Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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Archive for julio 2019

Mes de Julio


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1  Dios no quiere que experimentes de forma sensible el sentimiento de la fe, esperanza y caridad, ni que lo disfrutes si no en la medida que se necesita en cada ocasión. ¡Ay de mí!, ¡qué felices somos al estar tan íntimamente atados por nuestro celeste tutor! No debemos hacer otra cosa que lo que hacemos, es decir, amar a la divina providencia y abandonarnos en sus brazos y en su seno.
No, Dios mío, yo no deseo gozo mayor de mi fe, de mi esperanza y de mi caridad, que el poder decir sinceramente, aunque sea sin gusto y sin sentirlo, que preferiría morir antes que abandonar estas virtudes (Epist.III, p.421s.).

2  Dame y consérvame aquella fe viva que me haga crecer y actuar por solo tu amor. Y éste es el primer don que te ofrezco; y unido a los santos magos, postrado a tus pies, te confieso sin ningún respeto humano, delante del mundo entero, por nuestro verdadero y único Dios (Epist.IV, p.884).

3  Bendigo de corazón a Dios que me ha dado a conocer personas verdaderamente buenas, y porque también a ellas he anunciado que sus almas son la viña de Dios; la cisterna es la fe; la torre es la esperanza; el lagar es la santa caridad; la valla es la ley de Dios que las separa de los hijos del mundo (Epist.III, p.586).

4  La fe viva, la creencia ciega y la plena adhesión a los que Dios ha dado autoridad sobre ti..., ésta es la luz que iluminó los pasos del pueblo de Dios en el desierto. Esta es la luz que brilla siempre en lo más alto de todos los espíritus gratos al Padre. Esta es la luz que condujo a los magos a adorar al mesías recién nacido. Esta es la estrella profetizada por Balaam. Esta es la antorcha que guía los pasos de estos espíritus desolados.
Y esta luz y esta estrella y esta antorcha son también las que iluminan tu alma, dirigen tus pasos  para que no vaciles, fortifican tu espíritu en el afecto a Dios y (hacen que), sin que el alma las conozca, se avance siempre hacia el destino eterno.
Tú ni lo ves ni lo entiendes, pero tampoco es necesario. Tú no verás más que tinieblas, pero no son las tinieblas que envuelven a los hijos de la perdición, sino las que rodean al Sol eterno. Ten por cierto y cree que este Sol resplandece en tu alma; y que este Sol es exactamente aquél del que cantó el vidente de Dios: Y en tu luz veré la luz (Epist.III, p.400s.).

5  La profesión de fe más bella es la que sale de tus labios en la obscuridad, en el sacrificio, en el dolor, en el esfuerzo supremo por buscar decididamente el bien; es la que, como un rayo, disipa las tinieblas de tu alma; es la que, en el relampaguear de la tormenta, te levanta y te conduce a Dios (CE, 57).

6  Ejercítate con particular esmero, hija mía querídisima, en la dulzura y en la sumisión a la voluntad de Dios, no sólo en las cosas extraordinarias sino también en aquéllas pequeñas que nos suceden cada día. Hazlo no sólo por la mañana sino también durante el día y por la tarde, con un espíritu tranquilo y alegre; y, si te sucediese que caes, humíllate, propóntelo de nuevo,  y después levántate y sigue (Epist.III, p.704).

7  El enemigo es demasiado fuerte; y, hechos todos los cálculos, parecería que la victoria tendría que sonreír al enemigo. ¡Ay de mí!, ¿quién me librará de las manos de este enemigo tan fuerte y tan poderoso, que no me deja libre un sólo instante, ni de día ni de noche? ¿Es posible que el Señor permita alguna vez mi caída? Desgraciadamente lo merecería; pero ¿será verdad que la bondad del Padre del cielo sea vencida por mi maldad? Esto jamás, jamás, Padre mío (Epist.I, p.552).

8  Preferiría ser traspasado por una fría hoja de cuchillo antes que desagradar a alguien (T, 45).

9  Buscar sí la soledad, pero sin faltar a la caridad con el prójimo (CE, 19).

10  Es necesario siempre, también al reprender, saber condimentar la corrección con modos corteses y dulces (GB, 34).

11  Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del ojo?
Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza (AdFP, 555).

12  La beneficencia, venga de donde viniere, es siempre hija de la misma madre: la providencia (AdFP, 554).

13  Acuérdate de Jesús, manso y humilde de corazón. El “si os dejáis llevar de la ira que no sea hasta el punto de pecar”, es propio de los santos. Yo jamás me he arrepentido de actuar con dulzura; pero sí he sentido remordimiento de conciencia y me he tenido que confesar cuando he sido un poco duro. Pero, cuando hablo de suavidad, no me refiero a la que deja pasar todo. ¡Esa no! Me refiero a aquélla que, sin ser nunca descuidada, transforma la disciplina en algo dulce (GB, 34).

14  Donde no hay obediencia no hay virtud. Donde no hay virtud no hay bien, no hay amor; y donde no hay amor no está Dios; y sin Dios no se va al paraíso.
Todo esto forma como una escalera; y si falta uno de los peldaños, se viene abajo (AP).

15  Os conjuro por la mansedumbre de Cristo y por las entrañas misericordiosas del Padre celestial a no perder nunca el entusiasmo en el camino del bien. Corred siempre y no os detengáis nunca, convencidos de que, en este camino, detenerse equivale a volver hacia atrás (Epist.II, p.259).

16  ¡Me disgusta tanto ver sufrir! No tendría dificultad en atravesarme con un puñal el corazón si de este modo librara a alguien de un disgusto. Sí, esto me resultaría más fácil (T, 121).

17  Me he disgustado muchísimo al enterarme de que has estado enferma; pero me he alegrado también muchísimo al saber que te vas recuperando, y mucho más, al ver que, con ocasión de tu enfermedad, han reflorecido en vosotras la piedad auténtica y la caridad cristiana (Epist.III, p.1081).

18  Yo no puedo soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. Es verdad que, a veces, me divierto en zaherirles, pero la murmuración me produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al faltar a la caridad, se corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que se seque (GB, 62). 

19  La caridad es la reina de las virtudes. Del mismo modo que las perlas se mantienen unidas por el hilo, así las virtudes por la caridad. Y así como las perlas se caen si se rompe el hilo, de igual modo, si decrece la caridad, las virtudes desaparecen (CE, 11).

20  La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos (AdFP, 560).

21  Recuerda que el gozne sobre el que gira la perfección es el amor; quien vive del amor vive en Dios, porque Dios es amor, como dijo el Apóstol (AdFP, 554).

22  Bendigo al buen Dios por los santos sentimientos que te da su gracia. Haces bien en no comenzar nunca una obra sin implorar antes la ayuda divina. Esto te obtendrá el don de la santa perseverancia (Epist.III, p.456).

23  Sufro y sufro mucho; pero, gracias al buen Jesús, tengo todavía un poco de fuerza; ¿y de qué no es capaz la criatura cuando tiene la ayuda del buen Jesús? (Epist.I, p.303).

24  Lucha, hija, con valentía, si ambicionas conseguir la recompensa de las almas fuertes (Epist.III, p.405).

25  No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo (Epist.I, p.1213).

26  Debes tener siempre prudencia y amor. La prudencia pone los ojos, el amor pone las piernas. El amor, que pone las piernas, querría correr a Dios, pero su impulso para lanzarse hacia él es ciego y podría tropezar en ocasiones si no estuviese guiado por la prudencia que pone los ojos. La prudencia, cuando ve que el amor puede ser desenfrenado, le presta los ojos (CE, 17).

27  La sencillez es una virtud, pero hasta cierto punto. No le debe faltar nunca la prudencia; la picardía y la socarronería, por el contrario, son siempre diabólicas y causan mucho daño (AdFP, 391).

28  La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad (Epist.I, p.396).

29  Haz que no perturbe a tu alma el triste espectáculo de la injusticia humana; también ésta, en la economía de las cosas, tiene su valor (MC, 13).

30  El Señor, para halagarnos, nos regala muchas gracias, y nosotros creemos tocar el cielo con la mano. Por el contrario, ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones (FSP, 86).

31  Los corazones fuertes y generosos no se afligen más que por graves motivos, e incluso estos motivos no logran penetrar en lo íntimo de su ser (MC, 57). 

¨Manos para la cosecha¨ por el Padre Gustavo Seivane


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Cristo ordena, organiza, jerarquiza, dispone… Es Pastor y Jefe. Y su autoridad encausa. Es firme servicio. Y su servicio es efusión de la divina gracia. Gracia congregante. Su pastoreo reúne con prolija claridad. Su rebaño lo sigue. Su Iglesia lo adora y sirve como a Señor de señores, y Rey de reyes… Así, dice el Evangelio que “el Señor designó a otros 72, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios a donde debía ir”.

Manos obreras se necesitan. Ayer, hoy, y siempre, obreros del Evangelio. Sembradores de vida santa. Propulsores del Evangelio. Sopladores de una fuerza conductora que levante hacia la eternidad. Dispensadores se necesitan. Distribuidores de los manantiales de Gracia que se vuelvan abundante y feliz cosecha.

¿Pero quién levanta a tiempo la mies, el fruto de lo sacrificado, de lo sembrado a veces entre lágrimas?

Manos para la cosecha. Manos y cantos de alabanza. Corazones izados en la fe… Cristo pide plegaria a la Iglesia, porque “uno siembra, otro cosecha, pero Dios es el que hace crecer”, dice el Apóstol.
La Iglesia misiona por vocación. El anuncio Pascual la fundamenta. “Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”, dice el Señor. Corresponde entonces que nos percuta en esta liturgia la luminosa Palabra de Dios: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.

Una destinación: llevar luz. Ser sal de la tierra. Nutrir el tiempo de la Vida Trinitaria. Consagrarlo todo en la Verdad. Orientar los días en Cristo. Rescatar de la muerte. De la superficialidad. Del mero entretenimiento… Descubrir el Rostro de Dios a los hombres. A todos los aplastados por el paso de las horas sin sentido trascendente.

La Iglesia en sus miembros, y en su organización jerárquica, en su misión ungida, en su pertenencia a Cristo, lleva esa marca: “Anuncien el Evangelio” “Predíquenlo a toda la creación”. “¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos”, dice Jesús.

Es desafío del enviado andar sin temor entre lobos. Es prueba a su fe. Y será el grito del creyente el que espantará a los lobos. La fe será su escudo. Fe en el Buen Pastor, que asiste a su rebaño, y que lo defiende. “Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Cristo, que será la esperanza del apóstol, y el refugio en las tormentas, las soledades, las incomprensiones, y el aullido de los enemigos.

Si Moisés debía mandar a los hijos de Israel que de las posesiones de su propiedad cedieran a los levitas ciudades para habitar, los discípulos de Cristo reciben el mandato del Señor de “no llevar dinero, ni alforja, ni calzado”… Para el embajador de Cristo hay una radicalidad que se le impone. Se le pide una entrega confiada de raíz. Vivir de la providencia en el camino de la fe. No acumular para sí. No afirmarse en sí mismo. Avanzar siempre. Como un heraldo del Absoluto. Desprendido para no quedar entrampado. Libre para imitar a Jesucristo en el amar. Y para mostrar el Rostro de Dios, descubrirlo, sin hacer acepción de personas. Un cúmulo de tesoros espirituales que fundamentan el gozo verdadero y la paz.

Sólo así, entonces, “al entrar en una casa digan primero: Que descienda la paz a esta casa”… El enviado al partir en misión desconoce lo que le espera. ¿Cómo prever si será amado o rechazado? ¿Cómo saber si los corazones se abrirán al mensaje o se cerrarán a la esperanza?  Y tantas veces, el misionero sembrará entre lágrimas, para cosechar entre cantares… Insondable el corazón humano. Puede caer de rodillas ante la Verdad, y puede despreciarla con arrogancia.

“En las ciudades y pueblos donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, curen a los enfermos, y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca”. Cercanía del Dios vivo. De su Reino anticipado en prodigios de Vida, salud, reconciliación, canto, enjugada de lágrimas, portentos de consuelo.

Isaías dice: “Al alma fiel le conservarás la paz, la paz porque en ti confía… Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es la Roca eterna. Pues Él ha abatido a los que habitaban en las alturas, ha abatido la ciudad soberbia, la ha humillado hasta el suelo, la ha agobiado hasta el polvo. La pisan los pies del pobre, los pasos del débil”.

“En todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes!”… Si te golpea el rechazo, tú sigue… No te entretengas embajador de Cristo. Nada hay que llevarse. En todo caso ora como Esteban en medio de la lluvia de piedras:”Señor Jesús recibe mi espíritu” Esteban, de rodillas clamó fuertemente:”Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.

Cristo envía. Los enviados regresan. Cristo los recibe. ¡Cuánta algazara! ¡Qué feliz sumatoria de comentarios, acotaciones, notas! Sanaciones, liberaciones, conversiones, los perfiles de los habitantes de cada ciudad, los retrocesos del maligno, la paz como fruto de la Buena Noticia compartida. 
El Evangelio dice que “los 72 volvieron llenos de gozo”… ¡Estar colmados de gozo! ¿Quién no desea esto? Colmados. Una abundancia. Y todo en el Nombre del Señor Jesús. Y como comunidad. Desprendidos de los intereses personales. Absortos en la Causa del Reino… “Señor hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”.

Cristo los sostiene en su Corazón. ¡Qué hermoso es escuchar su Voz! ¡Creer en él! ¡Creer en su Iglesia! “Alégrense de que sus nombres estén escritos en el Cielo”… Caminando entre serpientes y escorpiones, cruzando regiones de lobos, a veces sacudiendo el polvo de las sandalias, y sin embargo, colmados de gozo santo. Esta es la bienaventuranza: Gustar la Verdad. Amar hasta la perfecta imitación de Cristo.

Los paganos mejor dispuestos que los judíos acabarían rindiéndose ante la luz del Evangelio. Y aunque no parecía mejor suelo el mito de Hidra de Lerna, por ejemplo, respecto de la Torah, los Profetas, y los Salmos, los gentiles acabaron convirtiéndose y adorando a Cristo, y el pueblo judío sostuvo su negación.

¿Nuestro tiempo es neo-pagano? ¿Es padre de una mutación antropológica? ¿Es apóstata? ¿Es sin raíz? ¿Es velocidad y fuga? Sostengamos la fe en Aquel que “nos hizo pasar de las tinieblas al Reino admirable de su Luz” ¡Impere Cristo! Con el salmista decimos: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da la Gloria, por tu misericordia y tu fidelidad”.    
                                                     
Padre Gustavo Seivane
Asistente espiritual de los Grupos de Oración
de Padre Pio - Argentina