Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Un hombre de Dios al servicio de los hombres

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (6).


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La “misión” que confió el Señor al Padre Pío, porque es “grandísima”, no sólo debía que beneficiar a muchas personas, sino que tenía que hacerlo en muchos países, por no decir en todos. Con la correspondencia epistolar y con los mensajes autógrafos en estampas y en pequeños trozos de papel, a los que me he referido en los dos últimos escritos de esta etiqueta de la página web, el Padre Pío benefició a personas de San Giovanni Rotondo y del entorno más o menos cercano y a otras a las que, aun viniendo de lejos, las encontraba en esta pequeña ciudad del centro-sur de Italia, donde vivió los últimos 52 años. Pero el Señor le concedió llegar con sus mensajes escritos, aunque de forma sencilla, a los cinco continentes. Me estoy refiriendo a los cientos de cartas que, escritas por sus “secretarios” y bendecidas por él antes de que fueran depositadas en la oficina de correos, salían a diario hacia todo el mundo, en respuesta a las que le llegaban desde los lugares más diversos del planeta.
En las muchas personas a las que he escuchado frases como ésta: «Escribí al Padre Pío, me respondió que rezaría por mí, y guardo su carta como un gran tesoro», ha sido fácil adivinar el bien que unas pocas palabras, no escritas por el Santo aunque sí en su nombre, han suscitado en los que las han recibido.
En junio de 1921, el carmelita Monseñor Rafael Carlos Rossi realizó una Visita Apostólica a San Giovanni Rotondo, por encargo del Vaticano. Llevó a cabo veinticuatro interrogatorios, todos bajo el juramento previo de decir la verdad, en los que buscó la información que deseaba; seis al Padre Pío y los restantes a personas relacionadas con él: el Superior provincial de los Capuchinos, el Superior y algunos religiosos de la Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo, los Párrocos de esta localidad…
Fue al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior de la Fraternidad, y sobre todo al padre Ignacio de Jelsi, Ecónomo y encargado de la correspondencia, a los que preguntó sobre este tema de las cartas. Y con la información recibida, escribió en el “Voto” o relación que entregó al Santo Oficio: «Al principio, en el fervor del entusiasmo, llegaban hasta setecientas cartas al día: cartas de peticiones, de oraciones, de agradecimiento. Ahora, el número ha disminuido mucho: sesenta, setenta al día; son siempre cartas de petición, como puede verse en las muestras que he hecho y en las auténticas que he depositado en el Santo Oficio; cartas de agradecimiento por gracias espirituales o temporales, que se dice se han obtenido por las oraciones del Padre Pío; pero algunas se refieren, por ejemplo, a verdaderas curaciones imprevistas e inesperadas… Recogiendo lo que sucede aquí, diré que estas cartas, al principio, en general se destruían; ahora se conservan -un verdadero archivo; habrá unas 20.000-; pero el Padre Pío apenas ve algunas, aquellas más estrictamente personales o especiales. El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden… En general, la respuesta es: “El Padre Pío reza y bendice”, o una estampa de la Virgen María en la que detrás el Padre Pío ha escrito estas dos palabras: “Bendiciones celestes”. Después, él presenta al Señor todas las intenciones por las que piden oraciones los que han escrito. No es verdad que haya respuestas ya preparadas para, sin más, meterlas en el sobre; sólo están preparadas de antemano las estampas antes indicadas, que el Padre Pío firma -a veces a disgusto-, normalmente durante el recreo de la noche».
Es fácil que el lector, al relacionar estos datos: el Padre Pío recibió los “llagas” del Crucificado el 20 de septiembre de 1918, la Visita Apostólica de Monseñor Rossi tuvo lugar en junio de 1921, en fechas anteriores a esta Visita al Padre Pío le «llegaban hasta setecientas cartas al día»…, se haya preguntado: ¿Tan rápidamente se divulgó la fama de santidad del Padre Pío? Porque, además, el padre Ignacio de Jelsi le dijo al Visitador que esas cartas «en su mayor parte llegan de España, Brasil, Argentina, etc.».
Quiero recalcar, porque es lo que interesa en este momento, estas palabras del “Voto” de Rafael Carlos Rossi: «El Superior y otros Religiosos revisan la correspondencia y responden». El padre Ignacio le había facilitado esta información: «La correspondencia que le llega (al Padre Pío), por regla general, él no la lee porque no tiene tiempo, a excepción de alguna carta que yo le entrego… Las respuestas son en tono evasivo: “El Padre Pío ora y bendice”. Nosotros no nos arriesgamos a más. El Padre Pío, sí; él puede responder en tono afirmativo; y recuerdo algún caso especial en el que el Padre Pío ha respondido de este modo».
Al decreto del Santo Oficio de junio de 1923, que mandaba al Padre Pío «No responder en adelante, ni por sí mismo ni por otros, a aquellos que se dirigieran a él en busca de consejos, de gracias o por otros motivos», consecuencia de las informaciones falsas y calumniosas que fueron llegando al Vaticano, siguieron, a partir de julio de 1933, el levantamiento de todas las prohibiciones que pesaban sobre él, su ejercicio generoso del ministerio sacerdotal, la afluencia de fieles a San Giovanni Rotondo y también la respuesta a las cartas que, cada vez en mayor número, llegaban al Fraile de los estigmas. En el “Diario” del padre Agustín de San Marco in Lamis se repiten, una y otra vez, frases como éstas: «La correspondencia epistolar llega, incluso más que antes. Son una media de cien cartas al día. A todas responden los padres, pidiendo consejo -cuando es el caso- al Padre Pío»; «La correspondencia epistolar aumenta. Muchas cartas hablan de gracias recibidas del Señor por las oraciones del Padre Pío»; «La correspondencia epistolar crece tanto que no se llega a responder a todos hasta 10 ó 15 días más tarde de haberlas recibido»; «La correspondencia, que llega de todas partes del mundo, se multiplica».
Como hice en el último escrito de esta etiqueta de la página web, en relación a los mensajes que el Padre Pío escribió en estampas y en pequeños trozos de papel, me atrevo a decir que contenidos de las cartas que llegaron al Fraile capuchino, seleccionados adecuadamente y publicados en las lenguas hoy más en uso, harían mucho bien a mucha gente.
Elías Cabodevilla Garde

Septiembre: días 1 al 7.


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1.  Es necesario amar, amar, amar y nada más (GF, 292).

2.  Dos cosas hemos de suplicar continuamente a nuestro dulcísimo Señor: que aumente en nosotros el amor y el temor; porque aquél nos hará correr por los caminos del Señor, éste nos hará mirar dónde ponemos el pie; aquél nos hace mirar las cosas de este mundo por lo que son, éste nos pone en guardia de toda negligencia. Cuando, al fin, el amor y el temor lleguen a besarse, ya no tendremos posibilidad de poner nuestros afectos en las cosas de aquí abajo (Epist.I, p.407).

3.  El amor sólo puede dar aquello que hay en nosotros de indomable y el lenguaje del amor es la persuasión de la confidencia. Qué bello es el amor si se recibe como un don; y qué deforme, si se busca y se ambiciona (FM, 166).

4.  Tú que tienes cuidado de almas, inténtalo con amor, con mucho amor, con todo el amor, agota todo el amor, y si esto resulta inútil..., ¡palo!, porque Jesús, que es el modelo, nos lo ha enseñado al crear el paraíso pero también el infierno (AdFP, 550).

5.  Cuando Dios no te da dulzuras y suavidad, debes mantener el buen ánimo, comiendo con paciencia tu pan aunque sea duro, y cumpliendo tu deber sin ninguna recompensa por el momento. Haciéndolo así, nuestro amor a Dios es desinteresado; actuando de este modo, se ama y se sirve a Dios a costa nuestra; esto es lo propio de las almas más perfectas (Epist.III, p.282).

6. Cuanta más amargura tengas, más amor recibirás (FFN, 16).

7.  Un solo acto de amor a Dios en tiempos de aridez vale más que cien en momentos de ternura y consuelo (ASN, 43).
 (Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue obrando milagros para atraer a la Iglesia católica.


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En las gracias extraordinarias del Señor que pasaban por las “manos” del Padre Pío, éste buscaba que llevaran a los beneficiados, no sólo a Jesucristo, sino también a la Iglesia católica. Así cumplía la “misión grandísima” que le había confiado el Señor.
En la tercera Declaración a la que el Visitador apostólico enviado por el Vaticano, Rafael Carlos Rossi, sometió, en junio de 1921, al padre Lorenzo de San Marco in Lamis, Superior del convento de Capuchinos de San Giovanni Rotondo, éste le informó:
«Debo señalar que el nombre del Padre Pío ha atraído aquí a algunos no bautizados y protestantes, que recibieron el Sacramento y regresaron a la Iglesia. Ellos son:
- Un judío de Florencia, tan enfermo de los ojos que debía llevar unas vendas negras: instruído oportunamente en todo lo necesario, recibió aquí el Bautismo, hizo la Primera Comunión y, ya de regreso a su ciudad, mejoró también de la vista, tanto que dejó las vendas negras y ahora usa gafas como muchos otros. Había venido para obtener la gracia. El Padre Pío le dijo: “Primero te hago cristiano y lo demás vendrá después por su propio pie”.
- Un protestante de padre y madre alemanes. Permaneció aquí el tiempo necesario para la instrucción; después se bautizó bajo condición y recibió la Comunión, después de haber hecho la adjuración.
- Una señorita protestante holandesa. También ella estuvo aquí varios días para recibir la instrucción y después recibió el Bautismo bajo condición; hizo la adjuración, la Comunión y fue a Foggia para la Confirmación. Está en Capri, pero ha regresado tres o cuatro veces para encontrar al Padre Pío y realizar con él sus devociones.
- Una señorita de Estonia, hija de pastores protestantes. Estuvo aquí unos pocos días, porque estaba bastante bien instruída; y recibió el Bautismo bajo condición y la Comunión; después la adjuración».
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El Padre Pío ¿sigue actuando del mismo modo después de su muerte?
La curación milagrosa de Lucrecia en el 2002, atribuida al Padre Pío de Pietrelcina, ha dado origen, en estos diez últimos años, a otros hechos no menos sorprendentes. Aunque muchos los conocíamos, la información de los mismos que, los días pasados, facilitó “Religión en Libertad” ha dado la vuelta al mundo, causando estupor, alegría y renovada devoción al Santo capuchino.
A Lucrecia, madre del sacerdote ortodoxo rumano Víctor Tudor, le diagnosticaron cáncer en un pulmón, que no era operable pues había metástasis; y le dieron tan sólo unos meses de vida. El padre Víctor llamó a su hermano Mariano, pintor especializado en iconografía que vivía en Roma. Éste logró contactar con uno de los mejores médicos del mundo en su especialidad, pero, para poder atenderla, Lucrecia debía viajar a Roma. El diagnóstico fue el ya dado por los médicos de Rumanía: cáncer, inútil la intervención quirúrgica, y sólo cabía el uso de fármacos adecuados para mitigar los terribles dolores.
La madre se quedó un tiempo con su hijo Mariano en Roma, para que le pudieran hacer nuevos controles. Mariano, que trabajaba haciendo un mosaico en una iglesia, se llevaba consigo a su madre y ésta visitaba el templo y veía las imágenes. Hubo una que le llamó poderosamente la atención. Estaba situada en una esquina. Era el Padre Pío. La mujer se quedó impresionada y le preguntó a su hijo quién era. Éste le contó brevemente su historia y, durante los días siguientes, el hijo se percató de que su madre estaba permanentemente sentada frente a la imagen del Santo de Pietrelcina. Charlaba con la talla como si de una persona se tratase.
 Dos semanas después, Lucrecia, acompañada por su hijo, acudió al hospital para realizarse una prueba. Pero para sorpresa y estupor de médicos, y de ellos mismos, el cáncer terminal que sufría esta mujer rumana había desaparecido completamente. Ella había pedido la intercesión del Padre Pío y éste había respondido. 
Este hecho sobrecogió a toda la familia, empezando por el hijo sacerdote ortodoxo, Víctor: «La curación milagrosa de mi madre, realizada por el Padre Pío en favor de una mujer ortodoxa, me llamó la atención».
Los hechos siguientes se han sucedido en cadena, no sin serias dificultades, en cuya solución han seguido viendo la intervención ante el Señor del Capuchino de Pietrelcina. La atención que había despertado esta curación milagrosa de su madre llevó al padre Víctor a interesarse por la vida del Padre Pío, y algo comenzó a cambiar en él. Contó el milagro de su madre a sus parroquianos, que quedaron admirados, pues la madre de Víctor era bien conocida por ellos. En la parroquia se empezó a conocer y a amar al Padre Pío: «Leíamos todo lo que encontrábamos sobre él; su santidad nos conquistaba». Otros enfermos de la parroquia recibieron también gracias extraordinarias del Padre Pío.
Padre Víctor Tudor y sus parroquianos
Empezaba a surgir un problema en la comunidad parroquial, pues seguían siendo ortodoxos y eran devotos de un santo católico. La decisión fue unánime: el padre Víctor y su parroquia con casi 350 personas decidieron hacerse católicos. Hoy pertenecen al rito greco-católico de Rumania. Pero, al igual que el Padre Pío vivió numerosas dificultades, ellos también habrían de experimentarlas a la hora de vivir su nueva fe, pues la conversión en este país ortodoxo con pasado comunista era bastante compleja. Problemas con los políticos, la policía…
Siendo honrados, sabían que el templo no les pertenecía, y no se desanimaron. Pese a las trabas, decidieron construir una iglesia dedicada al Padre Pío. Los fieles, en gran medida muy humildes, colaboraron en la construcción. Mientras tanto, celebraron misa en la calle pese a las gélidas temperaturas invernales. A ello había que sumar las enormes trabas burocráticas. Pero el templo es ya una realidad y lo consideran otro milagro del Santo capuchino.
Pero han querido ir más lejos. Siguiendo los pasos del Santo, y pidiendo su intercesión, han creado un “pequeño San Giovanni Rotondo” en Rumania, con un hospital que atiende a enfermos terminales, gente sin recursos y ancianos abandonados. Las dificultades son enormes y falta el dinero, pero el padre Víctor y sus parroquianos cuentan con la intercesión del Padre Pío. Hasta ahora no les ha fallado.
Elías Cabodevilla Garde


Agosto: días 25 al 31.


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25.  Amad y poned en práctica la sencillez y la humildad y no os preocupéis de los juicios del mundo; porque, si este mundo no tuviese nada que decir contra nosotros, no seríamos verdaderos siervos de Dios (ASN, 43).

26.  El amor propio, hijo de la soberbia, es más malvado que su misma madre (AdFP, 389).

27.  La humildad es verdad, la verdad es humildad (AdFP, 554).

28.  Dios enriquece al alma que se despoja de todo (AdFP, 553).

29.  Someterse no significa ser esclavos sino solamente ser libres por seguir un santo consejo (FSP, 32).

30.  Cumpliendo la voluntad de los demás, debemos ser conscientes de que hacemos la voluntad de Dios. Esta  se nos manifiesta en la de nuestros superiores y en la de nuestro prójimo (ASN, 43).

31.  Mantente siempre unida estrechamente a la santa Iglesia católica, porque sólo ella te puede dar la paz verdadera, ya que sólo ella posee a Jesús sacramentado. El es el verdadero príncipe de la paz (FM, 166).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde

Sigue mostrando la belleza de la vida cristiana.


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Que el Padre Pío ayudó a muchos a descubrir la belleza de la vida cristiana es de sobra conocido y no supone nada de extraordinario. Lo han hecho tantos y tantos a lo largo de los veinte siglos de cristianismo.
Sí resulta extraordinario y llamativo que los que recibieron esa ayuda del Santo de Pietrelcina necesitaran contarlo. Necesitaran y necesiten, porque, a la corta distancia de 45 años de la muerte del Capuchino italiano, son todavía incontables los que pueden hablar de encuentros personales con él en San Giovanni Rotondo.
Muchos lo han hecho por escrito, como don Pierino Galeone, en su libro “Il Padre Pio mio padre”, el padre Paolo Covino, en “Ricordi e Testimonianze”, el padre Pellegrino Funicelli, en “Padre Pio tra sandali e cappuccio”, fray Modestino Fucci de Pietrelcina, en “Yo… testigo del Padre”, Cleonice Morcaldi en “La mia vita vicino a padre Pio”… Otros -muchísimos, incontables, todos- de palabra, en todas las ocasiones que se les presentan. Para comprobarlo, basta entrar en uno de los confesonarios de la capilla penitencial de la iglesia de San Pío de de Pietrelcina de San Giovanni Rotondo o recorrer, vestido de capuchino, los 150 ó 200 metros que separan el convento de la capilla.
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¿Sucede hoy algo semejante? En este escrito que me llega de Dallas (Texas - USA), de Rosana Polanco, aparecen, bien subrayados, los dos datos que he señalado: el Padre Pío que sigue mostrando la belleza de la vida cristiana y de los diversos elementos que la componen: Cristo Jesús, el Rosario, la Confesión, la Eucaristía, la oración, el apostolado…, y la necesidad de contarlo, no por vanagloria, sino como alabanza al Señor y al Padre Pío y como testimonio para los hermanos.
«Eran días en  los que yo experimentaba una fuerte crisis existencial ante inesperados acontecimientos que tuvieron lugar en mi vida.                                                                                         
 San Pío de Pietrelcina era un santo indiferente para mí, hasta que, un día, él quiso encontrarme en el camino y me dijo al corazón: “Mira, pequeña, dame la mano; tu padre, José Miguel Polanco, ya está en el cielo. De hoy en adelante yo seré tu papá espiritual y te enseñaré cómo se vive la vida. Te voy a enseñar el verdadero sentido de los acontecimientos. Te voy a llevar a un Rey, al cual entregarás tu corazón y por el cual vale la pena gastarse la vida. Él es Jesús de Nazaret y reina desde la cruz. Si eres fiel a su palabra y te conviertes, un día te coronará con la gloria eterna”.
Meses después, el Padre Pío me llevó a San Giovanni Rotondo. Allí me permitió conocer a los suyos, conversar con los que convivieron con él, a los que administró los Sacramentos… Caminé por los  lugares por los que él caminó y aprendí a orar en el huerto donde él lo hacía a diario. Uno de los más bellos regalos que me entregó fue enseñarme el santo Rosario arrodillada frente a Santa María de las Gracias. Debo confesar que pedí perdón miles de veces porque para mí el Rosario había sido el mejor entretenimiento de abuelas y de mi madre.
Realmente fue un tiempo profundo, porque, siguiendo el estilo de Padre Pío, pude hacer una confesión general y darme cuenta de que es importante, no sólo pedir perdón por los propios pecados, sino también por los de aquellos que en algún punto de la vida me habían herido o hecho el mal. Una vez alivianada por el Sacramento de la Reconciliación, fui llevada a experimentar que, si la voz física de Jesús se apagó en este mundo, él no nos ha abandonado; más bien se ha quedado tangible en la Eucaristía. Ni en sueños había imaginado que, desde ese momento, la Eucaristía sería la medicina que iba a curar mi alma y el único alimento-medio de tener una unión perfecta con el Señor.
Desde ese momento el Padre Pío me ayudó a profundizar en el amor que proviene del Padre y del Hijo y a saber que, donde quiera que me encuentre, puedo llamar al Maestro y volar en espíritu a delante del Tabernáculo.
Quizá no comprenda todavía la grandeza de lo que significa ser la hija espiritual de P. Pío, pero, como hija pequeña, soy feliz de tener un papá tan generoso, que no guardó el secreto del Rey para salvarse únicamente él, sino que nos dejó su legado para que comprendamos que la salvación es para todos los que queramos acogerla.
De vuelta a Dallas (Texas), era casi imposible guardar este tesoro de fe únicamente para los familiares. Con el testimonio, y la valiosa ayuda del Espíritu Santo, pude abrir un Grupo de Oración del Padre Pío en la parroquia de San Juan Diego. Hoy en día somos un grupo de hombres y mujeres que hemos salido a recibir al Padre Pío con los brazos abiertos y deseamos compartir el carisma de nuestro amado Padre espiritual.
Las veces que Jesús, por intercesión de Padre Pío, nos ha salvado la vida de un accidente, nos ha librado de un peligro o enfermedad… son incontables. Cada miembro del Grupo pasaría horas compartiendo experiencias. Caminamos aprendiendo a retirar bloqueos mentales que nos impiden ser libres y escuchar desde lo profundo del alma la llamada del Buen Pastor».
Elías Cabodevilla Garde

Fiel a la “misión grandísima” que le confió el Señor (5)


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La correspondencia epistolar fue, en los años 1910 al 1923, uno de los medios que usó el Padre Pío para llevar a cabo la “misión grandísima” que le había confiado el Señor. Y, como señalé en el último escrito de esta etiqueta de la página web, citando palabras de la Presentación de la edición española del tomo II del Epistolario del Padre Pío, «lo sigue siendo para los que se acercan a estos escritos de dirección espiritual en busca de luz y de estímulo en su peregrinar hacia su destino eterno».
Pero el Padre Pío utilizó además otra “correspondencia epistolar”, breve, sencilla y muy eficaz para promover lo que el Señor le había encomendado. Me refiero a los mensajes que escribía en estampas y en pequeños trozos de papel, casi siempre para destinatarios concretos, aunque no faltan los que entregaba a personas que encontraba a su paso cuando se desplazaba de la sacristía al confesonario o desde éste a su celda.
El padre Gerardo Di Flumeri, en su opúsculo “La presencia materna de María en la vida del Padre Pío”, escribe: «A lo largo de su vida sacerdotal, el Padre Pío dejó innumerables estampas con un pensamiento autógrafo escrito al dorso».
Cleonice Morcaldi, una de las más beneficiadas por estos mensajes escritos, nos deja este primer testimonio en su libro “La mia vita vicino a Padre Pío”: «Me mandó una estampita escrita por él, que representaba al Corazón de Jesús. Sus palabras eran éstas: “Mira, él es el Omnipotente, pero su omnipotencia es humilde servidora de su Amor”». Unas páginas más adelante, se refiere a la tenebrosa y bien tramada Visita Apostólica de Monseñor Maccari, en el año 1960, orientada a desprestigiar al Fraile capuchino y, si era posible, a alejarlo de San Giovanni Rotondo. Las calumnias y falsas informaciones que el Visitador fue recogiendo en relación al comportamiento del Padre Pío con algunas de sus hijas espirituales, y entre ellas con Cleonice Morcaldi, motivaron que el Santo de Pietrelcina les animara, sin conseguirlo, a alejarse por un tiempo de San Giovanni Rotondo. Y en este contexto, Cleonice escribe en el libro citado: «Dios nos ayudó. La protección de la Virgen María y la palabra del Padre Pío nos sostuvieron. Cada tarde, con su corazón generoso que sufría más por nosotras que por él, me enviaba un papelito de ánimo, escrito de prisa. Trascribo algunos de ellos».
El contenido de estos mensajes es muy variado, pero todos hacen hincapié en los puntos importantes de la vida cristiana. Y los mensajes más repetidos o recuerdan el papel de María en la vida del cristiano o invitan a amarla y a dirigirse a ella con confianza.
Los que transcribe el padre Gerardo Di Flumeri se refieren todos a la Virgen María, cosa muy comprensible ya que el opúsculo trata de “La presencia materna de María en la vida del Padre Pío”:
- «La Virgen Dolorosa te tenga siempre grabada  en su corazón materno».
- «La Virgen Madre tenga siempre su mirada en ti y te conceda experimentar todas sus dulzuras maternas».
- «María sea la estrella que ilumine tus pasos a través del desierto de la vida y te conduzca sana y salva al puerto de la salvación eterna».
- «María te mire siempre con ternura materna, alivie el peso de este destierro y un día te muestre a Jesús en la plenitud de su gloria, librándote para siempre del miedo a perderlo».
- «María esté siempre esculpida en tu mente y grabada en tu corazón».
De entre la larga lista de mensajes que transcribe Cleonice Morcaldi, copio éstos:
- «Hija mía. Mantén el ánimo. No dejes trabajar demasiado a tu imaginación, martilleada por el corazón. Hay quien cuida de nosotros. Mantente serena. El padre Alexio tiene corazón y está como un perrito. Muy atento. Te saludo en el beso santo de Jesús y de la Virgen María».
- «Buenas noches. Jesús y María te acompañen. Yo estoy contigo. Estate tranquila. Te saludo».
- «Mantente serena. Jesús y la Madre del cielo harán que triunfe la verdad. Nos mantenemos siempre unidos en la caridad, y ésta es nuestra fortaleza. Jesús nos conforte y nos sostenga».
- «Lo que tú me deseas a mí yo te lo deseo centuplicado. Ánimo. Estemos siempre unidos en Jesús, que está contigo y que te ama».
- «Hija mía, ¡ánimo! Jesús y María nos sostendrán y tendrán piedad de nosotros. Pasará la tempestad y vendrá el buen tiempo».

Seguro que el trabajo no es fácil, como no lo fue la recopilación de las cartas de dirección espiritual. Pero merecería la pena hacerlo, con una selección de mensajes que evite repeticiones y que recoja el mayor número posible de ellos. Si el Epistolario sigue ofreciendo luz y estímulo a los que se acercan a él buscando las acertadas orientaciones del Santo, estos breves y sencillos mensajes del Padre Pío, que, a diferencia de las cartas, salieron de sus manos a lo largo de toda su vida, recopilados adecuadamente y traducidos a las lenguas hoy más en uso, harían que el Padre Pío siguiera cumpliendo hoy, también por este medio, la “misión grandísima” que le confió el Señor.
Elías Cabodevilla Garde

Agosto: días 18 al 24.


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18.  Si permanecer en pie dependiese de nosotros, con seguridad que al primer soplo caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la conmiseración divina y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor (Epist.IV, p.193).

19.  Antes que nada, debes humillarte ante Dios más bien que hundirte en el desánimo, si él te reserva los sufrimientos de su Hijo y quiere hacerte experimentar tu propia debilidad; debes dirigirle la oración de la resignación y de la esperanza si es que caes por debilidad, y debes agradecerle tantos beneficios con que te va enriqueciendo (T, 54).

20.  ¿Qué es lo que puedo hacer yo? Todo viene de Dios. Yo sólo soy rico en una cosa, en una infinita indigencia (T, 119).

21.  Si Dios nos quitase todo lo que nos ha dado, nos quedaríamos con nuestros harapos (ER, 17).
      
22.  ¡Cuánta malicia hay en mí!...
- Manténte en este convencimiento; humíllate pero no pierdas la paz (AP).

23.  Estáte atenta para no caer nunca en el desánimo al verte rodeada de flaquezas espirituales. Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte sino únicamente para afianzarte en la humildad y hacerte más precavida de cara al futuro (FM, 168).

24.  El mundo no nos aprecia porque seamos hijos de Dios; consolémonos porque, al menos por una vez, reconoce la verdad y no miente (ASN, 44).
(Tomado de BUONA GIORNATA de Padre Pio da Pietrelcina)
Traducción del italiano: Elías Cabodevilla Garde