Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Sigue promoviendo el rezo del Rosario.


posted by Unknown on

No comments



Juan Pablo II, en la homilía de la canonización del Padre Pío, dirigió al nuevo Santo, junto a otras cinco, esta petición: «Transmítenos tu tierna devoción a la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra». Así, tierna, filial, generosa… fue la devoción mariana del Santo de Pietrelcina. La manifestaba, sobre todo, en la imitación de las virtudes y también en las súplicas que le dirigía. La más repetida, la del Rosario. Es sabido que el Padre Pío llevaba siempre el rosario consigo; que llamaba al rosario el “arma” contra su enemigo, el demonio; que rezaba muchos rosarios al día; que el rosario era el regalo que con más frecuencia ofrecía a los que se acercaban a él; que invitaba insistentemente a ofrecer esta oración a la Virgen María, tanto que, como testamento espiritual, nos dejó: «Amad a la Virgen María; haced que la amen, rezad siempre el rosario»
--- - ---
El Padre Pío hoy, al seguir cumpliendo su “misión grandísima”, ¿sigue promoviendo el rezo del rosario a la Virgen María? No hace muchas semanas, subí a esta etiqueta de la página web el testimonio de las hermanas Amparo y María García Galindo, que, a raíz de una visita a los lugares del Padre Pío en San Giovanni Rotondo, habían decidido dejar sus puestos de trabajo, estudiar teología para ser, al menos en un primer momento, profesoras de religión. Una de ellas, Amparo, a petición mía, porque soy quien le consigue los rosarios del Padre Pío en San Giovanni Rotondo, nos ofrece este testimonio:
«Como Profesora de Religión y Moral Católica de Secundaria incluyo como tema imprescindible dentro de mi Programación Didáctica la enseñanza a mis alumnos del rezo del Santo Rosario y siempre me preguntan para cuando voy a dar las clases sobre Padre Pío y para cuando el regalo de los rosarios del Padre Pío, bendecidos por mi Director Espiritual Padre Elías Cabodevilla Garde.
Mi experiencia es que a mis alumnos les encanta esta clase práctica y diferente, en la cual, por primera vez, muchos de ellos tienen un rosario en sus manos y muchos de ellos se lo ponen al cuello llevándolo a diario al Instituto. Otros me enseñan alguno que se han comprado si salen a algún viaje con sus padres y otros me muestran los de sus abuelos o padres. Pero a todos les atrae esta cadena divina, les gusta mucho tenerla en sus manos y yo me siento feliz y satisfecha cuando veo la sonrisa y sorpresa en sus caras.
Finalmente pienso: en contra de lo que actualmente se pudiera pensar sobre nuestros jóvenes…cuando les regalo y les enseño a rezar el Santo Rosario les ¡gusta y mucho!».
Elías Cabodevilla Garde

Asociado a la pasión de Cristo por la “noche oscura”


posted by Unknown on

1 comment



En esta etiqueta de la página web, he presentado algunos de los medios con los que el Señor asoció al Padre Pío a la pasión de Cristo. No quiero olvidar el que afectó más íntima y profundamente al “crucificado del Gárgano”, le proporcionó los mayores sufrimientos y, como consecuencia, lo asoció de modo muy singular a la pasión de Cristo: la “noche oscura”.
Como he ido señalando, algunos de los sufrimientos físicos del Padre Pío: los estigmas, la llaga del hombro o “sexta llaga”, la flagelación, la coronación de espinas... le vinieron directamente del Señor; y los otros tuvieron su origen en la constitución física del Fraile capuchino: el estómago que no recibía alimentos, la fiebre tan alta que rompía los termómetros, la pulmonía…, y en el estilo de vida que eligió: trabajo agotador, noches en vela… En los sufrimientos morales del Padre Pío fueron responsables importantes, aunque no los únicos, algunos de sus hermanos de religión. Y los tormentos, indecibles, que vivió el Padre Pío en la “noche oscura”, a los que me voy a referir en este escrito, los tenemos que atribuir exclusivamente al Señor.
Para introducirme en este tema, difícil de comprender y de presentar, copio el testimonio del padre Eusebio Notte, que fue durante cuatro años, de 1961 a 1965, el “ángel custodio” del Padre Pío, ya anciano; es decir, el religioso encargado de acompañarlo a lo largo del día y de atenderle también de noche, si era llamado mediante el timbre que “unía” las celdas de ambos. Un testimonio que, por haberlo ofrecido en el “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Pío de Pietrelcina”, cuenta con la garantía añadida del juramento de decir la verdad. Esto es lo que manifestó: «La fe del Padre Pío fue una fe “atormentada”. Él, que a los demás daba tanta luz y tanta seguridad, personalmente vivía casi permanentemente en la duda. En una ocasión me confió: “Para mí y para mis cosas no entiendo absolutamente nada; vivo continuamente en la oscuridad”. Pero, no obstante este martirio interior, él estaba en continuo coloquio con el Señor». Y, para desarrollar el tema, voy a acudir con frecuencia a la tesis doctoral del capuchino Luigi Lavecchia: “L’itinerario di fede di Padre Pio da Pietrelcina nell’Epistolario”.
El Padre Pío en su Epistolario, sobre todo en las cartas a sus Directores espirituales, se revela como buen conocedor de la teología mística. Además, nos dejó unos “Apuntes de Ascética y Mística”, que están publicados en el Epistolario IV, págs. 1057-1080. Veinte de esas páginas las dedica a la “noche oscura”. En ellas, al igual que en sus cartas, se puede escuchar el eco de la doctrina de los grandes doctores místicos, sobre todo de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la cruz. Podemos decir, pues, que el Padre Pío conocía bien la teología mística y que la enseñó con acierto a sus dirigidos espirituales. Y, en relación a él, hay que añadir que se le concedió vivirla y vivirla muy profundamente. Le podemos aplicar con razón las últimas palabras de su escrito sobre la “noche oscura”: «De todo lo tratado hasta aquí, si no se hace una experiencia práctica, es casi imposible que se pueda tener un conocimiento acertado» (Ep IV, 1080).
El Señor, al introducir al Fraile de Pietrelcina en la “noche oscura”, siguió un itinerario, cuyas etapas aparecen con claridad en las comunicaciones del Padre Pío a sus Directores espirituales, los padres Benedicto y Agustín de San Marco in Lamis. Las presento con brevedad.
·  Un elemento previo a la “noche oscura” y, por tanto, menos doloroso, es el no saber si se está agradando o no al Señor. El Padre Pío lo vivió, al menos en largas etapas de su vida. Lo sabemos por el padre Agustín, que, en su “Diario”, se refiere repetidamente al mismo. Y en este “Diario” tenemos informaciones sobre el Santo desde que tenía 5 años, en 1892, hasta el año 1960. Cito un texto. El padre Agustín, el 20 de junio de 1933, escribe: «Viajé a San Giovanni Rotondo y pude hablar con el Padre Pío más de una hora. Físicamente lo encontré bastante bien. Moralmente, resignado, pero siempre con la prueba que, como una espina, lleva clavada en el alma. Me dijo: “Preferiría mil cruces e incluso me sería dulce y ligera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras. Es doloroso vivir así... Me resigno, ¡pero la resignación, mi "fiat", me parece tan frío, tan vacío...!”». Una prueba, la del Padre Pío, que se concretaba en dudas sobre si había rechazado o no a tiempo y con firmeza las tentaciones: «Tras las innumerables tentaciones… una duda que me trastorna la mente me queda: si de verdad las he rechazado» (Ep I, 187); si había hecho bien o no las confesiones: «Pero lo que de forma especial me martiriza el corazón y me aflige sobremanera es el pensamiento de no estar seguro de haber confesado todos los pecados de mi vida pasada y de si los he confesado bien» (Ep I, 185)…
·  Otro elemento previo, pero que lo aproxima a la “noche oscura” y, por tanto, más doloroso que el anterior, es el presentimiento del Padre Pío de que el Señor se escondía a su alma. Lo manifiesta en el año 1910, un mes antes de su ordenación sacerdotal. En su carta del 6 de julio escribe al padre Benedicto: «…pero también me parece con frecuencia que Jesús se esconde a mí alma» (Ep I, 187). Presentimiento que pronto dejó paso a la certeza de que ese hecho ya se estaba dando: «Es también verdad que Jesús muchas muchas veces se esconde; pero ¡qué importa!, yo con su ayuda intentaré estarle siempre cerca» (Ep I, 198).
·  Una nueva etapa del itinerario al que hago referencia, que coloca al Padre Pío a las puertas mismas de la “noche oscura”, la podemos descubrir en la carta al padre Agustín de 24 de octubre de 1913: «Pero, ¡qué quiere, padre mío!; las agonías del espíritu no me dejan. Siento que van creciendo cada vez más en el centro de mi alma, y me siento morir continuamente. Padre mío, ¡en qué estrechez pone Dios a un alma, que le ama ardientemente sin cansarse nunca!» (Ep I, 418). Pero la carta que escribió una semana más tarde, el 1 de noviembre, al padre Benedicto, indica que esas «agonías del espíritu» las alivia el Señor con momentos de dulzura y de gracias sobrenaturales: «Este estado de cosas va intensificándose cada vez más, de forma que si no muero es un milagro del Señor. Pero, cuando al Esposo celeste de las almas le place poner fin a este martirio, me manda, de repente, tal devoción de espíritu que es imposible resistir. En un instante, me encuentro totalmente cambiado, enriquecido con gracias sobrenaturales y fuerte para desafiar al reino entero de Satanás. Lo que sé decir de esta oración es que me parece que el alma se pierde totalmente en Dios y que en esos momentos saca mucho más provecho que todo lo que podría alcanzar en muchos años de esfuerzos animosos» (Ep I, 421).
 ·  En los datos que el Padre Pío aporta al padre Benedicto en la carta del 13 de noviembre de 1913 es fácil descubrir que el Señor lo va introduciendo en la “noche oscura”, para hacerle vivir una experiencia muy dolorosa, pero altamente purificadora. «Mi alma se halla muy desolada… Una dolorosa turbación, de incontables temores, de infinitas imaginaciones, unidos a la certeza de mis miserias, que me oprimen del todo, me llevan a llorar amargamente y a exclamar: ¿estoy perdido para siempre?... Padre mío, ¡ayúdeme!, porque el dolor, todo espiritual, que siento es demasiado íntimo, demasiado sutil, es capaz de consumirme; no puedo alejar de mi cabeza la sospecha que me atormenta de que todo es engaño. Es insoportable por la intensidad y por la duración, que no cesa de desmoronar a mi pobre alma… Me veo rodeado de intensas tinieblas. Mi espíritu experimenta con fuerza lo que dice David, que “todo a su alrededor es oscuridad y tinieblas”…. No puedo mantenerme más, no puedo sostenerme por más tiempo, la tempestad está a punto de derrumbarme y arrojarme en el fango; el infierno, ¡ah!, me parece que está abierto ante mis pies, aunque mi alma busca siempre a Dios» (Ep I, 427-428). Tenemos, pues, junto a la desolación, a los temores, a la conciencia de sus miserias…, las preguntas, terriblemente hirientes, que se hace el Padre Pío: ¿estoy perdido para siempre?, ¿es engaño creer que mi permanencia en Pietrelcina, fuera del convento, es proyecto de Dios?, ¿mi destino es el infierno, abierto ante mis pies?... En verdad, ¡”noche oscura”!
·  A partir de la que escribe el 4 de mayo de 1914 al padre Benedicto, en las cartas del Padre Pío a sus Directores espirituales tenemos, y cada vez con más claridad, todos los elementos que los especialistas en el tema ponen en la “noche oscura”. En las frases que entresaco de esas cartas tenemos una lista amplia de esos elementos: «Es la oscurísima noche para el alma. El alma ha sido colocada en sufrimientos extremos y en penas interiores de muerte… Puesta en esta situación no puede menos de exclamar: “¡Para mí todo está perdido!”. El desgarro que experimenta la pobrecita es tal que yo no sabría diferenciarlo de los sufrimientos atrocísimos que sufren los condenados» (Ep I, 366); «Mi alma ha sido puesta por el Señor en situación de pudrirse en el dolor. Mi estado es amargo, es terrible, es extremadamente espantoso. Todo es oscuridad en torno a mí y dentro de mí… Todo es tristeza en mí y no hay parte alguna que no esté en profunda aflicción: la parte sensitiva está en una amarga y terrible aridez; todas las potencias del alma, en un vacío tal de todas sus tareas, que me  tiene completamente asustado» (Ep I, 612-617); «Vivo en una perpetua noche y esta noche no da signos de retirar sus densas tinieblas para dejar paso a la bella aurora. A Dios lo siento en el centro del alma, pero no sabría decir cómo lo siento. Su presencia, lejos de consolarme, aumenta hasta el infinito mi martirio» (Ep I, 818)…
Es el momento de presentar en síntesis lo que el Señor regaló al Padre Pío y lo que éste vivió en la “noche oscura”. Pero puedo ahorrarme este trabajo, porque lo encuentro, y muy bien hecho, en el tomo I del “Epistolario” del Padre Pío de Pietrelcina. En él los capuchinos Melchor de Pobladura y Alejandro de Ripabottoni describen el período de siete años (1909-1916) que el joven religioso capuchino pasó en su pueblo natal de Pietrelcina en pocas líneas, pero consiguen hacerlo con claridad y con gran riqueza de matices. Y, como indican, lo que aconteció en estos años se puede aplicar a toda la existencia del Padre Pío.
El texto que transcribo se encuentra en las páginas 171-172:
«... Más que en estas formas visibles de actividad sacerdotal, el celo por las almas lo actuaba sobre todo en su estado de víctima, vivido intensamente como irradiación del poder salvífico de Jesús y del sufrimiento del cuerpo y del alma, suplicado y aceptado como participación personal y generosa en el rescate de la humanidad redimida y pecadora.
El alma sube sin descanso los peldaños de la escala espiritual. El amor y el dolor, invisibles, son el binario que debe recorrer hasta alcanzar la suspirada meta de la unión con Dios y las alas que lo impulsan cada vez más a nuevas conquistas. Uno y otro son parte integrante de los designios divinos, todavía no plenamente manifestados ni conocidos. Consuelos y alegrías espirituales, “imposibles de explicar”, se alternan con tribulaciones lacerantes y atroces, comparables solamente a los tormentos del infierno.

La vida espiritual se desarrolla armónicamente entre la generosidad divina y la fidelidad humana. En el recorrido aparecen nuevos favores y nuevas gracias. El alma se acerca cada vez más a la unión transformante. El amor y el dolor caminan al mismo ritmo, con el doble objetivo de unirse cada vez más íntimamente a Dios y de beneficiar cada vez más eficazmente al prójimo. Ahora el alma se mueve en la órbita de la vida mística. Las penetrantes actuaciones de la gracia inciden directamente en el alma, pero se manifiestan también en el cuerpo y en los sentidos. La oración se va convirtiendo en más pasiva; el conocimiento de la grandeza divina y de la miseria humana adquiere nuevos logros. Ímpetus amorosos, toques substanciales, heridas de amor, delirios, raptos del espíritu, lágrimas, locuciones, pasajeras apariciones de las llagas, participación en la pasión del Señor, visiones: éstos son algunos de los fenómenos místicos que afloran con mayor o menor frecuencia e intensidad, y que se multiplicarán en los períodos sucesivos.
Superadas las purificaciones de la noche del sentido, el alma se adentra en la misteriosa noche oscura del espíritu. La purificación de las potencias se hace cada vez más dolorosa y el alma se encuentra como perdida en un inexplicable laberinto e inmersa en un estado de total desolación y de doloroso abandono.
Las páginas más bellas y de mayor sufrimiento son las que describen el desarrollo de esta extrema prueba del espíritu. Revelan una experiencia superlativamente dolorosa y vivida de manera dramática, que se prolongará en los restantes años de su vida. Los consuelos más suaves se entrelazan con las más lacerantes penas aflictivas. El ser humano se debate en un mar de angustias. Es claro que la gracia no destruye la naturaleza y ésta reclama sus derechos, aunque vividos siempre en perfecta armonía con la voluntad divina y en completa sumisión a los designios misteriosos de la providencia».
Elías Cabodevilla Garde

Mayo: días 12 al 18.


posted by Unknown on

No comments



12. Trae a tu memoria lo que sucedía en el corazón de nuestra Madre del cielo al pie de la cruz. Es tan intenso su dolor que permanece impertérrita ante su Hijo crucificado, pero no puedes decir que haya sido abandonada. Al contrario, ¿cuándo la amó más y mejor que cuando sufría y ni siquiera le era posible llorar?

13. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor por Jesús, crucificado por tu eterna salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y te servirá de dulce inspiración.
 
14. Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia. Mira: por un sí, por un solo sí, fiat secundum verbum tuum, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose su esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era a Dios y a ella.
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida. Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos también siempre sí al Señor.
 
15. Correspondamos también nosotros, que hemos sido regenerados en el santo bautismo, a la gracia de nuestra vocación a imitación de la Inmaculada, Madre nuestra. Apliquémonos incesantemente al estudio de Dios para conocerlo, servirlo y amarlo cada vez mejor.

16. Madre mía, infunde en mí aquel amor que ardía en tu corazón por él; en mí, que, cubierto de miserias, admiro en ti el misterio de tu inmaculada concepción y que ardientemente deseo que, por ese misterio, purifiques mi corazón para amar a mi Dios y a tu Dios, mi mente para elevarme hasta él  y contemplarlo, adorarlo y servirlo en espíritu y verdad, el cuerpo para que sea su tabernáculo menos indigno de poseerlo cuando se digne venir a mí en la santa comunión.

17. Padre, hoy es la Dolorosa. Dígame una palabra. Respuesta: La Virgen Dolorosa nos quiere bien, nos ha dado a luz en el dolor y en el amor. No se aparte jamás de tu mente la Dolorosa y sus dolores queden grabados en tu corazón; y lo encienda de amor a ella y a su Hijo.

18. El alma bienaventurada de María, como paloma a la que se libera de los lazos, se separó de su santo cuerpo y voló al seno de su Amado.
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Pruebas claras de su presencia protectora.


posted by Unknown on

No comments



«Hermanas, ¡el cristal está entero!», fue el grito de Giuseppe Grifa que, poco antes, había roto con sus propias manos los cristales de la ventana.
El hecho prodigioso tuvo lugar el 3 de enero de 1993. El relato del mismo lo firman las seis religiosas de la comunidad de las Hermanas de la Inmaculada de Santa Clara de San Giovanni Rotondo, y también Giuseppe Grifa.
«Salimos de casa, a las 8:45, para ir a Misa al santuario de Nuestra Señora de las Gracias y regresamos hacia las 10:15. Pero no pudimos entrar porque sor María Concepta había olvidado las llaves en la cerradura del portón, que se cerró con las llaves en el interior. El aire era frío aquella mañana y permanecer por mucho tiempo al descampado era peligroso para la salud.
Llamado el señor Grifa, chófer de nuestra “Escuela Materna San Giuseppe”, llegó rápido, y pronto se dio cuenta de que, para entrar en la casa, no había otra solución que o tirar el portón de entrada o romper los cristales de alguna ventana. La superiora, sor Gaetanina, autorizó romper los cristales de la ventana del cuarto de baño, que queda al norte-oeste, en la parte de atrás de la casa.
Con recelo, pero también con decisión, el señor Grifa rompió los tres cristales de la ventana, mientras las hermanas presentes le animaban: “¡Fuerte, Giuseppe! Hace frío, pero verás cómo el Padre Pío te echa una mano, porque le estamos rezando”. Después de haber roto los cristales, el señor Grifa entró en casa por la ventana y abrió el portón de entrada. Tiritando de frío, las hermanas corrimos adentro, mientras la superiora exclamaba: “Demos gracias al Padre Pío”. Marchamos al refectorio a tomar algo caliente.
Por la ventana rota entraba un frío helador. Para arreglarla y poner remedio al frío, el señor Grifa volvió al cuarto de baño. Un resplandor lo atrajo hacia la ventana. Con miedo y frotándose los ojos, se acercó a la ventana. ¡Quedó estupefacto! ¡El primer cristal interno estaba totalmente entero! Sin creérselo, lo tocó con la mano izquierda. No era una ilusión, no; era realidad. El cristal estaba absolutamente entero, ¡sin rasguño alguno!
Asustado, corrió hacia las hermanas y nos gritó: “Hermanas, ¡el cristal está entero!”. Es inútil  decir que corrimos al local y verificamos la verdad de aquel gozoso anuncio. La comprobación puso fin a nuestra inicial incredulidad y desconfianza. Dimos gracias al Señor que, por la intercesión del venerado Padre Pío, ha querido visitar nuestra casa de un modo tan tangible y prodigioso».
Al parecer, las hermanas no quisieron poner en el relato el detalle que Giuseppe Grifa manifestó después al Vicepostulador de la Causa del Padre Pío, padre Gerardo Di Flumeri: Al escuchar a las religiosas, que le gritaban: «El Padre Pío te echará una mano, porque le estamos rezando», él, con voz alterada, exclamó: «El Padre Pío, a esta hora, no hace milagros, si yo no rompo los cristales».
En el cristal, roto por los golpes de Giuseppe Grifa y entero sin intervención alguna de personas de esta tierra, el Padre Pío dejó una prueba clara: a las hermanas de que podían confiar en él, y a Giuseppe Grifa de que puede hacer milagros también en una fría mañana del mes de enero.
*** * ***
Este testimonio nos llega de Méjico, firmado también por seis hermanas, aunque no religiosas, las hermanas Collado Mocelo. Los dos hechos que recoge el relato, en verdad sorprendentes, tuvieron lugar: el primero en la basílica de San Pedro de Roma el día 3 de Junio del 2007, y el segundo en fechas posteriores en México.
«Somos seis hermanas, Julia, María del Carmen, María Isabel, Lucia, Luisa y Claudia Collado Mocelo. Nosotras somos muy devotas de San Pío de Pietrelcina. Nuestra visita a Roma fue debido a la canonización de la hoy Santa María Eugenia de Jesús, fundadora de la Congregación de las Religiosas de la Asunción. Como nosotras somos ex alumnas de dicho colegio en México, fuimos a participar en tan gran evento.
Pero teníamos una doble intención: la primera la indicada anteriormente; y la segunda visitar San Giovanni Rotondo para encomendarnos a San Pío y darle gracias por todas sus intercesiones.
El itinerario del viaje nos impidió la visita a San Giovanni Rotondo, a pesar de la gran ilusión que teníamos por estar allí. Así pues, el día en que estuvimos en el Vaticano, María del Carmen tomó una foto a la tumba de San Pedro, entre muchas otras. Regresamos a México y, a los pocos días, nos enteramos de que a nuestro  padre (que fue el que nos invitó a dicho viaje), le descubrieron un tumor de cáncer en el pulmón. Dos días antes de la operación, por coincidencia, María Isabel estaba viendo de nuevo las fotos del viaje a Roma; y, cuando vio la foto de la tumba de San Pedro, claramente se percató que ahí se encontraba la imagen de San Pío. Para toda la familia esto fue algo insólito, maravilloso, pues ya habíamos visto las fotos y no nos habíamos dado cuenta del acontecimiento; y, sobre todo, justo antes de la operación pasó esto. Nosotras encomendamos con mucho fervor a San Pío la salud de nuestro padre, el cual, gracias a Dios y a la intercesión del Santo, salió bien de operación tan delicada. Sin embargo, unos meses después volvió a aparecer otro tumor y éste lo trataron con quimioterapia. Afortunadamente el cáncer se ha erradicado por completo y ahora él goza de buena salud.
Para nosotras esto es un doble milagro de San Pío; uno la aparición de su imagen y otro la curación de nuestro padre. Y pensamos que, a través de su imagen, él realmente quiso decirnos que está con nosotros y podemos confiar siempre en él».
Estamos, sin duda, aunque en la distancia de años y de lugares, ante otra prueba clara de la presencia protectora del Padre Pío; o, si se prefiere, de que el Padre Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”.
Elías Cabodevilla Garde

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (0).


posted by Unknown on

No comments



Sé que la expresión “fotocopia de Cristo”, sobre todo cuando las máquinas fotocopiadoras consiguen copias tan iguales al original, no se puede aplicar ni al santo más santo. Pero un buen hermano y amigo mío, el humilde y santo capuchino fray Modestino de Pietrelcina, hijo espiritual del Padre Pío, muy convencido de decir la verdad, se la aplicaba a su Padre espiritual.
Fray Modestino, que falleció en San Giovanni Rotondo el 14 de agosto del 2011, a la edad de 94 años, no pudo frecuentar la universidad pero sí adquirir mucha ciencia divina. Sin perderse en elucubraciones teológicas, manifestaba con esta expresión el gran parecido entre el Padre Pío y Jesucristo. Un parecido que era fruto de la acción del Espíritu y también del esfuerzo generoso del Fraile capuchino. En este sentido usaré la expresión “fotocopia de Cristo” en los escritos que espero ir subiendo a esta etiqueta de la página web www.san-pio.org .
En los cinco primeros escritos comentaré los rasgos que señaló el papa Pablo VI, en su discurso al Superior general de los Capuchinos y a sus Consejeros generales, el 20 de febrero de 1971. Después, presentaré otros, no todos, de esa “fotocopia”. De este modo, los lectores que lo deseen podrán fijarse en otros rasgos, que, al descubrirlos, tendrían que ser motivo para bendecir al Señor y llamada para hacerlos realidad en su propia vida.  
--- - ---

En la vida del Padre Pío hay muchas cosas desconcertantes e inexplicables para la ciencia; como la hipertermia: subida de su temperatura corporal hasta los cuarenta y ocho y más grados; la alimentación: con frecuencia, una sola comida al día ‑cuando la tomaba‑ y muy escasa para una jornada de quince o dieciséis horas de duro trabajo; la bilocación: sin abandonar San Giovanni Rotondo, se le "vio" en otros lugares de Italia y de fuera de Europa; el conocimiento de las conciencias: son muchos los que afirman que, al acercarse a su confesonario, escucharon de labios del Padre Pío la lista completa de los pecados ‑con frecuencia olvidados por la distancia de los años‑ que tenían que manifestar al confesor; el don de profecía: en 1959, respondió al saludo que el cardenal Montini le enviaba desde Milán con el comandante Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, con este mensaje: “Escúchame atento, Galletti. Di a su Eminencia que, cuando muera este Papa, él ha de ser su sucesor"; el perfume: lo describen como agradable, sutil y delicado, mezcla de violetas y de rosas, y, entre los que confiesan que lo han percibido, unos lo han disfrutado en presencia del Padre Pío y otros a miles de kilómetros de distancia, unos en vida del Padre Pío y otros después de su muerte, algunos sabedores de este fenómeno y otros sin conocer siquiera la existencia de este Fraile capuchino... Y si las llagas, vivas, abiertas y sangrantes durante cincuenta años, fueron un problema sin solución para la medicina y la psicología, no lo fue menos su desaparición completa, el día de su muerte, sin dejar huella ni cicatriz alguna. Estas y otras muchas cosas excepcionales se dieron en la vida del Padre Pío.
Pero el Padre Pío es también “otra realidad”. Es el seguidor humilde, obediente, caritativo y alegre de Francisco y de Clara de Asís; es el sacerdote santo y celoso; es el enamorado de Cristo; es el devoto de la Virgen María que tiene siempre en sus manos el rosario; es el hermano que vive para sus hermanos; es el creyente que busca en todo la gloria de Dios y la salvación de las almas…
Esa “otra realidad” tiene, sí, los cinco rasgos que señaló el papa Pablo VI: «Celebraba la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, aún si difícil de admitir, el verdadero representante de los estigmas de Nuestro Señor. Era hombre de oración y de sufrimiento». Pero tiene otros muchos rasgos del Hijo de Dios hecho hombre, que nos permiten llamar, una y otra vez, al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino: “fotocopia de Cristo”.
 Elías Cabodevilla Garde

Mayo: días 5 al 11.


posted by Unknown on

No comments



5. María sea la razón única de tu existencia y te guíe al puerto seguro de la salvación eterna. Sea para ti dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad.

6. Si Jesús se manifiesta, agradecédselo; y si se oculta, agradecédselo también; todo es broma de amor.
La Virgen clemente y piadosa continúe alcanzándoos de la inefable bondad del Señor la fuerza para sobrellevar hasta el final tantas pruebas de amor como os concede. Yo os deseo que lleguéis a morir con Jesús en la cruz y que podáis exclamar en él dulcemente: "Se ha cumplido".

7. Oh María, madre dulcísima de los sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias: desde lo íntimo de mi corazón te ruego y te suplico encarecidamente que hoy, mañana y siempre des gracias a Jesús, el fruto bendito de tu vientre.
 
8. La humanidad quiere su parte. También María, la Madre de Jesús, sabía que, por medio de la muerte de su Hijo, se realizaba la redención del género humano, y sin embargo también ella ha llorado y sufrido; y ¡cuánto ha sufrido!

9. María convierta en gozo todos los dolores de tu vida.

10. No os entreguéis tan intensamente a la actividad de Marta que olvidéis el silencio y el abandono de María. La Virgen, que concilia tan perfectamente ambas cosas, os sirva de dulce modelo y de inspiración.
 
11. María hermosee y perfume continuamente tu alma con nuevas virtudes y te proteja con su amor maternal. Mantente cada vez más unida a la Madre del cielo, porque ella es el mar a través del cual se alcanzan las playas de los esplendores eternos en el reino de la aurora.

(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

El Señor sigue actuando a través del Padre Pío… curando.


posted by Unknown on

2 comments



En todas - o en casi todas - las biografías del Santo de Pietrelcina, encontramos al menos un capítulo dedicado a los milagros del Padre Pío. Quiero decir, como repetía una y otra vez el Fraile capuchino, a los milagros obrados por el Señor a través de…; en este caso, del Padre Pío. Pues los milagros y los dones extraordinarios y las gracias ordinarias y todo lo bueno nos vienen siempre de Dios.
En los milagros o gracias extraordinarias que suponían la curación de enfermedades, los médicos quedaban “boquiabiertos” y tenían que decir: ¡para la medicina inexplicable! Por ejemplo, en el caso de la entonces una niña, Ana María Gema Di Giorgi.
Ana María Gema nació en Palermo (Italia) el 25 de diciembre de 1939. Tenía tres meses cuando su madre se dio cuenta de la anomalía. Ella y la abuela, asustadas, la llevaron al médico; éste las mandó a un oculista; éste a otro oculista; y los tres diagnosticaron lo mismo: ciega porque carece de pupilas.
Una religiosa, tía de Ana María Gema, animó a madre y a la abuela de la niña a llevarla a San Giovanni Rotondo. Viajaron el  6 de junio de 1947, cuando la niña tenía 7 años, para que el Padre Pío le diera la primera comunión. A la mañana siguiente participaron en la Misa que el Padre Pío celebró, como siempre, a las cinco de la mañana. La primera en confesarse fue Ana María Gema; y, a pesar de las repetidas advertencias que le habían hecho, la niña olvidó pedir al Padre Pío la curación.
Por la tarde, después de la función eucarística, Ana María Gema fue la primera en recibir la comunión, su primera comunión. El Padre Pío, además de la cruz con la Sagrada Forma, como se acostumbraba entonces, trazó, inmediatamente después, otra sobre los ojos de la niña; y Ana María Gema comenzó a ver. La llevaron al médico, que repitió el mismo diagnóstico: “Ciega por carecer totalmente de pupilas”; pero - le dijeron - ¡la niña ve! En la actualidad, a no ser que haya muerto en los últimos meses, Ana María Gema Di Giorgi sigue viendo, aunque para los médicos sea imposible porque no tiene pupilas.

*** * ***

El Señor sigue actuando hoy por medio del Padre Pío. Este testimonio, escrito en febrero de este año 2013, nos llega de Querétaro (México). Lo envía María de Lourdes Ortiz Chaparro, que se presenta como la “mamá” de Marifer y lo califica de “maravilloso regalo que hemos recibido en mi familia a través del Padre Pio”. El escrito dice así:

«Hace casi 10 años mi mamá estuvo en coma por una encefalitis viral; el resultado de esto fue el despertar de una madre convertida en bebé; así pues, desde ese entonces he tenido que afrontar el cuidado de ella tal como lo haría con un hijo mío: cambio de pañales, alimentarla, vestirla, limpiarla, peinarla, además de desvelos cuidando una fiebre, un insomnio etc.
Todo iba bien hasta que hace 7 años tuvo una recaída, dejó de comer, se deshidrató, comenzó a tener infecciones de todo tipo y el doctor que la atendía me dijo que era mejor que me hiciera a la idea de que ella se iría en cualquier momento, incluso llegó a sugerirme “hacerla sufrir lo menos posible”.
Esto no cabía en mi cabeza, mi madre agonizaba y encima de todo la persona en quien yo confié la vida de mi mamá ¡me sugería “eso”!
Fue una época terriblemente difícil: yo veía a mi mamá consumirse con las horas y me dolía verla sufrir, pero aún así siempre tuve la convicción de que yo no tengo ese poder de decidir cuándo acabar con la vida de alguien; yo no podía simplemente decidir el día y la hora de que todo terminara. ¿Cómo podría yo vivir con eso el resto de mi vida? Decidí dejar trabajar a Dios.
Fue cuando un amigo muy cercano a nosotras me habló para contarme que traerían a mi ciudad las reliquias del Padre Pio, yo no sabía mucho de él pero por lo que me contó en la llamada supe que tenía que ir.
No sé cómo explicarlo; fue como si algo me llamara a ir a verlo; no dudé, estaba convencida de que tenía que ir.
Ya ahí, pedí al Padre Pio su intercesión para que mi madre recuperara la salud. Recibí como obsequio una estampa del Padre y la llevé a casa en donde algo extraordinario pasó: esa misma noche, mi mamá comenzó a comer, recobró la conciencia y en pocos días prácticamente se levantó de la tumba.
Por supuesto que desde entonces la alejé del doctor que “cuidaba por su vida” y la confié plenamente a Dios a través del Padre Pio.
Hoy en día “mi niña” goza de una salud envidiable. Nunca recuperará sus habilidades motoras y continúa siendo como un bebé, pero a pesar de esto está en condiciones excelentes.
Además de este milagro, el Señor nos ha regalado un milagro más. Mi madre fue diagnosticada con cáncer de piel hace tres años; la noticia fue terrible, pues en sus condiciones no hay mucho que hacer, por lo que la doctora sugirió el uso de pomadas en los 12 puntos cancerígenos y otros cuantos pre-cancerígenos que tenía en cara, cuello y brazos, antes de buscar otra alternativa más riesgosa para ella. Salí de la clínica triste, pero al mismo tiempo con una tranquilidad inexplicable; yo sabía, en el fondo de mi corazón, que esto no era sino un medio para que Dios manifestara nuevamente su grandeza y su inmensurable amor.
Comenzamos el tratamiento al pie de la letra, y yo convencida de que no había nada que temer. Al mes regresamos a la consulta.
Para ser honesta, yo estaba nerviosa por la evaluación de los médicos, pero, en lugar de eso, fui testigo de la “cara” de la ciencia ante los milagros: ¡incredulidad!
La dermatóloga examinaba a mi mamá desde todos los ángulos, veía a través de lentes de aumento, revisaba fotos y videos que le habían tomado en la primera consulta. Llamó a sus colaboradores y al cirujano plástico para que ratificaran lo que ella veía pues, según decía, no podía ser lo que veía. Finalmente, volteó con la cara más asombrada, incrédula, llena de sentimientos encontrados que jamás he visto en mi vida y me dijo: - “no tiene nada; no sé cómo pasó pero no tiene nada; especialmente los puntos en donde el cáncer estaba infiltrado en el nervio desaparecieron; no lo creo, simplemente no lo puedo creer”.
Finalmente sonrió como sonríen las personas que están ante lo inexplicable pero saben qué es lo que realmente pasa: era un milagro.
Un nuevo milagro para mi “niña”, y para mi, desde luego.
Después de un par de años, lamentablemente uno de los puntos “retoñó” y no hubo otra manera de extraerlo más que por medio de cirugía, afrontando, desde luego, los riesgos que esto conlleva para una persona en las condiciones de mi mamá. Afortunadamente salió con bien y su recuperación fue magnífica. Tenía bajo su ojito izquierdo un total de 6 puntos, pero hasta el día de hoy ni siquiera se le nota y, gracias al extraordinario médico que la atendió (que con toda seguridad fue guiado por Dios y ayudado por el Padre Pío), la cicatriz ni se le nota, ni le quedó el ojito jalado como era probable.
Desde entonces, cada vez que algo surge, por insignificante que sea, recurro al Padre Pio, y ni una sola vez he sido defraudada. Sus bendiciones colman nuestra vida y me hace saber que Dios es infinito en su misericordia y en su amor; sólo hay que dejarle hacer su trabajo».
Elías Cabodevilla Garde