Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Archive for marzo 2019

VIA CRUCIS


posted by Grupos Oficiales de Padre Pio Hispanoamérica on

No comments


I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Te adoramos, Cristo y te bendecimos 
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Juan (1, 9-12)
Venía al mundo la luz verdadera, la que ilumina a cada hombre. Vino entre su gente, pero los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo han recibido, les ha dado el poder de volverse Hijos de Dios.


Jesús va repitiéndome: no tengas miedo, yo permito que el demonio te atormente, que el mundo te degrade, que las personas más queridas te aflijan, porqué nada podrá prevalecer contra los que gimen bajo la cruz  por mi amor, a quienes quiero proteger. [Padre Pio]


Padre Nuestro, Gloria.


II ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz 

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Marcos (15,16- 20)
 Los soldados lo condujeron dentro de un patio interno, lo vistieron de púrpura, tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre su cabeza. Luego lo saludaban: ¡Salve, rey de los judíos!Ellos le golpeaban la cabeza con una caña, lo escupían y, arrodillándose, se postraban delante de él. Después de burlarse, le quitaron el manto púrpura y lo hicieron vestir con sus prendas, luego lo condujeron afuera para crucificarlo.

El verdadero remedio para no caer es apoyarse en la cruz de Jesús, con la confianza puesta solo en él, que por nuestra salvación quiso ser crucificado. [Padre Pio]

Ave María, Gloria.



III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez bajo la cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Lucas (9, 22-23)
 El Hijo del hombre deberá sufrir mucho: es necesario. Los ancianos el pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo rechazarán. Lo matarán, pero al tercer día resucitará. Si alguno quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, tome la cruz y me siga.


No te preocupes, Jesús está cerca de ti y te mira; está ahí para quitar tus dolores[Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.


IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima Madre

Te adoramos Cristo y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Lucas (2, 34-35 51)
Simeón los bendijo y a María su madre, le dice: “Este , está aquí para la caída y la elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción. Y a ti misma una espada te atravesará el alma a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. “Su madre conservaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón.


La Virgen Madre, que fue la primera en practicar el evangelio en toda su perfección, nos de la fuerza  para seguirla [Padre Pio]

Ave María, Gloria.



V ESTACIÓN: Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar la cruz

Te adoramos Cristo y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Marcos (15, 21-22)
Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Condujeron a Jesús al Gólgota  que significa “lugar del cráneo”. 


Bajo la cruz se aprende a amar y yo no se la doy a todos, sólo a las almas que me son más queridas [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.



VI ESTACIÓN: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te adoramos Cristo y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (27, 8-9)
Di lo que te ha dicho mi corazón: "Busquen su rostro". Yo busco tu rostro, Señor. No me escondas tu rostro, no rechaces con ira a tu siervo. Se tu mi ayuda, no me dejes, no me abandones, Dios de mi salvación.


Jesús sigua poseyendo vuestro corazón y los haga santos [Padre Pio]

Ave María, Gloria.


VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez 


Te adoramos Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Libro del Profeta Isaías (53, 4-7)
El ha cargado con nuestros sufrimientos, se hizo cargo de nuestros dolores; y nosotros lo juzgamos castigado, golpeado por Dios y humillado, maltratado, se dejó humillar y no abrió su boca; era como el cordero conducido al matadero, como oveja muda frente a sus esquiladores, no abrió su boca.


Cuidemos de no separar la cruz del amor de Jesús: se volvería una carga insoportable para  nuestra fragilidad [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.


VIII ESTACIÓN: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén 

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Lucas (23, 27-28)
Lo seguía una gran multitud del pueblo y las mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”

Ejercitad vuestro corazón en la dulzura interior y exterior, y sostenedlo tranquilamente entre los de afectos que tenéis [Padre Pio]

Ave María, Gloria.



IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez 

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz has redimiste al mundo

De la carta de san Pablo apóstol a los Filipenses ( 2, 6-7)
Él, siendo de condición divina no consideró el privilegio de ser igual a Dios, sino que se despojó de si mismo tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 


No te extravíes si la noche en ti se hace más larga y sombría, mira hacia arriba y verás brillar una lámpara que participa de la luz del eterno sol [Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.


X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del libro de los Salmos (21, 17-19)
Un grupo de perros me circunda, me acecha una banda de forajidos, han praspasdo mis manos y mis pies.Puedo contar mis huesos. Ellos me observan: se dividen mis vestiduras.


No tengas miedo de las condiciones de tu espíritu, el Señor está contigo y cuida tu alma. [Padre Pio]

Ave María, Gloria.


XI ESTACIÓN: Jesús es crucificado 

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo


Del Evangelio según Marcos (15,22; 25-27)
Condujeron a Jesús al Gólgota, que significa "lugar del cráneo". Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron y la inscripción con el motivo de su condena decía:"El rey de los judíos". Con él, crucificaron también a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.


La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo de amor: es la santa alegría de un corazón en el que reina Dios[Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.


XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porqué por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Marcos (15, 34; 37-39)
A las tres Jesús gritó: "Eloí, Eloí,¿ lemá sabactáni?"que significa "Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?". Entonces, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El centurión que se encontraba frente a él, habiéndolo visto morir de ese modo, dijo: "¡En verdad, este hombre era el Hijo de Dios!".

Pasará el invierno, y la primavera llegará interminable, tanto más rica en belleza cuánto más  duras son las tormentas[Padre Pio]

Ave María, Gloria.


XIII ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz 

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Marcos (15, 42-43, 46)
Y ya al atardecer, era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetado del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús.
Este, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz.


Distiendan vuestro corazón y permitan que el Señor opere libremente. Amplíen vuestra alma frente al sol divino y dejen que sus beneficiosos rayos disipen de ella las tinieblas que el enemigos va espesando[Padre Pio]

Padre Nuestro, Gloria.


XIV ESTACIÓN: Jesús es depositado en el sepulcro

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio según Mateo ( 27, 59-60)
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.

Jesús te ama: abandónate a sus sagrados designios y no tengas miedo, porqué Jesús está contigo[Padre Pio]

Ave María, Gloria.



CONCLUSIÓN


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Oremos. Descienda, Señor, tu bendición sobre estos, tus hijos que han conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de resucitar con él; danos el perdón y el consuelo, acrecienta nuestra fe, refuerza nuestra certeza en la vida eterna. Amen


Oh Señor,
Al término del camino del Vía Crucis, no nos puedes dejar.
Aunque retornemos a nuestra actividad,
Te quedas dentro de nosotros, habitándonos y haciendo de nosotros tu casa.
Nosotros estamos destinados a mirar desde tus ojos moribundos, mientras contemplamos tu corazón atravesado.
Por esto te damos gracias,
Porque en la oscuridad de tu pasión has hecho surgir la aurora de la esperanza;
En el abandono y en la soledad de los hombres de todo el mundo
Has revelado tu infinito amor por  nosotros.
Concédenos poder ser hombres y mujeres alegres y pascuales,
En los días luminosos como en los sombríos,
en el camino hacia tu Reino.
(G. Ransenigo)

El hijo pródigo , Homilía del Padre Gustavo Seivane


posted by Grupos Oficiales de Padre Pio Hispanoamérica on

No comments


Qué serenante puede llegar a ser el saber que alguien me recibe aunque no lo merezca, aunque sea pecador… Un refugio puede ser, entonces, el corazón del amigo. Un descanso. Pero si el que me recibe es Dios, la amistad que ofrece y me espera es también fuente de perdón. Encuentro liberador. Una apertura de horizontes. Vida nueva.

El perdón descansa y sana. Bendice pasos. Da aurora. Como si nos besara la luz.
De la soberbia al hambre, y de la humildad a la fiesta… Caminos que solemos transitar los pecadores… El Señor es bueno. Es médico.
El Evangelio dice que “todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo”. ¿Qué les daba su Voz? ¿Qué les hacía su doctrina? ¿Veían crecer algo en ellos al escucharlo? ¿Recibían paz?

“Jesucristo es nuestra paz”, dice San Pablo. El muro del odio y de la división cae por la Gracia del Señor Jesús. Un muro que al caer favorece los espacios. Hace la unión. No mezcla. Distingue en relación. Trae la amistad. Engendra alianza.
¿A quién puede fastidiarle que Jesús coma con los pecadores?¿ O que este mundo devastado por la violencia sienta la percusión de las palabras de Cristo: “El que venga a mí yo no lo rechazaré”. O estas otras: “Destruyan este Templo, y yo lo levantaré en tres días”? ¿A quién le escandaliza el amor? A los fariseos y a los escribas. Es decir, a todos los que se sienten justos. A nosotros, alguna vez. O toda vez que no miramos con los ojos puros, cuando la mirada ve cómo Dios hace salir el sol sobre justos e injustos.

Si Jesucristo recibe a los pecadores, no es para felicitarlos por sus pecados, sino para corregirlos. Sanarlos. Para que se conviertan. Para que cambien. Para hacernos bienaventurados. Para animarnos. Para darnos a gustar el abrazo de su amistad. Para que hagamos amigos en si Nombre.
El Evangelio dice que los Fariseos y escribas murmuraban diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores, y come con ellos”. Jesús, a ellos, y a nosotros nos alecciona con una parábola. La parábola hace resplandecer el Amor. Es la parábola del Padre misericordioso. O llamada tradicionalmente del Hijo pródigo. Aquí, se encuentran “la Misericordia y la miseria”, como diría San Agustín. Dios abraza… Si hay alianza es porque hay un arrepentido. Un converso. Un punto nuevo de partida. La fiesta de la paz.

En el padre de la parábola encontramos figurado a Dios… Dios no nos obliga a amarlo, ni siquiera a hacer el bien. Favorece todo lo bueno. Ofrece su Gracia. Nos instruye. Nos previene. Nos alienta en el camino santo. Nos invita. El Apocalipsis dice. “Estoy a la puerta como el que llama, si me abres entraré y cenaremos juntos”.

Dios ama a sus criaturas. Dios es Amor. Él no retiene ni coacciona a sus hijos… La libertad es el más precioso don. Es la llave. Si abrimos lo bueno, la belleza estará con nosotros. Fascinante y tremendo es el misterio de la vida y la libertad. La libertad lleva en sí, por eso, un riesgo. Lleva la fuerza del sí y del no. Y eso nos da dignidad. Somos creaturas excelsas en nuestra hechura. Creados a imagen y semejanza de Dios. Libres.

Si puedo amar, entonces, puedo odiar. Si puedo aceptar, puedo rechazar. Si puedo salvarme, puedo condenarme. Si puedo permanecer en Dios, puedo, también, alejarme.
El hijo menor de la parábola, se fue. Alejó sus pasos. Se sintió fuerte, aunque desconocía su debilidad. Presumió. Se creyó capaz de hazañas. Ignoró que su ilusión lo dejaría perdido en “una soledad poblada de aullidos”, como dice el salmista.

Lejos, a la vera de un chiquero, conoció su límite, y su error. Midió su pecado.
Había pedido su parte. Una parte que había sido el esfuerzo de otros. ¿Será que la arrogancia siempre calcula mal?  Su sueño de gloria había resultado una construcción sobre arena… El hambre lo despertó. Lo devolvió al camino. Un camino de restauración. Sensatamente reflexionó.
El Evangelio afirma que recapacitó diciendo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!” Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre pequé contra el cielo y contra ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo”.

Había recogido sus cosas, y se había marchado a un país lejano, donde todo lo había malgastado en una vida licenciosa. Aquellas licencias que libremente se había dado a sí mismo fructificaron en indignidad. En frío y desamor… Lo magnífico fue que reflexionó. Pues un riesgo mayor pudo haberse consumado: ¡La obstinación! Como cuando el espanto de una mala vida, de un desatino, de un desvío dramático, se lo justifica. Cuando el orgullo llama riqueza a la pobreza, saciedad al hambre, o agua pura al fango y el estercolero.

El hijo menor no se mintió a sí mismo…. Llamó a las cosas por su nombre. Se dijo “yo estoy mal”. “Me equivoqué”. “Yo estaba bien con mi padre”. Era bueno el orden. Su cercanía. El calor del hogar. El trabajo y la mesa. La comunión y el respeto. La estabilidad y la riqueza de ser humilde.
De la reflexión pasó a la acción. Lo excelente está en que no dilató el retorno. No dio lugar a enredos, confusiones, justificaciones, y nuevos y abismales desvíos. “Ahora mismo iré a la casa de mi padre”. “Ahora mismo”. Ya. Un movimiento que es como avanzar resignificando todo lo bueno que había perdido. Recuperar. Ver todo lo de siempre, pero transfigurado.

¿Cómo lo esperó el padre? ¿Con cuáles ansias? ¿Acaso Dios no nos espera en el Corazón de Cristo?
El padre de la parábola hubo de permanecer asomado al camino. Como si desde el momento de la partida de su hijo hubiese puesto toda su atención en aquel regreso. El Evangelio dice que “cuando todavía estaba lejos lo vio, y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”.
Nada permanece oculto para Dios. Todo lo penetra. Desde lejos lo vio regresar… La compasión de Cristo revela las entrañas de misericordia de Dios. “El que me ve a mí ve al Padre”, le había dicho a Felipe. “Vengan a mí, todos los afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”, insiste el Señor.
Profundidad del amor de Dios, que todo lo disculpa… Hay encuentros que desatan abrazos, y traen músicas, y lanzan a vuelo las campanas, y sana heridas, y bendicen, como un amanecer, como una resurrección. “Porque este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida”… Había vuelto. Ahora, quedaba lejos el país lejano, el chiquero, y el habitante oscuro de aquel lugar que lo tenía sometido en la indignidad.

Luz de Luz es Dios. Y siempre dador de Vida… La mejor ropa para este arrepentido. Revístanlo de Cristo. Un anillo para este rescatado: reciba la alianza que lo une a la Iglesia de Dios como redimido. Lleve las sandalias nuevas para recorrer caminos, y para anunciar la Buena Noticia, y testimoniar la fe. Se una al Cordero en el banquete eucarístico. Es la fiesta del perdón. Es la Gloria de Dios celebrada. Es la hora de la paz. “Porque mi hijo estaba perdido, y lo he encontrado”.

La fiesta no dejó de ser fiesta porque el hijo mayor no participara. ´Puede que no todos celebren el amor de Dios. Los celos son un infierno… El Evangelio dice que el mayor “se enojó, y no quiso entrar”… Al respecto sólo digamos: “Señor, líbranos de los celos, de la amargura que propicia la envidia, de las falaces insidias del enemigo, y de los propósitos de engaño”. Y, a su vez, te damos gracias. Te doy gracias, Señor, porque estando perdido me abrazaste. Estando desnudo me vestiste como a un príncipe de Cristo. Y porque estando sin vida me diste Vida nueva. “Me sacaste del abismo profundo”. Me diste casa y luz. Y la paz de la fiesta... Te doy gracias por tu perdón. Por tu gran misericordia.

La torre de Babel indicaba la desunión de los hombres por el pecado. La Iglesia señala la unión de los hombres por el perdón de Cristo.
Muchos vuelvan a la casa del Padre, a la Iglesia, y al banquete de la Unidad: la Eucaristía. Y , todos, revestidos de Cristo por la fe lo celebren.
¿Quién habiendo llegado a Cristo no siente el deseo de ver a Dios, para saciarse con la contemplación de su infinita hermosura? Esa bienaventuranza última y perfecta esperamos. Y la reconciliación con Dios, la unión con Cristo, la alienta y la anticipa. “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”, dice el apóstol Juan. Y en su carta 1° agrega: “Ahora, somos hijos de Dios, aunque aún no se ha manifestado lo que llegaremos a ser. Sabemos que cuando aparezca seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cuál es”.

Por eso, la fiesta. Por eso, la gloria de la fe. El  banquete de la reconciliación. El beso de la paz.


Padre Gustavo Seivane
Asistente espiritual de los Grupos de Oración del Padre Pio
Argentina

Cenizas, por el Padre Gustavo Seivane


posted by Grupos Oficiales de Padre Pio Hispanoamérica on

No comments


Las cenizas llegan para que ganemos libertad. Para una iniciación. Para dar comienzo a un tiempo de batallas y de victorias. Para que impere Cristo en nuestra próxima Pascua. Para renacer por el curso de la penitencia, y la práctica santa del ayuno, la oración, y la limosna.

La cuaresma es un tiempo penitencial. Un tiempo dispuesto por Dios para nuestra conversión. Un tiempo que nos sitúa en el ámbito de la reflexión sobre el pecado y la Gracia, los desvíos y la fidelidad al Señor.

Nos cubren las cenizas, como si nos abrigaran la verdad de nuestra finitud, y la necesidad de la humildad, sin la cual no se recibe la divina Gracia. “Dios da su Gracia a los humildes”, enseña la Sagrada Escritura.  Y, nos dejamos marcar con este sello, porque no queremos ya seguir eludiendo el llamado de Dios.

Jesucristo dice: “Den a Dios lo que es de Dios…” Y al Creador venimos a darle nuestra alabanza, y  acción de gracias, como justa respuesta a su bondad. Por Cristo elevamos nuestras almas. Clamamos a Dios llamándolo Padre. Y le ofrendamos la vida que es suya. A él, al Bendito Señor del universo, a quien no queremos ya robarle su Gloria apropiándonos de lo que es suyo, adjudicándonos lo bueno que procede de él.

En este tiempo feliz de grande gracia, se nos conmina: “Tengan cuidado de no practicar la justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos”. Es Dios a quien se le debe nuestra entrega. A él agradamos meritoriamente. A él servimos libres de formas desviadas, cuando evitamos que nuestros actos religiosos vuelvan a nosotros como satisfacción al realizarlos para ser vistos por los demás. Lo fariseo se nutre de esta religiosidad vacía de Dios.

Es en lo íntimo, gratuito, y secreto donde el Padre Celestial es glorificado por nuestras obras. Él recompensa la obra realizada ante sus ojos, la obra que lo tiene a él como fin. A su bondad.

En el fariseísmo, impugnado por Jesús, hay un desvío. No se procura tanto agradar a Dios, como alcanzar autosatisfacción a expensas de las miradas ajenas. Búsqueda de prestigio y elogio  a costa de lo santo. Una religiosidad sin fuego. Una devoción falsa.

Ser de Cristo implica un cambio. Y Jesús advierte: “Tengan cuidado de no practicar la justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo”.

El salmo dice: “Te gusta un corazón sincero”. La práctica de la sinceridad con Dios, con uno mismo, con el prójimo, allana senderos. Aleja la hipocresía.

El profeta Isaías dice: “Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti”. He ahí el alma, que viviendo de cara al Señor se preserva de lo engañoso, y se afirma en la verdad. “Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Ellos ya tienen su recompensa.”

Ya la tienen aquí. Y son migajas humanas. En cambio, Cristo está ofreciendo el bien divino, el Cielo de Dios, a Dios como morada. La eterna Vida. Incorruptible. Inmensa.

Por eso, en Cristo se ha iniciado una transformación… Un bautizado ha sido revestido de Cristo para vivir en esa esperanza: Dios como herencia.

El bien moral consiste principalmente en la conversión a Dios, y el mal a la aversión.

La conversión lleva el ejercicio de la fe. Pero, como enseña el Apóstol Santiago: “La fe, si no tiene obras, está muerta”. La limosna que agrada a Dios es misericordia con discreción. De modo que “cuando tú des limosna, tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha”, para que tu limosna quede en secreto”.

Todas las obras de misericordia, espirituales y materiales, vivirán de una fe enraizada en la oración, sostenidas por el ayuno, que guarda los sentidos en la sobriedad. Pero, Jesús insiste en que evitemos también en esto las formas hipócritas, que procuran la vista ajena como aprobación, el comentario del otro como admiración.

Estas “puestas en escena” repugnan al Señor, que bendice la sencillez evangélica de aquel que se retira a su habitación a orar a su Padre que está en lo secreto, o que ayuna perfumándose su cabeza y lavando su rostro, para que sólo por el Altísimo sea conocido su ayuno.

La cuaresma nos vea orar así con el salmista: “Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti Señor”. Y que el oráculo de Isaías nos afirme en los senderos del Padre. Porque, ”el que procede con justicia y habla con rectitud y rehúsa el lucro de la opresión; el que sacude la mano rechazando el soborno, y tapa su oído a propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad: ese habitará en lo alto”.

La esperanza nos guarde en la caridad, entonces. “Porque el Padre que ve en lo secreto te recompensará”. Amén.


                                                                                  Padre Gustavo Seivane


* Asistente espiritual de los Grupos de Oración de Padre Pio, República Argentina