesta, agradecédselo; y si se oculta, agradecédselo también; todo es broma de amor.
La Virgen clemente y piadosa continúe alcanzándoos de la inefable bondad del Señor la fuerza para sobrellevar hasta el final tantas pruebas de amor como os concede. Yo os deseo que lleguéis a morir con Jesús en la cruz y que podáis exclamar en él dulcemente: "Se ha cumplido" (AdFP, 563).

7  Oh María, madre dulcísima de los sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias: desde lo íntimo de mi corazón te ruego y te suplico encarecidamente que hoy, mañana y siempre des gracias a Jesús, el fruto bendito de tu vientre  (AP).

8  La humanidad quiere su parte. También María, la Madre de Jesús, sabía que, por medio de la muerte de su Hijo, se realizaba la redención del género humano, y sin embargo también ella ha llorado y sufrido; y ¡cuánto ha sufrido! (GC, 21).

9  María convierta en gozo todos los dolores de tu vida (GC, 24).

10  No os entreguéis tan intensamente a la actividad de Marta que olvidéis el silencio y el abandono de María. La Virgen, que concilia tan perfectamente ambas cosas, os sirva de dulce modelo y de inspiración (CE, 45).

11  María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Manténte cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora (FM, 167,165).

12  Trae a tu memoria lo que sucedía en el corazón de nuestra Madre del cielo al pie de la cruz. Es tan intenso su dolor que permanece impertérrita ante su Hijo crucificado, pero no puedes decir que haya sido abandonada. Al contrario, ¿cuándo la amó más y mejor que cuando sufría y ni siquiera le era posible llorar? (Epist.III, p.189).

13  No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor por Jesús, crucificado por tu eterna salvación.
La Virgen Dolorosa te acompañará y te servirá de dulce inspiración (LdP, 66).

14  Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, fiat secundum verbum tuum, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.
Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos también siempre sí al Señor (FSI, 32).

15  Correspondamos también nosotros, que hemos sido regenerados en el santo bautismo, a la gracia de nuestra vocación a imitación de la Inmaculada, Madre nuestra. Apliquémonos incesantemente al estudio de Dios para conocerlo, servirlo y amarlo cada vez mejor (Epist.IV, p.860s.).

16  Madre mía, infunde en mí aquel amor que ardía en tu corazón por él; en mí, que, cubierto de miserias, admiro en ti el misterio de tu inmaculada concepción y que ardientemente deseo que, por ese misterio, purifiques mi corazón para amar a mi Dios y a tu Dios, mi mente para elevarme hasta él  y contemplarlo, adorarlo y servirlo en espíritu y verdad, el cuerpo para que sea su tabernáculo menos indigno de poseerlo cuando se digne venir a mí en la santa comunión (Epist.IV, p.860).

17  Padre, hoy es la Dolorosa. Dígame una palabra. Respuesta: La Virgen Dolorosa nos quiere bien, nos ha dado a luz en el dolor y en el amor. No se aparte jamás de tu mente la Dolorosa y sus dolores queden grabados en tu corazón; y lo encienda de amor a ella y a su Hijo (LdP, 193).

18  El alma bienaventurada de María, como paloma a la que se libera de los lazos, se separó de su santo cuerpo y voló al seno de su Amado (Epist.IV, p.967).

19  Después de la ascensión de Jesucristo al cielo, María ardía continuamente en el más vivo deseo de reunirse con él. En ausencia de su divino Hijo, le parecía encontrarse en el más duro destierro.
Aquellos años en los que tuvo que estar separada de él, fueron para ella el más lento y doloroso martirio, martirio de amor que la consumía lentamente (Epist.IV, p.965s.).

20  Jesús, que reinaba en el cielo con la humanidad santísima que había tomado en las entrañas de la Virgen, quiso que también su Madre, no sólo con el alma sino también con el cuerpo, se reuniera con él y compartiera plenamente su gloria.
Y esto era totalmente justo y merecido. Aquel cuerpo, que no fue ni por un sólo instante esclavo del demonio y del pecado, no debía serlo tampoco de la corrupción (Epist.IV, p.967).

21  Procura conformarte siempre y en todo a la voluntad de Dios en todos los acontecimientos, y no tengas miedo. Esta conformidad es el camino seguro para llegar al cielo (Epist.III, p.448).

22  Yo deseo, y no lo ignoráis, morir o amar a Dios, es decir, la muerte o el amor, ya que la vida sin este amor es peor que la muerte. ¡Hijas mías, ayudadme! Yo muero y agonizo en cada momento. Todo me parece un sueño y no sé dónde me muevo. ¡Dios mío!, ¿cuándo llegará la hora en que también yo pueda cantar: éste es mi descanso, oh Dios, para siempre? (Epist.III, p.406).

23  Practica la penitencia de pensar con dolor en las ofensas hechas a Dios; la penitencia de ser constante en el bien, la penitencia de luchar contra tus defectos (FSP, 42).

24  Confieso ante todo la gran desgracia que supone para mí el no saber expresar y sacar fuera este gran volcán siempre encendido que me abrasa y que Jesús ha metido dentro de este corazón tan pequeño. Todo se resume en esto: vivo devorado por el amor de Dios y por el amor del prójimo (Epist.III, p.1246s.).

25  La ciencia, hijo mío, por muy grande que sea, es siempre algo muy pobre; y es menos que nada en comparación con el formidable misterio de la divinidad. Debes encontrar otros caminos. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y ora! De ese modo encontrarás con certeza a Dios, que te dará la serenidad y la paz en esta vida y la beatitud eterna en la otra (CE, 56).

26  ¿Has visto algún campo de trigo en plena madurez? Podrás observar que algunas espigas son altas y vigorosas; otras, en cambio, están dobladas hacia el suelo. Prueba a coger las altas, las más vanidosas, y verás que están vacías; si, por el contrario, coges las que están más bajas, las más humildes, verás que están cargadas de granos. De esto podrás concluir que la vanidad es algo vacío (CE, 62).

27  Nos conviene esforzarnos mucho para llegar a ser santos y para servir intensamente a Dios y al prójimo (Epist.III, p.465).

28  Hagámonos santos; de este modo, después de haber vivido juntos en la tierra, estaremos juntos para siempre en el cielo (GB, 26).

29  ¡Oh Dios!, hazte sentir cada vez más en mi pobre corazón y realiza en mí la obra que has comenzado. Siento en lo íntimo una voz que me dice insistentemente: santifícate y santifica. Pues bien, queridísima mía, es esto lo que yo quiero, pero no sé por dónde comenzar. Ayúdame, pues; sé que Jesús te quiere muchísimo y lo mereces. Háblale, pues, de mí que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco, que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de modo que el fervor continúe siempre y crezca siempre más en mí de forma que haga de mí un perfecto capuchino (Epist.III, p.1010).

30  Sé, pues, siempre fiel a Dios en el cumplimiento de las promesas que le has hecho y no te preocupes de las burlas de los ignorantes. Debes saber que los santos son siempre vituperados por el mundo y por los mundanos y han puesto bajos sus pies al mundo con sus máximas (Epist.III, p.1080).

31  El campo de batalla entre Dios y Satanás es el alma humana. En ella se desarrolla en todos los momentos de la vida. Es necesario que el alma deje acceso libre al Señor y que sea fortalecida por él en todas partes con toda clase de armas; que su luz la ilumine allí donde combaten las tinieblas del error; que sea revestida por Jesucristo de su verdad y justicia, del escudo de la fe, de la palabra de Dios, para vencer a enemigos tan poderosos. Para ser revestidos de Jesucristo es necesario morir a sí mismos (CE, 33).


La Misericordia de Dios en el Padre Pio, por Gerardo di Flumeri


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Por lo que yo sé, el Padre Pío ejercitó el amor y la misericordia con todos, no hizo excepción alguna. Hasta él llegaron centenares y millares, quizás millones, de fieles de todas las clases sociales, y él a todos acogió con la misma sonrisa, con la misma amabilidad, con la misma disponibilidad para escucharlos.
Con todo, en su prolongado ministerio sacerdotal, él tuvo, como Jesús, tres preferencias: los habitantes de San Giovanni Rotondo, los enfermos y los pecadores.
Los habitantes de San Giovanni Rotondo. Como es sabido, el 7 de enero de 1950, para poner orden entre la gran multitud de personas que quería confesarse con el Padre Pío, se comenzó con el sistema de la prenotación. Las mujeres, y después también los hombres, para poder confesarse con el Padre Pío, tenían que apuntarse primero. En su mayor parte, las mujeres que se confesaban habían nacido o residían desde tiempo atrás en San Giovanni Rotondo. Sólo alrededor de una tercera parte eran «forasteras». El trato distinto no era fruto de unos privilegios que nunca existieron, sino expresamente querido por el Padre Pío, que se sentía enviado en primer lugar a los habitantes de San Giovanni Rotondo. Como Jesús, que decía: «Yo he sido enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel» (Mt 15,24) y que ordenaba a los apóstoles: «Id más bien a las ovejas descarriadas de Israel» (Mt 10,6).
Se entiende fácilmente el motivo de estas preferencias del Padre Pío al pedir un trato distinto para sus “paisanas” Entre ellas había muchas almas a las que desde decenios confesaba y dirigía espiritualmente en los caminos del Señor.
El amor del Padre Pío por el pueblo de San Giovanni Rotondo queda reflejado en dos cartas que escribió, en fechas muy cercanas una de la otra, en el turbulento año 1923. El 10 de agosto escribía: «Tengo buenas razones para imaginar mi fatal desenlace, sabiendo sus intenciones de tenerme con ellos si no es vivo al menos muerto» (Epist IV,952). Y el 12 del mismo mes y año prometía a Francisco Morcaldi: «Yo recordaré siempre en mis pobres oraciones a este generoso pueblo, suplicando para él paz y prosperidad, y, como prueba de mi afecto y no pudiendo hacer ninguna otra cosa, manifiesto mi deseo de que, si mis superiores no se oponen, mis huesos sean enterrados en algún rinconcito tranquilo de esta tierra» (Epist. IV,734). Gracias a Dios, ¡el deseo del Padre Pío fue atendido!
Los enfermos. El amor, la misericordia y la compasión del Padre Pío por los enfermos y los necesitados vienen de muy atrás. El 16 de mayo de 1914, abría así su corazón al Padre Benedetto: «En el fondo de mi alma, me parece que Dios ha derramado muchas gracias que se relacionan con la compasión de las miserias ajenas, sobre todo de los pobres necesitados. La profunda compasión que siente mi alma a la vista de un pobre, provoca en el centro de la misma un deseo vehementísimo de socorrerlo y, si atendiese a mi voluntad, ésta me arrastraría a despojarme hasta de mis prendas de vestir para cubrirlo a él. Y si sé que una persona sufre, lo mismo en su alma que en su cuerpo, ¿qué no haría ante el Señor para verla libre de sus males? Con tal de verla libre, abrazaría muy gustoso todos sus sufrimientos, ofreciendo el fruto de los mismos en su favor, si el Señor me lo permitiese» (Epist. I,462s).
Confieso ingenuamente que, cada vez que leo estas palabras del Beato Padre, me viene a la mente el pasaje de San Mateo que dice: «Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él con su palabra expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades» (Mt 8,16-17).
Ante la enfermedad y el sufrimiento, el Padre Pío no se detuvo a filosofar, preguntando el porqué del dolor y tratando de buscar una imposible respuesta racional a esta pregunta. El Padre Pío actuó.
En 1925 fundó el hospital civil San Francisco, que tuvo una vida corta: 13 años, hasta el 1938, cuando, seriamente afectado por el terremoto, fue abandonado y se dejó que se viniera abajo.

El 5 de mayo de 1956 el Padre Pío inauguró la “Casa Alivio del Sufrimiento”, la criatura de la Providencia que, gracias a Dios, existe todavía y continúa su actividad para alivio de los enfermos y de los necesitados. En continuo crecimiento, gracias también a la labor de hombres cualificados y responsables, perpetúa en el tiempo la obra caritativa del Padre Pío, convirtiendo en realidad concreta su misericordia y su compasión hacia los hermanos que sufren.
Para comprender el espíritu de esta institución benéfica, me limito a recordar las conocidas palabras que el Padre Pío dijo a los médicos el 6 de mayo de 1956: «Vosotros tenéis la misión de curar al enfermo; pero, si al lecho del enfermo no lleváis amor, no creo que las medicinas sirvan de mucho. Yo he experimentado esto: cuando estuve enfermo en 1916/17, mi médico, al curarme, me dirigía antes que nada una palabra de aliento. El amor no puede dejar de lado la palabra. ¿Cómo podéis manifestarlo si no es con palabras que animen espiritualmente al enfermo?... Llevad Dios a los enfermos; esto servirá más que cualquier otro cuidado».
Los pecadores. Al Padre Pío se le ha dado muchos apelativos: el Estigmatizado del Gárgano, el Nuevo san Francisco, el Mártir del confesonario, etc. Pero, que yo sepa, nadie lo ha llamado con el título que los judíos, para denigrarlo, daban a Jesús: «Amigo de los publicanos y de los pecadores» (Mt 11,19).
El Bienaventurado Padre fue el amigo de los pecadores durante más de cincuenta años: cada día, en medio de ellos, siempre dispuesto a escucharlos, a absolverlos, a estimularlos hacia la auténtica conversión del corazón.
No es mi intención delinear aquí el perfil del Padre Pío confesor, que ponga de manifiesto toda su misericordia y su compasión hacia los enfermos del alma. Pero creo que conviene llamar la atención sobre el hecho de que el Padre Pío era un confesor responsable. Lo haré citando una página del excelente libro del padre Fernando da Riese Pio X: «Padre Pío de Pietrelcina, un crucificado sin cruz».
«Padre, oblíguele a volver al convento y oblíguele a confesar, que hará mucho bien». Así se expresaba Rafaelina Cerase en febrero de 1916. Se lo comunicó al P. Agustín de San Marcos para que volviese definitivamente al convento el Padre Pío, al que un mal misterioso obligaba a respirar los aires del pueblo natal, Pietrelcina. Que Rafaelina dio en el blanco, lo ha consta¬tado la historia.
El Padre Pío fue un confesor comprometido.
Le compromete el celo por la conversión de las almas. La «mala correspondencia de los hombres y los favores del cielo» le causan «grandes desolaciones espirituales». Y es por éstos por los que se siente movido a hacer todavía más. El 13 de agosto de 1920 escribe: «Quisiera, quisiera hacer algo más por ellos, para que sean agradables al corazón de Dios; pero para ello me siento impotente, como si tuviera recortadas las alas. Es cierto que esto me hace sufrir, pero sufriría más todavía». El 1 de noviembre de 1920 llega a escribir esta confesión, que es como una ráfaga de luz sobre su alma, que pena de continuo: «Jesús comienza a hacerme sentir lo dulce que es vivir y sufrir por los hermanos».
A pesar de su generosidad en entregarse al servicio de sus hermanos pecadores, vive siempre con miedo de no ayudarles lo necesario. Es una confidencia hecha a Antonieta Vona, con oca¬sión de la felicitación de pascua de 1918, al darse cuenta de que las almas corren a su confesonario cada día en mayor número. Cuenta el sufrimiento de dos espinas que lleva clavadas en el corazón: la primera  espina íntima  es el recuerdo de su falta de fidelidad, de sus pecados, que han convertido su vida en «una constante ofensa a Dios»; la segunda  espina pastoral  su inca¬pacidad para ser un buen confesor. Son líneas que retratan al Padre Pío como confesor responsable. La carta es del 30 de marzo de 1918: «Otra espina llevo clavada en la mitad del corazón y me lo va lacerando. Yo no sé si oriento bien a las almas que el Señor me manda. Estas almas son cada vez más numerosas. Para dirigir a algunas tendría necesidad de una luz sobrenatural y no sé si me encuentro suficientemente preparado, y camino a tientas, valién¬dome un poco de la doctrina descolorida y fría aprendida en los libros y otro poco de la luz que me viene del Altísimo. Quién sabe... si estas pobres almas no tendrán que sufrir por mi culpa. Sólo me consuela saber que no me busco a mí mismo en estas almas y el tener por todas, de modo especial por ciertas almas extraordinarias, buena intención y el recurrir a la luz divina». Sólo le falta terminar con una orden: «También por esta razón te mando que pidas al Señor».
El servicio de confesor lo vive como una carga, pues es consciente de las graves responsabilidades que comporta. Es la carga de las almas. La carga de su vida y de su consiguiente salvación o no salvación.
El 7 de mayo de 1921 deja translucir el sufrimiento que le produce esta carga, al constatar su propia incapacidad: «He sentido pesada la carga del sagra¬do ministerio y grande la responsabilidad y el temor de no corresponder a la voluntad del Señor en el desempeño del ministerio que me señaló su piedad divina... Espero que Jesús no sólo querrá iluminarme para guiar a las almas que me confía, sostenerme y darme fuerzas en las contrariedades, sino que suplirá mi deficiencia».
Para tener éxito en este trabajo de la gracia  en el que encuentra la alegría de la cosecha  el confesor Padre Pío está dispuesto a renunciar a todo: «Recibo un poco de alivio sólo de rechazo, al admirar la abundante cosecha en la casa del Señor. Por lo demás siento el valor de renunciar a todo, con tal que las almas vuelvan a Jesús y le amen».
Por este sufrimiento «el Padre Pío era, en su confesonario, un perenne viernes santo, que, con su sangre, otorgaba a los pecadores arrepentidos la vida y la paz del Resucitado». Sentía la enorme responsabilidad de administrar la sangre de Cristo. He aquí 1o que le decía a un sacerdote:  «¡Si supiese usted qué terrible es sentarse en el tribunal de la penitencia! Somos administradores de la sangre de Cristo. Estemos atentos a no derramarla con facilidad y ligereza».
Es la sangre del amor, de la misericordia y de la compasión.
Debemos detenernos en los símbolos con los que el Antiguo y el Nuevo Testamento expresan la misericordia de Dios hacia sus criaturas: padre, pastor, viñador.
a) - Padre. Si algún título de los que se da al nuevo Beato es reiterativo, éste es el de padre. Así lo han llamado miles y millones de fieles: padre, el padre, padre espiritual. Incluso después de la beatificación, aunque el título oficial es: Beato Pío de Pietrelcina, los fieles siguen llamándolo: Beato Padre Pío de Pietrelcina.
¿Qué se quiere expresar con la palabra padre? En primer lugar, que el hermano de Pietrelcina, Francisco Forgione, es sacerdote. En este sentido, el apelativo de padre se da a todos los sacerdotes. En segundo lugar, el Padre Pío es llamado el padre, porque es un sacerdote singular, siempre y ante todo sacerdote. En tercer lugar, es llamado también padre espiritual porque, por la dirección espiritual y en virtud de la confesión sacramental, llegó a ser padre espiritual de incontables almas. Muchos le pidieron de forma explícita ser sus hijos espirituales y, por tanto, tenerlo como padre de su espíritu. En fin, son muchos los padres que, movidos por el amor y la devoción hacia el Padre estigmatizado, han dado a sus hijos el nombre de Pío.
Como Abrahán, el Padre Pío es verdadero padre de una multitud de gente.
Pero el significado de padre no se agota en estas explicaciones. En el Antiguo y el Nuevo Testamento, Dios Padre es, ante todo, el que ama. El Padre Pío es, antes que cualquiera otra cosa, el que ha amado: amó a Dios y a los hermanos. Ahí están sus cartas y su vida extraordinaria para testimoniarlo.
En el Antiguo y el Nuevo Testamento, Dios Padre es el que perdona. En el libro del Éxodo se lee: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación» (Ex 34,6). El Padre Pío perdonó siempre. No sólo en el confesonario, ofreciendo a las almas el perdón de Dios; también en la vida, perdonando a sus enemigos y orando por los que lo habían calumniado. En cierta ocasión, un hermano de fraternidad entró en la celda del Padre Pío y lo encontró orando por un enemigo. «¡Oh! ¡No, Padre!», le dijo el hermano. «¡Eso es demasiado!». Y el Padre Pío: «Debemos perdonar y orar también por los que nos han hecho mal; ésta es la enseñanza de Jesús».
En el Evangelio, padre es aquel que espera al hijo pródigo, que se ha marchado de casa en busca de otros amores y de dioses extraños. El Padre Pío, en la vieja iglesita y en el nuevo santuario, en el confesonario de los hombres y en el de las mujeres, en los pasillos del convento y en su celda, de día y de noche, permaneció a la espera de miles de hijos pródigos. O, mejor, los atrajo hacia sí con el perfume de sus carismas y la fragancia de sus virtudes.
Pero, por encima de todo, padre es el que engendra y da la vida. Dios Padre es el que engendra a Dios Hijo; es el que crea el mundo y da vida al universo. Leemos en el libro del Deuteronomio: «¿No es él tu padre, que te crió, el que te hizo y te estableció?» (Deut 32,6). Y en el libro de Isaías: «Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano» (Is 64,7; cfr. también Mal 2,10).
El Padre Pío es padre, porque con su ministerio sacerdotal, con sus oraciones y sus sufrimientos, dio la vida sobrenatural a innumerables almas.
b) - Pastor. El segundo símbolo, con el que el Antiguo y el Nuevo Testamento expresan la misericordia de Dios hacia las criaturas, es el de pastor.
En 1959, en vida aún del Beato Padre, un docto sacerdote, Giuseppe Del Tom, escribió un folleto con el título «El Buen Pastor». En la presentación adelanta la imagen que se ha formado del Padre Pío: «es en nuestro tiempo una de las representaciones más atrayentes del Divino Buen Pastor» (p.8).
Veamos cuáles son las notas características del Buen Pastor en el capítulo 10 del evangelio de san Juan. Pero, antes de descender a detalles, quiero presentar una nota filológica. En el v. 11 de dicho capítulo, Jesús afirma: «Yo soy el Buen Pastor». El texto griego en lugar de bueno (agathós) dice hermoso (kalós). Yo soy el Hermoso Pastor. Jesús era hermoso. De lo que yo recuerdo, también el Padre Pío era hermoso: hermoso de rostro y de compostura. Las espléndidas fotografías que se conservan de él lo dicen con claridad.
Fijémonos ahora en las características evangélicas del Buen Pastor. Fundamentalmente se reducen a dos: la entrega de la vida (v.11) y el conocimiento de las ovejas (v.14) por parte del Buen Pastor.
La entrega de la vida: «El Buen Pastor da la vida por las ovejas» (v.11). Todos sabemos que esto ya  ha tenido lugar. También el Padre Pío dio la vida por las ovejas. Se ofreció como víctima por las almas del purgatorio, por los niños seminaristas del colegio seráfico, por la provincia religiosa, por todos los pecadores. Y su ofrenda como víctima fue el origen de todos los sufrimientos físicos y morales que cayeron sobre él. El jesuita padre Domenico Mondrone, en su opúsculo «La vera grandezza di Padre Pio», escribió: «Al suscitar en el Padre Pío deseos tan repetidos, vivos y acuciantes de ser «un segundo crucificado» por la salvación de las almas, el Señor le presentaba para su firma un cheque en blanco. Y su siervo lo firmó. Dios escribió una cifra incalculable. Y el Padre Pío, sobre todo en los sucesivos cincuenta años de estigmatizado, pagó hasta el último céntimo con una vida crucificada hasta lo inverosímil: ¡crucificada en el cuerpo, en el espíritu, en los ministerios de su apostolado!» (v.19).
«El buen Pastor da la vida por las ovejas».
Conocimiento de las ovejas: «Conozco a mis ovejas» (v.14). El conocimiento del que aquí habla Jesús no es puramente intelectual; implica también deferencia y amor, como leemos en el libro del profeta Isaías: «Apacienta como un pastor a su rebaño, su mano lo reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres» (Is 40,11; cfr. Jer 34,16).
 Conocemos el amor del Beato Padre Pío a sus hijos e hijas espirituales. Los conocía a todos: sabía sus nombres y sus costumbres, los seguía en sus necesidades espirituales y materiales; sobre todo se preocupaba por su destino eterno. En este aspecto es significativa la visión que tuvo la noche de Navidad de 1917, según el relato de Nina Campanile. El Padre Pío, en éxtasis, fue transportado al paraíso, donde contempló los puestos preparados para sus hijos espirituales. «Padre, le preguntó la mencionada señorita, ¿ha visto también la ubicación de sus hijos presentes en el cielo? Y el Padre: sí, también eso lo he visto». (CP,XL,7277).
El capítulo sobre el trato del Padre Pío con sus hijos e hijas espirituales, trato entretejido de conocimiento íntimo, de cuidados diligentes y de amor auténtico, es un capítulo muy extenso que ojalá sea profundizado y examinado en todos sus múltiples aspectos. Aquí es suficiente el indicarlo.
 c) - Viñador. El último símbolo con el que se presenta la misericordia de Dios Padre y de Jesús hacia los hombres es el de viñador. En la Biblia los cometidos o las tareas del viñador son, sobre todo, tres: labrar la viña y escombrarla de piedras (Is 5,2); cortar el sarmiento que ya no da fruto (Jn 15,2); podar el sarmiento que da fruto para que de más (ibidem). Para expresarlo con tres verbos: cuidar, quitar y podar.
Cuidar. Es conocida la meticulosidad con la que el Padre Pío cuidaba la formación espiritual de las almas que acudían a él. Me detengo brevemente en el cuidado del primer ramillete de almas, que se formó en torno a él apenas llegado a San Giovanni Rotondo (4 septiembre 1916). Transcribo un párrafo del testimonio de la ya mencionada señorita Nina Campanile, que escribe en sus Memorias: «El Padre comenzó a darnos conferencias los jueves y los domingos. Nosotras éramos puntuales. Comenzó explicándonos los medios principales de la perfección cristiana, es decir: la elección de un sabio y santo director, la frecuencia de los santos sacramentos, la meditación, la lectura espiritual. Explicaba siempre los temas con ejemplos tomados de la Sagrada Escritura y de la vida de los Santos. Decía: los temas sagrados han de ser avalados siempre con ejemplos sagrados y no profanos, porque tienen mayor fuerza y producen mejores frutos. Impartió conferencias especiales sobre la mortificación. Nos explicó muchas parábolas evangélicas. Y para terminar, el Padre recalcó: el material está a punto; ahora comenzad a construir» (CP,XL,7245).
Cortar - podar. Los otros dos verbos: quitar (o cortar) y podar quieren indicar la enérgica acción del Padre en el ejercicio de su ministerio sacerdotal: confesión y dirección de almas. Explican y arrojan luz sobre ese aspecto que algunos impropiamente han calificado de tosco y arisco. Si un sarmiento no daba frutos, él lo cortaba; si un sarmiento daba pocos frutos, él lo podaba para que diese más frutos. Y todo corte y toda poda suponen siempre sufrimiento y dolor; pero en el fondo son manifestación de un amor auténtico.
«Padre, ¿porqué trata tan duramente a sus hijos?», se le preguntó una vez.
Respuesta: «Corto lo viejo y pongo lo nuevo». Cortaba y podaba.
Así presenta este tema el sabio sacerdote Giuseppe Del Ton en el folleto ya citado «El Buen Pastor»:
«De entrada me parecía que la aspereza no infrecuente del Padre no era demasiado acorde con la imitación del Divino Pastor. Pero cuando comprendí los motivos de este modo de actuar me di perfecta cuenta de que no juzgaba con acierto. Su tosquedad era sólo superficial. Lo confesó él mismo a una persona que conozco: «Mi interior sigue siempre en paz; si me enfado es sólo en el exterior»… Luego, con los pecadores, que o no son conscientes o que justifican su conducta creyéndose, a pesar de sus sarros, fundamentalmente buenos («Sí, eres bueno, bueno como el cocido»), usa formas toscas y ásperas. Y hace esto para llevarlos al verdadero arrepentimiento y a la purificación de su conciencia, con terapia enérgica y eficacia maravillosa, como lo demuestran las conversiones radicales de muchos. He recibido las confidencias de muchos de ellos: no dejaban de bendecir y ensalzar al Padre, que con su método acertado y fuerte había conseguido la transformación de su alma y de sus costumbres» (ib., pp.9-10).

"Padre Pio: encontrar sentido a nuestra cruz" por el Padre Javier Soteras*


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Primera Carta de San Pablo a los Corintios 1, 18-24

18 El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?21 En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
22 Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
23 nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos,
24 pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.


Como base para la catequesis de hoy voy a tomar la homilía de Juan Pablo II de canonización de San Pío de Pietrelcina. Siguiendo la vida de éste santo contemporaneo a nosotros, Juan Pablo II que recibió proféticamente según atestigua la historia cuando era sacerdote por el Padre Pío la mirada sobre su pontificado decía en un primer punto de aquella homilía citando el texto de Mateo 11,30 mi yugo es suave y mi carga ligera. Estas Palabras de Jesús a los discípulos nos ayudan a comprender el mensaje más importante de la vida del Padre Pio. Podemos de hecho considerarlas en un cierto sentido como una síntesis de toda la existencia del Padre Pío.

El peso de la cruz no fue en el sin sentido. El peso de la cruz tuvo el sentido propio que tienen los que son capaces de asociar su dolor al misterio de Cristo crucificado y descubren que todo sufrimiento en Cristo lejos de ser estéril se transforma en una fuente de vida y en éste sentido el yugo se hace suave y liviano en cuanto en que se coparticipa en el momento mismo de la recreación de la humanidad con asociar a los dolores que les falta al misterio pascual de Jesús los propios dolores y entonces en relación de amistad con el Señor podemos sentirnos copartícipes con El de la tarea de la redención. La imagen evangélica del yugo evoca las muchas pruebas por las que el Padre Pío tuvo que pasar.

Hoy contemplamos en el lo dulce de esas pruebas. De las pruebas de Cristo en su vida y como fue de ligera esa carga cuando nosotros descubrimos en El y sentimos la llamada de llevarla con amor y fidelidad. La vida y la misión del Padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores si se aceptan por amor se transforman en un camino privilegiado de plenitud. Si uno lee las Bienaventuranzas descubre en ese decálogo de plenitud como es posible en el gozo y la felicidad en medio de un hecho real de que debemos hacernos cargo, la vida del hombre está marcada por el dolor. Felicidad y dolor son posibles desde la perspectiva de las Bienaventuranzas: felices los que lloran,los perseguidos, los injuriados, los que trabajan por la paz y luchan por tener limpio el corazón. Todos esos modos de vivir suponen entrega, sacrificio, dolor, cruz, sin embargo en medio de ella es posible el gozo y la felicidad. Hay plenitud de vida en el espíritu cuando nosotros entregamos en la vida del Espíritu lo que más nos pesa y duele, lo que más marcó por el signo del dolor nuestra vida por eso hoy queremos compartir nuestras cruces y especialmente aquellas en las que no pudimos terminar de reconciliarnos con el sufrimiento y el dolor para que en éste día de Gracia que supone la celebración del Padre Pío recibamos el don de saber asumir con grandeza lo que tendió a aplastar nuestra vida y descubrir que allí donde estaba un tropiezo  en realidad lo que había era una piedra desde donde comenzar a ponernos de pie desde otro lugar frente a lo que hasta ahí no tenia sentido, el dolor y la muerte

En cuanto a mi, dice Gálatas 6,14, y desde ese lugar también entendemos no solamente la perspectiva de Pablo sino la del Padre Pío, Dios me libre de gloriarme sino es en la cruz de Cristo
La gloria de la cruz es la que más resplandece en el Padre Pío de Pietrelcina. Es actual la espiritualidad de la cruz vivida por el Padre Pío. Nuestro tiempo, decía Juan Pablo II, necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia el Padre Pío busco siempre una mayor conformidad con el Crucificado teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera particular con la obra de la redención. Aquello que Pablo dice: completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo Jesús el Padre Pío lo vivió en plenitud. Sin ésta referencia constante a la cruz no se puede comprender la vida de éste santo, ni la vida de cualquier cristiano. En el plan de Dios la cruz constituye el autentico instrumento a través    del cual nos llega la Gracia de la plenitud para toda la humanidad. El camino explícitamente propuesto por el Señor para los que invita a seguirlo: quien quiera seguirme,dice Jesús, que cargue con su cruz. Lo comprendió muy bien, decía Juan Pablo II, el santo fraile de Gárgano quien en la fiesta de la Asunción en 1914 escribía: para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino jefe quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que El siguió, el de la abnegación, el de la cruz.

En el libro de Jeremías capítulo 9 verso 23 Dios dice por boca del profeta: yo soy el Señor actúa con misericordia. El misterio de la cruz en la vida de Cristo y en los que se asocian a Jesús en la Pascua suya termina por traducirse en gestos de amor y de misericordia. El Padre Pío ha sido en éste sentido por su misterio de estar asociado a la Pascua de Cristo en la cruz un generoso servidor de la misericordia ofreciendo su disponibilidad a todos tanto en las obras de caridad como en el hospital creado para los que la guerra iba dejar maltrechos cuanto en el ministerio del sacramento de la reconciliación sobre todo ha sido en el confesionario donde aparecen estos rasgos característicos de su apostolado. Atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Era rustico como un buen trabajador de la madera, un evanista, así ha obrado el Padre Pío en muchos corazones con la laboriosidad propia del que le quita a la madera todo lo desparejo. Había en la vida del Padre Pío mucha dureza, mucha firmeza y al mismo tiempo mucha dulzura mezclada en ese rostro a veces tosco, duro con el que trataba al que se acercaba a el para recibir por parte del Padre la reconciliación y misericordia.

El Señor es mi único bien. Pareciera que fuera ésta la razón de sostén de la vida del Padre Pío en su servicio apostólico tan entregado y sacrificado, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual se encuentra en ésta intima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas que pasaba en oración. Le gustaba repetir:yo soy un pobre fraile que reza. Rezaba cinco veces el rosario completo: misterios de gozo, dolor y gloria. Siempre estaba con el rosario en la mano y el escribiendo acerca de como era en su diario el proceso de oración suya. Cuatro horas de contemplación del misterio pasaba frente al Santísimo en adoración. También cuenta el que cuando confesaba y podía ver cerca al Santísimo Sacramento reservado tenía una profunda comunión cuando confesaba con ese misterio de Jesús puesto allí para ser adorado y contemplado. Decía el Padre Pío respecto de la oración: la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios y el corazón de los hombres. Esta característica de su ministerio, de su vida espiritual es propia  en los grupos de oración del padre Pío, los que el fundó y le ofrecen a la Iglesia, como decía Juan Pablo II,y a la sociedad una formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad marcada por la caridad de la que es expresión extraordinaria la Casa de alivio para los que sufren. Oración, caridad es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío que hoy vuelve a proponerse a todos

   Padre Javier Soteras
* Director de Radio María, Argentina

"Padre Pio y la MIsericordia " , por el Padre Gustavo Seivane *


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El Santo Padre Pío, frecuentando intensamente a Cristo, entró en sus entrañas de Misericordia. Se hizo uno con el Señor, y  así, mostró su Rostro compasivo.

Sabemos cómo ejerció fielmente el ministerio de la Reconciliación sanando las heridas de las almas, auxiliando con piedad a tantos, restituyendo las fuerzas de los penitentes, y velando por los débiles con abnegada paternidad.

El Padre Pío dejó entre muchos tesoros espirituales, el legado de aliviar el sufrimiento. El magno Hospital  que promovió con oración y esfuerzo, sigue allí, en la tierra donde se santificó. Y sigue como signo de su grande corazón. Corazón compasivo y misericordioso. Cobijador de los dolientes, los pecadores, los enfermos, y los necesitados, en sentido amplio y nunca excluyente.
Si nos conservamos en la Misericordia según Jesucristo, habrá Misericordia para nosotros en el último día, ya que seremos medidos con la medida con que midamos a los demás. Y también, conservándonos misericordiosos, caminamos sanando heridas propias y ajenas. Nos volvemos sembradores de perdón.

Gran peso nos quitamos cuando dejamos de vestirnos con la toga de los jueces. Y venimos a convertirnos en discípulos que procuran la perfección en el seguimiento de Cristo, cuando nos ejercitamos en la misericordia: “Sean perfectos como el Padre”, leemos en San Mateo. Pero esto mismo parece aclarase en el Evangelio de San Lucas: “Sean misericordiosos como el Padre Celestial es misericordioso”.

Misericordia como acogida compasiva del sufriente, y como piedad con el arrepentido. Amplia significación. Un corazón  capaz de latir con el de Jesús. De compadecerse del pobre y el extranjero, y de esperar amorosamente al alejado, como el padre de la parábola.

En este año Jubilar que nos ofrece vivir la Iglesia con la feliz determinación del Papa Francisco, tenemos la ocasión magnífica de redescubrir el Rostro misericordioso de Dios.
Leemos en la carta a los Hebreos: “...debió hacerse semejante  en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso, y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo”.

Así, en Jesucristo tenemos el ejemplo. Con él aprendemos tanto a hacernos prójimos y levantar al herido del camino, como a compadecernos del que nos ha ofendido.
Los bendigo deseándoles una santa Pascua de Resurrección.

* El Padre Gustavo Seivane es asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Argentina, designado por la Conferencia Episcopal.

Exhortaciòn "La Misericordia" por Fr. Luis Arrom*, Franciscano Capuchino


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La Misericordia de Dios, es uno de los nombres del amor de Dios, el amor tiene muchos matices y muchas dimensiones, una es la Misericordia, que sería el atributo del amor de Dios, que más nos atañe a nosotros.  Misericordia,  en latín significa, tener el corazón hacía la miseria, por tanto, cuando amas a alguien con misericordia, amas a alguien desvalido,  pobre, miserable, en ese sentido, podríamos pensar,  que no siempre amamos con misericordia; podemos amar,  con amor de profunda admiración, o con amor de mutua complacencia. Cuando nosotros amamos a Dios, y nos alegramos, de que Él, sea infinitamente grande y bueno, no lo amamos con misericordia, sino que lo amamos con admiración, con espíritu de alabanza.

La palabra Misericordia,  con este significado, aparece mucho en las Sagradas escrituras, es una  traducción latina de vocablos hebreos, que expresan esta noción de misericordia, pero con matices, con una riqueza que nosotros no podemos percibir en una traducción normal de la Biblia. La Misericordia, en muchas ocasiones es sinónimo en la Biblia, de entrañas de madre, incluso designa el útero de una madre, cuando un hebreo escucha esta palabra, ya sabe que se está hablando del amor que una madre tiene por su niño,  que ha tenido en su vientre y que ha dado a luz.

La Misericordia, la traducimos también por expresiones hebreas que significan, el amor fiel, el amor que siempre está a tu lado. De hecho la Virgen María, expresa como Madre ese tipo de amor, la Virgen está junto a su Hijo en la Cruz, es un amor fiel, y evidentemente es un amor de Madre.

Es muy bonito, que el pueblo de Israel, invocará este amor de Dios, este amor materno, que nosotros traducimos como Misericordia. El amor materno, es un amor que ama, mucho más de lo que es amado a menudo, es un amor que ama porque ama, cuando amas a tu hijo, sobre todo cuando no se porta bien, es un amor a fondo perdido, lo quieres porque es tu hijo, no porque haga algo por tí, incluso puede ser al contrario, pero no puedes no quererlo, porque  es tu hijo.

Así la Biblia, nos quiere presentar el amor de Dios, por eso no es cierto, eso que muchas veces se dice, de que el Dios del Antiguo Testamento, es el Dios de la severidad, y el Dios del Nuevo, es el Dios de la Misericordia; es verdad que Jesucristo remarca de una manera muy fuerte, la Misericordia de Dios, pero ni en Jesús, está ausente la justicia, ni la Misericordia, está ausente en el Antiguo Testamento, ni mucho menos. Alguna de las expresiones más conmovedoras de esta ternura de Dios, están en  las páginas del Antiguo Testamento. Hay aquel texto del profeta  Isaías,  que dice ¿ puede una madre olvidarse del fruto de su vientre...? pues aunque eso pasara, yo no te olvidaría, es el capítulo 29, del profeta Isaías, versículo catorce, también en el profeta Oseas, el Señor se expresa con esa ternura, y dice. “... Cuando Israel era pequeño, yo le enseñaba a caminar, lo cogía entre mis brazos, apoyaba mi mejilla contra la suya...”;  son una serie de expresiones en las que Dios, expresa una fuerte ternura por su pueblo de Israel, incluso en una ocasión le dice a su pueblo Israel: “ ¿ Cómo te voy a castigar si se me remueven las entrañas...?” . Es una madre que sufre por su hijo, que se ve obligada a reprenderlo a castigarlo, por su  bien, para que vuelva con Él, para que vuelva a vivir de una manera prudente, para que no se auto destruya, pero en el fondo, en todas esas reprensiones que hace Dios a su pueblo, hay un amor entrañable, de Madre.

El  Dios, que aparece en las páginas de la Biblia, no es un Dios pagano, que desea que los hombres le sirvan con sacrificios, que le den culto, le honren, simplemente porque tiene un ego enorme, infinito. El Dios del Antiguo Testamento da unas reglas a su pueblo, para que viva de manera prudente y feliz, para que viva de una manera auténticamente humana,  para que viva como un hijo suyo; y si el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de Israel, manifiesta dolor, enojo, decepción, son sentimientos humanos, que quieren decir que el Dios de la Biblia,  no es un Dios insensible, sino que es un Dios, que nos ama profundamente, como una madre, que no soporta que su hijo se auto destruya, y que ya no sabe qué hacer, para que su hijo reaccione. Sería  inacabable, citar todos los textos del Antiguo Testamento, que hablan de la Misericordia de Dios; cuando Dios se revela a Moisés, en el Sinaí, le dice:
” Lento en la colera, rico en misericordia...¨

También  hay Salmos que nos hablan de una manera muy especial de la Misericordia de Dios, el Salmo 136, es una letanía a la Misericordia de Dios, va citando,  lo que Dios ha hecho por la creación: “ Al que hizo el sol, la luna, las estrellas, alabadlo, porque es eterna su misericordia...” luego va citando lo que hizo Dios por el pueblo de Israel, : “ Lo liberó de la esclavitud...” y va repitiendo a modo de letanía: “ ...porque es eterna su Misericordia”. Por tanto Dios, ya se revela desde el inicio, como el Dios de la Misericordia,  el Dios, que tiene entrañas, que tiene piedad, que ama a aquel que muchas veces no le es fiel, que ha caído en la miseria del pecado, pero le ama.

Esta Misericordia de Dios, no es solamente una Misericordia perdonadora, sino que es una Misericordia, vivificadora, comunica la vida, salvadora,  Dios perdona, pero Dios, también comunica la fuerza para vivir de una manera buena, justa. Dios te transforma.

En la vida de Jesús, aparece constantemente la Misericordia de Dios, constantemente,  Jesús cura  enfermos, y libera poseídos, movido por su Misericordia. Jesús, vive encuentros personales, con la gente movido por sus Misericordia, Jesús acoge a los pecadores movido por la Misericordia. Las páginas del Evangelio, están llenas de esta Misericordia de Jesús. Me viene ahora a la memoria, como antes de la multiplicación de los panes, Jesús vio aquella multitud,  y sintió, nos dice el evangelista San Mateo, que se le removieron las entrañas, le dio pena, aquella gente, porque las encontraba como ovejas sin pastor.  Dice a sus apóstoles: “  siento compasión de esta  gente. Dadles de comer. “

Cuando cura a los enfermos, cuando Jesús, se encuentra con aquel leproso que le dice: “ Señor Jesús, si quieres me puedes limpiar...”, nos dice el evangelista: “ Compadecido, lleno de misericordia, Jesús lo tocó, y le  dice.” ...si quiero, y se limpió”.  También, hay milagros que Jesús, los obró, movido por la Misericordia, por la compasión, por ejemplo, la multiplicación de los panes y de los peces, lo hizo por compasión, nadie se lo pidió; otro la resurrección del hijo de Naín, nadie le dijo que hiciera nada por aquel chico, pero cuando Jesús vio el féretro,  y el cortejo fúnebre y a la madre viuda, llorando a su único hijo, nos dice San  Lucas, que Jesús se sintió conmovido, y lo resucita, y no se lo piden.

Jesús actúa, movido por compasión. También la Misericordia de Jesús, puede actuar gracias a la fe, le decía Jesús a Santa Faustina, que la manera que tenemos de acceder a la Misericordia de Jesús es la confianza y la misericordia, que nosotros tengamos con nuestro prójimo, esto aparece constantemente en las páginas del Evangelio, gracias a la fe, y a la Misericordia del Padre, Jesús puede curar, resucitar, liberar, pero necesita esta fe. Cuando Jesús cura, muchas veces no se limita sólo a curar al enfermo, Jesús,  desea un encuentro con esa persona que ha curado, y ese encuentro siempre transparenta una gran Misericordia; por ejemplo,  cuando Jesús cura a aquella mujer que perdía sangre,  que le toca el manto, y queda curada,  Jesús busca a la mujer: “ ¿ Quién me ha tocado...? “, porque quiere hablar con ella, quiere verla, y Jesús, le dice: “ Hija, ten confianza, tu fe es grande, tu fe te ha salvado”.

Leí, hace poco un libro, que examinaba los evangelios, traducidos a la lengua siríaca, una lengua muy parecida a la que habló Jesús. Los Evangelios, fueron escritos en griego, pero los cristianos de Siria, los tradujeron a su lengua, parecida a la que hablaba Jesús, y este autor dice, que en este momento, Jesús utiliza unas palabras de gran ternura con esta mujer, alaba su confianza, y no la llama hija, la llama con un apodo cariñoso, la llama pequeñita,  bonita... Jesús era alguien lleno de ternura, con los pobres, con los pequeños,  igual que  cuando resucita a la hija de Jairo, y le dice : “ Corderito levántate...”; Jesús era alguien lleno de ternura, de compasión, hacía lo pequeño, hacia lo frágil.

Aparece de una manera eminente, la Misericordia de Jesús, con los pecadores.  Una Misericordia, llena de  delicadeza, por ejemplo, cuando Jesús, se invita a casa de Zaqueo, Jesús, no le dice a  Zaqueo,. “ Mira Zaqueo, se que eres un estafador, pero Dios te perdona, Dios te quiere...”, no se lo  dice, simplemente se auto invita a su casa, y este auto invitarse sirve para Zaqueo, que se pregunta, cómo es posible que este hombre santo, quiera dormir bajo mi mismo techo, cómo es posible, que no tenga miedo a contaminarse, que no tenga miedo a las críticas que le van a hacer. Se sintió tan querido por Jesús, que este  hombre cambió, y dijo: “ Mira a partir de ahora, voy a dar la mitad de mis bienes, a los pobres, y  evidentemente a devolver lo que he estafado”,  esto es lo que  hace la Misericordia de Jesús.

También, recordáis aquel episodio de aquella mujer pecadora que mojaba los pies de Jesús, con sus lágrimas, los ungía con perfumes, y los llenaba de besos, aquella mujer, se ha  sentido tan amada, tan respetada por Jesús, que no sabe como agradecérselo, nadie la había tratado de esa manera, es una Misericordia, que no la humilla, que le abre las puertas a la vida, por eso la  Misericordia de Dios, es una atributo divino, la Misericordia, es fuente de vida, y la falta de Misericordia, es fuente de muerte,  la Misericordia, le permite a esa mujer, ser una mujer nueva, pura,  santa.

La Misericordia, Jesús la manifestó muchas veces comiendo con pecadores, cobradores de impuestos, y gente de mala reputación, pero hay una cosa, muy interesante, porque San Lucas, nos dice que en una ocasión, en que Jesús comía con esta gente,  y le criticaban,  Jesús justifica su conducta, explicándonos cómo es Dios. Jesús nos dice: “ Si Dios es así, no os ha de sorprender que yo actúe así”, de esta manera Jesús, nos está diciendo, que sus manera de actuar, es la manera de actuar propia de Dios, nunca hemos de  pensar que Jesús, es de una manera y Dios de otra, eso es absurdo. Jesús es la imagen  humana de nuestro Padre del Cielo, quien ve a Jesús ve al Padre.

La Misericordia, de Jesús, es la Misericordia del Padre, por eso Jesús, nos contará la parábola del hijo pródigo, que nos  habla de una manera muy elocuente de la Misericordia del Padre. El Padre recibe a su hijo, con una amor sin condiciones, su hijo se ha portado muy mal con él, conocemos de sobra la parábola,  le ha pedido la herencia antes de que se muera, la ha malgastado,  tendría mucha razón el padre, si dijera: “ Mira hijo yo te perdono, pero  me tienes que devolver lo que te di, vas a trabajar,  unos  cuantos años y me lo devuelves”; pero el padre no hace eso, le recibe, le besa, no le deja acabar sus excusas, su hijo quiere darle una larga explicación, y él no le deja, sólo le abraza y lo besa, y le prepara un gran banquete, le da ropa nueva. Ese hijo resucita de verdad. Dios no le reclama ninguna deuda.


         Nos  cuesta mucho a nosotros entender eso, porque no somos así,  y sin embargo  Jesús nos va a pedir que seamos así, en el sermón de la montaña, por ejemplo, Jesús el atributo divino que más  subraya es la Misericordia, porque cuando Jesús , dice: “ Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto...” la perfección que Jesús nos pide que imitemos, es la Misericordia, porque Jesús dirá: “ Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, tratad bien a los que os tratan mal...” y nos dirá la razón: “ Porque así es vuestro Padre que está en los cielos...” y Jesús descubre la Misericordia de su Padre a través de la  Creación, dirá: ” Mirad, si vuestro Padre hace salir el sol, sobre buenos y malos, y envía la lluvia sobre los pecadores y los justos. Su Amor no tiene límites, sed igual que Él”.

¿ Por qué el Padre es la fuente de Misericordia..? Porqué es la fuente de la vida, si nos fijamos el rencor y el resentimiento, son fruto de nuestra naturaleza caída, y de nuestra naturaleza animal,  tenemos miedo de que nos vuelvan a hacer daño, tenemos la necesidad de agredir a quien nos ha agredido, pero hacer el bien a quien me hace el mal, hacer el bien, a quien no me gusta, eso implica  una vida, una fuerza interior, que es divina, y Dios tiene esa plenitud, Dios, sólo puede dar vida, porque es pura bondad, es pura vida, es pura luz, Jesús querría que nosotros nos pareciéramos a nuestro Padre Celestial, que sintonizáramos con esa fuente de vida, con nuestro  Creador, por eso nos pide imitar este atributo divino, que es el atributo divino de la Misericordia.

Jesús, morirá practicando esta misma Misericordia, que nos enseña.  por eso, cuando  Jesús, está clavado en la Cruz, dirá: “ Padre Perdónales, porque no saben lo que hacen...”, Jesús pide al Padre Perdón, por los enemigos, incluso los excusa: “ ...no saben lo que hacen, no saben que matan al Mesías, perdónales, dales una nueva oportunidad”.

Es tan misericordioso Jesús, que incluso pide perdón por sus asesinos, porque “ no saben lo que hacen...”

* Fr. Luis Arrom acompña los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Palma de Mallorca , España.
   Damos gracias por su vida y pedimos una oraciòn por èl

Mes de Abril


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1  ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes (Epist.III, p.423).

2  Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar (CE, 33).

3  ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra (CS, n.15, p.74s.).

4  Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones (Epist.III, p.584).

5  Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas (Epist.III, p.632s.).

6  No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro! (Epist.III, p.570).

7  Pon fin a estas aprensiones sin sentido. Recuerda que la culpa no está en el sentimiento sino en el consentir a tales sentimientos. Sólo la voluntad que actúa libremente es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere aquello que se le presenta, allí no sólo no hay culpa sino que hay virtud (CE, 34).

8  Que no te asusten las tentaciones; son la prueba a la que Dios somete al alma cuando la ve con las fuerzas necesarias para mantener el combate y para ir tejiendo con sus propias manos la corona de la gloria.
Hasta ahora tu virtud ha sido de niña; ahora el Señor quiere tratarte como a adulta. Y porque las pruebas de la vida adulta son muy superiores a las de quien todavía es un niño, por eso al comienzo te encuentras desorganizada; pero la vida del alma adquirirá la calma y tú recobrarás la quietud. Ten paciencia por un poco más de tiempo; todo será para tu bien (Epist.III, p.626).

9  Las tentaciones contra la fe y la pureza son mercancía que ofrece el enemigo; pero no hay que tenerle miedo sino despreciarlo. Mientras siga alborotando, es señal de que todavía no se ha apoderado de la voluntad.
Tú no te desasosiegues por lo que estás experimentando de parte de este ángel rebelde; que tu voluntad se mantenga siempre contraria a estas instigaciones, y vive tranquila que ahí no hay culpa sino complacencia de Dios y ganancia para tu alma (Epist.III, p.422s.).

10  A él debes recurrir en los asaltos del enemigo, en él debes poner tu esperanza, y de él debes esperar todo bien. No te detengas voluntariamente en aquello que el enemigo te presenta. Recuerda que vence el que huye; y tú, ante los primeros movimientos de aversión hacia aquellas personas, debes apartar el pensamiento y recurrir a Dios. Dobla tu rodilla ante él y con grandísima humildad repite esta breve súplica: “Ten misericordia de mí, que soy una pobre enferma”. Después levántate y con santa indiferencia continúa en tus asuntos (Epist.III, p.414).

11  Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del enemigo tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante (Epist.III, p.414).

12  Anímate y no temas las obscuras iras de Lucifer. Métete esto en la cabeza para siempre: es una buena señal que el enemigo alborote y ruja en torno a tu voluntad, porque esto demuestra que él no está dentro.
¡Animo!, mi queridísima hija. Pronuncio esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, te repito: ¡ánimo!; no hay que temer mientras podamos decir con decisión, aunque sea sin sentirlo: ¡Viva Jesús! (Epist.III, p.410).

13  Ten por seguro que cuanto más grata es un alma a Dios más tiene que ser probada. Por eso, ¡valor! y ¡siempre adelante! (Epist.III, p.397).

14  Comprendo que las tentaciones más que purificar el espíritu parece que lo manchan; pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos; y a este propósito, os baste saber lo que, entre otros, dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que, extendido sobre la tela, parece que la ensucia cuando en realidad la limpia (Epist.II, p.68s.).

15  Vuelvo a inculcaros una vez más la confianza; nada puede temer el alma que confía en su Señor y que pone en él su esperanza. Aunque el enemigo de nuestra salvación esté siempre rondándonos para arrancarnos de nuestro corazón el ancla que debe conducirnos a la salvación, quiero afirmar la confianza en Dios nuestro Padre: agarremos con fuerza esta ancla y no permitamos nunca que nos abandone ni un solo instante; de otro modo todo estaría perdido (Epist.II, p.394).

16  Oh, ¡qué felicidad en las luchas del espíritu! Basta querer saber combatir siempre, para salir vencedor con toda seguridad (ASN, 43).

17  Estáte atenta para no desanimarte nunca al verte rodeada de debilidades espirituales.
Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte, sino sólo para afianzarte en la humildad y hacerte más atenta en el futuro (ASN, 42).

18  Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu.
Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz (Epist.III, p.579).

19  La confesión, que es la purificación del alma, hay que hacerla a más tardar cada ocho días; yo no me puedo resignar a tener a las almas más de ocho días alejadas de la confesión (AP).

20  El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad; no existen puertas secretas.
Nada es pecado si no ha sido cometido por la voluntad. Cuando no entra en juego la voluntad, no se da el pecado, sino la debilidad humana (AdFP, 549).

21  El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará (AdFP, 562).

22  No abandonéis vuestra alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, pues la alegría del corazón es la vida del alma y un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no es útil para nada  (OP).

23  Nuestro enemigo, provocador de nuestros males, se hace fuerte con los débiles; pero con aquél que le hace frente con valentía resulta un cobarde (Epist.II, p.77).

24  Si conseguimos vencer la tentación, ésta produce el efecto que la lejía en la ropa sucia (AdFA, 158).

25  Sufriría mil veces la muerte antes que ofender al Señor deliberadamente (Epist.I, p.817).

26  No se debe volver ni con el pensamiento ni en la confesión a los pecados ya acusados en confesiones anteriores. Por nuestra contrición Jesús los ha perdonado en el tribunal de la penitencia. Allí él se ha encontrado ante nosotros como un acreedor de frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad ha rasgado, ha destruido, las letras de cambio firmadas por nosotros al pecar, y que no habríamos podido pagar sin la ayuda de su clemencia divina. Volver sobre aquellas culpas, querer exhumarlas de nuevo con el solo fin de obtener una vez más el perdón, sólo por la duda de que no hayan sido verdaderamente y generosamente perdonadas, ¿no habría que considerarlo como un acto de desconfianza hacia la bondad de la que había dado prueba al destruir él mismo todo título de la deuda que contrajimos al pecar? Vuelve, si esto puede ser motivo de consuelo para nuestras almas, vuelve tu pensamiento a las ofensas infligidas a la justicia, a la sabiduría, a la infinita misericordia de Dios, pero sólo para derramar sobre ellas las lágrimas redentoras del arrepentimiento y del amor  (GF,169).

27  En el alboroto de las pasiones y de las situaciones difíciles nos sostenga en pie la grata esperanza de su inagotable misericordia. Corramos confiadamente al tribunal de la penitencia donde él con anhelo de padre nos espera en todo momento; y aún sabiendo que somos insolventes, no dudemos del perdón que se pronuncia solemnemente sobre nuestros errores. ¡Pongamos sobre ellos, como la ha puesto el Señor, una piedra sepulcral!... (GF, 171).

28  Las tinieblas que a veces obscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la obscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma: que vislumbra, entiende, ama y tiembla.
¡No esperéis, pues, al Tabor para ver a Dios, cuando ya lo contemplasteis en la cima del Sinaí (GE, 174).

29  Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios (Epist.IV, p.418).

30  Todas las pruebas a las que el Señor os somete y os someterá son señales de su divina predilección y alhajas para el alma. Pasará, mis queridas hijas, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras fueron las tempestades (CE, 27).