Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Archive for marzo 2013

Marzo: día 31 a abril: día 6.


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31. Acepta todo dolor e incomprensión que vienen de lo Alto. Así te perfeccionarás y te santificarás.

1. ¿No nos dice el Espíritu Santo que, en la medida que el alma se acerca a Dios, debe prepararse para la prueba? ¡Animo, pues! ¡Valor!, hija mía. Lucha con fortaleza y tendrás el premio reservado a las almas fuertes.

2. Hay que ser fuertes para llegar a ser grandes: éste es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos; todo lo contrario, es necesario triunfar.

3. ¡Ay de los que no son honrados! No sólo pierden todo respeto humano sino que, además, no pueden ocupar ningún cargo civil... Por eso, seamos siempre honestos, desechando de nuestra mente todo mal pensamiento; y vivamos con el corazón orientado siempre hacia Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en este mundo para conocerle, amarle y servirle en esta vida y después gozar de él eternamente en la otra.

4. Sé que el Señor permite al demonio estos asaltos para que su misericordia os haga más agradables a sus ojos, y quiere que también os asemejéis a él en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; pero os tenéis que defender alejándoos y despreciando en el nombre de Dios y de la santa obediencia sus malignas insinuaciones.

5. Fíjate bien: siempre que la tentación te desagrade, no tienes por qué temer, pues, ¿por qué te desagrada si no porque no quisiste sentirla?
Estas tentaciones tan inoportunas nos vienen de la malicia del demonio, pero el desagrado y el sufrimiento que sentimos por ellas vienen de la misericordia de Dios, que, contra la voluntad de nuestro enemigo, aparta de su malicia la santa tribulación, y por medio de ella purifica el oro que quiere incorporar a sus tesoros.
Digo más: tus tentaciones son del demonio y del infierno, pero tus penas y sufrimientos son de Dios y del paraíso; las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas sea el rumor de las armas.

6. No os esforcéis por vencer vuestras tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciadlas y no os entretengáis en ellas. Imaginaos a Jesucristo crucificado entre vuestros brazos y sobre vuestro pecho y repetid muchas veces besando su costado: ¡Esta es mi esperanza, ésta es la fuente viva de mi felicidad! ¡Yo os agarraré estrechamente y no os dejaré hasta que me coloquéis en un lugar seguro!

(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

También hoy el fruto de la oración con el Padre Pío es la caridad.


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El 16 de junio del 2002, en la homilía de la ceremonia de la canonización del Padre Pío, Juan Pablo II no dejó de recalcar la íntima relación que se dio en el Santo capuchino entre oración y eficacia apostólica, entre oración y actividad caritativa. Éstas fueron sus palabras:
 - «La razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario».
-  «Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la "Casa de alivio del sufrimiento"».
La consecuencia que sacó el Papa es muy clara:
-  «Oración y caridad: he aquí una síntesis muy concreta  de la enseñanza del padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos».
Si esta propuesta del Padre Pío es, como indica Juan Pablo II, para todos, lo es de modo muy especial para los Grupos de Oración que fundó el Santo de Pietrelcina y que, sin duda, sigue protegiendo desde el cielo.
Y no hay que olvidar que el Padre Pío orientó de modo muy especial la actividad caritativa de sus Grupos de Oración hacia los enfermos; y, en el momento que comenzó a realizar su gran proyecto en favor de los enfermos, hacia el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”.
*** * ***
En la ciudad de Ponce (Puerto Rico) funciona desde hace años un Grupo de Oración del Padre Pío, que ha aprendido bien esa hermosa lección que brota de la vida y de la enseñanzas del Santo. Han orientado la caridad, fruto de la oración, hacia los afectados por una enfermedad que lleva a los que la padecen a una situación de gran desvalimiento: los enfermos de SIDA.
En el “Hospital Episcopal San Lucas” de Ponce, propiedad de la Iglesia Episcopaliana, el Grupo de Oración tiene cedida una parte del edificio, en la que funciona el “Albergue de enfermos terminales de SIDA”. Bajo la responsabilidad del capuchino fray Francisco García, la actividad caritativa de los componentes del Grupo de Oración es intensa y constante. La capilla del “Albergue” es el lugar de sus encuentros de oración. Se hacen presentes en las celebraciones religiosas para los enfermos, al menos en las más importantes. Y, al acompañamiento y cuidado de los enfermos, unen otras actividades orientadas a recaudar fondos para conseguir alimentos y medicinas para los enfermos y lo necesario para que el “Albergue” pueda seguir ofreciendo una ayuda, inalcanzable de otro modo para los que allí son atendidos.
El Padre Pío, hoy como durante su vida terrena, sigue promoviendo la actividad caritativa como fruto de la oración.
Elías Cabodevilla Garde

Asociado a la pasión de Cristo por los sufrimientos morales (2)


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Los sufrimientos morales del Padre Pío fueron de nuevo muy intensos en los últimos años de su vida. En este caso, en la «mano del hombre», de la que se sirvió el Señor para asociarlo a la pasión de Cristo, tuvieron responsabilidad muy especial algunos miembros de la Orden capuchina a la que pertenecía el Padre Pío. Con profundo dolor, porque nunca se tendrían que haber dado esos hechos, intentaré exponerlos en el próximo escrito. Y la tuvieron también tanto Mons. Carlo Maccari, enviado por el Vaticano para realizar una visita apostólica al convento de capuchinos y al hospital “Casa Alivio del Sufrimiento” de San Giovanni Rotondo, como los que, por medios absolutamente reprobables, intentaron desprestigiar al Fraile capuchino ante sus hermanos de fraternidad y ante otros sacerdotes que lo apreciaban por su vida santa y por la acción apostólica que desarrollaba.

Mons. Carlo Maccari, convenientemente adoctrinado por quienes consiguieron que fuera él, “persona muy manejable”, el elegido, llegó a San Giovanni Rotondo el 30 de julio de 1960 y permaneció allí hasta mediados de septiembre, no sin haberse ausentado premeditadamente, para unos pocos días, pocas fechas antes del 10 de agosto, con el fin de no estar presente en la celebración de las bodas de oro de sacerdocio del Padre Pío. Además, se atrevió a dejar una serie de disposiciones en relación a la fiesta, como la prohibición al arzobispo de Manfredonia, Mons. Andrea Cesarano, de participar en la celebración y al padre Agustín, ya octogenario, de pronunciar el discurso que, con gran ilusión, había preparado para la misma. Y no es descabellado atribuirle alguna responsabilidad en estos dos hechos: que el Vaticano bloqueara los telegramas y cartas dirigidos en esos días a San Giovanni Rotondo “vía Vaticano”, y que llegaran el saludo y la bendición del Papa a dos capuchinos de la provincia religiosa del Padre Pío, que celebraban el mismo acontecimiento que su cohermano, pero no a éste, a pesar de que el superior provincial los había solicitado para los tres.

Omitiendo datos que ocuparían muchas páginas llenas de podredumbre moral, baste decir que, en uno de los volúmenes que recogen el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío, se lee como resumen de lo que manifestaron sobre la visita apostólica de Carlo Maccari los testigos llamados a declarar: «Con alguna excepción, las opiniones de los testigos sobre la persona y más aún sobre la actuación de Mons. Maccari son negativas. Se critica su carácter, el método de actuación, la frivolidad al acoger acusaciones gravísimas contra el Siervo de Dios, y de modo especial las conclusiones erróneas a las que llega y las deplorables consecuencias de su visita, llevada a cabo con la rúbrica de ligereza, parcialidad y prevención».

Entre las «acusaciones gravísimas», que acepta el Visitador y que transmite en su Relación al Santo Oficio, está la de Elvira Serritelli, que Mons. Maccari la escribe de este modo: «En pocas palabras, según Elvira, desde el año 1922 hasta casi el 1930 el Padre Pío habría tenido relaciones íntimas, completas y prolongadas con ella, incluso varias veces a la semana; pero todo habría tenido lugar sin “malicia alguna” ni de una parte ni de la otra». Y va más lejos al escribir: «Por lo manifestado por Elvira, las “relacionas íntimas” del Padre Pío habrían continuado después del año 1930 con Cleonice Morcaldi». Estas calumnias, aceptadas y trasmitidas a la Santa Sede por un Visitador apostólico nombrado por el Papa, fueron la causa de que el Santo Oficio negara una y otra vez la autorización para abrir el Proceso de Beatificación y Canonización del Padre Pío. Sólo en octubre de 1982, tras conocer la índole psicológica y moral de la Serritelli, el Santo Oficio concedió la mencionada autorización y el Proceso pudo abrirse en el santuario de Nuestra Señora de las Gracias de San Giovanni Rotondo el 20 de marzo de 1983.

La bien documentada biografía “PADRE PIO da Pietrelcina” de Luigi Peroni informa de un hecho que, sin duda, merece el calificativo de repugnante y diabólico, que tuvo lugar en torno al año 1960. Se trata de un grupo de mujeres que, guiadas y pagadas por terceras personas, debían llevar a cabo, no en grupo sino cada una por su cuenta, un plan realmente siniestro: confesarse por algún tiempo con los sacerdotes capuchinos de San Giovanni Rotondo, hacerse pasar por persona piadosa y devota para que su posterior declaración fuera creíble al confesor, para terminar manifestándole que el Padre Pío se había comportado moralmente mal con ella, y de este modo desprestigiarlo ante sus propios hermanos de fraternidad y crearle nuevos enemigos. Una de estas repugnantes calumniadoras se acercó en diversas ocasiones al confesonario de un famoso profesor de derecho canónico de Roma, repitiéndole la falsa acusación y consiguiendo que cambiara radicalmente de opinión en relación al Padre Pío, que hasta entonces era de veneración y estima.

Para terminar, una breve referencia a un punto de una declaración jurada de María Grazia Massa, de San Giovanni Rotondo, hija espiritual del Padre Pío desde los primeros años de la llegada de éste a aquella población. La emitió el 23 de agosto de 1977 y fue enviada a la Congregación de los Santos el 3 de marzo de 1980. María Gracia sabía lo que Elvira Serritelli había manifestado a Mons. Maccari en relación al Padre Pío, porque se lo había contado al detalle Marietta Serritelli, hermana de Elvira. Además, al ser llamada a declarar por el Visitador, esté le había preguntado de forma brusca: «¿Usted cree que Elvira y Ángela Serritelli son capaces de calumniar?». En su declaración escribe: «Cuando en confesión le dije (al Padre Pío) todo lo que sabía de la negra calumnia, él me respondió: “Lo sé, lo sé, hija mía. Sé todo. Pero ¿qué me importa si han arrojado fango sobre mi pobre persona durante mi vida y, como consecuencia, después de mi muerte? A mí me basta con salvar almas y ciertas almas”. Entonces comprendí que el venerado Padre, como otro Cristo, era correspondido con amarga ingratitud y con negras calumnias y que él lo aceptaba todo por la salvación de las almas. Me alejé del confesonario más serena y más convencida de la santidad del Padre».

Ante las palabras del Padre Pío: «Lo sé, lo sé, hija mía. Sé todo», una pregunta: ¿Concedió el Señor al Padre Pío conocer con detalle, por medios no humanos, lo que sucedía a su alrededor, aumentando así sus sufrimientos y su asociación a la pasión de Cristo?

Elías Cabodevilla Garde

Marzo: días 24 al 30.


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24. Ama siempre el sufrimiento, que, además de ser la obra de la sabiduría divina, nos revela con mayor claridad aún la obra de su amor.

25. Dejad que la naturaleza se queje ante el sufrimiento, porque, si excluimos el pecado, no hay nada más natural. Vuestra voluntad, con la ayuda divina, será siempre superior y, si no abandonáis la oración, el amor divino jamás dejará de actuar en vuestro espíritu.

26. La vida es un Calvario; pero conviene subirlo alegremente. Las cruces son los collares del Esposo y yo estoy celoso de ellos. Mis sufrimientos son agradables. Sufro solamente cuando no sufro.
 
27. El Dios de los cristianos es el Dios de las transformaciones. Echáis en su seno el dolor y sacáis la paz; echáis desesperación y veréis surgir la esperanza.

28. Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo.

29. El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.

30. Gozo inmensamente al saber que el Señor es siempre generoso en sus caricias a tu alma. Sé que sufres, pero el sufrimiento ¿no es la prueba cierta de que Dios te ama? Sé que sufres, pero ¿no es este sufrimiento el distintivo de toda alma que ha elegido por su porción y su heredad a Dios, y a un Dios crucificado? Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti.

 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

También el Papa Francisco imploró en el pasado la intercesión del Padre Pío.


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El “también” del título indica que ya lo hicieron antes otros Papas antes de serlo. Me fijo primero en los dos de los que nos consta con certeza: Pablo VI y Juan Pablo II. Y me refiero después al Papa Francisco.
- En relación a Pablo VI, lo cuenta el comendador Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, que, a los pocos días de lo que aquí se cuenta, tuvo que volver a Milán (Italia) para transmitir al Cardenal Montini este encargo del Padre Pío: «Di a su Excelencia que, cuando muera este Papa (Juan XXIII), él ha de ser su sucesor».
El hecho ocurrió en los primeros meses del año 1959, en Milán, en la “Casa de la Providencia de D. Orione”. Se encontraron, en visita al sacerdote D. Benedetto Galbiati, el mencionado comendador Galletti y Mons. Montini, éste Arzobispo de Milán. No se conocían y fue el sacerdote enfermo el que los presentó, uno al otro. Montini, al saber que Galletti era un hijo espiritual del Padre Pío y colaborador en la gestión administrativa del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, fundado por el Fraile capuchino en San Giovanni Rotondo, le pidió que llevara al Padre Pío su saludo muy expresivo y que le dijera que el Arzobispo de Milán le suplicaba oraciones y una bendición especial para él y para su Diócesis.
Esta petición de oraciones por él del Arzobispo Montini no brotaba de la nada. La veneración que sentía por el Padre Pío queda patente, entre otros muchos, en estos dos hechos: El mensaje de felicitación que le envió con motivo de los cincuenta años de sacerdocio, el 10 de agosto de 1960; y sus palabras cuando supo que al Padre Pío lo querían sacar de San Giovanni Rotondo: «Si no saben a dónde llevarlo, que me lo traigan a mi Archidiócesis. Una misa del Padre Pío vale lo que una misión».

- En relación a Juan Pablo II, tenemos la carta que el entonces Obispo Titular de Ombi y Vicario Capitular de la Archidiócesis de Cracovia, Carlo Wojtyla, escribió al Padre Pío el 14 de diciembre de 1963. El escrito comienza diciéndole que «se acordará seguramente de que ya algunas veces en el pasado me he permitido encomendar a sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos de atención». Y después de pedirle oraciones por una señora paralítica de la Archidiócesis, añade: «Al mismo tiempo me permito encomendarle las ingentes dificultades personales que mi pobre obra encuentra en la situación presente».
También en el caso del futuro Juan Pablo II, el encomendarse a las oraciones del Padre Pío tenía un fuerte apoyo. En abril de 1948, siendo joven sacerdote, estudiante en Roma, D. Carlo Wojtyla había visitado al Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Al llegar a esta ciudad del centro sur de Italia tuvo la suerte de poder intercambiar unas pocas palabras con él, y al día siguiente participó en la misa que celebró el Capuchino de los estigmas, de la que escribió el 5 de abril del 2002: «se me grabó como inolvidable», y pudo confesarse con él, del que dejó escrito, en la fecha citada, este juicio: «resultó que el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».
Pero esto no es todo. En noviembre de 1962, desde Roma, donde participaba en el Concilio Vaticano II, había escrito dos cartas al Padre Pío, una el día 17 y la segunda el día 28. En la primera le decía: «Te ruego que eleves una oración por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años, de Cracovia, en Polonia (durante la última guerra en un campo de concentración, en Alemania) que se encuentra en gravísimo peligro en la salud y en peligro de muerte a causa de un cáncer, para que Dios, por intercesión de la Beatísima Virgen, muestre su misericordia a ella y a su familia». Y en la segunda: «La mujer de Cracovia, en Polonia, madre de cuatro hijas, el día 21.XI, antes de la operación quirúrgica, ha recuperado instantáneamente la salud. Sean dadas gracias a Dios, y a ti, Venerable Padre, te doy las más sinceras gracias en nombre de ella y del marido y de toda la familia».
*** * ***
- En relación al Papa Francisco, ésta es la información que me ha facilitado Marcela González, promotora incansable de los Grupos de Oración del Padre Pío en Argentina:
«Fue hace dos años, el día 25 de mayo del 2011. Esa fecha, especial para mí por ser el día del nacimiento del Padre Pío, es en Argentina una fiesta patria, en la que recordamos el primer movimiento fuerte de independencia de España, allá en el lejano 1810. Días antes había llegado a Buenos Aires María Nicoletta Di Favio, de 90 años, que conoció al Padre Pío cuando ella era adolescente, ya que, para verlo, había caminado desde Campobasso a San Giovanni Rotondo. Traía una reliquia de San Pío de Pietrelcina para la Catedral de Buenos Aires, que le habían entregado en San Giovanni Rotondo y que yo recogí en su casa el día anterior. El día 25 acudí a la Catedral para entregar la reliquia al Rector de la misma, el padre Alejandro Russo. Fue grande mi sorpresa cuando, al ingresar al comedor contiguo a  la sacristía, vi entrar por otra puerta al Cardenal Jorge María Bergoglio. Me acerqué y le dije:
- «Padre Jorge, traigo algo para usted, que quedará en la Catedral».
- «¿Qué me trae?».
Destapé la cajita que lo contenía y le dije: - «Una reliquia de San Pío de Pietrelcina, un guante / mitón que cubría la llaga de una de sus manos.Tiene el certificado de autenticación y lo envía el Padre Guardián del Santuario de San Giovanni Rotondo».
Me miró, se emocionó y me dijo: - «Perdóneme, me voy a retirar a orar unos minutos», y pasó a una pequeña sacristía contigua, donde suele revestirse antes de la misa».
Por la información que me ha facilitado Marcela González, tampoco este retirarse con la reliquia de San Pío a orar unos minutos del actual Papa Francisco, cuando era Arzobispo de Buenos Aires, brota del vacío. El Cardenal Bergoglio ha apoyado con interés los Grupos de Oración del Padre Pío, tanto en la Catedral como en otras parroquias de la Archidiócesis; y con frecuencia se encomendaba a las oraciones de los mismos.  

Elías Cabodevilla Garde

Marzo: días 17 al 23.


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17. No temas las adversidades, porque colocan al alma a los pies de la cruz y la cruz la coloca a las puertas del cielo, donde encontrará al que es el triunfador de la muerte, que la introducirá en los gozos eternos. 

18. Si sufres aceptando con resignación su voluntad, tú no le ofendes sino que le amas. Y tu corazón quedará muy confortado si piensas que en la hora del dolor Jesús mismo sufre en ti y por ti. El no te abandonó cuando huiste de él; ¿por qué te va a abandonar ahora que, en el martirio que sufre tu alma, le das pruebas de amor?.

19. Subamos con generosidad al Calvario por amor de aquél que se inmoló por nuestro amor; y seamos pacientes, convencidos de que ya hemos emprendido el vuelo hacia el Tabor.

20. Mantente unida a Dios con fuerza y con constancia, consagrándole todos tus afectos, todos tus trabajos y a ti misma toda entera, esperando con paciencia el regreso del hermoso sol, cuando el Esposo quiera visitarte con la prueba de las arideces, de las desolaciones y de la noche del espíritu.

21. Sí, yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre en las espaldas de Jesús.

22. Los verdaderos siervos de Dios siempre han estimado que la adversidad es más conforme al camino que recorrió nuestro Señor, que llevó a cabo la obra de nuestra salvación por la cruz y los desprecios.

23. El destino de las almas elegidas es el sufrir. El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria.
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Asociado a la pasión de Cristo por los sufrimientos morales (1)


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En la pasión de Cristo fueron sufrimientos muy dolorosos para él: la flagelación, la coronación de espinas, la herida en el hombro a causa del peso de la cruz, las caídas en el camino al Calvario, los clavos que atravesaron sus pies y sus manos, la sed… Sin duda, lo fueron mucho más: las bofetadas, los salivazos, los insultos, el manto color púrpura sobre sus hombros y el «¡Salve, rey de los judíos!» de los soldados de Pilatos, el «¡Quita de en medio a ése! Suéltanos a Barrabás» y el «¡Crucifícalo, crucifícalo!» de los sumos sacerdotes, los magistrados y el pueblo… Y más todavía: el beso traidor de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de los suyos…

El Señor, al asociar al Padre Pío a la pasión de Cristo, quiso para el Fraile capuchino, como ya he expuesto en los escritos anteriores de esta etiqueta de la página web, las llagas del Crucificado en manos, pies y costado, la transverberación, la flagelación y la coronación de espinas, la llaga del hombro o “sexta llaga” y otros sufrimientos corporales que difícilmente tienen sólo una explicación médica: la tos, un estómago que apenas acepta alimentos, los termómetros que llegan a marcar más de 48 grados de fiebre, los demonios que le golpean con bastones y cadenas de hierro... Y le regaló también, y con gran generosidad, esos sufrimientos, mucho más dolorosos que los físicos, que son los sufrimientos morales.

Dejando para otro escrito los sufrimientos morales que le vinieron al Padre Pío de la orden religiosa a la que perteneció y, aún a sabiendas de que no puedo referirme a todos, me fijo en los que le vinieron del Señor por otros caminos.

Antes de enumerarlos, quiero señalar que el Padre Pío es, si no el primero, sí un importante “responsable” de esos sufrimientos morales. Intento explicarme:

·  Uno de los recuerdos que más agradecen muchos devotos del Padre Pío es una pequeña “estampa” plastificada, que tiene, por un lado, la fotografía de la mano derecha del Padre Pío y, por el otro, una pequeña reliquia y el escrito «sufro y quisiera sufrir más», una frase tomada de la carta que el Capuchino escribió al padre Benedicto el 6 de mayo de 1913.

·   Pero, para el año 1913, el Padre Pío había ido mucho más lejos en su deseo de sufrir. En su carta al padre Benedicto de 29 de noviembre de 1910, después de decirle que sufre mucho, pero que también goza mucho, porque su director espiritual -el destinatario de la carta-, le ha asegurado que esto no es abandono por parte de Dios sino prueba delicada de finísimo amor, le pide una autorización cuando menos sorprendente: «Desde hace algún tiempo siento la necesidad de ofrecerme al Señor como víctima por los pobres pecadores y por las almas del purgatorio. Este deseo ha ido creciendo más y más en mi corazón y ahora se ha convertido, por decirlo así, en una pasión muy fuerte. Es cierto que esta ofrenda ya la he hecho al Señor varias veces, pidiéndole que quiera derramar sobre mí, incluso centuplicados, todos los castigos preparados para los pecadores y para las almas del purgatorio, con tal de que convierta y salve a los pecadores y admita pronto en el paraíso a las almas del purgatorio; pero ahora querría hacer esta ofrenda al Señor con su obediencia. Me parece que lo quiere el Señor».

·  La consecuencia de lo dicho hasta aquí parece lógica: el Padre Pío, que sufre mucho, quiere sufrir más, y pide al Señor la gracia de sufrir, de sufrir nada más y nada menos que todos los sufrimientos merecidos por los pecadores y por los que se purifican en el más allá antes de llegar a su destino eterno, unos sufrimientos incluso cien veces más dolorosos…; y Dios Padre, que ha asociado al Padre Pío a la pasión de su Hijo como colaborador en la salvación de los hombres, se los regala a manos llenas.

·   Quien piense que el Padre Pío es un masoquista que ama el sufrimiento por el sufrimiento, está muy equivocado. Pocos objetivos tan bellos para un enamorado de Cristo como los que expresan las palabras que he citado: «con tal de que convierta y salve a los pecadores y admita pronto en el paraíso a las almas del purgatorio». Pero, para el Padre Pío, hay otro objetivo más deseable: realizar lo que Jesús quiere y, además, mitigar con sus sufrimientos los de Jesús. Lo dice en dos cartas a sus directores espirituales. En la del 29 de julio de 1910, escribe al padre Benedicto: «Sufro, es cierto; pero no me lamento porque esto lo quiere Jesús». Y dos años más tarde, el 20 de septiembre de 1912, dice al padre Agustín: «Él (Jesús) se elige almas y entre éstas, contra todo merecimiento de mi parte, ha elegido también la mía, para ser ayudado en la gran empresa de salvar a los hombres. Y cuanto más sufren estas almas, sin consuelo alguno, tanto más disminuyen los dolores del buen Jesús. Éste es el motivo de querer sufrir cada vez más y sin consuelo alguno; y en esto radica toda mi alegría».

·          Dos indicaciones más, que, aunque necesitarían una explicación más amplia, la omito por razones de brevedad.
-      La primera la he sugerido ya al escribir: «Dios Padre se los regala (los sufrimientos) a manos llenas». El Padre Pío, en una carta al padre Evangelista de San Marco in Lamis, de 28 de junio de 1915, después de recordar que la Providencia divina suele ofrecer a los hombres, mezcladas, las alegrías y las lágrimas, escribe: «Tras la mano del hombre que se manifiesta veamos la mano de Dios que se oculta». El Padre Pío supo ver siempre tras las actuaciones de los hombres la actuación de Dios, incluso cuando descubrió en esas actuaciones malicia, al menos objetiva, como en el caso del padre Gemelli. Consta que, al menos en tres ocasiones, al ser preguntado por la veracidad de lo que afirmó este religioso franciscano en la Relación que envió a la Congregación del Santo Oficio, hoy de la Doctrina de la Fe, el 6 de abril de 1926, el Padre Pío respondió: «Él no me ha visitado y ni siquiera ha visto los estigmas. Afirmar lo contrario es falso y deshonestidad científica».
-      La segunda casi da miedo anotarla: Dios, para regalarle los sufrimientos que el Padre Pío le pedía, quiso servirse, al igual que en la pasión y muerte de su Hijo Jesucristo, de la “mano del hombre”. Y eligió, al menos en algunos casos, la mano que resultaba más dolorosa al Fraile capuchino: la de altas jerarquías de la Iglesia, que actuaron, si no con malicia subjetiva, sí equivocadamente: el Arzobispo de Manfredonia, diócesis en la que residía entonces el Padre Pío, la Congregación vaticana del Santo Oficio, el Visitador apostólico Mons. Maccari, algunos sacerdotes de las parroquias de San Giovanni Rotondo, el franciscano padre Agostino Gemelli...

En los sufrimientos morales, a diferencia de los físicos cuando éstos los hemos padecido, nos es muy difícil, por no decir imposible, valorar su intensidad en otra persona, aunque sea grande nuestra sintonía con ella. Me quedaré en la enumeración de algunos de los que el Señor regaló al Padre Pío, dejando al lector que intente captar su repercusión en el Fraile capuchino, aunque no dejaré de ofrecerle alguna ayuda.

·          Como consecuencia de las «bajas insinuaciones y de las oscuras calumnias y difamaciones propaladas por todas partes», también en el Vaticano, por Mons. Pasquale Galliardi, Arzobispo de Manfredonia, con la aportación generosa de alguno de los párrocos de San Giovanni Rotondo, al Padre Pío se le tuvo por un impostor, que se autolesionaba para tener las llagas del Crucificado, que se perfumaba para que los devotos hablaran de un perfume sobrenatural indescriptible que emanaba de su cuerpo…

·          Las afirmaciones del padre Agostino Gemelli, algunas contrarias a la verdad y otras carentes de todo fundamento, ya en la primera de las tres Relaciones que envió a la Congregación del Santo Oficio, dieron pie para que se tuviera al Padre Pío por un enfermo mental, obsesionado, bajo el influjo de su director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, por identificarse con Cristo crucificado, también en su cuerpo. Y, como consecuencia de las mismas, para que el Santo Oficio, en junio de 1922, mandara al padre Benedicto dejar la dirección espiritual del Padre Pío y propusiera el traslado de éste a un convento del norte de Italia.

·          Y fruto de las actuaciones de Mons. Gallardi y del padre Gemelli fueron las nuevas intervenciones de la Congregación del Santo Oficio: en junio de 1923, para mandar que el Padre Pío celebrara la misa en la capilla interna del convento sin presencia de extraños, y que no se respondiera a las cartas que le llegaban; en julio de ese mismo año 1923, para manifestar que no constaba «la sobrenaturalidad de los hechos atribuidos al Padre Pío» y que los fieles actuaran en consecuencia; y, la más grave, en junio de 1931, para prohibir al Padre Pío el ejercicio del ministerio sacerdotal, a excepción de la misa, que debía celebrarla en la capilla interior del convento con sola la presencia del ayudante. Privación del ejercicio del ministerio sacerdotal que se prolongó hasta el 16 de julio de 1933 para la celebración de la misa en público, hasta el 25 de marzo de 1934 para las confesiones de los hombres y hasta el 12 de mayo de ese mismo año para las confesiones de las mujeres.

·          Es fácil imaginar lo que sucedía en el interior, en el espíritu del Padre Pío, que:
- Enriquecido con dones singulares del Señor, que él nunca buscó, veía que éstos no eran reconocidos por la Iglesia.
- Aun prefiriendo «mil veces la muerte antes que ofender al buen Jesús con la más leve falta voluntaria», se sabía tenido por un impostor.
- Debiendo cumplir una “misión grandísima”, confiada directamente por el Señor, experimentaba que era la Jerarquía de la Iglesia la que le prohibía los medios adecuados para realizarla: la celebración de la misa en público, el ministerio del confesonario, la orientación espiritual de palabra o por carta, el trato con los fieles…
Elías Cabodevilla Garde

Marzo: días 10 al 16.


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10. El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz. Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas. 

11. Ciertas dulzuras interiores son cosas de niños. No son señal de perfección. No dulzuras sino sufrimiento es lo que se precisa. Las arideces, la desgana, la impotencia, éstos son los signos de un amor verdadero. El dolor es agradable. El destierro es bello porque se sufre y así podemos ofrecer algo a Dios. La ofrenda de nuestro dolor, de nuestros sufrimientos, es una gran cosa que no podemos hacer en el cielo. 

12. Preferiría mil cruces e incluso me sería dulce y ligera toda cruz, si no tuviese esta prueba de sentirme siempre en la duda de si agrado o no al Señor en mis obras. Es doloroso vivir así... Me resigno, ¡pero la resignación, mi "fiat", me parece tan frío, tan vacío...! ¡Qué misterio! Sólo Jesús se preocupa de nosotros.

13. Ama a Jesús; ámalo mucho; pero precisamente por esto, ama cada vez más el sacrificio.

14. El corazón bueno es siempre fuerte; sufre pero oculta sus lágrimas, y se consuela sacrificándose por el prójimo y por Dios.

15. Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir.

16. El dolor ha sido amado con deleite por las almas grandes. Es el remedio de la creación después de la desgracia de la caída; es la palanca más potente para levantarla; es el segundo brazo del amor infinito para nuestra regeneración.
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Maestro y modelo para mejor seguir a Cristo.


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Al Padre Pío de Pietrelcina se le buscaba en vida por muchos motivos, aunque hubiera que recorrer cientos de kilómetros e incluso viajar de un continente a otro. Muchos lo hacían para confesarse con él, otros para participar en la misa que, en frase de Pablo VI, la “celebraba humildemente”, algunos para implorar su intercesión ante el cielo, los más para ver de cerca a quien consideraban un hombre de Dios, marcado en su cuerpo con las cinco llagas del Crucificado, y no faltaban quienes lo hacían por mera curiosidad.
Sobre todo desde el año 1947, cuando, secundando la petición del Papa Pío XII a promover la oración, dio nuevo impulso a sus Grupos de Oración, eran muchos los que, individualmente o con el Grupo, llegaban a San Giovanni Rotondo para encontrarse con el Padre Pío, escuchar las consignas de su maestro y sentirse estimulados por quien quiso ser, y fue, “un pobre fraile que ora”.
De hecho, el II Congreso Internacional de los Grupos de Oración del Padre Pío tuvo lugar en San Giovanni Rotondo, en septiembre de 1968, con motivo de los 50 años de los Estigmas del Fraile capuchino.

*** * ***

El pasado fin de semana, desde las 10 de la mañana del sábado, día 2 de marzo, hasta media tarde del domingo, día 3, en la Casa de Espiritualidad de las Hermanas Teresianas de Jesús-Tortosa (Tarragona – España), unos 40 devotos del Padre Pío, casi todos ellos de los Grupos de Oración del Padre Pío de las provincias españolas de Castellón y Tarragona, buscaron lo mismo que otros buscaban años atrás en San Giovanni Rotondo: a la luz de la espiritualidad del Padre Pío, profundizar en los contenidos de la fe cristiana y vivir con nuevo entusiasmo y renovada coherencia el “Creo en Dios Padre, Creador todopoderoso”, y el “Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor”, e “intensificar el testimonio de la caridad”. Los tres temas que he indicado, que son los que resalta la Carta Apostólica “Porta Fidei”, con la que el Papa Benedicto XVI convocó el Año de la Fe, centraron la reflexión, las celebraciones, la oración personal y el compromiso de los asistentes al Retiro.

Es el séptimo retiro espiritual, uno por año, que organizan estos devotos del Padre Pío. He tenido la suerte de estar presente en todos ellos. Y, también este año, ante el ambiente de alegre cordialidad, de trato espontáneo y sincero y de búsqueda ilusionada de ser en medio  del mundo, como pide el Padre Pío, “levadura de Evangelio” y “faros de amor”, no cabe sino dar gracias a Dios y pedir al Padre Pío que siga siendo maestro y modelo para todos, incluso para los pequeños que nos acompañaron en la eucaristía del domingo, y que, por medio de la Virgen María, nos siga llevando a Jesucristo.
 Elías Cabodevilla Garde

Marzo: días 3 al 9.


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3. En esta tierra cada uno tiene su cruz, pero debemos actuar de modo que no seamos el mal ladrón sino el buen ladrón.

4. El Señor no puede darme un cireneo. Debo hacer sólo la voluntad de Dios; y si le agrado, lo demás no cuenta.

5. En la vida Jesús no te pide que lleves con él su pesada cruz, pero sí un pequeño trozo de su cruz, trozo que se compendia en los dolores de los hombres.

6. En primer lugar tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida.

7. No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de Getsemaní.

8. Comprendo bien, hija mía, que tu Calvario te resulte cada día más doloroso. Pero piensa que Jesús ha llevado a cabo la obra de nuestra redención en el Calvario y que en el Calvario debe completarse la salvación de las almas redimidas.

9. Sé que sufres y que sufres mucho, pero ¿no son acaso éstas las alhajas del Esposo.

(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde