Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Homilía en el funeral del P.Elías Cabodevilla


posted by Néstor Wer

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Iglesia de los Capuchinos de Pamplona, homilía pronunciada el 7 de marzo por el misionero capuchino Eulalio Cabodevilla Garde:

Viajaba una tarde en Chile, donde vivo,  de la  ciudad de  Temuco a la ciudad de Concepción. Yo iba detrás del conductor. Y tuve que colocar un paño en la ventanilla porque el sol me molestaba a esa hora. Y sin embargo, en el espacio de 100 kilómetros el conductor iba haciendo funcionar el parabrisas porque había una lluvia persistente y a veces violenta, los famosos chubascos. Y recuerdo que pensé, qué hermosa imagen para la partida  cristiana de un hermano. Se nos caen las lágrimas por el dolor  y sin embargo el horizonte está lleno de sol, lleno de luz, lleno de esperanza.

Y  desde esta  imagen, que en estos días la he recordado y  revivido con la muerte de mi hermano,  me he puesto a imaginar  lo que Elías, instalado en esa claridad que es Dios,  con su voz pausada y con una alegría pascual desbordante nos habla: ¿Qué nos dice?

Muchos de vosotros seguramente estáis tristes por mi partida como si me hubierais perdido para siempre. No os equivoquéis. Estoy vivo. Pero de otra manera. No intentéis entender la Vida Eterna.

La mente humana jamás podrá concebir ni la lengua expresar esta nueva vida que estoy viviendo. Es otra cosa.

Aquí  desconocemos absolutamente lo que vosotros llamáis  tristeza o ansiedad. Aquí vivimos eternamente en un mar de serenidad y de calma. Es lo que el corazón humano soñó desde siempre.

Debéis saber otra cosa: aquí hay un río caudaloso que no sólo recorre de parte a parte el paraíso, sino también las arterias de todos los que aquí habitamos. Y el río se llama Amor y el Amor se llama DIOS.¿Cómo os diré? He llegado a mi Casa.  Estoy en mi Casa. He llegado a mi Patria. Para siempre. Ya no hay exilio.

 ¿Y Dios? Es imposible hablar de Dios.  Dios me tiene cautivado, infinitamente pleno y dichoso, como no os podéis imaginar. En suma, estoy vivo, en una eterna fiesta. Alegría para todos.

He querido recoger estas expresiones de nuestro querido hermano capuchino oriundo de Azpeitia,  pero perteneciente a Chile (y al mundo) Ignacio Larrañaga en la eucaristía de funeral de su entrañable compañero y  amigo Camilo Luquin, capuchino también, con el que vivió en Santiago de Chile por espacio de 30 años.

Nos hemos dejado envolver en esta oportunidad con un texto de la Palabra de Dios muy breve, pero emblemático de San Pablo a los Cristianos de Roma.  “Si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos para el Señor morimos. Tanto en la vida como en la muerte somos del Señor” (Rom 14,8).  Nos dice, pues, que Elías tanto en su vida como en su muerte es del Señor.  Y, haciéndonos eco del salmo 23  el Señor  es mi PASTOR nada me habrá de faltar: podemos aplicarcárselo a Elías: Él Señor es  el que te dio la vida, el que te llegó a conocer mucho mejor de lo que tú mismo te conocías, el que te llamó a vivir con Él, el que te guió, el que te condujo a fuentes tranquilas, el que te mostró su rostro y su cariño, el que lleva tu nombre escrito en la palma de su mano y  el que dio su vida por ti  por amor. Elías, como ya  lo hemos dicho, (y ahora lo entiendes muy bien),  eres del Señor para siempre. Un día tú escribiste tres  libros sobre las celebraciones y homilías de los grandes tiempos litúrgicos. Y porque quedaste cautivado por el texto del Evangelio que hemos proclamado hoy,  los titulaste: Camino, Verdad y Vida. Y lo hiciste porque sabías que nadie va al Padre sino por Jesús, el Resucitado. Ahora lo has comprobado con alegría.

Podemos preguntarnos: ¿Quién es esta  persona por el que el Señor hizo tales cosas? ¿Quién es realmente Elías, el hermano Elías, el Padre Elías?   Muchos de los aquí presentes lo conocisteis muy bien.  Mucho mejor que yo sin duda.

En primer lugar mi familia. Mi familia de sangre aquí presente.  Sin duda que recordáis cómo Elías venía como marcado por el dedo de Dios. Desde niño le gustaban las procesiones, el ayudar a misa todos los domingos, ir a cuanto evento religioso hubiera  en la Iglesia de Artozqui. Y yo, mocoso en aquel entonces, oía  decir a mi familia: “Este va pa´fraile”. Y así fue. Fue capuchino y un capuchino muy enamorado de su vocación. Y fue el confidente, el consejero de todos los asuntos del caserío de Muniáin. Escuchador silencioso y siempre clarividente de los míos.  El que solucionaba los problemas jurídicos y de los otros. En realidad todos los problemas.

Y los demás: Muchos de vosotros aquí presentes tuvisteis una cercanía con Elías, una experiencia viva, un acompañamiento cercano, un descubrir tal vez a su lado, vuestra vocación a la consagración. Participasteis  en su entusiasmo por los grupos de liturgia; o  en  la Orden Franciscana Seglar; o en las peregrinaciones por él organizadas a Asís o Tierra Santa, o quedasteis embelesados por la pasión por dar a conocer la vida y espiritualidad  de su querido Padre Pío como se decía en el relato de su biografía.  Y podemos caer en la tentación de ensalzarlo como que él ha sido  el que ha orientado o cambiado mi vida definitivamente,  y convertirlo en protagonista de mi historia. Y desde ese halo de luz imaginario del que hablábamos al comienzo Elías nos vuelve a recordar: NO OS EQUIVOQUEIS, -nos dice-  “NADIE PUEDE DECIR: JESUS ES EL SEÑOR SI NO ES MOVIDO POR EL ESPÍRITU” (1Cor 12, 3).    Si ha habido algo bueno  en mi vida viene del Señor, a Él le pertenece. A cuántas personas he acompañado, pastoreado, animado, entusiasmado tal vez, todo, absolutamente todo, es obra del Espíritu. Y no os olvidéis (nos recuerda) de la advertencia de Jesús: “Para que viendo los hombres vuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos”.

Indudablemente que el Padre Dios derramó muchos dones y talentos en Elías, como ya se dijo.  

EL SELLO DE DIOS. LA PASIÓN  por Dios  que le  ha acompañado toda su vida. Una INTELIGENCIA privilegiada. El tener las inquietudes de un buscador vanguardista: Desde joven con la pasión por la fotografía, luego serían los telones para proyectar los cantos en las Iglesias  y no digamos nada en todas las iniciativas en la etapa de difusión de la espiritualidad del Padre Pío. En todo esto, conocéis que ponía una pasión, una tenacidad y un detallismo que hacía que las cosas salieran sí o sí.

Tengo la impresión de que todo lo anterior hacía que mucha gente se acercara a él buscando apoyo y acompañamiento. Una mención especial  merece la última etapa de su vida con la devoción al Padre Pío. Parecía increíble que pudiera ser verdad cuando contaba las actividades que realizaba en un solo día en sus viajes por naciones de América Latina. Me confió una vez que había estado siete horas y media seguidas hablando de él.               Estos son algunos dones que el Señor le regaló. Pero no olvidemos la advertencia  de  Elías: Nadie puede decir Jesús es el Señor si no es movido por su Espíritu. Yo no he sido sino un humilde instrumento; Como quería Francisco de Asís:  un humilde hermano  menor de los soplos del Espíritu.

El Señor tuvo una gran delicadeza con él: hizo sonar la campanilla para anunciar su llegada. Le regaló un mes y seis días para prepararse.  Y en silencio Elías fue viviendo Getsemaní y seguramente, como Jesús, gritó más de una vez, “que pase de mí este cáliz, pero que no se haga lo que yo quiero sino lo que quisiera Tú”. Tenía tal ansia de vivir que le costó dejar esta tierra nuestra. Le costó mucho. Pero nos imaginamos, que en esos largos ratos de silencio en el hospital, terminó haciendo suya  la estrofa de una glosa del Cántico a la Creaturas del santo de Asís:  “Cuando a mi puerta la muerte se detenga  y me diga que es hora de partir;  hermana muerte le diré: llévame a Dios para vivir junto con Él la eternidad. Y en ese corto camino lo fuimos acompañando todos, física o espiritualmente, desde el silencio, el respeto y el cariño.

Y, para concluir,  desde ese resplandor de sol y de luz en Cristo Resucitado, con el que comenzamos estas palabras, nos lo imaginamos nuevamente a Elías diciéndonos  entusiasmado: ¡¡ERA VERDAD TODO LO QUE VIVÍ EN LA FE. ERA VERDAD. AHORA LO PUEDO VER CON MIS OJOS  Y  TOCAR CON MIS MANOS!!  NO SE IMAGINAN LO QUE DIOS  TIENE PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN!!

 Y con la misma pasión que lo dominó siempre y, desde esa misma luminosidad,   seguramente nos querrá  ARENGAR  a los que seguimos en el camino de la fe.   Y lo hará  recogiendo los versos de uno de nuestros poetas latinoamericanos:

 “No te rindas, por favor, no cedas,  aún estas a tiempo  de alcanzar y comenzar de nuevo,  aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,  liberar el lastre y  retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,  continuar el viaje,  perseguir tus sueños,  destrabar el tiempo,  correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas,  aunque el frio queme,  aunque el miedo muerda,  aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma,  aun hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo,  porque esta es la hora y el mejor momento,  porque no estás solo    y porque yo te quiero”.

A Jesucristo, el Resucitado, al que nadie puede decir  que es el Señor si no es movido por su Espíritu, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. AMÉN.

TEXTOS DE LA EUCARISTÍA:
ROMANOS, 14, 7-9 y 10-12
SALMO 23: EL SEÑOR ES MI PASTOR NADA ME HABRÁ DE FALTAR
EVANGELIO: JUAN 14, 1-6.


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