posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
Como Jesús, que vino para que tengamos vida y vida abundante (cfr. Jn 10, 10).
En el contexto de la alegoría
del “buen pastor”, las palabras de Jesús adquieren un contenido especial: «Yo he venido para que tengan vida y la
tengan abundante. Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las
ovejas» (Jn 10, 10-11). Por
tanto, Jesús ha venido al mundo para que los hombres tengamos vida y vida
abundante; vida aquí en este mundo y vida para siempre en el más allá. Para
ofrecernos esa vida «pasó haciendo el
bien y curando a todos los oprimidos por el diablo» (Hech 1l, 38) y derramó su sangre «por muchos para el perdón de los pecados» (Mt 26, 28). Y entregó su vida como Buen Pastor, con una entrega que
reúne todos los matices que señala el Salmo 23 (22) y que implica la mayor
prueba de amor: «Nadie tiene amor más
grande que el que da la vida por sus
amigos» (Jn 15, 13).
Pero, en Jesús,
tenemos algo más que un enviado de Dios para darnos vida. Él es la vida, como
lo proclamó ante el apóstol Tomás: «Yo
soy el camino y la verdad y la vida» (Jn
14, 5-6).
--- - ---
Ningún ser humano,
fuera de Jesús, puede decir que él es la vida; tampoco el Padre Pío. El Capuchino
de Pietrelcina, al escribir en el recordatorio de su Primera Misa: «Jesús… que yo sea contigo para el mundo
Camino Verdad Vida», pensaba, sin duda alguna, en ser vida para el mundo, no
porque iba a ofrecer a los hombres su propia vida, sino porque la ordenación
sacerdotal, que había recibido cuatro días antes, le capacitaba para ofrecer a
los hombres la vida de Cristo, sobre todo por los sacramentos. Y esa vida de
Cristo la quería ofrecer «contigo»,
es decir: con Jesús y como Jesús. Por lo mismo, dando su propia vida al ofrecer
la vida de Cristo; dándola con amor y movido por el amor; y dándola, si le
fuera posible, a todos.
·
También para el Padre era muy claro que el que ofrece con más acierto la
vida de Cristo es el que se deja vivificar por él y se empeña en adquirir esa
vida divina. Baste decir aquí que el Capuchino de Pietrelcina vivió con
generosidad estas dos realidades.
·
En la “misión grandísima” que
el Señor le había confiado, como le reveló cuando se preparaba para la vida
capuchina en el noviciado de Morcone, el Padre Pío incluía de modo muy especial
ésta de ofrecer a los hombres la vida de Dios, fruto precioso de la muerte y
resurrección de Cristo, tras su pérdida por el pecado de Adán y Eva.
- Como afirmó Juan Pablo II en
la homilía de la Canonización del nuevo Santo, el 16 de junio del 2002, el
Padre Pío tenía «una conciencia muy clara
de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar en la obra de la redención»,
redención en favor de los hombres que implica, como es sabido, la liberación
del pecado y la vida nueva de hijo de Dios. Conciencia clara que la manifestaba
en frases como éstas: «Liberar a mis
hermanos de los lazos de Satanás», «Poner
fin a la ingratitud de los hombres para con Dios, nuestro sumo Bienhechor»,
«Dar la vida por los pecadores para
hacerles participar después de la vida del Resucitado»…
- A colaborar en la obra de la
redención o, lo que es lo mismo, a ofrecer la vida divina a los hombres, el
Padre Pío se sentía impulsado tanto por el amor a Dios como por el amor al
prójimo. Dos amores que lo devoraban, como manifestó al padre Benedicto en
noviembre de 1921: «Todo se compendia en
esto: estoy devorado por el amor de Dios y el amor del prójimo». Que el
amor a Dios urge a amar al prójimo, lo expresó muy bellamente en una carta al
padre Agustín de 8 de septiembre de 1913: «Para
el alma inflamada del amor divino el socorrer las necesidades del prójimo es
una fiebre que le va consumiendo lentamente. Daría mil veces la vida si pudiera
lograr que una sola alma bendijese una sola vez al Señor». Y siguió
escribiendo: «Siento que esta fiebre me
devora». Y no le urgía menos el amor al prójimo. Al padre Benedicto, que le
había transmitido la queja del padre Agustín de que lo tenía abandonado y le
invitaba a practicar la caridad, le escribió el 3 de junio de 1919: «Les ruego, a usted y a los demás, que no me
molesten con llamadas a la caridad, pues no hay mayor caridad que conquistar
las almas encadenadas por Satanás, ganándolas para Cristo. Y esto precisamente
es lo que hago incesantemente de día y de noche».
- El Padre Pío, al ofrecer la
vida divina, quiso, como Jesús, llegar a todos los hombres sin excepción. Con
qué vehemencia lo manifestó al padre Agustín el 28 de junio de 1911: «Padre mío, si pudiera volar, quisiera hablar
alto y gritar a todos con todas mis fuerzas: Amad a Jesús, pues es digno de ser
amado».
- Y el Padre Pío, a ejemplo del
Buen Pastor, usó todos los medios a su alcance para que la vida de Cristo
llegara a los hombres. Solía repetir: «Salvar
las almas orando siempre»; y esto escribió al padre Benedicto el 12 de
noviembre de 1929: «Estoy cansado,
extremadamente cansado de clamar al Altísimo… Comprendo que no merece ser
escuchado quien no es digno de su amor; pero ¿no podría escuchar la oración de
quien le suplica sin interés propio y sí solo por el bien de sus hermanos?».
Sabía que, en la confesión, Dios, además perdonar los pecados, que matan o
hieren la vida divina en el pecador, vigoriza esa vida con los dones que ofrece
al que lo celebra; y, ya en San Giovanni Rotondo, dedicó muchas horas diarias, a
lo largo de 52 años, a administrar este Sacramento. Era muy consciente de que
la Eucaristía renueva y actualiza la muerte y la resurrección de Cristo, fuente
de la vida divina para los hombres; y, como dijo Pablo VI, la celebraba «humildemente». Sin referirme, por falta
de espacio, a otros medios que usó el Santo capuchino, diré una palabra sobre el
que era especialmente querido por él. A la Virgen María la veía como Camino que
conduce a Jesús, que, como se ha dicho, es la vida y ha venido para que tengamos
vida y vida abundante; y la veía también como Mediadora de todas las gracias,
en las que su Hijo nos ofrece su vida a los hombres; y el Padre Pío, además de
amar con amor tierno y filial a María, fue
el gran promotor de la devoción mariana.
--- -
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Porque, como Jesús
y con él, quiso ser vida para el mundo, y, como él, ofreció esa vida divina por
todos los medios a su alcance y, al menos con su deseo, a todos los hombres,
podemos llamar al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino, “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
13. Te afanas, mi buena hija,
por buscar al sumo Bien. Está en verdad dentro de ti y te tiene tendida sobre
la desnuda cruz, alentando fuerza para que soportes ese martirio insostenible y
amor para que ames amargamente al Amor. Por lo mismo, el temor a haberlo
perdido y a haberle disgustado sin darte cuenta no tiene fundamento alguno,
porque él está tan cercano y unido a ti. Tampoco tiene sentido el agobio por el
porvenir, ya que la situación actual es una crucifixión de amor (Epist.III, p.651).
14. Pobres y desgraciadas las
almas que se arrojan en el torbellino de las preocupaciones mundanas. Cuanto
más aman el mundo más se multiplican sus pasiones, más se encienden sus deseos,
más incapaces se sienten para sus proyectos; y de ahí las inquietudes, las
impaciencias, los choques terribles que despedazan sus corazones, que no
palpitan de caridad y de santo amor.
Roguemos por estas almas desgraciadas, miserables. Que Jesús les perdone
y las atraiga hacia sí con su infinita misericordia (Epist.III, p.1092).
15. No se debe actuar con
maneras violentas si no se quiere correr el riesgo de no conseguir nada. Es
necesario revestirse de gran prudencia cristiana (Epist.III, p.416).
16. Hijas, acordaos de que yo
soy tan enemigo de los deseos inútiles como de los deseos peligrosos y malos;
porque, aunque sea bueno aquello que se desea, ese deseo es siempre defectuoso
en relación a nosotros, sobre todo cuando anda mezclado con una preocupación
orgullosa, ya que Dios no exige este bien, sino algún otro en el que quiere que
nos ejercitemos (Epist.III, p.579).
17. En cuanto a las pruebas
espirituales a las que te va sometiendo la paternal bondad del Padre del cielo,
te ruego que te resignes y que, en cuanto te sea posible, estés tranquila,
fiándote de las aseveraciones de quien ocupa el lugar de Dios, te ama en él y
te desea toda clase de bienes, y te habla en su nombre. Sufres, es verdad, pero
con resignación; sufres, pero no temas, porque Dios está contigo y tú no le
ofendes sino que le amas. Sufres, pero también crees que Jesús mismo sufre en
ti y por ti y contigo. Jesús no te abandonó cuando huías de él, mucho menos te
abandonará de ahora en adelante cuando tú quieres amarlo (Epist.III, p.618).
18. No te debes confundir al
intentar conocer si has consentido o no. Tu estudio y tu vigilancia estén
orientadas a la rectitud de intención que debes tener al actuar y al combatir
siempre, con valor y generosidad, las artes malignas del espíritu maligno (Epist.III, p.622).
19. Mantente siempre con alegría
en paz con tu conciencia, dándote cuenta de que estás al servicio de un Padre
infinitamente bueno, que, impulsado sólo por su ternura, desciende hasta su
criatura para elevarla y transformarla en él, su Creador. Y huye de la
tristeza, porque ésta entra en los corazones que están apegados a las cosas
mundanas (ASN, 42).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
De San Pío de Pietrelcina, que quiso ser «un pobre fraile que ora», el
padre Fernando de Riese Pio X, en su biografía “Padre Pío de Pietrelcina -
Un crucificado sin cruz”, escribe: «En su reclinatorio o en el altar, en
la iglesia o en la celda, caminando por los claustros o por los senderos del
huerto de los capuchinos, con las manos recogidas o desgranando el rosario, su
mundo es Dios... Su vida es, sobre todo, vida de oración, de coloquio ininterrumpido,
dulce y obstinado, con Dios. La oración le absorbe todo su tiempo». Y unas
líneas más adelante: «En las tentaciones, reza; en los meses de total
segregación, desde el 11 de junio de 1931 al 16 de julio de 1933, reza; en las
alegrías, reza; en las experiencias extraordinarias, reza; en los momentos
dramáticos, reza; en las enfermedades, reza; en la programación de sus
iniciativas, reza».
No sólo eso. El Padre Pío, con su ejemplo y con sus consejos, invitaba a la
oración constante e insistente; pedía orar con la Iglesia, por la Iglesia y en
la Iglesia; y urgía a buscar, como fruto de la oración, una vida cristiana más
fiel al proyecto de Dios y, por tanto, una caridad activa y laboriosa en el
alivio de los que sufren y de los necesitados.
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El pasado lunes, en Bilbao (España), un grupo de unas 20 personas
comenzaba sus encuentros de oración, bajo la inspiración y protección del Padre
Pío, que los celebrarán dos veces al mes.
Animados y acompañados por personas de otros grupos de oración,
tuvieron la acertada idea de invitar, a los que lo desearan, a una conferencia sobre
el Padre Pío. Acertaron también al comprometer un salón mucho más capaz que el
que usarán para sus encuentros de oración. Y se encontraron con la grata
sorpresa de unas 100 personas ávidas de conocer la vida y la espiritualidad del
Padre Pío, como estímulo para una vida cristiana más evangélica, que escucharon
con gran atención e interés lo que yo
pude exponerles.
En definitiva, el Padre Pío que, a los 45 años de su muerte, sigue
llamando, como lo hacía en vida, a la oración y a una vida cristiana siempre
renovada.
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío místico y apóstol
La misión que Cristo confió a la Iglesia se debe
cumplir con palabras que anuncian la Buena Noticia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15), y con obras que testimonian
lo que se anuncia: «Brille así vuestra
luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a
vuestro Padre que está en los cielos» (Mt
5, 16). Y fue así como el Padre Pío cumplió la “misión grandísima” que le había confiado el Señor: con palabras,
escritas y habladas, como he expuesto en los cuatro últimos escritos de esta
etiqueta de la página web, y con el ejemplo
de una vida santa.
El papa Benedicto XVI, al peregrinar a San Giovanni Rotondo el 21 de junio
del 2008, se refirió varias veces a la santidad del Padre Pío. Las primeras
palabras de su primera intervención hablada, la homilía de la Eucaristía,
fueron: «En el corazón de mi
peregrinación a este lugar, en el que todo habla de la vida y de la santidad
del padre Pío de Pietrelcina…». Y, a lo largo de sus cuatro alocuciones, ofreció
mensajes como éstos: «Aquí, en San
Giovanni Rotondo, todo habla de la santidad de un fraile humilde y fervoroso
sacerdote que… nos exhorta a ser santos»; «La herencia que os ha dejado es la
santidad»; «Atraía al camino de la santidad con su mismo testimonio»…Y el
Papa fue señalando virtudes concretas
de esa santidad del Fraile capuchino: «El
amor que él llevaba en el corazón y transmitía a los demás estaba lleno de
ternura»; «…que vuestra presencia y vuestra acción en el seno
del pueblo cristiano se conviertan en testimonio elocuente de la primacía de
Dios en vuestra existencia. ¿Acaso no era precisamente esto lo que todos
percibían en San Pío de Pietrelcina?»; «Rezaba siempre
y en todo lugar con humildad, confianza y perseverancia»; «Su primera
preocupación, su ansia sacerdotal y paternal era siempre que las personas
regresaran a Dios, que pudieran experimentar su misericordia»; «Supo gastarse
en el cuidado y alivio de los enfermos»; «Siempre experimentó por la Virgen un
amor muy tierno»…
Esto mismo había hecho el papa Juan Pablo II, al beatificar al Padre Pío el
2 de mayo de 1999 y al declararlo Santo el 16 de junio del 2002. Además del
reconocimiento oficial de su santidad, pues esto significa proclamarlo Beato y
Santo, Juan Pablo II fue diciendo del Padre Pío: «Este santo capuchino, al que tantas personas se dirigen desde todos los
rincones de la tierra, nos indica los medios para alcanzar la santidad, que es
el fin de nuestra vida cristiana»;«La vida y la misión del padre Pío
testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se
transforman en un camino privilegiado de santidad»… Y se detuvo a señalar
algunos de los componentes de esa santidad:
«El nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a
considerarlo nuestro único y sumo bien»; «Este humilde hermano capuchino ha
dejado estupefacto al mundo con una vida entregada a la oración y a la escucha
de los hermanos»; «¿Qué otra cosa ha sido la vida de este humilde hijo de san
Francisco, sino un constante ejercicio de la fe?»; «Todo el que se acercaba a
S. Giovanni Rotondo para participar en su Misa, para pedirle consejo o
confesarse, percibía en él una imagen viva del Cristo sufriente y resucitado»; «¡Cuán
actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de
Pietrelcina!»; «El padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia
divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la
dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la
penitencia»; «Su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y
sufrimientos de los hermanos»; «Que “Santa María de las Gracias”, a la que el
humilde capuchino invocó con constante y tierna devoción»…
El testimonio de monseñor Rafael Carlos Rossi, el Visitador
apostólico que el Vaticano envió a San Giovanni Rotondo en el año 1921, aunque,
también desde esta fecha, la santidad del Padre Pío fue creciendo y ofreciendo
frutos más abundantes y más evangélicos conforme pasaban los años, hasta su
muerte en 1968, merece una atención especial. En su “Voto” o informe para la Congregación del Santo Oficio, después de
afirmar «que había ido más bien prevenido
en su contra», presenta al Padre Pío como «Religioso serio, distinguido, digno y, a la vez, franco, espontáneo en
el convento». Y tras detenerse en cada una de las virtudes, termina
escribiendo, casi como pidiendo excusas por tener que dar un juicio tan
positivo: «En conciencia, yo debía
referir y recalcar todo esto, apoyándome en las declaraciones que he recogido y
en mis observaciones personales, para presentar con la menor imperfección
posible el retrato moral-religioso del Padre Pío, retrato que se resume en
pocas palabras: “El Padre Pío es un buen religioso, ejemplar, ejercitado en la
práctica de las virtudes, entregado a la piedad y quizás más elevado a los
grados de oración de lo que aparece al exterior; resplandece de modo especial
por una sincera humildad y por una especial sencillez, que no han decrecido en
él ni en los momentos más graves, en los que estas virtudes le fueron puestas a
prueba verdaderamente grave y peligrosa”».
Para que no falte el juicio de una “persona de a pie”,
transcribo la declaración del doctor José Sala, el médico que atendió al Padre Pío
en los últimos años de vida y le asistió en el momento de la muerte, en el
“Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Pío de Pietrelcina”:
«Estoy firmemente convencido de que el
Padre Pío practicó todas las virtudes de forma heroica. Humanamente no es
posible vivir como vivió el Padre Pío en la práctica constante de tantas
virtudes. Estoy convencido de que el Padre Pío, como hombre, fue un ser normal,
con cualidades normales. Tenía una personalidad abierta y muy sensible a los
sufrimientos de los demás. Pero era su personalidad espiritual desbordante la
que lo hacía único, extraordinario y seductor para todos».
Del Padre Pío podemos decir, como de Jesucristo, que todo
lo que enseñaba, aconsejaba o pedía de palabra era el primero en ponerlo en
práctica. O, con palabras suyas, que intentó siempre, y lo consiguió, que «vayan a la par los buenos propósitos y las
obras santas».
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Día a día con el P. Pío
6. Tu predicación sea la
inmolación continua de ti misma, el ser en todas partes como una delicada
aparición y como la sonrisa de Dios (FM, 165).
7. Siento que se me rompe el
corazón en el pecho al conocer tus sufrimientos, y no sé qué haría para que te
consueles. Pero, ¿por qué inquietarte tanto? ¿Por qué te turbas? ¡Fuera tanta
inquietud, hija mía! Jamás te he visto tan regalada de tantas joyas por parte
de Jesús como ahora. Jamás te he visto tan querida de Jesús como en este momento.
Por tanto, ¿qué motivo tienes para temer, temblar y asustarte? Tu temor y
temblor se parecen al de un niño que está en los brazos de su mamá. Por lo
mismo, tu temor es tonto e inútil (Epist.III, p.442).
8. No tengo nada concreto que
reprobar en ti, fuera de esa inquietud un tanto amarga que se da en ti y que no
te deja gustar toda la dulzura de la cruz. Corrígete de esto y continúa
haciendo lo que has hecho hasta ahora, porque vas bien (Epist.III, p.447).
9. Te ruego además que no te
angusties por lo que voy sufriendo y sufriré; porque el sufrimiento, por muy
grande que sea, comparado con el bien que nos espera, resulta agradable para el
alma (Epist.III, p.402).
10. Mantén tu espíritu
tranquilo y confíate por completo a Jesús cada vez más. Esfuérzate por
identificarte siempre y en todo con la divina voluntad, tanto en las cosas
favorables como en las adversas, y no te preocupes por el mañana (Epist.III, p.455).
11. No temas por tu espíritu:
son bromas, predilecciones y pruebas del Esposo celestial, que quiere
asemejarte a él. Jesús mira las disposiciones y los buenos deseos de tu alma,
que son óptimos; y los acepta y premia; y no mira tu imposibilidad e
incapacidad. Por tanto, mantente tranquila (Epist.III, p.461).
12. No te fatigues en cosas que
producen inquietud, perturbaciones y afanes. Sólo una cosa es necesaria: elevar
el espíritu y amar a Dios (CE, 10).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da
Pietrelcina)
Traducción del
italiano: Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on El P. Pío sigue cumpliendo su “misión grandísima”:
Al Padre Pío le gustaba dar largas al asunto, cuando le pedían una
gracia, un milagro, y actuar luego de forma inesperada y sorprendente.
Como botón de muestra, el hospital “Casa Alivio de Sufrimiento”.
El proyecto de un nuevo hospital era tema frecuente de conversación entre los
capuchinos de San Giovanni Rotondo desde que el terremoto de 1938 destruyó el “Hospital San Francisco de Asís”, que
habían promovido, sobre todo por iniciativa e impulso del Padre Pío, en el abandonado monasterio de clarisas.
El gran promotor del nuevo hospital, para el que ya había pensado
el nombre: “Casa Alivio del Sufrimiento”,
era el Padre Pío. Consiguió que se comenzaran los trabajos en el año 1947. Pero
las misivas eran frecuentes: «Padre Pío,
¡tenemos que detener la obra porque no hay dinero!». ¿Decidió actuar de
forma inesperada y sorprendente?
Un día llegó hasta la obra la periodista inglesa Bárbara Ward,
redactora de “The Economist”, que
venía de Londres para conocer al Padre Pío. Al pasar junto a los obreros, estimó
que el más apropiado para preguntarle era el cura, que trabajaba con pico y
pala, bañado en sudor y con la sotana remangada. - «¿Qué es lo que pretenden hacer aquí?». - «Una gran clínica, señorita». - «¿Y
cuál sería el presupuesto?». - «¡Cuatrocientos
millones de dólares!». - «¿Y quién se
los va a proporcionar?». - «Señorita,
¡quien pasa paga!».
A la Ward su encuentro con el Padre Pío le debió parecer muy seco,
pues don Orlando -así se llamaba el cura de la sotana remangada- manifestó que
«al pasar luego delante de nosotros ni
siquiera se dignó mirarnos». Así fue el encuentro de la periodista con el
Fraile capuchino: - «Padre, he oído
hablar muy bien de usted y he venido a pedirle una gracia». - «Sí, hija, sí; las gracias nos las concede el
Señor». - «Padre, yo soy católica. Mi
novio es protestante y yo quisiera que se convirtiera al catolicismo». - «Muy bien. Si el Señor quiere, se convertirá».
- «Pero, Padre… ¿y cuándo ocurrirá esto?».
- «Si Dios quiere ahora mismo». Y el
Padre Pío, sin más, se marchó.
Bárbara Ward llegó a Londres, se encontró con el inexplicable
hecho de que su novio, el comandante Jackson, se había convertido al
catolicismo y de que se había decidido a dar el paso, más o menos, a la mima
hora en que ella pedía esta gracia al Padre Pío. Y como Jackson era consejero
de la UNRA para Europa y disponía de influencias poderosísimas en aquel
organismo…, no tardó en llegar un telegrama al Presidente del Gobierno de
Italia anunciando que desde América habían asignado la suma de 400 millones de
dólares para construir una clínica en San Giovanni Rotondo. El Gobierno
italiano se quedó con una parte cuantiosa, 150 millones, pero los otros 250
dieron para mucho en la construcción de la “Casa
Sollievo della Sofferenza”.
--- - ---
Esta información me la ha enviado desde México Sandra Zambrano. Es
ejemplar que Sandra, de quien sabemos, por otro testimonio publicado en esta
etiqueta de la web, que con frecuencia le pide a su Padre espiritual, el Padre
Pío: «Pero, ¡háblame clarito, clarito!»,
en este caso le haya pedido: «Pero,
¡actúa rapidito, rapidito!». Éste es su escrito:
«Hace
nueve años que mi hermana Ileana y otras personas comenzaron a ayudar a los más
pobres para que pudieran recibir atención médica especializada y cirugías en el
mejor hospital y con los mejores doctores. Durante los siete primeros años esta
ayuda fue esporádica y nunca estuvo en su mente la idea de crear una Fundación.
Pero el número de enfermos que les llegaban iba siempre en aumento y con ello
la necesidad de buscar a más doctores y a más colaboradores. Esta creciente
demanda de quienes, al no tener seguro social ni recursos económicos, si
enferman, mueren en la calle sin que nadie les atienda, y el aumento continuo
de doctores y de voluntarios motivaron que, en el 2012, pensaran en una Fundación,
a la que dieron el nombre de “Fundación Unión pro VIDA”.
Hoy
en día, la Fundación es una red que conecta a los enfermos más pobres con los
más de 80 doctores colaboradores de casi todas las especialidades y el mejor
hospital de la ciudad, además de 12 odontólogos, un radiólogo, una psicóloga…,
y que tiene acuerdos de colaboración con otras Fundaciones locales y foráneas
dedicadas a atender a personas quemadas, a operar todo tipo de cirugías de
ojos, cáncer en niños menores de 18 años, casa hogar para ancianos…, como “Destellos
de Luz” “Fundación Cinepolis”, “Posada del Peregrino”…
Yo
también formo parte del Consejo Directivo de la Fundación y mi participación ha
consistido y consiste en asesorar y acompañar a mi hermana en las gestiones
para el reconocimiento oficial de la Fundación y principalmente en conseguir
que médicos amigos míos colaboren en la Fundación, que altos directivos de
empresas que conozco ofrezcan sus donaciones…
Un
impedimento para la buena marcha y para el crecimiento de la Fundación estaba
siendo -y lo era hasta hace unas pocas horas- que ésta no tenía el
reconocimiento del Gobierno como Asociación Civil, con los inconvenientes que
implica no ser una “Entidad donataria”. Las últimas noticias eran que los
“estudios” para ver si se podía conceder o no a la Fundación este
reconocimiento exigirían no menos de tres meses de tiempo.
Ayer,
23 de septiembre, su fiesta litúrgica, era buena ocasión para pedirle al Padre
Pío, aunque de otro modo, lo que desde hace algún tiempo se lo estaba pidiendo.
En la Eucaristía, después de haberle entregado a mi hermana Ileana como hija
espiritual, y también a su familia, y de poner la Fundación en sus manos, le
dije: «Pero, Padre Pío, ¡actúa rapidito, rapidito!».
Una
hora después, mi hermana Ileana me llamaba para comunicarme que acababa de
recibir la notificación y el permiso del Departamento de Hacienda del Gobierno para
formalizar la Fundación, que, como consecuencia, puede ser ya “donataria”, lo
que significa que puede dar y recibir ayudas (ayudas de doctores, de
hospitales, de personas independientes o de todo aquel que quiera colaborar de alguna
manera) para los enfermos más pobres, y expedir recibos de esas ayudas.
En la próxima reunión del Consejo Directivo
propondré que se nombre a San Pío de Pietrelcina Patrono de la “Fundación Unión
pro VIDA».
Elías Cabodevilla Garde
posted by Unknown on Aprendemos del P. Pío
Como Jesús, que vino al mundo para dar
testimonio de la verdad (cfr. Jn 18, 37).
A la pregunta de
Pilato: «Entonces, tú eres rey?»,
Jesús contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo
para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la
verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 18, 37).
Pero, en Jesús,
tenemos algo más que un enviado para dar testimonio de la verdad: Él es la
verdad, como lo proclamó ante el apóstol Tomás: - «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». - «Yo
soy el camino y la verdad y la vida» (Jn
14, 5-6).
Que Jesús enseñó
siempre la verdad lo acreditaron, aunque con una segunda intención, hasta los mismos
fariseos: «Entonces se retiraron los
fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le
enviaron algunos discípulos suyos, con unos partidarios de Herodes, y le
dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme
a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias» (Mt 22, 15-16).
--- - ---
El Padre Pío escribió
en el recordatorio de su Primera Misa: «Jesús…
que yo sea contigo para el mundo Camino Verdad Vida». Seguro que, al
escribir estas palabras, en su mente y en su corazón recalcaba el «contigo», porque ¿quién puede pretender ser para el mundo lo
que fue y es Jesús, el Hijo unigénito de Dios, si no es en unión íntima con él
y como instrumento suyo?
·
Es obvio decir que, también para el Padre Pío, anunciar la verdad y dar
testimonio de ella implicaba tener la
verdad o, mejor, seguir buscándola cada día porque nunca la alcanzamos del
todo.
- En
la búsqueda y hallazgo de la verdad, también de la verdad revelada por Dios y
contenida en la Sagrada Escritura, es importante el estudio. Leyendo el
Epistolario del Padre Pío, sobre todo si se recuerda que las cartas del volumen
II las escribió en los años 1914 y 1915, cuando tenía sólo 26/28 años, y que
las otras cartas de orientación espiritual son anteriores al mes de mayo de
1923, es fácil afirmar o que el Fraile capuchino era muy inteligente, o que se
dedicó con interés al estudio desde muy pronto, o las dos cosas a la vez. La
riqueza de doctrina, de verdad, que el Padre Pío nos ha dejado en sus cartas de
orientación espiritual es tanta y tan especial que se comprende que muchos
deseemos para él el título de Doctor de la Iglesia. A juzgar por la respuesta
que, en junio de 1921, dio al Visitador apostólico Rafael Carlos Rossi, se
empeñaba por compaginar apostolado y estudio. «¿Se entrega en particular al estudio?», pregunta Rossi. Y el Padre
Pío: «Excelencia, estoy siempre en el
confesonario. Precisamente por esto estoy siempre al corriente de los estudios
necesarios».
- En estas palabras del Padre
Pío es casi seguro que habla su experiencia personal: «Con el estudio de los libros se
busca a Dios; con la meditación se le encuentra». Y no eran pocas las horas que dedicaba
a la meditación. En el “Diario”, que,
a petición del padre Agustín de San Marco in Lamis, comenzó a escribir en julio
de 1929, al referirse a las “Devociones particulares diarias”, señala: «No menos de cuatro horas de meditación, y
éstas de ordinario sobre la vida de nuestro Señor: nacimiento, pasión y muerte».
- Para el Padre Pío la garantía
de la verdad revelada era la aceptación del magisterio de la Iglesia. A Rafael
Carlos Rossi que, en la ocasión antes citada, le preguntó: «¿Sabe cuáles son las enseñanzas de la Iglesia a este respecto
(cómo orientar a las almas por las vías místicas)? ¿Las ha aceptado, las
acepta todas íntegramente?», le respondió: «Oh, ¡por caridad! Las he aceptado y las acepto íntegramente todas».
Y a la nueva pregunta: «¿Y en todo lo
demás, en cualquier otra enseñanza, intenta someterse siempre a la Autoridad de
la Iglesia, a sola la cual corresponde, por la Divina Asistencia, iluminar,
dirigir, gobernar, aprobar, condenar?», respondió: «Sí, Excelencia. Por la Santa Iglesia es el mismo Dios el que habla».
Lo manifestó de nuevo al final de su vida. La Encíclica “Humanae vitae” de Pablo VI topó con el rechazo de muchos, también
dentro de la Iglesia. El Padre Pío, en su carta del 12 de septiembre de 1968
-murió 11 días más tarde- escribía al Papa: «También en nombre de mis hijos espirituales y de los “Grupos de
oración” le doy las gracias por la palabra clara y decidida que ha dicho, sobre
todo en la última encíclica “Humanae vitae”, y reafirmo mi fe, mi incondicional
obediencia, a sus iluminadoras directrices».
·
El Padre Pío supo dar, como Jesús, testimonio de la verdad.
- El anuncio más convincente de
la verdad es vivir lo que esa verdad implica o, en otras palabras,
testimoniarla con las obras. El Padre Pío realizó, y de forma plena y
admirable, lo que pedía en estas palabras de felicitación del nuevo año: «Este nuevo año, cuyo final sólo Dios sabe si
lo veremos, debe estar consagrado del todo… a procurar que vayan a la par los
buenos propósitos y las obras santas».
- Creo que formular a los demás
esos buenos propósitos, comunicarles la voluntad de Dios, proponerles la verdad
del Evangelio…, le fue relativamente fácil al Padre Pío, por tres motivos. En
sus enseñanzas se centró siempre en lo fundamental e importante del mensaje
cristiano, sin perderse en elucubraciones teológicas. Salvo raras excepciones,
sus destinatarios fueron hombres y mujeres que buscaban con avidez sus palabras
y consejos, conscientes de que les llegaban de un hombre de Dios. Y usó siempre
los medios sencillos que ofrece el ministerio sacerdotal.
- No le fue fácil, en cambio, y
no porque no lo deseara y lo intentara, comunicar a sus Directores espirituales
la verdad de lo que el Señor, por los caminos que sólo conocen los místicos,
realizaba en él y por medio de él. ¿Cómo transmitir con palabras adecuadas lo
que es inefable?
- Y le exigió un insufrible martirio
oponerse a las presiones en contra y testimoniar la verdad de unos hechos que
nunca tendrían que haber sucedido. Pocos asuntos tan repugnantes como los que
el Padre Pío tuvo que sufrir en torno al año 1960, cuando sus conversaciones
privadas y las confesiones que escuchaba fueron grabadas y por religiosos de su
Orden religiosa y de su Fraternidad. Y no menos repugnante el que, en
septiembre de 1963 y de nuevo en enero de 1964, se intentara conseguir de él
una declaración escrita en la que constara que todas las noticias dadas por la
prensa sobre los micrófonos sacrílegos, limitaciones en el ejercicio del
ministerio y en su libertad personal… eran falsas. Firmar los documentos que le
presentaron sería faltar a la verdad y, además, calumniar a los religiosos y
laicos que habían declarado ante las Autoridades religiosas y civiles la
realidad de los hechos. Meses más tarde, en diciembre de ese año 1964, tras los
cambios que se habían introducido en relación a él y a la Fraternidad capuchina
de San Giovanni Rotondo, aceptó, invitado a ello «por el bien de la Orden y de la Iglesia» firmar el nuevo documento,
en el que no se hacía ninguna referencia a los micrófonos y la frase de los
anteriores, que aseguraba que «nunca
había sido perseguido», se había cambiado por la que indicaba que, «en el momento presente», gozaba de
libertad en el ministerio, no conocía ni enemigos ni perseguidores, y
encontraba en los Superiores comprensión, ayuda y protección.
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Porque, como Jesús
y con él, quiso ser verdad para el mundo, anunció a los hermanos la verdad
revelada por Dios con sencillez y fidelidad y no se prestó a falsificar la
verdad, podemos llamar al Padre Pío, como lo hacía fray Modestino, “fotocopia de Cristo”.
Elías Cabodevilla Garde