Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Archive for septiembre 2013

Septiembre: día 29 a octubre: día 5.


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29.  No estéis con la preocupación de que me estáis robando el tiempo, porque el tiempo mejor empleado es el que se dedica a la santificación del alma del prójimo. Yo no tengo otro modo de agradecer la bondad del Padre celestial que cuando me presenta las almas a las que puedo ayudar de alguna forma (MC, 83).

30.  Jamás me ha pasado por la cabeza la idea de vengarme: he rogado y ruego por los que me denigran. Sí, que alguna vez he dicho al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún latigazo, dáselos también, con tal de que se salven” (AD, 127).

1.  Recorred con sencillez el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu. Odiad, sí, vuestros defectos pero con un odio tranquilo y no perturbador e inquieto. Es necesario tener paciencia con ellos y sacar ventaja de los mismos por un santo abajamiento. Cuando falta esta paciencia, mis buenas hijas, vuestras imperfecciones, en vez de disminuir, crecen cada vez más, porque no hay nada que una tanto nuestros defectos como la inquietud y la preocupación por quererlos alejar (Epist.III, p.579).

2.  Guardaos de la ansiedad y de las inquietudes, porque no hay cosa que impida tanto el caminar hacia la perfección. Pon, hija mía, dulcemente tu corazón en las llagas de nuestro Señor, pero no a base de esfuerzos. Ten gran confianza en su misericordia y en su bondad. El no te abandonará jamás, pero no dejes por eso de abrazar estrechamente su santa cruz (Epist.III, p.707).

3.  No te inquietes cuando no puedes meditar, no puedes comulgar o no puedes llegar a todas las prácticas de devoción. En esta situación, busca suplirlas de otro modo, manteniéndote unida a nuestro Señor con una voluntad amorosa, con las oraciones jaculatorias, con las comuniones espirituales (Epist.III, p.424).

4.  Caminamos, pues, siempre, incluso cuando nuestro paso es lento; pues si nuestro afecto es bien intencionado y decidido, no podemos sino caminar bien. No, mis queridísimas hijas, no es necesario para el ejercicio de la virtud estar atentas siempre y en cada momento a todas las virtudes; esto, en verdad, embrollaría y enredaría demasiado vuestros pensamientos y afectos (Epist.III, p.588).

5.  Expulsa de una vez por toda la perplejidad y las ansiedades y goza en paz de las dulcísimas penas del Amado (Epist.III, p.436).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue acercándose como padre y protector aun sin ser llamado.


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No fue el Padre Pío el que pidió al Señor esa “misión grandísima”. Se la confió el Señor y le manifestó esta encomienda a la temprana edad de 15-16 años, cuando el muchacho de Pietrelcina se formaba para capuchino, en el convento de Morcone, en el año del noviciado. Y parece claro que, para cumplir esa “misión grandísima”, el Fraile capuchino se sentía urgido también a saltarse todas las normas de “buena educación” y a hacerse presente incluso donde no era ni buscado ni llamado, no sé si también donde era rechazado.
Los testimonios de quienes han sentido el “perfume del Padre Pío”, indican que esto sucedía y sucede tanto a personas que ya conocían al Santo como a quienes nunca habían oído hablar de él; a devotos que le habían invocado pidiéndole una gracia o un milagro y a otros que nunca se habían encomendado a sus oraciones; a conocedores de este modo de manifestarse del Fraile capuchino, tan grato y sorprendente al olfato, y también a quienes ignoraban absolutamente este hecho…
Lo mismo se puede afirmar de quienes recibieron o reciben gracias especiales del Señor a través del Santo de Pietrelcina. Por eso, si sus intervenciones no fuesen tan beneficiosas, muchos de los que ni ellos ni otros de su entorno habían acudido a él le podrían decir: «Padre Pío, «¡donde no te llaman para qué te querrán!». Y, además, al Fraile capuchino le gustaba, y, al parecer, le gusta, “hacerlo como de puntillas”, para que el beneficiado por su acción paternal y protectora necesite un tiempo para saber quién ha intervenido en acción caritativa tan sorprendente.
Los hechos a los que me refiero fueron muchos en vida del Padre Pío. El del General Cardona aparece en casi todas las biografías y lo tomo de una de ellas: «En noviembre de 1917, durante la primera guerra europea, el ejército italiano sufrió una gran derrota en Caporetto. Como primera consecuencia del desastre fue depuesto de su cargo el General Luis Cadorna, Comandante en jefe del ejército italiano, y sustituido por el General Armando Díez. Las críticas acerbas que se hacían del general derrotado y, sobre todo, el hecho mismo de la derrota, sumieron al General en una depresión nerviosa tal que decidió acabar con su vida. Acampaba entonces el General en una tienda de campaña, preparada exprofeso para él, en el palacio Zara de Treviso. Los centinelas tenían orden rigurosa de no dejar pasar a nadie por ningún motivo a la tienda del General. En el momento trágico en que el General tenía desenfundada su pistola para consumar el suicidio, aparece frente a él, de forma inexplicable, un religioso vestido de hábito capuchino. Pudo percibir en aquel momento, como así lo recordaba después el General, un fuerte y agradable perfume de violetas o rosas. Tenía aquel fraile las manos teñidas de sangre; se planta enérgico ante el General, le dirige una mirada penetrante y le dice: - “¡Nada de matarse! ¡No debes cometer semejante locura! ¡Enfunda otra vez la pistola!”. El General quedó atónito, estremecido. Como por ensalmo cambió su estado de ánimo, se sintió otro hombre. No sabía en qué pensar, ni qué hacer. Recuperó la serenidad y obedeció humildemente. Transcurrió algún tiempo y llamó al jefe de guardia para preguntarle cómo se habían quebrantado órdenes tan terminantes como tenía dadas de que nadie penetrase en su tienda de campaña. Los componentes de la guardia respondieron unánimemente que por allí no habían visto pasar a nadie. El General seguía estupefacto, pero había logrado superar la crisis y se preparaba valientemente para sobreponerse a todos los sinsabores que le acarreó la derrota. Pasó el tiempo; contó más de una vez el General a sus íntimos lo que en esta fecha aciaga de su vida le había ocurrido; algunos de sus amigos le hicieron observar que tal religioso no podía ser otro que el padre Pío, el famoso estigmatizado, de quien por entonces se contaban maravillas. Más tarde, en 1920, partió el General de incógnito para san Giovanni; no comunicó a nadie su personalidad ni el objeto de su visita. ¡Cuál sería su extrañeza cuando, sin llegar todavía a la portería del convento, oye que le llaman por su nombre y que le dicen que el padre Pío le esperaba! Ya a la vista del padre Pío, lo reconoció inmediatamente. - “Pero, ¡si éste es el mismo fraile que se presentó ante mí en aquella ocasión”, exclama, sin poderse contener. Se le acerca el padre Pío y confidencialmente le dice: - “¡Mi General! ¡Qué mal lo pasamos aquella noche!, ¿no es verdad?”».
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Este suceso, del que fui informado hace algún tiempo por quien intervino en la última parte del relato, -evito los datos que permitirían identificar a la persona beneficiada, porque no he podido comunicarme con ella para obtener su autorización-  indica que el Padre Pío sigue acercándose, también después de su muerte, como padre y protector, aun sin ser llamado.

Una caída de cabeza desde un animal en el que cabalgaba por el monte. Traslado a un hospital en helicóptero. El médico que le había atendido en urgencias que pregunta:  - «Pero, ¿aún vive la persona aquella? De sobrevivir, para siempre tetrapléjica, con graves secuelas cerebrales. Tan sólo un 1% de los que sufren estas caídas sobreviven». Y los médicos enfadados al saber que el “enfermo” no hacía el reposo prescrito…
Pero al “enfermo”, a las pocas semanas del terrible suceso, la persona que me informó lo encontró trabajando en su profesión, sin secuelas, como si nada hubiera pasado...
Al escuchar el relato de hecho tan sorprendente, le preguntó: - «¿Recuerda qué día sucedió su accidente?». - «¡Claro que lo recuerdo! Fue el pasado veinticinco de mayo». Cuando, a los pocos días, esta devota del Santo de Pietrelcina pudo entregar una estampa de San Pío a la que, según la medicina, tendría que ser de por vida una persona tetrapléjica, ésta, al ver la fotografía, sonrió como si ya lo conociera desde algún tiempo y le preguntó quién era. Y ella: «Es el Padre Pío, San Pío de Pietrelcina;  y el día que usted se cayó, el 25 de mayo, sus devotos celebramos el aniversario de su nacimiento. Y usted volvió a nacer de nuevo ese día». Agarró fuertemente la mano de quien le regaló la estampa y, con una sonrisa de oreja a oreja, le dio las gracias.
 Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (7).


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El Padre Pío cumplió la “misión grandísima” que le confió el Señor con sus escritos, en los tres modos que he expuesto en los tres últimos escritos de esta etiqueta de la página web. Y la cumplió también con su palabra.
Es cierto que el Capuchino de Pietrelcina no se dedicó al ministerio de la predicación. La respuesta que, en junio de 1921, dio al Visitador apostólico Rafael Carlos Rossi la podría haber repetido al final de su vida. «¿Cuando fue autorizado para el ministerio de las confesiones y de la predicación?», le preguntó. Y su respuesta: «Predicar no he predicado nunca». Tampoco lo hizo con esa forma de predicación que es la homilía, aconsejada en todas las celebraciones litúrgicas, y obligatoria en muchas de ellas, desde la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, pues ésta le alcanzó al Padre Pío en los últimos años de su vida y cuando ya era muy anciano.
Pero el ministerio de la palabra, que, como escribe San Pablo a su discípulo Timoteo, es «útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2Tim 3, 16), el Padre Pío lo ejercitó a diario y, a juzgar por los frutos que producía, de forma muy adecuada y convincente.
Dejando las etapas anteriores de su vida y ciñéndonos a los 52 años que pasó en San Giovanni Rotondo (4 de septiembre de 1916 – 23 de septiembre de 1968), podemos decir que el Padre Pío ejercitó este ministerio de la palabra de estos cuatro modos: en el confesonario, antes del rezo diario del Ángelus, en relación a las dos Obras promovidas por él: los Grupos de Oración y el hospital “Casa Alivio del sufrimiento”, y en conversaciones privadas, tanto a grupos como a personas determinadas.
- Difícil conocer, por su carácter reservado, los mensajes con los que el Padre Pío enseñaba, argüía, corregía y educaba a los penitentes, al administrarles el Sacramento de la confesión. Sabemos que era un confesor no precipitado pero que no perdía el tiempo en conversaciones inútiles o ajenas a la confesión. Conocemos que fueron muchas decenas de miles las personas de los cinco continentes que celebraron con él este sacramento. No nos faltan testimonios de conversiones sinceras, también clamorosas, como consecuencia de estos encuentros con el Dios de la misericordia a través de este santo confesor… De cómo quedaban grabadas en la mente y en corazón las palabras y la actuación del Padre Pío confesor, puede ser una clara señal el testimonio del Papa Juan Pablo II, dado por escrito el 5 de abril del 2002, a la distancia de 54 años de haberse confesado con el Fraile capuchino, cuando el joven sacerdote polaco, que realizaba estudios de filosofía en el “Angelicum” de Roma, llegó a San Giovanni Rotondo «al atardecer de un día de abril de 1948»: «Durante la confesión resultó que el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».
- ¡Qué fuerza de exhortación y de estímulo para la vida cristiana tenían los breves mensajes del Padre Pío antes del rezo diario del Ángelus, normalmente en dos momentos: a mediodía, hora tradicional de esta oración mariana, y al atardecer, cuando despedía a los fieles que habían viajado hasta San Giovanni Rotondo! Lo manifiestan estas palabras de un religioso que compartió con el Padre Pío durante muchos años la vida de fraternidad: «¡Qué  cálida era su voz cuando rezaba con los demás, en la huerta, en el coro, desde la ventana..., el Ángelus!». O porque eran los más repetidos en esos momentos de oración, o porque los ofrecía con fervor especial, o por las dos cosas a la vez, los mensajes que se refieren a la Virgen María son los más fáciles de encontrar en los escritos sobre el Padre Pío. En ellos iban apareciendo los dones extraordinarios de la Virgen María: Inmaculada, Madre de Dios, Virgen y Madre, Asunta en cuerpo y alma al cielo, Mediadora de todas las gracias…, sus virtudes, las exigencias de la verdadera devoción a María… Un ejemplo:  «Abrasémonos cada día más en el amor a esta Madre y estemos seguros de que nada nos será negado, porque nada le falta a Ella, que tiene un corazón de Madre y de Reina».
- El Padre Pío no se limitó a poner en marcha las dos Obras que antes he citado y que las quiso íntimamente unidas: los Grupos de Oración y el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”. Supo ofrecerles desde su inicio las orientaciones adecuadas. Sirvan de ejemplo este mensaje a los Grupos de Oración, que nacían como ayuda a la “Casa Alivio del Sufrimiento”: «No os canséis nunca de orar. Es algo esencial. La oración hace violencia al corazón de Dios, obtiene las gracias necesarias. Sin la oración nuestra “Casa Alivio del Sufrimiento” es como una planta sin aire y sin sol…La oración es la fuerza unida de todas las almas buenas, es la que mueve el mundo, renueva las conciencias, lleva ánimos a los que sufren, sana a los enfermos, santifica el trabajo, eleva la asistencia sanitaria, otorga fuerza moral y resignación cristiana al dolor humano, derrama la sonrisa y la bendición de Dios sobre todo sufrimiento y debilidad». Y también las palabras que, en mayo de 1957, en el primer año de vida de la “Casa Alivio del Sufrimiento”, pronunció el Padre Pío en relación al hospital: «Esta obra, si fuese sólo para aliviar los cuerpos, no pasaría de ser una clínica modelo, levantada con la aportación de vuestra caridad, extraordinariamente generosa. Pero fue estimulada, apremiada, para que fuera reclamo para amar a Dios, mediante el reclamo de la caridad. El que sufre debe vivir en ella el amor de Dios por medio de una inteligente aceptación de sus dolores, de la serena meditación de que su destino es Dios. En ella el amor a Dios debe afianzarse en el alma del enfermo, mediante el amor a Jesús crucificado, que brotará de los que cuidan la enfermedad del cuerpo y del alma».
- De las orientaciones que el Padre Pío daba de palabra, bien a quienes se le acercaban en grupo bien a personas concretas, tenemos muchas informaciones, porque son muchos los destinatarios de las mismas que han querido transmitirlas por escrito. Y son muchos los que afirman que el Fraile capuchino aprovechaba todas las ocasiones, incluso en los momentos de esparcimiento, para ofrecer, casi siempre con buen humor, unas palabras útiles «para enseñar, para argüir, para corregir…». Siempre me ha impresionado este breve diálogo entre el Padre Pío y el padre Eusebio Notte, contado por éste último en el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío. Para entender la fuerza de este mensaje del Fraile capuchino hay que recordar que el padre Justino de Lecce fue el religioso que colocó los micrófonos y el magnetofón con el que, a ocultas, se grabaron conversaciones privadas e incluso confesiones atendidas por el Santo y, además, cuando tenía el encargo de “ángel custodio” del ya anciano Padre Pío. «Una noche estaba a solas con el Padre Pío en su celda n. 1. Y noté que el Siervo de Dios oraba con particular recogimiento. Confidencialmente le pregunté: “¿Tiene alguna preocupación esta noche?”. El Padre Pío enseguida y sin inmutarse: “Estoy orando por el padre Justino”. A lo que yo, casi enojado: “¡Ah!, Padre, ¡eso no!; ¡es demasiado!”. Y el Padre Pío: “Hijo mío, también él es un alma a la que salvar”».

Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 22 al 28.


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22.  Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede decir: "El Padre Pío es mío". Amo mucho a todos mis hermanos de este destierro. Amo a mis hijos espirituales igual que a mi alma y más todavía. Los he reengendrado para Jesús en el dolor y en el amor. Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales; más todavía, prometo decir al Señor, cuando me llame: "Señor, yo me quedo a la puerta del paraíso. Entraré cuando haya visto entrar al último de mis hijos".
Sufro mucho al no poder ganar a todos mis hermanos para Dios. En ocasiones, estoy a punto de morir de infarto de corazón al ver a tantas almas que sufren y no poder aliviarlas y a tantos hermanos aliados con Satanás. (AP).

23.  La vida no es otra cosa que una continua reacción contra uno mismo; y no se abre a la belleza, si no es a precio de sufrimiento. Manteneos siempre en compañía de Jesús en Getsemaní y él sabrá confortaros cuando os lleguen las horas de angustia (ASN, 15).

24.  Hay algo que no puedo soportar de ningún modo y es esto: Si tengo que hacer yo un reproche, estoy siempre dispuesto a hacerlo. Pero ver que otro lo hace, no lo puedo sufrir. Por eso, ver a otro humillado o mortificado me resulta insoportable (T, 120).

25.  Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve justos.
Son en verdad reconfortantes estas palabras del Redentor para tantas almas que tuvieron la desgracia de pecar y que quieren convertirse y volver a Jesús (Epist.III, p.1082).

26.  Las desgracias de la humanidad: éstos son los pensamientos para todos (T, 95).

27.  No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún. Desprécialas y no te obsesiones con ellas (Epist.III, p.503).

28.  Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo".
Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora (FSP, 119).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)

Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue visitando enfermos y ofreciéndoles la Vida de Cristo.


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El Padre Pío de Pietrelcina, al menos desde que la afluencia de fieles a su confesonario era tan numerosa que le llevaba a dedicar hasta 12, 15 y más horas diarias a atenderlos, poco tiempo tenía para dedicarlo a los enfermos. Sí que visitaba a sus hermanos de Fraternidad cuando caían en cama; y, desde la inauguración del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, en mayo de 1956, también con alguna frecuencia a los que allí estaban ingresados, especialmente a los niños.
Pero se preocupó de que un número suficiente de sacerdotes capuchinos fueran los capellanes del hospital, para que los enfermos estuvieran bien atendidos espiritualmente porque, además de la celebración de la Misa y del rezo del Rosario y de otras celebraciones propias de los tiempos litúrgicos, que podían seguir también desde sus habitaciones, les ofrecían la posibilidad de confesarse, recibir la comunión y la unción de los enfermos, ser visitados…
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¿Sigue actuando el Padre Pío hoy del mismo modo? La respuesta se la podrá dar cada uno de los lectores, ante este testimonio de Wiliam Rodríguez Campos, que me ha llegado de Venezuela:

Durante un Retiro de Diáconos permanentes y de Candidatos a esta forma del Diaconado, en mi diócesis de Los Teques, el comentario en pasillos y por la noche era el libro “Los milagros desconocidos del Santo de los estigmas”. Nos fuimos pasando el libro, lo leímos, intercambiamos impresiones, etc. Además, yo he trabajado durante años con un sacerdote salesiano que, en medio de dudas, fue a consultar al Padre Pío y éste -sin conocerle y sin saber de su ida al confesionario- le anunció que, si abandonaba el sacerdocio, se condenaría. Años después, cayó en mis manos un libro sobre el Padre Pío, que me impresionó. Al ver con mi familia una película sobre el Santo capuchino, me conmoví profundamente. En todo esto creo que estaba actuando el Padre Pío para prepararme a la misión que ahora estoy cumpliendo y que deseo potenciarla en el futuro.
Como ejerzo de acólito en mi parroquia, compagino mi trabajo con la actividad pastoral de visitar a enfermos y llevarles la comunión, luego de acercarlos al sacerdote para la Confesión y la Unción. Y es aquí donde entra de lleno el Padre Pío, pues, no sólo los encomiendo al Santo y los pongo en sus manos, sino que busco acercarlos al mismo y a su espiritualidad y aconsejarles que pidan su protección. Una de las enfermitas, de las que ya le hablé, murió con todos los auxilios espirituales. Ahora tengo otros más. Uno, con un diagnóstico de cáncer de pulmón, hijo de un Diácono permanente, al que le dieron no más de un mes de vida, pero desde entonces ya han pasado más de veinte. Hace dos días, luego de darle la comunión diaria, le llevé al sacerdote para la Unción y ayer estaba mucho mejor. Otro enfermo está en estado semivegetativo, consecuencia de una mala praxis médica. Llevo casi dos años atendiéndolo y poniéndolo en manos del P. Pío. Para estos dos y para otros que iré atendiendo quiero tener estampas del Padre Pío con su reliquia”.
 Elías Cabodevilla Garde

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (9)


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Como Jesús, que bajó del cielo para hacer la voluntad del que le había enviado (cfr. Jn 6, 38).

Para Cristo hacer la voluntad de Dios Padre fue su «alimento» (Jn 4, 34); es decir: su deseo profundo, su compromiso permanente… Para eso había venido al mundo: «Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 6, 38). Y todo lo subordinó a esa voluntad divina. A la edad de 12 años, dirá a sus padres, que lo habían buscado angustiados al ver que no regresaba de Jerusalén en la caravana: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49). Al comienzo de su vida pública, rogará a Juan Bautista, que se resistía a bautizarlo, porque era él el que necesitaba ser bautizado por Jesús: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia» (Mt 3, 15). Y horas antes de su muerte, en el huerto de Getsemaní, sin dejar de manifestar su deseo al Padre, acatará su divina voluntad: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero sino como quieres tú» (Mt 26,39)
Y Cristo nos pidió actuar como él. Hemos de pedir al Padre: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6, 10). Y hemos de amar al Padre cumpliendo los mandamientos que él, su Enviado, nos ha enseñado: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 15, 10), porque esos mandamientos nos manifiestan la voluntad del Padre: «Yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir» (Jn 12, 49). Sin olvidar que es la condición para entrar en el reino de los cielos: «No todo el que me dice “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7, 21).
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Ante las palabras que el Padre Pío escribió al padre Agustín de San Marco in Lamis, uno de sus dos Directores espirituales, el 25 de septiembre de 1915: «Ruegue y haga rogar por mí, que me siento forzado por el deseo de no apartarme ni un pelo de la adorable voluntad de mi Dios», podríamos decir con razón que para él, como para Jesús, hacer la voluntad de Dios Padre fue su deseo profundo, su compromiso permanente… Lo manifiesta una y otra vez, y de muchos modos, en sus cartas.
- El pecado implica apartarse de la voluntad de Dios. Esto es lo que el Padre Pío escribió al padre Benedicto, el 6 de julio de 1910: «Le repito que prefiero mil veces la muerte antes que ofender a un Dios tan bueno».
- La voluntad de Dios se concreta de modo muy especial en las exigencias de la propia vocación. El Padre Pío, llamado por Dios a la vida religiosa como franciscano-capuchino, en noviembre de 1922, cuando ya llevaba en su cuerpo las “llagas” del Crucificado, signo de una identificación plena con Cristo, pedía a su hija espiritual Nina Campanile: «Sé que Jesús te quiere muchísimo y te lo mereces. Háblale en mi favor, que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco, que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de forma que el fervor se mantenga siempre y vaya creciendo cada día más en mí, hasta hacer de mí un perfecto capuchino». Y del Padre Pío sacerdote dijo Benedicto XVI, el 21 de junio del 2008, cuando visitó los lugares donde el Santo capuchino residió los últimos 52 años de su vida: «Aquí, en San Giovanni Rotondo, todo habla de la santidad… de un fervoroso sacerdote».
- El Señor, que tiene un proyecto personal para cada uno, sabe qué medios usar para manifestarlo. También en este caso la respuesta del Padre Pío fue generosa y digna de imitación. A Nina Campanile, en la carta antes citada, le dice: «Oigo en mi interior una voz que de continuo me dice: “Santifícate y santifica”. Pues bien, carísima mía, yo lo quiero pero no sé por dónde empezar».
Creo que no es superflua esta pregunta: ¿Para el Padre Pío hacer la voluntad de Dios fue algo más que un deseo profundo y un compromiso permanente? Sorprenden las palabras que escribió al padre Benedicto, el 18 de marzo de 1917: «¡Qué bello es, queridísimo padre, saber vivir sometido a las disposiciones del Señor!». Sorprenden, porque en las líneas anteriores del escrito, después de asegurarle a su Director espiritual que la carta que ha recibido de él le ha traído un levísimo alivio, añade: «pero ha sido por un brevísimo instante, y nuevamente me he visto sumergido en la más profunda desolación, que crece de continuo». Como en el sufrimiento, componente importantísimo de la voluntad de Dios para el Fraile capuchino, encontramos aquí las dos realidades: Cumplir la voluntad de Dios supuso para el Padre Pío tormento y dulzura, desolación y belleza.
Y el Padre Pío, al igual que Cristo, invitó a cumplir la voluntad de Dios y enseñó a hacerlo.
- Era el mensaje que repetía en sus cartas de orientación espiritual. A Raffaelina Cerase, el 24 de junio de 1915, se lo propuso y le animó a cumplirlo con estas palabras: «¿Y qué otra cosa se puede desear fuera de la voluntad de Dios? ¿Qué otra cosa puede clamar un alma consagrada a él? ¿Qué deseas tú, pues, si no que los designios divinos se cumplan en ti? Ánimo, entones, y siempre adelante en los caminos del amor divino, estando segura de que, cuanto más tu voluntad se vaya unificando y uniformándose con la de Dios, tanto más crecerás en perfección». A María Gargani le escribió: «Sométete, pues, a su divina voluntad y no pienses que le servirías mejor en otro estado de vida, porque sólo se le sirve bien cuando se le sirve como Él quiere»…
- Lo proponía también tanto en las breves orientaciones que ofrecía a diario antes del rezo del Ángelus como en las respuestas a las preguntas que le formulaban: «En todas las circunstancias de vuestra vida reconoced la voluntad divina, adoradla, bendecidla». «- Padre, ¿cómo puedo crecer en el amor? - Cumpliendo con exactitud y con recta intención las propias obligaciones, guardando la ley del Señor. Si haces esto con constancia y perseverancia, crecerás en el amor».
- Y ayudaba a personas y a grupos a descubrir la voluntad de Dios. Por ejemplo, a los médicos del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, fundado por él en San Govanni Rotondo: «También vosotros, los médicos, habéis venido al mundo, al igual que yo, con una misión que cumplir. Escuchad con atención: Yo os hablo de obligaciones en un momento en que todos hablan de derechos. Tenéis la misión de curar al enfermo; pero si no lleváis amor al lecho del enfermo, no creo que las medicinas sirvan de mucho... El amor no os puede hacer prescindir de la palabra. ¿Cómo podríais manifestarlo si no es con palabras que consuelen espiritualmente al enfermo? Sed portadores de Dios para los enfermos; eso será más útil que cualquier otro cuidado».
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Porque, como Jesús, hizo siempre la voluntad de Dios y enseñó a muchos a cumplirla, podemos llamar al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino, “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 5 al 21.


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15.  Jesús y tu alma deben cultivar juntos la viña. A ti te toca el trabajo de quitar y transportar piedras, arrancar espinas... A Jesús, el de sembrar, plantar, cultivar, regar. Pero también en tu trabajo está la acción de Jesús. Sin él no puedes hacer nada (CE, 54).

16.  No estamos obligados a no hacer el bien, para evitar el escándalo farisaico (CE, 37).
      
17.  Recuérdalo: Está más cerca de Dios el malhechor que se avergüenza de haber actuado mal, que el hombre honesto que se avergüenza de hacer el bien (CE, 16).

18.  El tiempo gastado por la gloria de Dios y por la salvación del alma, nunca es tiempo mal empleado (CE, 9).

19.  Sí, bendigo de corazón la obra de dar catequesis a los niños, que son las florecillas predilectas de Jesús. Bendigo también el celo por las obras misioneras (Epist.III, p.457).

20.  Todos estamos llamados por el Señor a salvar almas y a preparar su gloria. El alma puede y debe propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de los hombres, llevando una vida cristiana, pidiendo incesantemente al Señor que "venga su reino y que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal". Esto es lo que debe hacer también usted misma ofreciéndose del todo y continuamente al Señor con este fin. (Epist.II, p.70).

21.  Levántate, pues, Señor, y confirma en tu gracia a aquellos que me has confiado y no permitas que se pierda ninguno, desertando  del rebaño. ¡Oh Dios, oh Dios!... no permitas que se pierda tu heredad (Epist.III, p.1009).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde


Sigue acompañando con una presencia espiritual transformadora.


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Hay diversos modos de acompañar a una persona. Unos se perciben porque es con una presencia física. Otros son espirituales. Aparte de lo que pueda aportar la psicología, la fe nos descubre el valor y el influjo de algunos de ellos. Un influjo del que, no raras veces, nos percatamos por los frutos que produce. Por ejemplo, el acompañamiento de quien ora a Dios por nosotros.
Mientras el Padre Pío vivió en este mundo, hasta el 23 de septiembre de 1968, de su acompañamiento espiritual se beneficiaron, sin duda, muchísimos. Lo que el Padre Pío hacía con una de las hermanas Serritelli, y que se lo manifestó en carta de 23 de agosto de 1918, lo realizaba con otros muchos: «Las oraciones, que tú me pides, no te faltan nunca, porque no puedo olvidarme de ti que me cuestas tantos sacrificios. Te he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón». Y, además, de forma sorprendente también para él. Esto es lo que escribió al padre Benedicto el 20 de diciembre de 1913: «Mire qué fenómeno tan curioso se está dando en mí de un tiempo a esta parte, aunque no me preocupa mucho. En la oración me sucede olvidarme de rezar por aquel que me lo había pedido (no ciertamente de todos) y también por aquel por quien tenía intención de orar. Me esfuerzo antes de ponerme a orar por encomendar, por ejemplo, a esta o a aquella persona; pero, Dios mío, tan pronto como entro en oración, mi mente queda en un vacío total y no queda en ella rastro alguno de aquello que con tanto interés había deseado. Otras veces, en cambio, me siento impulsado, estando en oración, a orar por quien nunca había tenido intención de orar, y, lo que es más maravilloso todavía, a veces en favor de quien jamás he conocido, ni visto, ni oído, ni se ha encomendado a mí, ni siquiera por medio de otros».
El acompañamiento que el Padre Pío llevó a cabo por bilocación, ¿era perceptible para los beneficiados porque era una presencia física?, ¿era una presencia espiritual, perceptible de otros modos? Lo cierto es que todos los modos de presencia y de acompañamiento del Santo de Pietrelcina tenían un fuerte impacto transformante, urgiendo y ayudando a una vida religiosa más plena.
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¿Sigue el Padre Pío hoy, a los 45 años de su muerte, acompañando con esa presencia espiritual transformante? Son sin número los testimonios que me permiten dar una respuesta afirmativa a la pregunta. El que transcribo, de forma anónima porque no he tenido oportunidad de pedir autorización para indicar datos personales, lo he recibido hace unas pocas horas.

«Le escribo para comentarle que me llegaron las revistas del Padre Pío y me han gustado mucho. Este Padre me tiene cautivada. Allí donde voy lo llevo conmigo. Un religioso capuchino me dio una imagen del Padre Pío, plastificada, que tiene una pequeña reliquia. En casa o en el despacho la tengo en frente mía; y la verdad es que me ayuda mucho. Hoy que me la he dejado en el despacho, estoy como si me faltará algo.
Este pequeño hombre tenía una misión inmensa para el Señor. Ni más ni menos la tenía dentro de Él.
Yo sé que tengo que cambiar muchas cosas para ser santa; pero, poco a poco y con la protección del Padre Pío y la ayuda de la Virgen, espero conseguirlo. Por ahora intento ser buena persona».
Elías Cabodevilla Garde

El Padre Pío de Pietrelcina, “fotocopia de Cristo” (8)


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Como Jesús, que fue asistido por los ángeles de Dios (cfr. Jn 1, 50-51).
A Natanael, que se acercó a Jesús invitado y acompañado por Felipe, y que se sorprendió al escuchar: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi», Jesús le anunció: «Has de ver cosas mayoresVeréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre» (Jn 1, 50-51).
Este anuncio de Jesús comenzó a cumplirse para él en los comienzos mismos de su vida pública. San Mateo, tras el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, escribe: «Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían» (Mt 4, 11).Y se volvió a cumplir al final de su vida. En el huerto de los olivos, cuando Jesús, en su angustia, oraba: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad sino la tuya»…, «se le apareció un ángel del Señor que lo confortaba» (Lc 22, 42-43).
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El Padre Pío tuvo siempre en su ángel custodio un amigo obediente y una ayuda muy eficaz.
* Un amigo obediente o, con más precisión, casi siempre obediente, pues, al menos en esta ocasión, el Padre Pío tuvo que reprenderle con dureza. Se lo cuenta así al padre Agustín, uno de sus dos Directores espirituales, el 5 de noviembre de 1912: «No le digo el modo como me están golpeando estos desgraciados (los demonios). A veces me siento a las puertas de la muerte. El sábado me pareció que querían terminar conmigo; no sabía ya a qué santo encomendarme; me dirijo a mi ángel y, después de haberse hecho esperar un buen rato, he ahí que, por fin, le siento aletear a mi alrededor mientras, con su voz angelical, cantaba himnos a la divina majestad. Tuvo lugar uno de los acostumbrados escándalos: le reprendí duramente por haberse hecho esperar tanto tiempo, a pesar de que yo no había cesado de llamarle en mi ayuda; para castigarlo no quería mirarle a la cara, quería alejarme, quería despacharlo; pero él, pobrecito, se me acerca casi llorando, me abraza, hasta que yo, levantando la vista, la fijo en su rostro y le veo profundamente afligido. Y he aquí... “Yo estoy siempre cerca de ti, mi querido joven -dice él-; me muevo siempre en torno a ti con aquel afecto que suscitó tu agradecimiento hacia el Amado de tu corazón; mi afecto por ti no se apagará ni siquiera cuando se apague tu vida”».
* Una ayuda muy eficaz:
- Si por una rabieta del demonio las cartas del padre Agustín le llegaban en blanco o emborronadas de tinta, el Padre Pío sabía muy bien qué tenía que hacer: «El Angelito me había indicado que, cuando llegara una carta suya, la asperjara con agua bendita antes de abrirla. Es esto lo que hice con la última suya».
- Que los que venían a confesarse o a encontrarse con el Padre Pío hablaban otras lenguas, ¡ninguna dificultad!: «Si la misión de nuestro ángel custodio es grande, la del mío es ciertamente mayor, pues tiene que hacer de maestro en la traducción de otras lenguas».
- Que los asaltos de los demonios dejaban al Padre Pío magullado y sin fuerzas…: «El compañero de mi infancia intenta suavizar los dolores que me causan aquellos impuros apóstatas, acunando mi espíritu como signo de esperanza».
- Y despertarse por la mañana a la hora que deseaba…; ¿para qué está el ángel custodio? «…duermo con una sonrisa de dulce felicidad en mis labios… esperando que mi pequeño compañero de mi infancia venga a despertarme, y así, junto con él, recitar los laudes matutinos al Amado de nuestros corazones».
El Padre Pío llamaba al Ángel Custodio "compañero de mi infancia"
- Pero el Padre Pío tenía una “misión grandísima” que cumplir, que, al parecer, le exigía también «tener una voz muy fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a la Virgen María». ¿Cómo conseguir esto? Continúa diciéndole al padre Agustín: «Pero, porque esto no me es posible, he rogado y seguiré rogando a mi angelito para que cumpla por mí esta misión». Y, al parecer, la cumplía con perfección. Es esto lo que declaró en el “Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Pío de Pietrelcina” el padre Gabriel Bove, que, desde hacía algún tiempo, deseaba saber si era verdad lo que se decía de la familiaridad del Padre Pío con su ángel custodio y de que de noche lo enviaba a consolar a los enfermos y a auxiliar a los pecadores: «… - Padre, ¡qué cansancio el suyo esta tarde! Y él: - Sí, hijo mío; en verdad que estoy agotado por el mucho calor”. - No dude, descanse, el reposo de esta noche le aliviará. Y además, rogaremos a su ángel custodio que vendrá a confortarle. Y él, con voz fuerte, me gritó: Pero ¿qué dices?; él tiene que ir de viaje. Era exactamente lo que yo quería escuchar de sus labios. Sin esperar más y disimulando mi sorpresa, añadí: - ¿Quién?, ¿su ángel, Padre, tiene que ir de viaje? - ¡Por supuesto!, me respondió».
- ¿Y los mensajes que sus hijos espirituales querían hacer llegar al Padre Pío? O es la misión de todos los ángeles custodios o el Padre Pío tenía autoridad también sobre los de sus hijos espirituales. Cuando, en 1923, el Santo Oficio mandó al Padre Pío no responder, ni él ni por medio de otros, a las cartas que le llegaran, algunos hijos espirituales le preguntaron qué podían hacer para comunicarse con él. Y él les respondía: «Mandad a vuestro ángel de la guarda». Éste es el testimonio del capuchino Eusebio Notte, que fue durante unos años asistente del Padre Pío. «Pasé una temporada en Irlanda, donde muchos de los devotos del Padre Pío me rogaban que escribiera a mi Cohermano pidiéndole oraciones por tal o cual necesidad. Pasado algún tiempo, decidí mandarle estos encargos por medio del ángel custodio. Cuando regresé a San Giovanni Rotondo, pregunté al Padre Pío: - Padre, mi ángel ha hecho lo que tenía que hacer?. - De tantas veces que lo has enviado, no ha tenido ni un momento de descanso, me respondió rápidamente el Padre».
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También porque el ángel custodio le acompañó siempre y le ayudó, como los ángeles a Jesús, podemos llamar al Padre Pío, como fray Modestino: “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 8 al 14.


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8.  Mi corazón es tuyo... Oh Jesús mío; toma, pues, mi corazón, llénalo de tu amor, y después mándame lo que quieras (AD, 49).

9.  Dios nos ama; y la prueba de que nos ama es el hecho de que nos tolera en el momento de la ofensa (GB, 30).

10.  Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición, de agradecimiento por el amor que nos has demostrado en el misterio de divinas ternuras de tu nacimiento (Epist.IV, p.869).

11.  Ama a Jesús, ámalo mucho, pero por esto ama aún más el sacrificio. El amor quiere ser amargo (T, 99).

12.  El amor lo olvida todo, lo perdona todo, lo da todo sin reservarse nada (Epist.IV, p.870).
      
13.  El espíritu humano, sin la llama del amor divino, es arrastrado a colocarse en la fila de las bestias. Por el contrario, la caridad, el amor de Dios, lo eleva tan alto como para alcanzar el trono de Dios. Agradeced sin cansaros nunca la generosidad de un Padre tan bueno y rogadle que aumente cada día más la santa caridad en vuestro corazón (Epist.II, p.70).

14.  No te lamentarías jamás de las ofensas, vengan de donde vinieren, si recordaras que Jesús sufrió hasta la saciedad los oprobios de la malicia de los hombres, a los que había hecho tanto bien. Excusarías a todos con amor cristiano si tuvieras ante los ojos el ejemplo del divino Maestro que excusó ante su Padre incluso a los que lo crucificaron (AP).

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue promoviendo la formación religiosa católica.


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Promover la formación religiosa católica y el estilo de vida que ella implica fue tarea constante del Padre Pío durante su vida terrena. En los años 1909 al 1916 que, aconsejado por los médicos, tuvo que pasar en su pueblo natal, cuando ya era religioso capuchino y sacerdote, lo hizo dando catequesis a los pocos niños y jóvenes de Pietrelcina y orientando espiritualmente por carta a algunas personas. En sus primeros años en San Giovanni Rotondo, desde septiembre de 1916, facilitó esa formación religiosa católica a los muchachos del seminario que tenían allí los Capuchinos, a los miembros de la Orden Franciscana Seglar, a las personas que buscaron su orientación y consejos, bien en el confesonario bien por correspondencia… A partir del 20 de septiembre de 1918, fecha en que recibió el don de las “llagas” de Cristo crucificado en su cuerpo, con el intensísimo apostolado que realizó por todos los medios que le ofrecía el ejercicio del sacerdocio; sin olvidar la invitación constante a realizar esa misma tarea a los que se acercaban a él o se unían a sus obras: los Grupos de Oración que llevan su nombre, el personal sanitario del hospital “Casa Alivio de Sufrimiento”, fundado por él...
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¿Sigue promoviendo el Padre Pío hoy, a los 45 años de su muerte, esa misma tarea de la formación religiosa católica? Sin duda, y por medios que no dejan de suscitar el estupor y la admiración. Me voy a referir a la CALL y a Sandra Zambrano.

·  Ésta es la información que nos ofrece Sandra Zambrano sobre la CALL:
«La CALL (Asociación Católica de Líderes Latinos), es una Organización católica, con sede en los Estados Unidos de América del Norte, fundada hace ocho años en Denver (Colorado) por los Arzobispos José H. Gómez y Charles J. Chaput. Como objetivo general, la CALL busca dar formación en la fe católica a Líderes Latinos, que quieran trabajar, junto con sus Obispos diocesanos, en proyectos de evangelización que mejoren el nivel de educación y de vida de los Latinos.
La CALL promueve el bien común de los Latinos en los Estados Unidos a través de programas de formación, de servicios y de eventos en beneficio de la Comunidad Latina, de la Iglesia y del país. Es como la voz nacional de los Hispanos en temas de justicia social, con el objetivo de mejorar las leyes que afectan a los Latinos. Busca también promover el respeto y cuidado de la vida, ante todo de la vida humana, el matrimonio, la familia, la dignidad del ser humano… y difundir las enseñanzas de la Iglesia en el sector público, en los medios de comunicación y en el sistema educativo».
·  Pero ¿qué “pinta” esta joven mexicana, Sandra Zambrano, en la CALL?
«El motivo por el que estoy aquí es el Padre Pío de Pietrelcina, que me “conquistó” en circunstancias muy particulares, hace ahora 12 años. El año pasado, en el mes de agosto, justo después de haber terminado de filmar una película con Robert Redford, le dije al Padre Pío: “Bueno, ¿y ahora qué sigue?; ¿en dónde me quieres? Pregúntale al Señor qué quiere de mí”. Se lo dije justo en el ascensor de un hotel de Varsovia (Polonia). Y le dije, como en otras ocasiones: “Pero ¡dímelo clarito, clarito, Padre Pío!; ¡no te andes con rodeos!”. Pues esa noche recibí un mensaje, por Facebook, de Diana Vela, Presidente y Directora General de la CALL, diciéndome que necesitaban una persona de mis características para ocupar el puesto de Directora de Capítulos y Membresías. Me explicó lo que era la CALL y qué hacían. Y sentí, una vez más, que el Padre Pío me lo estaba diciendo clarito, clarito. Al principio me resistí, porque tenía otras ofertas muy atractivas en la industria del cine; pero, al final, estando en oración, le miré en una de sus fotos que siempre llevo conmigo y, riéndome, le dije: “Ahí me quieres, ¿verdad? Pues, ¡hágase!”. Le informé a mi padre espiritual, que me dijo: “¡adelante!”».
·  Su papel, en este momento, en la CALL lo presenta así Sandra Zambrano:
«Ocupo el cargo de Directora de Capítulos y Membresías de la CALL a nivel nacional; en otras palabras, soy responsable del crecimiento y fortalecimiento de la CALL en sus diversos Capítulos y Membresías. Actualmente tiene 10 Capítulos y espera abrir otros cuatro antes que termine este año 2013.
Una de mis actividades es dar conferencias en las diferentes ciudades de los Estados Unidos donde la CALL está presente. Algunas, de tanta responsabilidad que, de no tener una asistencia especial del cielo, asustaría a muchos, al menos a mí. Por ejemplo, la Conferencia Anual Nacional de la CALL, que este año tuvo lugar en Los Ángeles (California) del 22 al 25 de agosto, con el lema "Construyendo una Cultura de Fe".
En esta Conferencia Nacional de la CALL, el día 24, me correspondió dar una conferencia de 30 minutos, más otros 15 de dinámicas de grupo. Los asistentes eran 220; y, entre ellos, estaban los Cardenales Francis George, de Chicago, y Juan Luis Cipriani, de Lima (Perú). Estaban también el Arzobispo Octavio Ruiz Arenas, Secretario del Consejo Pontificio de la Nueva Evangelización en el Vaticano, los fundadores de la CALL: José H. Gómez, Arzobispo de Los Ángeles y Charles J. Chaput, Arzobispo de Filadelfia, el Arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco, el Arzobispo Thomas J. Olmsted de Phoenix, varios Obispos, Sacerdotes, presidentes y dueños de empresas y Líderes Latinos provenientes de varios lugares de Estados Unidos. 
Al subir al estrado para dar la conferencia, llevé conmigo, como lo hago siempre, la reliquia de Padre Pío que me regaló hace unos años mi padre espiritual. Una vez más pude experimentar la presencia invisible pero muy cercana del Santo, mi Padre espiritual con mayúscula, y su ayuda inmediata y eficaz. Sé que siempre está conmigo; y me habla clarito, clarito, y también rapidito. Gracias a él, también mi participación en la Conferencia Anual Nacional de la CALL fue un pedacito de cielo en la tierra».
Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (6).


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La “misión” que confió el Señor al Padre Pío, porque es “grandísima”, no sólo debía que beneficiar a muchas personas, sino que tenía que hacerlo en muchos países, por no decir en todos. Con la correspondencia epistolar y con los mensajes autógrafos en estampas y en pequeños trozos de papel, a los que me he referido en los dos últimos escritos de esta etiqueta de la página web, el Padre Pío benefició a personas de San Giovanni Rotondo y del entorno más o menos cercano y a otras a las que, aun viniendo de lejos, las encontraba en esta pequeña ciudad del centro-sur de Italia, donde vivió los últimos 52 años. Pero el Señor le concedió llegar con sus mensajes escritos, aunque de forma sencilla, a los cinco continentes. Me estoy refiriendo a los cientos de cartas que, escritas por sus “secretarios” y bendecidas por él antes de que fueran depositadas en la oficina de correos, salían a diario hacia todo el mundo, en respuesta a las que le llegaban desde los lugares más diversos del planeta.
En las muchas personas a las que he escuchado frases como ésta: «Escribí al Padre Pío, me respondió que rezaría por mí, y guardo su carta como un gran tesoro», ha sido fácil adivinar el bien que unas pocas palabras, no escritas por el Santo aunque sí en su nombre, han suscitado en los que las han recibido.
En junio de 1921, el carmelita Monseñor Rafael Carlos Rossi realizó una Visita Apostólica a San Giovanni Rotondo, por encargo del Vaticano. Llevó a cabo veinticuatro interrogatorios, todos bajo el juramento previo de decir la verdad, en los que buscó la información que deseaba; seis al Padre Pío y los restantes a personas relacionadas con él: el Superior provincial de los Capuchinos, el Superior y algunos religiosos de la Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo, los Párrocos de esta localidad…
Fue al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior de la Fraternidad, y sobre todo al padre Ignacio de Jelsi, Ecónomo y encargado de la correspondencia, a los que preguntó sobre este tema de las cartas. Y con la información recibida, escribió en el “Voto” o relación que entregó al Santo Oficio: «Al principio, en el fervor del entusiasmo, llegaban hasta setecientas cartas al día: cartas de peticiones, de oraciones, de agradecimiento. Ahora, el número ha disminuido mucho: sesenta, setenta al día; son siempre cartas de petición, como puede verse en las muestras que he hecho y en las auténticas que he depositado en el Santo Oficio; cartas de agradecimiento por gracias espirituales o temporales, que se dice se han obtenido por las oraciones del Padre Pío; pero algunas se refieren, por ejemplo, a verdaderas curaciones imprevistas e inesperadas… Recogiendo lo que sucede aquí, diré que estas cartas, al principio, en general se destruían; ahora se conservan -un verdadero archivo; habrá unas 20.000-; pero el Padre Pío apenas ve algunas, aquellas más estrictamente personales o especiales. El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden… En general, la respuesta es: “El Padre Pío reza y bendice”, o una estampa de la Virgen María en la que detrás el Padre Pío ha escrito estas dos palabras: “Bendiciones celestes”. Después, él presenta al Señor todas las intenciones por las que piden oraciones los que han escrito. No es verdad que haya respuestas ya preparadas para, sin más, meterlas en el sobre; sólo están preparadas de antemano las estampas antes indicadas, que el Padre Pío firma -a veces a disgusto-, normalmente durante el recreo de la noche».
Es fácil que el lector, al relacionar estos datos: el Padre Pío recibió los “llagas” del Crucificado el 20 de septiembre de 1918, la Visita Apostólica de Monseñor Rossi tuvo lugar en junio de 1921, en fechas anteriores a esta Visita al Padre Pío le «llegaban hasta setecientas cartas al día»…, se haya preguntado: ¿Tan rápidamente se divulgó la fama de santidad del Padre Pío? Porque, además, el padre Ignacio de Jelsi le dijo al Visitador que esas cartas «en su mayor parte llegan de España, Brasil, Argentina, etc.».
Quiero recalcar, porque es lo que interesa en este momento, estas palabras del “Voto” de Rafael Carlos Rossi: «El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden». El padre Ignacio le había facilitado esta información: «La correspondencia que le llega (al Padre Pío), por regla general, él no la lee porque no tiene tiempo, a excepción de alguna carta que yo le entrego… Las respuestas son en tono evasivo: “El Padre Pío ora y bendice”. Nosotros no nos arriesgamos a más. El Padre Pío, sí; él puede responder en tono afirmativo; y recuerdo algún caso especial en el que el Padre Pío ha respondido de este modo».
Al decreto del Santo Oficio de junio de 1923, que mandaba al Padre Pío «No responder en adelante, ni por sí mismo ni por otros, a aquellos que se dirigieran a él en busca de consejos, de gracias o por otros motivos», consecuencia de las informaciones falsas y calumniosas que fueron llegando al Vaticano, siguieron, a partir de julio de 1933, el levantamiento de todas las prohibiciones que pesaban sobre él, su ejercicio generoso del ministerio sacerdotal, la afluencia de fieles a San Giovanni Rotondo y también la respuesta a las cartas que, cada vez en mayor número, llegaban al Fraile de los estigmas. En el “Diario” del padre Agustín de San Marco in Lamis se repiten, una y otra vez, frases como éstas: «La correspondencia epistolar llega, incluso más que antes. Son una media de cien cartas al día. A todas responden los padres, pidiendo consejo -cuando es el caso- al Padre Pío»; «La correspondencia epistolar aumenta. Muchas cartas hablan de gracias recibidas del Señor por las oraciones del Padre Pío»; «La correspondencia epistolar crece tanto que no se llega a responder a todos hasta 10 ó 15 días más tarde de haberlas recibido»; «La correspondencia, que llega de todas partes del mundo, se multiplica».
Como hice en el último escrito de esta etiqueta de la página web, en relación a los mensajes que el Padre Pío escribió en estampas y en pequeños trozos de papel, me atrevo a decir que contenidos de las cartas que llegaron al Fraile capuchino, seleccionados adecuadamente y publicados en las lenguas hoy más en uso, harían mucho bien a mucha gente.
Elías Cabodevilla Garde