Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Archive for 2018

Augurio de Padre Pio


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Oración al Divino Niño que recitaba Padre Pio en Navidad


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¡Oh, Divinísimo Espíritu, mueve mi corazón para adorar y amar!

Ilumina mi intelecto para contemplar lo sublime de este gran Misterio de caridad, de un Dios que se hizo Niño.

Enciende mi voluntad para que pueda con ella dar calor al Dios que por mí tiembla sobre la paja.

Madre mía María, condúceme contigo a la gruta de Belén y haz que me sumerja en la contemplación

de todo lo grande y sublime que está por desarrollarse en el silencio de esta noche, la más bella y grande que el mundo haya visto jamás. Amén

"La Navidad" Meditación de Padre Pio


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Lejos en la noche, en la época más fría del año, en una fría cueva, más adecuada para un rebaño de bestias que para los seres humanos, el prometido Mesías, Jesús el salvador de la humanidad, viene al mundo en la plenitud de los tiempos.

No hay nadie que clame a su alrededor: sólo un buey y una mula dando su calor al recién nacido, con una humilde mujer y un hombre pobre y cansado, en adoración a su lado.
Nada puede ser oído, salvo los sollozos y gemidos del niño Dios. Y por medio de su llanto y lágrimas él ofrece a la justicia divina el primer rescate por nuestra redención.
Se esperaba desde hace cuarenta siglos; con suspiros de nostalgia los antiguos Padres habían implorado su llegada.

Las Sagradas Escrituras profetizan claramente la hora y el lugar de su nacimiento, y sin embargo el mundo está en silencio y nadie parece darse cuenta del gran evento.
Sólo unos pastores, que habían estado ocupados cuidando sus ovejas en los pastos, vienen a visitarlo. Visitantes celestiales les habían alertado del suceso maravilloso, invitándoles a acercarse a su cueva.
¡Son abundantes Oh cristianos, las lecciones que brillan desde la gruta de Belén!

¡Oh, cómo nuestros corazones deberían arder de amor por aquel que con tanta ternura se hizo carne por nosotros!

¡Oh, cómo debemos arder con el deseo de guiar al mundo entero a esta pobre gruta, refugio del Rey de reyes, más grande que cualquier palacio mundano, porque es el trono y el lugar de morada de Dios!

Pidamos a este niño divino vestirnos de humildad, porque sólo por medio de esta virtud podemos gustar la plenitud de este misterio de la ternura divina.
Relucientes fueron los palacios de los orgullosos hebreos. Sin embargo, la luz del mundo no apareció en ninguno de ellos. Ostentosos con grandeza mundana, nadando en oro y en placeres, eran los grandes de la nación hebrea; llenos de conocimiento y orgullo vano estaban los sacerdotes del santuario.

En oposición al verdadero significado de la revelación divina, ellos esperaban un salvador entrometido, que vendría al mundo con fama y poder humanos.
Pero Dios, siempre dispuesto a confundir la sabiduría del mundo, rompe sus planes. Contrariamente a las expectativas de los que carecen de la sabiduría divina, aparece entre nosotros, en la mayor abyección, renunciando incluso a nacer en la casa humilde de San José, negándose a sí mismo una morada modesta entre los familiares y amigos en una ciudad de Palestina.
Negado el alojamiento entre los hombres, busca refugio y consuelo entre los animales simples, eligiendo su vivienda como el lugar de su nacimiento, permitiendo que su respiración le de calor a su cuerpo tierno.
Él permite que pastores sencillos y rústicos sean los primeros en presentarle sus respetos, después de que él les informó, por medio de sus ángeles, del maravilloso misterio.

¡Oh sabiduría y poder de Dios!, nos vemos obligados a exclamar – extasiados junto con su Apóstol – ¡cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pobreza, humildad, abyección, desprecio, todo alrededor de la Palabra hecha carne.

Pero nosotros, fuera de la oscuridad que envuelve a la encarnación de la Palabra, entendemos una cosa, oímos una voz, percibimos una verdad sublime: ¡Tú has hecho todo por amor, tú nos invitas a amar, a no hablar de otra cosa que de amor, darnos como pruebas de amor!

El bebé celestial sufre y llora en la cuna para que el sufrimiento nuestro sea dulce, meritorio y aceptado. Se priva de todo, para que podamos aprender de él la renuncia a los bienes terrenales y comodidades.

Él está satisfecho con adoradores humildes y pobres, para animarnos a amar la pobreza, y preferir la compañía de los -más bien-- pequeños y simples, que de los grandes del mundo.
Este niño celestial, toda mansedumbre y dulzura, desea impregnar en nuestros corazones su ejemplo de estas virtudes sublimes, de modo que a partir de un mundo que está roto y devastado, pueda brotar una era de paz y de amor.

Incluso desde el momento de su nacimiento nos revela nuestra misión, que consiste en despreciar lo que el mundo ama y busca.

¡Oh, postrémonos delante del pesebre y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado por el amor del Niño Jesús, debemos ofrecerle todo nuestro corazón sin reserva alguna, prometiéndole poner en práctica sus enseñanzas, las cuales llegan a nosotros de la gruta de Belén y manifiestan claramente que sobre este mundo todo es vanidad de las vanidades y nada más que vanidad!
(: Epistolario IV)


NOTA
En agosto de 1945 estuve en el convento de los Padres Capuchinos de San Giovanni Rotondo por un período de descanso. Durante una visita que le hice al Padre Pío por motivos de estudio le pedí papel para escribir. Después de unos días, el Padre me dio un cuaderno de 160 hojas, diciéndome: “Esto es lo que necesitas. Encontrarás algunas hojas escritas, pero no te preocupes, empieza a escribir en la parte opuesta. Cuando el cuaderno no te sirva más, me lo restituirás”. Conmovido le agradecí el regalo, pero después –confieso mi culpa- no puse en práctica su recomendación. Efectivamente no sólo leí lo que estaba escrito en aquel cuaderno, sino que, también publiqué todos aquellos escritos, previa autorización.
Padre Ezechia Cardone, O.F.M.

2 anécdotas de Padre Pio y el niño Jesús


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 1   La tarde del 19 de septiembre de 1919, hecha la confesión general con el Padre Pío, el p. Raffaele da S. Elia a Pianisi –estaba recién licenciado de la guerra, 1915-1918- fue alentado por él para proseguir los estudios, interrumpidos durante ocho años, bendecido y con la certeza de su ayuda; y en tal circunstancia el p. Rafaelle relata: “Dormía yo en una celda angosta, casi de frente a la n. 5 donde estaba el Padre Pío. Ignoro el porqué, quizás debido al calor, hacia media noche me levanté de la cama casi sobresaltado. El corredor estaba en tinieblas, sólo rotas por la luz incierta de un candil de petróleo. Mientras estaba en la puerta para salir, he aquí que pasa el Padre Pío de regreso del coro donde había estado en oración. Era medianoche.
     El Padre Pío todo luminoso con el Niño Jesús en brazos, andaba a pasos lentos y murmuraba rezos. Pasa delante de mí, todo radiante, y no se percata de mi presencia. Sólo algunos años después me enteré de que el 20 de septiembre celebraba el primer aniversario de sus estigmas”.
 De Padre Pio Cireneo de todos, Alessandro da Ripabottoni

2 Lucía Ladanza, hija espiritual del Padre Pío, es quien narra lo ocurrido el 24 de diciembre de 1922 cuando quiso pasar la vigilia de Navidad junto al Padre.
Aquella noche hacía frío y los frailes habían llevado a la sacristía un brasero con fuego. Ella, y otras tres mujeres se quedaron junto al brasero esperando la media noche, para asistir a la Misa que debía celebrar el Padre Pío. Las otras tres mujeres comenzaron a adormecerse, mientras ella seguía rezando el rosario.

En ese momento vio que por la escalera interior de la sacristía, bajaba el Padre Pío y se detuvo junto a la ventana. De improviso, dice, envuelto en un halo de luz apareció el Niño Jesús entre los brazos del Padre Pío… cuyo rostro se volvió todo radiante. Cuando desapareció la visión, el Padre advirtió que Lucía, estaba despierta y lo miraba fijamente, atónita. Se le acercó y le dijo: "Lucía, ¿qué has visto?" Ella respondió: "Padre, he visto todo". El Padre Pío, entonces, le advirtió con severidad: "No digas nada a nadie".

Novena de la Natividad del Niño Jesús


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[Gloria in excelsis Deo. Estampa religiosa de principios del siglo XX]
[Gloria in excelsis Deo. Estampa religiosa de principios del siglo XX]

NOVENA DE LA NATIVIDAD DEL NIÑO JESÚS

En el nombre del Padre... Rezar a continuación las siguientes oraciones durante nueve días consecutivos:

I. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi salvación y la de todo el mundo, el misterio del Nacimiento de nuestro divino Redentor. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


II. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, los sufrimientos de la Virgen santísima y de san José en aquel largo y penoso viaje de Nazaret a Belén, y las angustias de su corazón por no encontrar lugar donde ponerse a cubierto cuando estaba para nacer el Salvador del mundo. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


III. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el pesebre donde nació Jesús, el duro heno que le sirvió de cama, el frío que sufrió, los pañales en que fue envuelto, las lágrimas que derramó y sus tiernos gemidos. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


IV. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, el dolor que sufrió el divino niño Jesús en su tierno cuerpecito, cuando se sujetó a la cruel circuncisión; os ofrezco aquella preciosísima sangre, que entonces derramó por primera vez para la salvación de todo el género humano. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


V. Ofrecimiento. Oh Padre eterno, os ofrezco a mayor honra y gloria vuestra, y por mi eterna salvación, la humildad, la mortificación, la paciencia la caridad, y todas las virtudes del niño Jesús, y os doy gracias, os amo y os bendigo infinitamente por este inefable misterio de la Encarnación del Verbo divino. Gloria, Padrenuestro y Avemaría.


Poema de Federico García Hamilton


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ROMANCE DEL NIÑO DIOS

Yo quiero para mis nietos
Navidades con el Niño
Igual que aquellas que antaño
Nosotros también tuvimos.

Que no venga Santa Claus
A reemplazar lo Divino
Que llegue el Niño Jesús
A nuestro Norte Argentino.

Que la fiesta no sea nuestra
Que sea la fiesta del Niño
Y que los chicos lo esperen
Cantándole villancicos.

Que los regalos no importen
-O importen menos que el Niño
Que los corazones se abran
Para poder recibirlo.

Por eso Niño Jesús
Es que cantando te pido
Que llegues para reinar
Dentro de grandes y chicos.

Que la Nochebuena sea
Noche de amor compartido
Que todos los chicos vivan
Lo que nosotros vivimos.

Que al acostarse le dejen
Comida y agua pa'l Niño
Y al amanecer descubran
Que la ha comido y bebido.

Y despierten a sus padres
-Profundamente dormidos-
Gritando: "¡Mamá, papá,
El Niño Dios ha venido!".

Tu Madre quería una casa
Para que allí nazcas, Niño
Las puertas se le cerraban
Y así, siguieron camino.

Hasta dar con los pastores
Que le ofrecieron cobijo
Por eso llegaste al mundo
En un pesebre sencillo.

Como lección pa' los hombres
Tata Dios así lo quiso/
¡Qué pena que a tantos años
Todavía no la aprendimos !

Hoy que te cierran las almas
Te ofrezco la mía, Niño
Como en Belén los pastores
Te abrieron su cobertizo.

Llenámela con tu amor
Haciendo en ella tu nido
Y a todo el que lo precise
Así, podré repartirlo.

ROSARIO de ADVIENTO - NAVIDAD


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† Señal de la cruz

Rezamos este santo Rosario con meditaciones originales de Padre Pio:

-Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  por el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
-Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
-Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe, por nuestras intenciones personales y por las almas del purgatorio.

Oración de Inicio

Niño Dios, tú que llegaste al mundo para salvar, te pido la paz.

Niño Jesús, que vienes a iluminar mi oscuridad, haz que comprenda y conozca que eres Dios. Tan pequeño y tan infinito. Tan humilde y tan poderoso. Tan especial para hacerme crecer en el Amor.

Tú Señor que eres la Paz, sana mi corazón de las heridas que me han provocado desasosiegos, rencores, odios, miedos y resentimientos. Lléname de tu paz y convierte mi corazón de piedra en un corazón tierno. Realmente que experimente un nuevo nacimiento en la misericordia de Dios Padre.

Niño Dios, tú que naciste en un pesebre, te pido que no haya más miserias en el mundo.

Da pan a los que tienen hambre. Líbrame de toda esclavitud. Transfórmame en columna de verdad anclada en tu Palabra de Vida. Tus Palabras son verdad. Capacitame para no sucumbir ante ninguna injusticia y pese a no juzgar nada, ni tan siquiera a mi mismo, sepa ponerlo todo en tus manos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Niño Dios, tú que naciste de una madre virgen, te pido pureza en este mundo.

Limpia mi corazón, mi mente, todo mi ser. Cuéntame entre los bienaventurados porque me haces limpio, manso y humilde de corazón, a tu imagen y semejanza.
Enséñame Señor a actuar como tú lo haces. Debo aprender de ti porque anhelo vivir siempre lleno de tu luz y amor.
Que así sea !

Pèsame

Primer Misterio: 

Jesús niño te inspire cada día más amor al sufrimiento y más desprecio al mundo; su estrella ilumine cada vez más tu mente; y su amor transforme tu corazón y lo haga más digno de sus divinas complacencias.
Con estos deseos muy sinceros, que, en estos días, repetidamente, voy presentando ante Jesús niño en tu favor, comienzo mi respuesta a tu última carta, que me llegó en su momento. Quiera Jesús escucharlos todos. (Sin fecha, a María Gargani – Ep. III, p. 388)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Jesús Niño reine siempre en tu corazón y establezca y consolide su reino cada vez más dentro de ti. Éstos y otros semejantes son los deseos que en estos días he presentado en tu favor al Niño de Belén.
(24 de diciembre de 1918, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 881)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Tercer Misterio: 

Nuestro Señor te ama, hija mía, y te ama tiernamente; y, si él no siempre te permite experimentar la dulzura de su amor, lo hace para conseguir que seas más humilde y despreciable a tus ojos. Pero no dejes por eso de recurrir con toda confianza a su santa benignidad, especialmente en el tiempo en que lo representamos como era, pequeño niño de Belén; porque, hija mía, ¿con qué otra finalidad toma él esta dulce y amable condición de niño si no es la de estimularnos a amarlo confiadamente y a entregarnos amorosamente a él? (24 de diciembre de 1918, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 881)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

 Cuarto Misterio:

Quiero desearte de nuevo felices fiestas del santo Niño con toda tu preciosísima familia. El Señor y la santísima Virgen te hagan cada vez más digna de la gloria eterna. Con esta fe y con estos sentimientos, os deseo a todas vosotras muy felices las hermosas fiestas del santísimo nacimiento de Jesús Niño, y hago fervientes votos para que puedas repetir-las durante el mayor tiempo posible de vida, y siempre con creciente caridad, que es la reina y madre de todas las virtudes.
(22 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 280)

Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

¡Oh, qué sublime es la bella virtud de la caridad que nos ha traído el Niño Dios! Todos deben llevarla en el corazón, y sobre todo quienes hacen profesión de santidad. A esta santidad el Señor, sin mérito alguno de tu parte, te ha llamado; y, si es cierto que te veo bien encaminada en la caridad, no por eso dejo de invitarte continuamente a que sigas avanzando cada día más en ella.  (22 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 280)

Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesi-tadas de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                    sin pecado concebida
Padre Pio                                                                     ruega por nosotros


Rezamos por la intención del Papa Francisco para este mes:
“Por el servicio de la transmisión de la fe: para que las personas dedicadas al servicio de la trasmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura”.
Salve  3 Avemarìa y Gloria
Rezamos la Oración a san Miguel Arcángel  poniendo bajo su protección los Grupos de Oración del Padre Pio de Argentina , y a nuestro asesor espiritual nacional el Padre Gustavo Seivane.

“San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio Reprímale Dios pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia celestial arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición dela salmas, Amén.”  

Letanías de Adviento (Litaniae ad Christum ex Scriptura Sacra in  Adventu )

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial,                                                          ten misericordia de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santa Trinidad, un solo Dios,
Verbo de Dios, por Quien todas las cosas han sido hechas, (Jn. 1, 3; Col. 1, 16).
Palabra hecha carne, (Jn. 1, 14).
Mesías prometido en la Ley, (Jn. 5, 30-47).
Prefigurado por místicos milagros, (Is. 7, 14).
Predicho por los Profetas, (Miq. 5, 2).

Anunciado por Ángeles, (Lc. 2, 10-11).
Deseado por los Reyes, (Sal. 88).
Anhelado por las naciones, (Ag. 2, 7)
Enviado al mundo por el Padre, (Jn. 3, 16-17).
Concebido por el Espíritu Santo,
Sabiduría enviada desde el trono de la gloria de Dios, (Sab. 9, 10).
Deseo de los collados eternos, (1) (Gén. 49, 26).
Rocío en el vellocino de Gedeón, (Juec. 6, 37).
Zarza ardiente en fuego incombustible, (Éx. 3, 2).
Escala de Jacob, (Gén. 28, 12).
Flor de la Raíz de Jesé, (2) (Is. 11, 1).
Flor de la vara de Aarón, (Éx. 7, 12; Heb. 9, 4).
Flor que aparece en nuestra tierra, (Cant. 2, 12).
Aroma de campo bendecido por Dios, (Gén. 27, 28).
Incienso de suavísima fragancia sobre altar de oro, (Éx. 25, 6; 39, 37).
Nardo y cinamomo en huerto cerrado, (3) (Cant. 4, 12-14).
Sello puesto sobre el corazón, (Cant. 8, 6).
Piedra del monte desprendida sin intervención de mano alguna, (Dan. 2, 34).
Agua saludable sacada del pozo de Belén, (II Sam. 23, 15; I Cor. 11, 17).
Nuevo vino en odre nuevo, (Mt. 9, 17; Mc. 2, 22; Lc. 5, 37).
Agua viva que fluye como torrente desde el Líbano, (Cant. 4, 15).
Árbol de la Vida plantado en medio del Paraíso, (Gén. 3, 3).
Fuente que mana del Paraíso, (Gén. 2, 6).
Agua de la vida en fuente sellada, (3) (Cant. 4, 12; Apoc. 7, 17).
Lámpara puesta sobre candelabro purísimo, (Lc. 11, 33).
Estrella de Jacob, (Núm. 24, 17).
Cetro de Israel, (2) (Ídem).
Sol del que está vestida la Mujer, (Apoc. 12, 1).
Varón rodeado por la mujer, (Jer. 31, 22).
Verdad que brota de la tierra, (Sal. 85, 11).
Justicia que desciende del Cielo, (Ídem).
Salvador que entra por la puerta cerrada, (Ez. 44, 1-2).
Príncipe sentado en la puerta oriental, (Ez. 44, 2-3).
Linaje de la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, (Gén. 3, 15).
Progenie de Abraham por la cual son bendecidas todas las naciones, (Gén. 3, 29).
Salvación y esperanza, (Mt. 1, 21; I Cor. 15, 19).
Emmanuel nuestro, (Is. 7, 14; Mt. 1, 23).

-Senos propicio,
-Perdónanos, Señor.
-Senos propicio,
-Escúchanos, Señor.
-Senos propicio,
- Ten piedad de nosotros                                                                       

De todo mal,                                                                               líbranos, Señor
De todo pecado,
De un corazón duro y perverso,
De toda costumbre malvada,
De toda pasión desordenada,
De toda aspereza de costumbres,
De toda malicia e indolencia,
De una mala y eterna muerte,
Por tu predestinación desde toda la eternidad, (Jn. 1, 1; 8, 58).
Por tu Advenimiento,
Por el misterio de tu santa Encarnación,
Por tu virginal e Inmaculada Concepción, (4) (Is. 7, 14; Lc. 1, 34-35).
Por la fe y la obediencia de la gloriosa Virgen, (Lc. 1, 38).
Por la virginal fecundidad de tu Santísima Madre, (Lc. 2, 7).
Por la plenitud de gracia comunicada a tu Madre, (Lc. 1, 28. 48).

En el Día del Juicio, nosotros pecadores,                                 “ te rogamos, óyenos” 
Que te dignes salvarnos de nuestros pecados,                               
Que te dignes dirigir a Ti todas nuestras acciones,
Que te dignes hacer que tengamos para Ti nuestra morada preparada,
Que te dignes rellenar con tu gracia todo valle de pusilanimidad,
Que nos concedas gozarnos siempre en Ti y glorificarte,
Que te dignes mirar nuestra humildad y extender sobre nosotros el brazo de tu poder,
Que te dignes colmarnos a nosotros, pobres, de tus bienes,
Que te dignes hacernos coherederos de tu Reino,
Que te dignes atender nuestras súplicas,
Hijo de Dios,


-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Ten misericordia de nosotros.

-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.

Padrenuestro…

-Ven a liberarnos, Señor, Dios de las virtudes.
-Muéstranos tu Rostro y seremos salvos.
-Acuérdate de nosotros, Señor, como el pueblo de tu beneplácito.
-Visítanos con tu salvación.
-Muéstranos, Señor, tu misericordia.
-Y danos tu salvación.
-Señor, escucha nuestra oración.
-Y llegue a Ti nuestro clamor.

Oremos.

Excita, Señor, tu poder y ven, para que con tu protección merezcamos vernos libres de los inminentes peligros de nuestros pecados y con tu gracia podamos salvarnos.
Purifica, Señor, nuestras conciencias visitándolas, para que tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, encuentre en nosotros al venir una morada preparada para Él.
Oh, Dios, que sabes que nuestra humana fragilidad no puede subsistir a tantos peligros como nos acechan, danos salud de alma y de cuerpo para que, con tu ayuda, podamos superar los sufrimientos por nuestros pecados.
Todopoderoso e indulgente Dios, sé propicio a nuestras plegarias y libra nuestros corazones de las tentaciones de malos pensamientos para que merezcamos convertirnos en digna morada del Espíritu Santo.
Concede, te rogamos, Dios Todopoderoso, que los sagrados misterios de nuestra redención nos otorguen los auxilios necesarios a la vida presente y nos alcancen los premios de la bienaventuranza eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

-Señor, escucha mi oración.
-Y llegue a Ti mi clamor.
-Bendigamos al Señor.
-Demos gracias a Dios.

-Y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
 -Amén.


En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Grupos de Oración del Padre Pio - Animación en Argentina

Mes de Diciembre


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1  No te importe perder, hijo mío, deja que publiquen lo que quieran. Temo el juicio de Dios y no el de los hombres. Que lo único que nos asuste sea el pecado, porque ofende a Dios y nos deshonra (AP).

2  La bondad divina no sólo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que va también en busca de las contumaces (CE, 11).

3  Cuando os veáis despreciados, haced como el martín pescador que construye su nido en los mástiles de las naves; es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba (VVN, 48).

4  Tu reino no está lejos y tú haces participar de tu triunfo en la tierra para después hacer partícipes de tu reino en el cielo. Haz que, al no poder dar cabida a la comunicación de tu amor, prediquemos con el ejemplo y con las obras tu divina realeza. Toma posesión de nuestros corazones en el tiempo para poseerlos en la eternidad. Que nunca nos retiremos de debajo de tu cetro, y ni la vida ni la muerte consigan separarnos de ti. Que nuestra vida sea una vida bebida a grandes sorbos de amor en ti para expandirla sobre la humanidad y que nos haga morir en cada momento para vivir sólo de ti y derramarte en nuestros corazones (Epist.IV, p.888).

5  Hagamos el bien mientras disponemos del tiempo, y daremos gloria a nuestro Padre del cielo, nos santificaremos a nosotros mismos, y daremos buen ejemplo a los demás (Epist.III, p.397).

6  Cuando no consigas avanzar a grandes pasos por el camino que conduce a Dios, conténtate con dar pequeños pasos y espera pacientemente a tener piernas para correr, o mejor alas para volar. Confórmate, hija mía, con ser por el momento una pequeña abeja en la colmena, que muy pronto llegará a ser una gran abeja capaz de fabricar la miel (Epist.III, p.432).

7  Humillaos amorosamente delante de Dios y de los hombres porque Dios habla a quien tiene las orejas abiertas hacia el suelo. Ama el silencio, porque en el mucho hablar hay siempre algo de culpa. Manténte en el retiro cuanto te sea posible, porque en el retiro el Señor habla al alma libremente y el alma está en mejor situación para escuchar su voz. Reduce tus visitas y sopórtalas cristianamente cuando te las hagan a ti (Epist.III, p.432).

8  A Dios se le sirve únicamente cuando se le sirve como él quiere (CE, 19).

9  En resumen, no filosoféis sobre vuestros defectos y tampoco repliquéis; continuad vuestro camino sin rodeos. No. Dios no puede abandonaros cuando vosotros, por no perderlo, permanecéis firmes en vuestras decisiones. Que el mundo se destruya, que todo esté en tinieblas, en humo, en confusión..., pero Dios está con nosotros. ¿De qué, pues, vamos a tener miedo? Si Dios habita en las tinieblas y sobre el monte Sinaí, entre relámpagos y truenos, ¿no debemos estar contentos sabiendo que estamos cerca de él? (Epist.III, p.580).

10  Agradece y besa dulcemente la mano de Dios que te pega; es siempre la mano de un padre que te pega porque te quiere bien (CE, 25).

11  El miedo cerval es un mal peor que el mismo mal (CE, 33).

12  El dudar es el mayor insulto a la divinidad (CE, 35).

13  Por medio de las pruebas Dios une a sí a las almas que ama (ASN, 44).

14  Quien se apega a la tierra queda apegado a ella. Es mejor despegarse poco a poco que hacerlo de golpe. Pensemos siempre en el cielo (CE, 64).

15  Tener miedo de perderte entre los brazos de la divina bondad es algo más extraño que el temor del niño estrechado entre los brazos de su madre (Epist.III, p.638).

16  ¡Animo!, mi querida hija; tienes que cultivar atentamente ese corazón bien formado y no ahorrar nada que le pueda ser útil para su felicidad. Y si es cierto que esto puede y debe hacerse en toda estación, es decir, en toda edad. La edad que tú tienes es la más apropiada (Epist.III, p.418).

17  En sus lecturas, hay poco que admirar y casi nada que edifique. Os es necesario del todo que, a esas lecturas, añada la de los libros santos (= Sagrada Escritura), tan recomendada por todos los santos padres. Y yo, a quien me apremia tanto su perfección, no puedo eximirle de estas lecturas espirituales. Conviene (si quiere obtener de tales lecturas tan inesperado fruto) que deponga sus prejuicios sobre el estilo y la forma con que se presentan estos libros. Esfuércese por cumplir esto y encomiéndelo al Señor. En todo esto se oculta un grave engaño y yo no se lo puedo ocultar (Epist.II, p.141s.).

18  Todas las fiestas de la Iglesia son bellas... La Pascua, sí, es la glorificación..., pero la Navidad tiene una ternura, una dulzura infantil, que me conquista por entero el corazón (GdR, 75).

19  Tus ternuras conquistan mi corazón y quedo aprisionado por tu amor, Niño celestial. Deja que al contacto con tu fuego, mi alma se derrita por amor, y que tu fuego me consuma, me abrase, me convierta en cenizas aquí a tus pies y permanezca derretido por amor y glorifique tu bondad y tu caridad (Epist.IV, p.871s.).

20  Pobreza, humildad, bajeza, desprecio, rodean al Verbo hecho carne; pero nosotros, en la obscuridad en la que está envuelto este Verbo hecho carne, comprendemos una cosa, oímos una voz, entrevemos una sublime verdad. Todo esto lo has hecho por amor, y no nos invitas más que al amor, no nos hablas más que de amor, no nos das más que pruebas de amor (Epist.IV, p.866s.).

21  Madre mía María, condúceme contigo a la gruta de Belén y concédeme abismarme en la contemplación de lo que, por ser tan grande y sublime, es para desentrañarlo en el silencio de esta grande y bella noche (Epist.IV, p.868).

22  Jesús Niño sea la estrella que te guíe a través del desierto de esta vida (AP).

23  La fe también nos guía a nosotros. Y nosotros, detrás de su luz, seguimos seguros el camino que nos conduce a Dios, a su patria; como los santos magos, que, guiados por la estrella, símbolo de la fe, llegaron al lugar deseado (Epist.IV, p.886).

24  Tu entusiasmo no sea amargo ni puntilloso, sino libre de todo defecto; que sea dulce, benigno, gracioso, pacífico y animoso. ¡Ah!, mi buena hija, ¿quién no ve en el querido y pequeño Niño de Belén, a cuya venida nos estamos preparando, quién no ve, digo, que su amor por las almas no tiene parangón? El viene a morir para salvar, y es tan humilde, tan dulce, tan amable (Epist.III, p.465s.).

25  Vive alegre y animosa, al menos en las facultades superiores del alma, en medio de las pruebas en las que el Señor te pone. Vive alegre y animosa, repito, porque el ángel, que preconiza el nacimiento de nuestro pequeño Salvador y Señor, anuncia cantando y canta anunciando que él promulga alegría, paz y felicidad, a los hombres de buena voluntad, para que no haya nadie que ignore que, para recibir a este Niño, basta ser de buena voluntad (Epist.III, p.466).

26  Jesús desde su nacimiento nos indica nuestra misión, que es la de despreciar lo que el mundo ama y busca (Epist.IV, p.867).

27  Jesús llama a los pobres y sencillos pastores por medio de los ángeles para manifestarse a ellos. Llama a los sabios por medio de su misma ciencia. Y todos, movidos por la fuerza interna de su gracia, corren hacia él para adorarlo. Nos llama a todos nosotros con divinas inspiraciones y se nos comunica a nosotros con su gracia. ¿Cuántas veces nos ha invitado amorosamente también a nosotros? Y nosotros ¿con qué prontitud le hemos correspondido? Dios mío, me ruborizo y me lleno de confusión al tener que responder a esta pregunta (Epist.IV, p.883s.).

28  Los mundanos, enfrascados en sus negocios, viven en la obscuridad y en el error, y no se preocupan de conocer las cosas de Dios, ni piensan en su salvación eterna, ni tienen prisa alguna por conocer la venida de aquel Mesías esperado y suspirado por las naciones, profetizado y anunciado por los profetas (Epist.IV, p.885).

29  Cuando llegue nuestra última hora y cesen los latidos de nuestro corazón, todo habrá terminado para nosotros y también el tiempo de merecer y de desmerecer. Tal como nos encuentre la muerte, nos presentaremos a Cristo juez. Nuestros gritos de súplica, nuestras lágrimas, nuestros suspiros de arrepentimiento, que, todavía en la tierra, nos habrían ganado el corazón de Dios y con la ayuda de los sacramentos nos habrían podido cambiar de pecadores en santos, en ese momento ya no sirven para nada; el tiempo de la misericordia ha terminado y comienza el tiempo de la justicia (Epist.IV, p.876).

30  Es difícil hacerse santos. Difícil pero no imposible. El camino de la perfección es largo, como es larga la vida de cada uno. El consuelo es el descanso en el camino; pero, apenas recuperados, hay que levantarse con rapidez y reemprender la carrera (AP).

31 La palma de la gloria está reservada para el que combate con valentía hasta el fin. Comencemos, pues, este año, nuestro santo combate. Dios nos asistirá y nos coronará con un triunfo eterno (Epist.IV, p.879).


Mensaje de Adviento - Navidad por el Padre Gustavo Seivane


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“Como niños recién nacidos, deseen la leche pura de la Palabra, que los hará crecer para la salvación, ya que han gustado qué bueno es el Señor” 1Pe 2, 2-3

Hermanos en Cristo:

El Adviento nos irá acercando a la Navidad. La Navidad nos adentrará en la luz santa del santo Nacimiento.

Celebraremos al Dios vivo. Haremos presente nuestra fe, inauguradora siempre de todo lo bello y sano. Lo que ordena santificando. Lo que eleva por encima de cualquier perturbación.

Sea la preparación al Misterio del Nacimiento de Jesucristo un camino. Un bienaventurado andar. Un dar pasos entrelazando alabanzas y agradecimientos, arrepentimientos y deseos de conversión. Un esperar atento en el que suplicar aleje temores.

“Gusten y vean qué bueno es el Señor”, sea la Palabra colmadora de estos días.
Que canten nuestros corazones al avanzar por el Adviento, ya que habrá cercanía de ángeles y de santos.

El Padre Pío nos bendecirá con alegría.

Los guardo en el corazón sacerdotal. Los encomiendo al Señor, muy agradecido por sus fervientes rezos y tareas apostólicas.

¡Santa Navidad!

La Purísima nos ampare, y sea acompañada por la estrella de nuestra fe, camino a Belén de Judá.
Paz.

                                                                  Padre Gustavo Seivane*



* Asesor nacional de los Grupos de Oración de Padre Pio, Argentina

Los sagrados estigmas y el tránsito de Padre Pio


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Reflexión en el centenario de los estigmas y el quincuagésimo aniversario de la muerte del Padre Pio 

En un pasaje decisivo del Evangelio de Juan, donde se cierra el Evangelio de signos y se abre el de Gloria, para entrenar discípulos a un camino que sería aún más intenso, el evangelista inserta estas palabras de Jesús: "El que quiera servirme que me siga"(Jn 12,26).

No es suficiente servir al Señor, es necesario seguirlo. Y esto significa entrar gradualmente en una relación profunda con él, mantenerse con él, aprendiendo a reconocer su presencia divina en la Palabra, en la Eucaristía y en los hermanos. Un camino para todo bautizado, nacido de nuevo del agua y el Espíritu, crucificado y resucitado con Cristo, es decir, marcado con las heridas del Señor, pero al mismo tiempo, ya resucitado junto a Él.

 En las palabras del teólogo jesuita Padre Marco Iván Rupnik , todos los bautizados reciben los estigmas como dote, y a menudo se "abren". Solo que en la mayoría de los fieles este proceso ocurre de forma invisible. Los estigmas "se abren", pero siempre de una manera invisible cuando se ama, es decir, cuando se introduce por concesión divina, en el amor que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5), y que brilla, pero no a los ojos del mundo, cuando compartimos la kénosis de Cristo, su abajamiento, su vaciamiento.

Sólo en unos pocos testigos escogidos, auténticos discípulos de Cristo, los estigmas se abren  y se muestran de forma visible, para que esto sea en sí mismo una ofrenda de perdón y de gracia para favorecer el retorno a Dios, la conversión y la redención de muchos.

El próximo aniversario de los estigmas del Padre Pío (1918-2018) y el quincuagésimo de su dies natalis (1968) pueden ser leídos desde la perspectiva de la relación del hombre y del discípulo con su Señor. Todo es por lo tanto gracia, todo es un regalo.

Es necesario pedir la gracia de comprender y contemplar los estigmas visibles del padre Pío, así como los ha mirado Dios por medio de su Hijo, con sus ojos y no con los ojos del mundo, y del mismo modo para comprender este signo  como una participación de Dios en el sufrimiento del hombre y una invitación a la conversión.
 La forma en que se imprimieron los sagrados estigmas, primero en San Francisco y luego en San Pío, concuerda con el estilo propio de Dios y sus obras.
Se observa en ambos después del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, y en ambos en la dulzura y la mansedumbre, en aquella quietud del Espíritu, la cual dispone a la oración, y en aquella vida hecha oración, como fue su existencia a Cristo.

Detengámonos un poco en los estigmas del Padre Pío
20 de septiembre de 1918, coro de la iglesia "Santa Maria delle Grazie" de San Giovanni Rotondo, Padre Pío, después de la Misa está en oración y su oración, como le sucedió a menudo, entra en silencio, en paz. Es un éxtasis, un espacio interior espiritual e intelectual, pero no irreal, que marca el paso de Dios. Esto sucede de una manera dulce, íntima y delicada. De hecho, el Padre Pío se encuentra llagado y estigmatizado. Lo que estaba sucediendo en las profundidades de su alma abunda en su cuerpo, se convierte en un signo y "lugar" de la presencia de Dios, para sellar su discipulado y ofrecer un testimonio de misericordia y salvación para los hombres de su tiempo y también para cada uno de nosotros.

El "dulce sueño"
El Padre Pío, en la carta enviada al Padre Benedetto el 22 de octubre de 1918, describe la oración que acompaña al éxtasis como un " dulce sueño " (Epístola I, 1094). Una expresión que recuerda lo que le sucedió a Adán y luego a Abraham. En ambos Dios derrama un dulce sueño, un letargo (tardemah), en el primero para formar a la mujer, en el segundo como preludio del inminente pacto (Gn 15,12). Pero mientras que el sueño de Adán, antes del pecado, implica una laceración que es la figura de Cristo crucificado, a Abraham, presa de terror y una gran oscuridad (Gen 15:12), anticipa la agonía de Jesús. Cuando el alma está "envuelta en la misteriosa oscuridad de la prueba" (Epístola I, 1092), como el Padre Pío recuerda al Padre Benedetto, debemos confiar en Jesús, "el sol de la justicia". Los estigmas del Padre Pío son una ofrenda de misericordia, son la huella del paso de Dios, tanto que el Padre Pío llama a su estigmatización "mi crucifixión" (Epístola I, 1094).

El paso de Dios
Tranquilidad, silencio y gran paz. En este "clima" interior y exterior en el que se ve envuelto el Padre Pío, se produce el paso de Dios, similar por delicadeza, al experimentado por el profeta Elías, como el "susurro de una ligera brisa" (1 Reyes 19,12). Una acción que en el humilde Fraile procura lo que él mismo describe como "abandono a la completa privación del todo" (Epístola I, 1094).
Por otra parte, según el  Evangelio, quien  quiera perder la vida la salvará (véase Lc 9:24). En este humus espiritual Jesús se le aparece, personaje misterioso, con sus manos, pies y costado que goteaba sangre. Vista que provoca miedo en el Padre Pio. Desaparece el personaje y se encuentra llagado.
La cruz de Cristo se convierte para el Padre Pío, como para el Apóstol Pablo, en sabiduría de Dios, la posibilidad de ser insertado en el Hijo y así, a través del Espíritu, conocer al Padre. Atravesar cada  prueba y tribulación  siguiendo y sirviendo al Señor, para encontrarse  en Él y en Su amor.
Del mismo modo, el bendito tránsito del Padre Pío, tras 50 años, no puede dejar de recordarnos el profundo amor que Dios tiene por todos sus servidores, y por todos los hombres, junto con la función de mediación que El asigna a cada uno. El Padre Pio fue acompañado en su paso por una multitud de fieles, por su gente en grupos de oración, que estaban en San Giovanni Rotondo para el Congreso nacional, y por los muchos fieles de la diócesis.

Un signo de unión y comunión, de toda una Iglesia reunida en oración, de un pueblo que alaba a Dios por haberlo visitado y colmado de bienes. Realidades de las cuales también hoy  recogemos los frutos. El Evangelio nos ofrece un criterio que nunca se equivoca: un árbol se reconoce  por los frutos, porque un árbol bueno produce buenos frutos (cf. Lc 6,44).
A la luz de esta afirmación pensamos en el crecimiento en cantidad y calidad de los grupos de oración de la Argentina.

Padre Pio interceda por ustedes,  y los apoye. Y el Señor les de su paz.

Giovanni Chifari, teólogo bíblico.

A pedido del Santo Padre


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A pedido del Santo Padre rezamos a la Santísima Virgen por la Santa Iglesia de Cristo:


"Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; 
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, 
antes bien, líbranos de todo peligro, ¡ oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!


ELEVAMOS LA ORACION A SAN MIGUEL ARCÀNGEL poniendo bajo su especial protección a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, al Sumo Pontífice, a los Grupos de oración de Padre Pio,y a los sacerdotes asistentes espirituales parroquiales.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 

En el nombre del Padre, y del hijo , y del Espíritu Santo, Amén

San Pio de Pietrelcina, 
Ruega por nosotros

ROSARIO "La santa Iglesia Católica"


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Grupos de oración del Padre Pio de habla hispana

Rosario meditado “La santa Iglesia Católica”

+ Nos ponemos en presencia de DIOS, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Rezamos este santo Rosario, con meditaciones originales de Padre Pio por las siguientes intenciones:
Por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana,  el Papa Francisco, los Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, por las vocaciones.
Por nuestra amada Argentina en tiempos de tanta confusión.
Por los enfermos, los que están sufriendo, por las familias, los ancianos, los niños, los desamparados, los desempleados, los encarcelados, por quienes no tienen quienes recen por ellos, por los cristianos perseguidos, los refugiados, los que viven en países en guerra, por los que no tienen fe…

Leemos en el libro de Mateo Cap. 16:
"Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Igle-sia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella."

Rezamos el Pèsame

Primer Misterio:

Sé que Vuestro corazón sufre mucho en estos días por la suerte que corre la Iglesia, por la paz del mundo, por las muchas necesidades de las nacio-nes; pero sobre todo, por la falta de obediencia de algunos, incluso católi-cos, a las altas enseñanzas que Vos, asistido por el Espíritu Santo, nos dais en nombre de Dios.
Os ofrezco mi oración y mi sufrimiento de cada día, como sencillo pero sincero recuerdo del último de Vuestros hijos, a fin de que el Señor Os conforte con su gracia, para continuar el recto y fatigoso camino, en la de-fensa de la verdad eterna, que nunca cambia con el mudar de los tiempos.
Os agradezco, también en nombre de mis hijos espirituales y de los «Gru-pos de oración» la palabra clara y definitiva que habéis dicho, especial-mente en la última encíclica Humanae Vitae; y reafirmo mi fe y mi obe-diencia incondicional a Vuestras iluminadas orientaciones.
(12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Segundo Misterio:
 
Quiera el Señor conceder el triunfo a la verdad, la paz a su Iglesia, la tran-quilidad a las naciones de la tierra, salud y prosperidad a Vuestra Santidad, para que, disipadas estas nubes pasajeras, el reino de Dios triunfe en todos los corazones, gracias a Vuestra acción apostólica de supremo Pastor de toda la cristiandad.
 (12 de septiembre de 1968, al Papa Pablo VI – Ep. IV, p. 12)
Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Tercer Misterio:

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Pa-dre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artima-ñas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hom-bres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni re-duzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la pro-pagación del reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Igle-sia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y un solo Pastor. Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todav-ía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: «La mies es mucha y los trabajadores son pocos».
 (8 de marzo de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 61)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                  sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Cuarto Misterio:

Después del amor de nuestro Señor, yo te recomiendo el de la Iglesia, su esposa y nuestra tierna madre; el de esta querida y dulce paloma, que sólo puede poner huevos y hacer que nazcan pichoncitos para el Esposo. Agradece a Dios, cientos de veces al día, el ser hija de la Iglesia. Pon tu mi-rada en el Esposo y en la Esposa; y di al Esposo: «Oh, que eres el Esposo de una bella Esposa»; y a la Esposa: «Ah, que eres la Esposa de un Esposo to-do divino». Ten gran compasión de todos los pastores y predicadores de la Iglesia, al igual que de todos los pastores de almas; y contempla, hijita mía, cómo están diseminados por toda la tierra, porque no hay provincia en el mundo donde no haya muchos. Ruega a Dios por ellos para que, salvándose ellos mismos, procuren con fruto la salvación de las almas. Y en esto te suplico que no te olvides nunca de mí, cuando te encuentres delante de Jesús, ya que él me da tanta voluntad de no olvidarme nunca de tu alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.

Ave María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Quinto Misterio: 

No todos estamos llamados por Dios a salvar almas y a propagar su gloria mediante el elevado apostolado de la predicación; y has de saber que este no es el único y solo medio para alcanzar estos dos grandes ideales. El al-ma puede propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de las al-mas mediante una vida verdaderamente cristiana, orando incesantemente al Señor que «venga su reino», que su santísimo nombre «sea santifica-do», que «no nos deje caer en la tentación», que «nos libre del mal».
Esto es lo que debes hacer también tú, ofreciéndote plena y continuamen-te al Señor por este fin. Reza por los malvados, reza por los tibios, reza también por los fervorosos, y reza de modo especial por el sumo Pontífice, por todas las necesidades espirituales y temporales de la santa Iglesia, nuestra muy tierna madre; y eleva una oración especial por todos los que trabajan por la salvación de las almas y por la gloria de Dios en las misio-nes, entre tanta gente infiel e incrédula.
  (11 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 68)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesùs mìo, perdona nuestras culpas, lìbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesita-das de tu misericordia.
A
ve María Purísima                                                   sin pecado concebida
Santo Padre Pio Ruega por nosotros

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:

"Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países."

Salve, Tres ave María y Gloria

Rezamos la Oraciòn a san Miguel Arcángel poniendo los Grupos de oración  de Padre Pio bajo su protección, y en especial le rogamos asista , proteja y guarde la salud del Padre Gustavo Seivane,  asesor espiritual de los grupos de Argentina.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Re-prímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén." 


+  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Texto del Padre Gustavo Seivane *


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Las auténticas maravillas proceden de Dios. Él puede maravillar. El Creador opera signos. Las gentes, hoy, como ayer, buscan prodigios. Y en Jesucristo los sigue encontrando.

El milagro trae el arrebato dulce o asombroso. Mueve hacia Dios. Encamina a la conversión, despierta la alabanza, suscita peregrinaciones, decide cambios, y hace que se levanten templos y altares. Especialmente la curación de los enfermos. Porque la enfermedad (marca de nuestro ser contingente), en su trazo grueso de dolor, hunde en la súplica al humilde. En el corazón rebelde y soberbio, en cambio, la enfermedad no es ocasión de gracia, sino de ira. “Dios da su gracia a los humildes”, dice la Sagrada Escritura. “El amor es paciente”, enseña San Pablo.
Cristo, “que pasó por la tierra haciendo el bien”, supo ya no poder entrar en las ciudades. Las multitudes lo seguían “al ver los signos que realizaba curando a los enfermos”. Esto es, levantando de la postración. Aliviando las dolencias. Haciendo posible lo imposible. Mostrando su divino poder. Y revelando que el Reino de Dios estaba entre nosotros, y que las obras del diablo comenzaban a deshacerse.

“En la contemplación se busca el Principio”, es decir a Dios. Así lo enseñaba el Papa San Gregorio Magno. Recibido un milagro, ¿se seguirá buscando el Origen de todo lo que es? ¿Se persiste en el misterio? ¿Por qué de aquellos diez leprosos que viniera a sanar Jesús, uno sólo regresó para dar gracias? Buscar algo de Dios, es diferente a buscar a Dios por sí mismo. Y por eso, la relación con Dios no siempre es entrega. No siempre es pura. Las multitudes se acercaban a Cristo, pero pocos lo seguían. Hay admiraciones que no acaban en compromiso. Y hay compromisos que hacen de la totalidad de la vida un don para Dios.

Como en otras ocasiones, Jesús eligió la altura de una montaña para reunirse con sus discípulos. Aire limpio. Soledad callada. Amplia visión. 

La montaña denota firmeza, estabilidad, vertical sagrada. Desde allí, el Señor extenderá su mirada compasiva. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él”. El pueblo también ascendía para encontrar a Jesús. Y Jesucristo lo recibía. Y mientras se compadecía de las multitudes ponía a prueba a un discípulo. Jesús prueba a sus elegidos. Sondea la fe. Escudriña. Tantea cuánto estamos dispuestos a dar. Hasta dónde lo amamos. Él puede hacer preguntas que nos coloquen en una encrucijada. Creer o abandonar la lucha. Y así, dijo a Felipe: “¿dónde compraremos panes para darles de comer?” Él decía esto para ponerlo a prueba, porque Dios desnuda nuestra impotencia. Él nos muestra nuestra indigencia. Y, así, nos espera. Aguarda nuestro clamor, ya que el Amor es paciente. Porque admitidos nuestros límites, y sólo desde ellos, somos capaces de Dios. Del salto. De creer. Creer como quien se arroja a un abismo saltando desde un acantilado, y con los ojos vendados, y el corazón fijo en el Señor, gritando, amén, amén amén, seguros de ser recibidos por el Padre que ve en lo secreto, nuestro Adonay Absoluto.

Esos cinco panes de cebada son lo limitado. Nuestro límite. Aquello de lo que disponemos. Lo que podemos sabiamente presentar a Dios. Cinco: ser creaturas, ignorantes, ceñidos al tiempo y al espacio, pecadores, y mortales. Pero hay dos pescados también. Podrían representar, estos, las virtudes de la fe y la caridad. Ya que enseña el Apóstol San Juan: “Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio”.

Nuestros límites, y las virtudes divinas, son aquello que presentamos a Dios, para que él multiplique su gracia, manifieste su poder, y opere la salvación en nosotros.
La Salvación es la unión con Dios. Jesús vino a unirnos. Por él se realiza la unión con el Padre. El Espíritu Santo nos es dado para sellar la unión. Cualquier otro bien es perecedero, inestable, evanescente.

La unión salvadora con Dios ordena todas las cosas. Las jerarquiza. Unidos a Dios, por su Gracia, gustamos la paz. Son los signos de la Salvación mostrándose en nosotros.
En el Evangelio, hoy, se nos dice que Jesús mandó a que hicieran sentar a la multitud. Unos cinco mil hombres. Los ordenó. Aquello tuvo algo de rito. No fue sólo dar de comer, sino disponer al pueblo para la recepción de una Gracia extraordinaria. 

El orden conserva la paz, y hace posible la alabanza, la constatación del paso de Dios. “Jesús tomó los panes, dio gracias, y los distribuyó. Lo mismo hizo con los pescados”. He ahí una auténtica liturgia. El amor saciando, y anticipando el alimento verdadero, signo clarísimo de la Eucaristía, con la que Cristo alimentará al Pueblo santo hasta que vuelva. “Si no comen de este Pan, no tendrán vida en ustedes”, dice el Salvador.

“Al ver el signo decían: este es verdaderamente el Profeta que debía venir al mundo”. Y más que un Profeta. El Emmanuel. El Santo de Dios. La Verdad rechazada por migajas de muerte, por comidas envenenadas, por el pan de la idolatría, por los peces del diablo, por la mentira y la seducción de la oscuridad.

A Jesús, hoy como ayer, se lo acepta y se lo rechaza de muchos modos. Y en eso nos va la Vida y la muerte, la plenitud o el desorden desintegrador, la Gloria o la gehena.

¿Por qué lo quisieron hacer Rey? Porque, quisieron instrumentar la fuente de la Gracia. Manipular al Señor. Manejarlo para intereses bajos. “Ustedes son de la tierra, Yo Soy de lo Alto”, dirá en otra ocasión. En aquel momento dejaron de postrarse ante la maravilla. Y Jesús huyó. Como huye cada vez que lo queremos usar, cuando lo tratamos como objeto, como ídolo. Pero permanece allí donde el corazón se sacia desde la humildad, se maravilla ante el don de la vida y de la gracia, se inclina a adorar, y, a servir desde el último lugar.

Pequeña Hostia. Inmenso Dios. He ahí, el camino.

* Asesor espiritual de los Grupos de Oración del Padre Pio, Argentina

a Raffaelina Cerase


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Huye, huye hasta de la más mínima sombra que te haga sentirte importante. Reflexiona y ten siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y nuestra, la cual, a medida que aumentaban en ella los dones celestiales, profundizaba cada vez más en la humildad, de modo que, en el mismo momento en que fue cubierta por la sombra del Espíritu Santo, que la convirtió en Madre del Hijo de Dios, pudo cantar: «He aquí la esclava del Señor». Y lo mismo cantó nuestra tan querida Madre en casa de santa Isabel, a pesar de llevar en sus castas entrañas al Verbo hecho carne.
En la medida que crezcan los dones, crezca tu humildad, pensando que todo nos es dado como préstamo; al aumento de los dones vaya siempre unido el humilde agradecimiento hacia tan insigne bienhechor, de modo que tu espíritu prorrumpa en alabanzas continuas. Actuando así, desafiarás y vencerás todas las iras del infierno: las fuerzas enemigas serán despedazas, tú te salvarás y el enemigo se corroerá en su rabia. Confía en la ayuda divina y ten por cierto que quien te ha defendido hasta ahora, continuará su obra de salvación.

 (13 de mayo de 1915, Ep.II, p. 417)

a Maria Gargani


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Vive tranquila y no te inquietes por nada. Jesús está contigo, y te ama; y tú correspondes a sus inspiraciones y a su gracia, que obra en ti. Sigue obedeciendo a pesar de las resistencias internas y sin el alivio que se da en la obediencia y en la vida espiritual; porque está escrito que quien obedece no debe dar cuenta de sus acciones, y sólo debe esperar el premio de Dios y no el castigo. «El hombre obediente – dice el Espíritu – cantará victoria».
Recuerda siempre la obediencia de Jesús en el huerto y en la Cruz; fue con inmensa resistencia y sin consuelo; pero obedeció hasta lamentarse con los apóstoles y con su Padre; y su obediencia fue excelente y tanto más bella cuanto más amarga. Nunca, pues, fue tu alma tan grata a Dios como ahora que obedeces y sirves a Dios en la aridez y oscuridad. ¿Me he explicado? Vive tranquila y alegre, y no quieras dudar por ningún motivo de las aseveraciones de quien hoy dirige tu alma.
Del modo de actuar en ti la gracia divina, tú tienes todos los motivos para animarte y para esperar y confiar en Dios; porque es la actuación que suele tener con las almas que él ha elegido como su porción y su heredad. El prototipo, el modelo en el que es necesario mirarse y modelar nuestra vida, es Jesucristo.
Pero Jesús ha elegido por estandarte la cruz; y por eso quiere que todos sus seguidores recorran el camino del Calvario llevando la cruz, para después expirar tendidos en ella. Sólo por este camino se llega a la salvación.

(4 de septiembre de 1916 – Ep. III, p. 241)

"LOS PERFUMES DEL PADRE PIO" por Francesco Napolitano*


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En la vida de San José de Copertino, hijo del pobre Mendigo de Asís, encontramos muchas semejanzas con nuestro Padre Pío de Pietrelcina, como, por ejemplo, su gran amor hacia Dios y hacia las almas, el apostolado del confesonario, los éxtasis, la introspección de las con¬ciencias, la bilocación, la incomprensión y las persecucio¬nes de sus Superiores mayores, y también aquel fenómeno místico por el que su cuerpo, sus ropas, los objetos que él usaba, su celda..., todo emanaba un perfume tan suave y fragante que no se lo supo comparar con ningún otro, tanto natural como artificial.
Y es precisamente de este perfume de los santos, que emanaba también del Padre Pío, del que queremos hablar en este capítulo.
Entre las fuentes más auténticas y más seguras, citaremos primero las del Dr. Jorge Festa y el Dr. Luis Romanelli, que fueron las personas de confianza y los encargados por las autoridades eclesiásticas de examinar las llagas en la persona del Padre Pío.
El Dr. Festa, en su libro "Misterios de ciencia y luces de fe", declara: “La sangre, que mana a gotas de las heridas que el Padre Pío presenta en su persona, tiene un perfume fino y delicado, que muchos de los que se acercan a él han podido sentir.
... El Padre Pío no usa ni ha usado nunca ninguna clase de perfume; sin embargo, muchos de entre aquellos que se le acercan aseguran que emana de su persona un perfume agradable, como mezcla de violetas y rosas.
¿ Cuál es la fuente de tal fenómeno?
Por lo que me concierne, puedo asegurar que, en la primera visita que le hice, le saqué del costado un trapito empapado de sangre, que me lo llevé para hacer un estudio microscópico. Yo personalmente, por la razón anteriormente dicha (el Dr. Festa había perdido completamente el olfato) no he sentido el olor de ninguna emanación especial. Pero un distinguido oficial y otras personas que, al regreso, venían conmigo en el auto desde S. Giovanni Rotondo, y aún sin saber que yo llevaba conmigo en un estuche cerrado aquel trapito y no obstante la intensa ventilación provocada por la velocidad del auto, sintieron muy bien la fragancia y me aseguraron que correspondía exactamente al perfume que emana de la persona del Padre Pío.
Llegado a Roma, en los días sucesivos y por mucho tiempo, el mismo trapito, conservado en un mueble de mi consultorio, perfumó tanto el ambiente que muchas de las personas que venían a consultarme preguntaban a qué se debía.
El colega Dr. Romanelli, que me acompañó en la segunda visita que hice al Padre Pío y que posee un olfato en condiciones normales, y muchas otras personas que también han estado en S. Giovanni Rotondo, aun en ocasiones recientes, me han repetido las mismas impresiones...”.
Y transcribo el juicio expresado por el Dr. Luis Romanelli, Médico Jefe en el Hospital Civil de Barletta, al Padre Provincial de aquel entonces, Padre Pedro de Ischitella: “...He leído la relación escrita del Dr. Festa, en la que éste se manifiesta como un escrupuloso observador, un científico profundo y un buen crítico.
 ... Todas las veces que siento hablar del perfume, recuerdo muy bien que yo también he notado aquel perfume y, si me permite, casi diría que lo he gustado. En junio de 1919, cuando por primera vez fui a S. Giovanni Rotondo, apenas me presentaron al Padre Pío, noté que de su cuerpo provenía un cierto perfume, tanto que le dije al M. R. P. E. E. de Valenzano, que estaba conmigo, que no me parecía bien que un fraile, más aún tenido en aquel concepto, usase perfume.
En los otros dos días que permanecí en S. Giovanni Rotondo ya no noté ningún perfume, aun estando en la celda y en compañía del Padre Pío. Pero, antes de partir, y justo en las horas de la tarde, subiendo las escaleras, sentí de golpe el mismo olor del primer día, pero por un momento y nada más.
Y observé, muy reverendo Padre, que la mía no era sugestión: primero, porque nadie me había dicho nada de tal fenómeno y, después, porque, si hubiese sido sugestión, debía haber sentido aquel olor siempre y no a intervalos de mucho tiempo.
Y he querido hacer esta declaración porque es muy común la costumbre de atribuir a sugestión aquellos fenómenos que no se explican o que no se sabe explicar”.
El fenómeno del perfume ha hecho sonreír a muchos incrédulos y, al mismo tiempo, ha dado lugar a numerosas discusiones, como el de las llagas; pero también aquí la ciencia ha tenido que retirarse vencida. En tantos años los testimonios y los beneficiados de estos efluvios se han multiplicado tanto que ya no hay modo de poner en duda este extraño fenómeno, aunque sí se discute el significado.
Este fenómeno del perfume se manifestaba a veces, y se manifiesta aún hoy, después de la muerte del Padre, a oleadas, siendo claramente percibido por todos los que se encuentran en el mismo local y desapareciendo al poco tiempo; otras veces persiste y se conserva. Muchas veces unos lo perciben y otros no, aun estando todos en el mismo lugar.
De las experiencias recogidas, se puede decir que este perfume es una prueba de la presencia espiritual del Padre Pío en aquellos a los que quiere beneficiar, guiar, sostener, aconsejar o amonestar; y se da de modo especial en las curaciones, en las conversiones y en los momentos de tomar decisiones importantes; y, no pocas veces, ha tenido un poder decisivo en la vida de determinadas personas. Otras veces ha sido un simple aviso, como le sucedió a una pobre mujer de S. Giovanni Rotondo, que, mientras recogía castañas en un monte, caminaba hacia atrás y, al sentir de golpe el fuerte olor de violetas, se dio vuelta y vio junto a sí el precipicio.
No era raro que el fenómeno se manifestase entre grupos de amigos o hijos espirituales del Padre cuando hablaban de él, casi como si Jesús hubiese querido cumplir de este modo la promesa de estar presente cuando por lo menos tres devotos se hubieran reunido en oración.
Con más frecuencia aún, el perfume del Padre Pío ha sido la respuesta afirmativa a una gracia pedida, como, por ejemplo, en el caso del contador Laderchi, de Cosenza.
Estaba agonizando en el hospital, adonde lo habían llevado gravemente herido en la cabeza, por haberse caído de un camión. Su mujer y los familiares rezaban en la capilla del hospital, suplicando febrilmente al Padre Pío, cuando una oleada de intenso perfume “co¬mo de seto vivo florecido” invadió la capilla. ¡Helo aquí!, ¡el Padre Pío que nos trae la salvación! Rena¬cieron de golpe las esperanzas casi muertas y se alegraron los corazones, llenos de gratitud.
Y además, ¿cómo puede ser una ilusión si el perfume se siente aun a gran distancia e inesperadamente? Porque lo que más asombra es justamente eso: que se percibe en una ciudad lejana de S. Giovanni Rotondo como es Génova, o Milán, o Venecia, y hasta en el extranjero, cuando menos se lo espera y sin causa alguna que lo produzca.
Que perfume la ropa del Padre o los ornamentos sagrados es, en fin, más comprensible; pero que el perfume lo sienta, por ejemplo, un hombre que viaja, o que lo sienta una persona desconocida, o un incrédulo, como a veces sucede, esto es lo maravilloso que nos deja perple¬jos. ¿Por qué asombrarnos entonces si Dios se sirve de un simple mortal, particularmente querido, para dar con¬tinuas manifestaciones de sí?
A este propósito transcribimos un episodio cuyo valor probatorio, dice María Winowska, surge de la declaración de testigos que en verdad no sabían nada de los “eflu¬vios” del Padre Pío.
Dos jóvenes esposos polacos, residentes en Inglaterra, tenían que tomar una grave decisión. Habiendo reflexio¬nado mucho tiempo sobre los “pro” y los “contra”, se encontraban al final ante un dilema serio y estaban muy abatidos.
Humanamente hablando, su situación parecía desesperada. ¿Qué hacer? Alguien les habló del Padre Pío. Le escribieron. No recibieron contestación. Entonces se decidieron a ir a S. Giovanni Rotondo, para pedirle personalmente ayuda y consejo.
Desde Inglaterra a S. Giovanni Rotondo el viaje es largo. Y nuestros viajeros se detuvieron en Berna (Suiza) y se preguntaban con angustia si valía la pena seguir o no. ¿Y si el Padre ni siquiera los recibiera...? Alguien les había dicho, cuando emprendían el viaje, que lo habían “secuestrado”. Todo aquel viaje y todos los gastos ¿no serían inútiles?
Era tarde. Ellos conversaban familiarmente en la habitación del hotel, que era de ínfima categoría, ya que por economía habían tomado una posada.
Era invierno y nevaba. Muertos de frío, descorazonados, estaban a punto de decidirse a volver, cuando de golpe se sintieron envueltos por un perfume exquisito y fuerte, tan agradable que se sintieron “reconfortados del todo”.
La joven señora se puso a inspeccionar la cómoda, el armario, en fin, todo con tal de encontrar la botella de perfume que algún viajero distraído habría olvidado allí. ¡Búsqueda inútil! Poco después el perfume se había desvanecido y la habitación volvió a exhalar un olor a lugar cerrado, fétido como de cloaca y moho.
Curiosos y llenos de dudas, nuestros viajeros preguntaron al dueño de la posada, que parecía caer de las nubes. Era la primera vez que los clientes de su hotel, que no estaba precisamente perfumado al agua de rosas, creían sentir olor de perfumes. No obstante y a pesar de todo, esta aventura los reanimó y los confirmó en el propósito de continuar el viaje costara lo que costase.
Llegados a S. Giovanni Rotondo, fueron enseguida a ver al Padre Pío, quien los recibió con los brazos abiertos.
El joven, que sabía italiano, balbuceó algo.
“Le hemos escrito, Padre, ¿por qué no nos ha contestado?”.
“¿Cómo que no os he contestado? ¿Y aquella tarde, en el hotel suizo, no sintieron nada?”.
En pocas palabras, les resolvió la dificultad que tenían y los despidió.
Embelesados, rebosando alegría y reconocimiento, se dieron cuenta de “este modo de responder” del Padre Pío con aquellos que lo llaman pidiendo socorro.
Y el Padre Rosario de Aliminusa, en su manuscrito “Informaciones”, declara: “Yo lo he sentido todos los días, continuamente, por tres meses seguidos en los primeros tiempos de mi llegada a S. Giovanni Rotondo, a la hora de vísperas. Saliendo de mi celda, contigua a la del Padre Pío, sentía que venía desde ésta un olor agradable y fuerte, del cual no sabría precisar las características. Una vez, la primera vez, después de haber sentido en la sacristía vieja un fortísimo y delicado perfume, que emanaba de la silla usada por el Padre para la confesión de los hombres, pasando por delante de la celda del Padre Pío, sentí un fuerte olor de ácido fénico. Otras veces, el perfume ligero y delicado, emanaba de sus manos”.
El Padre Rosario de Aliminusa fue Superior del convento de S. Giovanni Rotondo desde el 18 de septiembre de 1960 hasta el 23 de enero de 1964.
Son innumerables las personas que han sentido el perfume del Padre Pío durante su vida y aun después de su muerte. Podríamos continuar con las deposiciones de los testigos y las declaraciones de las personas beneficiadas por tantísimos otros hechos, pero preferimos callar para no ser prolijos y cansar al lector, y concluir diciendo que el perfume del Padre Pío fue y es hasta ahora un fenómeno misterioso, que puede parecer extraño e inexplicable para quien no tiene aquella fe que todo lo relaciona con el Supremo Dador de toda maravilla; pero si el creyente sabe que los dones de Dios superan toda imaginación y se renuevan siempre bajo formas diversas, sabe también que debe admirarlos sin discutirlos, con humildad y veneración.
“Y en fin - continúa Winowska - no hay duda de que estos efluvios tienen un significado bien determinado y se agregan al arsenal apostólico del Padre Pío, a los dones sobrenaturales que Dios le concede para ayudar, atraer y consolar, o para poner en guardia a las almas que le han sido confiadas”.

* de Padre Pio , el Estigmatizado, Cap. 13

"Pensamientos, experiencias , suigerencias" por Melchor de Pobladura


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219. Me veo en una gran desolación. Me encuentro solo para llevar el peso de todos y la preocupación de no poder comunicar el alivio espiritual a quienes Jesús me envía. El hecho de ver cómo muchas almas se obstinan en permanecer en el mal, a pesar del sumo Bien, me aflige, me acongoja, me martiriza, me debilita la mente y me desgarra el corazón. ¡Oh, Dios mío, y qué espina siento clavada en el corazón! (1181).

220. ¡Ah!, también Vos, Dios mío, comprendéis cuán terrible martirio es para mi alma el ver las grandes ofensas que en estos tristísimos tiempos os hacen los hijos de los hombres y la horrible ingratitud con que os pagan las pruebas de amor y el poco o ningún cuidado que sienten por perderos a Vos.
¡Dios mío! , ¡Dios mío! ¿Es necesario admitir que éstos ya no creen en Vos, desde el momento en que con tanta descortesía os niegan el tributo de su amor?' ¡Ay de mí! ¡Dios mío!, ¿cuándo llegará la hora en que esta alma vea restaurado vuestro reino de amor?... ¿Cuándo pondréis fin a este mi tormento? (676).

a Rafafelina Cerase


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"El apóstol se alegra al pensar que por nada será confundido y que de ningún modo descuidará su deber de apóstol de Jesucristo. Se alegra también de que en su cuerpo, incluso en medio de todas las cadenas a las que está sometido, Jesús siempre será glorificado. Si vive, exaltará a Jesucristo por medio de su vida y de su predicación, también estando en cárcel, como ya lo había hecho hasta ahora predicando a Jesucristo a los del pretorio; si, en cambio, es martirizado, glorificará a Jesucristo ofreciéndole el supremo testimonio de su amor.
Por tanto, declara abiertamente que su vivir es Cristo, que es para él como el alma y el centro de toda su vida, el motor de todas sus acciones, la meta de todas sus aspiraciones. Y después de haber dicho que su vida es Jesucristo, añade también que su morir es una ganancia para él, porque con su martirio dará a Jesús testimonio solemne de su amor, conseguirá que su unión con Jesús sea más irrompible, y aumentará también la gloria que le espera.
¿Qué dices, Raffaelina, de este modo de hablar? ¡Las almas mundanas, al no tener ningún conocimiento de gustos sobrenaturales y celestiales, al oír semejante lenguaje, se ríen y tienen razón!, porque el hombre animal, dice el Espíritu Santo, no percibe las cosas que son de Dios. Ellas, pobrecillas, que no tienen otros gustos que no sean de barro y de tierra, no pueden hacerse una idea de la felicidad que las almas espirituales dicen experimentar al padecer y morir por Jesucristo.
¡Oh, cuánto mejor para ellas si, en lugar de maravillarse y de reírse, reconocieran su culpa y admiraran, al menos en silencioso respeto, la entrega afectuosa de estas almas, que tienen un corazón tan encendido en amor divino!"
 (23 de febrero de 1915 – Ep. II, p. 340)

De san Francisco de Asís - Admonición 26


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Los siervos de Dios honren a los clérigos:
"Dichoso el siervo que mantiene la fe en los clérigos que viven según la forma de la santa Iglesia romana. Y ¡ay de aquellos que los desprecian!. Pues, aunque sean pecadores, nadie, sin embargo, debe juzgarlos, porque el Señor mismo se reserva para sí sólo el juicio. Porque, cuanto mayor es el ministerio que tienen del santísimo cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que ellos reciben y ellos solos administran a los demás, más pecado tienen los que pecan contra ellos que los que lo hacen contra todos los demás hombres de este mundo."

Homilía del Padre Gustavo Seivane ante el corazón de Padre Pio - Argentina - 23 de Abril


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Somos dichosos. Cantamos las misericordias del Señor. Bendecimos su santo Nombre. Nos gozamos en su Providencia. 
Es que su amor fiel, su firme amor, hoy nos trae a la Eucaristía y nos permite venerar una reliquia. 
La reliquia de un santo, nos hace presente de algún modo al santo. Nos permite evocar.  Nos concentra, nos cita, nos convoca en torno a ella, y nos mueve a orar. 
Junto a la reliquia de un santo nace la invocación y el agradecimiento. En ella encontramos la huella conmovedora del que mucho amó Dios, ejercitando heroicamente las virtudes,  gastando sus días por el Reino de Jesús. 
La reliquia de un santo nos habla. Y en silencio recibimos su misterioso mensaje. Un mensaje personal. Una comunicación en la que la divina gracia nos reviste de los bienes de Cristo. 
Está entre nosotros el corazón del Padre Pío… Y ello nos reconforta, nos inclina ante lo sagrado, nos limpia de pesares, nos levanta y enciende en la fe. Creyendo avanzamos. Creyendo nos restauramos. Creyendo decimos con el salmista: “suba nuestra oración, Señor, como incienso en tu Presencia”.
Es que en este peregrinar como Iglesia, como Pueblo de la Nueva Alianza,  celebrando la fe, “tenemos el pensamiento puesto en las cosas celestiales”, nos regocijamos en la “comunión de los santos”, y nos animamos los unos a los otros al creer. Creemos como pequeños de Jesús. Creemos, y nos ponemos al alcance de la misericordia.
La Providencia de aquel que todo lo puede a querido que el corazón del Padre Pío llegue a la Argentina. Es una gracia de su compasión augusta, es su misma fuerza compasiva buscándonos, asistiéndonos, desplegando su benevolencia y dulzuras santas,  en jornadas que están siendo ricas en devoción, en restitución de ímpetus, y en respuestas de conversión. Late el amor de Cristo en sus elegidos. Late la presencia amorosa de San Pío en todos nosotros.
Aquí está su corazón. Pero el corazón físico que yace aquí como reliquia, nos habla del otro corazón del Padre Pío, el que nos evoca “su interior”, sus sentimientos, sus pensamientos, sus decisiones, su entrega, la profundidad de lo que fuera su relación con Dios.
Se trata del hombre en el que la semilla de la Palabra de Dios cayó como en tierra fértil, y fue escuchada con un corazón bien dispuesto, y retenida hasta dar fruto gracias a la constancia.  Se trata del humilde fraile “que sólo quería rezar”, y en quien se ha cumplido la bienaventuranza: “Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios”. Contemplamos a uno de los muchos hijos de San Francisco, que habiendo imitado a Cristo con un corazón de fuego, parece venir a decirnos aquellas palabras de San Pablo: “Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así, podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios”.
El Padre Pío vivió así. Entregado a Dios y sirviendo a los hermanos. Abismado en Dios para emerger con los tesoros de la gracia y comunicarlos a los sufrientes. Ocupado en restituirles la paz, el conocimiento de los caminos santos, la salud del cuerpo y del alma, la liberación de las opresiones perpetradas por el adversario. 
Él mostró la luz de la Verdad a muchos extraviados. Fue boca de Dios en el consejo y la predicación. Fue la alegría de innumerables hijos de la Iglesia, que volviendo al camino recto, gustaron “qué bueno es el Señor”. Vivió absorto en el Nombre que está por encima de todo nombre. Alejó desdichas, consoló, elevó las almas a deseos celestiales, puso medicinas salvíficas en el rebaño herido. Se hizo todo a todos, fiel servidor, lámpara encendida hasta el final.
“El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho”, dice Jesús.
Dios no se repite. Embellece. Y a cada santo lo ajusta al divino modelo, que es Cristo, con sus rasgos particulares, con su temperamento, con su lengua y huella local. Lo asocia en creciente intensidad y despojo a la Cruz. Lo hace amante olvidado de sí mismo. Abismado en lo inefable y en la caridad.
Y ahí, lo hallamos al estigmatizado nacido en Pietrelcina. Cincuenta años perforado en sus carnes. Cincuenta años sirviendo, y, cargando con las llagas de Cristo. Heridas sobrenaturales, marcas de una predilección y  de una misión a la vez.
Un biógrafo suyo, el Padre Luna, dice con verdad: “ Dios quiso santificar al Padre Pío, privándole de todo en la tierra, para ser Él su recompensa ”. 
Salvar almas era su desvelo, su sacrificio, el sentido de sus penitencias, de sus penas y alegrías de pastor. Batallas y fatigas que lo elevaban en amor, y lo hacían confidente de la Virgen. 
Firmó con su sangre sacerdotal el rescate de sus hermanos, los muchos liberados y sanados para gloria del tres veces Santo. Los méritos de todo aquello ,hoy vemos que se expanden de modo admirable, para que glorifiquemos el poder y la misericordia de nuestro Dios. 
“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, dice Jesucristo. Y San Pío donó su vida. La fue dando firmemente. Con dedicada perseverancia. Con esa fidelidad del honesto. En obediencia. Sin pausa. Sangrando desde joven. Amando, como todo enamorado de Dios, con apasionamiento, con intensidad, y, olvidado de sí: porque el que ama está más en el amado que en sí mismo. Porque “donde está tu tesoro estará tu corazón”, dice Jesucristo, y porque el fuego que consumía a este fraile capuchino, era sobrenatural, eran las llamas del Espíritu Santo que lo habitaba, el Espíritu que generaba un Pentecostés continuo en su alma, y que lo incendiaba, lo traspasaba de misteriosas irradiaciones, y lo reunía en conversación con los ángeles. 
Hoy, sus devotos nos alegramos. Al venerar su corazón como reliquia le encomendamos nuestra Patria, los Grupos de Oración extendidos por el vasto suelo argentino, y todas las necesidades de los hijos de la Iglesia. Cantamos las misericordias del Señor. Y damos gracias. Amén.