Un hombre de Dios al servicio de los hombres

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ORAMOS SIN FRONTERAS III


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ORAMOS SIN FRONTERAS

Rezamos especialmente por la amada Obra de Padre Pio: La Casa Alivio del Sufrimiento que atraviesa el desafío de asistir a los infectados por el Covid 19 y se encuentra desbordada.  Por los enfermos, el personal sanitario y administrativo.
Rogamos por la Santa Iglesia de Cristo y su Vicario el Papa Francisco.
También rogamos por los Grupos de Oración, por sus integrantes y sacerdotes guía, por las intenciones que recibimos y por las almas del Purgatorio.

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Amén 

1. Invocación al Espíritu Santo 
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

2. Oración de Mons. Franco Moscone , Arzobispo de Manfredonia – Vieste - San Giovanni Rotondo

Oh glorioso Padre Pío,
Cuando creaste los Grupos de Oración, fundaste la Casa del Alivio, como lugar de avanzada y  “Ciudadela de la caridad", y nos aseguraste que nuestra vocación es la de ser "viveros de fe y hogares de amor, en los cuales Cristo mismo está presente".
En este tiempo de pandemia, resulta imposible reunirnos físicamente como Grupos de Oración, pero cada uno de nosotros sabe ser persona de oración en comunión con mu-chas otras, de las cuales conoce nombres y rostros. En este trágico tiempo, oh glorioso Padre Pío, haznos sentir que estamos verdaderamente unidos en un solo gran Grupo que abraza a todo el mundo y que se hace portavoz de todas las Ciudadelas de caridad, que, desde lejos, sufren y pagan con su profesión para derrotar el mal del Coronavirus.
Oh glorioso Padre Pío, hazte mediador de nuestra oración con el Cristo Crucificado del cual has sido constituido cireneo de la humanidad.
A través de tu mediación queremos interceder:
por las personas golpeadas por el virus, y por las que por este flagelo han dejado este mundo: "heridos y caídos" por una guerra que llegó de improviso y sin estar declarada;
por las familias de los difuntos y de los enfermos, marcadas en los afectos más queridos y preocupados: "víctimas inermes" de un enemigo que llegó como un ladrón para modificar los afectos y las relaciones;
por quien está obligado a la experiencia de la cuarentena: experiencia casi de un "arresto domiciliario", no por una culpa cometida, sino tocado por un suceso incomprensible, tal vez infectado mientras cumplía con su propio deber profesional;
por los médicos de familia y obreros de los primeros auxilios: "atrincherados", con pocas seguridades y a veces, sin medios para combatir a un enemigo invisible;
por los médicos, enfermeros, obreros sanitarios y todos los trabajadores de los establecimientos hospitalarios: "campos de batalla" sin horarios, sin turnos y con las fuer-zas que comienzan a disminuir;
por los responsables de la vida civil, gobernantes y administradores: lideres en tiempos de calamidad, obligados a asumir decisiones que parecen amargas e impopulares;
por los últimos, que no aparecen más en las informaciones periodísticas y televisivas: los emigrantes, los refugiados, cuyas vidas corren riesgo atravesando sobre las barcas "nuestro mar": todos estos existen todavía, como antes, y continúan en su Calvario;
por cada uno de nosotros que vive este tiempo con el corazón herido, pero que sabe que, sobre todo en una situación como esta, debe ser todavía más vivero de fe y hogar de amor.
Ayúdanos, oh glorioso Padre Pío, a interceder por todas estas personas: son la carne de Cristo, son la Eucaristía que en estos días no pueden recibir; son la Eucaristía viviente, hecha persona débil y sufriente... pero que resplandece en su propio rostro el Rostro del Hijo de Dios, del dulcísimo Jesús Crucificado y Resucitado. Amén

3. Palabras del Padre Gustavo Seivane*(fragmento):
“La cruz se carga con paciencia, como soportando un sagrado don. Es la paciencia que nos resguarda de corridas vanas, y nos silencia sabiamente. Una paciencia que impide que hablemos de nosotros mismos, de nuestros dolores, para callar y servir a los otros sufrientes.
El que ama con su cruz a cuestas no malogra el camino. Lo pleno le es propio, porque Jesús no miente. Y en esa fe lo sigue.
No hay hastío en aquel que ama crucificado, ni hay trivialidades que distraigan al que no huye de su vía dolorosa.
Transportar un peso fatiga. Transportar la cruz aumenta la sabiduría. Es sello del Verbo encarnado. Se la lleva abriendo mundos. Y el camino que abre no acaba en círculo cerrado, sino en salto. Dios es la recompensa de los que amaron con ella.
El cartel de la Cruz de Cristo decía: “Jesús de Nazaret Rey de los Judíos”. La cruz de sus discípulos dirá en la última hora: “De Cristo hasta el fin”.
Hoy besemos el crucifijo que tengamos en casa o a la mano.
Es nuestro sello de identidad salvífica. “  Amén

*Asesor espiritual de los Grupos de Padre Pio en Argentina

4. Palabras de Padre Pio
Lejos de nosotros lamentarnos de las aflicciones y enfermedades que Jesús quiera mandarnos. Sigamos al divino Maestro por la senda del Calvario cargados con nuestra cruz; y, cuando él quiera colocarnos en la cruz, es decir, tenernos en cama enfermos, démosle gracias y tengámonos por afortunados por el gran honor que se nos hace, sabiendo que estar en la cruz con Jesús es un acto muchísimo más perfecto que el de sólo contemplarlo a él en la cruz.
(26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 245)

5. Breve momento de meditación personal sobre los puntos 3 y 4

6. Coronilla al Sagrado Corazón de Jesús 

  - ¡OH Jesús mío! que dijiste. “ En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”, he aquí que yo llamo, yo busco, yo pido la gracia. (men-cionar la gracia solicitada)
Padre nuestro, Ave Maria, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
 - ¡OH Jesús mío!, que dijiste “en verdad os digo cualquier cosa que pidieres a mi Padre en mi nombre, él os la concederá” he aquí que a Vuestro Padre y en Vuestro nombre, yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria .
Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
- OH Jesús mío ! que dijiste. “En verdad os digo, el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán jamás” he aquí que apoyado en la infalibilidad de vuestras santas palabras yo pido la gracia...
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
 Sagrado Corazón de Jesús, confío y espero en vos.
¡OH Sagrado corazón de Jesús! a quien es imposible no tener compasión de los infelices, tened piedad de mi mísero pecador, y concédeme la gracia que te pido, por me-dio del Inmaculado Corazón de María, vuestra y nuestra tierna Madre.
 San José padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros.
Amen.

 •        Esta coronilla era recitada diariamente por el Padre Pío,     por todos aquellos que se encomendaban a sus oraciones.

7. Nos dice Padre Pío 

“El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en par y entregársela to-talmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para com-batir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios. Solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos."

Oración a san Pio por los enfermos 

Oh San Pío de Pietrelcina, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos, e intercede ante el Padre misericordioso por los que sufren.
Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo;
sostén a quienes han perdido toda esperanza de curación;
consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores;
protege a quienes no pueden atenderse o medicarse
por falta de recursos materiales o ignorancia;
alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar;
vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa;
acompaña a quienes pasan las noches insomnes,
visita a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos;
alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan;
toca los miembros y los músculos que han perdido movilidad;
ilumina a quienes ven tambalear su fe
y se sienten atacados por dudas que los atormentan;
apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran;
calma a quienes se estremecen por dolores y calambres;
concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan;
devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia;
disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos;
vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento;
guía a los moribundos al gozo eterno;
conduce al encuentro con Dios, a los que más lo necesitan;
y bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor,
los consuelan en su angustia y los protegen con su caridad.
Amén.

8. LETANIAS A SAN  PIO DE PIETRELCINA

Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo ten piedad.                                                                     Cristo ten piedad.
Señor  ten piedad.                                                                    Señor  ten piedad.
Cristo, óyenos.                                                                          Cristo, óyenos.
Cristo, benignamente escúchanos.                                       Cristo, benignamente escúchanos.
Dios, Padre del Cielo                                                               Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo , Redentor del mundo.                                          Ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo,              Ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios. Ten piedad de nosotros.
Santa Maria, Virgen Inmaculada.                                         Ruega por nosotros.
San Pio de Pietrelcina .                                                           Ruega por nosotros.
Amado de Dios, Ruega por nosotros.
Imitador de Cristo, Ruega por nosotros.
Buen Pastor de las personas, Ruega por nosotros.
Modelo de sacerdote, Ruega por nosotros.
Luz de la Iglesia, Ruega por nosotros.
Adorador del Bendito Sacramento, Ruega por nosotros.
Fiel hijo de San Francisco, Ruega por nosotros.
Marcado con los estigmas de Cristo, Ruega por nosotros.
Paciente en el sufrimiento, Ruega por nosotros.
Auxilio de los moribundos, Ruega por nosotros.
Director de almas, Ruega por nosotros.
Corazón de oro, Ruega por nosotros.
Apóstol de misericordia, Ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, Ruega por nosotros.
Apóstol  del Sagrado Rosario, Ruega por nosotros.
Auxilio de almas en dudas  y tinieblas, Ruega por nosotros.
Confortador de almas, Ruega por nosotros.
Ejemplo de humildad, Ruega por nosotros.
Fuente de sabiduría, Ruega por nosotros.
Espejo de la Vida Divina, Ruega por nosotros.
Amante de Cristo Crucificado, Ruega por nosotros.
Resignado a la Voluntad de Dios, Ruega por nosotros.
Hacedor de bien sobre la tierra, Ruega por nosotros.
Lleno del Espíritu de sacrificio, Ruega por nosotros.
Nuestra ayuda y esperanza en las necesidades, Ruega por nosotros.
Vasija del Espíritu Santo, Ruega por nosotros.
Nuestra guía hacia Cristo, Ruega por nosotros.
Nuestro padre espiritual y abogado, Ruega por nosotros.
Coronado de Gloria en el Cielo, Ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,       Ten piedad de nosotros.
Oremos:
Dios, nuestro Padre. Tu que ayudaste a San Pio a reflejar la imagen de Cristo a través de una vida de caridad y sacrificio, rogamos poder seguir a Tu Hijo, caminando en las mismas huellas de San Pio de Pietrelcina, imitando su amor sin egoísmo. Amén.

9. Consagración personal a san Pio de Pietrelcina

Padre de bondad y misericordia, fuente inagotable de vida y felicidad, te pido, por in-tercesión del Padre Pío, me concedas ser semejante a él: sencillo y humilde, como las florecillas del campo, libre y alegre, como los pájaros del cielo; pobre y laborioso, co-mo su padre san Francisco.
Porque confío en tu amor y en tu gracia hoy te ofrezco libremente cuanto soy y cuanto tengo: deposito mi pasado en tu misericordia, encomiendo mi futuro a tu providencia y me quedo tranquilo como un niño pequeño en brazos de su madre cariñosa, tratando de vivir un día a la vez.
Te entrego mi memoria, mi inteligencia y mi voluntad. Te consagro mis fuerzas y mis límites: tómame como soy y haz de mí como hiciste de Pío de Pietrelcina, un buen cris-tiano y un honrado ciudadano que te alabe sirviendo a mis hermanos.  Amén.

10. Rezamos Salve a la Virgen Santísima

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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