Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (4).


posted by Elías Cabodevilla Garde on

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Como indiqué en el último escrito de esta etiqueta de la página web, fueron muchos los medios que usó el Padre Pío para llevar a cabo la “misión grandísima” que le había confiado el Señor. El que presenté en aquel escrito: la oración, lo tuvo siempre a su alcance. No así el que ahora voy a reseñar: la correspondencia epistolar.
El Epistolario del Padre Pío de Pietrelcina está publicado en cuatro tomos.
- El tomo I, de 1387 páginas, recoge la correspondencia epistolar entre el Padre Pío y sus Directores espirituales, los padres Benedicto y Agustín, ambos de San Marco in Lamis. Son 633 cartas: 334 del Padre Pío, 197 del padre Agustín y 102 del padre Benedicto. La primera carta es del padre Benedicto y lleva fecha de 2 de enero de 1910, y la última del Padre Pío al padre Agustín y está fechada el 11 de mayo de 1922.
- El tomo II, de 584 páginas, ofrece los 98 escritos que se intercambiaron el Padre Pío y Raffaelina Cerase, desde el 24 de marzo de 1914 hasta 30 de diciembre de 1915. De la pluma del Padre Pío salieron 56 y 41 de la de Raffaelina Cerase.
- En el tomo III, de 1176 páginas, tenemos las cartas del Fraile capuchino a las hijas espirituales en los años 1915 a 1923. En total: 384 cartas.
- Y en el tomo IV, de 1174 páginas, encontramos las que el Padre Pío dirigió a destinatarios muy diversos, entre los que encontramos al Papa Pablo VI, al Cardenal Augusto Silj, a Obispos, a Superiores generales o provinciales de la Orden capuchina, al Alcalde de San Giovanni Rotondo, a sacerdotes y religiosos, a seglares…, a su sobrina Pía Forgione. La primera carta lleva fecha de 5 de octubre de 1901 y el futuro Padre Pío la dirige a su padre, que había emigrado a América; y la última, de 12 de septiembre de 1968, tiene como destinatario al Papa Pablo VI. En total: 466 cartas.
Al Padre Pío, como consecuencia de las informaciones falsas y calumniosas que fueron llegando al Vaticano, el Santo Oficio, hoy Doctrina de la Fe, le mandó, en junio de 1922, interrumpir toda comunicación con el padre Benedicto, su primer Director espiritual, lo que supuso también el fin de la correspondencia con su otro Director espiritual, el padre Agustín. Y, en junio del año siguiente el mandato fue más absoluto: «No responder en adelante, ni por sí mismo ni por otros, a aquellos que se dirigieran a él en busca de consejos, de gracias o por otros motivos». Terminó así la sabia orientación espiritual que el Santo de Pietrelcina ofrecía por este medio de la correspondencia epistolar a tantas personas.
Dos preguntas frecuentes en los que desean beneficiarse hoy de las enseñanzas del Padre Pío son éstas: - Los que no sabemos la lengua italiana, ¿tenemos acceso al Epistolario del Padre Pío? - Si las páginas del Epistolario del Padre Pío son unas 4.000, ¿a dónde acudir en primer lugar?
- Sé que los tres primeros tomos del Epistolario están traducidos al inglés. Al español sólo está traducido el tomo II. Se pueden adquirir en San Giovanni Rotondo, en las oficinas de lengua inglesa y de lengua española de Voce di Padre Pio. Para las personas de lengua española puede ser una buena ayuda el libro “365 días con el Padre Pío”, editado en España por “San Pablo” y en México por “Pío Pioducciones, S.A. de C.V.”, pues todos los mensajes que ofrece están tomados del Epistolario.
- Como respuesta a la segunda pregunta puedo ofrecer estos datos:
* En el tomo I del Epistolario hay un hecho llamativo: el Padre Pío, sin dejar de ser el Dirigido espiritual de los padres Benedicto y Agustín, se convierte pronto en Director espiritual de sus Directores espirituales. En la Introducción del Epistolario, los Editores del mismo, los padres Melchor de Pobladura y Alesandro de Ripabottoni, escriben esto: «Es innegable que ellos, ya desde los primeros años, en sus dificultades espirituales recurrían al discípulo en busca de orientación y seguían sus propuestas, porque sabían muy bien que no eran sólo fruto de la ciencia o experiencia humana sino también de una luz superior». Y, en relación al Padre Pío, después de recalcar que asumía el papel de Maestro y de Director de sus Maestros y Directores, no por propia iniciativa, sino ante la petición expresa y repetida de éstos, afirman: «Él desaparece detrás de la autoridad de Dios; es consciente de que transmite un mensaje que no es suyo sino de Jesús y, en consecuencia, cumple su misión no sin cierta audacia y con un lenguaje claro y concreto; exige que ese mensaje sea aceptado sin discusión y puesto en práctica con prontitud y fidelidad, aunque sabe endulzarlo sabiamente con amables excusas». La consecuencia es clara: al menos los sacerdotes y los religiosos podemos encontrar sabias orientaciones en nuestro camino hacia la santidad en las que el Padre Pío ofreció a los padres Benedicto y Agustín.
* En la Presentación de la edición española del tomo II del Epistolario, que me correspondió preparar, se lee lo siguiente: «El EPISTOLARIO del Padre Pío es, sin duda, un hermoso regalo del Señor a su Iglesia. Lo fue para las almas que tuvieron la suerte de tener al Santo de Pietrelcina por padre espiritual a través de sus cartas, lo sigue siendo para los que se acercan a estos escritos de dirección espiritual en busca de luz y de estímulo en su peregrinar hacia su destino eterno, y no se equivocará quien afirme que lo va a ser hasta los últimos momentos de los últimos seguidores de Cristo en esta tierra».
* Si del Epistolario en su totalidad se puede afirmar que es «un hermoso regalo de Dios a la Iglesia», cabe decirlo con más razón del tomo II, que, como se ha dicho antes, recoge los escritos que se intercambiaron el Padre Pío y Raffaelina Cerase. Raffaelina fue la primera hija espiritual del Padre Pío, a la que orientó por carta, desde Pietrelcina, durante dos años, hasta pocas semanas antes de la muerte, y personalmente desde el día 17 de febrero de 1916 hasta el 25 de marzo, desde el convento de Santa Ana de Foggia. Si a los datos que se han reseñado, añadimos que Raffaelina buscó apasionadamente la santidad y que, para conseguirla, profesó en la Orden Franciscana Seglar y tuvo como Director espiritual al padre Agustín de San Marco in Lamis y después, por recomendación de éste, al Padre Pío; que intuyó la misión grandísima que el Señor encomendaba a su Director espiritual y que ofreció su vida por él al Señor para que, libre de sus enfermedades misteriosas o con ellas, regresara a la vida conventual y se dedicara de lleno al ministerio del confesonario…, es fácil deducir «que tenemos entre manos un valioso y completo manual de vida cristiana, y no precisamente para los que inician este camino en el seguimiento de Cristo, sino para los que, como el Padre Pío y Raffaelina Cerase, buscan las altas metas de la santidad».
Elías Cabodevilla Garde

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