Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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VIA CRUCIS II


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VIA CRUCIS II


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte


Te adoramos, Cristo y te bendecimos  
Porque por tu Santa Cruz redimiste al  mundo.

Del Evangelio según Juan (1, 9-12)
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,ilumina a todo hombre.Ella estaba en el mundo,y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.


Jesús va repitiéndome: no tengas miedo/ no te asustes si yo permito al demonio  atormentarte, al mundo desagradarte, a las personas por ti más queridas afligirte porque nada podrá prevalecer contra los que gimen bajo la cruz  por mi amor y que yo me procuro de protegerlos [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre

II  ESTACIÓN: Jesús con la Cruz a cuestas

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según Marcos (15.16-20)
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: «¡Salud, rey de los judíos!». Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto  púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.


El verdadero remedio para no caer es apoyarse a la cruz de Jesús, con la confianza en que por nuestra salvación él quiso ser colgado [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre


III ESTACIÓN: Jesùs cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Lucas (9, 22-23)
El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho: es necesario. Los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los maestros de la Ley lo rechazarán. Será asesinado, pero al tercer día resucitará. Si alguien quiere venir en pos de mí, deje de pensar en sí mismo, tome su cruz y sígame.


No te preocupes, Jesús está cerca de ti y te mira; está ahí para quitar tus dolores [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima Madre

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Lucas (2, 34-35 51)
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

La Virgen Madre que fue la primera a practicar el evangelio en toda su perfección, nos de el empuje   para seguirla [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

V ESTACIÓN: Jesùs es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 21-22)
Y obligaron a uno que pasaba a  llevar la cruz, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y de Rufo a que llevara su cruz. Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota  que significa “lugar del calvario”.


Bajo la cruz se aprende a amar e yo no la dono a todos, sólo a las almas que me son más queridas [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VI ESTACIÓN: Verónica enjuga el rostro de Jesùs

Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (27, 8-9)
Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro».Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor, tú que eres mi ayuda;no me dejes ni me abandones,mi Dios y mi salvador.

Jesùs que sigue poseyendo vuestro corazón, os haga santos [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

VII ESTACIÓN: Jesùs cae por segunda vez


Te adoramos Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Libro del Profeta Isaías (53, 4-7)
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.

Cuidamos no separar la cruz del amor de Jesús: se volvería una carga insoportable a nuestra fragilidad [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre


VIII ESTACIÓN: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Lucas (23, 27-28)
Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.

Practica dulzura interior y exterior en tu corazón [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

IX ESTACIÓN: Jesùs cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo,y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

De la carta de San Pablo apóstol a los Filipenses ( 2, 6-7)
El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente,  al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

No te extravíes si la oscuridad de la noche  se torna más larga y sombría, mira hacia lo alto y verás brillar una lámpara que te mostrará  la luz del eterno sol [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (22, 17-19)
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies
y me hunden en el polvo de la muerte. Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.

No tengas miedo de las condiciones de tu espíritu, el Señor está contigo y cuida de  tu alma [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre



XI ESTACIÓN: Jesùs es crucificado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según san Marcos (15,22; 25-27)
Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo».
Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.


La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo de amor: es la santa alegría de un corazón en que reina Dios [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria al Padre

XII ESTACIÓN: Jesùs muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 34; 37-39)
Y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».  Entonces Jesús, dando un grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».


Pasará el invierno y la primavera llegará interminable, tanto más rica en belleza cuánto más duras hayan sido las tormentas [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

XIII ESTACIÓN: Jesùs es bajado de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Marcos (15, 42-43, 46)
Y ya al atardecer, como era la Preparación es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetado del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. El comprando una sábana, lo descolgó de la cruz.


Distended vuestro corazón y permitid que el Señor opere libremente. Abrid vuestra alma ante el sol divino y dejad que sus beneficiosos rayos disipen las tinieblas que el enemigo os va presentando [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria al Padre



XIV ESTACIÓN: Jesús es depositado en el sepulcro


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según san Mateo ( 27, 59-60)
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.

Jesùs te ama: abandónate a sus sagradas operaciones y no tengas miedo porque Jesùs está contigo [Padre Pio]

Ave María, Gloria al Padre

CONCLUSIÓN

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos 
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Oremos:
Señor, que tu bendición descienda sobre estos hijos tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de resucitar con él; vengan el perdón y el consuelo, aumente la fe, se fortalezca la certeza en la redención eterna. Por Cristo nuestro Señor.  Amén


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VIA CRUCIS
con meditaciones del Cardenal Gualterio Bassetti Arzobispo de Perugia y Padre Pío de Pietrelcina

“Me mirarán a mí, a Aquel que han traspasado” (Zc. 12,10) 
¡se cumplen también en nosotros las palabras proféticas de Zacarías! La mirada se eleva de nuestras infinitas miserias para fijarse en El, Cristo Señor, Amor Misericordioso. Entonces podremos encontrar su rostro y oír sus palabras: “Te he amado con amor eterno” (Jer. 31,3). El, con su perdón, borra nuestros pecados y nos abre el camino de la santidad, sobre el cual abrazaremos nuestra cruz, junto a Él, por amor a los hermanos.  La fuente que ha lavado nuestro pecado se volverá para nosotros “un manantial de agua que brotará hasta la vida eterna”. (Jn. 4, 14).

Eterno Padre,
A través de la Pasión de tu dilecto Hijo
Has querido revelarnos tu corazón y donarnos tu misericordia
Haz que, junto a María, suya y nuestra Madre,
Sepamos acoger y custodiar siempre el don del amor.
Ella sea, Madre de la Misericordia,
Quien te presente las plegarias que elevamos por nosotros y por toda la humanidad,
A fin de que la gracia de este Vía Crucis alcance cada corazón humano
Y le infunda nueva esperanza,
La esperanza indefectible que se irradia desde la Cruz de Jesús,
Que vive y reina contigo
En la unidad del Espíritu Santo
Por los siglos de los siglos. Amen.


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Pilato les decía: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero ellos gritaron más fuerte: “¡Crucificadlo!”. Pilato, queriendo satisfacer a la multitud, pone en libertad a Barrabás y después de haber hecho flagelar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado. (Mc. 15: 14-15)
Pilato se encuentra delante de un misterio que no llega a comprender. Busca una solución y llega, tal vez, hasta el umbral de la verdad. Pero elige no abordarla. Entre la vida y la verdad, elige su propia vida. La multitud elige a Barrabás y abandona a Jesús. La multitud quiere la justicia en la tierra y elige al justiciero: aquel que podría liberarlos de la opresión y del yugo de la esclavitud. Pero la justicia de Jesús no se cumple con una revolución: Pasa a través del escándalo de la cruz. La multitud y Pilato, de hecho, están dominados por una sensación interior que es común en todos los hombres: el miedo. El miedo de perder las propias seguridades, el propio bien, la propia vida. Pero Jesús elige otro camino.
De los escritos de Padre Pío:
No daremos nunca un paso en la virtud, si no estudiáramos vivir en una santa e inalterable paz. (Ep. I, 268,607).
Señor Jesús,
¡Cómo nos sentimos parecidos a estos personajes,
Cuánto miedo hay en nuestra vida!
Tenemos miedo a lo diferente,
A lo extranjero, al inmigrante.
Tenemos temor al futuro,
A los imprevistos, a la miseria.
Cuánto miedo en nuestras familias,
En los ambientes de trabajo, en nuestras ciudades…
Y tal vez tenemos miedo también de Dios:
El miedo al juicio divino
Que nace de la poca fe,
Del desconocimiento de su corazón,
De la duda de su misericordia.
Señor Jesús,
Condenado por el miedo de los hombres,
Libéranos del miedo a tu juicio.

Para que la pena de muerte sea abolida en cada país del mundo: Padre Nuestro

II ESTACIÓN: Jesús es cargado con la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo. (Mc. 15:20)
El miedo ha dictado la sentencia, pero no puede revelarse y se esconde detrás de las actitudes del mundo: burla, humillación, violencia y desprecio. Ahora Jesús es vestido con sus ropas, de su sola humanidad, dolorosa y sangrante, sin ningún “púrpura”, ni otro signo de su divinidad. Y como tal, Pilato lo presenta: “¡Ecce homo!” (Jn. 19:5). Esta es la condición de cualquiera que siga la secuela de Cristo. El cristiano no busca el aplauso del mundo o el consenso en las plazas públicas. El cristiano no adula y no dice mentiras para conquistar el poder. El cristiano acepta la burla y la humillación que derivan del amor, de la verdad. “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18:38), le había preguntado Pilato a Jesús. Esta es la pregunta de todo tiempo. Es la pregunta de hoy. Esta es la verdad: la verdad del Hijo del hombre predicho por los Profetas (cfr Is. 52: 13-53, 12), un rostro humano transfigurado que desvela la fidelidad de Dios.
De los escritos de Padre Pío:
Jesús quiere agitarlos, sacudirlos, golpearlos como el grano, a fin de que vuestro espíritu llegue a la limpieza y purificación que El desea. ¿Podría el grano volver a colocarse en el granero si no está limpio de toda cizaña y mala hierba? ¿Puede el lino conservarse en la casa del patrón si antes no se vuelve cándido? Es así también como debe ser el alma elegida. (Ep. II, 4, p. 68).
Señor, has proclamado bienaventurados a los perseguidos por tu Nombre:
          Sostiene y alegra a los cristianos hostigados en el mundo.
Has profetizado a tus enviados la persecución:
          Mantiene la iglesia vigilante y preparada para la prueba.
Has pedido a tus discípulos amar a los enemigos:
         Haz que los que creen en ti oren por sus perseguidores.
Has revelado que la semilla que muere da fruto:
          Ayuda a los perseguidos a aceptar gozosamente morir por ti.
Porque logremos compartir nuestras riquezas con el pobre, el dolor con quien sufre: Ave María

III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
También él ha cargado con nuestros sufrimientos, se ha hecho cargo de nuestros dolores; y nosotros lo juzgábamos castigado, rechazado por Dios y humillado. Maltratado, se dejó humillar y no abrió su boca; era como el cordero conducido al matadero, como la oveja muda ante el que la esquila y no abrió su boca. (Is. 53: 4-7)
Hemos llegado al punto extremo de la encarnación del Verbo. Pero hay un punto todavía más bajo: Jesús cae bajo el peso de esta cruz. ¡Un Dios que cae! En esta caída está Jesús que le da sentido al sufrimiento de los hombres. El sufrimiento para el hombre es a veces un absurdo presagio de muerte. Hay situaciones de sufrimiento que parecieran negar el amor de Dios. ¿Dónde está Dios en los campos de exterminio? ¿Dónde está Dios en las minas y las fábricas donde trabajan como esclavos los niños? ¿Dónde está Dios en las balsas del mar que zozobran en el Mediterráneo? Jesús cae bajo el peso de la cruz, pero no permanece aplastado. Ahí está Cristo. Descarte entre los descartes. Último con los últimos. Naufrago entre los náufragos. Pero aun así Dios es fiel a sí mismo: fiel en el amor.
De los escritos de Padre Pío
¡Oh! Hijita dilectísima de Jesús, si fuera por nosotros, caeríamos siempre y nunca permaneceríamos en pie; y por eso, humíllate en el pensamiento dulcísimo de estar en los divinos brazos de Jesús (Ep. II, lect. 2, p. 63).
Te rogamos, Señor,
Por todas las situaciones de sufrimiento que parecen no tener sentido,
Por los judíos muertos en los campos de exterminio,
Por los cristianos asesinados por el odio a la fe,
Por las víctimas de toda persecución,
Por los niños que son esclavizados en el trabajo,
Por los inocentes que mueren en las guerras.
Haznos entender, Señor,
Cuánta libertad y fuerza interior hay
En esta inédita revelación de tu divinidad,
Tan humana como para caer
Bajo la cruz de los pecados del hombre,
Tan divinamente misericordiosa hasta llegar a derrotar el mal que nos oprimía.
Para que no nos dejemos arrastrar en lógicas de ventajas: Padre Nuestro

IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Simeón lo bendijo y a María, su madre, le dijo: “Este, Él está aquí para la ruina y la resurrección de muchos en Israel y como signo de contradicción – y a ti una espada te traspasará el alma – a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Lc. 2: 34-35, 51).
María es esposa de José y madre de Jesús. Ayer, como hoy, la familia es el corazón palpitante de la sociedad; amor para siempre que salvará al mundo. María es mujer y madre. Genio femenino y ternura. Sabiduría y caridad. María, como madre de todos, “es signo de esperanza para los pueblos que sufren los dolores del parto”, es “la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos en la vida” y, “como una verdadera madre, camina con nosotros, combate con nosotros, e infunde incesantemente la cercanía del amor del Dios” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, p. 286).
Oh, María, Madre del Señor,
Tú fuiste para tu divino Hijo el primer reflejo de la misericordia de su Padre,
Aquella misericordia que en Canaá le pediste que manifestara.
Ahora que tu Hijo te revela el Rostro del Padre
Hasta las consecuencias extremas del amor,
Te quedas, en silencio, sobre sus huellas, primera discípula de la cruz.
Oh, María, Virgen fiel,
Protege a todos los huérfanos de la Tierra,
Protege a todas las mujeres que son objeto de explotación y de violencia.
Suscita mujeres con coraje por el bien de la Iglesia.
Inspira a cada madre a educar los propios hijos en la ternura del Amor de Dios,
Y en la hora de la prueba,
A acompañar su camino con la fuerza silenciosa de la fe.
Para que las familias no sufran más por motivo de la guerra: Ave María

V ESTACIÓN: Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Obligaron a llevar su cruz a uno que pasaba, un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, padre de Alejandro y Rufo. Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota, que significa “lugar del cráneo”. (Mt. 15: 21-22)
El sufrimiento, cuando golpea a nuestra puerta, jamás espera. Aparece siempre como una obligación, a veces hasta como una injusticia. Esta tribulación no deseada, golpea con prepotencia al corazón del hombre. El Cireneo nos ayuda a entrar en la fragilidad del alma humana y pone al descubierto otro aspecto de la humanidad de Jesús. Hasta el Hijo de Dios ha tenido la necesidad de ser ayudado por alguien a llevar la cruz. ¿Quién es, por lo tanto, este Cireneo? Es la misericordia de Dios que se hace presente en la historia de los seres humanos.
De los escritos de Padre Pío
Tienen todas las razones para asustarse si ustedes quieren medir la batalla con vuestras fuerzas, pero saber que Jesús no los deja ni por un instante, debe ser un estado de suma consolación. (Ep. II, 46, p. 305)
Señor Jesús,
Te agradecemos por este don que supera cada expectativa
Y nos revela tu misericordia.
Tú nos has amado no solo hasta el punto de darnos la salvación,
Sino hasta hacernos instrumentos de salvación.
Mientras tu cruz da sentido a cada una de nuestras cruces,
Se nos es dada la gracia suprema de la vida:
Participar activamente en el misterio de la redención,
Ser instrumento de salvación para nuestros hermanos.

Por los misioneros, cireneos en cada parte del mundo: Padre Nuestro



VI ESTACIÓN: La Verónica seca el rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
No tiene forma ni hermosura que atraiga nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado y desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro; tan despreciado, que lo tuvimos por nada. (Is. 53: 2-3)
Tendemos instintivamente a huir del sufrimiento. Cuántos rostros desfigurados por las aflicciones de la vida vienen a nuestro encuentro y demasiado frecuentemente miramos hacia otro lado. ¿Cómo no ver el rostro del Señor en el de millones de prófugos, refugiados y desposeídos que huyen desesperadamente del horror de las guerras, de las persecuciones y de las dictaduras? Por cada uno de ellos, con su rostro irrepetible, Dios se manifiesta siempre como un socorrista valeroso. Como la Verónica, la mujer sin rostro, que secó amorosamente el rostro de Jesús.
De los escritos de Padre Pío
Nosotros cristianos somos doblemente imagen de Dios, por naturaleza, es decir, en cuanto hemos sido dotados de intelecto, de memoria y de voluntad; y por gracia, en cuanto hemos sido santificados por el bautismo, queda impresa en nuestra alma la bellísima imagen de Dios. Sí, mi querida, la gracia santificante imprime tanto así la imagen de Dios en nosotros, que nos volvemos casi un Dios también nosotros por participación; y para servirme de la bellísima expresión de San Pedro: “somos partícipes de la naturaleza divina” (Ep. II, lect. 33, p. 233-234)
“¡Busco tu rostro, Señor!”
Ayúdame a encontrarlo entre los hermanos que recorren
El camino del dolor y la humillación.
Haz que yo sepa secar las lágrimas
Y la sangre de los vencidos de todo tiempo,
De cuantos la sociedad rica
E indiferente descarta sin escrúpulo.
Haz que detrás de cualquier rostro
Aun de aquel del hombre más abandonado,
Yo pueda descubrir tu rostro de belleza infinita.
(cfr. Sal. 27:8)
Para quien obra en bienvenida y asistencia del prójimo: Ave María

VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Él ha sido traspasado por nuestras culpas, aplastado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da salvación ha caído sobre él; por sus llagas hemos sido curados. (Is. 53:2-3)
Jesús cae otra vez. Aplastado pero no muerto por el peso de la cruz. Una vez más Él pone al desnudo su humanidad. Es una experiencia al límite de la impotencia, de vergüenza delante de quien lo escarnece, de humillación delante de quien esperaba en él. Ninguna persona quisiera caer en tierra y experimentar el fracaso. Especialmente delante de otras personas. Con frecuencia los hombres se rebelan con la idea de no tener poder, de no tener la capacidad de llevar adelante su propia vida. Jesús, en cambio, encarna el “poder de los sin poder”. Experimenta el tormento de la cruz y la fuerza salvífica de la fe. Solo Dios puede salvarnos. Solo Él puede transformar un signo de muerte en una cruz gloriosa.
De los escritos de Padre Pío
El alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna debe ser pulida a golpes de martillo y escalpelo, de los cuales se sirve el divino Artista para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son? Hermana mía, estos golpes de escalpelo son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con cierto aroma de desolación y también el malestar físico. (Ep. II, lect. 8, p. 88)
Señor Jesús,
Que has aceptado la humillación
De caer aún bajo los ojos de todos,
Te queremos no solo contemplar
Mientras están en el polvo,
Sino fijar en ti nuestra mirada,
Desde la misma posición, también nosotros en tierra,
Caídos por nuestras debilidades.
Danos la conciencia de nuestro pecado,
La voluntad de levantarnos que nace del dolor.
Dale a toda la Iglesia
La consciencia del sufrimiento.
Ofrece en particular a los ministros de la Reconciliación
El don de las lágrimas por sus pecados.
¿Cómo podrían invocar
Sobre sí o sobre los otros tu misericordia
Si no supieran primero llorar por sus propias culpas?
Por todos los que están viviendo un período de desolación: Padre Nuestro

VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Lo seguía una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellos, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, más bien lloren por ustedes mismas y por sus hijos”. (Lc. 23: 27-28)
Es el Cordero de Dios que habla y que llevando sobre sus espaldas el pecado del mundo, purifica la mirada de estas hijas, ya vueltas hacia Él, pero todavía de un modo imperfecto. “¿Qué debemos hacer?” parece gritar el llanto de estas mujeres delante del Inocente. Y la misma pregunta que la multitud había formulado al Bautista (cfr Lc. 3:10) y que repetirían después los escuchas de Pedro luego de Pentecostés (At. 2:37). La respuesta es simple y neta: “Conviértanse”. Una conversión personal y comunitaria: “Oren los unos por los otros para ser curados” (Sant. 5:16). No hay conversión sin la caridad. Y la caridad es el modo de ser Iglesia.
De los escritos de Padre Pío
Basta que el alma quiera cooperar con la divina gracia, que su belleza pueda alcanzar tal esplendor, tal hermosura, que tal hermosura pueda atraer para sí misma por amor y por estupor, no tanto los ojos de los ángeles sino del mismo Dios, según da testimonio la misma Sagrada Escritura: “El rey, es decir Dios, se ha enamorado de tu decoro”. (Ep. II, lect. 33, p. 227)
Señor Jesús,
Tu gracia sostenga nuestro camino de conversión para volver a ti,
En comunión con nuestros hermanos,
Hacia los cuales te pedimos donarnos tus propias entrañas de misericordia,
Entrañas maternas que nos hagan capaces de sentir ternura y compasión los unos por los otros,
Y de llegar también a darnos a nosotros mismos por la salvación del prójimo.
Por aquellos que en el mundo son perseguidos por causa de la fe: Ave María

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
El, a pesar de ser de tener la condición de Dios, no ostenta el privilegio de ser como Dios, sino que se vació de sí mismo asumiendo una condición de siervo, volviéndose igual a los hombres (Fil. 2: 6-7)
Jesús cae por tercera vez. El Hijo de Dios experimenta hasta el fondo la condición humana. Con esta caída todavía entra más establecido en la historia de la humanidad. Y acompaña, en cada momento, a la humanidad sufriente. “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). Cuantas veces los hombres y las mujeres caen por tierra. Cuantas veces los hombres, las mujeres y los niños sufren por una familia dividida. Cuantas veces los hombres y las mujeres piensan haber pedido la dignidad al no tener más un trabajo. Cuantas veces los jóvenes están obligados a vivir una vida precaria y pierden la esperanza de un futuro. Es por misericordia que Dios se bajó hasta este punto, hasta yacer en el polvo del camino. Polvo bañado por el sudor de Adán y por la sangre de Jesús y de todos los mártires de la historia; polvo bendito por las lágrimas de tantos hermanos caídos por la violencia o por la explotación del hombre sobre el hombre. A este polvo bendito, ultrajado, violado y depredado por el egoísmo humano, el Señor ha reservado su último abrazo.
De los escritos de Padre Pío
Conservemos siempre una voluntad que no busque otra cosa que Dios y su gloria. Si nos esforzamos por llevar adelante esta bella virtud, aquel que se las ha enseñado los enriquecerá siempre de nuevas luces y mayores favores celestes. (Ep. I, 268, 607).
Señor Jesús,
Postrado sobre esta tierra quemante,
Estas cerca de todos los hombres que sufren
E infundes en sus corazones la fuerza para levantarse.
Te ruego, Dios de la misericordia,
Por todos aquellos que están caídos por tierra por tantos motivos:
Pecados personales, matrimonios fracasados, soledad,
Pérdida del trabajo, dramas familiares, angustia por el futuro.
Hazles sentir que Tú no estás distante de cada uno de ellos,
Porque el más cercano a Ti,
Que eres la misericordia encarnada,
Es el hombre que advierte la más grande necesidad del perdón
¡Y continúa a esperar contra toda esperanza!

Porque en las dificultades los jóvenes encuentren consuelo en el Maestro: Padre Nuestro

X ESTACION: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Después lo crucificaron y se repartieron sus vestidos, echando a suertes sobre lo que cada uno tomaría (Mc. 15:24)
Es enorme la distancia que separa al Crucificado de sus verdugos. El interés mezquino por los vestidos no les permite tomar conciencia de aquel cuerpo inerte y despreciado, ridiculizado y martirizado, en el cual se cumple la divina voluntad de salvación de la humanidad entera. Aquel cuerpo que el Padre ha “preparado” para el Hijo (cfr. Sal 40,7; Heb. 10, 5) ahora expresa el amor del Hijo hacia el padre y la entrega total de Jesús a los hombres. Aquel cuerpo despojado de todo excepto del amor que encierra en sí el inmenso dolor de la humanidad y relata todas sus llagas. Sobre todo las más dolorosas: las llagas de los niños profanados en su intimidad. Aquel cuerpo mudo y sangrante, flagelado y humillado, indica el camino de la justicia. La justicia de Dios que trasforma el sufrimiento más atroz en la luz de la resurrección.
Señor Jesús,
Quisiera presentarte a toda la humanidad sufriente.
Los cuerpos de hombres y mujeres, de niños y ancianos,
De enfermos y discapacitados no respetados en su dignidad.
Cuanta violencia a lo largo de la historia de esta humanidad ha golpeado lo que el hombre tiene por encima de él,
Todo lo sagrado y bendito porque viene de Dios.
Te rogamos, Señor,
Por quien ha sido violado en su intimidad.
Por quien no toma el misterio del propio cuerpo,
Por quien no acepta  o desfigura la belleza,
Por quien no respeta la debilidad y la sacralidad del cuerpo que envejece y muere.
¡Y que un día resurgirá!

Por todos los niños: Ave María

XI ESTACION: Jesús es crucificado

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Uno de los malhechores clavados en la cruz lo insultaba: “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”. El otro, en cambio, lo reprendía diciendo: “¿No tienes ningún temor de Dios, tú que has sido condenado a la misma pena? Nosotros, justamente, porque recibimos lo que hemos merecido por nuestras acciones; el en cambio no ha hecho ningún mal”. Y dijo: “Señor, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. El responde: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lc. 23: 39,43)
A la derecha y a la izquierda de Jesús hay dos malhechores, probablemente dos homicidas. Esos dos malhechores hablan al corazón de cada hombre porque indican dos modos diferentes de estar en la cruz: el primero maldice a Dios; el segundo reconoce a Dios sobre esa cruz. El primer malhechor propone la solución más cómoda para todos. Propone una salvación humana y tiene una mirada dirigida hacia lo bajo. La salvación para el significa escapar de la cruz y eliminar el sufrimiento. El segundo malhechor, en cambio, propone una salvación divina y tiene una mirada dirigida hacia el cielo. La salvación para el significa aceptar la voluntad de Dios también en las peores condiciones. Es el triunfo del amor y del perdón.
De los escritos de Padre Pío
Eleven siempre vuestra cruz al cielo, también en aquel momento en el cual la desolación asalta vuestro espíritu: griten fuerte con el pacientísimo Job, el cual puesto por el Señor en el estado en el cual ustedes están en el presente, gritaba al Señor: “También si tú me matas, oh Señor, en ti esperaré”. (Ep. II, lect. 55, p. 361)
Dame, oh, Crucificado por amor,
Tu perdón que olvida
Y tu misericordia que recrea.
Hazme experimentar, en cada Confesión,
La gracia que me ha creado a tu imagen y semejanza
Y que me recrea cada vez que pongo mi vida,
Con todas sus miserias,
En las manos piadosas del Padre.
Que tu perdón resuene para mí como certeza del amor que me salva,
Me hace nuevo y me permite estar contigo para siempre.
Entonces yo seré de verdad un malhechor agraciado
Y cada perdón tuyo será como probar el Paraíso, desde hoy.

Por los enfermos, especialmente los terminales, de todo el mundo: Padre Nuestro

XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Cuando fue mediodía, se hizo oscuro sobre toda la tierra hasta las tres de la tarde. A las tres Jesús gritó fuerte: “Eloí, Eloí, ¿lemá sabactáni?”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Oyendo esto, algunos de los presentes decían: “¡A Elías llama!”. Uno corre a empapar de vinagre una esponja, la fijó en una caña y le daba de beber, diciendo: “Esperen, veamos si viene Elías a salvarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del tempo se rajó en dos, de arriba abajo. El centurión, que se encontraba frente a él, habiéndolo visto expirar de ese modo, dijo: “¡En verdad este hombre era el Hijo de Dios!”. (Mc. 15: 33-39).
Jesús se dirige al Padre gritando las primeras palabras del salmo 22. El grito de Jesús es el grito de cada crucificado de la historia, del abandonado, del humillado, del mártir y del profeta, de quien es calumniado e injustamente condenado, de quien está en el exilio o la cárcel. Es el grito de la desesperación humana que desemboca en la victoria de la fe que transforma la muerte en la vida eterna. “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea” (Sal. 22,23). Jesús muere en la cruz. ¿Es la muerte de Dios? No, es la celebración más elevada del testimonio de la fe.
De los escritos de Padre Pio

Señor Dios del corazón, tu solo conoces y lees a fondo mis penas,
Tú solo conoces que todas mis angustias provienen del temor a perderte, a ofenderte,
Del temor que tengo de no amarte cuanto mereces, cuanto deseo y debo;
Para ti que todo es presente y que solo lees en el futuro
Si conoces la forma en que yo pueda ser mejor para tu gloria y para mi salud
Que esté yo en ese estado, no deseo ser liberado de él;
Dame la fuerza para que yo combata y obtenga el premio de las almas fuertes (Ep. II, lect. 57, p. 370)

Por todos aquellos que en el mundo mueren solos y abandonados: Ave María

XIII ESTACIÓN: Jesús es depuesto de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Llegada ya la tarde, ya que era la Pascua, es decir, la vigilia del sábado, José de Arimatea, miembro autorizado del Sanedrín, que esperaba también el, el Reino de Dios, con coraje fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. El entonces, comprada la sábana, lo bajó de la cruz (Mc. 15: 12-43, 46)
José de Arimatea recibe a Jesús  aun antes de haber visto su gloria. Lo recibe de abatido. De malhechor. De rechazado. Pide el cuerpo de Jesús por no permitir que sea arrojado en una fosa común. José arriesga su reputación y tal vez, como Tobías, también su vida (cfr. Tb 1: 15-20). Pero el coraje de José no es audacia de héroe de batalla. El coraje de José es la fuerza de la fe. Una fe que se vuelve acogida, gratuidad y amor. En una palabra: caridad.
Bendito el hombre que no sigue el consejo de los malvados,
No persiste en el camino de los pecadores
Y no se sienta en compañía de los impíos;
Sino que se complace en la ley del Señor,
Su ley medita día y noche.
Será como árbol plantado al borde de los cursos de agua,
Que dará fruto a su tiempo
Y sus hojas no se marchitarán nunca;
Hará bien todas sus obras.
(Sal. 1, 1-3)

Por aquellos que han muerto a causa de la violencia o de la guerra: Padre Nuestro

XIV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
José tomó el cuerpo [de Jesús], lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en el sepulcro nuevo, que se había hecho excavar en la roca; Después hizo rodar una gran piedra a la entrada el sepulcro, y se fue. (Mt. 27: 59-60)
Mientras José cierra el sepulcro de Jesús, El desciende a los infiernos y abre las puertas. Lo que la Iglesia Occidental llama “descenso a los infiernos”, la Iglesia Oriental lo celebra como Anastasi, es decir, “Resurrección”. Las Iglesias hermanas comunican así al hombre la plena Verdad de este único Misterio: “Yo abro vuestros sepulcros, los hago salir de sus tumbas, o pueblo mío. Haré entrar en ustedes mi espíritu y revivirán” (Ex. 37: 12-14). Tu Iglesia, Señor, cada mañana canta: “Gracias a la ternura y misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que surge de lo alto, para resplandecer sobre los que están en las tinieblas y en las sombras de la muerte” (Lc. 1: 78-79). El hombre, deslumbrado de luces que tienen el color de las tinieblas, empujado por las fuerzas del mal, ha rodado una gran piedar y te ha cerrado en el sepulcro. Pero nosotros sabemos que tu, Dios humilde, en el silencio en el cual nuestra libertad te ha puesto, estás en la obra más que nunca para generar nueva gracia en el hombre que amas. Entra, pues, en nuestros sepulcros: revive la chispa de tu amor en el corazón de cada hombre, en el seno de cada familia, en el camino de cada pueblo.
¡Oh, Cristo Jesús!
Todos caminamos hacia nuestra muerte
Y nuestra tumba.
Permítenos quedarnos en espíritu
Al lado de tu sepulcro.
Que la potencia de Vida
Que en esto se manifiesta,
Traspase nuestros corazones.
Que esta Vida se transforme
En luz de nuestro peregrinar sobre la tierra. Amen.
(San Juan Pablo II)

Para aquellos que en el mundo mueren en la desesperación: Ave María

Oh, Señor
Al término del camino del Vía Crucis,
No nos dejes.
También si volvemos a nuestras actividades,
Te quedas dentro de nosotros, habitándonos y haciendo de nosotros tu casa.
Nos hemos dejado mirar por tus ojos moribundos,
Mientras contemplábamos tu corazón traspasado.
Por esto te agradecemos.
Porque en la oscuridad de tu pasión has hecho surgir el amanecer de la esperanza;
En el abandono y la soledad de los hombres de todo el mundo
Has revelado tu infinito amor por nosotros.
Concédenos poder ser hombres alegres y mujeres pascuales,
En los días luminosos como en los oscuros,
En el camino hacia tu Reino.
(G. Ransenigo)

ORAMOS SIN FRONTERAS III


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ORAMOS SIN FRONTERAS

Rezamos especialmente por la amada Obra de Padre Pio: La Casa Alivio del Sufrimiento que atraviesa el desafío de asistir a los infectados por el Covid 19 y se encuentra desbordada.  Por los enfermos, el personal sanitario y administrativo.
Rogamos por la Santa Iglesia de Cristo y su Vicario el Papa Francisco.
También rogamos por los Grupos de Oración, por sus integrantes y sacerdotes guía, por las intenciones que recibimos y por las almas del Purgatorio.

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Amén 

1. Invocación al Espíritu Santo 
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

2. Oración de Mons. Franco Moscone , Arzobispo de Manfredonia – Vieste - San Giovanni Rotondo

Oh glorioso Padre Pío,
Cuando creaste los Grupos de Oración, fundaste la Casa del Alivio, como lugar de avanzada y  “Ciudadela de la caridad", y nos aseguraste que nuestra vocación es la de ser "viveros de fe y hogares de amor, en los cuales Cristo mismo está presente".
En este tiempo de pandemia, resulta imposible reunirnos físicamente como Grupos de Oración, pero cada uno de nosotros sabe ser persona de oración en comunión con mu-chas otras, de las cuales conoce nombres y rostros. En este trágico tiempo, oh glorioso Padre Pío, haznos sentir que estamos verdaderamente unidos en un solo gran Grupo que abraza a todo el mundo y que se hace portavoz de todas las Ciudadelas de caridad, que, desde lejos, sufren y pagan con su profesión para derrotar el mal del Coronavirus.
Oh glorioso Padre Pío, hazte mediador de nuestra oración con el Cristo Crucificado del cual has sido constituido cireneo de la humanidad.
A través de tu mediación queremos interceder:
por las personas golpeadas por el virus, y por las que por este flagelo han dejado este mundo: "heridos y caídos" por una guerra que llegó de improviso y sin estar declarada;
por las familias de los difuntos y de los enfermos, marcadas en los afectos más queridos y preocupados: "víctimas inermes" de un enemigo que llegó como un ladrón para modificar los afectos y las relaciones;
por quien está obligado a la experiencia de la cuarentena: experiencia casi de un "arresto domiciliario", no por una culpa cometida, sino tocado por un suceso incomprensible, tal vez infectado mientras cumplía con su propio deber profesional;
por los médicos de familia y obreros de los primeros auxilios: "atrincherados", con pocas seguridades y a veces, sin medios para combatir a un enemigo invisible;
por los médicos, enfermeros, obreros sanitarios y todos los trabajadores de los establecimientos hospitalarios: "campos de batalla" sin horarios, sin turnos y con las fuer-zas que comienzan a disminuir;
por los responsables de la vida civil, gobernantes y administradores: lideres en tiempos de calamidad, obligados a asumir decisiones que parecen amargas e impopulares;
por los últimos, que no aparecen más en las informaciones periodísticas y televisivas: los emigrantes, los refugiados, cuyas vidas corren riesgo atravesando sobre las barcas "nuestro mar": todos estos existen todavía, como antes, y continúan en su Calvario;
por cada uno de nosotros que vive este tiempo con el corazón herido, pero que sabe que, sobre todo en una situación como esta, debe ser todavía más vivero de fe y hogar de amor.
Ayúdanos, oh glorioso Padre Pío, a interceder por todas estas personas: son la carne de Cristo, son la Eucaristía que en estos días no pueden recibir; son la Eucaristía viviente, hecha persona débil y sufriente... pero que resplandece en su propio rostro el Rostro del Hijo de Dios, del dulcísimo Jesús Crucificado y Resucitado. Amén

3. Palabras del Padre Gustavo Seivane*(fragmento):
“La cruz se carga con paciencia, como soportando un sagrado don. Es la paciencia que nos resguarda de corridas vanas, y nos silencia sabiamente. Una paciencia que impide que hablemos de nosotros mismos, de nuestros dolores, para callar y servir a los otros sufrientes.
El que ama con su cruz a cuestas no malogra el camino. Lo pleno le es propio, porque Jesús no miente. Y en esa fe lo sigue.
No hay hastío en aquel que ama crucificado, ni hay trivialidades que distraigan al que no huye de su vía dolorosa.
Transportar un peso fatiga. Transportar la cruz aumenta la sabiduría. Es sello del Verbo encarnado. Se la lleva abriendo mundos. Y el camino que abre no acaba en círculo cerrado, sino en salto. Dios es la recompensa de los que amaron con ella.
El cartel de la Cruz de Cristo decía: “Jesús de Nazaret Rey de los Judíos”. La cruz de sus discípulos dirá en la última hora: “De Cristo hasta el fin”.
Hoy besemos el crucifijo que tengamos en casa o a la mano.
Es nuestro sello de identidad salvífica. “  Amén

*Asesor espiritual de los Grupos de Padre Pio en Argentina

4. Palabras de Padre Pio
Lejos de nosotros lamentarnos de las aflicciones y enfermedades que Jesús quiera mandarnos. Sigamos al divino Maestro por la senda del Calvario cargados con nuestra cruz; y, cuando él quiera colocarnos en la cruz, es decir, tenernos en cama enfermos, démosle gracias y tengámonos por afortunados por el gran honor que se nos hace, sabiendo que estar en la cruz con Jesús es un acto muchísimo más perfecto que el de sólo contemplarlo a él en la cruz.
(26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 245)

5. Breve momento de meditación personal sobre los puntos 3 y 4

6. Coronilla al Sagrado Corazón de Jesús 

  - ¡OH Jesús mío! que dijiste. “ En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”, he aquí que yo llamo, yo busco, yo pido la gracia. (men-cionar la gracia solicitada)
Padre nuestro, Ave Maria, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
 - ¡OH Jesús mío!, que dijiste “en verdad os digo cualquier cosa que pidieres a mi Padre en mi nombre, él os la concederá” he aquí que a Vuestro Padre y en Vuestro nombre, yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria .
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
- OH Jesús mío ! que dijiste. “En verdad os digo, el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán jamás” he aquí que apoyado en la infalibilidad de vuestras santas palabras yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
 Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
¡OH Sagrado corazón de Jesús! a quien es imposible no tener compasión de los infelices, tened piedad de mi mísero pecador, y concédeme la gracia que te pido, por me-dio del Inmaculado Corazón de María, vuestra y nuestra tierna Madre.
 San José padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros.
Amen.

 •        Esta coronilla era recitada diariamente por el Padre Pío,     por todos aquellos que se encomendaban a sus oraciones.

7. Nos dice Padre Pío 

“El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en par y entregársela to-talmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para com-batir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios. Solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos."

Oración a san Pio por los enfermos 

Oh San Pío de Pietrelcina, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos, e intercede ante el Padre misericordioso por los que sufren.
Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo;
sostén a quienes han perdido toda esperanza de curación;
consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores;
protege a quienes no pueden atenderse o medicarse
por falta de recursos materiales o ignorancia;
alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar;
vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa;
acompaña a quienes pasan las noches insomnes,
visita a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos;
alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan;
toca los miembros y los músculos que han perdido movilidad;
ilumina a quienes ven tambalear su fe
y se sienten atacados por dudas que los atormentan;
apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran;
calma a quienes se estremecen por dolores y calambres;
concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan;
devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia;
disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos;
vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento;
guía a los moribundos al gozo eterno;
conduce al encuentro con Dios, a los que más lo necesitan;
y bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor,
los consuelan en su angustia y los protegen con su caridad.
Amén.

8. LETANIAS A SAN  PIO DE PIETRELCINA

Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo ten piedad.                                                                     Cristo ten piedad.
Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo, óyenos.                                                                          Cristo, óyenos.
Cristo, benignamente escúchanos.                                       Cristo, benignamente escúchanos.
Dios, Padre del Cielo                                                               Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo , Redentor del mundo.                                          Ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo,              Ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios. Ten piedad de nosotros.
Santa Maria, Virgen Inmaculada.                                         Ruega por nosotros.
San Pio de Pietrelcina .                                                           Ruega por nosotros.
Amado de Dios, Ruega por nosotros.
Imitador de Cristo, Ruega por nosotros.
Buen Pastor de las personas, Ruega por nosotros.
Modelo de sacerdote, Ruega por nosotros.
Luz de la Iglesia, Ruega por nosotros.
Adorador del Bendito Sacramento, Ruega por nosotros.
Fiel hijo de San Francisco, Ruega por nosotros.
Marcado con los estigmas de Cristo, Ruega por nosotros.
Paciente en el sufrimiento, Ruega por nosotros.
Auxilio de los moribundos, Ruega por nosotros.
Director de almas, Ruega por nosotros.
Corazón de oro, Ruega por nosotros.
Apóstol de misericordia, Ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, Ruega por nosotros.
Apóstol  del Sagrado Rosario, Ruega por nosotros.
Auxilio de almas en dudas  y tinieblas, Ruega por nosotros.
Confortador de almas, Ruega por nosotros.
Ejemplo de humildad, Ruega por nosotros.
Fuente de sabiduría, Ruega por nosotros.
Espejo de la Vida Divina, Ruega por nosotros.
Amante de Cristo Crucificado, Ruega por nosotros.
Resignado a la Voluntad de Dios, Ruega por nosotros.
Hacedor de bien sobre la tierra, Ruega por nosotros.
Lleno del Espíritu de sacrificio, Ruega por nosotros.
Nuestra ayuda y esperanza en las necesidades, Ruega por nosotros.
Vasija del Espíritu Santo, Ruega por nosotros.
Nuestra guía hacia Cristo, Ruega por nosotros.
Nuestro padre espiritual y abogado, Ruega por nosotros.
Coronado de Gloria en el Cielo, Ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Ten piedad de nosotros.
Oremos:
Dios, nuestro Padre. Tu que ayudaste a San Pio a reflejar la imagen de Cristo a través de una vida de caridad y sacrificio, rogamos poder seguir a Tu Hijo, caminando en las mismas huellas de San Pio de Pietrelcina, imitando su amor sin egoísmo. Amén.

9. Consagración personal a san Pio de Pietrelcina

Padre de bondad y misericordia, fuente inagotable de vida y felicidad, te pido, por in-tercesión del Padre Pío, me concedas ser semejante a él: sencillo y humilde, como las florecillas del campo, libre y alegre, como los pájaros del cielo; pobre y laborioso, co-mo su padre san Francisco.
Porque confío en tu amor y en tu gracia hoy te ofrezco libremente cuanto soy y cuanto tengo: deposito mi pasado en tu misericordia, encomiendo mi futuro a tu providencia y me quedo tranquilo como un niño pequeño en brazos de su madre cariñosa, tratando de vivir un día a la vez.
Te entrego mi memoria, mi inteligencia y mi voluntad. Te consagro mis fuerzas y mis límites: tómame como soy y haz de mí como hiciste de Pío de Pietrelcina, un buen cris-tiano y un honrado ciudadano que te alabe sirviendo a mis hermanos.  Amén.

10. Rezamos Salve a la Virgen Santísima

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oramos sin fronteras II


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Por la señal de la Santa Cruz
De nuestros enemigos
Líbranos Señor Dios nuestro.

†En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

1 Invocación

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.


Dios nuestro, acudimos hoy a tu misericordia implorando piedad para este mundo ingrato. De la mano de María, elevamos con fe y fervor nuestras plegarias.

2 Magnificat

« Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos,
enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre »

(Lc 1, 46-55).

3. Leemos en la carta Encíclica  “Redemptoris Mater” del Papa San Juan Pablo II

La dimensión mariana de la vida de un discípulo de Cristo se manifiesta de modo especial precisamente mediante esta entrega filial respecto a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, « acoge entre sus cosas propias » 130 a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su « yo » humano y cristiano: « La acogió en su casa » Así el cristiano, trata de entrar en el radio de acción de aquella « caridad materna », con la que la Madre del Redentor « cuida de los hermanos de su Hijo »,131 « a cuya generación y educación coopera » 132 según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de María a los pies de la Cruz y en el cenáculo.

Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia él. Se puede afirmar que María sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo en Caná de Galilea: « Haced lo que él os diga ». En efecto es él, Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres; es él « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 4, 6); es él a quien el Padre ha dado al mundo, para que el hombre « no perezca, sino que tenga vida eterna » (Jn 3, 16). La Virgen de Nazaret se ha convertido en la primera « testigo » de este amor salvífico del Padre y desea permanecer también su humilde esclava siempre y por todas partes. Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que « ha creído », y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y es sabido que cuanto más estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la « inescrutable riqueza de Cristo » (Ef 3, 8). E igualmente ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque « Cristo ... manifiesta plenamente el hombre al propio hombre ».133

Esta dimensión mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condición. En efecto, la feminidad tiene una relación singular con la Madre del Redentor … Aquí sólo deseo poner de relieve que la figura de María de Nazaret proyecta luz sobre la mujer en cuanto tal por el mismo hecho de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnación del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer. Por lo tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo.


3. Oración de san Bernardo
Mira la estrella, invoca a María

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme,
arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.
Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes,
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María.
Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu,
levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación,
lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón;
y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer;
si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.


4. Consagración al Inmaculado Corazón de María del Papa Pío XII

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente.

Vos, oh Madre de misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos), y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor.

Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en El todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz.


5. Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

 ¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezarmos tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.


6. Recitamos  las siguientes jaculatorias:


-¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

-Refugio de pecadores, rogad por nosotros.

¡-Oh dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía!


 7. Padrenuestro ,Avemaría, y Gloria por las intenciones del Papa.


8.. Letanías al Inmaculado Corazón de María

Señor, ten piedad...
Cristo, ten piedad...
Señor, ten piedad...
Cristo, oyenos.
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo,
                  Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
                  Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios,
                  Ten piedad de nosotros.

Santa María ruega por nosotros
Corazón Inmaculado de María,                           "         
Corazón Inmaculado de María, lleno de gracia
Corazón Inmaculado de María, vaso del amor más puro
Corazón Inmaculado de María, consagrado íntegro a Dios
Corazón Inmaculado de María, preservado de todo pecado
Corazón Inmaculado de María, morada de la Santísima Trinidad
Corazón Inmaculado de María, delicia del Padre en la Creación
Corazón Inmaculado de María, instrumento del Hijo en la Redención
Corazón Inmaculado de María, la esposa del Espíritu Santo
Corazón Inmaculado de María, abismo y prodigio de humildad
Corazón Inmaculado de María, medianero de todas las gracias
Corazón Inmaculado de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús
Corazón Inmaculado de María, gozando siempre de la visión beatífica
Corazón Inmaculado de María, holocausto del amor divino
Corazón Inmaculado de María, abogado ante la justicia divina
Corazón Inmaculado de María, traspasado de una espada
Corazón Inmaculado de María, coronado de espinas por nuestros pecados
Corazón Inmaculado de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, exultando en la resurrección de tu Hijo
Corazón Inmaculado de María, triunfando eternamente con Jesús
Corazón Inmaculado de María, fortaleza de los cristianos
Corazón Inmaculado de María, refugio de los perseguidos
Corazón Inmaculado de María, esperanza de los pecadores
Corazón Inmaculado de María, consuelo de los moribundos
Corazón Inmaculado de María, alivio de los que sufren
Corazón Inmaculado de María, lazo de unión con Cristo
Corazón Inmaculado de María, camino seguro al Cielo
Corazón Inmaculado de María, prenda de paz y santidad
Corazón Inmaculado de María, vencedora de las herejías
Corazón Inmaculado de María, de la Reina de Cielos y Tierra
Corazón Inmaculado de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia
Corazón Inmaculado de María, que por fin triunfarás


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
  Ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos

Tú, que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María, una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos.

Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amen


Salve, Madre soberana del Redentor, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar; socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse, tú que para asombro de la naturaleza has dado el ser humano a tu Creador ».

Amén



Grupos y devotos de san Pio de Pietrelcina   (habla hispana)   28 de Marzo – 15.30 hs

Oramos sin fronteras I


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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

1

¡Ven, Espíritu Divino!
(Secuencia de Pentecostés)

Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.



2

Oración

Amado Dios Padre omnipotente y eterno, que nos creaste por amor…
Mal hemos correspondido tu obra, mal hemos comprendido la misión que nos encomendaste como humanidad.
A la luz de las enseñanzas de tu dilecto hijo san Pio de Pietrelcina, elevamos hoy nuestra plegaria clamando tu perdón, pidiendo misericordia para este mundo errado que no valora la vida, que no te reconoce, que mata, codicia, ambiciona, roba, daña, traiciona, odia y blasfema !
Señor ante esta llamada de atención que es la peste, imploramos tu misericordia.
No podemos acudir a tu casa, no podemos ya recibirte en la sagrada Eucaristía pero aún así vivís en nosotros. Te amamos con fervor desde nuestra pequeñez.
Bendito, alabado y adorado seas Señor nuestro,
Recibe nuestras oraciones como ofrenda reparadora.
Bendice y protege tu santa Iglesia, castigada, dañada, ensuciada por tantos.
Bendice al Santo Padre, nuestro Papa Francisco nacido en estas tierras para que su mensaje de amor, misericordia, perdón, paz, concordia y fe sacuda al mundo
Bendice a tus sacerdotes con santidad, salud y fortaleza para que lleven tu Palabra y te sirvan dignamente
Libéranos de la peste del Covid 19 que ataca tu creación, destruye ese flagelo
Frena a quienes ejercen toda maldad: los que usan la ciencia para sentirse dioses, a los que practican abortos, a los que practican eutanasia, a los que realizan rituales satánicos, a los que maldicen.
Bendice y protege los Grupos de oración para que como faros de luz y de amor llevemos tu mensaje de esperanza y santidad por todo el mundo. Sostenenos Señor para no darnos nunca por vencidos. Que nuestro actual sufrimiento sirva para consolar tu dolor.
En esta santa Cuaresma, te decimos  Perdón Señor, pecamos contra Ti.
Te adoramos Oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.
Amén


3

SALMO 91

1 Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
2 di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
3 El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
4 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
5 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
6 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
7 Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
8 Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
9 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
10 No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
11 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
12 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
13 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.
14 «El se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
15 me invocará, y yo le responderé.
Estará con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
16 le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación».


4

Decena Del Rosario

Contemplamos 
“ La oración de Jesús en el Huerto”

…”Jesús fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron al lugar les dijo: ”Orad para no caer en tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia del lanzamiento de una piedra y arrodillándose oraba: “Padre, si quieres ¡aleja de mí este cáliz! No se haga sin embargo, mi voluntad sino la tuya”… Invadido por la angustia oraba más intensamente; y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”. (Lc. 39-44)

Padre nuestro - 10 Ave María - Gloria

5

Letanías de los Santos

-Señor ten piedad de nosotros
-Señor ten piedad de nosotros
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Cristo ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Señor ten piedad de nosotros,
-Cristo óyenos
-Cristo óyenos
-Cristo escúchanos,
-Cristo escúchanos,
-Dios Padre celestial,
Ten piedad de nosotros,
-Dios Hijo Redentor del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Dios Espíritu Santo,
Ten piedad de nosotros.
-Trinidad santa un solo Dios,
Ten piedad de nosotros.
-Santa María,
Ruega por nosotros.
-Santa Madre de Dios,
Ruega por nosotros.
-Santa Virgen de las vírgenes,
Ruega por nosotros.
-San Miguel,
Ruega por nosotros.
-San Gabriel,
Ruega por nosotros.
-San Rafael,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos ángeles y arcángeles,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados,
Rueguen por nosotros.
-San Juan Bautista,
Ruega por nosotros.
-San José,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos patriarcas y profetas,
Rueguen por nosotros.
-San Pedro,
Ruega por nosotros.
-San Pablo,
Ruega por nosotros.
-San Andrés,
Ruega por nosotros.
-San Juan,
Ruega por nosotros.
-Santo Tomás,
Ruega por nosotros.
-Santiago,
Ruega por nosotros.
-San Felipe,
Ruega por nosotros.
-San Bartolomé,
Ruega por nosotros.
-San Mateo,
Ruega por nosotros.
-San Simón,
Ruega por nosotros.
-San Tadeo,
Ruega por nosotros.
-San Matías,
Ruega por nosotros.
-San Bernabé,
Ruega por nosotros.
-San Lucas,
Ruega por nosotros.
-San Marcos,
Ruega por nosotros.
-Todos los Santos apóstoles y evangelistas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos discípulos del Señor,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos inocentes,
Rueguen por nosotros.
-San Esteban,
Ruega por nosotros.
-San Lorenzo,
Ruega por nosotros.
-San Vicente,
Ruega por nosotros.
-San Fabián y San Sebastián,
Rueguen por nosotros.
-San Juan y San Pablo,
Rueguen por nosotros.
-San Cosme y San Damián,
Rueguen por nosotros.
-San Gervasio y San Protasio,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos mártires,
Rueguen por nosotros.
-San Silvestre,
Ruega por nosotros.
-San Gregorio,
Ruega por nosotros.
-San Ambrosio,
Ruega por nosotros.
-San Agustín,
Ruega por nosotros.
-San Jerónimo,
Ruega por nosotros.
-San Martín,
Ruega por nosotros.
-San Nicolás,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos obispos y confesores,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos doctores,
Rueguen por nosotros.
-San Antonio,
Ruega por nosotros.
-San Benito,
Ruega por nosotros.
-San Bernardo,
Ruega por nosotros.
-Santo Domingo,
Ruega por nosotros.
-San Francisco,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos sacerdotes y levitas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los santos monjes y ermitaños,
Rueguen por nosotros.
-Santa María Magdalena,
Ruega por nosotros.
-Santa Águeda,
Ruega por nosotros.
-Santa Lucía,
Ruega por nosotros.
-Santa Inés,
Ruega por nosotros.
-Santa Cecilia,
Ruega por nosotros.
-Santa Catalina,
Ruega por nosotros.
-Santa Anastasia,
Ruega por nosotros.
-Todas las santas vírgenes y viudas,
Rueguen por nosotros.
-Todos los Santos y santas de Dios,
Intercedan por nosotros.
-Muéstratenos propicio,
Perdónanos Señor.
-Muéstratenos propicio,
Escúchanos Señor.
-De todo mal,
Líbranos Señor.
-De todo pecado,
Líbranos Señor.
-De tu ira,
Líbranos Señor.
-De la muerte súbita e imprevista,
Líbranos Señor.
-De las asechanzas del demonio,
Líbranos Señor.
-De la cólera, del odio y de toda mala intención,
Líbranos Señor.
-Del espíritu de fornicación,
Líbranos Señor.
-Del rayo y de la tempestad,
Líbranos Señor.
-Del azote de los terremotos,
Líbranos Señor.
-De la peste, del hambre y de la guerra,
Líbranos Señor.
-De la muerte eterna,
Líbranos Señor.
-Por el misterio de tu santa encarnación,
Líbranos Señor.
-Por tu venida,
Líbranos Señor.
-Por tu natividad,
Líbranos Señor.
-Por tu bautismo y santo ayuno,
Líbranos Señor.
-Por tu cruz y tu pasión,
Líbranos Señor.
-Por tu muerte y sepultura,
Líbranos Señor.
-Por tu santa resurrección,
Líbranos Señor.
-Por tu admirable ascensión,
Líbranos Señor.
-Por la venida del Espíritu Santo, nuestro Consolador,
Líbranos Señor.
-En el día del juicio,
Líbranos Señor.
Nosotros, pecadores, te rogamos
– que nos oigas,
– que nos perdones,
– que nos seas indulgente,
– que te dignes conducirnos a verdadera penitencia,
– que te dignes regir y gobernar tu santa Iglesia,
– que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica,
– que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia,
– que te dignes conceder a los reyes y príncipes cristianos la paz y la verdadera concordia,
– que te dignes conceder la paz y la unión a todo el pueblo cristiano,
– que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles,
– que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio,
– que levantes nuestro espíritu al deseo de las cosas celestiales,
– que concedas a todos nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos,
– que libres nuestras almas, las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, de la condenación eterna,
– que te dignes damos y conservar las cosechas de la tierra,
– que te dignes conceder el descanso eterno a todos los fieles difuntos,
– que te dignes escucharnos, Hijo de Dios.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten piedad de nosotros.
-Cristo, óyenos,
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos,
-Cristo, escúchanos.
-Cristo, ten piedad de nosotros,
-Cristo, ten piedad de nosotros.
-Señor, ten piedad de nosotros,
-Señor, ten piedad de nosotros.

Padrenuestro.

6

Consagración (de pie)

¡ Oh corazón Inmaculado de María ! por tu perfecta comunión de amor con el corazón de Jesús,  deseamos consagrarnos totalmente a tu corazón Inmaculado que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús.
Tu corazón es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.
Deseamos pertenecer a tu corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas. Y en virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos  que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico.
Que nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu Santo, como arde tu corazón, y que unidos a ti sepamos dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón Divino de Jesús. Amén

7

SALMO 121

1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
2 La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
3 El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
4 No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel.
5 El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
6 de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
7 El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
8 El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén

Cuaresma


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Grupos de Oración del Padre Pio 
SANTO ROSARIO – Cuaresma 2020

+Señal de la cruz

Oración de inicio
Dame tu mano, María, la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía   tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata
Esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.
¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel, te saludó: "Ave, María"?
Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti este augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario cítame en Getsemaní.
A ti doncella graciosa, hoy maestra de dolores, p
laya de los pecadores, nido en que el alma reposa,
a ti te ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quién quería cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.
Amén.

Meditaremos en cada misterio un texto extraído del libro” Las cuarenta horas de Padre Pio. Oremos, Adoremos”

Pèsame 

Primer Misterio:  
Jesús agoniza en el huerto de Getsemaní por el desprecio y la indiferencia de los hombres ante su amor. Él “los amó hasta el extremo” (Jn 13,1), es decir, los amó hasta las últimas consecuencias..., hasta llegar a aparecerse al pan  para convertirse en alimento de los hombres. Entonces Él, en el huerto de Getsemaní, sufrió incluso por el sacrilegio y el desprecio de los hombres por la Eucaristía. Jesús fue consolado por un ángel allí en el huerto; por lo tanto nosotros deseamos ofrecer a Jesús sacramentado toda la compasión y el amor de su Madre, la única que, en toda su plenitud, se ofreció al amor de su Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Segundo Misterio: 

San Pío decía: “Es más fácil que el mundo pueda mantenerse  sin el sol que sin la Misa”.
 Víctima silenciosa de nuestros altares, Jesús continúa ofreciéndose al Padre como durante la flagelación, como reparación de todas las maldades e iniquidades humanas.
El apóstol Pablo exhorta: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?  El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él... Glorificad, por tanto a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6,15-19). Jesús, escondido en la pequeña Hostia del altar, ordena nuestras pasiones y nos logra la paz. Nos acercamos, entonces, a nuestro buen Médico para glorificar a Dios en nuestro cuerpo, como lo hace  la Inmaculada que ya ha ascendido al Cielo en cuerpo y alma.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Tercer Misterio:  

En ninguna otra parte de la pasión se manifiesta la humillación a la cual estuvo sujeto el Señor como en la coronación de espinas. En la Santísima Eucaristía, por tanto, la humillación y el rebajamiento de Dios son insondables. ¿Cómo podemos explicar este estado de Jesús en la Hostia consagrada, si no reconocemos que Dios se humilla tan profundamente para confundir nuestro orgullo, raíz de todos nuestros pecados?
Nos creemos más sabios que Dios y criticamos todo, pero no ponemos en práctica sus mandamientos. Sigamos el ejemplo de María, que se reconoció “la esclava del Señor” (ver Lc 1, 3-8) y pidámosle su gracia para entregarnos humildemente, como ella lo hizo, a la voluntad de Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

 Cuarto Misterio:   

“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí no puede ser mi discípulo ” (Lc 14, 27). La Virgen Santísima, que, desde la profecía de Simeón, sintió la punta de aquella espada que después lenta e inexorablemente penetró en su Corazón hasta traspasarlo en el Calvario, nos da la gracia para soportar los pequeños y grandes sufrimientos de cada día y unirlos, como lo hizo Él en el Calvario, al sacrificio de Cristo que se renueva cada día en nuestros altares.
Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria

Quinto Misterio:  

El Sacrificio eucarístico es recuerdo del  Calvario. Decía San Pío: “En la Misa está todo el Calvario” (13); y cuando se le preguntó: “Padre, ¿cómo debemos participar en la Santa Misa?”, él respondió: “Como la Virgen, como San Juan y las piadosas mujeres del Calvario, amando y compadeciendo”.  En el Calvario, María refleja todo el dolor y todos los sentimientos de su Hijo. Ella es la Cordera sacrificada con el Cordero sacrificado, y en cada Santa Misa se actualiza, junto a Jesús Víctima, la presencia y ofrecimiento de María como Corredentora. Ella es la hostia con Jesús Hostia. Los fieles, que tienen el sacerdocio común por el bautismo, pero en particular el sacerdote, que tiene el sacerdocio ministerial, recibido en el Sacramento del Orden Sagrado, deben tener como modelo a María, ofreciendo a Dios no sólo el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también la “propia vida, su propio trabajo y todas las cosas creadas”
Padrenuestro, 10 Ave María y Gloria

Rezamos por la intenciòn del Papa Francisco para este mes:
*Por los católicos en China.
Recemos para que la Iglesia en China persevere en la fidelidad al Evangelio y crezca en unidad.

Padrenuestro, 3 ave María y Gloria

Oraciòn a san Miguel Arcàngel   

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus ma-lignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén."

Rezamos una Salve

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.